La Niña Maldita
o El destino de aquellos que sufren el pasado.
Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter (Wizarding World) es propiedad de J.K. Rowling
Capítulo XVII
21 de diciembre de 2021. Mediodía.
—¡Weasley, Wesley! —vitoreaban los alumnos en la larga mesa.
El gran comedor se había teñido con los colores de cada una de las casas. El ambiente deportivo había dejado de lado el festivo y todos esperaban ansiosos la Copa Especial de Quidditch que se disputaría esa misma tarde.
El evento ocurría en una época diferente a la temporada habitual y la participación de exalumnos como titulares para los equipos hacía todo más interesante. Además, la presencia de una exjugadora profesional, elevaba las expectativas hacia las nubes.
Albus, que no era particularmente bueno en el quidditch, estaría en las gradas, alentando tanto por Scorpius y los Slytherin, como por Rose y su madre en Gryffindor.
La mesa en la que solían almorzar junto a Delphini, estaba atestada de simpatizantes del deporte y miembros de la casa de estandartes rojizos, debido a que Ginny Weasley almorzaba allí ese día.
Luego de un rato de empujones y gritos, Albus y Scorpius se cansaron de intentar tomar asiento, optando por sentarse en una mesa apartada del bullicio.
Su madre había sido una de las mejores cazadoras en su época como jugadora profesional y vicecampeona del mundo con el uniforme nacional, por lo que muchos de los presentes eran admiradores.
—¿Tu madre no se agobia con tanta efusividad a su alrededor? —preguntó Scorpius—. Algunos de esos fanáticos parecen insistentes.
Albus se encogió de hombros, rara vez había visto a su madre molesta o irritada por las preguntas, los autógrafos o aquello que conllevaba la fama.
El único recuerdo agrio de su vida como jugadora ocurrió en los días siguientes a la final del mundo que habían perdido, cuando El Profeta la proclamó como el factor principal de la derrota contra Uruguay.
—Mientras ninguno diga alguna estupidez, estará bien —respondió finalmente—. ¿Y tú padre?
—Está conversando con algunos de sus excompañeros —comentó Scorpius, dirigiendo la mirada hacia Draco Malfoy—, intenté convencerlo de que se uniera a nosotros hoy, pero dice que no es muy buen jugador. ¿Tu padre no jugará? Era un buscador increíble.
Desde que habían visitado la casa de Sirius Black II, Albus no había visto ni hablado con su padre. Dudaba que llegara para los partidos de quidditch de esa tarde o los enfrentamientos del club de duelo del día siguiente.
«Quizás incluso se olvide de la fiesta de navidad» pensó. Si bien era una fecha que el mago recordaba y nunca se ausentaba, la situación con MAE volvía a las festividades un tema secundario.
—No lo creo, ha estado muy ocupado. No querrá jugar —replicó Albus—. Por otro lado, y ya que has evitado el tema, ¿hablaste con Rose?
—¿Sobre qué? —preguntó, al notar que su broma no sonaba divertida, continuó—. No quiere hablar conmigo.
—No la culpo, fuiste un idiota.
—Lo sé, pero no soy estúpido —dijo—. No quiero arruinar una amistad por mezclar sentimientos que quizás cambien en un abrir y cerrar de ojos. O enamorarme y perderla para siempre…
Scorpius Malfoy había sufrido la pérdida de su madre días antes del comienzo de clases. Albus sabía que la parte de su amigo que hablaba, era la misma que recordaba el afecto hacia Astoria y el dolor por haberla perdido a una prematura edad.
Era probable que Scorpius no volviera a amar a otra persona hasta finalmente superar la muerte de su madre y el dolor que le produce estar sin ella.
21 de diciembre de 2021. Tarde.
—El clima promete un cielo despejado y los equipos, un partido interesante —pronunció el comentarista por el altoparlante—. Gryffindor y Slytherin vencieron a sus oponentes y consolidaron un puesto en esta final. El «dream team» de cada casa dará todo su potencial y veremos que sorpresas nos traen para esta final. Mi nombre es Taylor Thomas y para los comentarios me acompaña Lysander Scamander. ¿Qué tienes para decirnos, Orate?
—Que veo un futuro oscuro para Slytherin en este partido.
—¿Dices eso porque Gryffindor le ganó a Ravenclaw en su primer partido? —replicó Taylor—. No debes culparte, aunque fueras un buen guardián, te enfrentabas a Ginny Weasley.
–No, no hablo de eso —respondió—, parece que una cantidad considerable de torposolos han flotado sobre las cabezas de los jugadores y puede que pierdan algunas de sus capacidades cerebrales. En cualquier caso, Edward Flint no debe preocuparse por eso, ya que no ha anotado un solo punto en los últimos quince partidos y su promedio escolar no hace más que bajar.
—¡TE ESCUCHÉ, ORATE! —se oyó desde la cancha.
—Cómo sea —continuó Taylor, interrumpiendo los desvaríos del comentarista—, el juego ha comenzado y la quaffle está en manos de Gryffindor. Rose Granger se la pasa a su tía, Ginny Weasley… Ginny de vuelta a Rose en una jugada triangular perfecta…. ¡Increíble maniobra de la capitana para evitar que el roben el balón!... Rose se dispone a tirar y… ¡anotación! ¡Son diez puntos para Gryffindor!
—Una interesante jugada de la familia Weasley —complementó Lysander—, son los primeros diez puntos del equipo rojo y dorado, en un partido que parece sentenciado tras el primer ataque…
Tal y como había anticipado el comentario de Lysander, el partido se caracterizó por el dominio de la triada de cazadoras y fue resuelto finalmente por la mano ágil de Diane Jordan, la buscadora.
Albus observó desde la tribuna la seguidilla de goles que su madre y prima asestaban en los aros pobremente cubiertos por su amigo Scorpius. No era cómo la final del año anterior, el guardián de Slytherin estaba en llamas y sus reflejos eran ejemplares, pero la precisión de Rose era inhumana en ese momento.
—¿Qué tiene para decirnos el MVP del partido? —preguntó Taylor cuando Rose se sentó a su lado—. Tuviste una actuación excepcional, te convertiste en la máxima goleadora del partido, superando incluso tu marca del campeonato anterior, y lograste la victoria prácticamente sola. ¿Qué te inspiró en particular este día?
—Bueno… La presencia de mi madre en las tribunas y con mi tía apoyándome en la cancha, supongo que todo se dio para que el partido fuera brillante. Además, el guardián de Slytherin no estaba claro el día de hoy…
Scorpius alzó su mano hacia Rose y elevó el dedo del medio con un claro enfado, poniendo rumbo hacia los vestuarios, mientras una profesora le llamaba la atención por el grosero gesto.
No había que ser un genio para darse cuenta de que las cosas estaban peor entre ellos de lo que querían admitir por separado, pero Albus no podía ser mediador de su discusión en ese momento, no con la inminente llegada de MAE al colegio y su deber para con Delphini.
22 de diciembre de 2021. Mañana.
—No quiere hablarle.
Delphini y Albus observaban desde sus asientos los duelos que se realizaban frente a ellos. Aunque faltaban pocos minutos para que el muchacho se uniera a los duelistas, su mente solo pensaba en MAE y el rito del Pájaro Cantor.
—Albus —insistió Delphini—, ¿me estás escuchando?
—Lo siento, he estado muy distraído.
Delphini había hablado toda la noche con Rose sobre Scorpius y lo mal que se había portado con ella. Albus sabía que su amigo era un completo desastre cuando se trataba de relaciones, pero desde la pérdida de su madre, pensaba que nunca volvería a interactuar con normalidad con alguien que no fuera él.
—Las cosas se arreglarán tarde o temprano —afirmó, mientras miraba la conclusión del duelo que se disputaba en ese momento—, sé que eso ocurrirá. Ambos son impulsivos, pero se conocen desde hace mucho cómo para distanciarse por no poder ser más que amigos.
—No es solo eso, ya te lo había dicho —reiteró la muchacha, dándose cuenta que Albus no le estaba prestando atención—. Rose intentó arreglar las cosas con Scorpius la noche previa al partido, pero fue él quien rechazó sus disculpas.
—¿Qué? Rose no tenía por qué disculparse.
—Lo sé, es lo que te estoy diciendo —dijo, llevándose la mano al rostro—. Me contó que Scorpius estaba alterado y le gritó sin razón, diciéndole cosas extremadamente hirientes. No te hablé de esto ayer porque te notabas perturbado por lo que hablaron con tu padre, pero hoy pareces aún más distraído. ¿Puedo hacer algo para que estés mejor?
—Tendremos la gran final ahora —indicó el profesor Longbotton.
—No te preocupes, Delph —afirmó Albus, mientras besaba sus labios con delicadeza—. Pronto todo será diferente.
Albus se levantó de su asiento y emprendió el rumbo hacia el escenario de su siguiente batalla. Había combatido contra estudiantes de cada casa en duelos individuales, logrando derrotarlos en tiempo récord y demostrando que supo ser el campeón del Club de Duelos con anterioridad.
Ese camino lo había llevado hasta ese momento, debía enfrentarse en la final a un miembro de su propia casa. Su mejor amigo, Scorpius Malfoy.
—Del lado izquierdo, tenemos a Albus Potter, de la casa Slytherin —exclamó el profesor Longbotton—; y a la derecha se encuentra Scorpius Malfoy, también de Slytherin. Ya saben las reglas, deben derribar a su oponente dos veces para obtener la victoria y su misión es hacerlo con la inteligencia de un brujo de Hogwarts.
» No usen hechizos que dañen físicamente a su oponente, ni tampoco uno que busque desarmarlo, ya que podrían poner en peligro la lealtad de la varita del otro mago. ¿Están preparados? Comiencen.
Albus sabía que Scorpius sería un rival difícil, ya que, a diferencia de él, su amigo era experto en magia no verbal. Pero, gracias a sus clases privadas con Lysander, se había vuelto muy bueno leyendo a las personas e intuyendo qué hechizos usarían dependiendo de la situación.
Además, el mayor le había enseñado a distinguir las estelas de los hechizos y lograr diferenciar entre encantamientos cuyas auras se asemejaban. Estos conocimientos, aunque poco conocidos y fuera del programa escolar, eran la única forma de enfrentarse con seguridad a magos poderosos.
Los contendientes izaron sus varitas hacia arriba y se voltearon rápidamente. Dieron varios pasos hacia lados opuestos y, cuando volvieron a estar frente a frente, era hora del duelo.
El primero en conjurar fue Albus, utilizó un hechizo de cosquillas, a la vez que se movía hacia su izquierda, intentando cubrirse en uno de los laterales de la arena.
El área de duelo es un pasillo que se divide en dos secciones, donde cada duelista tiene espacio suficiente para moverse y cubrirse a medida que el combate avanza. La arena también posee distintos mecanismos que se activan por magia, sean para defenderse u atacar, que fueron creados por los profesores de Hogwarts para que los alumnos no actúen de manera imprudente y usen hechizos que puedan causar heridas serias.
Scorpius esquivó ágilmente el encantamiento y contratacó con un hechizo rojizo, de aura irregular, con leves destellos blancos. Albus reconoció el rictusempra.
Se escondió tras la cobertura y la magia impactó contra ella, esperó un instante antes de salir nuevamente para replicar, pero Scorpius había previsto el movimiento de su amigo. Un hechizo de aura blanquecina aterrizó sobre el pecho de Albus, ocasionando que saliera disparado hacia la pared del fondo de la arena.
Albus se levantó a regañadientes del suelo y se dio cuenta que Scorpius portaba una mirada sumamente fría, si bien no había distinguido de que hechizo se trataba, Lysander le había lanzado los suficientes como para saber que era uno del tipo aturdidor.
El hechizo no pasó desapercibido ante el profesor Longbottom.
—Por el uso de un hechizo no permitido dentro de los duelos, Scorpius Malfoy queda descalificado —exclamó—. Albus Potter es el ganador.
Para cuando el profesor dejó de hablar, Scorpius se había marchado del salón. Albus corrió a buscarlo con prisa y, cuando se encontró frente a él, lo tomó del cuello de la camisa.
—¿Qué demonios te pasa? —cuestionó—. Antes del partido volviste a pelearte con Rose y ayer parecía que estabas bien conmigo, pero hoy te comportas como un idiota.
—Déjame solo, Potter. —El tono frío y distante hicieron que mermase el agarre de Albus, dejando que el joven Malfoy se perdiese por los pasillos del colegio.
Esa tarde tendría que asistir a la ceremonia de premiación y a los duelos de padres e hijos, pero debería hacerlo solo, pues Scorpius no asistiría y dudaba que Harry Potter se presentara.
Si bien esa clase de emociones habían desaparecido cuando Delphini apareció en su vida, Albus volvía nuevamente a sentirse extremadamente solo.
Nota de autor: ¡Gracias por leer!
