Si bien el desayuno había sido delicioso, Arthur no podía negar lo ansioso que había estado porque acabara para así continuar la apasionante lectura que desde el día anterior lo había envuelto.
Sin embargo estaba nervioso. Todo sobre la Mansión Phantomhive gritaba "peligro" y el joven aspirante a escritor no estaba seguro de que sería de él una vez que se internara profundamente en sus misterios y secretos.
-¿Quieres leer este capítulo Finny? – la voz del mismísimo Conde Phantomhive fue lo que lo sacó de sus cavilaciones.
-¡Sí! ¡Me encantaría Joven Amo!
-Perfecto. Comienza entonces.
Tres torpes inútiles – se leía en la portada en la que Bard, Finny y Mey-Rin aparecían.
A estas alturas los sirvientes se preguntaron si protestar ante lo de "torpes inútiles" valía de algo.
Capítulo 44. Ese mayordomo, Gimiendo.
-Como resultado de mis conversaciones con todos muchas cosas se han aclarado – explicaba Arthur – como sea, la cosa en la que estoy más estancado es en el paradero de la llave de la habitación del Conde. De acuerdo al escenario original, el único quien podría haber sido capaz de asesinar al Sr. Phelps fue Sebastian, pero si consideramos que la llave podría haber sido pasada a un tercero, se convierte en una situación completamente diferente.
-Así que en ese escenario – preguntó el Conde – ¿yo estaría en lo correcto si pienso que la persona quien tomó la llave y asesinó a Sebastian es el criminal?
-Así es.
-Sin embargo, no hay pistas claras de quien pudo ser el supuesto cómplice del mayordomo – suspiró Abberline con pesar.
-Bueno, primero vamos a confirmar si el mayordomo llevaba la llave junto a él o no – sugirió el Conde Grey – aunque eso significaría que nuestra historia podría terminar ahí y volveríamos de nuevo al principio.
-Un giro desafortunado de resultar así – ahora el que suspiró fue el Conde.
-Tiene razón. También, de ahora en adelante, a dónde sea que nos movamos me gustaría que lo hiciéramos en grupo – aconsejó el escritor – y ya que sería difícil preguntarle a una mujer el acompañarnos a la sala de almacenamiento del cadáver, me gustaría que la señorita Irene se quedara aquí con el señor Grimsby.
-Es una buena idea, pero yo dejaría a Woodley atrás también… lo que por cierto sería un problema – comentó Bard de forma distraída.
-Honestamente, creo que ya es hora de que esos idiotas comiencen a comportarse como adultos – declaró el Conde.
-Sí – aceptó Grimsby de inmediato.
-También… me gustaría que el Sr. Woodley se quedara también.
Woodley aceptó de mala gana y mientras que Lau y Ranmao pidieron quedarse en el salón, el Conde Grey se ofreció de inmediato a acompañar a los demás a la bodega.
Los ojos del mayordomo se entrecerraron ¿eran sólo figuraciones suyas o el mayordomo de la reina hacía de su misión personal asegurarse que el Conde permaneciera vigilado todo el tiempo?
-Por favor discúlpeme Conde – pidió Arthur – pero ¿le importaría guiarnos a través de la mansión?
-Para nada. Aunque los sirvientes son los que están más familiarizados con la planta baja, así que en lugar de eso dejemos que ellos nos guíen. ¿Está bien con ustedes chicos?
-Sí, Joven Amo – respondieron los rubios de inmediato.
Aunque no venía al caso, Snake se sintió levemente sorprendido de que el niño les preguntara en lugar de simplemente dar la orden.
-Tanaka y Mey-Rin pueden quedarse aquí y cuidar de los invitados.
-Con certeza – aceptaron ellos con una ligera reverencia.
-Entonces vamos.
Poco después los cinco hombres (o mejor dicho cuatro hombres y el Joven Conde) descendían por las escaleras alumbrándose únicamente con la linterna que Bard llevaba en la mano y las escasa velas que había fijas en las paredes.
-Este lugar tiene un tipo de atmósfera dónde uno podría esperar que un fantasma aparezca en cualquier momento ¿no es así? – comentó Arthur.
-Para nada – contradijo Sebastian – fastidiosos como son, debo reconocer que esos shinigamis jamás han dejado a un solo fantasma para rondar los pasillos de la mansión.
Muy a su pesar el Conde se sintió curioso por saber quién (o quienes) era(n) a quien(es) el despacho de shinigamis solía comisionar para recoger las almas de los que intentaban asaltar la mansión, y aunque cuidó muy bien de no preguntarlo en voz alta decidió guardar esa pregunta para hacérsela a Sebastian más tarde.
-¡PODRÍAS DEJAR ESO! – Chilló el Conde Grey sujetando con fuerza el brazo del Joven Amo - ¡No hay forma alguna de que haya un fantasma! ¡Yo sólo creo en las cosas que puedo cortar con mi espada!
-Pues para no creer en fantasmas pareciera que estos lo asustan – comentó Bard con una sonrisa de satisfacción.
-Entonces ¿podrías caminar por ti mismo? – Replicó el Conde – es difícil caminar de este modo.
-Pensé que podrías estar asustado, yo estaba siendo muy amable.
Sí claro, ¡como si el Conde se asustara de las cosas sobrenaturales!
Pero fueron interrumpidos por el anuncio de Bard de que habían llegado y tras abrir la puerta, en el piso de una enorme y magnifica bodega se encontraron con tres cuerpos cubiertos cada uno por una sábana.
-Esto está completamente fuera de lugar – intervino Snake – pero debo decir que tu bodega es enorme… dice Oscar.
-No cumpliría su propósito si el tamaño fuese menor – explicó el Conde – y recuerdo bien que cuando yo era pequeño mis progenitores solían organizar fiestas suntuosas varias veces al año, así que una bodega grande era necesaria.
-Ponte estos guantes cuando toques los cadáveres, quieres – ofreció Bard.
-Va bien preparado – comentó Abberline.
-Estás bien preparado – agradeció el escritor – eso nos salva de algunos problemas.
Comenzó a levantar la sábana que cubría el cuerpo del mayordomo y…
-¿¡ÉL ESTÁ MOJADO!?
Tch… ¿qué rayos saliste a hacer Sebastian? – pensó el niño de mal humor.
-Al parecer una fuga en el techo lo causó – comentó Bard mirando hacia arriba.
-¿Una fuga bajo tierra? – preguntó Abberline con escepticismo.
-En ese momento parecía lógico – respondió Bard a la defensiva.
-Pero ¿por qué el señor Sebastian está mojado? – preguntó Finny curioso.
Y mientras Arthur nuevamente se sentía confundido, el Conde miraba a los tres imprudentes con ojos asesinos seguro de que si seguían hablando sin pensar terminarían regalando alguna información que los descubriera.
Si Finny estaba horrorizado de descubrir que el mayordomo estaba empapado, el comentario que hizo Arthur respecto a que eso podría hacer que se pudriera más rápido lo hizo ponerse lívido y, cuando después el escritor y el Conde comenzaron a hablar de lo difícil que sería desvestirlo debido al rigor mortis el jardinero perdió el control al grado que el Conde le ordenó que se marchara.
En tanto, después de una seria (e inútil) inspección al cuerpo, Arthur preguntó si la llave no podría estar en su habitación. Así las cosas, lo siguiente que sucedió fue que todos se reunieron en un dormitorio individual espacioso y confortable, que contaba con un ropero, una ventana, un escritorio e inclusive con su propia chimenea.
Abberline bufó y bromeó consigo mismo sobre si no le convendría más renunciar a la policía y buscar un empleo de mayordomo porque, sinceramente el dormitorio de Sebastian era incluso más espacioso que su propio departamento.
-Es bastante espacioso – comentó el Conde Grey.
-Eso es porque él es un sirviente principal – explicó Bard, y luego entre dientes añadió – aunque en realidad nosotros también somos sirvientes principales.
Una sonrisa maliciosa asomó en los labios de Sebastian. Ah, la envidia era uno de sus siete pecados favoritos.
-¿Ustedes pueden pensar en un lugar donde él podría haberla escondido? – cuestionó el Conde.
-En realidad esta es nuestra primera vez aquí – se disculpó el rubio.
-Yo también sólo he estado aquí dos veces después de que le di esta habitación – reflexionó el niño.
-En todo caso – sugirió el Conde Grey – vamos a buscar en lugares donde podría mantener los objetos de valor.
Así el Conde Grey comenzó a revolver la ropa, Arthur empezó a revisar debajo de la cama (aunque Finny le facilitó las cosas levantando la cama) y Bard llegó inclusive a meter la cabeza en la chimenea al tiempo que el Conde registraba los cajones.
Sebastian suspiró audiblemente seguro de que había sido él quien tuvo que recoger todo el desastre hecho por los otros.
Un sonido extraño salió entonces del ropero y el niño de pelo azul se acercó a investigar más, al abrir la puerta una gran cantidad de gatos comenzaron a correr por toda la habitación.
Sebastian miró la escena con una gran sonrisa en el rostro y los ojos brillando de emoción pero…
-¡Bastardo! – Gritó el Conde – ¿Cómose te ocurre meter a esas bestias peludas en la mansión?
-Pero Jove Amo – protestó el mayordomo – hay una tormenta afuera. No sería justo para tales bellezas tener que enfrentarse al clima tormentoso.
Mientras que la oleada felina sorprendía a Bard y Arthur, (y emocionaba a Finny) la alergia del Conde entró en acción haciéndolo estornudar copiosamente.
Todos estaban por romper a reír al ver eso, pero se contuvieron gracias a su instinto de preservación.
-Sólo más camisas – comentó el Conde Grey cuando ya no se veían más felinos en la habitación –. Como sea, él realmente no parece tener ninguna pertenencia. No sería agradable el tener por último alguna cosa de tu lugar de origen…
Definitivamente no – decidió Sebastian pensando en dicho "lugar de origen".
…y ¿de dónde vino él para llegar hasta aquí?
-Quien sabe – respondió Bard –. Nadie de los sirvientes sabe de dónde es él, o incluso lo que hace en sus días libres. La única cosa que nosotros sabemos es que él fue ridículamente bueno en su trabajo: el mayordomo perfecto.
-Tal vez el Joven Amo sepa algo… - sugirió Finny – pero…
-Yo no sé nada tampoco – interrumpió el niño con voz plana –. ¿De dónde vino él?, ¿A qué Amo sirvió antes o lo que había estado haciendo en el pasado?… yo nunca tuve ningún interés en eso, por mí estaba bien. Es ese entonces cualquiera estaba bien siempre y cuando se dedicara a mí y concediera mis deseos. Cualquiera.
Esa respuesta despertó un sentido de alerta en Arthur ¿cómo podría el Conde haber contratado a un mayordomo sin por lo menos alguna referencia de la vida del mismo? Eso no sonaba normal. Y además ¿por qué la imagen mostraba las botas ceñidas y los tacones altos?
Eso no era lo único fuera de lugar. Las sombras, las manos que se aferraban a lo que parecían ser barras metálicas, la mano que sujetaba el rostro lloroso del Conde con uñas tan largas que tenían el largo de garras y…
Sí, en definitiva había algo muy fuera de lugar en esa imagen pero, dado que nadie a su alrededor comentaba al respecto, Arthur simplemente asumió que esa era otra de las "verdades" que se habían revelado con la lectura de los capítulos anteriores a su llegada.
Notando que la llave nomás no aparecía (y que el Conde no iba a dar más explicaciones al respecto) el Conde Grey propuso revisar el equipaje de los invitados, y así los hombres se retiraron de la habitación dejando a los gatitos acurrucarse sobre la cama.
Una vez más Sebastian se sintió complacido por la imagen de ensueño.
Para sorpresa de Arthur, los invitados no intentaron objetar cuando el escritor informó que sus pertenencias serían revisadas y la inspección por parte de los hombres fue rápida. En cuanto a las mujeres, Ranmao parecía basar los parámetros de su inspección en que es lo que podía ponerse y que no, mientras que Mey-Rin por su parte descubría que Irene Díaz aparentaba mucha menos edad que la que realmente tenía.
Por otro lado, entre las pertenecías de Irene descubrió un líquido color rojo que trajo a su mente la historia de la vampira de Carmilla.
-¿Piensas que ella es un vampiro? – Preguntó el Conde incrédulo – ¡Qué tontería! Yo no creo en vampiros.
Y miradas incrédulas se fijaron en el Conde porque ¿hola? De entre todas las personas con vidas "normales" ¿era precisamente él el que no creía en las cosas sobrenaturales?
Con frustración Arthur anunció que la llave no había sido encontrada y Lau sugirió entonces que el asesino bien había podido arrojarla por la ventana, Finny y Mey-Rin entonces se ofrecieron a ir a buscarla y cuando el Conde le dijo que no estaba obligado a salir en la tormenta el rubio declaró muy apasionado que él quería ayudar a resolver el crimen. Así, Finny y Mey-Rin salieron de la casa siendo seguidos por Bard.
-¡USTEDES NO PUEDEN HACER NADA EN ESTA TORMENTA! – Les gritó el cocinero - ¡VAMOS A VOLVER!
-¡CON ESTA LLUVIA LA LLAVE PODRÍA IRSE A LA DERIVA! – Respondió la criada – ¡SI NO COMENZAMOS A BUSCAR AHORA…!
-¡NI SIQUIERA SABEN SI ESTÁ AQUÍ!
-¡BUENO PODRÍA ESTAR!
El Conde miró las imágenes con frustración: no le hacía nada de gracia ver a esos tres gritándose entre ellos.
-¡Vuelvan! – Insistió el estadounidense – Aún es marzo, morirán congelados.
-Pero – habló Finny – si no hubiese sido por el señor Sebastian nosotros ni siquiera estaríamos aquí…
Pronosticando que una revelación importante se acercaba, en el tiempo que le tomó al Conde cambiar la página Abberline, Snake y Arthur se acercaron al manga.
-…Yo no podría haber sido capaz de estar parado aquí con la lluvia cayendo sobre mí, o incluso en absoluto estar aquí afuera. Nosotros no tendríamos nada… Ni hogar – se mostró a Sebastian postrando a una Mey-Rin vestida con ropa de hombre en el piso mientras el Conde la miraba parado junto a la ventana –, ni amigos – en un campo cubierto de sangre y cadáveres, Bard estaba vestido con su uniforme de soldado y abrazaba con desesperación el cadáver de un soldado caído. Sebastian mirándolo de pie parecía haber llamado su atención –, ni libertad – lo único que delataba que la última escena hablaba de Finny era el tatuaje con la letra S y el número 12 en el cuello, pues la persona que contemplaba a Amo y mayordomo bajo la luz de la luna llena tenía el pelo afeitado y vestía con una bata –…
Ahora mejor que nunca los sirvientes comprendían esa sensación de vergüenza, tristeza e impotencia que su amo sentía cada vez que sus recuerdos se vislumbraban en las páginas de ese maldito manga.
-…Todo esto, cada cosa – ahora se podía apreciar la imagen de Finny tocando las plantas, Bard sonriente a su lado, Mey-Rin llevando una bandeja detrás de Sebastian y el joven Conde tomando el té mientras Tanaka permanecía de pie cerca de la escalera – nos fue dada por el Joven Amo y el Sr. Sebastian – concluyó el jardinero.
-Nada de eso ha sido de a gratis – intervino el Conde sin hacer contacto visual con sus empleados – todo lo que han recibido de esta mansión ha sido en pago de los servicios que pido, así que ninguno de ustedes me debe nada.
-Joven Amo…
-Repítalo todas las veces que crea que sean necesarias – le dijo Sebastian mirando a los sirvientes con aire pensativo – pero sus palabras no van a cambiar los sentimientos que sus empleados tienen por usted.
Y como respuesta a eso ellos asintieron solemnemente.
Tras pronunciar unas pocas palabras más Finny fue vencido por el llanto y Mey-Rin lo regañó llorando también, Bard sin embargo les llamó la atención a ambos y les dijo que exactamente por todas las cosas que Sebastian y el Joven Amo les habían dado ellos deberían cumplir con su trabajo protegiendo la mansión y también al Joven Amo.
-¿Recuerdan el momento cuando acabábamos de llegar aquí? – Les preguntó – en ese entonces nosotros no podíamos hacer nada más que asesinar…
Esas palabras y las imágenes que las acompañaban pusieron a los que no los habían visto así los pelos de punta.
-…Y sin embargo, Mey-Rin puede hacer el lavado sin que se rompa nada ahora, Finny puede ver la diferencia hierba y una maleza y yo, quien no podía cocinar nada ahora por último puedo hacer huevos fritos. Ese súper hombre quien puede hacer todo por sí mismo ¿Por qué él nos enseñó todas aquellas cosas con esa fuerte determinación aun cuando nosotros no podíamos hacer nada y éramos esos pobres aprendices? Eso fue para qué, cuando fuera de mal en peor y él no estuviera cerca nunca más, la mansión aún pudiera tener protección ¿verdad? Ese es el por qué hay una sola cosa que deberíamos hacer justo ahora ¿verdad? Sin duda la hay.
-Muy bien dicho chef – felicitó Sebastian.
Y ante la falta de sarcasmo en la voz del mayordomo, las mejillas del rubio se colorearon ligeramente.
Seguidamente a eso se vieron cubiertos por un paraguas que les ofrecía Tanaka y el anciano entonces les ofreció prepararles una taza de té, pero así también al llevarlos a la cocina les explicó que aparentemente la comida preparado por Sebastian no alcanzaría porque el hambre del Conde Grey había acabado ya con todo lo que había para la cena y, debido a la lluvia era poco probable que el comerciante que los surtía llegase con provisiones. Cuando Mey-Rin empezaba otra vez a lamentarse por la ausencia de Sebastian Tanaka los invitó a no lamentarse y buscar alguna solución.
Sebastian suspiró. Se le ocurrían en ese momento por lo menos diez diferentes respuestas al problema pero no pensaba que ninguna de ellas pudiese ser realizada por los sirvientes.
En lo referido a los invitados del Conde, el señor Grimsby propuso iniciar un juego de cartas con la finalidad de aliviar el ambiente pesado pero Arthur les recordó que lo más prudente era no separarse.
Lau sugirió entonces que podía existir una "13ra persona" cuya presencia hubiese permanecido oculta hasta el momento y que fuera la responsable de los asesinatos.
-Posible pero inverosímil – corearon Arthur, Abberline y el Conde.
-¡Qué idiota! – Le dijo Woodley – ¡Definitivamente no hay oportunidad de que eso suceda!
-¿Definitivamente? – Retó Lau – La única cosa que no existe en este mundo es lo "definitivo". Si tú reviertes el "definitivo" entonces cualquier cosa podría estar al acecho en este castillo, así, si él está yacente en la espera de una oportunidad para atacar, deseando nuestras vidas… podría ser que él ya no está lejos…
Y esa última frase dio paso a la imagen de algo sucediendo en la cocina que atrajo la atención de los sirvientes hacia la puerta.
-…Esta 13ra persona quien no debería de existir.
-Terminó el capítulo, Joven Amo – dijo Finny mirando el tomo entre sus manos con entusiasmo.
-Puedo leer yo el siguiente entonces – respondió el niño de pelo azul también con un ceño menos fruncido de lo usual.
Sebastian suspiró. Por lo visto su Joven Amo no tenía planes de soltar la lectura de ese manga en un futuro próximo.
Capítulo 45. Ese mayordomo, Trasladado.
Y en la portada del capítulo se veía una imagen del Joven Conde con la lechuza desaparecida posada en su hombro.
Ante los sonidos producidos detrás de la puerta los sirvientes prepararon sus armas y tomaron posiciones defensivas.
En los pisos superiores Woodley le insistía a Lau que no era posible la existencia de una 13ra persona pero, justo en ese momento los sirvientes entraron anunciando que habían capturado a un sujeto sospechoso.
-Increíble – dijo Arthur - ¿En verdad existía una 13ra persona?
-Pero – Abberline no lucía muy contento que digamos – eso suena tan inverosímil…
-Tch… No puedo creer que Lau haya tenido razón – se quejó el Conde con irritación.
A una señal de su Amo los sirvientes llevaron a la 13ra persona al salón y ahí todos pudieron ver entonces a un hombre de mediana edad vestido de traje negro, con el cabello peinado firmemente hacia atrás, frente ancha, orejas salidas y el agua escurriendo por todo su ser.
La llegada del hombre fue saludada por un jadeo colectivo de sorpresa…
Aunque ahora que prestaba atención Abberline podía darse cuenta que más que sorprendido en Conde parecía irritado.
…pero Lau aprovechó el momento para echar en cara a todos que su pensar había sido el correcto. Después…
-Así que de nuevo – preguntó – ¿Quién eres tú?
-¿Esto de nuevo? – se quejó el Conde.
-¿Mi nombre? – cuestionó el desconocido mirando al niño de cabello azul, quien le devolvió una mirada fastidiada.
Bard levantó una ceja. Estaba seguro que la única persona a quien había visto que el Joven Amo le dedicara una mirada así era el mismo Sebastian.
-Ha pasado un tiempo Jeremy – dijo entonces el niño llamando la atención hacía sí.
-¿Lo conoce Joven Amo? – preguntaron los sirvientes, seguros de que nunca antes habían visto a ese hombre cerca de su amo.
-Mmm… - en lugar de compartir sus sospechas, el niño se limitó a soltar un simple tarareo.
-Conde ¿este es un viejo amigo tuyo? – preguntó Lau.
-S-Sí – respondió el niño ignorando el ceño que el tal Jeremy hacía ante la palabra "viejo" –. Este hombre es el Padre Jeremy Rathbone, es un popular consejero de la iglesia local y de algunas personas famosas.
Sólo gracias a su perfecto control es que Sebastian no frunció el ceño porque ¿en verdad? Habiendo inventado el hombre tantas profesiones, oficios y pasatiempos ¿tenía el Joven Amo que presentar a "Jeremy" como un Padre? Y siguiendo en la misma línea ¿Jeremy? ¿En serio? El hecho de que ese nombre no era peor que el nombre de un perro no quería decir que fuese bueno.
-Por favor llámenme Jeremy – pidió el hombre con una sonrisa cordial a pesar de que continuaba atado.
-¿Un… Padre? – Arthur parecía dudoso.
-¡CÓMO SI FUERA A CONFIAR EN UN SUJETO COMO TÚ QUE LUCE SOSPECHOSO! – Le gritó Woodley – ¡LA ÚNICA PERSONA QUIEN PODRÍA HABER COMETIDO LOS ASESINATOS ES LA DECIMOTERCERA PERSONA SIN COARTADA! ¡NO IMPORTA COMO LO MIRES, TIENE QUE SER ESTE SUJETO!
Pero en lugar de inmutarse, Jeremy continuó sonriendo como si nada.
-En realidad su razonamiento es absolutamente sin sentido, señor Woodley.
¿Ellos se conocen? – se preguntó Abberline sorprendido.
¿Así o más imprudente? – se preguntó el niño haciendo una mueca.
-¡¿CÓMO SABES MI NOMBRE?! – gritó Woodley sorprendido.
-Mirando su anillo, es en realidad bastante obvio…
-¿Eh? – la expresión interrogativa fue coreada incluso por las serpientes.
-…El único lugar en que serías capaz de extraer un diamante grande como ese podría ser en Sudáfrica. Además, la única forma en que serías capaz de conseguir la ronda especial de corte brillante que tiene este diamante, es con la última maquinaria de pulido recientemente desarrollada por la compañía Woodley, y también he escuchado que el joyero de Londres Daniel Anderson ha sostenido conversaciones de ventas con mujeres, diciendo que es un ítem raro que realmente aún no ha aparecido en el mercado. Si tú consideras que una de las personas invitadas a la fiesta del Conde está llevando semejante anillo raro, lo más probable es que se trate del Director de la Compañía Woodley… en otras palabras: usted, Señor. ¿O estoy equivocado?
-Fiu… - dijo Finny sintiendo que la explicación del tal Jeremy le hacía dar vueltas la cabeza
-Yo… eso fue algo… - intentó Mey-Rin.
-…impresionante – completó Bard.
-Este sujeto debe ser algo muy especial como para haber hecho tal cantidad de deducciones basándose únicamente en el anillo del señor Woodley – comentó Arthur profundamente impresionado.
-Sí, demasiado impresionante para ser normal – murmuró Abberline con los ojos sutilmente enfocados en el mayordomo Sebastian.
-Más importante – intervino Arthur – cómo diablos… No, ¿por qué y desde cuando usted ha estado aquí?
-Rayos, nada más que preguntas – suspiró Jeremy. Después dirigió su atención a Bard, quien sostenía entre sus manos un bolso de piel – Hey tú, ¿te importaría abrir mi bolso?
Y haciendo caso el cocinero abrió el bolso descubriendo en su interior al búho desaparecido.
-¿Qué?
-¡Guau! ¡Este es el búho del señor Sebastian!
-¿E-Está muerto? – preguntó Mey-Rin temerosa.
-No, pero ya que se resistió lo puse a dormir por un tiempo con algo de medicina. Despertará pronto – explicó Jeremy.
Finny protestaba por el trato rudo al animal pero Jeremy llamó la atención hacia la carta que el ave tenía atada en su pata, y dicha carta fue inmediatamente leída por el Conde.
-¿Qué es lo que escribió el señor Sebastian? – preguntó Mey-Rin ansiosa.
-Parece que él anticipaba que sería asesinado y envió una carta a Jeremy – explicó el niño estrujando el papel en su mano.
-¡PERO TÚ NO PUEDES PROBAR QUE ÉL NO ES EL ASESINO SÓLO CON UN TROZO DE PAPEL! – Insistió Grimsby - ¡SI VINO DESDE AFUERA, ÉL PODRÍA MUY BIEN HABER COMETIDO EL ASESINATO DE ANOCHE!
-En realidad yo tengo una solución simple para tu falta de evidencia en el bolsillo de mi abrigo – argumentó el recién llegado de nueva cuenta.
De forma casi imperceptible los labios de Sebastian se curvaron en una sonrisa. ¿Qué clase de mayordomo sería él si no pudiese por lo menos conseguir las coartadas necesarias para mantener en cubierto sus múltiples identidades?
Al revisar el bolsillo del hombre Finny encontró un boleto de teatro que por la fecha y hora probaba que Jeremy había estado en el Teatro Lyceum sin posibilidad de cometer los asesinatos.
-En otras palabras, usted quiere decir que no puede estar involucrado en los asesinatos porque estuvo en Londres anoche ¿estoy en lo correcto? – corroboró Arthur.
-Como es de esperarse de un maestro novelista, gracias por acelerar la conversación.
-¡Lo hizo otra vez!- chillaron los sirvientes emocionados.
-Tú puedes saber un montón de cosas sobre el trabajo de las personas y sus gustos por examinar sus apariencias y hábitos ¿sabes? – explicó Jeremy – Primero que todo, tienes un gran callo en tu dedo medio derecho, es diferente en la forma de las personas quienes pintan o dibujan… por lo que debes estar escribiendo demasiado. Lo siguiente, hay manchas azules en tu manga y esto puede suceder cuando tú lavas cosas con tinta sobre ella. Además, escribiste dentro de tus puños gran cantidad de material que tú pensaste con un lápiz para así no olvidarlo. Perla, India, habitación cerrada con llave, señal. ¿Tienes que ser un novelista para hacer algo como esto, verdad?
-No precisamente – contradijo Abberline – muchos de mis colegas hacen exactamente lo mismo y ellos ciertamente no son novelistas.
-Sin embargo, las observaciones que "Jeremy" ha hecho pueden ser aplicadas fácilmente a la situación y pasadas por ciertas al tomar al público de sorpresa – sonrió el Conde astutamente.
-Increíble… – se sorprendió Arthur – él es como mi maestro, el profesor Bell: a él también le gustaba observar a las personas.
Aclaradas las dudas sobre su identidad Jeremy pidió que lo desataran y escuchó el relato de todo lo que hasta el momento había acontecido en la mansión, después de eso pidió que los cuerpos fueran movidos a habitaciones separadas para así poder distinguir sin interferencias la "esencia" particular de cada uno de ellos.
Accediendo a la petición, el Conde dijo a los criados que dividieran los cuerpos en tres habitaciones separadas mientras el conducía a Jeremy a buscar algo de la ropa de Sebastian para que se vistiera con algo seco.
Mientras bajaban a la bodega, los tres criados comentaban entro ellos lo extraño que era el personaje de Jeremy pero, mientras de Bard y Mey-Rin estaban recelosos respecto a su presencia, Finny dijo que algo en ese hombre extraño le decía que podían confiar en él.
Los ojos de Sebastian y el Conde se entrecerraron mientras intercambiaban entre ellos una de esas miradas de entendimiento que nadie más parecía capaz de notar. El pensamiento común entre los dos era que había ocasiones en las que el pequeño Finny era inusualmente perceptivo.
Mientras Bard aconsejaba al rubio más joven no confiar tanto en los demás (para así no salir lastimado) los criados comenzaron a mover los cuerpos y después avisaron a su amo que ya habían terminado.
-Me gustaría que me mostraran los cuerpos en el orden en que ellos fueron asesinados – pidió Jeremy entonces.
-Ese es el fin del capítulo – anunció el Conde de buen humor.
-Si el Joven Amo ya se siente cansado de leer podemos pedirle a alguien más que continúe guiando la lectura – ofreció Sebastian.
-No – rechazó el niño al tiempo que daba vuelta a la hoja – aún puedo leer un poco más sin problemas.
"Cuando el aún desconocido punto crucial de esta historia sea revelado, ellos se percatarán que la persistente lealtad es el arma definitiva."
Y en la portada (a color) del que llevaba por título "Capítulo 46. Ese mayordomo, Innecesario" podían apreciarse al Conde, los sirvientes y Arthur vestidos con ropa de tela a cuadros mientras que de la pared del fondo colgaban retratos de calles nocturnas, gatos y Sebastian, quien hacía una señal de pedir silencio mientras tenía un ojo guiñado.
La primera imagen del capítulo también era a color y mostraba a Bard recordando las palabras de Finny mientras sus ojos sospechosos evaluaban la actitud engreída y mandona de Jeremy al pedir revisar los cuerpos en el orden de muerte.
-Bueno, empezaremos con Lord Siemes entones – dijo Arthur.
-Yo iré con ustedes también – ofreció el Conde Grey.
Otra vez Sebastian pensó en lo sospechoso que era que el Conde Grey insistiera tanto en mantenerse cerca del Conde mientras éste realizaba la investigación.
Al examinar el cuerpo de Siemes Jeremy confirmó que había sido asesinado de una puñalada en su pecho, más fue capaz de decir también que era un bebedor desenfrenado. Mientras comentaba sobre la esencia a alcohol en su cuerpo, dijo que también podía percibir olor a mar y frotando el pañuelo de Arthur en el interior de la boca del muerto encontró restos de algo (¿de qué? Quién sabe. Dio media vuelta y pidió revisar al señor Phelps sin dar más explicaciones).
Aunque no era una persona quejumbrosa Arthur no podía creer que ese hombre hubiese usado de ese modo su pañuelo.
-Él es el único que fue asesinado de una forma diferente de los otros dos – explicó Arthur señalando el cuerpo – pensé que probablemente sería por las heridas en su cuello que un veneno podría haber sido inyectado, y en el momento del asesinato las únicas entradas y salidas estaban cerradas con llave, haciendo una situación perfecta de una habitación cerrada.
-Ya veo… ¿Puedes mostrarme la habitación en la que él murió?
-Sí, lo llevaré ahí.
-Tal vez llevar el cuerpo de ese hombre a la habitación en la que murió para que lo inspeccionaran ahí no habría sido una mala idea… dice Wordsworth.
-Mmm… supongo que no lo pensamos – reconoció el Conde.
Mientras subían las escaleras comentando sobre la aguda vista del señor Jeremy, los hombres se dieron cuenta que el susodicho se había quedado retrasado agitándose al tener que subir tantas escaleras (y para consternación de Arthur se dieron cuenta también que tenía su propio pañuelo).
Llegaron después a la habitación del Conde y Jeremy comenzó a examinar todo atentamente con una lupa, hasta que en algún momento anunció que el crimen había sido cometido por múltiples asesinos.
-Teníamos razón entonces – declaró el Conde.
-Sí pero – Arthur estaba impresionado – ¿en realidad él deducir todo eso sólo revisando la esencia de los cuerpos?
-Sería fácil capturar al asesino de Georg, pero sería un poco problemático capturar al asesino de Phelps – continuó Jeremy – y a fin de evitar más víctimas lo mejor sería si nos aseguráramos de capturar a este criminal pronto. De todos modos, ningún humano podría ser capaz de salir con esta tormenta.
-¿A qué se refiere? – cuestionó Arthur.
-Con el fin de capturar al asesino de Phelps hay dos requerimientos: uno es esperar el anochecer, el segundo es su cooperación, Conde.
-¿Mi cooperación? – evidentemente eso había tomado al niño sorprendido.
-Sí, la suya. Voy a decirle todo cuando haya caído la noche.
-Bueno – los interrumpió Charles Grey – el siguiente es el mayordomo ¿verdad? Vamos a volver.
Jeremy y el Conde intercambiaron entre ellos una mirada de conocimiento.
Ver esa expresión en el rostro de ambos disipó las últimas dudas que cualquiera hubiera tenido antes con respecto a la identidad de Jeremy… Arthur única excepción, por supuesto.
Llegando a otra habitación un cuerpo cubierto descansaba en el piso más, cuando Jeremy se acercaba y comenzaba a levantar la sábana que lo cubría el Conde se apoyó en Arthur y soltó un chillido escandaloso que atrajo hacia él la atención de Arthur y del Conde Grey.
-Serías un gran asistente de mago… dice Goethe – dijo Snake para consternación de Arthur.
-Lo siento – se disculpó en chiquillo – ver el cuerpo de Sebastian tantas veces… es sólo que es demasiado para mí.
-¿Ver su cuerpo otra vez es más duro que desnudarlo para buscar la llave? – preguntó Abberline escéptico.
-Sin embargo lo está diciendo de forma convincente… dice Keats.
Pero esta vez Sebastian no estaba de acuerdo con la serpiente rojiza: a su gusto esa interpretación por parte de su amo había quedado por debajo de la magistral actuación que había dado al descubrir el "cadáver" en la habitación de Lord Siemes.
-¿Está bien? – Se preocupó Arthur – ¿por qué no se toma un descanso afuera?
-Gracias, señor Conocedor de las palabras.
-¿Qué? – Intervino el Conde Grey – ¿Qué no estabas bien cuando desvestiste el cuerpo del mayordomo un momento atrás?
-Justo mi punto – repitió Abberline.
Y mientras ellos discutían eso Jeremy volvió a cubrir el cuerpo.
-Parece que el mayordomo en realidad fue asesinado de manera muy simple – declaró.
Una vez más los sirvientes (y Snake) sintieron una profunda admiración por la forma en que el Amo y su mayordomo eran capaces de coordinarse con una simple mirada.
El Conde Grey llamó la atención de que era casi la hora de la cena y Jeremy aprovechó el momento para separarse del Conde y sus invitados más, algo debió llamar la atención de Conde Grey porque este volvió a la habitación donde estaba el cuerpo de Sebastian y retiró la sábana que lo cubría…
Por la fracción de segundo que le tomó cambiar de página los nervios del Conde se sintieron estremecer…
…sólo para ver que el cadáver continuaba inerte.
…y eso lo calmó.
Una vez más, la escena cambió a la cocina donde los sirvientes conversaban entre ellos.
-¿Entonces el viejo de verdad será capaz de encontrar al culpable? – preguntaba el rubio con cierto escepticismo.
-Estoy preocupada por eso también – era la respuesta de Mey-Rin – pero en este momento decidir lo que vamos a hacer para la cena de hoy es más importante, no tenemos ni siquiera algo de carne o pescado para servirlo como plato principal.
Cuando alguien comenzó a tocar a la puerta de la cocina los sirvientes se angustiaron pensando que era el Conde Grey quien venía a terminar con lo que quedaba de la comida pero quien buscaba entrar no era otro que Jeremy, quien en lugar de tratar de asaltar la cocina les preguntó si tenían problemas y entonces los sirvientes explicaron que la única comida que les quedaba para servir como plato principal era frijoles de soya y harina. Lejos de inquietarse Jeremy preguntó si había un campo de hierbas en la mansión.
Como si leyera su propio pensamiento los labios de Sebastian se curvaron en una sonrisa al estar seguro de lo que estaba por proponer.
Al recibir una respuesta afirmativa explicó a los sirvientes que las hierbas podían ser utilizadas para añadir sabor a la comida y que los frijoles de suya les permitirían preparar carne de soya.
-¿Carne de soya? – cuestionaron todos incrédulos.
-Es una imitación de carne que está hecha de frijoles de soya – explicó – es un poco difícil hacerla pero si te las arreglas para prepararla bien no vas a ser capaz de decir que realmente es frijol de soya. Con esta gran cantidad de frijoles de soya puedes ser capaz de hacer filetes de hamburguesas para 30 personas.
-¡Sorprendente!
Con la clásica actitud efusiva (y mandona) de Sebastian, Jeremy rápidamente envió a todos a trabajar y fue en ese momento que Mey-Rin recordó la botella con el líquido rojo que había encontrado entre las cosas de la Srta. Irene y le contó a los otros sus sospechas de que si la mujer lucía tan joven era por ser un vampiro. La teoría asustó a Finny y puso escéptico a Bard pero Jeremy sólo parecía pensativo.
-Espero que no vaya a decir que efectivamente estamos lidiando con vampiros – dijo Bard más fastidiado que preocupado.
-Por supuesto yo nunca he conocido a un vampiro en persona – explicó – pero pienso que puedo suponer qué es ese líquido.
Después prometió explicarles esa misma noche lo que el líquido era, pero también les recordó (ahora suavemente) que su atención debería estar enfocada en la comida y hasta se ofreció a ayudar con los preparativos.
-Una preocupación menos – suspiró el niño satisfecho.
En el comedor…
-Ah ¡Estoy satisfecho! ¡Estaba delicioso! – se regocijó el Conde Grey con dos enormes pilas de platos a sus costados –. Los filetes de hamburguesa de hoy no estaban para nada grasosos, yo podría estar comiéndolos por siempre. Como es de esperarse, la carne usada por los Phantomhive es otra cosa.
Todos rieron ante esa declaración.
-Gracias – aceptó el niño.
Y las caras complacidas de Jeremy y de los sirvientes eran algo que ver.
-Bien – habló Lau – entonces, ahora que todos estamos satisfechos ¿por qué finalmente no nos introduce a la verdad de estos incidentes?
Eso pareció atraer la atención del conde Grey.
-Bien, no seamos precipitados ahora, aún hay cosas que quisiera preparar antes de eso – respondió Jeremy – ¿Me prestaría su ayuda, Conde?
Esa sonrisa satisfecha en el rostro de "Jeremy" no le daba buena espina al niño.
-Sí. ¿Qué debo hacer?
-Bien, entonces Conde… ¡Desvístase!
-¿¡QUÉÉÉÉÉ!? – gritó el niño con toda la fuerza de sus pulmones.
-¿¡QUÉÉÉÉÉ!? – la fuerza del grito del Conde fue tal que fue capaz de escucharse al exterior de la mansión aún a pesar de la tormenta.
-No entiendo – chilló Finny repentinamente preocupado por la cicatriz en la espalda de su amo – ¿por qué le está pidiendo algo así el señor S…Jeremy al Joven Amo?
-Sin duda habrá una buena razón detrás de esa petición – defendió Sebastian.
Los demás no dijeron nada. Con excepción de las serpientes todos seguían medio aturdidos por el grito del niño.
Entonces, en la siguiente página se veía que la noche había caído, la lluvia continuaba y la habitación estaba a obscuras. El Conde parecía como si estuviera dormido y Jeremy, Arthur y el Conde Grey estaban agachados junto a la puerta.
-Escuche Conde: bajo ninguna circunstancia debe alzar su voz, no debe mover ningún músculo. Sea paciente y no abra sus ojos hasta que yo se lo diga; si lo hace, será atrapado por la "cadena de muerte" en un abrir y cerrar de ojos.
-¿Por qué tengo la impresión de que una vez más están usando al Conde de carnada? – comentó Abberline.
-Dado que esta vez el asesino parece estar directamente detrás de mí supongo que no tengo derecho a quejarme – suspiró el Conde con fastidio.
Arthur daba vueltas en su cabeza a las palabras dichas por el Sr. Jeremy:
-El asesino con toda seguridad vendrá a la cama del Conde esta noche también, nosotros vamos a esperar ahí y capturarlo, no se preocupe, él con seguridad va a aparecer. No obstante, nosotros no sabemos dónde es que él aparecerá, así que no pierdan la concentración.
Eso es lo que dijo pero ¿el asesino realmente aparecerá en la escena del crimen de nuevo?
-Admito que eso no suena muy lógico – reconoció Bard.
-Tal vez, pero si Jeremy dice que aparecerá entonces aparecerá – aseguró el Conde con confianza.
Sebastian esbozó una sonrisa discreta. ¡Ah! A veces era tal la confianza de su amo…
Pero, como para responder a las dudas del escritor un sonido se escuchó, las imágenes mostraron algo acercándose a la cama del Conde y…
A una señal de Jeremy Ranmao "hizo a un lado" al asesino de una patada bien dada desde debajo de las mantas, el Conde Grey se dispuso entonces a atacar con su espada pero fue detenido por Jeremy y, el capítulo terminó con todos contemplando al "asesino" con diversas expresiones que iban desde la sorpresa hasta la decepción.
-¡Ah! – Se quejó Finny – ¿Por qué lo termina ahí?
-Típica forma de crear suspenso – comentó el Conde sonriendo con malicia.
-Entonces hay que leer – insinuó Abberline evidentemente tan emocionado como los demás.
-Coincido con usted – aceptó el niño volteando las páginas para encontrar que la primera hoja del capítulo 47 mostraba una página a color con los últimos eventos del capítulo anterior.
Si definitivamente permitiera que ese hombre perdiera la vida, yo, como un mayordomo, con gusto abrazaría la muerte. Capítulo 47. Ese mayordomo, Contemplando.
-Eso es bastante dramatismo – suspiró el conde contemplando la imagen (a color) de Sebastian inerte y adornado por rosas rojas.
En la siguiente imagen Tanaka fue a otra habitación en la que todos los que no habían estado en la "emboscada" al asesino aguardaban, y ese todos incluía al Conde firmemente custodiado por todos los demás y envuelto en lo que debía ser un abrigo negro varias veces su talla. Minutos después de que el mayordomo anunciara que el asesino había sido capturado, Arthur y los demás llegaron también diciendo traer con ellos al asesino… que no era otro que una serpiente.
-¡Una serpiente! – gritaron todos e inconscientemente voltearon a ver a Snake.
-¡No nos miren así! ¡Ninguno de nosotros conocemos a esa serpiente!... dice Bronte – trató de defenderse Snake.
Aunque Sebastian estaba a punto de señalar que todos esos hechos estaban sucediendo en el futuro, el rápido pasar a la siguiente página del Conde no le permitió hablar.
-Es difícil de creer que realmente vino hacia la joven dama que vestía la ropa del Conde – comentaba Arthur mirando Ranmao.
-No critiques… dice Wordsworth… - protestó Snake.
-Para compensar su falta de visión, las serpientes tienen un muy desarrollado sentido del olfato y audición – explicó Jeremy – es por eso que ellas son capaces de encontrar su presa en la oscuridad a través de las vibraciones del sonido y el olor. En otras palabras… lo más probable es que la serpiente fue entrenada para alimentarse justo después de ser expuesta a la esencia del Conde…
O tal vez sólo se le dijo qué aroma seguir – sugirió Emily preocupada.
…Si uno utiliza una serpiente, no importa si ellos tienen una llave o una coartada. Esta serpiente es una "Mamba negra", ellas habitan en Sudáfrica y poseen una fuerte neurotoxina con la que la víctima morirá inevitablemente dentro de una hora después de haber sido mordida…
Justo el tipo de amigo que nos gustaría hacer si estuviésemos tratando de dar caza a una persona – apoyó Oscar la preocupación de Emily.
…Finalmente, posee características especiales como los movimientos más rápidos del mundo y una excelente capacidad de trepar árboles. Es la serpiente perfecta para ser usada en un asesinato. Pero – concluyó – una serpiente es una serpiente, y no sabía si la persona a la que mordía era el Conde o no.
-Ya veo – comprendió Arthur – para el criminal fue un acontecimiento inesperado que el Conde estuviera durmiendo en otra parte.
-Y el único quien durmió en mi cama esa noche fue Patrick Phelps – terminó el Conde.
-¿Entonces el Joven Amo fue el objetivo todo el tiempo? – preguntó Finny con horror.
-Todo parece apuntar a eso – le respondió Bard no más contento que el jardinero.
-Me percaté que probablemente se mostraría de nuevo si estaba hambrienta así que hicimos guardia y apareció como lo esperaba – continuó Jeremy –. Fuimos afortunados de tener a esta joven dama que pudo vestir la ropa del Conde y tomar su lugar, porque en una situación de emergencia el Conde no podría haber sido capaz de evadir el ataque ¿verdad?
-Si el Conde muere estaríamos en problemas ¿Verdad Ranmao? – comentó Lau.
-Feliz – decía Ranmao apretando al niño (visiblemente incómodo) contra su cuerpo – estás a salvo.
A duras penas los presentes contuvieron los ataques de risa que seguían de ver al joven amo tan incómodo con Sebastian y Snake siendo las únicas excepciones.
Sebastian porque mejor aprovechó el tiempo para burlarse de su amo con unas cuantas palabras bien escogidas, y Snake porque una preocupación comenzaba a instalarse en su mente.
Mientras Jeremy y Lau se burlaban del Conde Arthur hizo la observación de que transportar serpientes en buques mercantes era ilegal y así comenzaron a hacerse varias observaciones que hicieron a los presentes caer en la cuenta de que si la serpiente era originaria de África entonces…
-Entonces es el señor Woodley – señalaron los sirvientes del mismo modo en que los asistentes de la fiesta lo hacían.
-No lo sé – murmuró Abberline – aunque Woodley parece la respuesta obvia al misterio de la serpiente, la serpiente por sí misma no es la respuesta definitiva para todas las cosas que han estado sucediendo.
-Concuerdo con Abberline – señaló el Conde – después de todo una serpiente no habría sido físicamente capaz de apuñalar a Siemes o a Sebastian, y ya que concluimos que Sebastian fue apuñalado por la misma persona que planeó el asesinato de Siemes entonces asesinar a Phelps sería estúpido ya que desde un principio se esperaba que yo fuera encontrado culpable por los crímenes. Puede que esto suene extraño pero yo pienso que la serpiente fue enviada tras de mí por alguien que tiene algo en contra mía que no se relaciona para nada con la fiesta.
Esas palabras en lugar de animarlo hundieron más el estómago de Snake.
Argumentos a favor y en contra de Woodley fueron dichos hasta que Jeremy explicó (a través de un muy largo discurso que hizo referencias a Romeo y Julieta) que Lord Siemes había consumido la toxina de pez globo para fingir su muerte y así ayudar a incriminar al Conde.
-Entonces Lord Siemes se llevará una interesante sorpresa una vez que vuelva en sí – comentó Bard con cierto resentimiento, arrepentido ahora de no haber inspeccionado la herida él mismo… aunque también puede que de haberlo hecho nada hubiese cambiado, después de todo ser soldado no es lo mismo que ser médico.
-Pero no despertará – sentenció Abberline con los rasgos tensos.
-¿Eh?
-El inspector tiene razón – apoyó Sebastian – porque a estas alturas si Lord Siemes estuviese con vida debería de haber comenzado a moverse ya.
-¿Qué? Pero entonces… él en verdad está… ¿muerto? – cuestionó Mey-Rin insegura.
-Tal y cómo se ven las cosas el asesino vio sus planes frustrados en más de una manera – explicó el Conde – pienso que no sería una exageración decir que asesinar a Siemes sería una forma segura de silenciarlo.
En las siguientes imágenes Jeremy confirmó que Lord Siemes realmente había sido apuñalado hasta la muerte haciendo sospechar a Arthur que el plan había sido urdido con la intención de entrampar al Conde.
-Pero Lord Siemes y yo nunca nos habíamos visto antes, no hay razón para él de querer atraerme a una trampa – contradijo el Conde – nosotros sólo podemos verlo como siendo utilizado y luego silenciado al asesinarlo.
Las cejas de Sebastian se levantaron ante su curiosidad por saber qué mentira era la que iba a decir a continuación su amo.
Mientras Jeremy descartaba la idea de encontrar al autor intelectual del crimen mediante el método de preguntar a los presentes lo que habían hablado con Siemes, el Conde Grey preguntó por el paradero de la botella del veneno que él supuestamente había bebido.
Con el cuestionamiento respecto a la botella Abberline se sintió seguro de que sus sospechas estaban por confirmarse.
-Eso es fácil, él se deshizo de ella en un lugar dónde nadie podría examinar de inmediato – explicó el Conde – en el fuego por ejemplo.
-¡¿En el fuego?! – saltaron todos… o casi todos.
-Si realmente se deshizo de la botella en el fuego de la chimenea eso explicaría el motivo detrás del asesinato de Sebastian – comprendió Bart.
-Sí, de hecho evitar que el mayordomo encontrara los restos de la botella entre las cenizas podría haber sido la razón… dice Wilde.
-Es cierto – aceptó el Bart del manga recordando esa noche – había una cantidad ridícula de madera en el fuego en ese entonces.
-Nosotros definitivamente no podríamos encontrarla ahí – concedió Arthur – y si él la recolectó una vez que el resplandor se había apagado…
-Eso no fue posible debido a Sebastian – aclaró el Conde.
-Ya veo – murmuró Arthur – el Conde sospechó que se le había tendido una trampa y mandó a Sebastian a "limpiar" la chimenea para que pudiera examinar la escena del crimen sin levantar sospechas.
No precisamente, señor conocedor de las palabras. No precisamente… pero bastante cerca.
-¡Es verdad! ¡Antes de que él pudiera destruir la evidencia, el mayordomo ya había venido a recolectar las cenizas!
-Eso… ¡Eso es una tontería! – gritó Woodley.
Con los nervios a flor de piel y las cosas poniéndose cada vez más intensas la chimenea fue revisada y fragmentos de cristal (que de algún modo Jeremy logró ensamblar para formar una pequeña ampolleta) fueron encontrados.
Con Woodley siendo ahora señalado como el asesino…
Amo y mayordomo intercambiaron entre ellos una mirada suspicaz.
…el Conde explicó que la motivación detrás del crimen bien podría haber sido el interés económico de un proyecto de explotación de diamantes. Woodley de inmediato trató de trató de lanzar una acusación al Conde pero la espada del Conde Grey en su garganta lo silencio.
Las cejas del Conde se levantaron casi imperceptiblemente, pues dudaba seriamente que Charles Grey hiciera alguna vez una intervención así para su favor… a menos que algo más o un interés de otro tipo estuviese involucrado.
-Tal vez el interés de alguien más – pensó.
-Conde Grey, yo tengo un elemento bastante apropiado aquí ¿Qué tal si lo usamos? – sugirió el Conde ofreciendo la cadena y los grilletes con los que el propio Conde Grey había sugerido que le atara a la cama.
Y aunque con dicho grilletes se aseguró a Woodley, la expresión del mayordomo de la reina no era una satisfecha.
-¿Soy yo o ese tipo de blanco ya no parece nada contento?... dice Oscar.
-¡Qué va! Se nota que al tipo le ha pegado que alguien más haya hecho su trabajo mejor que él – comentó Bard con el cigarro en la boca.
Mientras el Conde Grey se marchaba escoltando a Woodley Finny se preguntó en voz alta por el líquido rojo que Mey-Rin había descubierto en el equipaje de Irene Díaz y se explicó entonces que ese líquido era un extracto de perilla roja que era bueno para evitar el envejecimiento y la fatiga.
Todos cayeron de sus sillas con estupor… figurativamente hablando, claro está.
Con un extracto de dicha planta elaborado por Jeremy es que finalmente Arthur condujo un brindis por la resolución del caso.
Pero en la sala de lectura el joven Arthur no se sentía satisfecho. Llámenlo loco pero había cabos sueltos en ese caso que continuaban dándole vueltas en la cabeza.
De esta forma, la casi demoniaca noche en la mansión embrujada terminó y cada uno de nosotros fue enviado de regreso a casa. El cielo aclaró como si la noche anterior nunca había existido y la orquesta de lluvia conducida por un demonio se transformó en el piar de los pajarillos. Como sea, por alguna razón, una pequeña sensación de disconformidad había dejado una mancha en mi corazón. Como una nube que goteaba una sombra sobre el despejado cielo.
Me pregunté por qué nosotros resolvimos el caso. Es como una niebla que se ha instalado ante mis ojos… es como estar con vistas a algo grande.
Sus cavilaciones fueron interrumpidas por Jeremy tocando a la ventana del carruaje.
-¿Ahora qué es lo que tiene que decirle Sebastian? – se preguntó el conde mordiéndose los labios mientras evitaba a toda costa mirar hacia su mayordomo de manera sospechosa.
-Qué sombrío rostro – comentó el pastor – aun cuando resolvimos el caso.
-No – trató de distraerse el escritor –, no es eso… y usted nos ayudó tremendamente Sr. Jeremy, se lo agradezco muchísimo.
-Yo debería agradecerle. Nosotros probablemente no nos encontremos de nuevo pero, pera usted todo lo mejor. Sr. Conocedor de las palabras – hizo un súbito cambio a francés que desconcertó tremendamente a Arthur – Gracias por cuidar del Joven Amo.
¿¡"Cuidar del joven Amo"!? ¡Esas fueron exactamente las mismas palabras del mayordomo! – siseó Goethe alarmada.
-¿Qué es lo que pretendes con esto Sebastian? – gruñó el Conde en un volumen demasiado bajo como ser detectable a un oído humano.
En ese momento el carruaje arrancó llevándose a Arthur del lugar pero, mientras los recuerdos de las palabras del mayordomo y los acontecimientos de la noche daban vueltas en su mente el joven escritor terminó ordenando al cochero regresar a la mansión y al llegar al lugar irrumpió confrontando a Jeremy sobre ser el mayordomo Sebastian.
Mientras Arthur se mordía los labios en una línea fina todos los demás (Sebastian y el Conde excluidos) se mantenían tensos, preguntándose qué castigo es el que le esperaba a esa alma amable y desafortunada de Arthur que había tenido la mala suerte de quedar envuelta en uno de los secretos de la mansión Phantomhive.
-Excelente – felicitó "Jeremy" con una sonrisa –. Al parecer te hemos subestimado un poco. O no, más bien debería ser propenso a decir "parece que lo hemos subestimado groseramente a usted señor". ¿No señor conocedor de las palabras? – y mientras hablaba así se arrancaba del rostro la máscara del rostro de Jeremy para revelar ni más ni menos que a Sebastian Michaelis.
Por un momento, un minúsculo momento Arthur estuvo tentado a gritar su sorpresa y su desconcierto, pero se detuvo… y se detuvo porque observando a su alrededor nadie más parecía genuinamente sorprendido por esa revelación y, si en realidad nadie se sorprendía por algo así ¿qué tipo de gente era la que habitaba en verdad en la mansión Phantomhive?
-¿Alguna pregunta que quiera hacer, señor conocedor de las palabras? – preguntó el Conde con una sonrisa que parecería el epitome de la inocencia de no ser por el brillo malicioso de esos bellos ojos azules.
-N…no – respondió titubeante – ninguna en absoluto, Conde Phantomhive – respondió Arthur y, aunque era evidente que había sido todo un logro no atragantarse con sus propias palabras, esa respuesta había provocado en el niño la expresión de satisfacción que en un chico de su edad normalmente sería provocada por un la llegada de un compañero de juegos.
-Me alegra escuchar eso. Bard ¿podrías seguir leyendo por favor?
-Sí, joven amo – aceptó el "chef" tomando el libro.
"La mejor interpretación se da cuando un actor "se convierte" en su personaje" – podía leerse en la portada que ilustraba la imagen de Sebastian sentado en el sillón del amo con las manos tocándose por debajo de la barbilla y las piernas cruzadas.
Capítulo 48: Ese mayordomo, solución.
-Yo… - murmuraba Arthur – Yo no puedo creerlo. ¿Cómo puede estar sucediendo algo tan irreal?
-Oh – suspiró Sebastian casi decepcionado – ¿No volviste porque estabas seguro de esto?
-A veces el fanfarroneo es una gran estrategia de interrogación – habló el Conde sorpresivamente en defensa del escritor.
-Sí pero por desgracia no siempre obtiene los mejores resultados – respondió Abberline.
-Si tú sólo te hubiese ido, habrías regresado a tu pacífica "realidad" – continuó el mayordomo –. Por lo tanto ¿por qué volviste entonces? Incluso estás temblando.
-Po… porque, si mi sensación de disconformidad no fuese una "simple" sensación de disconformidad, ¡tendría que haber ido detrás del carruaje de la policía inmediatamente!
-Entonces también lo notaste – murmuró Abberline con los labios apretados.
-Tu sentido de la justicia es tan fuerte, sr. Conocedor de las palabras – le dijo el conde entre risas apagadas – y has mencionado en tus trabajos que te gustaban los caballeros de la edad media pero ¿no te has percatado de que si tú sabes la verdad, no podrás ser capaz de volver a casa?
-¿Qué? – palideció Arthur.
-¿¡Qué!? – chilló Arthur asustado.
-Sólo estoy bromeando – aclaró el chico a su huésped turbado – es como tú supones… Woodley no era el criminal… o por lo menos no en "este" caso…
-¿Qué? – como una las voces de todos en la habitación reflejaron el mismo grito de sorpresa que daba el Arthur del manga…
Todas las voces excepto las de Abberline, El Conde, Sebastian… y Snake.
Y por cierto, era a este último la persona a la que los ojos del mayordomo se habían estado desviando sutilmente a lo largo de los últimos capítulos.
-…Como sea, él merece estar en ese carruaje – continuó como si nada.
-¿Qué quieres decir? – cuestionó Arthur.
-Quiere decir – respondió Sebastian – que si el joven amo se tomó la molestia de hacer planes específicos para el señor Woodley eso sólo puede significar que es porque el señor Woodley ha perturbado el delicado equilibro del "bajo mundo".
Pero en lugar de responder de forma directa, el Conde y Sebastian llevaron a Arthur al invernadero, donde le ofrecieron té y bocadillos que el Conde prometió que no estaban envenenados.
Una vez se instalaron, Sebastian preguntó al escritor cómo es que supo que estaba vivo.
-En realidad – explicó Arthur – no es como si tuviera una especie de convicción de que él aún estaba con vida; fue más como que seguía teniendo esta vaga sensación de disconformidad. Yo no estoy seguro de cómo decir esto pero él sólo fue… demasiado perfecto – al ver las caras incrédulas de sus anfitriones decidió elaborarse un poco más –. Aun cuando yo tenía esta sensación de disconformidad sobre el mayordomo Sebastian y el pastor Jeremy, no había ni un solo defecto ninguno de ellos dos… ellos eran demasiado perfectos… Demasiado perfectos, más bien era extraño.
-Sí – masculló Bard pensando en sus propias suspicacias del pasado – comprendo qué quieres decir.
-¿Y con esto estás intentando decir…?
-Que no había forma que hubiese preparado todo tan perfectamente antes de morir… bueno, de ser asesinado. La comida, el búho, incluso tus palabras hacia mí fueron muy perfectas. Eso no fue sólo un presentimiento. Y el pastor Jeremy quien apareció después fue sospechoso no importa cómo lo vieras, pero su coartada fue tan perfecta que no había razones para dudar de ella. Y luego sus palabras en nuestra despedida… Al momento de escuchar eso me percaté de la verdadera naturaleza de mi constante disconformidad, y también "la posibilidad de algo irreal" que podría derrocar todo nuestro razonamiento.
-¿La posibilidad de algo irreal? – cuestionó el Conde.
-La posibilidad ¡de que el mayordomo Sebastian no había muerto!
Silencio de unos cuanto segundos y entonces…
-Sorprendente – felicitó el Conde al aspirante a escritor sentado junto a él – realmente tiene instintos bastante afilados, señor conocedor de las palabras.
Y Arthur no sabía qué decir a eso. ¿Qué tipo de respuesta puedes darle a alguien que te felicita por haber visto a través del fraude de un asesinato?
-El pensar que llegaste a pensar eso y regresar después de aquellas palabras… Eres todo lo que uno esperaría de alguien quien ha obtenido los elogios del Joven Amo – felicitó Sebastian.
-Deja de decir semejantes cosas innecesarias – se quejó el niño intercambiando con su mayordomo una mirada bastante abierta a interpretaciones.
-¿Y qué parte de mí te hizo pensar eso? – cuestionó Sebastian desviando la atención hacia sí con una sonrisa.
-Una de ella fue al momento de la muerte de Lord Siemes –explicó Arthur – en ese momento tú no estabas haciendo nada más que observar nuestros movimientos y estábamos hablando de la persona quien reaccionó tan rápidamente durante el disturbio en la velada aquí. Cuando pienso en ello ahora, no puedo pensar nada más que debió de haber existido una razón para ello.
"Luego cuando el Conde fue sospechoso, tú no pronunciaste una sola palabra en su defensa y, para un mayordomo el no proteger a su amo incluso un poco es extraño. ¿Lo sabías? Que las sospechas en el Conde serían levantadas tan pronto como el siguiente asesinato ocurriera."
-Por supuesto que me percaté de eso – asintió el mayordomo con solemnidad.
-Entonces tú realmente…
-Como sea, esa no fue la razón por la que no protegí al Joven Amo.
-¿Eh?
-¿Eh?
-Honestamente pensé que en este capítulo se aclararían algunas cosas – comentó Bard – pero la verdad sea dicha ahora estoy más confundido que hace cinco minutos.
-Un poco más de paciencia – pidió el Conde – tengo el presentimiento de que una explicación más detallada viene a continuación.
Y sorprendentemente, en las siguientes páginas (y tras un muy sutil intercambio de reproches) amo y mayordomo explicaron que ellos sospechaban no sólo que Lord Siemes sería el "sacrificio" mediante el cual se trataría de inculpar al Joven Amo, sino también que Sebastian también sería asesinado.
Y así entre remembranzas y recuentos de los días pasados, Sebastian explicó que antes de entrar a la habitación ciertos sonidos y aromas lo llevaron a sospechar que Siemes había bebido un narcótico y arrojado la botella a la chimenea.
-¡Espera un minuto! – Chilló Arthur – ¿Por qué no dijiste eso inmediatamente?...
-Porque eso iría en contra de los intereses del Conde ¿no es así? – explicó Abberline sombríamente.
-…Si tú hubiese dicho eso, seguramente la acusación podría haber sido retirada sin el Conde siendo sospechoso.
-El Joven Amo parecía estar observando la situación, así que yo hice lo mismo.
-Un asesinato bajo aquellas circunstancias – intervino el niño llevándose un bocadillo a los labios – desde el principio yo pensé que debía haber sido un montaje – un sorbo a su té –. Aparte de él estando vivo o muerto, yo supuse que Siemes había tomado el veneno por sí mismo y después de eso es como el mayordomo dijo. Yo pensé que no sería demasiado tarde, incluso si nos movíamos después de atraparle la cola al criminal.
Viendo la expresión de travesura en el rostro de su amo Sebastian no pudo evitar sonreír. En verdad que su Joven Amo era un humano sumamente interesante.
-Ya veo – comprendió Arthur – es por eso que tú hiciste rellenar el carbón ¿verdad?
-Sí – fue la respuesta simple del Conde.
-Yo percibí eso también – elaboró Sebastian –. No hay necesidad de recoger cenizas en una habitación vacía y en efecto, el verdadero significado de esa orden era "inspeccionar la chimenea muy de cerca". Aunque tú eres un amo cruel – la sonrisa del mayordomo se volvió hacia el niño – ya que me diste la orden sabiendo que yo podría ser asesinado si inspeccionaba la chimenea.
-También "sí" a eso – respondió el Conde – aunque sería algo impropio de ti si nuestro contrato pudiese romperse de una forma tan patética ¿no es así?
-Yes, my Lord – respondió el mayordomo con una sonrisa.
-Yo nunca pensé que sería como esperábamos desde hace tanto tiempo – explicó el Conde en el manga sin una sola pizca de remordimiento.
-¿Cómo esperabas? – se sorprendió Arthur.
-Sí – respondió Sebastian – yo fui asesinado, pero este no fue un escenario decidido por Dios o por el destino. Sino uno decidido por mi amo, con el tiempo decidido por mi amo. Yo fui asesinado por el criminal esperado por mi amo… por aquel que vino a atormentar a mi Amo: El Conde Grey.
-¡¿El Conde Grey?! – y esta vez incluso Abberline y Arthur tuvieron que sumarse a las voces de incredulidad al descubrir la identidad del asesino.
