El sol, ahora solo tenía derecho a mirar la luna en el atardecer.
Abrió la puerta de entrada, lento, cansado; añorando una presencia que ya no estaría más.
Y la visión de un cabello oscuro, una gran sonrisa y unos ojos hermosos y felices apareció frente a él, como un recuerdo de tantas bienvenidas a un hogar donde ella lo esperaba.
La extrañaba.
Soltó el regalo con ese gran moño rosa, al suelo, sin darle importancia, y avanzó por los pasillos de ese pequeño nido que habían construido juntos.
Con su mano, rozó con desgano aquella esquina donde la había asaltado a besos; esas paredes que sirvieron de soporte en sesiones acaloradas.
Subió por las escaleras que muchas veces quedaron cubiertas por sus ropas, entre risas y caricias.
Y llegó a su cuarto.
Con esa cama que fue testigo de tantas noches de amor; de secretos íntimos; de caricias prohibidas. Testigo de sueños de futuro, de calma, tranquilidad y promesas.
El lugar donde solo ellos podían llegar.
Y donde ella ya no estaría más.
La primera vez que notó a Hinata fue en aquella misión de rescate en la luna y de la forma más chocante, y a la vez, mas dulce posible; mirando sus recuerdos.
Ella siempre había estado ahí; mirándolo, buscándolo, cuidándolo. En una silenciosa compañía, con un amor sin presiones, y que solo lo veía a él.
Y fue alucinante.
Porque Hinata era maravillosa, en todas las formas posibles, en cada una de sus facetas, en cada uno de sus defectos. Hermosa; con esos ojos perla, con su piel blanca de porcelana, con su cabello oscuro como la noche; totalmente diferente a lo que él estaba acostumbrado.
Luego de mirarla, de verla por primera vez, vinieron otras cosas; como sus formas, aquellos elegantes movimientos, esa tranquila y pausada personalidad, el orgullo con el que hacía las cosas aún cuando nadie las viera, su suave voz.
Todos esos pequeños descubrimientos fueron enamorándolo una vez que abrió sus ojos.
Y fueron todos aquellos momentos, descubrimientos, anécdotas, los que olvidó cuando las palabras de Sakura llegaron a sus oídos.
"Naruto, te amo, y sé que he llegado tarde"
Esa simple revelación, que se repetía una vez más, fue aquello que dio vuelta su universo.
Lo odiaba. Simplemente odiaba aquellas palabras.
Quería borrar esa frase, ese instante que se volvió todo por un par de minutos; que lo confundió de manera irreparable y que lo hizo actuar sin medir consecuencias.
Porque todo lo que sintió en aquel momento, todo aquello que lo hizo dudar, no fue más que el residuo de una obsesión infantil. La culminación de un sentimiento que murió cuando Hinata apareció en su vida y que ahora, solo había hecho eco como parte de un círculo que se cerraba.
Un falso amor camuflado por la admiración a su compañera de equipo, nada más.
Y esa noche, cuando caminó a su casa sin haberle dado una respuesta a Sakura, y Hinata apareció con su alegre sonrisa y sus ojos hermosos, las palabras fluyeron solas; como una maldición.
"Hinata, lo siento, ya no te amo"
En el mismo instante en que los ojos de su esposa se ensombrecieron, que su mirada dejó de brillar y su rostro se volvió una máscara de dureza y compostura, Naruto supo que había soltado una mentira.
Que había hablado motivado por un deseo que fue inalcanzable y que se había cumplido a destiempo, pero que no era amor. Solo la emoción del momento, solo un logro para su ego.
Un pequeño trofeo, egoísta.
Una ilusión.
Porque su amor por Hinata era real, y eso no acaba de un día para otro.
En el segundo en que él se daba cuenta de aquello, en esa ventana de tiempo en la que se arrepintió de una verdad falsa, ella soltó las palabras que sellarían su error; aquellas él había invocado y que mostraban el corazón herido de Hinata.
"Mañana, a primera hora iniciamos el divorcio"
Esas palabras, que no parecían reales, salieron de la persona que lo era todo para él; de aquella que había olvidado por su ego, por su inmadurez.
Él había aplastado cuatro años de felicidad por una situación estúpida.
Había roto el corazón que debía cuidar.
Le había demostrado que cuatro años no habían significado nada.
¡Nada!
Y ahora, ella ya no estaría más.
No la siguió, porque ella merecía su espacio en ese momento.
No la siguió, porque aún estaba procesando todo lo que había ocurrido.
No la siguió, porque no sabía como mirarla a los ojos y arreglar aquella situación.
A pesar de que solo quería detenerla.
Y lloró; porque fue él quien acabó todo.
La primera semana pasó, lenta, vacía y llena de recuerdos.
Llena de memorias que lo torturaban y que le impedían dar la cara, que lo detenían en aquella búsqueda que ya debería haber comenzado.
Sasuke fue a buscarlo un par de veces, pero no importaba, ni siquiera recordaba que habían hablado; él simplemente estaba ahí, sin hacer nada, incapaz de procesar que todo había terminado.
Y hay decisiones con el poder suficiente como para romper un corazón.
La segunda semana llegó con una nueva resolución, había llorado suficiente, y le había dado espacio a Hinata para pensar; era momento de comenzar a buscarla.
Porque ella no mostraba intensiones de volver, ni siquiera por sus cosas. Ni mucho menos por él.
Salió a las calles, recorrió todos los lugares que visitaban juntos, esos que sabía que le gustan. Y no la encontraba.
Hinata había desaparecido sin dejar rastro; al fin y al cabo, ella era especialista en ese tipo de cosas.
Intentó acercarse al clan Hyuga, mirar desde lejos, porque tal vez, ella había decidido volver; quizás su padre la había acogido. Pero después de un par de días, se rindió: no estaba ahí.
Tal vez Shino sabía algo, o Kiba, pero no tenía idea de donde vivían.
Y pasó el primer mes.
Donde su ausencia se hizo más notoria, donde el pequeño invernadero de Hinata se había muerto. Donde él se rehusaba a darse por vencido, pero había días en que solo quería hundirse en un gran y oscuro hoyo, y olvidar.
Cada misión que tomó, lo hizo con la esperanza de que tal vez esta ver sería con ella. Cada vez que abrió su puerta, pensó que algún día ella estaría afuera lista para ingresar. Y cada vez que volvía, esperaba ansioso encontrarla ahí, de nuevo.
Solo quería una maldita oportunidad para pedirle perdón, para intentarlo otra vez; para escuchar lo que ella quisiera decir.
Pero ella seguía inubicable.
Y los días pasaban.
Y ella ya no estaba más.
Sakura volvió a aparecer, y conversaron; la rechazó, porque fue lo que debió haber dicho desde el principio. Y, por más que quisiera enojarse con su compañera, ella no había causado todo esto. Había ayudado, sí, pero fue él quien selló su suerte, su futuro.
Y Naruto, con cada día que pasaba, entendía que había sido un inmaduro; que no había amado lo suficiente.
Porque el amor se cuida, se trabaja, y se hace crecer como las plantas que Hinata tanto adoraba; y él solo se había dejado estar. Se había descuidado.
Los papeles de divorcio llegaron.
Aparecieron como un mal recuerdo, como la culminación de algo que había sido real y que ahora moría; y él se negó a aceptarlo.
No podía.
Simplemente no podía.
Porque la esperanza era lo último que se pierde.
Porque él no necesitaba avanzar, seguir, moverse…Y huir.
Él necesitaba enfrentarla, hablar.
Siguió buscando. Siguió esperando.
Los días se transformaron en semanas y estas en meses, y ya llevaban tres.
Y aquel esperado día llegó, con una simple misión mientras caminaba animado en busca de su amigo.
Ahí, frente a él, estaba ella; la mujer que estaba buscando.
Ella estaba ahí.
Hinata estaba frente a él.
Dio un paso hacia ella, con las emociones a flor de piel, y el deseo irrefrenable de acercarse, abrazarla y pedirle perdón.
Con ganas de gritarle todo lo que la había buscado, todo lo que la había extrañado; explicarle que se había equivocado.
Pero no pudo.
Se paralizó.
Porque aquellos ojos de luna, esos hermosos ojos especiales, lo miraban con miedo. Asustados, dolidos.
Ella quería salir corriendo y él lo sabía; ella quería huir.
No quería verlo, no quería tocarlo, ni besarlo, ni escucharlo; ni mucho menos abrazarlo.
Hinata quería escapar y todo su lenguaje corporal le gritaba aquello.
Y esas esperanzas, que eran las últimas que se pierden, comenzaron a desmoronarse; poco a poco.
Dio otro paso hacia ella, y notó como su mirada se desviaba a Sakura y luego a él, probablemente mal interpretando todo y esta vez él debía explicarlo.
No podía dejar que ella creyera que su corazón pertenecía a otra.
Pero mientras hablaba, los ojos de Hinata mostraron que a ella ya no le importaban sus palabras, ni sus excusas. Simplemente no quería escucharlo.
Hinata solo quería irse y no verlo más.
Avanzar, seguir, moverse…Y huir.
Sasuke apareció y le dio la oportunidad de escapar.
Deliberadamente le entregó un espacio para huir de él y Naruto lo notó. Supo que su mejor amigo había intervenido, y miró como sus ojos no se despegaron de su esposa.
Sasuke sabía, él siempre había sabido donde estaba.
Hinata huyó, Kiba lo golpeó y Shino impidió que la siguiera.
Shino, el callado y escalofriante compañero de Hinata; su mejor amigo, su hermano. Él, se plantó en frente, mirándolo como si fuera un enemigo y dijo aquellas palabras que se clavaron a fondo y que definieron sus días futuros.
"Déjala ir"
"Necesitamos hablar"
"Las palabras no arreglarán nada, no cambiarán lo que hiciste"
"No puedes saberlo"
"Lo sé, porque he visto todo lo que ella hizo por ti, porque fui yo quién la recogió esa noche. Y ahora, soy yo quien te detendrá, porque no la mereces"
Y así, aquella verdad llegó de golpe con la única persona que podía hablar con propiedad de eso; No la merecía.
No podía buscar eso que fue suyo y que él mismo desechó. Nunca más.
Porque él, entendió que Hinata había dado mucho más de lo que él había considerado; porque su amor siempre estuvo ahí, constante, fuerte y seguro. Hinata jamás dudó, y él si.
Él dudó. Su amor era débil, inmaduro, irresponsable.
Y eso fue lo que realmente rompió el corazón de su esposa.
Y ella ya no estaría más.
Las semanas pasaron, y se vio mirando a Hinata a lo lejos, porque ahora sabía donde encontrarla. Se vio intentando acercarse, pero sus pies se detenían cuando recordaba su mirada de dolor.
Aún así, seguía buscándola y ahora, seguía encontrándola.
Y ella no lo veía.
Porque ahora, la luna abrió sus ojos al universo y ya no solo buscaba al sol.
La vio pasear con Kiba y Akamaru; la vio ir al supermercado con Shino; la vio juntarse con Shikamaru y conversar.
Y vio a Sasuke seguirla con la mirada.
Vio a su amigo intentar hablarle.
Rabia, fue el primer sentimiento que tuvo al darse cuenta; pero contuvo todo, porque Sasuke no había hecho nada más.
Porque no podía actuar irracionalmente otra vez.
Pensó, recordó y observó.
Las memorias de todas aquellas veces en que Sasuke apareció en su casa un domingo, y los acompañó mientras ayudaba a servir la mesa, y conversaba de cosas simples con ella; sorprendiéndolo por aquellas nuevas actitudes que ni siquiera mostraba con Sakura.
Donde Hinata respondía, pero sus ojos no buscaban al Uchiha, sino a él.
Recordó como él y Sasuke se habían sentado en la terraza a observar mientras Shino y Hinata armaban el pequeño invernadero. Como Sasuke sonreía ante la escena.
Recordó, también, como su amigo llegaba con regalos para su cumpleaños y Navidad, que competían con los suyos. Pero que vagamente recordaba el cumpleaños de él y Sakura.
Y así, cada pequeño recuerdo, cada pequeño detalle, comenzó a cobrar sentido.
Sasuke había mirado a Hinata desde el principio y él había sido demasiado ciego para verlo; para impedirlo.
Demasiado seguro de que Hinata siempre sería de él como para preocuparse.
Quiso gritar de frustración. Gritar de rabia. Gritar con odio.
Reclamarle por mirar algo que no debía. Porque eran hermanos y no podía hacerle esto.
Gritarle a Hinata que no se acercara a Sasuke.
Quiso golpearlo, desintegrar su otro brazo para que no pudiera tocarla; desfigurarlo para que ella no lo viera.
Ardió en celos.
Odio a Sasuke.
Odio a Sakura por no enamorarlo.
Y se odió a él mismo; porque, a fin de cuentas, Sasuke podría estar enamorado de Hinata, pero ella jamás lo vería, ni siquiera se enteraría si él no la hubiese alejado.
Si él no hubiese roto su corazón, Sasuke no tendría una oportunidad.
Así que ahora, cuando Sasuke admitió, cuando vio como Hinata estaba volviendo a sonreír; él supo que no había espacio para él.
No más. Nunca más.
Esta era una batalla que tenía prohibido luchar; porque amar, significa también, saber dejar ir.
Ahora debía dejar ir a Hinata, para que ella encontrara su felicidad.
Ahora debería mirar de lejos.
Ahora le tocaría ver, como su mejor amigo intentaba conquistarla. Como él intentaría ocupar el lugar que alguna vez fue suyo.
Y no podría hacer nada.
Porque, a fin de cuentas, él la había jodido; él había provocado todo esto; y ella merecía alguien que la amara sin dudar.
Alguien capaz de dar todo por ella. Alguien capaz de renunciar a todo.
Alguien que la mirara de lejos, y que la añorara, que la buscara, que le dijera palabras bonitas, que la hiciera reír, jugar, soñar.
Ella merecía ser el universo de alguien.
Merecía que la tomaran sin dejarla ir.
Y tal vez, solo tal vez, Sasuke sería el mejor candidato.
Tal vez, y muy a su pesar, Sasuke haría todo eso y más.
Tal vez, él podría aceptar la derrota si era Sasuke.
Y ella ya no estaría más, para él.
Golpeó a Sasuke porque sin duda merecía aquello, porque le debía a Hinata una última lucha en nombre de lo que fueron, porque ella merecía que él no la dejara tan fácilmente. Pero al final, ese día, él ya estaba dando un paso al costado.
Al final, ese golpe era el principio del fin. La aceptación.
Probablemente no sería capaz de hablar con su amigo por un tiempo, ni de conversar, ni de reír; pero el tiempo sanaba. Y ellos tenían un lazo irrompible.
Sasuke era su hermano, su amigo, y jamás había tenido intensiones de arrebatarle a Hinata.
No podía culparlo. No podía odiarlo.
Porque Hinata ahora era libre.
Y podía elegir a Sasuke o a cualquier otro.
Y él sol, ahora solo tenía derecho a mirar la luna en el atardecer.
Suspiró cansado, y se sentó en su sillón, frente a donde descansaban los papeles de divorcio.
Los miró con atención.
Cerró sus ojos.
Y esperó.
Porque ahora estaba listo.
Aguardaría a que Hinata viniera a buscarlo, y firmarían juntos aquella separación. Cerrarían juntos el capitulo, cuando ella estuviera lista para enfrentarlo.
Y ese sería el adiós.
