VII
Si Harry detestaba algo más que las clases de herbología, era saber de la existencia cuántica fantástica de universos alternos al suyo. Y qué mejor, que en cada uno de ellos —o al menos en la mayoría—, habitaba una versión de él.
Y tuvo la desgracia de conocer al Harry Potter que físicamente, era similar a él, pero eran tan diferente a la vez.
Transcurrieron algunos días desde la llegada de ese Harry; y si a la mayoría de los estudiantes no les resultaba extraño ver una versión de Harry con colores de Slytherin, caminando y sonriendo con arrogancia a todo aquel que le mirara, definitivamente era obra de un ente poderoso ver como ese mismo Harry Potter andaba siempre, a todos lados, junto a Draco Malfoy.
Que la existencia de otros mundos alternos les enseñe a no desear cosas imposibles, pues Harry, en algún momento de sus últimas vacaciones antes de regresas a clases, pensó por breves momentos cómo serían las cosas de haber sido amigo de Draco desde primer grado.
Bueno, ahí tenía la respuesta.
Y sinceramente, no era muy agradable.
Pues él no era quien andaba codo a codo con el heredero Malfoy.
Y no sólo se resumía a eso, era lo que su otro yo decía sin ningún tipo de vergüenza —porque más de uno externó su inquietud del por qué estaban juntos, de si desconocía sobre que Draco fuera un ex Mortífago—, y gritando a todo pulmón, contestaba con una sonrisa.
«Draco es mi persona favorita en el mundo.» Decía, mientras observaba a media escuela con mirada acusadora «Es evidente que todos tenemos derecho a tomar malas decisiones, y claro, podemos arrepentirnos de ellas. Draco ha demostrado aceptar sus errores con honor, ¿quiénes son ustedes para juzgarlo?».
La mayoría de los estudiantes, se reservaban sus comentarios después de escuchar eso mismo a diario. Tal vez resultaba un poco intimidante que un Harry Potter defendiera con tanto ahínco a Draco, al grado de alejar por completo cualquier rumor o falta hacía él.
Y aunque en el fondo estaba agradecido, no podía sentir una tranquilidad sincera, pues no fue él quien logró aplacar a todos. Su presencia sólo disminuía por momentos el acoso hacia Draco… pero jamás logró atreverse a hacer eso.
No al menos de momento.
Un sentimiento indomable creció desde ese momento; lento, pero constante, sobre todo cuando veía a su otro yo demasiado cerca de Draco. Y en un acto involuntario, en el momento en que vio a Draco completamente solo caminando por el pasillo hacia el gran comedor, se armó de valor y se acercó a él bastante presuroso… y por un momento, deseó no haberlo hecho.
Draco olía a una colonia diferente. No era el usual aroma a yerbabuena que adoraba inhalar al pasar cerca de él… era un olor intruso, repulsivo, porque sabía perfectamente a quien pertenecía.
Sin medir su fuerza, atrapó el brazo de Draco y lo jaló hacia un pasillo, detrás de un pilar de piedra lo suficiente grueso como para quedar los dos sin ser vistos por alguien más. Recargó el cuerpo de Draco con menos suavidad de la que había pensado y aspiró lentamente, intentando controlar un sentimiento tan arcaico que era inocuo en la raza humana.
Celos.
Terribles y crueles celos.
—¿Necesitas algo, Potter? —Draco le habló, interrumpiendo sus cavilaciones mentales.
—¿Por qué hueles así? —Realmente quería no sonar tan bruto, pero si algo lo caracterizaba como un Gryffindor, era decir o hacer las cosas antes de pensarlas.
—Perdí mi colonia y tomé un poco de la del otro Potter. No quería oler igual a ti después de un entrenamiento.
Harry soltó el aire que contenía en su pecho. Sentía una ligera tranquilidad después de eso, no era porque sucediera algo entre ellos; sólo habían estado juntos casi tres semanas, no era para que las cosas avanzaran así de rápido. Y la escasa estabilidad mental que había alcanzado, se fue por la borda al pensar rápidamente en que tenía que hacer algo, pues ambos Slytherin compartían todo juntos, esa era la primera vez en días que veía a Draco realmente solo.
Incluso Hermione le contó que el cuarto de Draco era la habitación temporal del otro Harry.
No sabía lo que el otro Harry tenía planeado, pero sabía que no era nada bueno.
Tenía que hacer algo pronto si no quería que las cosas resultasen equívocas.
—¿Terminó el interrogatorio? —Draco miraba a Harry con esos ojos plateados que reflejaban preocupación genuina hacia él. No era normal que una conversación entre ellos fuera de más de dos diálogos antes de pasar al intercambio de magia innecesaria.
—Si. —Harry fue aflojando el agarre que tenía con Draco, hasta que sólo deslizó su mano por el brazo del otro y acarició la muñeca con delicadeza—. Sólo, no la vuelvas a usar.
—¿Por qué estamos teniendo esta charla? —Ahora era Draco quien estaba curioso por el extraño acercamiento del Harry de su mundo hacia él—. No recuerdo que antes de esto hayas intentado hablarme en meses, al menos desde mi juicio para evitar Azkaban.
—No hay motivo en particular —respondió mirando hacia el pasillo, vigilando que nadie se asomara cerca de donde estaban.
—En ese caso, no encuentro razón para hacerte caso y dejar de usar la loción del otro Potter —dijo Draco, e ignoró la punzada de decepción que surgía en él—. Huele bien, y me gusta.
Harry se quedó pasmado ante las palabras de Draco, y sintió un estallido que nació en su abdomen.
Fue una detonación en su interior. Algo que derrumbó por completo las barreras invisibles que se negaba a cruzar.
Harry, valiente —o tal vez estúpido cegado por los celos—, se acercó más a Draco y le besó con fuerza. Al sentir que Draco no le rechazaba, continuó con más intensidad su contacto, metiendo en la capa de Draco sus manos para acariciar sobre la ropa el firme cuerpo del otro. No creía que eso estaba pasando, y siendo sinceros, podría morir muy feliz en ese momento si su némesis lo quería maldecir después de eso.
Por otra parte, Draco estaba sorprendido por el desenlace de los hechos. Era extraño como, el día que menos estaba esperando algún acercamiento del Harry de su mundo, fue cuando sucedió, ¡y vaya de qué forma! Sus piernas se convertían en una masa gelatinosa cuando más insistía Harry en saborear su boca como si se tratara del elixir Felix felicis; cerró sus ojos e intentó seguir el ritmo del beso, mordiendo los labios con los que había delirado desde hace tiempo.
El calor aumentó entre ambos, y Harry, quien estaba demasiado conectado a ese instante, decidió aumentar las caricias que le daba a Draco; desabrochó el pantalón del otro con mucha prisa, y mientras su boca se dedicaba a besar y lamer el cuello perlado de sudor de Draco, sus manos inquietas recorrían la piel del abdomen delgado del otro, deslizando con rapidez sus movimientos hacia el pene —ya algo duro— que estaba atrapado en el bóxer. Jaló el elástico lo suficiente para poder bajarlo y liberar el miembro; volteó su mirada unos instantes hacia abajo y soltó un gemido de gusto al corroborar que la perfección la llevaba Draco en todos lados: un lindo pene ligeramente más oscuro que el resto de su cuerpo con una cabeza rosada se erguía y sometía bajo sus caricias.
No dudó un instante y comenzó a masajearlo, robándole a Draco más de un gemido.
La mano callosa de Harry Potter lo estaba masturbando, tocando una parte tan íntima, provocándole un placer que no podía comparar con ningún otro; apretaba con la fuerza necesaria la base de su pene, y luego acariciaba la hendidura del glande, limpiando el líquido pre seminal que salía por la intensidad de las caricias. Y todo eso, combinado con la lengua cálida de Harry recorriendo su cuello…
Si el cielo existía, Draco sabía que lo estaba tocando en ese momento.
Pronto, sintió el cosquilleo en su abdomen, aquel que le avisaba con premura que eyacularía en cualquier momento; decidió dejarse llevar por el evidente orgasmo que sentiría y se rindió a la intensidad de las sensaciones que caían en picada sobre él.
Y fue cuando estalló sin previo aviso, exhalando un gemido que murió en su boca al sentir nuevamente los labios de Harry sobre los suyos, deshaciéndose por completo en la calidez que sentía.
Pero no quería que todo terminara ahí.
—¿Draco? —La voz ronca de Harry se escuchaba a lo lejos, casi como un leve susurro detrás de una neblina de deseo— ¿Qué estás…?
Las reacciones post orgásmicas eran las más extrañas, porque ahí, sintiendo todo el calor del momento, soltando rienda suelta a sus más recónditas fantasías, se hincó sobre sus rodillas y desabrochó rápido los pantalones de Harry, deleitándose con el grosor y dureza del pene que se marcaba perfectamente en el bóxer.
Decidió que es mejor hacer que decir… o fue su parte animal la que habló, porque sin pedir permiso previo, sacó el miembro de la evidente prisión a la que era sometido y lo engulló en su boca por completo.
Harry sintió que iba a morir. La saliva caliente que lubricaba constantemente su pene lo desarmó; Draco jugaba con sus mejillas, apretándolas y él se sentía en un pedazo de paraíso cuando el otro comenzó a subir y bajar su boca por el largo de su pene, enredando su lengua y presionando maravillosamente en los sitios ideales, sintiendo la vibración de los gemidos de Draco, atrapados en medio del glorioso sexo oral. Gozoso de todo, enredó sus dedos en las hebras rubias de quien le estaba otorgando la mejor sensación de su vida.
Quería durar más… deseaba prolongar ese momento por el resto de su vida… pero al ser una persona con poca experiencia en el sexo, no pudo contener la venida que tuvo cuando Draco acarició sus testículos, apretando con su pulgar entre ellos.
Abrió sus ojos por primera vez desde que Draco le daba la mamada de su vida y se deleitó al ver el instante en que tragó su semen.
Merlín. Era el jodido infierno.
Y él quería arder ahí.
—¿Hay alguien ahí?
La complicidad en la que el acto fue consumado estaba siendo despedazada cuando ambos oyeron esa voz ajena a ellos. Draco se separó de Harry al escuchar los pasos que se acercaban peligrosamente por el pasillo; se sorprendió de saber que su mente olvidó donde estaban, y que aquello no estaba bien. Se paró de su sitio y ambos se vieron por unos instantes. Draco contemplaba como Harry quedó después de la increíble mamada que le dio; Harry jadeaba como desquiciado, y en sus mejillas se arremolinaba un color rojizo que se asemejaban a un par de manzanas
—Yo… tengo que irme.
Draco corrió lo más rápido que les permitió su ropa desgarrada a jirones; el objetivo era su habitación, pero tuvo que detenerse en uno de los baños de hombres cerca de las mazmorras. Se encerró en uno de los cubículos y se sentó en el piso; intentó controlar su respiración desenfrenada, y como no hacerlo después de cómo el Harry de su mundo le acarició por completo, dejando pequeñas mordidas y rasguños en sus piernas, ahí por donde su boca se había paseado libremente sin sentirse cohibido en lo más mínimo.
Apretó su pecho, intentando que sus latidos no sonaran tan fuertes, al menos así podría ignorar todo lo maravilloso que fue sentir las rudas caricias de Harry.
En cualquier universo, Harry Potter sólo representaba problemas para él.
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N/A: ¿Se imaginan cuanto amé escribir esta escena? Fue muy hermoso, tenía mucho tiempo sin desarrollar un lime y me siento bastante satisfecha con el resultado. ¡Mil gracias por todos sus bellos comentarios! Los votos, los favoritos... todo eso me hace sentir que quieren a mi pequeño bebé fic y me hace muy feliz 3 Gracias por continuar hasta aquí.
Besos de agüita de jamaica.
