Sed por ser algo más


—Capítulo 8—
Excelente jugada


Boruto lo arrastró hasta un rincón para conversar en privado y le soltó sin preámbulos el problema: mi padre llegó a la cafetería con mi tío Sasuke y Sarada se fue de boca. Eso lo dejó un poco desconcertado. No creyó que la hija Uchiha fue capaz de venderlo con el sétimo como si fuesen niños de ocho años.

Al menos, se sentía tranquilo. Entre el silencio y la cara de preocupación de su hermano, se le cruzó en la menta la posibilidad de que Boruto hubiese escuchado la cuasi confesión de Inojin. Eso si le hubiese incomodado. Todavía no tenía planeado que el hokage se enterase de sus preferencias sexuales, para mantener la manipulación en perfil bajo más que nada. Un paso un falso y todo se iría la misma mierda.

Boruto volvió a zarandearlo del brazo y le avisó que su padre estaba molesto, porque Sarada exageró un poco la historia. Tal vez no. Admitía que se había comportado tal cual malcriado, pero eran los relés de la mala crianza. A veces no podía luchar contra eso, se le escapaba de la boca la lengua de víbora.

Si era sincero, no le interesaba para nada. Sarada podía llorar sangre y no cambiaría en nada su opinión sobre Sasuke Uchiha. Su hermano le pidió reconsiderar su postura, contándole preocupado por qué.

—Mi papá le prometió que le pedirías disculpas hoy mismo y te aconsejo que lo hagas.

—Tu padre no debería prometer por boca ajena.

—Créeme, de veras te conviene disculparte… Cuando es algo grave, en mi casa castigan dejándote sin comer —le advirtió con seriedad. Él paró de reírse en ese momento—. Y hoy hay helado tempura.

La boca se le hizo agua en segundos. Ese día había guisado especial, con helado crocante con chispas de chocolates. Hasta él había recordado el menú que Hinata les había adelantado en la mañana.

—¿A quién se le ocurrió ese castigo? —preguntó desencajado.

—¡Kawaki! ¡Lo importante es que te tienes que disculpar!

—Tu amiga y su padre me importan una mierda… No jodas —repitió fastidiado—. Tener que agachar la cabeza por un helado. Me retracto, no es solo tu tío Sasuke... Los Uchiha son una patada en el culo.

Boruto se ofreció a llevar las compras, iba a adelantarse a la casa. Aceptó y le recordó que por segunda vez estaba confiando en él, más le valía no volver a arruinar su oportunidad. Su hermano soltó la risa.

Regresó por la ruta más larga. Dio tres vueltas al mercado, dos vueltas a la tienda de cómics y se detuvo largo rato en las esquinas leyendo los titulares de los periódicos No estaba demás informarse. La gracia le duró hasta que el sétimo lo sorprendió en una de las calles vacías de los caminos menos concurridos.

Su táctica de perder el tiempo para aburrirlos de esperar por él había sido boicoteada.

Avisó que pretendía disculparse, antes de escuchar otro sermón de los buenos valores. No especificó por qué. No era necesario. Ciertamente, la sazón de Hinata valía mucho más que un tonto losiento.

El hokage no añadió nada más a eso y lo acompañó. Le pidió por milésima vez que intentase controlar su vocabulario de alhelí. Él lo prometió de paporreta. Había actitudes muy arraigadas desde la niñez y, con cierta vergüenza, admitía para sus adentros que no era nada fácil quitárselas de un día para otro.

—Boruto me contó que estás pensando en trabajar, ¿es cierto? —Naruto le preguntó curioso.

—Sí, me aburre no hacer nada y quiero dinero para comprarme más ropa.

—No es necesario que gastes en esas cosas, Kawaki, puedo darte el dinero que te haga falta —le avisó, pero se detuvo pensativo—. Lo que sí creo necesario es que tomes un examen de aptitud académica si no vas a postularte como genin. Para eso tienes que estudiar y…

—¿Y mis papeles? —preguntó antes de olvidarse otra vez del tema.

El sétimo guardó silencio, más ensimismado que hace unos momentos. Era un tema de interés para la familia en sí. Hinata también le había preguntados a ambos cuándo solucionarían el traspaso legal.

—Me dijiste que me acompañarías a mi aldea —siguió—. Sería bueno que cumplieras tu palabra y no estés solo pensando cuándo aparecerá tu amiguito del alma —mencionó con desdén.

—… de veras que no lo soportas.

—No y solo me he disculpado por la comida de tu mujer.

—Kawaki, no seas infantil —su maestro dijo entre risas.

—Soy sincero. No me da la gana de quedarme sin comer por un par de-… en fin.

No valía la pena renegar, menos amargarse la tarde si el sétimo había salido antes de las labores. No le preguntó, pero tuvo la ligera impresión de que acabó los pendientes para buscarlo precisamente a él. Sino era eso, no entendía la razón para que estuviese acompañándolo de nuevo hasta la cafetería.

La tranquilidad implícita le resultaba acogedora. Entonces, no relacionó la expresión de miedo de su hermano al buscarlo. Sin embargo, recordó que al sétimo sí le duraba días el enojo cuando era Boruto.

El sétimo descansó un brazo en su hombro al caminar más cerca de él. Se lo permitió.

—Ir a la aldea de las Aguas Termales nos tomará un par de días —su maestro dijo retomando el tema de los papeles. Era importante y el tiempo les estaba ganando—, un fin de semana más o menos.

—Un fin de semana sin Boruto, qué placer.

—No sé si era mejor cuando parabas mudo o ahora —Naruto le revolvió los cabellos. Odiaba eso, pero luego lo reconsideró. Era la forma del sétimo de demostrar cariño, con gestos espontáneos. Ya lo tenía memorizado por completo—. Este fin de semana vamos, voy a adelantar la reunión del domingo.

—Entonces, ¿nos vamos el sábado? —preguntó con sorpresa.

No se lo esperaba tan pronto.

—No, mejor el viernes en la tarde, supongo que querrás visitar a alguien por allí. Tus padres.

Se detuvo y Naruto casi tropezó con él. Era la primera vez que el sétimo le preguntaba por su familia y no lo llevaba como secreto clasificado, pero no guardaba ningún buen recuerdo de su vida en la niñez.

No tenía mamá desde el uso de razón y su papá era un alcohólico. No había más que contar.

—Ah… bueno, pero querrás traerte algo de allá, algún recuerdo, o algo que tengas en tu casa.

—¿Qué me voy a traer si no tenía nada? —preguntó incrédulo. No mentía cuando hablaba de su crianza y sus carencias—. Mi papá empeñaba todo para tomar más… Si me vendió hasta a mí apenas llegó el imbécil de Jigen. Era un malnacido, o es, no lo sé, conviene que esté muerto sino será un problema.

El sétimo lo abrazó desde atrás y apoyó en el mentón sobre su cabeza. Él subió la mirada. Tenía ambos brazos del hokage alrededor de su cuello. Le entraban ganas de besarlo cuando se comportaba de ese modo, pero el autocontrol se lo impedía. En esos momentos, odiaba tener que esperar paciente.

—Sí, eso puede que sea complicado —Naruto le dijo—. No había contemplado esa posibilidad.

Su padre verdadero y sus papeles le interesaban lo mismo que la opinión de Sasuke: nada. Solo era la excusa perfecta. Al fin había conseguido comprometer al sétimo de acompañarlo, a solas, todo un fin de semana. Eran los tres días más valiosos y se pasaría el resto de la semana centrifugando tácticas.

Leería otro libro de Jiraiya en la semana. Tácticas de Seducción ya no le resonaba tan ridículo.

Una cuadra más abajo se topó justo con los Uchiha. Sasuke estaba detrás de su hija, con el semblante de siempre. Supuso que era ahora momento de cumplir él su palabra y después de la conversación con Naruto, se comportaría como el muchacho más obediente de la faz de la Tierra. O por lo menos, hasta el viernes por la tarde, que iniciaba la operación encubierta hacia su aldea natal: Las Aguas Termales.

Saludó y se disculpó tal cual robot. No agregó más para no cometer fallos tontos. Su maestro mostró la misma sorpresa que Sarada, que seguro pensó que repetiría vehemente las palabras de la cafetería.

—Es la primera vez que te disculpas por algo —Sarada le dijo desencajada.

El si-me-acusas-con-el-hokage se le quedó en la punta de la lengua. Respondió con su silencio y volteó hacia el sétimo. Tampoco pensaba confraternizar con los Uchiha. Naruto le apretó suave en el hombro, lo tomó como una felicitación. Algunos sacrificios eran necesarios para lograr objetivos concretos.

Alzó la mano en despedida antes de llevarse a Naruto consigo. Esta vez sí le ganó la palabra a Sasuke, reaccionó más rápido. Lo distrajo al preguntar si conocía a alguien que necesitase un asistente.


N/F: ¡Hasta el siguiente capítulo!