DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a bicyclesarecool. Yo solo me adjudico la traducción.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)

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Capítulo 9

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Like Jonah on the ocean

When you move, I´m moved

(hozier)

9.

Cuando a Bella le quitan la escayola esa semana, el doctor comenta acerca del olor a cloro, mientras su mamá lo mira, confundida. Le quitan las puntadas y solo tiene que usar el cabestrillo por dos semanas antes de que sea totalmente libre.

Sin embargo, en casa, encerrada en el baño y mirando su reflejo, desea más que nada aún tener esa jodida escayola. Hay una línea entre plateada y rosada por toda la longitud de su antebrazo demasiado pálido, con pequeñas cicatrices rodeándola como una extraña constelación.

Evita mirarlas mientras se ducha, enfocándose en su lugar en lo bien que se siente no tener que levantar su brazo por encima de su cabeza. Aún está sensible y tenso pero pone champú en su cabello con ambas manos por primera vez desde que llegó al pueblo.


La primera vez que Bella entra por completo a la piscina coincide con la primera vez que Edward termina su mañana temprano para ver a su novia. Difícilmente hablan de ella y, algunas veces, Bella olvida siquiera que ella existe. Pero este día, cercano a su receso por Acción de Gracias, su teléfono suena. Están flotando de espaldas en la parte poco profunda, con los ojos cerrados, y hablando acerca de las películas terribles que han visto.

Su mano se alza en el agua junto a la de él, pero el estremecedor sonido de su teléfono causa que él se aleje, nadando hacia el borde e impulsándose para salir.

—Hola, lo siento —dice al teléfono—. No lo olvidé, dije que estaría ahí. Me dijiste al mediodía.

Hay una larga pausa y Bella siente como si fuera a hundirse al fondo de la piscina. Aún no se ha sumergido por completo bajo el agua, el pensamiento hace que su pulso se acelere, pero la conversación telefónica de Edward hace que quiera desaparecer.

—No puedes esperar que supiera eso, Lo. —Pausa—. Bien. —Pausa—. Yo también.

Deja su teléfono y se pasa las manos por el cabello, frustrado. Se queda revuelto, aún mojado por la alberca.

—Tengo que irme —dice, sonando resignado—. Lo siento, Lauren está como loca.

¿Qué se supone que diga ante eso?

Él continúa.

—Probablemente puedas quedarte si quieres, a Jasper no le importaría.

Ella le lanza una mirada oscura y nada hacia el borde, en donde él está esperando para ayudarla a salir.

—Lo supuse —se ríe, aunque no es su risa real, mientras toma su brazo bueno para impulsarla. Gotea sobre sus pies, así de cerca están, y no puede respirar bien.

—¿Quieres hablar de eso? —le pregunta, mirándolo a través de las pestañas, lo suficiente para verlo fruncir el ceño.

—¿Quieres finalmente hablar de esto? —le responde, tocando la manga de su playera para nadar. La compró en una de esas tiendas para turistas por cinco dólares. Es demasiado grande y le llega más allá de las muñecas, exitosamente cubriendo su brazo mutilado.

—¿Por qué haces eso? —bufa, rodeándolo para tomar su toalla.

—¿Hacer qué?

—Giras todo hacia mí, te rehúsas a hablar de cualquier cosa que tenga que ver con tu vida, Edward. ¿Por qué mi desastre tiene que estar al frente y al centro todo el maldito tiempo?

No pretendía alzar la voz, sabe que está proyectando sus propias inseguridades en él, pero realmente no quiere mostrarle sus cicatrices.

Ya ha visto demasiado de ellas.

Cuando está envuelta en su toalla y se gira hacia él, él está mordiéndose el labio.

—Lo siento, tienes razón. Mierda, lo siento.

—Está bien —dice, odiando que esté molesto consigo mismo, incluso aunque ella está un poco molesta con él, también.

—Se supone que almorzaría con Lauren y sus padres hoy, pero aparentemente necesito ir con ellos a la iglesia, no solo encontrarlos después como pensé.

—Oh —dice. No suena tan irracional hasta que él continúa hablando.

—Ella ha estado tan… no quiero decir empalagosa porque no es eso, no lo sé, siempre ha sido muy nerviosa y últimamente se ha estado poniendo peor.


—Esa chica está celosa —explica Rosalie—. Porque todo lo que él hace es salir contigo. —Había sentido curiosidad acerca de por qué Bella había vuelto tan temprano, por qué Edward no había entrado a tomar comida de Emmett antes de volver a casa. Cuando Bella explicó lo que pasó y lo que le había dicho, Rosalie rio y rio ante su confusión.

—Eso es estúpido —murmura Bella, retorciendo su cabello mojado alrededor de sus dedos.

—¿No lo estarías tú si tu novio comenzara a pasar todo su tiempo con una caliente chica nueva?

Bella deja salir una fuerte risa, lo que sorprende tanto a Rosalie que le toma un minuto molestarse.

—Cállate, Bella. Eres caliente.

cállate.

Pero solo el mero pensamiento de Lauren teniendo cualquier razón para estar celosa de su relación con Edward es suficiente para que una calidez se instale en su piel, y baja la cabeza, tratando de esconder su placer.


En un sorprendente giro de eventos, Bella hace que Edward la siga hacia la playa. Hay unas cuantas horas más de luz después de la escuela un martes y Edward terminó de trabajar temprano. Ella lo busca, encontrándolo bajo el lavabo de uno de los baños de las habitaciones.

—Hola —lo saluda y aunque no pretendía hacerlo, lo asusta lo suficiente para que él deje caer su llave inglesa en su rostro—. Mierda, lo siento —dice, aunque la risa que se acumula en su garganta no la hace sonar sincera.

—Deberías usar una campana o algo, te mueves como un gato.

Él se frota la frente, pero sonríe.

—¿Estás ocupado? —pregunta. Él se encoge de hombros.

—No particularmente.

Se encuentran en las escaleras, más allá de la duna y mirando al enorme océano frente a ellos.

—El agua es tan… verde —dice Bella, más que nada para ella.

—¿En comparación con…?

—La del Pacífico es más azul. Un profundo, profundo azul.

Él piensa sobre eso.

—Nunca lo he visto —admite.

—Yo tampoco nunca he visto este.

—¿Quieres ir a tocarlo? Una carrera —la reta con una sonrisa, y antes de que pueda protestar, va de dos escalones en dos escalones. Ella solo duda un momento antes de correr tras de él, aunque es más cuidadosa en las escaleras.

No necesita otro brazo roto.

La arena llena sus tenis y está corriendo tan rápido como puede tras de Edward, quien ya arrojó sus zapatos tras de él.

Está respirando con fuerza y sus pulmones arden, pero se siente tan bien. Se siente viva.

Por un milagro, se las arregla para alcanzarlo, apenas, y se estira por su playera.

—¡Oye! —protesta él, acelerando el ritmo—. ¡Tramposa!

Ella se estira por él de nuevo, esta vez tomando la tela de algodón y jalándolo hacia ella. Él se tropieza, y ella se las arregla para rebasarlo.

—Oh, ya verás —amenaza pero Bella ya está en el agua, sacándose los zapatos mientras corre.

Él la toma antes de que sus dedos puedan sentir la ola y la alza por la cintura mientras ella chilla, moviendo las piernas tras de ella. Él se tambalea, ambos cayendo en la arena en un desastre de piernas entrelazadas, aullando de risa.

Bella piensa, en ese momento, esto es lo más feliz que he sido en la vida.

Se quedan lado a lado mientras recuperan el aliento, sin importarles que la arena esté entrando por todos lados. Puede sentir el calor de su mano junto a la suya, están tan cerca.

—Estoy fuera de forma —bufa Edward.

—Debes estarlo si yo pude alcanzarte —bromea Bella y él la empuja, rodando los ojos.

—Solía ser veloz —dice, más para él. Bella se gira hacia él, sintiendo la arena caer de su cabello mientras se incorpora en sus codos.

Él no se encuentra con su mirada, en su lugar mira el cielo grisáceo de arriba mientras continúa.

—Mi milla más rápida la corrí en menos de cinco minutos.

Finalmente la mira, y hay tantas emociones en sus ojos que el aliento se le queda en la garganta. El miedo y la vergüenza luchan con algo que es casi como enojo.

—¿Y ahora? —pregunta, y él deja salir una risa sin humor.

—No lo sé. No he corrido desde, bueno. Seguro lo sabes.

—El accidente. —Nunca han hablado directamente de eso, pero ambos saben a lo que ella se refiere.

Él traga con fuerza y asiente mientras se sienta.

—Me rompí la pierna, una fractura expuesta en mi fémur. —Señala la cicatriz que se asoma por el borde de sus shorts, alzándolo para mostrar lo enorme que es.

Bella no lo piensa, es casi instintiva la forma en la que se estira, sus dedos trazando ligeramente la línea. Edward deja salir un tembloroso respiro.

—Trato de no usar shorts, ¿sabes? La gente la mira. Yo la miro.

—Lo entiendo —dice Bella suavemente, pensando en sus propias cicatrices, escondidas debajo de su suéter.

Él le sonríe entonces.

—Sé que lo haces. Es lindo ser capaz de hablar acerca de cosas como estas. La mayoría de la gente no lo entiende.

—Dímelo a mí —murmura, pero se pierde en la ola rompiéndose a sus pies, empapando el borde de los jeans de Bella.

Edward la ayuda a incorporarse, pero no se van al hotel de inmediato. Se toman su tiempo para buscar conchas de mar mientras el sol se mete, y desaparece.

Está oscuro para cuando vuelven, cubiertos de arena con bolsillos llenos de conchas, y se encuentran con una Renée preocupada en la recepción.

—Te he estado llamando —dice—. No sabía que te habías ido.

—Lo siento, fuimos a la playa.

Renée mira lo desaliñados que lucen, la arena en su ropa y la repentina sonrisa incómoda de Edward.

—Oh, bueno… solo dímelo la próxima vez —pide Renée, tratando de sonar como una mamá por una vez.

Casi hace que Bella se ría.

Ha estado aquí por meses y esta es la primera vez que Renée ha notado si está o no en el hotel.

—Estamos a punto de comer si quieres… limpiarte.

Bella dice, "seguro", lo que efectivamente hace que su mamá salga de la habitación.

Cuando se ha ido, Edward suspira.

—Bueno, eso fue incómodo.

—Creo que esta es la primera vez que se da cuenta de que no siempre estoy aquí —le dice Bella.

—Eso no es cierto —dice él, pero no suena como si se lo creyera.

Bella se encoge de hombros y antes de irse, él saca una concha de su bolsillo.

—Se llama Letras de Oliva —explica, presionándola contra su mano—. Mi mamá siempre dice que es como una carta de amor del océano. El Atlántico está feliz de que estés aquí.

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Lo bueno: el atlántico.

Lo malo: ahora mamá pretende que le importa una mierda.


Otro de mis capítulos favoritos por completo :´)

¡Mil gracias a las chicas que dejaron su review!, gracias a:

Mar91, Leah de Call, Paola Lightwood, Bitah, SritaA, jupy, alejandra1987, Beatriz Gomes2, aliceforever85, Marie Sellory, Aidee Bells, tulgarita, PknaPcosa, Lady Grigori, somas, Kriss21, Liz Vidal, Adyel, Car Cullen Stewart Pattinson, saraipineda44, Tata XOXO y Lizdayanna :)

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