Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.
Por obligación, serán un dragón y una vivora
9. Primer Año: Navidad, Año Nuevo y Regreso
Esa noche nueva la pasaron en un ambiente muy hostil y quizás lo único bueno y tétrico era el hecho de que Pansy estuviera callada por fin. La chica no tenía ánimos de nada desde que Draco la había mandado al diablo. Así pues, todos en corteses y amables despedidas se dirigieron a dormir.
Esa mañana del 25 de diciembre, los chicos caminaron perezosamente al gran salón de la mansión. Ya no era niños, al menos no se sentían así, por lo que no esperaban ansiosamente los regalos como para salir corriendo y gritando. Al menos no todos, pues la pequeña Astoria aun guardaba esa ilusión y no dejaba de ser una niña.
Entró corriendo y gritando feliz navidad a los Slytherins que aun tenían caras somnolientas, solo se habían despertado por no ser mal educados, pues sabían que los señores Malfoy les habían comprado regalos, así como sabían que llegarían los regalos de sus respectivas familias.
—La pulga Greengrass amanece con muchas energías ¿No? —comentó venenosamente la morena de cabello corto que estaba sentada cerca de la chimenea.
—¡Feliz Navidad, Pansy! —contestó desinteresadamente. La pequeña se acercó a esos paquetes cullo envoltorio reconocería así estuviera en china. Esos envoltorios de un brillante azul agua, eran los regalos de sus padres para ella y Daphne — ¡Daphne aquí está el tuyo! —le informó al tiempo que le lanzaba un paquete rectangular que dio directamente contra la cara de su aun adormilada hermana mayor — ¡Ups!
—Jajaja, veo que se divierten —comentó socarronamente Lucius Malfoy entrando a la sala, seguido de su esposa.
—¡Feliz Navidad! ¡Señor y Señora Malfoy! —saludó alegremente la castaña, que a pesar de andar en camisón traía una bufanda para cubrir el collar, no pensaba quitárselo, aunque eso significara hacer el ridículo la mayor parte del tiempo o morirse de calor por ocultarlo.
—Feliz Navidad, Astoria —le contestó Narcisa — ¿Y bueno, chicos? ¿Qué no piensan abrir sus regalos?
Los jóvenes aun algo dormidos se dedicaron a abrir los regalos costosos y demás, dando gracias si es que los que se los dieron estaban presentes o comentando sobre ¿Por qué la tía de Zabini le manda un caldero viejo?
Pero al final de cuentas el ambiente empezó a cambiar con forme los regalos se iban destapando. Daphne parecía más despierta cuando notó que le habían mandado unas botas nuevas, exactamente iguales a las que perdió en el pantano. Aunque admitía que hubiera sido más útil la varita, pero esas cosas no se pueden regalar, se tiene que ir personalmente a comprar. Los demás también recibieron buena ropa, pero si hubo un regalo en especial que llamó la atención de todos los presentes, incluyendo los adultos... fue esa pequeña cajita cuadrada y plateada con un moño verde que era para Pansy...
—¿De quién es? —preguntó la amiga de la morena, que moría de la curiosidad.
—No dice —contestó dudosa, para en seguida quitar el envoltorio — ¡Por Merlín!
Era un estuche pequeño de terciopelo que dentro tenía un anillo. ¡Si! Un anillo. Y no cualquier anillo, si no el anillo de oro con forma de serpiente que se envolvía alrededor del dedo que había visto meses atrás en una joyería de Hosmeade. Y solo había una persona que pudiera saber sobre eso, solo una persona que le dijo "Cuando mi padre me de dinero te la compro". ¡Si!
—¡Te amo! —y ese alguien era Draco. La chica, llena de emoción, se lanzó a abrazar al rubio.
El aludido le correspondió el abrazo. Había olvidado por completo que había comprado ese estúpido anillo. En un principio le había dicho que se lo compraría solo para que se callara, pero después de aquella tarde que habían pasado haciendo... cosas, decidió que valía la pena comprarlo para su novia. Finalmente, si la joven estaba feliz podían seguir haciendo "cosas".
Astoria miró la escena algo trastornada. Hasta donde sabía, ellos dos habían terminado apenas ayer, pero aparentemente Draco le quería tanto que para reconciliarse le regaló un anillo. Aquel pensamiento hizo que la pequeña Greengrass perdiera la emoción. ¡Oh si, señores! Se habían cambiado los papeles en un parpadear. Ahora Pansy saltaba de aquí a allá con su anillo y Astoria buscaba el acogedor calor de la chimenea.
—"Solo tienes once, boba" —se repitió mentalmente a si misma mientras se sentaba a mirar el fuego —"No se va a fijar en ti, ni siquiera sabe lo del compromiso..." —no entendía por qué se sentía tan mal en los momentos cuando veía a esos dos juntos, claro que a los pocos minutos aquel sentimiento de tristeza era remplazado por uno de odio, que poco más tarde era uno indiferente de "No lo conoces, no te tiene ni que importar".
Así todos pasaron el día de navidad un poco más normal. Todos sin acepción se pusieron la ropa nueva y desayunaron en un ambiente más "animado" con Pansy hablando de todos los momentos que había pasado con Draco desde que lo conoció. Omitiendo ciertos detalles, claro esta.
Los días pasaron lentos, pero tranquilos. Cada quien estaba enfrascado en su mundo. Las parejas se la vivían juntos y Astoria se la vivía aprendiendo de Bellatrix, claro está que la pequeña lo hacía para no cometer los mismos errores. Se propuso a si misma que, aunque le constara un poco... no tendría prejuicios con la sangre, al menos no socialmente. Porque ni volviendo a nacer se casaría con un hijo de Muggle, para empezar, la desheredarían y para finalizar simplemente no lo concebía, pero bien podía tener alguna charla con un hijo de Muggle. Mientras pensaba eso último, también se propuso que hablaría con Harry Potter.
Así muy tranquilamente llegó el fin de año. Había recibido algunas cartas de sus padres, pero no era lo mismo, le hubiera gustado verlos antes de regresar a Hogwarts nuevamente. Pero a aparentemente no sería posible hasta las vacaciones de verano.
Año nuevo fue más entretenido que navidad, no se tuvo que topar con las dos serpientes que le amargaban la existencia, claro que prefería no entrar en detalles de porque esos dos no estaban a media noche con el resto del grupo que observaban los majestuosos fuegos mágicos que mostraban los señores Malfoy.
Aquello era divertido y acogedor, ver a la pareja de rubios usar sus varitas para crear luminosas criaturas que se atacaban y culminaban en brillantes explosiones. Además de que todo era acompañado por frases como "¡Por favor Lucius! ¿Una águila contra mi basilisco? Me decepcionas amor" y "¡No es un águila, Cissy! ¡Es un dragón!" Entre risas, bromas, juegos, Alhelí, Hidromiel y Whisky de Fuego, la noche fue maravilloso y terminó a las 3 de la mañana del primero de enero.
Cuando estaban por irse a dormir todos se despidieron amablemente y con cortesía. Los dos rubios y la pequeña de cabellera castaña, subían por la escalera de caracol para ir al tercer piso donde estaban sus habitaciones.
—Buenas noches, mi niña —se despidió Narcisa, agachándose a besar la cabeza de la castaña.
—Buenas noches, señora Malfoy —contestó con una sonrisa. En el tiempo que llevaban conviviendo, habían interactuado muy bien. Podía llegar a ver a Narcisa como a una madre y posiblemente a Lucius como un segundo padre...
—Buenas noches, princesa —se despidió el rubio de larga cabellera para entrar en la habitación junto con su esposa.
Si, posiblemente si podía verlos como de su familia, la trataban bien y la hacían sentir cómoda. Además, Narcisa le había ayudado mucho con lo de su problema con la varita, ahora mantenía su varita, la gargantilla y una bufanda siempre con ella. Narcisa también le había regalado muchas pashminas de seda, también conocidas como mascadas o pañoletas largas, para que las usara el tiempo de calor. No es que tubiera nada contra la gargantilla, era hermosa, pero la verdad no es muy común ver a una alumna, aunque sea de Slytherin, con joyas tan costosas y extravagantes.
—Buenas noches, mi amor —la Greengrass se había quedado en el pasillo pensando en eso, que no pudo evitar toparse con la escena de una Pansy extremadamente sonriente saliendo del cuarto de Draco. Volteó inconscientemente al escucharla y vio cómo se despedían con un beso. La morena se giró y las miradas se cruzaron, pero nadie dijo nada, Pansy paso como si aquella fuera su casa e ignoró a la mocosa. Draco ni siquiera la noto y se volvió a meter a su habitación.
—Puf... —resopló de mala gana y se metió a su cuarto. Quería bañarse para dormir mejor, pero escucho como el agua corría. Eso significaba que el rubio se estaba bañando, lo que a su vez significaba otra cosa en la que prefirió no pensar.
Quizás podía llegar a ver a Narcisa y a Lucius como sus segundos padres, pero en definitiva no podía llegar a imaginar a Draco como su esposo y cada día se convencía más de eso y de que debería dejar de pensar en ese desagradable asunto.
Los días volvieron a pasar con lentitud para Astoria, mientras los Malfoy se desvivían por su futura nuera, que obviamente no era Pansy, los demás se entretenían en lo suyo. Sobre todo, Daphne que había formalizado con Zabini. Tanto amor estaba enfermando a la castaña, que para entonces decidió que ya no quería ser completamente castaña. Así que se le metió la idea de traer el cabello como Narcisa, pero al revés, que el castaño estuviera abajo y el rubio arriba. Los Malfoy se negaron, pero la niña insistió, necesitaba perder su tiempo en algo que no fuera pensar "¿Por qué todos se amaban tanto? Y ella se sentía como un perro solo y abandonado". La menor de las Greengrass siguió insistiendo e insistiendo, claro que nunca contó con que sus futuros suegros escribirían a sus padres para pedirles permiso, mucho menos que sus padres accedieran y poco menos que Narcisa le cumpliera el capricho absurdo en menos de 72 horas.
Para cuando regresaron al expreso, Astoria tenía su larga cabellera con dos mechos rubios que caían plácidamente a los costados de su angelical cara. Así pasó todo el transcurso de tren meditando sobre el hecho de que: Pedirle algo a un Malfoy, con excepción de Draco, era para ponerse a pensar en eso de "Ten cuidado con lo que pides, porque se te puede conceder". Lo bueno es que los efectos del tinte mágico pasarían en unos meses, según le había explicado Narcisa, y que su cabello color miel quedaría intacto en cuanto se pasara el efecto, así que no tenía por qué preocuparse.
—¿La pulguita de dos colores no tiene hambre? —preguntó burlonamente la todavía novia de Draco.
Quizás Astoria no tenía por qué preocuparse por su cabello, al menos no tanto como preocuparse por aquella zorra que parecía empecinada en amargarle la existencia. Muchas veces se había preguntado si aquel trato que le daba Pansy era porque la chica sabía la verdad, o si solamente era porque estaba loca y le gustaba molestar a sus "inferiores". También le provocaba el imaginar la cara que tendrían Pansy el día que supiera que ella se casaría con su querido Draco. Pero prefería esperar.
—Se me revuelve el estómago —contestó la pequeña Slytherin en un suspiro y girándose para evitar ver el beso que se daban "Los príncipes" de Slytherin. Aquello le llegaba a parecer cada día más patético. El viaje en tren se le hizo eterno, tanto que a la mitad del trayecto decidió que necesitaba sus filtros de voz o terminara de verdad vomitando con tantas idioteces amorosas que decía Pansy, además de sumarle el hecho de que su hermana estaba en situaciones parecidas con Zabini.
—"Tragadme Tierra" —pensó mientras dejaba caer su cabeza contra el respaldo de su asiento.
O-O-O
Ese enero, regresó a Hogwarts una Astoria diferente, y no solo por los mechones rubios platinados que enmarcaban su rostro, o porque ahora usaba pashminas todo el tiempo. Aunque aquello si era un factor que le ayudaba. La chica ya no pasaba como fantasma, al menos no para el resto de la escuela, porque para cierta parejita de enamorados y su pandilla, la "pulga Greengrass" seguía siendo invisible, por supuesto que la niña agradecía aquello con el alma.
Pasaba su tiempo en la biblioteca, hablando con Gryffindors, Hufflepuffs y Ravenclaws. Claro que era muy extraño ver a una Slytherin por esos rumbos y más aun hablando con gente de otra casa, pero igual la chica estaba loca. Al menos así lo afirmaban las serpientes de Salazar y alguno que otro de las otras casas que simplemente no entendía como esa "loca linda", muy parecida a la Lunatica, había quedado como serpiente.
—Me alegra mucho tu cambió —comentó Myrtle mientras miraba a la castaña de dos tonos bailar plácidamente con sus zapatillas de Ballet nuevas, cortesía de su futuro suegro — Aunque ya no me vienes a visitar como antes, de verdad me alegro de que ya no quieras ser un fantasma.
—Soy invisible para quienes quiero —comentó con una sonrisa.
—Me alegra por ti, de verdad —le contestó la fantasma.
—¿Myrtle? —le llamó Greengrass mientras dejaba de bailar y se apoyaba en el lavabo — ¿Qué has sabido de Harry últimamente? —preguntó al no poder contener más su curiosidad. Porque de verdad quería saber sobre él, pero simplemente nunca había tenido la dicha o desgracia de topárselo, ni siquiera de lejos. Claro que eso se podría deber a que la niña se la mantenía encerrada en los mismos lugares solitarios y solo pocas veces andaba socializando en lugares con más gente.
—Sé que andan con Hagrid —contestó con aires de sabia — Hoy va a ser cuando ejecuten al Hippogrifo que lastimo a un estudiante en la clase de cuidados de criaturas mágicas...
¡Oh Maldición! Ese era el pollo y el estudiante había sido Draco. Pero si el ave no había hecho nada ¿Por qué lo iban a ejecutar? La que la rompió el brazo al rubio había sido su varita. Tenía que impedir tal injusticia.
La niña salió corriendo, ignorando el hecho de sus zapatillas y la falta de su pashmina. Myrtle se quedó hablando sola y explicando que Lucius Malfoy había sido quien había pedido la pena de muerte al pobre animalito. Claro que de eso la Greengrass no se enteró, y a lo mejor eso era bueno, era su futuro suegro, no hubiese sido bueno que se enterara de lo canalla que podía llegar a ser.
Astoria corrió incansablemente hasta caer en cuenta de que no sabía dónde demonios quedaba la oficina o casa o lo que fuera de Hagrid. Así que ahora se encontraba en el prado con otras zapatillas arruinadas y perdida. Algún día aprendería a quitarse las zapatillas antes de salir corriendo como una loca.
—¿Oye, estas bien? —mientras se quitaba las zapatillas arruinadas, escuchó la voz de un niño. Según sus colores era de Gryffindor y por su apariencia, también debía de ser de primero.
—Creo que me perdí —comentó con cara de circunstancia y pena.
—¿Una Slytherin perdida? Tenía entendido que eran muy audaces —comentó el chico acercándose, claro que su intención no era hacer enojar a Astoria, pero simplemente la chiquilla era algo temperamental. Llevaba sus emociones al extremo, justo como Bella y afortunadamente ya no tenía que sufrir los estragos de su varita.
Aunque eso le había traído también malas consecuencias que se reflejaban en sus calificaciones de Defensa contras las Artes Oscuras, porque si bien no había invocado un Crucio involuntario, tampoco había podido realizar un simple Desmaius voluntario. ¿Pero cómo explicarle al profesor Lupin que para hacer ese hechizo debía de quitarse algo que evitaba que terminara destruyendo el castillo o matando a alguien? Así que su única desventaja eran las malas notas en esa clase.
—Con tu permiso —contestó mientras se retiraba descalza.
—¡Oye! ¡No, espera! —corrió tras ella —no quise ofender. ¿Te ayudo? —pregunto viendo los descalzos pies sobre la tierra húmeda.
—Dudo que me puedas cargar —se burló, pues una Slytherin no pierde oportunidad para regresar los golpes ¿Verdad?
—Yo también, pero puedo hacer esto... —el chico saco su varita —¡Flatate ballerina!
El hechizo provoco que unas nueves coloridas aparecieran bajo los pies de Astoria, causaban un cosquilleo agradable y la sensación de traer patines sobre una liza superficie de hielo.
—Gracias —murmuró y sonrió mientras comenzaba a deslizarse exactamente como si patinara.
—¡Espera! —insistió el muchacho.
—¿Si? —se detuvo para voltearlo a ver.
— Déjame acompañarte ¿No? —sonrió de medio lado.
—Ni siquiera sé como te llamas —contestó frunciendo graciosamente el seño. Para entonces ya se había olvidado de lo que iba a hacer.
—Ivan Osborne —contestó y le extendió su mano. El chico no era nada especial, poco más alto que alla, de tes pálida, ojos marrones y una cabellera oscura y despeinada. Al menos no usaba lentes. ¿Lentes? ¡Oh, sí! Ya había recordado porque había echado a perder por segunda vez sus zapatillas. Primero tenía que ir a salvar al pollo y de paso encontrarse con Potter.
—¡Un gusto! —gritó al tiempo que hacía una seña con la mano y salia, literalmente, volando.
—¡Hey! ¿Y tu nombre? —le gritó haciendo ademan de ir tras ella.
—Astoria Greengrass —contestó por inercia y siguió hacia otro rumbo desconocido...
O-O-O
Para el final de aquel día no había ni sabido que había pasado con el pollo, tampoco había podido hablar con Potter y tenía otras zapatillas arruinadas. Antes de ir a su sala común fue por sus cosas al baño del segundo piso. Guardo las zapatillas, se puso sus zapatos y pashmina y se despidió de Myrtle.
—¡Oye fíjate por donde vas! —gritó al tropezar de frente contra alguien.
—Lo siento, Astoria, no te vi —conocía esa voz. Era la del chico Osborne que había conocido esa tarde. Y aparentemente el muchacho pensaba que la podía llamar por su nombre y tratar por igual.
—Ya me di cuenta, Ivan —dijo burlonamente, enfatizando el nombre, como queriendo decir ¿Desde cuando nos podemos tutear? Pero el chico no capto la indirecta y le ofreció su mano para ayudarla a ponerse de pie, ella lo acepto, pero...
—¡Es un imbécil ese Potter y esa maldita sangre sucia! —la voz de Malfoy lleno el pasillo. Estaba furioso porque Hermione le había pegado y casi roto su perfecta nariz.
Cuando la de ojos verdes observo al rubio, no pudo evitar pensar que ese idiota pedante con aires de príncipe sería su esposo. ¿Entonces para que tomarse la molestia de socializar directamente con alguien? Si al final de cuentas terminaría casada con ese estúpido. Inconscientemente soltó la mano que Ivan le había ofrecido y por ende callo de sentón nuevamente al piso.
—¡AU! ¡IDIOTA! —y como si aquello no fuera poco, el rubio que iba a maldiciendo, la piso sin querer, pero ni siquiera reparo en ello, estaba demasiado ocupado profesando su eterno odio contra aquel trío de patéticos perdedores, o dígase individualmente: San Potter, Sangre sucia Granger y Weaselby, y vallan ustedes a saber quién era o que significaba lo último. Pero el rubio parecía muy animado insultándoles a todo pulmón por los pasillos.
Aparentemente el rubio nunca se cansaría de amargarle la vida, directa o indirectamente.
—¿Estas bien? —pregunto el chico.
—No —su respuesta fue corta y seca. A pesar de que Osborne no tenía la culpa, el incidente le había amargado la noche y el pobre Gryffindor pago las consecuencias. Sin decir una palabra más la Greengrass se fue dejándole solo. Los ojos verdes estaban llenos de lágrimas, así que no se dirigió a la sala común, fue a encerrarse al baño con Myrtle.
