¡Cuidado! Este capítulo puede contener alguna pequeña referencia al suicidio.

Cuando de nuevo escuchó a las cocineras hablar de la futura visita real, tema que era comentado por cualquiera, a cualquiera y en cualquier rincón del castillo, suspiró con cansancio. No podía evitar sentirse agotada por no poder encontrar algún tema de conversación que no terminara desembocando en aquello, y eso podía explicar el constante malestar que mostraba y que en cierto momento llegó a preocupar a su padre y a las personas más allegadas a ella, aunque como casi siempre, sólo una persona sabía los motivos, una persona con la que durante el transcurso de este largo mes había logrado estrechar lazos y formar una íntima amistad, aunque ahora ella las cosas las veía de manera distinta sin darse cuenta.

—Me alegra saber que estés tomándote las clases de Lussie con mucha seriedad y lo hagas todo a la perfección —intervino una voz grave, cosa que hizo que Zelda saliera de su pequeño trance y cruzara su mirada con la de su padre, quien se topaba enfrente suya degustando los deliciosos yogures que les habían colocado de postre. Se limitó a sonreír en contra de su voluntad.

—Sí, aunque no niego que se me hayan hecho algo costosas. Llevo años sin dar clases de etiqueta, pero yo también me alegro de haberme vuelto a adaptar a ello.

"Claro, si consideramos la enorme cantidad de veces que casi rompes algo en las prácticas y en los múltiples dolores de espalda que te han dado por estar tan recta como un palo y respirando a duras penas", se recordó. Las clases de postureo y comportamiento para preparase para lo que se le venía encima en un mes habían resultado ser un infierno, pero como casi siempre, tenía que aguantarse y hacerlo todo a la perfección, tal y como se esperaba de la jovencita que pronto asumiría el trono. Sola o casada, tendría que hacerlo, ya que renunciar al puesto era algo contrario a lo que le habían inculcado desde niña.

—Si bien es cierto que las abandonaste por ponerte a rezar, no viene mal retomarlas de vez en cuando. Una buena imagen es lo mejor para ti en estos momentos.

La joven princesa prefirió no hacer caso al último comentario de su padre y quedarse con lo anterior dicho, ya que no tenía ganas de volver a ponerse mal. Si se dejaba llevar por sus emociones, acabaría peleándose con Rhoam, y eso nunca debería ocurrir si quería seguir con sus hábitos actuales.

La comida terminó más lento de lo esperado, y cuando el hombre dejó abandonar a su hija la sala, ésta se mostró realmente aliviada al verse en medio del pasillo. Siguiendo la rutina que seguía constantemente todos los días de su vida, se acercó hasta sus aposentos para deshacerse de la suciedad presente en sus dientes y cambiarse a las ropas que habitualmente usaba para cualquier asunto no real. Mientras se vestía, se preguntaba qué podría hacer, ya que milagrosamente hoy era su día libre y todas sus tareas y responsabilidades ya habían sido atendidas con anterioridad. Muy probablemente acabaría marchándose con Link a algún lado a disfrutar del tiempo del que disponían estando juntos, tiempo que comenzó a valorar excesivamente desde hace algo más de una semana.

"Por supuesto, contando con el hecho de que ahora te empieza a costar enlazar cuatro palabras seguidas sin ponerte nerviosa cuando hablas con él. Menos mal que sabes disimularlo".

Cuando se dio cuenta de ello, agachó la cabeza y se quedó mirando al suelo. Sin irse muy atrás, el domingo había quedado con él en su habitación para hablar de sus investigaciones con los sheikah. Cuando volvió a verlo, su corazón dio un vuelco y comenzó a latir aceleradamente a la vez que se tenía que controlar para no acabar sonrojada. Después las cosas parecían ir normales, exceptuando el nerviosismo con el que se manejaba, el cuál hacía que le costara articular las palabras y se olvidara de cómo sonaba su voz normal. Y por si fuera poco, los momentos que ambos compartían, las miradas, las sonrisas, los abrazos comenzaban a adueñarse de la cabeza de la princesa, distrayéndola cada vez más de sus ocupaciones y ayudando a que cada vez se sintiera más confusa hacia lo que ella quería con Link.

"Deja de negarlo, sabes lo que es".

Por supuesto, nunca faltaban sus sueños y voces interiores, los cuáles la alertaban del comienzo de algo irreparable, algo que deseaba estrujar, aplastar y lanzar lo más lejos posible de ella, puesto que sabía las consecuencias que podría tener en su vida.

—¿Princesa?

Una voz madura y masculina se escuchó detrás de la puerta de sus aposentos, a lo que Zelda se dirigió hacia ella y abrió ligeramente la puerta, dejando ver a medias la figura de un apuesto hombre de aproximadamente treinta años, de cabello castaño y ojos verdes.

—Disculpe la interrupción, pero tengo entendido que este día no tenéis nada que hacer. Si ese es el caso, ¿me haría el favor de reunirse conmigo en la sala del consejo dentro de unos minutos? —preguntó. La muchacha asintió como respuesta, y el hombre le dedicó una corta sonrisa antes de perderse por los pasillos.

—¿Qué hace el Capitán de la Guardia Real solicitando tu presencia? No es usual que se comuniquen con las princesas.

Zelda casi da un salto cuando escuchó aquellas palabras. Sin poder remediarlo, su corazón volvió a latir desenfrenadamente y su vista se posó intensamente sobre su amigo, recorriendo cada facción de su rostro con discreción.

—Eh... sí, es algo extraño, pero en el extraño caso de que el rey no pueda atender las solicitudes, siempre se puede acudir al heredero para hacer el encargo —terminó diciendo con la mirada desviada hacia un lado a la par que el bochorno se había apoderado de ella. Se creyó estúpida por haber estado observándolo de esa forma, mas no advirtió el hecho de que su escolta había estado haciendo lo mismo.

Al final terminaron creyendo que lo mejor era fingir que no había pasado nada, así que simplemente caminaron hacia la sala en cuestión con algo de prisa, ya que el tiempo se les venía encima y Zelda no quería retrasarse en sus asuntos. Como ya parecía ser habitual, se sintió indefensa ante el escrutinio de los guardias, y aunque sus miradas parecían reflejar indiferencia, se podía notar cómo ciertos celos latían en sus pupilas.

"¿De verdad que tenemos que depender de estos críos?"

"Seguimos igual que siempre, con la misma incertidumbre sobre nuestro futuro y el del reino cuando la amenaza vuelva, y todos los días tenemos que ver a la princesa vagando por los pasillos sin hacer nada. ¡¿Es que Rhoam no piensa hacer nada con ella?!"

"Me niego en rotundo a ser reinado por esta inútil en un futuro".

Sabía lo que decían cuando creían que no la veían, sabía que gran parte del reino estaba enfadado con ella por aquello que la lleva torturando desde que era una niña. Por suerte, consiguió manejar la ansiedad que le causaba el estar constantemente expuesta a los insultos y así no empeorar su depresión, una depresión que sufrió casi sola y en silencio, con nada más que unas palabras de apoyo de su padre y de Impa y Prunia, quienes trataban de pasar la mayor cantidad de tiempo posible con ella pero no podían por tener que estar atendiendo a la planificación de las excavaciones que iban a realizar.

Pero nada más. Tuvo que lidiar con sus fantasmas y sus inseguridades sola, llorando en silencio y evitando sollozar fuerte para que no la escuchen. Salir de allí fue duro (incluso a veces se preguntaba cómo hizo para superarlo) pero lo importante es que nunca sucumbió a la tentación de tomar cualquier arma y quitarse la vida, un acto escandaloso que habría sembrado el caos en cada pequeño rincón del vasto reino y otras muchas consecuencias que jamás quiso saber.

Abandonó sus pensamientos al sentir la presencia de Link cerca, y se sorprendió enormemente al notar cómo una mano se entrelazaba con la suya, un contacto que despertó todas sus alarmas y le hizo verificar que la escolta se había retirado durante unos segundos antes de volver y disfrutar brevemente del contacto.

—Estoy aquí. No vuelvas a pensar en ello —susurró con dulzura, aunque ella había captado cierto tembleque en su voz. Instintivamente ella apretó el agarre de ambas manos, quizás haciendo que una loca idea cruzara su mente y la hiciera sonreír como estúpida. Sin embargo, no se permitió gozar lo suficiente de esta sensación debido a que una presencia la alertara y le hiciera separarse de él y avanzar un paso, alejándose para no levantar sospechas.

La cálida sonrisa del consejero les hizo recobrar la compostura, y no tardaron mucho en verse entrando en la sala con la cabeza en otro sitio. A pesar de eso, el agradable olor a limpio les hizo reaccionar y sentarse en dos de las múltiples sillas dispuestas alrededor de la gran mesa de reuniones.

—Gracias a ambos por acudir a esta pequeña convocatoria —comenzó —. Sé que lo más oportuno hubiera sido hablar con Su Majestad, mas en este caso necesitaba hablar con ambos… porque son los que lo han vivido de más cerca.

En vista de las extrañadas miradas que le dirigían, él se vio en la obligación de aclarar:

—Hace unos días recibimos una carta desde la región de los goron en la que se explica el miedo que los monstruos estaban sembrando por la zona. En medio del comunicado, el elegido Daruk expresaba que ustedes dos se vieron involucrados directamente en una de estas emboscadas. ¿Es cierto?

Ambos asintieron a la vez, lo que hizo que el hombre tomara apuntes rápidos sobre una hoja que había entre todo el papeleo que se hallaba en la mesa.

—Bien… ¿algo que destacar? —interrogó sin despegar la vista de la hoja.

—Se han vuelto bastante más violentos —respondió Link —y hay más enemigos en las hordas. Por ello hay que tratar de aumentar las defensas y mejorar su calidad.

El comentario del joven había salido ciertamente molesto, cosa que sorprendió al adulto. Miró con extrañeza a la princesa, quién solamente se dedicó a asentir.

En cierto modo, entendía el comportamiento acusatorio del contrario. Aunque parezca difícil de creer para muchos, Link amaba a su reino, su alma siempre sintió aquel deseo de proteger a su gente, un deseo que mucha gente confunde con el hecho de que sea su deber desde el día en el que entró en la Guardia Real. Y ella tampoco estaba tan lejos de ser así, puesto que desde siempre el reino le importó en sobremanera, incluso en las veces en las que parecía más interesada en leer un documento científico acerca del descubrimiento más reciente que llegara a manos de su familia.

—Está bien —musitó el mayor —aumentaremos la vigilancia mandando a varios soldados a cada región. Por lo demás, próximamente recibiremos varios estudios de parte de los sheikah acerca de lo que recientemente han estado descubriendo. Princesa, si desea saber más puede consultar a Impa.

La expresión de Zelda mudó drásticamente al enterarse de las noticias, pasando de un rostro indiferente a uno emocionado en cuestión de segundos, lo que hizo que su escolta se enterneciera con la imagen de la joven. Sin poder evitarlo, adoró profundamente esa chispa de emoción contenida con la que brillaban las grandes esmeraldas que la muchacha tenía por ojos, causando que su mirada se detuviera durante un rato en ella, volviendo a observar cuidadosamente cada facción de ella, de su mejor amiga.

Rápidamente una pequeña sonrisa de parte de la contraria lo sacó de sus pensamientos, cosa que le había dado la oportunidad de escuchar cómo el consejero les dejaba abandonar la sala de una vez por todas. Una vez que se vieron fuera, quizás algo sorprendidos de la fugacidad con la que había transcurrido la reunión, dejaron que sus ojos se buscaran hasta encontrarse y captar las intenciones de ambos: volver a reunirse en la intimidad del cuarto de Zelda para hablar y pasar el resto del día entre risas y gestos amistosos.

oOoOoOo

—Somos unos expertos en el arte del sigilo —comentó un satisfecho Link en cuanto observó cómo la puerta del cuarto volvía a ser cerrada sin levantar sospechas. Las suaves risas de la joven invadieron sus oídos de nuevo.

—Parecemos sheikah en medio de una misión super secreta y riesgosa. Pero para nuestra desgracia no lo somos.

Después de eso, el silencio. Un pequeño pero incómodo silencio que ambos aprovecharon para hacer lo que últimamente se había vuelto su actividad favorita: mirarse a los ojos. Pero esta vez Zelda no pudo retener sus impulsos y acabó cometiendo un error que trató de no cometer desde que sintió aquel pequeño cambio en ella: mirar sus labios.

Anhelarlos.

—B-bueno —después de darse cuenta de lo que había hecho, se armó de valor y se decidió a romper el silencio —. Se supone que dentro de poco tendremos que partir hacia la región de los zora para ver a Ruta, y también visitar a Mipha. ¿Te encuentras con ganas?

Un asentimiento por parte de Link hizo que una muy pequeña parte de ella se tensara, provocando que una sensación extraña y desagradable se adueñara de su alma y la hiciera entristecerse. Sin embargo decidió no darle mucha importancia.

—Sí. Allí habitan varios conocidos y amigos hylianos de la infancia que tengo ganas de ver desde hace bastante. Aparte de eso, quiero hablar un poco con Dorphan sobre la situación del lugar… —en este punto se detuvo durante unos segundos para esbozar una sonrisa melancólica —y hablar un poco más con Mipha. La última vez que fui apenas articulé palabra, y creo que la hice sentir mal.

La opresión en el pecho de la dama había incrementado, y pensamientos de carácter oscuro se adueñaron de su cabeza. Había entrado en tensión, y ahora todos sus ánimos estaban bastante bajos.

—Ya… tranquilo, tendrás tiempo de sobra para hablar con ella.

Al menos su voz no salió rota. Era completamente lógico que él quiera pasar tiempo con ella, ya que han pasado muchísimo tiempo alejados y esta era una buena oportunidad para acortar distancias.

"Claro, obviamente no podemos olvidar el hecho de que ella muy probablemente esté enamorada de Link".

Maldita mente. Ahora por su culpa el pánico se había adueñado de su ser y lo único que deseaba en estos momentos era echarse a llorar en la soledad de su cuarto, llorar por algo que a veces la hacía querer saltar de plena felicidad y a veces la hacía hundirse en la tristeza, causando que sus ganas de salir de su cama se vieran considerablemente mermadas.

El resto de la tarde transcurrió como habitualmente lo hacía: con un ambiente animado y agradable. Zelda había conseguido dejar de lado sus inseguridades y volver a tener un maravilloso tiempo con Link por la tarde, y aunque sus ojos viajaron numerosas veces a los labios ajenos, no fue nada importante, nada más que fugaces ojeadas que acababan con cualquier excusa para que él no notara su comportamiento.

—Otra vez ya está anocheciendo —musitaron a la vez al darse cuenta de la hora, logrando que el ambiente mudara a uno más triste y oscuro. No tenían ganas de despedirse, cada día les costaba más tener que volver a estar solos y sin la agradable compañía del otro. Aunque quisieran, no podían seguir juntos por la noche. Tarde o temprano Impa llegaría junto a las sirvientas a ayudarla a preparar su baño y tener a su escolta allí podría armar un escándalo considerable.

—Bueno, mañana es el día de rezo. Supongo… supongo que no nos veremos tan pronto —musitó Link con pesar. El tono consiguió desanimar a la muchacha, quien se aproximó al joven con una pequeña sonrisa triste.

—Dentro de unos días quiero acudir a una de las fuentes fuera del castillo a rezar —simplemente dijo. Y es que no necesitaba decir más, esa simple información bastaba para que él interpretara la información y sacara sus conclusiones. Los ojos azules de Link se avivaron, con aquel brillo de felicidad tan hermoso reflejado en ellos, aquel brillo que hacía aumentar su atractivo y conseguía que ella lo mirara embobada.

—Por supuesto que te acompañaré, sabes que siempre estaré contigo.

Aquello hizo que la timidez apareciera en Zelda, quien a duras penas logró mantener la compostura. Su interior estaba convulsionando, hecho un completo caos en el que confusos sentimientos de mezclaban, con la ayuda extra de las hormonas.

—Gracias.

Tras eso, se aproximó aún más a él, aún cegada por sus emociones. Su escolta estaba a punto de sufrir un ataque al corazón al ver los labios femeninos cada más cerca de él, finalmente otorgándole un suave beso en la mejilla que hizo que Link se quedara estático en su lugar, con la mirada fija en el horizonte y una expresión sorprendida y sonrojada.

"Me ha dado un beso en la mejilla".

Tragó saliva con dificultad, tratando de encontrar las palabras apropiadas para dirigirse a ella, mas lo único que logró fue articular una apresurada despedida antes de dejar a la princesa sola. Ésta, cuando se encontró con el silencio, osó romper su semblante tranquilo y sustituirlo por uno considerablemente aliviado, temiendo por dentro que su corazón le explote de lo fuerte que estaba latiendo.

"¡Le has dado un beso!"

No era capaz de pensar en nada más, no podía olvidar la suavidad de las mejillas de su amigo. Podría estar arruinando todo, sí, pero actualmente no importaba.

No importaba porque ahora sabía lo que ocurría. Acababa de encontrar en una simple palabra la explicación a todos sus más recientes comportamientos, a todos los pensamientos que la invadían y a aquel deseo irracional de probar los labios del joven que últimamente rondaba su mente.

Se tumbó sobre su cama, tapándose la cara con las manos mientras calmaba su alocado interior. No podía retenerlo, tenía que decirlo, soltarlo, ser consciente de la locura que estaba a punto de asumir.

Aunque nadie pudiera escucharla, optó por desahogarse musitándolo al aire:

—Me gusta Link.