La historia de los monstruos estaba estrechamente relacionada con la falta de visibilidad biológica. Alguien tomó arbitrariamente un modelo de perfección y dejó en las sombras todas las demás expresiones que no se adaptaban a éste. Las diferencias estaban hechas para ser señaladas y ridiculizadas, porque la humanidad se encarniza con todo aquello que representa una incógnita. La historia había sido condescendiente de manera injusta con la ciencia, porque la ciencia había robado la dignidad de todos los individuos a los cuales llamó monstruos por no poder entenderlos, por no poder soportar que todas sus teorías unificadoras fueran puestas en duda. Los hechos biológicos no sólo son invisibles en la mayoría de ocasiones, también son imperfectos. La genética no sigue dogmas, por muchos milenios que se intentara demostrar lo contrario, muta, cambia, retrocede o avanza lejos de las leyes que se intentaban grabar a fuego en las reglas que el cielo dictó a la humanidad. Los monstruos eran saltos en el código genético, un fenotipo alterado o diversas cuestiones que enriquecían las expresiones pero no dejaban de ser humanos. Nacieron libres pero alguien tomó el imaginario colectivo de lo que es " ser humano" y decidieron que podían robar su dignidad humana, encadenándolos al circo para la diversión perversa de la gente sin piedad, fueron desnudados y humillados en nombre de la ciencia, sin siquiera la opción de una muerte digna porque incluso sus cadáveres eran expuestos en museos. Ser un fenómeno debía ser algo meteorológico o abstracto únicamente, no un adjetivo brindado a lo humano.

Porque condenar a alguien a convertirse en un fenómeno le ponía precio a su dignidad y acortaba sus opciones. Quebraba en sitios que ponían en riesgo la estructura completa y era injusto, terrible.

Chuuya sabía que era diferente, su primer encuentro con sus singularidades pudo resultar traumático si no hubiera sido por la excelente educación y apoyo con los cuales contaba. Oda, Kouyou y Yosano le recalcaron que ser diferente no debía hacerlo vulnerable, no era algo por lo cual avergonzarse. Ellos tres tenían su habilidad y entre ellos mismos podía encontrar la diversidad. El resto de la Agencia, los guardianes de la ciudad , eran todos usuarios de habilidades y eran vistos con respeto. La Port Mafia explotaba las habilidades de sus integrantes pero no comprometía su valor humano. Se sentía diferente, era extraño encajar en su biografía que entre sus particularidades estaba el hecho de que podía controlar la gravedad a voluntad. Era una habilidad increíble y única, incluso en otros continentes era imposible encontrar a alguien con un poder como el suyo, pero los adultos en su vida se encargaron de no exhibirlo de ninguna manera y eso le había mantenido la auto confianza intacta.

Nunca se sintió avergonzado de ser quien era, de sus orígenes ni nada hasta ese momento, escuchando de la voz desapasionada de Dazai que todo había sido una artimaña para atraerlo a ellos, que siguieron sus pasos desde el Internado, comprando información a esos escasos " amigos" que creía tener, robando de las redes sociales todo lo que podía conocerse y les fuera importante. Se sintió profundamente humillado cuando Dazai exhibió su historial de búsquedas en instagram, donde muchas de las cuentas que seguía eran de muchachos que concordaban un poco con el físico de Atsushi, dejándole saber que por eso lo había mandado a cruzarse en su camino, sabiendo que sería difícil que no se dejara seducir. Era una posibilidad dentro de la estadística, ser un huérfano en Yokohama tenía dos caras y estaba casi seguro que Atsushi no era alguien dentro de la ley pero su único pecado fue ser ingenuo. Que hubiera permitido que su madre pareciera una traidora le hizo hervir la sangre, engendrar una rabia terrible, mirando fijamente a Mori como si le estuviera sentenciando a muerte por haber permitido esa farsa, aún cuando Kouyou llevara sirviendo en la Port Mafia casi veinte años.

Todo porque él poseía una habilidad increíble, porque era un fenómeno que querían poner en su circo.

Gruñó, maldijo y se negó a servirles, pero Dazai le dijo ya con algo de molestia que estaba bien si se negaba pero que eso significaría que su madre no vería la luz de ese día, siquiera.

Si no cedía por la calentura por Atsushi, cedería por el amor que le tenía a su madre, condenó Mori y Chuuya sintió que el mundo se había partido y él arrastrado hasta su núcleo. Sentía culpa, sentía vergüenza. Sentía miles de cosas que nadie podía explicarle y por primera vez estaba siendo obligado a decidir algo que involucraban aspectos de su dignidad, de su futuro.

" Tú no vas a ser un asesino."

Recordó la rabia de Kouyou, la determinación con la que le pintó un futuro muy diferente, sus pláticas con Fukuzawa donde de manera sutil pero determinada le ofrecía trabajar para ellos.

El cañón del arma seguía frío contra su espalda y un resoplido de Dazai le dijo que se le estaba acabando el tiempo para decidir. La saliva le cayó como magma en el interior de la garganta, mezclada con todos los posibles futuros mejores que ya nunca veía realizarse, recordando las palabras de la profesora hacía muchos años atrás.

Los hijos de criminales no crecen para convertirse en buenas personas, sólo lo hacen para tomar los mismos pecados que sus antepasados.

— Tengo dos condiciones para unirme: Dejen a mi madre fuera de esto por completo y con inmunidad. Y mi identidad no puede ser revelada.

— Oh ¿Te avergüenza que alguien de la Agencia te reconozca? Es conmovedor. Yo no tengo nada que objetar. Dazai, suelta al niño y dile a alguno de nuestros hombres que lo lleven con Kouyou. Supongo que quieres despedirte de ella.

— ¿Despedirme?

— Tal vez esto no lo sepas, pero antes de que puedas servirnos debes ser puesto en entrenamiento. Según tu progreso durará un año o dos, pero en ese tiempo estarás encerrado aquí. No puedes contactar con nadie del mundo exterior.

Chuuya se mordió los labios, pero simplemente agachó la cabeza. Todo eso era su culpa.

— No quiero despedirme de ella.

— Pobrecillo, debes estar tan triste. Pero si quieres saber algo creo que es mejor que no la veas ahora, dos semanas siendo torturada...No es la viva imagen de la frescura justo ahora.

Chuuya apretó los puños, los dientes.

— Tomaré un video de ella más tarde, cuando ya esté sana y salva de vuelta en casa. Haré que Atsushi la deje personalmente, parece que confías mucho en él. No hagas esa cara, Atsushi tampoco tenía idea que lo estábamos usando. No eso como si se hubiera opuesto, es uno de nuestros perros más leales, pero no hubiera sido tan divertido.

— No te confíes, Dazai. Algún día vas a cometer un error y yo voy a estar a tu lado para hacerte pagar. Si me voy a convertir en asesino, me aseguraré que sean mis propias manos las que se cobren tu vida.

— ¿Eso es una promesa? Porque nada me haría más feliz que me asesinaras.

Mori se echó a reír, reclinándose en su asiento mientras telefoneaba a Atsushi para darle indicaciones.