¡Hola! Deseo de todo corazón que ustedes y sus familias se encuentren bien. He aquí una entrega más, espero que la disfruten, y por supuesto que ha sido un placer enorme leerlas, saber lo que piensan, por donde creen que irá la historia, los reclamos y porras, todo es bienvenido, les mando un abrazo, y por supuesto espero que disfruten de este capítulo, sufran con él, se enojen y demás. Sigo prometiendo que no será demasiado largo, y parece que quizá si lograré cumplirlo.

C, luv ya, es repetitivo, pero cierto, no podría hacerlo sin tí, gracias, por leerme en medio de todo y por darme tu insight.

Bendiciones.

KeyAg.

Perfectos Desconocidos.

Capítulo 10.

Mansión Andrew, Chicago.

Archie levantó la mirada de lo que leía para atender al mayordomo que entraba a su oficina en la mansión con un servicio de té y la correspondencia del día.

Estaba cansado, el viaje ida y vuelta al Hogar de Pony no había sido para menos, pero no tenía tiempo de descansar, era imperativo continuar con el trabajo y seguir monitoreando todo lo relacionado a los medios y su silencio.

Buenos días, señor Cornwell. - le dijo el hombre mientras servía una humeante y fragante taza de té.

Buenos días, Bruce, ¿hay mensajes? -

Sí señor, su tía, la señora Elroy ha estado llamando, quiere hablar con usted.-

¿Estaba el señor William cuándo llamó?

Sí, pero usted sabe que el señor William dio órdenes precisas de no ser comunicado con ella, y la señora pidió hablar con usted.

Bien, gracias, Bruce, ¿Algo más?

La señorita Britter está esperando por usted en el salón. -

¿Le dijeron que estaba ocupado?

Sí señor, pero la señorita insistió en esperar a que usted se desocupe.

Supongo que no me quedará más remedio que atenderla.

El desayuno para dos está listo, si desea invitarla.

Está bien, por favor dile que en un momento me reuniré con ella en el solárium para desayunar.

Por supuesto, ¿desea algo más?

No, Bruce, gracias.

El jardinero tiene un ramo de flores recién cortado, preparado para que se lo presente a la señorita Britter si así lo desea.-

Una sonrisa cruzó el rostro del apuesto joven y solo atinó a sacudir la cabeza, divertido, no cabía duda que los hombres y mujeres que William y George contrataron para la mansión cuando se retiró el personal de la tía Elroy Eran especiales.

Gracias, Bruce, dile a Jim, que si lo utilizaré. ¿Debo esperar que llegado el momento también tengas a la mano un anillo de compromiso?

Si el señor lo desea, haré que le traigan una selección de las mejores joyerías del país.-

No es necesario por ahora, gracias, Bruce.-

Archie sonrío por unos instantes y después respiró profundo, tomó el teléfono y marcó con decisión, no era que estuviese en desacuerdo con William acerca de la tía, pero no podía olvidar que al final del día ella había sido la mujer que lo crío y quien ciertamente en su momento había tenido debilidad por sus sobrinos.

Un sirviente respondió y solo tuvo que esperar unos instantes antes de escuchar los característicos tonos bien modulados de Elroy Andrew.

Archibald.

Tía, buenos días. ¿Se encuentra usted bien?

Así que la única razón para llamarme es que me encuentre mal de salud.

No he dicho eso tía.

¿Entonces quieres decirme a qué debo el honor de tu llamada?

Tía, siempre es un placer saludarte ¿mejor porque no me dices como has estado, y si puedo servirte en algo?

Así que la chusma que tienes por mayordomo si se dignó en darte mi mensaje.

Al parecer solo dijiste que querías hablar conmigo.

Pedí hablar con William, pero como siempre, no estoy autorizada.

Tía, conoces perfectamente las condiciones para tener el favor de William.

Como siempre estás de su lado.

Simplemente te recuerdo como son las cosas.

Por culpa de esa.

Creo que entiendo porque llamas.

¿Es cierto lo que los medios publican?

¿Qué asistieron a un baile y bailaron juntos, si, si lo es?

Archibald, la arrastrada esa no puede salirse con la suya.

Tía, su nombre es Candy, y si aspiras a algún día reconciliarte con William, lo mejor sería que cambies tu actitud hacia ella.

Así que sigue infatuado con ella.

Tía, creo que tú y yo sabemos que no es solo infatuación, pero no seguiré discutiendo esto contigo, si hay algo en lo que pueda ayudarte, por favor házmelo saber, y si no, pues ha sido un placer saludarte.

Cada día te pareces más a él, esta pobre vieja vive abandonada, desterrada, y tú sólo puedes llamar por cinco minutos.

Tía lo lamento, pero tengo un día ocupado, te llamaré en otro momento.

¿Y vendrás de visita?

También sabes cuales son las condiciones para ello.

Son un par de tontos, irremediablemente atrapados por las pérfidas huérfanas que jamás debieron formar parte de nuestro círculo.

Que tengas buen día tía.-

Archie no esperó por la respuesta, solo colgó, respiró profundo, tomó su saco y se dirigió al solárium, Bruce había dejado el ramo discretamente posicionado en la mesa justo al lado de la puerta de su despacho, lo tomó y se dirigió a su encuentro con Anne.

Mansión de Elroy en Florida.

Sarah, querida, haz el favor de servir el té. -

Elroy Andrew observó con detenimiento a la otrora impecable y altanera mujer, quien de un tiempo para acá lucía un aire derrotado, sus ropas no eran el último grito de la moda, sus manos mostraban signos de trabajo, su cabello antes impecablemente estilizado ahora estaba recogido en un moño sin gracia y lucía algunas canas. No cabía duda de que William estaba siendo implacable con ellos.

Aqui tienes tía. -

Dime, ¿a qué debo el honor de tu visita?

Solo vine a saludarte y ver como estabas con la noticia.

No hay noticia, solo ha sido un baile.

Claro, eso es lo que los medios dirán mientras el patriarca no les permita decir más. Pero estoy harta, harta de vivir en la pobreza, de saber que mi amado hijo se mata trabajando como esclavo en la hacienda, y que la belleza de mi hija se marchita a manos de un depravado, mientras la mosca muerta esa se da el lujo de engalanar las primeras planas de los periódicos.

Sarah, la venganza es un plato que se come frío, querida.

¿Qué tanto más frío se puede comer tía?

Tan frío como sea necesario.

Estás tramando algo.

Si así fuera entre menos personas lo sepan mejor, así que mejor cambiemos de tema. La modista cometió un par de errores de estilo en mis vestidos de esta temporada, estoy segura de que a tí te vendrán bien...

Sarah se distrajo con los vestidos y Elroy no dijo nada, pero su vieja mente viajó a mil por hora, era una mujer acostumbrada a tener la razón y el poder, y eso no iba a cambiar solo porque su sobrino mayor estuviera perdidamente enamorado de la huérfana esa. Haría lo que fuera necesario para alejarla de su vida de una vez por todas.

Candy POV.

Chicago.

Candy, te busca la señorita Hubert. - me dice Nadine.

Dile que, en cinco minutos estoy con ella, hazla pasar al salón y ofrécele una taza de té.

Claro. - Nadine sale y me deja sola con mis pensamientos.

Me pongo en pie y me dirijo al pequeño cuarto de baño, me miro al espejo y acomodo los rizos rebeldes que escapan de mi peinado, sabía que este momento llegaría, y no sé si estoy lista para enfrentar a la novia del hombre que más he amado en la vida, pero debo respirar profundo, planto una sonrisa amable en mi rostro y me dirijo al pequeño pero acogedor salón que tenemos en las oficinas de la fundación para recibir a visitas importantes.

Ella mira por la ventana, su mano suavemente toca una de las pesadas cortinas de brocado color azul pastel.

Buenos días, señorita Hubert. - le digo haciéndola girar a verme, por supuesto su vestido es no solo impecable, sino precioso, una hermosa combinación de satín color malva con encaje color crema.

Amber, por favor, Candy. - me dice con tono suplicante.

No sé si…-

Entiendo que estés dudosa, pero, habíamos logrado construir algo parecido a una amistad, no es mentira que te admiro, y que me encantaría seguir trabajando contigo, por favor. -

Amber, debes entender qué…-

Qué los Andrew no forman parte de tu vida.-

Sí, y tú eres la novia de William. -

Vamos Candy, admite que hacemos un gran equipo, además te prometo que mi relación con William no tendrá nada que ver con nosotras. -

Es fácil decirlo, pero he hecho un gran esfuerzo por mantener mi vida al margen de los Andrew y no estoy dispuesta a ceder frente a ello.

Sabes que William y Archibald se enteraran de lo que quieran enterarse acerca de tu vida independientemente de que tú y yo trabajemos juntas. Ellos tienen sus formas, yo puedo prometerte que de mi parte ellos no sabrán nada.

¿Puedes también prometerme que no sabré yo nada de ellos?

Si eso es lo que se requiere, lo juro, no más chismorreos sobre mi vida privada, hagamos equipo para hacer de esta ciudad un lugar mejor, podemos llevar a tu fundación a lugares antes insospechados. Nombra los términos, si gustas incluso podemos hacerlo legal.

¿Estás dispuesta a firmar un acuerdo de confidencialidad?

Jajaja, no cabe duda de que fuiste criada por los Andrew, querida, pero si eso es lo que se necesita para que aceptes que trabajemos juntas, por supuesto que lo haré.

Tú palabra me basta entonces, pero debes saber que no dudaré en cortar nuestros lazos si incumples con el acuerdo.

No esperaba menos de usted señorita White Andrew. - me dice con una sonrisa traviesa, no parece intimidada por mí, sino más bien divertida, y yo no entiendo como no puedo simplemente decirle que no y ponerla de patitas en la calle.

Tomamos asiento y mientras compartimos el té, me anuncia su propuesta, es bastante sensata, incluso puedo ver que repercutirá positivamente no solo a la fundación, sino en la agencia misma, y que negarme sería una insensatez, acepto, siempre y cuando sea en mis propios términos, y no puedo dejar de admirar el buen ojo que Albert ha tenido para escoger a la futura matriarca de los Andrew, aunque eso sea una puñalada a mi corazón.

Seis meses después.

Maurice Renauld tomó asiento en su privado, estaba cansado, por meses los rumores sobre su novia habían estado corriendo desenfrenadamente por los pasillos del hospital, las enfermera cesaban de hablar cuando él entraba en una sala, otros médicos de su edad lo miraban con un dejo de burla cuando una vez le habían envidiado por su hermosa novia. y él había hecho un esfuerzo supremo por ignorarlo todo, su orgullo de hombre había sufrido cantidad de ataques, pero, él era un hombre enamorado, uno que se negaba a creer los chismes que corrían por ahí, sobre todo cuando la mujer que él amaba y creía conocer a profundidad era simplemente intachable.

Desde ese día lejano, seis meses atrás, cuando la imagen de Candice White Andrew y William Albert Andrew habían engalanado las portadas de todos los periódicos de la ciudad y de algunos otros en la nación, los medios no habían hecho más que alabar la labor altruista de la señorita White, las invitaciones de la alta sociedad habían sido constantes y la señorita Amber Hubert parecía haberse convertido en su sombra, juntas atendían comités de caridad y abanderaban causas diversas.

La alta sociedad parecía no cansarse de su romance con la perfecta y abnegada señorita White, los rumores en el hospital se esparcían por los pasillos peor que nunca, no había día que no se sospechara de un nuevo romance, o una discreta relación con algún adinerado hombre de sociedad, que le permitía mantener su negocio funcionando y garantizaba su éxito. Cuando Maurice sabía perfectamente que no había magia detrás del éxito de la fundación y de la agencia de enfermeras, solo arduo trabajo.

Y si bien podía ignorar los rumores, lo que verdaderamente calaba hondo en su ser era el silencio de Candy, quien continuaba con su vida, como si la revelación de que era en realidad una dama de sociedad y no una sencilla enfermera no tuviese ninguna repercusión en su relación.

Candy intentaba seguir manteniendo una vida simple y sin pretensiones, cuando en realidad se encontraba muy lejos de ser una humilde huérfana del Hogar de Pony. Y a Maurice le costaba trabajo entenderla, sobre todo porque ella evadía cualquier intento de hablar sobre el tema. Lo que más le dolía al joven doctor era que no podía catalogar su silencio de otra manera que no fuese falta de confianza, y eso pesaba en su corazón profundamente.

Si bien, nadie se atrevía a nombrarla una Andrew, esa única portada había bastado para terminar de abrirle todas las puertas, y Maurice no podía dejar de preguntarse cuánto de ello era buena fortuna y cuanto era obra de William Andrew, de quién sentía celos enfermizos, aunque por supuesto no estaba dispuesto a confesarlo.

Todo esto había hecho mella en su relación antes estable e idílica, ahora parecía atacada por bombardeos de nueva información cada tantos días, e invariablemente las charlas que había intentado tener para aclarar el panorama, distaban mucho de ser satisfactorias, Candy no solía decir mucho, cambiaba de tema constantemente y parecía perpetuamente ofendida por sus preguntas, de tal manera que muchas veces donde antes reinaban la confianza, la dicha y las bromas ahora reinaban el silencio y las dudas.

El amor que Maurice sentía por Candy era lo único que mantenía su relación a flote en medio de la enorme marejada de rumores y acusaciones que parecían dispuestos a abatirlos, y en medio de todo eso le era difícil explicar porque se sentía tan intimidado por William Andrew. Sí bien jamás habían vuelto a verlo y Candy renegaba de cualquier lazo que la uniera a William, su fantasma parecía colarse entre ambos, convirtiéndose en una sombra sobre su relación, un velo que no lograban correr de manera definitiva, si antes envidiaba un poco la buena fortuna que acompañaba al millonario, en la actualidad se había transformado en su peor pesadilla, una amenaza que no lograba entender.

El día de hoy en el periódico había un titular más dedicado a él en primera plana, y como siempre, el artículo se había colado al escritorio de Maurice como por arte de magia lo hacían cada uno de los periódicos que tuvieran una nota dedicada al magnate.

W.A. Andrew cierra otro contrato multimillonario.

"El más joven y apuesto magnate de nuestro país parece no tener freno, ya que siendo poseedor del toque de Midas todo lo que toca lo convierte en oro o en dólares otras veces, cada día que pasa su fortuna crece, así como la lista de mujeres que lo siguen como moscas a la miel y que añoran enamorar al hombre dueño de una de las fortunas más grandes del mundo.

Su solo nombre abre las puertas de todo los lugares del planeta y jefes de Estado, políticos, empresarios, realeza, actores famosos y bellas damas se desviven por complacerlo, no hay quien logre resistir sus encantos y buen porte, así como intentar atraer tan solo una mirada de su parte, pero el joven magnate parece no estar interesado, mantiene una relación formal aunque bastante discreta con una afortunada heredera; aunque hay quienes dicen que el verdadero amor le ha sido esquivo y que en realidad está perdidamente enamorado de otra mujer, una que no le corresponde. Acaso esa es la razón por la que el atractivo millonario se ha ganado la fama de implacable e inalcanzable…. ¿quién será la misteriosa mujer dueña del corazón de piedra del apuesto Patriarca de los Andrew? "

La nota continuaba, y por supuesto que no provenía de un periódico serio, pero no era la primera vez que Maurice leía acerca del persistente rumor sobre la anónima dueña del corazón del hombre que Candy decía no soportar, y que sin embargo era una afirmación de la que Maurice comenzaba a dudar.

Ese breve encuentro en la gala del hospital era una niebla que todo lo envolvía, y aunque por amor había esperado pacientemente para que Candy compartiera con él toda la historia de su pasado y el tipo de relación que la unía a William Andrew, después de seis meses ella aún no mencionaba absolutamente nada, pese a que él le daba toda su confianza y se mantenía abierto a cualquier información que ella quisiera compartir con él, su pasado seguía siendo tema vetado entre los dos.

Maurice era plenamente consciente de que esto no podía durar por mucho tiempo más, ante los ojos de sus amistades, colegas y su familia, eran la pareja perfecta, cuando en la realidad pareciera que el abismo que se abriera entre ellos desde el día de la gala de caridad cada vez era, no solo más grande, sino que los alejaba de manera irremediable por la falta de confianza que existía entre ellos, cada día era más difícil creerle a Candy cuando todo lo que recibía de su parte era silencio y distancia.

Una de las jóvenes enfermeras que estudiara con Candy entró a su consultorio, llevaba en sus brazos reportes y le dedicó una sonrisa mientras los ponía frente a él.

Buenos días doctor Renauld. -

Buenos días señorita Ambrose. -

Estos son los reportes que me pidió. -

Gracias. ¿Hay algo más? -

Sí doctor, una nota para usted, la dejaron en la recepción del hospital. - le dijo extendiéndole un sobre de fino papel color crema.

Gracias. -

Supongo que una invitación más para usted y para Candy.

Quizá, aunque normalmente las invitaciones llegan solo con su nombre y a su oficina.

Es una Andrew, doctor, no debe sorprenderle que la alta sociedad tenga esa deferencia con una de las señoritas de su clase.

No te refieras a ella de esa manera, para mí es sólo Candice White.

Sí, claro, por eso es que la novia del patriarca parece ser su mejor amiga, ya sabes lo que dicen a mis amigos los quiero cerca y a mis enemigos …. - el veneno que destilaba de su voz era palpable y pegajoso.

Es todo por ahora enfermera Ambrose, le llamaré si necesito algo más. - Maurice la interrumpió antes de que continuara, y la joven conociendo su lugar salió de la oficina con una sencilla inclinación de cabeza.

Maurice tomó el sobre, lo abrió y de él cayó una sola hoja de papel, en él había una dirección. Acompañado de un par de líneas.

Quizá pueda encontrar respuestas que tanto busca en este lugar. La casera, sabe que usted irá. -

El médico miró el reloj y se puso de pie, tenía cosas que hacer, pero no le importaba, simplemente necesitaba saber la verdad, las dudas y el silencio de Candy estaban volviéndolo loco. Se sentía cansado de toda esa situación, de las verdades a medias y de todos los rumores, quería llegar al fondo de todo necesitaba respuestas, quería saber la verdad pero sobre todo necesitaba que Candy fuera sincera con él de una vez por todas, dudó por un momento, hoy era el cumpleaños de Candy y su madre había preparado una reunión familiar para la mujer que ella pensaba será su nuera, quizá lo mejor sea… no, no hay ya nada mejor, si Candy no quería enfrentar las cosas y confiar en él, buscaría las respuestas solo, así tuviera que levantar las piedras.

Camino a la salida del hospital, Maurice intentó una opción más, ansiaba conocer la verdad, pero también quería ser discreto y darle a su novia el beneficio de la duda, quizá era momento de dejar de preguntarse y acudir a alguien que podía esclarecer sus dudas.

Con paso dudoso se dirigió a la oficina del director del hospital, dispuesto a tener una franca conversación con el hombre que parecía apreciar genuinamente a Candy, y quién quizá le hablaría con franqueza para ayudarle a disipar sus dudas.

Para su buena suerte, el doctor Leonard se encontraba disponible, Maurice entró sintiéndose un poco cohibido ante la razón de su presencia en la oficina de su jefe, pero respiró profundo y decidió que si obtenía las respuestas que buscaba, no habría necesidad de exponerse a escuchar calumnias sin sentido de parte de sabrá Dios quien.

Doctor Renauld, por favor pase, dígame ¿en qué puedo servirle? ¿le ofrezco algo de tomar? - el tono del hombre mayor era amable, si le extrañaba su presencia, no lo demostró en ningún momento.

Doctor Leonard, buenos días, espero no robarle mucho de su tiempo.

No sé preocupe, Maurice, tome asiento, y dígame qué lo trae por aquí.

Me siento un poco apenado por recurrir a usted en una situación personal, pero creo que entenderá que necesito una persona de confianza.

Supongo que tiene que ver con Candy y con los locos rumores que corren por el hospital.

Así es doctor, no pensé que…

Sé todo lo que acontece en mi hospital, o al menos intento saberlo todo, y es obvio que lo que atañe a nuestra enfermera más famosa no podía pasar desapercibido.

Lo dice con toda tranquilidad.

Maurice, muchacho, las envidias despiertan muchas calumnias, y creo que es insensato prestarles oídos a esos rumores, tú sabes que el éxito de la agencia y la fundación se deben al arduo trabajo, excelente servicio y carisma de Candice. Además, sé por experiencia que es una excelente enfermera que se formó en la escuela de este hospital y que ella es una persona íntegra, no tiene caso perder el tiempo con nada más.- el tono paternal y condescendiente del médico envalentonó a Maurice a preguntar justo lo que ansiaba saber.

Doctor Leonard, sé que no puedo preguntarle a cualquiera y por cuidar de Candy y de su reputación es que me acerco a usted, dígame, ¿es entonces mentira que la despidió dos veces del hospital? - Maurice observó como el ceño del hombre mayor cambió por un momento.

No, doctor Renauld, no es una mentira, pero puedo asegurarle que estaba equivocado, es por eso que en cuanto me fue posible rectifiqué mi error.- el tono de voz había cambiado dramáticamente.

¿Dos veces?

El puesto de director de un hospital como este no es sencillo, es un delicado balance entre buena administración, conocimientos médicos, y mantener contentos a nuestros patrocinadores. Me temo que no puedo decirle nada más, doctor, podría preguntarle a Candy y esperar a que ella misma le cuente los pormenores, pero si está interesado en escuchar un consejo, quizá debería olvidar todo esto, ignorar los rumores y confiar en la señorita Andrew.-

La señorita Andrew, ¿acaso sus despidos y recontrataciones tuvieron que ver con los Andrew? -

Como le he dicho, doctor Renauld, no tengo nada más que decir, y si fuera usted inteligente dejaría esto por la paz, hacer enojar al patriarca de los Andrew no es una movida inteligente para la carrera de nadie. Tómese el resto del día para pensar en lo que le he dicho. - la seriedad y algo parecido a temor cruzó el rostro del doctor Leonard al mencionar a William Andrew, fue solo una fracción de segundos, pero eso fue suficiente para encender las alarmas de Maurice.

Maurice entendió perfectamente que su audiencia había terminado, se puso de pie y agradeció al médico por su tiempo, una vez fuera del hospital y a bordo de su auto, supo perfectamente a dónde tenía que dirigirse si quería encontrar respuestas.

Llegó al lugar, lo que anteriormente había sido un humilde barrio de clase trabajadora parecía haber mejorado bastante, las casas alrededor se veían cuidadas, las calles limpias, la pequeña clínica cercana era un ejemplo de modernidad, el parque estaba bellamente cuidado, y los chiquillos corrían libres por las calles.

Sin duda el pequeño edificio de departamentos era lo mejor del lugar, si antes había sido una humilde vecindad hoy no lo parecía, está recién pintado, y por todos lados se veían las mejoras.

Un chiquillo salió corriendo por la puerta y Maurice le preguntó por la casera, el niño le indicó un timbre y sin dudarlo, el joven médico llamó a él.

Buenos días. ¿Señora Smith?

Así es, ¿En qué puedo ayudarle? ¿Busca un departamento?

No, me han dicho que usted puede responderme algunas preguntas sobre la señorita Candice White… -

Y sobre el hombre que vivió con ella ¿no es así?- la mujer no se andaba con rodeos.

Era su paciente.- ofreció Maurice.

Jajaja, claro todos pensamos, incluso que eran hermanos, aunque siempre hubo algo. - el tono de voz era claramente burlón y conspirador.

¿Algo? - ¿cómo interpretar un algo? Maurice no iba a especular, quería todos los hechos.

Algo en sus miradas, así como la suya me dice que hay algo más en usted que mera curiosidad.- explicó la mujer con paciencia.

El barrio…- Maurice intentó cambiar de tema, le incomodaba ser tan directo.

El barrio no es lo que era en ese tiempo, alguien con mucho poder se ha encargado de que la situación de todos mejore y de eso no me quejo, aunque sea solo por ella.- una vez más, la intriga estaba presente en su voz.

¿Por ella?-

Sí, por ella, este debe ser un lugar anónimo, pero seguro, después de todo el departamento, o más bien todo el edificio está a nombre de la señorita White, todo ha sido renovado, y rentado, menos, el departamento que ellos compartieron.-

¿Quién es ese hombre?- Maurice necesitaba saber y estaba arrojando por la ventana toda precaución.

Su nombre, entonces, era Albert. Aunque creo que nunca fue solo Albert, por un tiempo pareció un humilde chico, trabajador, amable, pero después, supongo que la ambición de él por más lo llevó por otros caminos, de pronto parecía haber abundancia, y él se reunía con hombres extraños, ese fue el punto final, no podíamos seguir haciendo de la vista gorda, le pedí a ella que se fueran ambos.-

¿Qué sucedió? -

Ella se puso furiosa por supuesto, pero él se fue, pensé que al fin me había librado del problema, resultó que no fue así, él volvió en secreto muchas veces.- Maurice podía imaginar perfectamente a Candy estando furiosa. La última parte aún le parecía inaudita.

¿Hace cuánto que no viene?- si esto era historia vieja, a él no le correspondía meterse.

Ella tiene varios años de no vivir aquí, pero cuando se fue es que él lo compró todo, no dudaría que el barrio entero, aún se reúnen, pero son mucho más discretos, y por supuesto a mí me conviene mantener mi trabajo.

¿Cada cuánto?- el corazón de Maurice latía desbocado, era imposible.

Supongo que un par de veces al mes, al menos, pero por supuesto es solo por recordar, un hombre como él debe tener muchos otros lugares donde verla. -

¿Todo esto está a su nombre? ¿Cómo lo sabe? -

Yo soy quien cobra las rentas, y su abogado viene por ellas. Fue un regalo de él para ella.- la mujer se encogió de hombros

¿Él?

William Albert Andrew. - le dice la mujer en un susurro antes de santiguarse, cómo si le temiera. - ¿Quiere ver el departamento?- Maurice pensaba que aquello era inaudito, William Andrew parecía pasar largas temporadas fuera de la ciudad, pero quizá eso era solo la pantalla.

¿Tiene llaves? - preguntó esperando un no por respuesta, pero la mujer parecía muy interesada en complacerlo.

Me encargo de la limpieza del lugar. -

Maurice la siguió, el lugar en general se veía sencillo, pero bien cuidado, sin embargo, en cuanto abrió la puerta al pequeño departamento todo era diferente, estaba bien amueblado, una lujosa alfombra turca cruzaba la habitación, había una sola recámara y un cuarto de baño, la cocina tenía todo lo necesario y sobre el mostrador había dos sencillas tazas con una C y una A, caminó hasta la habitación, había una sola cama doble, en el armario colgaban un par de camisas masculinas, un uniforme de enfermera de hace un tiempo atrás, y un hermoso vestido, el baño tenía todos los productos que a ella le gustaban, y las notas de su perfume aún flotaban en el ambiente del departamento, no preguntó más, era más que claro que por un largo tiempo le habían estado viendo la cara, pero no más.

Candy POV

Levanto la mirada de la pequeña montaña de papeles que amenaza con tragarme, la puerta de mi despacho se ha abierto, y Nadine, mi secretaria entra balanceando correspondencia, mi taza de café, una caja de chocolates, y un ramo de flores multicolores, sonrío ante la imagen y ante el gesto romántico de Maurice. El ramo es un poco más grande y lujoso, pero sencillamente precioso.

Ahora traigo los demás.

¿Los demás?

Es tu cumpleaños, y han llegado regalos.

¿Del doctor Renauld?

No he leído las tarjetas, pero supongo que debe haber algo de su parte, si es que no ha planeado dártelo en persona.

Exageras.

Debes verlo por ti misma, han estado llegando toda la mañana, pero, pediste no ser molestada.

Me pongo en pie y salgo de mi oficina, no miente, la recepción está atestada de flores, canastas de frutas, chocolates, pasteles, no sé qué pensar por un segundo y después caigo en cuenta de que debo tomar cartas en el asunto.

Nadine, por favor, recolecta las tarjetas, toma las notas necesarias del regalo, para poder hacer las notas de agradecimiento, y habrá que investigar los cumpleaños de toda esta gente para poder corresponder como es debido.

¿Qué hago con todo?

Distribúyelo un poco, en los espacios, los dulces y postres son demasiados, habrá que hacerlo llegar a alguna casa hogar, necesito una lista de todo primero.

Las joyas las pondré en tu oficina.

¿Joyas?

Sí han llegado algunos estuches de lo que supongo son joyas.

Dios…

¿Quieres que te comunique con la señorita Amber?

No, gracias, por el momento no es necesario, solo prepárame esa lista con absoluta discreción.-

Por supuesto.-

Entro en mi oficina, mi corazón late con fuerza, estoy entre emocionada y abrumada, nunca esperé algo así y no estoy muy segura de que hacer al respecto, sé que Amber sabría bien qué hacer, pero no quiero recurrir a ella, tampoco estoy de humor para sobrellevar los velados celos de Anne, tendré que resolverlo yo sola.

Me siento en el escritorio y contemplo la docena de cajas que Nadine depositó sobre mi escritorio, tomo las primeras tarjetas, provienen de parte de ancianas matronas a quienes hemos atendido, los abro y me encuentro con hermosos regalos, nada inapropiado, sino sinceras muestras de afecto, otro más viene del hospital, firmado por Victoria Leonard, una sencilla cruz de oro con su cadena de parte de la madre superiora de uno de los orfanatos que apoyamos, un precioso broche de parte de Patty, una pulsera a juego de parte de Annie, unos lindos aretes de parte de Amber.

Quedan aún un par de cajas, las más grandes, abro la primera y me encuentro con una preciosa y engañosamente sencilla gargantilla, de parte de Archibald Cornwell, lo cual si bien no me encanta porque es sencillamente extravagante, sé de sobra que desde que se anunció nuestro parentesco no es inapropiado, él último, el último es de él.

Mi corazón late acelerado, siempre ha mandado regalos, eso no es nuevo, pero siempre lo hacía a través de George y eran cosas prácticas. Jamás joyas. Respiro profundo, sé que terminaré por regresarlo, pero no puedo dejar de admitir que muero de curiosidad.

Supe por Archie que él está de viaje, salió en el primer tren de la mañana siguiente a nuestro encuentro en el baile, mi vanidad quiso alguna vez atribuir ese viaje a la impresión de verme de nuevo, pero, no fue así, estaba planeado mucho antes que nuestro encuentro, lo sé porque así es su vida.

Si Amber lo extraña con locura, o si sobrelleva la distancia con soltura, no lo sé, nunca lo hemos hablado, nuestra relación es de negocios y los temas personales no caben entre nosotras, además no quiero saber nada de él ni que él sepa nada de mí, Archie lo sabe y las dos veces al año que nos vemos, respeta mi sentir.

En cuanto a Maurice… las cosas con Maurice no van del todo bien, muchas veces me ha pedido contarle mi historia completa, y más de una ha preguntado acerca de mi conexión con William Andrew, por más que intento explicarme, no puedo confesar la verdad, ¿qué se puede decir? ¿que mi conexión es platónica? ¿cómo confieso que no estoy cerca de él porque su cercanía duele demasiado? Otras veces las preguntas parecen con doble intención, incluso, un par de veces ha sido un poco inapropiado conmigo, como si yo le debiera algo, como si no fuera una dama, o una doncella, seguramente alguna mala lengua le informó que alguna vez viví con un hombre bajo el mismo techo, pero jamás me lo ha preguntado de frente, y yo no puedo ni quiero simplemente sacar el tema, odiaría ver su mirada de horror al saberlo, porque no creo que nadie crea que no hubo nada entre nosotros, las acusaciones de la tía Elroy años atrás me dejaron eso muy claro.

El señor Althorp está aquí para verte. - me dice Nadine interrumpiendo mis pensamientos, le pido que acomode las cajas en la pequeña mesita junto a la ventana.

Gracias Nadine, hazlo pasar. - le digo.

Meses atrás le pedí a Steve que buscara disolver mi conexión con los Andrew y por fin ha venido a verme, tal vez hoy será el primer día del resto de mi vida.

Señorita White. - me saluda formalmente, con un guiño en la mirada y toma asiento en el lugar que le he indicado, su mirada no revela nada aún.

Señor Althorp, dígame que tiene buenas noticias. - le pido vehementemente mientras le alcanzó un vaso de whiskey y le sonrío siguiendo el juego de abogado y cliente que ha decidido jugar

Me temo que no, Candy, el juez ha fallado en favor de los Andrew.- me dice con una sonrisa compasiva.

¿Cuál es la siguiente instancia?- pregunto tratando de no revelar cuánto me afecta su respuesta.

Apelar a una corte más alta, pero si me lo permites, debo recordarte, que no hay corte en la que el señor Andrew no tenga aliados, creo que la forma más sencilla de convencerlo sería por una petición personal de tu parte.

Lo dudo… por años se lo he pedido, lo sabes bien.

Pero no en persona. Candy, no sé porque se niega, pero sé que quizá la única forma de convencerlo sea en persona.

Tal vez tengas razón, pero hagamos de eso un último recurso, por favor intenta ir a la siguiente corte, dime, George estaba presente, ¿o solo el abogado de los Andrew?- pregunto, aunque en realidad lo que quiero saber es si él estaba ahí.

El señor Villers estaba presente, junto con el señor Cornwell y sus abogados… El señor Andrew aún se encuentra de viaje.- Me dice gentilmente.

Bien, gracias por tu dedicación, y espero el reporte de la apelación. - le digo sin querer perder más tiempo, aún tengo muchas cosas por hacer, y hoy he quedado de verme con Maurice para comer.

Nos vemos en la cena. - me dice mientras se pone de pie y me sonríe, la familia de Maurice ha preparado un pequeño evento en mi honor y por supuesto que Steve y Rose están invitados.

Gracias Steve.

Denada, seguiremos intentando Candy, pero temo que solo tú sabes cómo conseguir de William Andrew lo que quieres.

Ya veremos, ojalá se case pronto, tenga hijos y pierda todo interés en seguir inmiscuido en mi vida. - le digo con ligereza, aunque esa perspectiva hace que mi estómago se retuerza.

Por cierto, ¡Feliz Cumpleaños! Eres una mujer popular.- me dice burlándose de mí, sabe que odio llamar la atención.

Anda, vete, aún tengo miles de cosas por hacer. - le digo correspondiendo su beso de despedida en la mejilla.

Steve se retira, y yo vuelvo hasta la mesa de la ventana, tomo la única caja que me falta por abrir, dentro hay una nota con su puño y letra.

"A riesgo de traicionarme a mí mismo, debo decir, Candice, que nunca he deseado nada más que lo mejor para tí."

¡Felicidades, querida mía!

WAA

Mi mano tiembla, abro la fina caja de terciopelo y dentro descubro un exquisito juego completo de joyas, esmeraldas montadas en lo que parece ser oro blanco, o quizá platino, una lágrima corre por mi mejilla, me conoce tan poco que piensa que una extravagancia como está me gustará, a esto hemos llegado, casi sospecho que esta vez su secretaria fue la encargada de buscarme un regalo... No tengo tiempo para todo esto, cierro abruptamente la caja y dejo la carta dentro de ella para regresar a mi escritorio y ponerme a trabajar, por supuesto que regresaré su regalo, pero no puedo hacerlo a través de un mensajero, un regalo como esos solo puede devolverse en persona o por medio de un abogado, así que esta noche le pediré a Steve que se haga cargo.

El tiempo pasa con rapidez, y cuando levanto la mirada me encuentro con Maurice observándome con una mirada indescifrable.

¿Quieres decirme que tanto me ves? - pregunto con una sonrisa cargada de buen humor.

Me gusta verte trabajar. - me dice encogiéndose de hombros, un poco seco, aunque sospecho que hay algo más, rodea mi escritorio y se acerca a mí para depositar un beso en mi mejilla, apenas un roce meramente ceremonial.

¿Todo bien? -

Veo que has decidido convertir la fundación en una floristería. - es imposible pasar por alto la nota de molestia y celos en su voz, pero no quiero enfrascarme en otra de nuestras peleas en este momento.

Es el precio de la fama supongo, aunque también lo agradezco, por supuesto que buscaré repartirlos en hogares de ancianos, niños y hospitales.

Como siempre eres la imagen perfecta de la abnegación. - me dice en tono neutral que no deja de calar en lo hondo de mi ser, pero, respiro profundo.

Si quieres podemos posponer nuestra comida, aún tengo algo de trabajo, y...

Debes terminar lo que estás haciendo, porque no planeo dejarte regresar a trabajar por el resto de la tarde. - me dice seriamente, mientras toma asiento en el borde de mi escritorio.

Jajajaja, así que ahora te dedicas a organizar mi tiempo.- intento responder en broma, y él me responde con una media sonrisa.

No, pero trabajas demasiado, un descanso no te vendría mal y hay cosas que me gustaría que platicáramos antes de la cena en casa de mis padres. - me dice un poco seco, pero no le doy importancia, a veces cuando está distraído así es.

Está bien, dame media hora. - le digo mientras le indico que tome asiento en otra parte y se entretenga con algo. Se dirige a su rincón favorito y toma el libro que ha dejado a medias en el librero precisamente para estos casos. Lo miro por un momento, hay algo diferente en él, pero no estoy segura de que es.

Me enfrasco en el trabajo y no le presto atención, él se sienta en la mesa dónde han quedado olvidadas las cajas de regalo y yo continuó con mis quehaceres, él entra y sale un par de veces, Nadine, otro tanto, para anunciar más regalos y para darme la lista que le pedí.

Sólo hace falta hacer lo de los regalos que dejé en tu escritorio, me dice con discreción. -

Están sobre aquella mesa, los dos más grandes no es necesario que los registres. -

Está bien. - me dice mientras se acerca a la mesa y yo dejo de poner atención.

¿Quieres que lo envíe con un mensajero a tu departamento?

No, creo que lo mejor será que los guarde en la caja fuerte por hoy, ya que no regresaré esta tarde.-

Ha llegado esto. - me dice entregándome un sobre lacrado con el sello de los Andrew, lo cual no es atípico, esto es lo que suelo recibir cada tanto tiempo de parte de él, desconozco a ciencia cierta que hay dentro, aunque puedo imaginarlo, le indico que lo ponga sobre la mesa dónde se encuentran los demás regalos y continuo en lo mío.

Estoy verdaderamente concentrada, no sé cuánto tiempo ha pasado y de pronto, el ruido del enorme sobre de cuero lanzado sobre mi escritorio seguido de las cajas de joyería de parte de Archie y William interrumpen mi concentración.

Levanto la mirada, Maurice me mira con enojo.

¿Quieres explicarte? ¿Por qué razón los dos integrantes más importantes de la familia Andrew te envían semejantes obsequios, es que acaso te pagan con costosos regalos alguna clase de favores?- me dice en apenas un susurro.

Como te atreves siquiera a insinuar lo que has dicho, no te permito que me faltes así al respeto, además mi correspondencia es privada y no tienes ningún derecho a abrir mis cosas sin mi permiso. - le digo más que indignada, por mi descuido y su atrevimiento.

No quieras verme la cara de idiota, ¿entonces sugieres que debo seguir guardando silencio cuando a mi novia le envían regalos que son demasiado costosos e inapropiados por parte de dos supuestos familiares con los cuales pretende no tener nada que ver hace años? ¿acaso me crees un imbécil? ningún hombre podría creerte semejante excusa… dime qué clase favores están pagándote los Andrew para gastar semejante fortuna en obsequios de cumpleaños, eso no te lo cree nadie Candice White Andréw. - espeta mi nombre completo como si se tratara de un insulto.

Quien te has creído Maurice, el hecho de que estemos comprometidos no te da derecho a meterte así en mis asuntos privados, ni mucho menos en tratarme de esa manera e insinuar esas cosas tan horribles de mí, además para tu información ni siquiera los he aceptado. - le digo con calma, no puedo hacer una escena en mi propia oficina.

¿Sabes que hay en el sobre?

Sé que hay en el sobre.- le digo, suavemente, aunque no levantaré la voz a pesar de que estoy completamente furiosa, él lo está más, pero no seré intimidada por ningún hombre jamás.

Así que es normal que te envíen escrituras de propiedades y un cheque que tiene más ceros que los que yo ganaré nunca, así como joyas dignas de la amante de algún sultán. - esta vez el tono de voz es más alto, la última frase me golpea como una bofetada.

No vayas por ese camino, no soy una cualquiera y no tengo por costumbre permitir que ningún hombre sea quien sea o el tipo de relación que tengamos que me insulte o me falte al respeto, ya he sufrido demasiadas humillaciones en el pasado por supuestos, mentiras, rumores y chismes malintencionados, solo te pido que creas en mi palabra y en mi integridad como mujer y profesional, porque no voy a tolerar que me faltes al respeto de ninguna manera Maurice, soy tu novia pero eso no te da derecho sobre mí y mucho menos me puedes hacer este tipo de espectáculos e insinuaciones, así que compórtate como un hombre adulto y profesional y respetas mi lugar de trabajo porque no voy a discutir esto aquí, ni de esta manera, si quieres que hablemos lo haremos, pero no permitiré un escándalo en mi oficina. - le digo determinantemente, aun cuando tiemblo por dentro.

¡Llevo más de cuarenta y cinco minutos esperando que te dignes en voltear a verme!- me reclama, quizá con justa razón.

Lo siento por ti, pero habíamos quedado más tarde de vernos, sabes que soy una mujer trabajadora no una señorita mantenida que está disponible a todas horas para su novio, además, necesitaba dejar esto terminado, mañana tenemos una cita muy importante con un hospital y debía dejar todo en orden para la presentación, pero si te incomoda verme trabajar bien puedes irte y nos vemos a la hora de la cena en casa de tus padres.

¿Que no puedo esperar? ¡Demonios Candice, llevo seis meses esperando en silencio a que por fin te expliques!, en este punto ya estoy cansado de esperar por ti, ¿qué clase de hombre crees que soy?

El tono sube, yo me pongo de pie, y me dirijo a la caja fuerte, donde guardo lo que él ha desparramado sobre mi escritorio junto con los demás regalos.

-Vamos pues, está claro que hoy no estás de humor, busquemos un lugar discreto donde hablar.- le digo mientras tomo mi bolso, es evidente que está más que enojado, pero soy completamente consciente de que en cualquier momento puede entrar un donador para la fundación o algún cliente para la agencia, y por supuesto que no daré pie a que las malas lenguas se den más gusto del que seguramente ya se dan.

Caminamos uno junto al otro en silencio, él abre la puerta del edificio y espera impacientemente mientras doy algunas instrucciones a Nadine, en la calle él camina de prisa delante de mí, abre la puerta del auto para mí, pero la azota en cuanto estoy dentro, un silencio gélido nos envuelve por un momento, y aunque afuera el cielo resplandece, la promesa de una tarde agradable se ha esfumado, tal cual si hubiera densos nubarrones.

¡No seguiré siendo el hazmerreír del hospital! - y de la alta sociedad de Chicago me dice casi a gritos.

¿Quieres explicarme a qué viene todo esto? ¿Por quién me tomas? Y mide bien tus palabras porque no pienso tolerar que me faltes el respeto de ninguna manera, estoy cansada de los insufribles machistas que quieren dominar mi vida y hasta donde tenía entendido nuestra relación se basa en el respeto profesional y personal que nos tenemos.

Ahora resulta que no sabes y te haces la ignorante, todos me toman por cornudo, los médicos se ríen a mis espaldas, las enfermeras hablan y hablan sobre tu falta de moral y tú juegas a ser una mojigata que no suelta prenda conmigo, pero que al parecer mantienes una relación clandestina con el novio de otra. - me dice con frustración mientras maneja muy rápido.

¿Te estás escuchando? no se quién diablos crees que soy, se supone que me conoces y nos tenemos confianza y justo en este momento estás siendo un completo idiota irracional, pregunta directamente lo que quieres saber, jamás te he dado motivos para dudar de mí.

¿Viviste hace más de tres años en un departamento con William Andrew? - la pregunta es casi una afirmación, no puedo negar algo tan directo, pero quizá puedo explicarlo.

Sí, lo hice pero las circunstancias no son lo que te estás imaginando …. intento razonar con él, pero es inútil, me interrumpe.

¿No te saliste con mentiras de la residencia de señoritas del hospital y buscaron un departamento con él en el que compartían la misma habitación, ni mintieron diciendo que eran hermanos, Tampoco se tuvo que ir él cuando los vecinos descubrieron que no lo eran y que vivían en pecado? - afirma lleno de cólera, no entenderá de razones.

Voltea a verme, la luz amarilla del semáforo indica que debemos parar, pero en vez de hacerlo Maurice o no la ve o parece intentar ganarle.

- ¡Respóndeme! - exige, voltea a verme una vez más, esta vez lleno de ira, pero en una fracción de segundos su rostro cambia horrorizado, alcanzo a ver la cabina roja del camión lechero que cruzaba la calle justo cuando Maurice pasa el alto, pero es demasiado tarde, una fuerza demoledora me envuelve, millones de agujas invisibles se clavan en mi cuerpo, me cuesta respirar, el dolor parece atragantarme, y antes de que pueda saber qué está sucediendo, la fría oscuridad desciende sobre mí.