Asesinos de dioses, así los catalogaban, hombres con la capacidad de alcanzar más allá del octavo sentido, el noveno sentido.
Aquél que podía superar las barreras de la muerte e incluso las barreras establecidas por la misma eternidad, para superar el poder de un dios, los asesinos de dioses eran considerados seres de increíble capacidad y fuerza, como sus nombres lo indican capaces de asesinar dioses.

En la historia han existido miles de ejemplares con este poder, pero de entre todos solo pocos de ellos han sobresalido, entre algunas de esas leyendas se cuentan de un hombre que vistió la armadura del León.
Un arquero que alguna vez portó el manto del Centauro Alado.
La historia de un guerrero de personalidades duales con el poder capaz de rivalizar a un dios.
El poema de un caballero cuya mente y cuerpo lograron alcanzar la divinidad.
Entre otras que se han contado a lo largo de la historia humana.

Pero… la historia que más resuena es del Corcel alado, un guerrero tan poderoso que su sola presencia hacía que los humanos y dioses temieran, un guerrero tan fuerte como invencible, sus habilidades en combate superaban a las del resto, sus puños podían atravesar el cielo y sus patadas desgarrar la tierra.
Precisamente la historia más contada por que en cada generación, un guerrero nacía con estas cualidades, siempre adoptando el manto del corcel alado. Quizá era un capricho del destino el que fuera así, o tan solo una simple coincidencia que trascendía de generación en generación de caballeros.
Lo cierto es que era la historia más contada, pues es la que más representa el sueño de los caballeros, que un muchacho salido de la nada, tenga el poder de ayudar a otros, alguien que nadie esperaría nada, convertido en un guerrero poderoso capaz de salvar a toda la humanidad.
Un guerrero capaz de empuñar la armadura de Sagitario con la cual terminó con diferentes batallas y dioses a lo largo del tiempo.
Ese hombre, peleó al lado de dioses y demonios por igual, dio su vida en más de una ocasión por lo que ese hombre más que un humano, era un dios entre hombres, haber peleado durante tanto tiempo, ya fuera en la tierra, el mar, el inframundo o en el cielo, le habían otorgado el título de leyenda viviente.

Y ahora frente a la casa del Centauro, ese guerrero admiraba al horizonte, su armadura hacía tiempo había pasado de ser de bronce al oro más puro y resplandeciente… Ese era el camino que lo había llevado, aquél que lo había conducido a ser el bastión más grande de la esperanza.
La lanza que había perforado toda oscuridad y había traído a este mundo la luz de la esperanza.

El último Asesino de Dioses, Seiya de Sagitario. El hombre que superó el poder de un dios…

Y ese hombre este día veía subiendo hacia su casa a un muchacho, en algún tiempo fue un pequeño potro, pero ya había pasado un tiempo desde la primera vez que extendió sus alas, ahora ante él se paraba un corcel, un bello muchacho que poseía la juventud que él alguna vez tuvo.
Había cambiado, pero era él… la vida que él había salvado y protegido una vez frente a él.

Suspiró, encontrándose con la mirada del muchacho… quien le sonreía con júbilo, así como el centauro de oro le sonreía con orgullo, era el muchacho que su diosa había criado.
Y aunque quisiera negarlo, ambos se parecían más de lo que él alguna vez estuvo dispuesto a aceptar.

—Koga…—Seiya murmuró al ver al muchacho llegando a la casa de Sagitario.

—Señor Seiya…—Respondió el joven caballero admirando al hombre que le había salvado la vida cuando era la criatura más frágil del mundo.

Ambos caballeros se quedaron mirando en silencio el uno al otro, tanto Koga como Seiya eran dos hombres completamente diferentes a cuando se habían conocido, el caballero de Pegaso actual era un muchacho diferente, el antiguo caballero del corcel alado era un hombre que había cambiado desde la primera vez que utilizó esa armadura.
Mucho después de haber conocido a Koga, ahora eran guerreros que se respetaban mutuamente, Koga era su propio hombre y Seiya era la mejor versión de sí mismo, ambos habían superado mucho, vivido y pasado por mucho.

Ahora estaban una vez más frente a frente como una prueba de que el tiempo sanaba heridas., cambiaba a la gente, pero, sobre todo, hacía que la admiración pasara a ser comprensión y más temprano que tarde se convertía en respeto.
Respeto que ahora ambos compartían por el otro.

—Has crecido… veo que, aprovechaste bien este tiempo lejos. — Añadió el santo de sagitario colocando su mano sobre el hombro del joven caballero de Pegaso.

—Sí, el maestro Kiki me dijo lo mismo, aunque… no me siento muy diferente, claro he aprendido muchas cosas estando lejos, muchas cosas del mundo… me siento más sabio, más fuerte. Pero no me siento muy diferente a mis primeros años como caballero. —Cuando dijo eso Seiya río levemente por la mención del muchacho, lo cual lo hizo arquear una ceja confundido por la reacción del caballero de Sagitario.
—¿Que sucede?

—Así debe sentirse Koga, incluso yo que he visto y hecho de todo, en ocasiones no puedo evitar pensar que… me faltan cosas por hacer o aprender. —Añadió caminando hacia la orilla del suelo, viendo hacia el horizonte tranquilamente, la vista era gloriosa y aún más para un hombre que había vivido luchando para ver algo tan hermoso como esto así.
—Incluso cuando sientes que ya no tienes nada más que aprender, te sorprendes al descubrir algo nuevo, tanto del mundo como de ti mismo.

Al escucharlo, Koga no pudo sino sonreír, esas palabras… eran las de un hombre que, en efecto, se había vuelto cada vez más sabio con el pasar de los años.
—Supongo que tienes razón, aún tengo muchas cosas que aprender. —Respondió Koga mirando hacia el santo de Sagitario, quien siempre fue una figura a seguir para él.

—Y dime, ¿cuál fue tu conclusión? —Preguntó Seiya regresando sus ojos cafés hacia el muchacho, quien miró sorprendido al caballero de Sagitario, quien le sonreía amablemente.
—Digo, ¿que fue lo que aprendiste de tu viaje? ¿Que conclusión obtuviste para que quisieras volver al santuario?

—Bueno, a decir verdad es algo gracioso y es que…—Koga bajó un poco la mirada, recordando todos los hermosos paisajes que había visto a lo largo de sus viajes, todas las personas que había conocido, a los buenos samaritanos quienes le tendían una mano y a las personas que había ayudado durante su paso por esas tierras.
—Creía que ya lo sabía, pero necesitaba seguir explorándome como persona para saberlo y es que, este mundo… vale la pena luchar por él, vale la pena seguir luchando por las personas que lo habitan, la humanidad tiene defectos pero…—Fue entonces que el joven caballero miró a su figura paterna con calma en su mirada.
—Son esos defectos los que nos hacen humanos igual, esta vida es valiosa porque nosotros decidimos que hacer con ella, además de… lo que deseamos que en un futuro se vuelva.

Seiya escuchó con atención mostrando un interés en las palabras de su muchacho, quien pareía mucho más vivo que antes, en sus ojos podía ver esa llama juvenil que él solía tener y que jamás había olvidado.
—¿Y qué es lo que deseas que sea tu futuro? —Preguntó obligando al caballero Pegaso a alzar su mirada hacia Seiya, el que ahora había hecho la pregunta más importante hasta ahora.

Koga dudó en responder, pero nuevamente llenó su pecho de coraje y miró hacia el caballero que le había salvado la vida en más de una ocasión.
—Quiero estar junto a mis amigos, quiero vivir y luchar al lado de ellos, eso es lo que quiero… y además…—Koga entonces pudo ver el rostro de Yuna en su mente, además de recordar a Eden y su decisión final de quedarse en la ciudad de Pallas junto a Selene.
—Quiero… decirle algo importante a una persona muy importante. —Dicho eso los ojos del caballero de bronce se volvieron a encontrar con los del Pegaso dorado.

Seiya sonrió nuevamente ante la mención.
—Es Yuna ¿verdad?

—Eehhh… ¿que? Yo, yo no… digo Yuna es una chica linda, pero yo… ehhh…—Koga trató de escudarse en algo, pero era inútil, sus mejillas y su actitud lo habían delatado completamente.

—No te preocupes, te entiendo Koga. —Seiya respondió rápidamente cerrando sus ojos, aunque la actitud del muchacho era simplemente cómica, casi adorable para alguien que lo había conocido prácticamente de toda la vida.

—Eh… ¿en serio? —Preguntó sorprendido por las palabras del Santo de Sagitario, quien instintivamente se cruzó de brazos.

—Sí, aunque mi caso es un poco más complejo, pues…—Seiya no supo que más decirle, pues era cierto, quisiera negarlo o no.
—La vida nos unió… pero no quiso que estuviéramos juntos.

Estaba perdidamente enamorado de su diosa, pero Saori, aun queriéndolo o no, no podía simplemente aceptar el amor de uno de sus caballeros, ella era la diosa de la tierra y ella debía amar a los humanos, no solo podía entregarle su amor a uno, era un sueño imposible.
Y a su vez, era un sueño tan hermoso como inalcanzable.

Él era un humano… ella era una diosa, un dolor que solo podía ser suavizado al entender su posición como caballero, pelear y defender a su diosa hasta el último aliento, no había nada más en este mundo que le diera más esperanzas que esa idea.

—Bueno… me gusta lo que han hecho con el santuario. —Comentó Koga después del largo silencio de Seiya, quien regresó a la realidad después de haberse perdido en sus pensamientos.
—Se ve bien incluso un poco mejor que antes. —Al decir eso, Seiya río levemente una vez más.

—Sí… Harbinger ha enderezado mucho las cosas por aquí, desde que asumió el puesto de patriarca… él ha cambiado muchas cosas. Quizá más que cuando Saga estuvo al mando. —Seiya añadió suspirando levemente.

Y era cierto, el santuario tenía más vida que antes, sin mencionar que ahora los caballeros se entendían mejor, tanto los santos de plata como de bronce comenzaban a tratarse como iguales, incluso los caballeros de Oro comenzaban a aceptarlos dentro de las doce casas como guardias de los templos donde sus respectivos guardianes faltaban.

—Jeh, ¿quién hubiera imaginado que Harbinger sería tan buen patriarca? —Pregunto Koga, haciendo que Seiya asintiera ante aquella verdad innegable.

—Y que lo digas muchacho…—Añadió colocando su mano sobre el hombro de su protegido, quien alzó su mirada hacia el caballero de sagitario, Ambos miraron al horizonte durante unos segundos en silencio, hasta que Koga volvió a tomar la palabra.

—Yuna me dijo que Shun se fue al futuro, debió… ser duro dejarlo ir, pero, probablemente donde quiera que esté, está haciendo lo mejor para salvar al mundo. —Comentó el caballero de Pegaso un tanto apenado por el tema que quería abordar con Seiya, pero él… no pareció molestarse en lo absoluto por ello.

—Lo fue, pero… somos caballeros, nuestro destino es luchar por el amor y la paz en la tierra, y si no nuestro ideal es luchar por lo justo, para que al momento de perecer nuestras vidas hayan valido algo, un sacrificio aceptable por un futuro mejor para todos. —Seiya complemento, mientras que Koga asentía.

Esa era la verdad indiscutible de los caballeros, con su fe puesta sobre su misión debían combatir sin temor, de esa forma triunfar sobre el miedo invencible.
No importando el dolor que debían soportar de pie.
De ellos dependía el futuro de esta y las siguientes generaciones que los precedieran.
Ese era el ideal de los santos de la diosa Atenea.

—Sí, lo sé, pero me gustaría vivir un tiempo más, solo para ver algo de ese futuro…—Pensó en voz alta, recordando con especial afecto a Aria, quien hacía tanto tiempo ya había partido a una vida mejor.
—Pero aunque me gustaría yo sé que tomará un tiempo, hasta que pueda ver a mi hermana Aria de nuevo…—Al decir eso Seiya bajó su mirada hacia, Koga mientras sus palabras resonaban en su mente, "Hasta que pueda ver a mi hermana nuevamente…" para entonces agarrarse la frente al sentir una punzada de dolor.

"¡Quiero volver a ver a mi hermana!" La voz de un jovencito se hizo presente en su mente… no se parecía a ninguna que hubiera escuchado antes, más bien… parecía la suya, pero mucho más joven. Koga se dio cuenta del cambio de Seiya y lo miró con preocupación.

—¿Señor Seiya se encuentra bien? —Preguntó alarmado por las acciones del santo de Sagitario, quien asintió levemente hacia Koga, tratando de no darle más atención a ese ligero dolor de cabeza.

—Sí… no te preocupes muchacho… estoy bien…—Murmuró el caballero de oro mirando a una dirección en concreto, trató de pensar en que pudo haber ocasionado aquello, pero… solo podía ver un enorme vacío negro dentro de su mente.

—Huh… bueno si tú lo dices…—Respondió Koga suspirando levemente. —¿Me permitirías pasar por la casa de Sagitario? Quisiera hablar con la señorita Saori, quisiera contarle, todas mis aventuras a lo largo y ancho del mundo.

—¿Uh? Oh sí… pasa, estás en tu hogar de todas formas. —Respondió sonriéndole a su muchacho tranquilamente, quien asistió levemente.

—Con permiso, Señor Seiya. —Finalizó el chico pasando de lago al caballero dorado de sagitario, para finalmente dirigirse hacia su casa y hacia la siguiente casa del Zodiaco.

Seiya nuevamente quedó solo, solo con sus pensamientos, no podía evitar pensar en algo, algo que no estaba completamente bien, pues al intentar pensar en que podía ser, solo veía un vacío negro, pero mientras más y más lo pensaba podía darse cuenta de algo muy importante.
Su pasado, sus recuerdos, algo faltaba en ellos, no entendía que pero… no veía nada.
No tenía ningún recuerdo de cuando era niño, de hecho no había nada en ese espacio en negro dentro de su mente, mientras más intentaba recordar, más le dolía hacerlo.

Y eso era lo que ocasionaba un conflicto en su interior, ¿Qué había olvidado y por qué? Si era tan importante jamás debió haberlo olvidado, pero… era su infancia, su niñez y parte de su adolescencia, algo así no podía olvidarlo jamás pero…
Allí estaba, ese espacio en negro, donde no existía nada, solo un eco que rebumba en su mente… por un momento se sintió ridículo al creer que le estaba dando demasiadas vueltas al asunto.

Pero al mirar a sus manos pudo sentir una extraña sensación, una sensación de miedo… o dolor, no entendía que significaba esto… pero algo dentro de sí le decía que algo había perdido, algo importante, que había perdido el sentido de su vida.
Pero mientras más lo pensaba más ilógico sonaba, hasta que sintió algo cayendo en su palma, y luego una más ¿esas eran lágrimas?

Al tocar su mejilla pudo comprobarlo mejor, él estaba llorando, pero… ¿por qué? ¿Qué había perdido? ¿Qué había sido tan importante para su vida como para llorar por haberlo perdido?

—¿Que está pasando? —Se preguntó confundido, por primera vez en tantos años se sintió como un niño perdido, con miedo y abandonado. ¿Qué era esta sensación que parecía apuñalar su corazón? ¿Y porqué justamente cuando Koga había mencionado a Aria era ahora que lo sentía?

No lo sabía… pero, necesitaba descubrir quién había sido antes de ser el caballero de Sagitario. Jamás en su vida se preguntó eso con detenimiento pues jamás le dio tanta importancia como en ese momento, cuando vio el enorme vacío dentro de su mente y una fuerte sensación punzante en su pecho. No tenía recuerdos de quién había sido además de ser un caballero.
Su pasado se había extraviado, no entendía como o porqué… pero necesitaba respuestas con respecto a la vida que había olvidado.

Caballeros del Zodiaco: Guardianes del Universo.
(Saint Seiya: Guardians)
Libro 1: El Nuevo Despertar de Hades.
Capítulo 11: Sagitario.

Obscuridad… una profunda oscuridad, vacío… todo era vacío, todo excepto algo que flotaba en ese oscuro vacío, un joven caballero, su cuerpo despedía una luz pálida, él se encontraba inconsciente en ese oscuro fondo negro, hasta que poco a poco comenzó a abrir sus ojos… él miró a su alrededor y el vacío le dio la bienvenida, confundido comenzó a inspeccionar el lugar, no se parecía a ningún sitio que hubiera conocido antes.
Esto no era un recuerdo o el espacio astral de sueños que solía visitar, era algo muy diferente, algo tan poco familiar que resultaba atemorizante. Pero él, ni corto ni perezoso comenzó a examinar el lugar donde "aquí" fuese

—¿Hola? —Preguntó recibiendo como respuesta el eco de su voz, Por alguna razón eso no le dio buena espina. —¡Hola! —Exclamó tratando de buscar una ayuda, un algo que le ayudara a reconocer el lugar donde se encontraba, pero no había nada…
Solo el vacío y una extraña sensación de sentirse observado por un ser que lo vigilaba entre las sombras.

Un ser silente que solo se dedicaba a mirarlo entre la inmensa oscuridad.

Eso era lo que incomodaba al joven caballero, más pronto que tarde la incomodidad pasó a los nervios y de los nervios al miedo, al no poder discernir que se encontraba al otro lado de la puerta de la obscuridad, podría ser hades… podría ser otra pesadilla.
Podría ser incluso un advenimiento de lo que se avecinaba, pero poco a poco esos pensamientos fueron intercambiados cuando frente a él una silueta apareció de las sombras, la silueta de un caballo enorme, aunque estaba oscuro se podía ver por las miles y millones de estrellas que componían su cuerpo, parecía la imagen de Pegaso, pero sus facciones eran definidas por una luz azul… Y en su frente el cristal de la armadura resplandecía con fuerza

La imagen de aquel Pegaso oscuro pareció acercarse tan solo unos centímetros hasta que Seinma pudo verlo en todo su esplendor. La cabeza era mucho más grande que el cuerpo del muchacho, por lo que causó una sensación de incomodidad en el caballero, una imagen así era aterradora se viera donde se viera.

—Veo que sobreviviste a tu primera batalla, pude sentir tu miedo, tu rabia, tu impotencia, para ser tu primera vez peleando contra un enemigo real, hiciste lo mejor que pudiste, pero… dudaste, te congelaste y sobre todo dejaste que el enemigo se te escapará, pudiste acabar con ellos, pero no lo hiciste. —Esa voz, no había duda era el Pegaso, su Pegaso. El alma de la armadura y él… aún así sonaba diferente, como si ese Pegaso fuera un ser completamente diferente a quien había conocido anteriormente.

Seinma miró hacia arriba encontrándose con los ojos del equino, quienes esperaban una respuesta a sus palabras, Seinma bajó la mirada no tenía excusas, pero tampoco quería mentirle, él podía ser como Aria. Y podía ver en sus pensamientos.

—Yo… no quería hacerle daño a nadie, solo quería salvar a las personas. —El joven caballero respondió tratando de justificarse.

—Y lo hiciste… tus acciones lograron salvar a miles de personas, pero las mismas condenaron 79 personas, si tan solo hubieras actuado rápido ante el peligro… sin detenerte y sin dudar de tus propias acciones. —El Pegaso respondió después que el muchacho lo hiciera.

—Se supone que debo ser un héroe y los héroes no matan a sus enemigos.

—¿Un "Héroe" dices? Jeh, curioso, creo que leer tantos comics te han afectado. —Respondió el Corcel sempiterno, inamovible.
—Tú no eres ningún héroe, eres un caballero y nuestros talentos yacen en otras cosas.

—Yo… yo solo quería. —Trató de decir… pero no supo que responder en realidad, un leve dolor de cabeza lo hizo mirar al suelo.

—Lo sé… quieres ser algo que no eres, algo para lo que no estás hecho a ser, tú no eres ningún héroe, eres un caballero, un soldado. Y no estás luchando una simple batalla, estas luchando una guerra. ¿Crees que el enemigo hubiera dudado como tú lo hiciste? No, el enemigo no esperará hasta que tus dilemas morales se arreglen ellos te enfrentarán y asesinarán sin piedad, justo como a la gente de la ciudad.

—Lo sé, pero… pero logré enfrentarme al enemigo. Al menos logré repeler a la amenaza y salvar a las personas de la ciudad. —Trató de decir Seinma, pero, ni siquiera él era consciente de que todo había sido un enorme golpe de suerte.

—No, ni tus acciones ni la de tus compañeros fueron suficientes, el enemigo se retiró por que el ejercitó llegó justo a tiempo para ayudarlos, si el combate se hubiera extendido hasta que cada uno de ustedes se hubiera quedado sin energías, los hubieran asesinado a todos. ¿En ese caso quien habría tenido la culpa? —Las preguntas que le lanzaba el Pegaso eran contundentes, por no decir dolorosas para el joven caballero, odiaba que le recordaran que en efecto, él solo era un niño jugando a ser guerrero.

Podía romperse sus brazos como sus puños en entrenamientos, obligarse a llegar al límite físico y mental para mejorar su cosmos, pero si no era lo suficientemente fuerte como para afrontar una situación de riesgo, donde la vida y la muerte eran un entramado juego de quién lograba golpear más rápido, más fuerte, sin misericordia por el enemigo.

—Yo… yo solo quiero estar a la altura de las expectativas, quiero serle de utilidad a Athena, al Patriarca, deseo poder serles útil en la batalla, solo eso quiero y quiero… con todo mi corazón. —Seinma bajó la cabeza por un momento, recordando el rostro de su hermana, con aquella sonrisa que siempre le había dado esperanzas.
—¡Quiero ser lo suficientemente fuerte para proteger a Seika! —Exclamó con fuerza, alzando sus ojos hacia el corcel hecho de estrellas frente a él.

—Entiendo… Dime una cosa, ¿al menos eres consciente de lo que eres? —La pregunta confundió al caballero.

—Soy… soy un heredero, un guerrero elegido para ser la lanza que perfore toda oscuridad. —Seinma respondió con fuerza y determinación, pero al momento de responder por primera vez vio al Pegaso cambiar su expresión a na aún más triste.

—Supongo que nunca te lo has preguntado realmente… dime, ¿en realidad haces esto por serle útil a Athena? ¿O es porqué una fuerza mayor a ti te obliga a creerlo? —Le preguntaba el Pegaso nuevamente causando aún más confusión y dudas en la mente del muchacho.
—Dime… todo lo que has hecho hasta ahora, ¿ha sido por qué lo has querido así? ¿O por qué simplemente has seguido lo que los demás te han dicho que es tu destino?

—Yo… yo…—Seinma no supo que responderle, aunque era cierto que Tanto Arkhamira, como el Patriarca y Genki le habían dicho sobre su destino, era que él lo había aceptado, ese destino lo había aceptado por que había sido su prueba para ser digno de su armadura.
—Yo hago esto por qué fue mi Destino, tú me elegiste, tú me has dado tu fuerza y poder, por esa razón también lo hago, para seguir siendo digno de ti.

Pegaso no volvió a responder, solo se le quedaba mirando al joven caballero, sus ojos aunque transmitían determinación y certeza, los suyos también habían demostrado eso… y vaya que él había muerto con muchos arrepentimientos por eso mismo.
Por no haber optado por una vía que le hubiera evitado más dolor.

—Muchacho… Incluso si fue parte de tu prueba aceptar este destino, ¿seguirás aceptándolo una vez que los peores horrores de la guerra te destruyan? ¿Seguirás estando firme a tu palabra aún cuando todo lo que amas y estimas se te sea arrebatado de las manos? ¿Estarás dispuesto a seguir aceptando este destino, aún después de que todo lo que te ha guiado hasta aquí no sean más que cenizas? —Aquella pregunta dejó nuevamente a Seinma en silencio, una pregunta tan contundente y tan dolorosa que obligó al muchacho a dudar en responder.

—S-Sí…—Murmuró bajando la cabeza, pensando en sus amigos, pensando en su hermana… pensando en su querido hogar, por ellos estaba haciendo todo esto, para obtener el poder para evitar que eso ocurriera, aunque, aún con el poder necesario para salvar a otros, se preguntaba si sería capaz de salvarse a sí mismo.

—Espero que si… aunque aún así te debo preguntar, ¿estás dispuesto a aceptar el dolor? ¿La agonía? ¿Estás seguro que esto es lo que deseas que sea tu futuro? —Preguntaba nuevamente obligando al joven a alzar su cabeza hacia él.
—Un universo en paz requiere sacrificios, grandes sacrificios… no deseo que respondas a estas preguntas ahora, pero hazte esa misma pregunta a medida que crezcas, a medida que tú visión cambie.

» ¿Cuánto estas dispuesto a sacrificar para traer la paz? ¿Tu Cuerpo, tu Alma? ¿Tu… libertad? ¿Es que acaso los regalos de Athena han sido Símbolos de Protección? ¿O… una forma de apaciguar la mente de un hombre que aceptó de primera mano convertirse en un esclavo?

—¿A que te refieres con eso? —Preguntó el joven de cabello y ojos castaños, mirando con preocupación al corcel alado. Este mismo no respondió, dejando la incógnita ardiendo fuertemente en la mente del santo cuya armadura le estaba haciendo todas estas preguntas que por primera vez en mucho tiempo.

Le estaban obligando a pensar no como un caballero, sino como un humano que tenía tanto sueños como anhelos, cosas que en un abrir y cerrar de ojos desaparecerían si le tocaban las peores cartas.
El destino era algo tan azaroso como desconocido, nadie era tan sabio o viejo como para ver todos los finales.
Y nadie era tan fuerte como para aceptar perderlo todo por un simple ideal.

—Lo descubrirás… más temprano que tarde, tan solo reza para que sea pronto, antes de que la mentira se vuelva real. —Explicó después de unos segundos de silencio.
—Por ahora, debes despertar, tus acciones y las de tus amigos atrajeron la atención que no necesitaban encima suyo. En este momento, tanto tú como Dannyela, Johnathan, Shinryū y Benjamín se encuentran dentro de una instalación de máxima seguridad.

—¿Qué? —Interrogó sorprendido por la mención, aunque al recordar detenidamente lo sucedido en la batalla, pudo recordar a la perfección cuando los soldados de Acero comenzaron a dispararles munición paralizante para apresarlos.
—Es cierto, esa es la parte que aun no comprendo. ¿Por qué lo hicieron?

—Esas preguntas no puedo responderlas yo, pero tranquilo, personas de gran poder van a interceder por ustedes… aunque, no te aseguro que lo hagan sin imponerte un castigo a ti y a tus amigos. Un consejo, la próxima vez que ocurra una locura, intenta precipitarte menos y pensar antes de actuar, tuvieron suerte en que no los asesinaran esta vez… la próxima quizá no corran con la misma suerte. —Le decía haciendo resplandecer el cristal de su cabeza, que con cada segundo la luz se hacía cada vez más intensa e insoportable para los ojos de Seinma. Quien solo podía sentir como el cosmos del equino alado lo hacía tomar conciencia una vez más.

El joven caballero Pegaso finalmente despertó, su cabeza le dolía horriblemente… así como sus músculos y huesos, al intentar mirar a su alrededor pudo notar en donde se encontraba, era un cuarto oscuro, parecido al lugar donde se había encontrado en sueños, pero a diferencia de aquél lugar.
Parecía una sala de espejos, al mirar a su alrededor podía ver su reflejo entre las sombras, cuatro paredes y el suelo estaban recubiertos por este material reflectante oscuro.
Al mirar hacia arriba había una simple luz que parecía flotar por sobre su cabeza, tuvo que alejar rápidamente sus ojos de esa luz, tratando de moverse pudo percatarse de otra cosa.

Estaba sentado sobre una silla de metal y sus manos se encontraban fuertemente sujetadas sobre su espalda, un par de objetos muy poderosos tenían apresadas sus muñecas, por lo cual no podía mover sus brazos, al igual que sus piernas las cuales eran sujetadas de la misma forma por un artefacto de metal que las agarraba fuertemente de los tobillos.

—Ah… maldición, ¡Mary! ¡Danny, John, Shin, Ben! ¿¡Están allí!? —Trató de llamarlos, pero no parecía haber nadie más en las cercanías además de él.
—¡Chicos…!

Estaba muy equivocado, al otro lado de las paredes tanto soldados republicanos como de acero lo habían estado monitoreando constantemente, para ver como reaccionaba a un ambiente apartado de los demás.
Era obvio que necesitaban saber la razón del porqué se encontraban aquí, porqué habían actuado sin orden o supervisión del gobierno, específicamente por esa única razón lo tenían enjaulado como a un animal.

—Huh, ¿qué te parece? Este ya se despertó, el santuario sí que hace duros a estos muchachos. —Un soldado comentaba detrás de la pared reflectante, revelándose como un soldado de acero, clasificación Lyla-400, era una chica de cabello oscuro corto, ojos azules, que al igual que sus compañeros presentaba partes biomecánicas, específicamente en su brazo derecho, sus ojos y sus piernas, contando con extrañas protuberancias arriba de los pómulos, justamente al lado de sus ojos. Deteniéndose en las cejas y en el tronco nasal.

Las venas fluorescentes que los demás soldados presentaban se alineaban específicamente en esas partes, a su lado la soldado de acero Arin-321 miraba tranquilamente al muchacho al otro lado del cristal, él no parecía ser un mal joven de hecho aún poseía una mirada inocente.
Lo que en realidad le preocupaba era que después de haber recibido una golpiza, y 4 disparos de armas tranquilizantes él se estuviera despertando como si nada.

—Sí, déjame hablar con él a ver si puedo sacar algo de información. —Pidió la soldado activando el micrófono para hablar con el caballero dentro de la habitación oscura.
—Caballero, ¿puedes escucharme?

Seinma pudo sentir como si sus oídos retumbaran, aún no estaba del todo bien, después del ataque de la mandrágora el dolor de cabeza y el ruido casi hacían que su cabeza le explotara, Arin se percató de esto mismo, por lo que bajó el volumen hasta un nivel más aceptable para el caballero Pegaso.

—Uh… Sí, te escucho, ¿qué eres? ¿por qué me tienen aquí? —Preguntaba el joven caballero confundido de dónde provenía aquella voz, parecía venir de todas direcciones, pero al mismo tiempo de ninguna.

—Lamento no poder responder a tus preguntas muchacho, pero ya deberías saber por qué te encuentras en este lugar, tu patriarca debió hablarte de los despliegues no autorizados. —Arin respondió contundentemente, causando aún más confusión en el caballero Pegaso
—¿Quien dio la orden de despliegue al combate? ¿Fueron los caballeros dorados? ¿El patriarca? ¿Por qué no nos notificaron que iban a atacar los espectros? Sabes que pudimos evitar muchas bajas civiles si nos hubieran advertido del ataque, ¿verdad?

—Yo… no tengo idea de que están hablando, nosotros… solo queríamos ayudar. —Seinma trató de responder, a lo que Arin suspiró pesadamente por la negativa del muchacho, no quería ser dura con él por su relación con… Seika y con la mujer que había impulsado el proyecto que le había salvado la vida, pero necesitaban respuestas.

—Muchacho, estoy siendo lo más comprensiva posible contigo, por favor colabora con nosotros, dinos quien autorizó el despliegue de combate tuyo y el de tu equipo. —Le pedía Arin de la manera más atenta posible, ella no quería pasar a la agresión física y verbal, pero necesitaba toda la información posible para poder proseguir con el informe de la misión.
—Escucha te prometo que podrás salir de aquí sin enfrentar un juicio por insubordinación al tratado de acción al combate… pero por favor te pido que me digas toda la verdad, de eso dependerá si tus amigos y tu saldrán en libertad o no.

Las palabras de la mujer, aunque no le decían nada que él reconociera en un primer instante, había comprendido lo que el Pegaso le había dicho, habían atraído la atención que no necesitaban sobre de ellos.
Y por esa misma razón lo iban a pagar todos ellos… Todo por su culpa, todo por querer í a pelear una batalla que, no le correspondía, pero no pudo evitarlo.
Estaba en su naturaleza luchar por la justicia.

Y por sus errores, no debían pagar los demás… el único que debía pagar por su error era él, aquél que por poco guio a sus amigos a una muerte.

—Yo… yo fui quien les dio la orden de defender la ciudad…—Respondió Seinma bajando su cabeza avergonzado, con aquellas palabras dichas, ambas soldados de Acero se miraron la una a la otra, no podían creer tan si quiera que un muchacho como él hubiera conducido una misión de combate en la ciudad, sin supervisión y sin advertir a las autoridades republicanas del peligro.

Ambas aunque habían escuchado la declaración del caballero dudaban de que fuera cierto, pero antes de que pudieran interrogarlo una vez más, la puerta de la habitación donde se encontraba el joven guerrero se abrió sin previo aviso, la luz lo cegó por unos instantes, tratando de adaptarse a la visión que estaba frente a él pudo ver una mujer adulta de piel blanca, ojos verdes, cabello castaño arreglado en una cola de caballo y lentes, ella llevaba un elegante traje de negocios negro, una camisa blanca, corbata y tacones negros.

Esta mujer entró a la cámara con él y el muchacho la reconoció casi al instante, era la misma señorita que había visto una vez en las noticias… aunque su rostro se le hacía extrañamente familiar.
Ella se acomodó sus lentes para ver detenidamente al muchacho dentro de la cámara, era más joven de lo que esperaba, entonces la mujer miró hacia la dirección donde se encontraban las soldados de acero, quienes estaban más que sorprendidas por que ella estuviera aquí.

—Arin, Lyla. Liberen al caballero por favor. —Pidió la mujer tranquilamente a las soldados, quienes curiosas y confundidas se miraron entre sí, pero al instante acataron la orden liberando al joven guerrero de las silla donde estaba siendo apresado.
—Ahhh… sí que me diste muchos problemas hoy niño, levántate te llevaré con tus compañeros.

—Se… Señorita Asami. —Lyla trató de decir algo, pero fue rápidamente interrumpida por la directora de empresas Kido.

—Retírense soldados, no tienen nada que hacer aquí, yo me ocuparé de esto de ahora en adelante. —Pedía la Presidenta, haciendo que ambas soldados de Acero asintieran y simplemente se retirarán del cuarto de vigilancia, Seinma revisó sus brazos, tenía marcas de las esposas magnéticas que lo habían estado apresando a aquella silla, la cual, tenía un diseño muy curioso, por no decir extraño, era una silla de metal, con dos patas al frente y un mecanismo en la parte trasera, diseñada para inmovilizar a presuntos criminales en una posición en la que no pudieran forcejear o escapar sin lastimarse.
— ¿Estás bien? —Le preguntó extendiéndole una mano al muchacho, quien alzó su mano hacia ella para apoyarse. —¿Te puedes parar?

—Eso creo… ¡ugh! —Apenas intentó ponerse de pie tuvo que arrodillarse, sintiendo una profunda agonía en su vientre así como en su pecho.

—Por dios… ni siquiera tuvieron la decencia de darle un poco de suero, estas instalaciones si tratan como perros a sus prisioneros. —Murmuró admirando como el muchacho lentamente se levantaba del suelo, ayudado por ella.

—Quien… ¿quién eres? ¿Dónde estamos? —Preguntaba el muchacho ayudado por la mujer a salir de aquella habitación obscura, para entonces encontrarse con un pasillo lleno de personal militar, científico y médico, recorriendo los pasillos de la instalación.

—Asami Kido, Directora de Empresas Kido y de todas las operaciones de defensa y tecnología de Ninbus. Y Estamos en la instalación de detención número 616, a donde llevan delincuentes y amenazas de rango Alfa para ser vigilados, interrogarlos y en caso de ser necesario, encerrarlos, torturarlos o ejecutarlos. Tienes suerte de que solo te hayan aplicado las dos primeras, o habrías pasado toda tu vida encerrado en este lugar o peor. —Aclaró la mujer caminando por el largo pasillo sin prestarle atención, al muchacho, quien fue atendido rápidamente por pequeños robots voladores los cuales lo sujetaron para ayudarle a levantarse, Seinma aún se encontraba débil y cansado, lo cual hizo que la señorita suspirara cansada.
—Ahhh… hoy tenía una junta con la administración de la defensa planetaria, no tengo tiempo para hacer de niñera. Robot Médico, adminístrele un poco de suero, no quiero tener que lidiar con los caballeros. O con el patriarca.

Al instante el robot acató la orden, inoculando el cuello del joven caballero con un líquido de color amarillo, ayudándolo a calmar un poco el dolor de su cuerpo.
—Ugh… ¿por qué nos arrestaron? —Preguntaba Seinma genuinamente confundido por el como lo habían tratado y encerrado junto a sus amigos.

—¿Y aun así con todo el show que ocasionaste lo preguntas? Por dios, ¿es que de verdad Shun o Arkhamira no les dijeron nada? —Interrogaba Asami en un tono más que molesto, cansado por tener que lidiar con un problema que ni siquiera era suyo para empezar.
—¿No sé ni de qué me quejo? Debí saber que si los ayudaba me tendría que hacer responsable de ustedes, la próxima vez haré que Camila envié a Faye a encargarse de estos asuntos.

—Yo… no entiendo, ¿hicimos algo mal?

—¡No Seinma, no hicieron nada mal!—Respondió molesta a la pregunta del muchacho, pero más pronto que tarde se tranquilizó, era cierto que los muchachos habían cometido un error, pero lo habían hecho por un bien mayor.
—Escucha, lo que hicieron no estuvo mal, te entiendo, eres joven y estúpido, no sabía las cosas que sucederían si contrarrestaban la amenaza sin avisar a las autoridades de la ciudad, el problema es como lo hicieron, si hubieran esperado a que los soldados aparecieran lo más probable habría sido que nada de esto hubiera escalado a mayores.

» Ahora a las autoridades de Neo Inglaterra piensan que el santuario está actuando por su cuenta, ya deben haber al menos… 30 representantes del santuario tratando de justificar tus acciones y las de tus compañeros, así que la próxima vez que quieras lanzarte al combate piensa primero en las personas que estás poniendo en problemas por no pensar primero en lo que haces.

Seinma no pudo evitar sentirse avergonzado, jamás esperó que buscar combatir a una amenaza y ni siquiera combatir, apenas contenerla lo suficiente para evitar que se cobraran más víctimas, para que al final dejaran ir al enemigo… Se lo había dicho Pegaso y se lo habían dicho la Soldado…
Ahora solo faltaba al reproche de sepa cuantos caballero se ganarían por sus acciones.

Aunque, notó algo extraño y por esa razón él levantó su mirada confundido hacia ella.
—Espera… espera un momento, ¿cómo es que sabes mi nombre?

Asami suspiró y cambió su expresión a una más comprensiva, mucho más compasiva con él y colocó su mano sobre su hombro.
—Por qué te conozco Sein, te conozco, por eso sé que no eres una mala persona, que todo lo que haces es para proteger a otros y eso es increíble en serio pero… pero debes entender que el mundo no funciona así, aunque quieras ser un héroe, otros te verán como una amenaza por eso tienes que pensar primero en quienes pones en peligro…

Eso impresionó aún más a Seinma, era la primera vez que se encontraba con ella en su vida.
—Pero… ¿cómo es que me conoces? —Preguntó el muchacho genuinamente perdido por las palabras de Asami, quien simplemente suspiró pesadamente.

—Lamento que sea así la primera vez que nos veamos formalmente, quizá en otro momento habrá tiempo para conocernos mejor. —Le decía para entonces guiarlo al ala médica, donde lo esperaban con anticipación.
—Tus amigos ya deben estar aquí. Ojalá pudiera hacer más por ti, pero, por ahora es todo lo que puedo hacer, les regresarán todas sus cosas cuando salgan de la instalación. —Continuó únicamente para ver como los robots asistentes lo llevaban dentro de la cámara.
—Ya me debes dos, asegúrate de recordar eso cuando necesite de ti…—Finalizó alejándose de Seinma siendo atendida por otras personas de traje y soldados para llevarla seguramente a otro sitio, en ese momento él pudo comprenderlo.

Como una bala el recuerdo llegó como un gran estruendo, el mensaje en su celular, la asistencia que habían recibido en el metro… solo con decirle "Ya me debes dos" era ella quien los había ayudado anteriormente.

Ella había ayudado a Mary a salir del problema en el que se habían metido en la estación de metro, y ahora lo estaba ayudando nuevamente, ¿pero por qué? Porqué lo había hecho, porqué había dado la cara por él para liberarlo.
Ante tantas preguntas Seinma se obligó a voltear para preguntarle lo que tanto necesitaba saber.

—Espera… ¿por qué haces esto? ¿Quién eres en realidad? —Pregunto el joven Pegaso apresuradamente antes de que la directora Kido se alejará, ella suspiró y miró hacia la dirección del joven de cabello castaño.

—¿No es obvio? Es porque somos Familia… Sein…—Reveló dejando en Shock al caballero de Pegaso, quien quedó mudo ante tal revelación.
—Una vez que regreses a casa, por favor dile a Seika que me devuelva mis llamadas… por favor. —ultimó acompañando a sus asistentes al área de recepción.

Una vez los robots guiaron a Seinma al centro médico, él miró a su alrededor, era una sala de color blanco, con cortinas, máquinas extrañas, además de camas.
El personal médico que se encontraba atendiendo a un par de heridos y allí en un rincón se encontró con sus compañeros, quienes estaban siendo examinados por los doctores presentes.
Eso lo hizo suspirar tranquilo… hasta que al desviar su mirada hacia una de las camas pudo ver a alguien, tendida en una cama y en estado crítico.

Seinma no dudó en correr hacia ella genuinamente preocupado por su estado de salud.
—¡Mary! Por Athena, Mary, ¿estás bien? —Preguntó tratando de correr hacia ella, aunque al momento de apartarse de los pequeños robots asistentes cayó al suelo, ¿de verdad se encontraba tan débil? No se preocupó por ello, simplemente se apresuró a ella lo más rápido que pudo.

—Sein, tranquilo, Liz se encuentra bien. —Murmuró Danny ayudándolo a ponerse nuevamente de pie, aunque ella también parecía cansada, no estaba tan mal como él o los demás caballeros se podrían encontrar.

—Danny, ¿que sucedió? ¿Qué les hicieron? —Preguntó el muchacho preocupado por sus amigos, quienes, no respondieron, algunos por pena y otros por vergüenza, si la situación hubiera sido peor, ningúno de ellos estaría allí en ese momento.

—No nos hicieron nada, trataron de interrogarnos, pero la presidenta Asami y la directora Arkhamira intercedieron por nosotros, ahora deben estar hablando con los altos mandos del gobierno local para que nos dejen en libertad, al parecer nos metimos en problemas con la gente que no debíamos. —Decía la joven de ojos esmeraldas con un poco de pena en su voz, esperaba que ese día todo hubiera sucedido con normalidad pero, al parecer los espectros habían tenido otros planes.
—Dijeron que… el gobierno nos considera traidores por no haber avisado de la amenaza y de utilizar a las personas como carnada para atraer a los espectros… que si les hubiéramos contado nuestro plan, el ejército hubiera intervenido a tiempo para evacuar y evitar el descenso de 79 personas, hombres mujeres, ancianos… y niños…—Murmuró esa última palabra con tristeza en su mirada, pues no podía evitar sentir que esas muertes habían sido su culpa… por no haber reaccionado a tiempo.

—¿Y… ahora que va a pasar? —Interrogó nuevamente el joven caballero alzando sus ojos hacia sus amigos.

—Esperamos a lo que sea que sea que nos diga la directora… o el patriarca, probablemente nos castiguen quitándonos nuestras armaduras… y expulsándonos de Palestra—Decía Johnathan recargando su cabeza en sus brazos, el al igual que sus compañeros, estaba derrotado, tanto física como mentalmente.
—Maldita sea, ¡esto fue un desastre y lo peor de todo es que dejamos escapar a esos malditos espectros!

—Jeh… y eso es lo único que te preocupa…—Susurró sarcásticamente Benjamín, quien evitaba tocar cualquier cosa con sus manos desnudas para evitar congelarlas, sin sus guantes toda la habitación podría terminar convertida en un iglú.

Mientras que Shinryū mantenía lo más posible sus pensamientos dentro de su mente, él tampoco estaba en posición de decir nada al respecto, tan solo se limitó a mantener tanto su boca como sus ojos cerrados ante la falta de sus lentes.

—Chicos, podrían evitar pelear por favor… ya tenemos más que suficiente con que estemos en el ojo de las autoridades…—Pidió la joven Andrómeda suspirando pesadamente, con lo que había escuchado por parte de la directora tenía más que suficiente para pensar.
—Ahhh… que forma de arruinar un día…—Murmuró terriblemente triste, esperaba que ese día fueran juegos y diversión, pero todo había descendido horriblemente hasta convertirse en una batalla por la supervivencia de miles de personas y de ellos mismos.

Tanto Benjamín Como John se callaron, decidieron que lo mejor era evitar más conflictos, de cualquier forma, el día se había arruinado de la peor forma, pelear y enojarse el uno con el otro solo haría que este día fuera de mal a peor.
Arkhamira aún no había terminado de hablar con los mandatarios de Neo Inglaterra, solo esperaban a ver qué clase de castigo les esperaría, si eran afortunados, les gritarían y les darían una sanción, en el peor de los casos… se les retirarían sus armaduras, los expulsarían de Palestra y para colmo, se les negaría el acceso al santuario…
Eso sería en el peor de los casos y en la infame, serían culpados por atentar con la paz de Ninbus, se les acusaría de traidores, los encerrarían en prisión por el resto de sus vidas para cumplir con una condena injusta por sus acciones.

No habían llegado tan lejos para que todos esos esfuerzos fueran en vano, eran jóvenes habían cometido errores.
Pero si por esos errores debían pagar caro, ¿entonces de que sirvió proteger la ciudad si al final los iban a tratar como sucios criminales? Ellos eran mejores que eso… mucho mejores que se considerados criminales.

Los pensamientos de los cinco muchachos pasaron a segundo plano cuando la joven Amazona del águila comenzó a despertar tosiendo levemente.
—Ah… Ah… Sein, ¿eres tú? —Preguntó la joven alzando su cabeza levemente, el joven caballero instintivamente fue hacia ella, para acudir a su llamado.

—Mary… ¿Mary, como te sientes, te encuentras bien? —Preguntaba preocupado por su amiga, pero la amazona de plata, al mirar a Seinma y el cómo se encontraba… le hizo arrugar su rostro debajo de la máscara, para agarrarlo fuertemente del brazo derecho.

—¿Yo? Sein… preocúpate por ti, ¿es que de verdad no sientes nada…? —Le pedía obligando al joven caballero a tomar la misma realización que sus compañeros, él tenía diferentes moretones y contusiones, tanto en sus brazos como en su cuerpo.

Uno de sus brazos presentaba diferentes hematomas, su rostro era adornado por moretones en su mejilla frente y su ojo derecho estaba parcialmente cerrado, al igual que su vientre y pecho, los cuales tenían marcas de color morado en toda su piel.
Cuando decían que se preocupará más por él… no lo decían de broma, al pelear jamás le daba la suficiente importancia a su estado de salud, por lo cual, ahora Mary le reprochaba.

—Yo… sí, pero cuando te vi, necesitaba comprobar que estuvieras bien… yo…—Fue así que el muchacho comenzó a llorar, no eran lágrimas de tristeza, era felicidad al ver a su compañera viva, después de haberse sacrificado por él.
—Yo… estoy muy agradecido por que sigas con vida… yo, yo lamento no haber sido más rápido, no… no pude.

—Sein… tranquilo. —Pedía la joven sujetando el brazo de Seinma con fuerza, aunque su cuerpo dolía como el infierno, ella se había jurado protegerlo, aún si debía entregar su vida.
—Estoy bien… estoy bien Sein…—Le decía levemente tratando de guardar fuerzas, el dolor era enorme, pero aún más fuerte era el amor que sentía por su amigo.

—Me alegro…—Le decía tomando su mano con fuerza, odiaría perder a una persona tan importante para él como lo era Mary, el destino los había separado, pero los había reunido de nuevo y no quería que el mismo los volviera a separar eternamente.

—Así que… El caballero Pegaso. —Habló una persona a las puertas del aula médica, al voltear su mirada Seinma se encontró con una mujer de cabello rojizo y ojos azules.

Seinma al momento de verla la reconoció… era la soldado de acero que había visto antes de caer dormido, pero mucho antes, era la soldado que había visto junto a Seika el día que regresó a la comarca.
—Espera… yo te conozco, tú estabas con mi hermana aquél día…—Decía acercándose levemente a la soldado, incluso reconocía su voz. En efecto era la misma señorita que había conocido ese día y que lo había interrogado momentos antes.

—Sí era yo, Seika es buena amiga mía y creí que si nos conocíamos nos volveríamos amigos también. —La soldado decía suspirando pesadamente luego de unos segundos pensando.
—Pero al parecer el destino nos puso en una situación, no complicada sino… compleja. Yo soy una soldado de acero y tu un caballero de Athena.

—Sí, pero… ¿no comprendo porqué…—Antes de que Seinma pudiera decir más, la soldado lo detuvo de seguir hablando levantando su mano hacia él.

—Seinma, debes comprender que fui una víctima de esta guerra santa, perdí amigos, familia, personas que yo amaba y me importaban, perdí mis piernas, perdí parte de mi brazo, por poco pierdo mi cuerpo, estoy en deuda con esta instalación, así como con la señorita Asami y tu hermana. —Explicaba mirando al joven guerrero con atención, en su expresión podía ver que no entendía a qué quería llegar con eso.
—Ustedes los caballeros protegen al universo, ¿no es así? ¿Entonces donde estaban cuando mi padre y madre murieron? ¿Cuándo mis amigos fueron asesinados frente a mis ojos? ¿Quién les da justicia a ellos? No vengo aquí a insultar a ningúno de ustedes, solo quiero saber, ¿por qué los caballeros nos ignoran cuando queremos luchar al lado de ustedes, por qué nos niegan pelear a sus lados cuando buscamos lo mismo?

—Entiendo… tú nombre es Arin, ¿no es así? —Preguntó el muchacho de manera triste hacia ella, quien respondió asintiendo levemente con la cabeza.
—Bien, Arin, no sé de qué hablas si te soy honesto, lamento lo que te ocurrió…—Respondió Seinma acercándose a ella con ayuda de Danny.
—Pero… créeme que cualquiera que esté en contra de los espectros, es un aliado mío, yo… en esos tiempos solo era un aprendiz, jamás me enfrenté a un espectro, excepto cuando fui niño… uno de esos sujetos trato de matarme a mí… luego golpeo a mi hermana y trató de llevarse a mi mejor amiga de la infancia. Puede que no entienda la perdida como tú lo haces…—Trataba de decirle recordando ese día… ese día donde su vida cambió para siempre, apuntando nuevamente hacia los ojos de la guerrera de acero.
—Pero créeme cuando te digo lo que sé que significa sentirse impotente contra un enemigo que le hace daño a las personas que más amas y a ti sin ninguna razón. Yo lo comprendo Arin… y me disculpo si alguna vez te llegué a faltar el respeto…

En efecto Seinma jamás le había llegado a faltar el respeto, apenas se conocían, pero otros caballeros sí, considerándolos como guerreros inferiores, sin honor.
Como si ellos fueran máquinas, sin sentimientos, sin un pasado o propósito por lo cual aceptaron los aumentos, ella lo había hecho para vengar a su familia, únicamente para recibir desprecio por parte de los caballeros.

Pero por primera vez uno de ellos le estaba demostrando la humanidad e igualdad que otros le habían negado.
—Bueno… tu no suenas para nada como esos hombres y mujeres… Seika te educó bien muchacho. —Murmuró la soldado apartando sus ojos dolorosamente del joven caballero, él realmente era muy joven, tenía casi la misma edad que ella tuvo cuando atacaron su ciudad.
—En todo caso, si de verdad me consideras una igual y no son solo palabras vacías, necesito que respondas a mis preguntas, ¿que estaban haciendo en la ciudad al momento del ataque? ¿Por qué estaban allí? ¿Y por qué no avisaron a los Soldados de Acero para que los asistiéramos? Ustedes vieron que podíamos hacerlo.

Los caballeros presentes se vieron los unos a los otros, en realidad, todo esto había sido un enorme malentendido, ellos no estaban allí para combatir una amenaza, solo habían ido a la ciudad para pasar el tiempo entre amigos.
—A decir verdad… nosotros solo fuimos para relajarnos de los estudios y entrenamientos. —Arin miró incrédula al joven caballero de Pegaso, creía que le estaba jugando una broma hasta que Danny se unió a la conversación.

—Sí, Liz y yo queríamos relajarnos en la ciudad… ya sabes visitar tiendas de ropa… ir a las tiendas de anime y manga, comprar un par de cosas para nosotras… no queríamos causarle problemas a nadie. —Decía tallándose uno de sus ojos, en su voz Arin podía notar una pizca de genuina tristeza esa chiquilla se parecía mucho a ella cuando era pequeña. Frágil e indefensa, pero la había visto repeler balas como toda una guerrera experimentada con sus cadenas.

—Esperen, esperen un segundo, ¿me están diciendo que ustedes no habían estado esperando ningún ataque de parte de los espectros? Que solo estaban en la ciudad para… ¿divertirse? —Preguntaba genuinamente sorprendida de las palabras de los jóvenes guerreros, hasta que John comenzó a reír.

—Jah, cuando lo dices de esa forma, sí suena un poco estúpido, pero es la verdad. —Decía el santo del Fénix sin dirigirle la mirada a la soldado de acero, solo se dedicaba a mirar al techo de la habitación.
—Ese idiota de allí vio que la situación se puso un tanto peligrosa y decidió tomar acción, por supuesto que Danny se opuso pero yo… yo solo quería golpear cabezas ¿entiendes? —Decía sonriendo

Arin se agarró la frente ante las revelaciones, esperaba que ellos le dijeran algo más, que en efecto toda esta maniobra de contrataque había sido algo premeditado por ellos, por el santuario… maldición incluso un acto preventivo de las instalaciones de palestra. Pero todo los había tomado por sorpresa incluso a ellos.
—¿De verdad, de verdad, de verdad no están queriendo engañarme? ¿Esto no fue un plan premeditado para atraer a los espectros a Kingsrow y emboscarlos?

—Señorita Arin, apenas teníamos un plan para cuando logramos hacer contacto con el enemigo. —Aseguró el caballero Dragón desviando su rostro hacia la dirección donde la conversación estaba tomando lugar.
—Nosotros, nos dirigíamos a un restaurante de comida japonesa, no queríamos causar alboroto, solo queríamos divertirnos.

Arin por poco necesitó recargarse de la pared para evitar caerse al suelo, mantuvo su postura.
Finalmente se dio cuenta, estos no eran caballeros insubordinados que buscaban hacer justicia sin respetar las normas entre el santuario y los gobiernos republicanos.
Eran solo un grupo de niños que habían estado en el lugar y momento incorrectos, que simplemente actuaron como… lo que eran, guerreros que estaban dispuestos a defender al indefenso, plantar cara al enemigo para proteger al inocente, pero por sobre todo.

Para disfrutar de sus vidas y que al momento de que ocurrió la crisis, se lanzaron a combatir la amenaza, por un momento se sintió como una tonta. Pera luego mirar con pena a los jóvenes caballeros.

Quizá ella también seguía siendo una niña ingenua que creía todo lo que sus superiores le decían.
—Me disculpo con todos ustedes de antemano por lo que ocurrió, sé que… sé que no tomé las mejores decisiones y me precipité a sacar conclusiones apresuradas. Por favor… discúlpenme. —Pedía la Soldado avergonzada de sus actos, después de todo ella solo siguió ordenes sin cuestionarse nada.

—No se preocupe señorita Arin…—Respondió la Jovencita Andrómeda sonriéndole comprensivamente. —Usted solo hacía su trabajo, ¿no es así?

—Hummm sí… supongo que lo hice. —Murmuró cerrando sus ojos fuertemente, no podía si quiera verlos a la cara por todos los problemas que les había ocasionado.

Y ahora había puesto en apuros a este pequeño grupo de guerreros, que su único crimen fue haber actuado como los guerreros que eran justamente cuando la ciudad más los necesitó.
Unos minutos de incomodo silencio transcurrieron entre los caballeros y la soldado de acero cuando uno de los médicos se acercó al caballero Pegaso para inspeccionar su cuerpo.

—Muchacho podrías quedarte quieto un segundo, vamos a verificar que no tengas ninguna lesión importante en tu cuerpo. —Pidió el médico sujetando una máquina entre sus manos. El joven caballero instintivamente acató la orden, levantando su camisa para que el médico comenzara a inspeccionar sus heridas.
La máquina comenzó a inspeccionar el cuerpo del muchacho y rápidamente el doctor pudo identificar varios daños internos.
—Huh, al parecer tienes una costilla rota, tu estomago parece que sufrió una ligera contusión y… tienes, rota la mandíbula del lado derecho…—Decía como si aquello fuera lo más normal del mundo, aunque al intentar revisar su corazón. Lecturas extrañas comenzaban a aparecer, la pantalla comenzó a distorsionarse y a mostrar error, era normal que cuando revisarán a un caballero los dispositivos comenzaran a fallar… lo que no era normal era que un órgano tan importante como lo era el corazón fuese tapado por una luz que no permitía ver el órgano, lo cual le resultó extraño al médico.
—Huh… bueno eso junto con los moretones y las contusiones… vaya, necesitaremos reparar mucho daño interno y tu brazo derecho… dime te lo has roto muchas veces, ¿verdad?

—Uh… sí un par de veces…—Respondió el joven nerviosamente, rascándose la nuca.

—Hummm… debo advertirte; que si no dejas descansar ese brazo la medicina reparadora te va a hacer más daño que bien, lo haz forzado mucho por lo que veo y los huesos se notan un poco astillados. —Comentaba el doctor sorprendiendo enormemente a todos a su alrededor, en especial a Arin, quien no pudo evitar preguntarle:

—¿En serio? Seinma, ¿cómo es que si quiera sigues consiente? —Preguntó Arin Sorprendida por la revelación del médico, mientras que él solo sonrió por la pregunta, rascándose la cabeza, apenado por la pregunta de la soldado.

—Je jeh, no lo sé... supongo que soy más fuerte de lo que parezco. —Siguió riendo gentilmente, preocupando a sus amigos y a los médicos junto a él, este muchacho se iba a terminar matando si no tomaba más en serio su salud.

Pero, aunque estuviera frente a diferentes heridas, tanto externas como internas, sonreía con una expresión de nula preocupación tratando de decir con su mirada, que todo iba a estar bien.

Arin… no pudo evitar sonreírle a ese tonto muchacho, puede que fuera realmente un tonto, pero… era un tonto con un corazón de oro puro, junto con esa jovencita que era un brillo diferente al que estaba ella acostumbrada, quizá los había juzgado mal la primera vez, ciertamente no todos los caballeros eran iguales.
No todos eran arrogantes bastardos que se preocupaban solo por Athena y por ellos mismos, Quizá aún había espacio para la bondad, el compañerismo y el entendimiento entre los caballeros de Athena y los Soldados de Acero.

Ahora más que nunca, quería ser la mejor aliada de ese equipo de caballeros, en este momento donde el futuro de los seis parecía incierto.
Ella intercedería por ellos de ser necesario y entregaría todo para asegurarles a esos chicos, que volverían a salir de ese recinto como los orgullosos guerreros que eran.

Mientras Tanto en el Gran Santuario.

§

Shun se veía un tanto preocupado, no hacía un par de horas que Genki había abandonado el Santuario ante el llamado de emergencia de la ciudad de Neo Kingsrow.
Un ataque sorpresivo de los espectros, ataque que había sido rápidamente repelido por los herederos y las fuerzas de defensa republicanas de la región.

Había sido un despliegue de combate no autorizado, razón por la que él y Arkhamira habían ido a interceder por ellos al Centro de Seguridad de Neo Inglaterra, le preocupaba que los acusaran de traidores por haber repelido la amenaza de la forma en que lo hicieron, en sus tiempos él Seiya, Ikki, Shiryū, y Hyoga habrían intercedido sin dudarlo, pero… ya no eran los tiempos de antes, los gobiernos tenían mayor control sobre la seguridad y la población.
Los caballeros debía adaptarse a estas nuevas normas para proteger a la humanidad bajo los términos de los gobiernos universales así ellos los dejarían en paz, no meterían sus manos en los asuntos del santuario y los caballeros seguirían defendiendo al universo bajo sus reglas.

Era el precio a pagar por un mundo cada vez más en cambio…. Aunque le preocupaba que estaban restringiendo a sus caballeros, les obligaban a adaptarse y si no se adaptaban las consecuencias serían terribles y severas.
Eso era lo que le preocupaba, le preocupaban sus muchachos… su hija, en otro tiempo los habrían considerado héroes al detener una amenaza sin tener que pedir ordenes de despliegue al combate como dictaban sus reglas.
¿Cuántas vidas se habrían salvado si simplemente hubieran actuado en lugar de obedecer órdenes? ¿Cuantas personas estarían vivas si los caballeros hubieran actuado antes de seguir protocolos militares que no les pertenecían?

Ya estaba empezando a sonar como Jacko, pero hasta él tenía razón en algo… era mejor ír y pelea en lugar de esperar a que la pelea viniera a ellos, era agotador, como patriarca debía pensar en el santuario y en Athena antes que todo lo demás… pero también era un padre.
Si tan solo fuera únicamente eso, no tendía que pensar antes en otros y en su familia después…

Por esta razón Harbinger siempre le dijo que el trabajo del patriarca era difícil, solo un hombre fuerte, inteligente, que representará lo mejor de la humanidad, pero… si para representar lo mejor de la humanidad debía ser menos humano.
¿Entonces cuanto más debía a sacrificar para seguir con el plan de Saori?

Después del destino de Pegaso… el destino de Andrómeda era el más doloroso de todos, hasta que sus pensamientos fueron rápidamente interrumpidos cuando una luz apareció frente a las puertas de su templo, Shiki les había enviado a dos personas, una la reconoció al instante, pero al segundo… lo había estado esperando desde hace tantos años.

Después de un largo vieja atravesó de toda la galaxia, Sora finalmente había arribado al santuario, y ahora se presentaba en el trono del gran patriarca, él se adentró a la cámara del hombre más importante del santuario, aquél que estaba cerca de ser considerado un Dios.
A su lado Eriana, Amazona de Plata de la Copa presentaba su servició una vez más al santo maestro del santuario, quien a su vez estaba feliz de ver a una de sus guerreras más leales, así como al siguiente portador de la armadura del Centauro Alado

—Maestro Shun, he regresado y le traigo a usted al hombre que portará el manto de Sagitario. —Decía la guerrera de plata presentando sus respetos, después de dicha acción se hizo a un lado para darle paso al hombre que la había acompañado desde el bosque hasta el último templo.

Sora sin más demora se arrodilló demostrando el mismo respeto que había demostrado su compañera de plata, era increíble el parecido entre él y el joven caballero de Pegaso, pero no lo sorprendía, después de todo y con la información que le habían dado.
Ambos eran hermanos.

Hijos de un gran guerrero que había perecido defendiéndolo a él y a su fallecida esposa, en el gran escape de la humanidad.
El joven hombre debía tener al menos 25 años de edad, había pasado su entrenamiento en el antiguo hogar de la humanidad, al lado del anterior caballero que portó la armadura del arquero, ya había pasado tanto tiempo desde que lo vio por última vez.
Había entrenado en un terreno que ya parecía ser desconocido, pero nada más lejos de la verdad, el planeta Tierra seguía siendo un territorio humano, por supuesto más salvaje y con menos personas habitándolo hacía de la supervivencia en solitario un reto, reto que él había sobrepasado excepcionalmente.

Shun podía sentir su poder aun estando en reposo, él había sobrepasado el poder de un caballero de Oro.
Él poseía un alma dorada, al igual que los caballeros más prominentes del Santuario, incluidos sus aprendices Jacko de Escorpio, Seishin de Virgo junto con Genki de Libra, Arorios de Géminis y Sovek de Capricornio.

—Patriarca…—Susurró el heredero de Sagitario agachando su cabeza en señal de respeto. —He regresado, justo como se lo prometí soy más fuerte de lo que alguna vez fue Artorias, ahora puedo luchar como uno de los doce caballeros que protegerán al santuario, quedo a sus órdenes.

—No es necesario arrodillarse, cuando dos amigos se reencuentran. —Anunció Shun acercándose a su guerrero, transmitiéndole un aura de confianza y respeto mutuo, se había visto ansioso incluso nervioso, Sora… no sabía por qué lo más probable era que él se sentía así por asuntos internos del santuario, pero su expresión se tranquilizó cuando lo vio entrar a su cámara.
—Me alegra que haya regresado Sora… en efecto, puedo sentir tu poder, así como tu convicción de defender al universo. —Aclaraba sonriéndole al joven que se encontraba frente a él, haciendo que se levantara para poder verlo, verdaderamente se había convertido en un hombre poderoso. Aunque había algo extraño en su expresión, cualquier otro guerrero en su posición, estaría emocionado de recibir su armadura pero él… parecía pensativo, inclusive distante
—Ahora, sígueme al templo de Sagitario, tu armadura te espera. —Pidió tomando la delantera, pero antes de siquiera poner un paso el joven de cabello castaño y ojos azules lo detuvo.

—Patriarca… antes de ir, ¿podría permitirme visitar el cementerio del Santuario? Hay algo que quiero hacer antes de que me de mi armadura. — Solicitó Sora, al momento de que el patriarca Shun tratará de llevarlo a su templo.

Él sabía de lo que se trataba, por la misma razón permitió que él fuera al lugar.

Sora caminó una hora en dirección a la parte trasera de la montaña, siendo seguido por la amazona de plata, curiosa de porqué quería visitar el cementerio, así como por orden directa del santo maestro, deseaba que lo guiará por el camino.

Aunque él ya se lo conocía, puede que pasaran los años pero algunas cosas nunca cambiaban, bajaron por el entramado camino de rocas hasta llegar al nivel del cuarto templo del Zodiaco una enorme pradera, la entrada era adornada por un portón, hecho de pilares de piedra y una loza encima de ambas… y en el frente el símbolo de Cáncer les daba la bienvenida al enorme cementerio del santuario.
Allí miles de tumbas yacían entre el pastizal, cada una de las lápidas era marcada con los nombres y títulos de los caballeros que habían perecido en combate, en el nombre de la diosa Athena.

Ya fuera en servicio o defendiendo al santuario, su lugar de reposo se encontraba aquí. Al lado de la diosa por la que habían dado sus vidas, nobles guerreros que habían entregado todo por el sueño de su diosa, un universo en paz.
Donde humanos y dioses convivieran en armonía, sin guerras, sin desigualdad, solo la paz y la esperanza de un nuevo mañana.

Sora admiraba sus alrededores, había muchas tumbas nuevas, lo sabía por qué podía verlas, la tierra aún seguía fresca, las lápidas poseían un tono más claro que las viejas, y los nombres tallados recientemente revelaban el infortunado destino que habían sufrido cada uno de esos valientes hombres y mujeres. Fueran Caballeros, Soldados, Saintias o Amazonas.
Quienes jamás pudieron ver el amanecer de un nuevo día, algunos de esos nombres no los reconocía, otros si, sobretodo el nombre de una Amazona de Plata, la había conocido cuando era joven.
O bueno aún más joven, Sora se arrodilló frente a su tumba, mostrando respeto por la amazona, dando una pequeña oración por ella, después de eso, simplemente se retiró, siendo seguido por su compañera quien no pudo evitar echarle un vistazo a aquella tumba.
Cuya inscripción decía:
"Lilith Arkhamira, Amazona de Plata.
Amada Hermana,
Respetada Compañera,
Querida Amiga. "

Los dos siguieron por el camino verde durante unos segundos, hasta que Sora finalmente se topó con la tumba que había venido a buscar, él contemplo la lápida por un momento, estaba algo sucia, denotando el abandono que había sufrido durante tantos años.
Él suspiró, inclinándose un momento para tomar una bella flor que crecía en el pasto arrancándola del suelo, para retomar su camino hacia aquella lápida, La guerrera de cabello rosado admiró al guerrero arrodillándose frente a la tumba.
Ella podía asumir que era el lugar de descanso de una persona que él había estimado mucho. Últimamente este lugar servía para recordar a los amigos caídos y en estos días… aquello era muy recurrente por estos lares.

Sora desempolvó un poco la lápida para leer el nombre escrito en ella, las letras estaban algo desgastadas y un poco de maleza y plantas habían crecido sobre ella cubriendo parte de la misma, pero Sora pudo identificar al instante el nombre de su querida madre.
"Lucía Loverne, Amazona de *****
Devota Esposa,
Amada Madre,
Guerrera de Esperanzas."

Sora puso la flor sobre sus labios y entonces la puso sobre su tumba, acto seguido junto sus manos, rezando porque su alma hubiera encontrado el descanso que merecía, después de eso… tomó la bolsa donde tenía todas sus cosas de valor.

Sacando de allí una urna, la cual colocó cuidadosamente sobre la tierra, una botella llena de un líquido rojizo y pan.
Después de esto, simplemente se sentó frente a la tumba guardando un minuto de silencio por respeto a ella, después de todo… era la primera vez en doce años que se reencontraba con ella, tenía tantas cosas que quería decirle, tantas cosas que habían sucedido estando lejos… pero, incluso si le dijera todo lo que hizo durante su entrenamiento, al final no importaban realmente.

Lo que importaba es que ya se encontraba nuevamente a su lado, justo como siempre debió ser.
—Hola mamá… regresé. —Le decía suspirando después de un largo silencio. —Yo… finalmente regresé y si te soy honesto no sé diga de mí eso…—Murmuró bajando su cabeza al suelo, juntando sus manos, aunque hubiera regresado y convertido en el hombre más fuerte del universo, la realidad era que había fallado en la única misión que ella le había encomendado: Cuidar de su hermano.
—Entrené duro… yo, sé que lo hice… finalmente me convertí en el guerrero que papá siempre soñó en que me convirtiera. ¿Eso es bueno verdad? Es bueno…—Le decía, esperando escuchar su voz, esperando poder al menos escuchar sus susurros en el viento, esperanzado de que eso le diera un alivio a la enorme culpa que sentía.
—Encontré la lápida que la diosa Pallas le hizo en la tierra, lo visité antes de volver aquí… hablé mucho con él durante este tiempo, tratando de seguir sus consejos, tratando de… hacerlo sentir orgulloso…—Después de decir eso alzo su mirada hacia la lápida, tratando de encontrar a su madre entre los grabados, intentando desesperadamente de encontrar sus ojos azules en las letras que componían su nombre.
—No sé si lo hice o no… no sé qué opinen de mí, si están orgullosos o… decepcionados, pero volví… volví para cumplir con la última promesa que te hice, eso es suficiente… ¿verdad? Dímelo… necesito saber si… todo esto valió la pena. —Sora no pudo más, dejando escapar una pequeña lágrima que salió de sus ojos, resbalando de sus mejillas hasta caer al pasto debajo de él, seguido de una leve brisa que no supo por qué, pero le dio la paz que necesitaba en su mente.
—Te… te traje, un poco de la tierra donde él fue enterrado, también algo de pan y vino, espero que te guste y… y eso…—Añadió acariciando el pasto, sintiendo la cercanía de la única mujer que lo había amado y protegido durante sus primeros años de vida, hasta su abrupto desenlace final.
—Fue bueno volver a hablar, gracias por todo. —El caballero de Sagitario se levantó del suelo, acariciando levemente la fría y dura lápida de piedra, esperando sentir la cálida y suave piel de su mamá, decir adiós era difícil, por esa razón no quería hacerlo, simplemente se acercó a la base de la lápida para colocarle un pequeño beso. Después de eso se alejó, acariciando la piedra con su pulgar.
—Descansa mamá… nos veremos pronto. —Finalizó tomando su bolsa para dirigirse hacia su compañera, quien lo había estado viendo desde la distancia.

—¿Quién era? ¿Era alguien especial para ti? — Interrogó Eriana una vez que él se acercó a ella.

—Era mi madre…—Respondió rápidamente, aunque ya se sentía más tranquilo deseaba poder evitar el tema avanzando sin prestarle atención a la amazona.

—Oh… y si no es muy indiscreto de mi parte ¿podría preguntarte qué le sucedió? —Sora se detuvo ante la pregunta, incluso recordar el cómo su madre falleció le hería profundamente, no quería recordarlo ni siquiera mencionárselo a alguien que había conocido hacía solo un par de días.

—Eso no es importante, vamos volvamos con el patriarca. —Respondió sin mirar atrás, siguiendo el camino que había recorrido hasta allí.

Eriana instintivamente solo miró al guerrero que caminaba en silencio, en verdad que él era todo un misterio, un misterio que quería conocer si es que iban a estar trabajando juntos para defender el Santuario.
Dio una última mirada a sus espaldas y siguió su camino junto al nuevo caballero de Sagitario, después de todo, el cementerio del santuario era un lugar lúgubre.
Donde miles de historias habían encontrado su final, amigos, hermanos, familias… todos tenían una historia, la mayoría triste, con finales que llegaron sin avisar o por los azares del destino.

Si alguien había sido afortunado de morir tranquilamente, se podía considerar afortunado, por qué en un trabajo donde los hombres y mujeres morían jóvenes, era un lujo poder tener una vida plena, en una guerra que se había llevado más de lo que habían ganado.
Este era el precio a pagar por la vida que habían elegido, por las vidas que habían perdido, esa era la cruz que llevaran consigo era únicamente de ellos sin importar el dolor que tuvieran que soportar.

Siempre que pudieran seguir adelante debían hacerlo, pues debían honrar a aquellos que se habían sacrificado para darle un futuro a los demás.
En esta vida de combates, guerras santas y batallas sin fin batallas, los vivos solo podían luchar, y a los muertos dejar descansar.

Instalación 616, recinto de justicia y detención.

Después de un par de horas los jóvenes caballeros se sentían mejor, Arin ya se había retirado a presentar su informe a los altos mandos militares, por lo que solo estaban ellos y los médicos.
Ellos habían tratado y curado sus huesos, así como otras heridas, tanto internas como superficiales, nada que la medicina moderna no pudiera curar en un par de minutos, concentrando las dosis en las áreas afectadas, dolía pero solo por momentos.
Lo que más dolía era la conmoción de los huesos reparándose en el interior, aunque ya se supiera el procedimiento al derecho y al revés, lo cierto era que jamás se iba a acostumbrar a la sensación.

—Ah… ah, maldita sea... ¿cómo es que lo hacen ver tan sencillo en las películas? —Preguntaba el caballero de Pegaso después de recibir la inyección en su abdomen, la sensación era increíblemente dolorosa, pero lo que más odiaba del procedimiento era la misma punzada de dolor.

—Vaya, ¿puedes pelear contra muertos vivientes pero las agujas te asustan? Sí que eres raro Sein. —Mencionaba el heredero del Fénix curando un par de heridas ocasionadas en la batalla contra los espectros.

—Sí, bueno… tengo mis traumas. —Dijo el muchacho manteniendo su torso en posición de reposo sobre la camilla, la medicina únicamente funcionaba si se evitaba el movimiento en el cuerpo, de otra forma, la misma haría estragos en todo el cuerpo.
—Ahhh, al menos ya no me siento tan mal. Esta cosa sí que hace maravillas. —Comentaba el joven de cabellos castaños mirando a sus brazos y el cómo las manchas moradas de su piel comenzaban a desvanecerse.

John al igual que los demás herederos seguían siendo revisados por los médicos, en especial Shinryū y Mary, quienes le daban todas las atenciones necesarias, en especial a esta última, no hacía poco la habían encontrado en estado crítico, tanto con daños óseos, musculares y daños cerebrales.
Si no hubieran llegado justo en el momento ella podría haber muerto, parecía que había sido impactada por un enorme vehículo a gran velocidad, su cuerpo había travesado un escudo de energía y destrozado una pared.
Era un milagro que siguiera con vida y más aún que pudiera seguir respirando por ella misma.

Eso les causaba una enorme curiosidad entorno a la guerrera de plata, ¿cómo era que había sobrevivido a un impacto tan brutal como ese?

—Hey, ¿Lizbeth no es así? —Preguntó John atrayendo la atención de la chica, quien se había encontrado en silencio durante un rato, ella solo se había dedicado a mirar a Seinma, hasta el llamado del muchacho de cabello oscuro, quien la miraba curioso.

—Sí… ¿que necesitas?

—Bueno. Danny me habló de tu habilidad Alfa, eres capaz de curar heridas ¿no es así? —Le interrogó el guerrero de fuego, arqueando una ceja y cruzándose de brazos.

—Sí… así es…—Respondió Mary suspirando levemente ante la mención, desviando su mirada de Johnathan para devolverla hacia Seinma.

—Bueno ¿entonces por qué no haces eso? En lugar de estar conectada a esos aparatos, podrías curarte rápidamente, ¿no es así? —Interrogó molestando a su prima a su lado quien le dio un ligero golpe en el hombro.

—No digas esas cosas Johnathan, ¿que no ves que ella aún se encuentra grave? —Regañó la Saintia de Andrómeda furiosa por el comentario de su primo.

—Bueno solo quería preguntar, ¿qué tiene de malo? Además, ella ya debería saberlo, ¿no es así? —Cuestionó nuevamente llevándose otro regaño por parte de su prima, aunque Mary pensó bien en las preguntas que le había hecho el caballero de Fénix, no estaba realmente equivocado, pero… tampoco era tan sencillo como parecía.

—No es tan fácil en realidad…—Respondió llamando la atención de todos los presentes. —Para curarme y por ende curar a los demás, necesito de mi propia energía vital junto con mi cosmos… es una habilidad verdaderamente útil, pero cuesta si quiera realizarla. —Comentaba levantando una de sus manos para ver detenidamente las marcas de batalla que se habían grabado en su piel.
—Mientras hablamos… incluso intento curar mi propio cuerpo, racionando la energía que puedo utilizar para acelerar el procedimiento, me es difícil concentrarme en hablar, incluso mantenerme consiente sin caer desmallada. —Al decir eso su visión comenzó a hacerse borrosa, veía doble y sentía un poco de nauseas, pero debía a seguir, tenía que seguir demostrando que ella era lo suficientemente fuerte para proteger a aquella persona importante para su vida y que, al momento de bajar su brazo, dirigió sus ojos hacia Seinma, quien la veía con preocupación.

No debería estar sobre esforzándose así no era necesario, lo que ella necesitaba era descansar, y mientras tanto allí mismo uno de los doctores revisaba minuciosamente los ojos de Shinryū, jamás había visto un caso tan curioso como ese, al parecer, el joven caballero del dragón estaba ciego, pero podía reconocer siluetas, sombras y luces.
Lo cual era bueno, pero al inspeccionar detenidamente sus ojos con los escáneres se dieron cuenta que habían finos objetos esparcidos dentro de toda la retina del muchacho.

Incrustados en todo el órgano ocular, lo cual le dificultaba la visión enormemente, no se imaginaban porqué estaba prácticamente ciego.

—Dime, ¿puedes ver? —Preguntó el doctor que examinaba a Shinryū.

—No mucho, solo puedo reconocer un par de cosas. —Respondió el joven de cabello ébano cerrando nuevamente sus ojos.

—Necesito saber si alguna vez tomaste tratamientos oculares para recuperar tu visión, ya sabes. Cirugías, medicación, procedimientos de recuperación. —Explicaba el doctor al joven dragón frente a él.

—De hecho, sí, pero nos dijeron que si intentaban extraer los fragmentos alojados en mis pupilas quedaría ciego de por vida, pero eso optamos por utilizar lentes, las lentillas y lentes de contacto nunca funcionaron adecuadamente sin importar lo mucho que lo intentáramos. —Reveló suspirando levemente al recordar todo lo que él y su madre tuvieron que pasar para que pudiera recuperar su visión.
—Además… al estar un poco más apartados de mis ojos los lentes siempre me funcionaron mejor, me proporcionaban diferentes visiones tanto de lejos como de cerca y… podía convivir mejor con ellos.

—Entiendo. Cuéntame no pensaste en… ya sabes, ¿reemplazar tus ojos? Ponerte un par de ojos nuevos para volver a ver con normalidad. —Al decir eso Shinryū quedó en completo silencio, había una razón por la cual él jamás tomó la opción de quitarse aquellos ojos defectuosos y ponerse los de otra persona… unos ojos biónicos.

Una simple razón y esa era… que estos ojos habían sido los últimos testigos de su padre, quería seguir teniéndolos, deseaba poder seguir manteniéndolos consigo, pues estos inútiles ojos eran un castigo auto impuesto, una condena que él mismo se había infringido, era obvio que no diría eso en voz alta.
Pues no quería preocupar a sus amigos, esta cruz era suya, y cargaría con ella hasta enmendar su error.

—Bueno, los ojos biomecánicos son muy costosos, una cirugía de ese calibre sería costosa por no decir arriesgada, mamá no tiene el dinero para cubrir una cosa así y quiero evitarle más molestias. —Al decir eso los muchachos miraron confundidos a su amigo.

Hasta donde ellos sabían la beca que les ofrecía palestra también cubría gastos médicos, entendían que él utilizaba los Créditos para apoyar a su familia, pero aun así sabían que Shinryū estaba mintiendo, con el seguro de salud, cualquier día de la semana él podría operarse los ojos y librarse de aquellos ostentosos lentes.
Pero no, por alguna razón que no comprendían él quería seguir llevándolos, quien sabe para qué.

—Hummm… ¿Y tú muchacho? —Interrogó el doctor al santo de Cisne, quien no prestaba ni un quinto por la conversación, su mente se encontraba aún en esa batalla.

Contra ese espectro… No era la primera vez que pensaba en su hermano, pero era la primera vez que necesitaba saber que había ocurrido, hasta donde él sabía ese hombre lo había asesinado, el motivo era más que obvio, guerra, su hermano había sido soldado.
Enviado a ganar o morir… pero, él hablaba de él como si hubieran sido amigos.
Como si ambos se hubieran conocido en la misma línea de fuego, ¿por qué un aliado asesinaría a otro soldado aliado? Nada de esto tenía sentido, ni siquiera un poco.

Hasta que esos pensamientos fueron interrumpidos cuando nuevamente le llamaron la atención. —Muchacho, ¿sigues con nosotros? —Él desvió sus ojos hacia el médico que le hablaba, manteniendo su eterno desinterés sobre los demás.

—¿Que quiere? —Preguntó de forma inmediata para sacárselo de encima y seguir concentrándose en sus pensamientos.

—Bueno… quería preguntarte: ¿cómo te hiciste eso en el rostro y si quisieras quitártela?

Benjamín lo miró fríamente por unos segundos, hasta finalmente retirar sus ojos de él con molestia.
—Nada de tu incumbencia y no…

El medico suspiró pesadamente ante la respuesta del joven, al parecer en el grupo de muchachos que se encontraban allí ese era el estoico antipático, debía suponerlo, pues no todos iban a ser agradables como el muchacho castaño o la señorita de cabello anaranjado.
Alguno debía ser un mocoso malagradecido y arrogante, no le dio importancia y siguió con su trabajo de revisar a los demás caballeros.

Hasta que las puertas del ala médica y de allí salió una mujer, vestida con un traje obscuro, camiseta blanca, era una mujer alta, cabello rubio, recogido en una cola de caballo a la altura del cuello, además de que en su rostro llevaba una máscara de plata.
Los caballeros al instante se sorprendieron al verla, ella… ¿era la directora Arkhamira? No sabían si era por la máscara o por el estilo de cabello diferente, pero les costó reconocerla al instante.

Era ella, la maestra principal de Palestra. Ella entró a la habitación, con las manos juntas tras su espalda, caminando serenamente por la enorme habitación sin prestarle atención a nada ni a nadie, los herederos esperaban un regaño de su parte, eso se esperaban.
Pero la directora Arkhamira caminó justamente hacia donde descansaba su alumna, quien esperaba lo mismo que sus compañeros, aunque de una forma muy diferente a lo que sus compañeros estaban acostumbrados.

Ella se detuvo frente a la joven y allí comenzó a examinarla, sus heridas se habían recuperado, los huesos fracturados ya estaban arreglados, ella estaba bien, gracias a la piadosa diosa Athena se encontraba viva, aunque podía asumir que estaba cansada.
Podía ver sus ojos a través de la máscara y sus expresiones corporales, era una chica fuerte… le recordaba a su hermana, no solo por la máscara que portaba, sino por su determinación de luchar contra la muerte incluso hasta el final. Estaba orgullosa pero no podía decírselo, en esos momentos estaba molesta, no con ella sino con quienes la habían puesto en peligro.

Puso su mano sobre la de su aprendiz, quien estaba esperando todo… menos lo que recibió a continuación.
—¿Te sientes mejor Lizbeth? —Le preguntó tranquilamente, a lo que Mary respondió asintiendo con la cabeza. —Bien… pedí que te trasladaran a un nuevo centro médico, allí podrás recuperar tus fuerzas sin tener que abusar de tu habilidad curativa…

—Pero… ¿qué ocurrirá con mis amigos? ¿Qué van a hacer con…

—De tus amigos se encargarán otros, por ahora debes de saber que son libres de los cargos que se les acusan, pero. —Fue entonces que ella miró a sus espaldas, únicamente para ver a sus herederos, cuando se asegurará de que su aprendiz estuviera lejos tendría una severa charla con cada uno de ellos.
—Aunque no sean castigados por la ley de Neo Inglaterra, tendrán que responder ante el Patriarca y el santuario. —Dijo devolviendo sus ojos hacia Mary, aquellas palabras más bien sonaban como una amenaza hacia los herederos y por supuesto John no pudo quedarse callado.

—Oh vamos, ¿que no escucharon el testimonio de la soldado? Nosotros no…

Arkhamira volteó su rostro fulminantemente hacia el caballero de Fénix, quien no pudo evitar sentir un aura de peligro recorriendo el cuerpo de la directora, solo una palabra más y Johnathan podría considerarse hombre muerto.
Por lo que, simplemente se mantuvo en silencio para que Arkhamira siguiera hablando con su alumna.

—Tranquila, estarán bien… después de todo aún necesitamos de ellos. — Al decir esto un par de soldados republicanos entraron para asistirla, al acercarse a la camilla presionaron el mecanismo automático, levantándola del suelo para que la misma comenzar a flotar.

Después de asegurar a su alumna ella simplemente comenzó a retirarse con los soldados y con su Mary, quien mantuvo silencio hasta llegar a la puerta de salida, allí otra persona apareció.
Un hombre de cabello castaño rubio y desordenado, el cual se complementaba con una barba de dos semanas sin recortarse, ojos azules y una mirada cansada.

Mirada que cambió al encontrarse con Elizabeth… y detrás de ella a una joven. Alex se sorprendió al verla pues, su cabello se parecía mucho al suyo, jamás la había visto hasta ahora… Ambos se quedaron mirando durante un largo rato que pareció una hora entera, aunque solo pasó un simple minuto entre el silencio incómodo y la prisa que tenían para llevar a la muchacha a un nuevo centro médico.

—Elizabeth…

—Alexander…

Ambos se siguieron mirando detenidamente, hasta que el caballero de Leo desvió sus ojos a la joven, quien… sabía que era la actual portadora de la armadura del águila, tragó saliva y regresó su mirada hacia la máscara de plata frente a él.
—¿Ella es Liz? — Interrogó sin recibir respuesta por parte de la amazona de la gruya, no se necesitaba ser un genio para entender que había una fuerte tensión entre ellos dos.

—Sí. Lizbeth AMary, ¿comprendes? —Le preguntó en un tono severo, el santo de leo solo atinó a asentir.
—Bien… ahora hazte a un lado. —Exigió apartándolo con un empujón de su hombro con el suyo.

Alex, se limitó a mirar mientras los soldados republicanos cuidaban de llevarla segura hacia la nave, la joven no pudo evitar mirar al caballero de Leo, había algo extraño en él, en su mirada, parecía triste pero al mismo tiempo feliz de verla.
No entendía por qué, solo le causaba una profunda curiosidad… entendía que la hermana de su madre había sido muy cercana a él, pero jamás pudo comprender el tipo de relación que ambos habían tenido.

—Oye…—Alex habló antes de que se retirarán de la instalación, Mary volvió nuevamente su mirada sobre ese hombre, quien solo tenía una cosa que decirle.
—Me alegra, poder haberte visto… al menos solo una vez…—Añadió apretando fuertemente sus puños, tenía tantas cosas que quería decirle, pero sabía que su mentora jamás lo permitiría.

Quizá era mejor así, simplemente se dio la espalda y fue al área médica donde los cinco herederos esperaban, mientras que Arkhamira, retomó su camino, llevando a su alumna a la nave que la re direccionaría a las instalaciones de palestra.
Donde podría estar segura y lejos de la mirada de ese hombre o de las autoridades de Neo Inglaterra.

Al momento que el caballero dorado de Leo entró miró a su alrededor, encontrándose con los herederos de bronce, los cinco estaban reunidos allí, al menos Asami había intercedido por ellos para sacarlos de sus celdas y darles atención médica.
De otra forma esto habría sido más difícil, él suspiró rascándose la nuca, sentía un poco de pena por ellos, habían actuado en defensa de la ciudad y aun así los habían considerado criminales, sin contar con que iban a recibir un castigo por sus acciones apresuradas.

Los entendía, los entendía mejor que nadie, incluso a él le gustaría simplemente saltase las reglas e ir a la batalla sin tener que respetar ningún tratado o protocolo, pero en estos tiempos donde las autoridades estaban nerviosas por la seguridad.
Pondría en un gran predicamento al Gran Santuario…

—Maestro Alex…—Murmuro Dany sorprendida de la repentina llegada del santo de leo, él se veía un tanto cansado, por no decir triste, él saludó a los caballeros y rápidamente pidió que le prestaran atención.

—Muy bien chicos, vengan conmigo, los llevaré a recoger sus cosas y luego nos iremos al santuario. —Pidió para que cada uno de los jóvenes caballeros se levantara de las camillas donde habían sido atendidos, sus heridas ya se habían recuperado casi por completo. Solo debían evitar movimientos bruscos y estarían bien… al menos hasta que los llevaran con el patriarca.

—Vamos Shin…—Pidió la joven Andrómeda haciendo de apoyo para su compañero, quien asintió siendo llevado por ella fuera del área médica.

Los cinco caballeros fueron guiados hacia el gran salón de justicia, donde oficiales de policía, soldados republicanos y de acero se reunían para proteger a la nación de das amenazas potenciales que podían surgir de los lugares más recónditos de la galaxia.

Ellos caminaron durante un rato hasta llegar al área de seguridad, donde nadie entraba o salía sin ser escaneado por los sensores que detectaban cualquier material ilícito o armamentístico que se llevará encima, despojados de todas sus pertenecías los herederos cruzaron sin mayores problemas.
Hasta llegar a una zona donde una oficial republicana, tenía el registro de todas las cosas que entraban y salían del lugar.
Los muchachos se acercaron para recibir sus pertenencias.

—En orden y en fila, recuperamos sus mochilas del metro de Neo Londres, den un paso al frente para recibirlas. —Pidió tomando una bolsa de evidencia con una mochila y una identificación en la parte superior, ella fue nombrando a cada uno de los caballeros hasta que Seinma fue el último en recibir su mochila.

Después de entregadas sus cosas, los jóvenes caballeros comenzaron a sacarlas y a inspeccionar que todo estuviera allí… Sobre todo, Benjamín quien rápidamente buscó sus guantes para colocárselos, todo parecía en orden, hasta que se dieron cuenta de que faltaba lo más importante.

—¿Y nuestras armaduras? —Preguntó John confundido de que no estuviera la pieza más crucial de su equipamiento y esa era su ropaje sagrado.

—Yo las tengo…—Respondió el santo de Leo, sacando de su gabardina una colección de piedras de armadura, cada una en sus respectivos ornamentos. Pero antes de que pudieran pedírselas él las guardó nuevamente bajo su abrigo.
—Espero que puedan disculparme… pero, me pidieron que no se las diera hasta que fuéramos al santuario, así que… apresurémonos… —Con eso les dio la espalda indicándoles que lo siguieran.

Lo cual… no les dio muchas esperanzas a los jóvenes.
—Maldita sea esto es basura…—Decía Johnathan molesto, ya sabía que los liberarán sin más era demasiado bueno como para ser verdad.

—Sí… dímelo a mí, al menos nos liberamos de prisión. —Añadió Benjamín en su típico tono frío, pero no por eso menos frustrado.

—Supongo que, tenemos suerte de que nos hayan rescatado, sin tener que enfrentar un juicio o algo parecido. —Shinryū comentó tratando de sonar aliviado, pero nada más lejos de la verdad. Alex los interrumpió.

—Oh no iban a tener un juicio, si Asami, Arkham, Genki y yo no hubiéramos llegado probablemente los habrían encerrado de por vida, decían cosas como traición, incumplimiento del tratado de acción a la batalla y muchas cosas más, tienen suerte de que gente poderosa haya metido las manos al fuego por ustedes, de otra forma créanme que ahora estarían pasando sus infancias y adolescencias en un cuarto pequeño, con una cama, un retrete, un lavamanos y miles de kilómetros de vacío en una prisión espacial de máxima seguridad. — Al decir eso los cinco se miraron los unos a los otros incrédulos, ¿de verdad los habrían encerrado únicamente por un malentendido?

Las autoridades de Ninbus se tomaban muy en serio la seguridad de los habitantes del planeta y con razón, querían evitar catástrofes como las acontecidas en los planetas donde los espectros habían arrasado con la población en cuestión de días.

Al salir de la instalación pudieron admirar un terreno militar que se extendía hasta donde la vista podía alcanzar, naves tanto de batalla como de transporte, llevaban soldados de allá para acá, tenían la ligera sospecha de que esta no era una instalación de policía normal.
Era un recinto militar de máxima seguridad, donde nada entraba o salía sin que se supiera, allí adelante había una nave, que serviría como transporte para llevarlos de regreso a Neo Italia.

Alex se adelantó, marcando el camino que ellos debían seguir. Aunque al desviar sus ojos a su derecha, Seinma pudo ver a Arin-321, ella se encontraba charlando con otro de sus compañeros de acero.
Ella se percató de que los muchachos ya eran libres por lo que se despidió de su compañero para correr hacia ellos, después de haber dado su testimonio esperaba que liberaran a los caballeros del oscuro destino que les aguardaba.

Cualquier ayuda que hubieran tenido les había servido. Por eso ahora podían caminar en libertad.
—Los liberaron, gracias al cielo. Me alegra saber que podrán volver a casa sin ningún problema.

—Bueno… quizá no completamente libres, una vez que volvamos al santuario puede que tengamos otro problema. —Mencionó el santo de Pegaso.

—Además, conociendo a mi padre, ya debe estar formulando ideas para torturarme física y mentalmente… él siempre ha sido así. —Decía John molesto por si quiera ver a la soldado que los había metido en tales problemas.

—John, por favor… Gracias por ayudarnos Arin… sin tu ayuda, no sé qué nos habría sucedido…—Danny respondió sonriéndole gentilmente a la soldado frente a ella quien le sonrió de vuelta a la jovencita.

—No me agradezcan, yo sé que no tomé la mejor elección y ustedes pagaron el precio, si hubiera sido más sensata antes de cumplir con mi orden, lo más seguro es que ustedes ahora no tendrían que lidiar con tanta presión encima…—Dijo Arin, si necesitaban a alguien a quien culpar por su futura desdicha

—Para ser justos, nosotros tampoco actuamos de la mejor manera, tenemos una gran responsabilidad entre nuestras manos y debemos estar a la altura de las expectativas que tienen sobre nosotros, aprender del error y de nuestros fracasos es lo que nos enseña a seguir mejorando día con día. — Shinryū explicaba sonriéndole a la señorita, quien atino a sonreír levemente, aunque debía ser honesta con ellos.

—No solo fue mi testimonio… fue también la ayuda de la señorita Asami, además de que en toda la instalación hay cámaras y micrófonos, que siempre están grabando en caso de ser necesario. —Al revelar eso, los cinco jóvenes se miraron los unos a los otros, aunque era algo curioso, no dejaba de ser extraño, aunque… tenía sentido, un lugar con tan alta seguridad teniendo cámara y micrófonos grabando todos los días, era más que seguro que nada se pasaría por alto.

—Aun así… tú te acercaste a hablar con nosotros, nos diste tu confianza y la oportunidad de decir lo que en verdad pasó, por eso ahora somos libres y por eso sé que podremos confiar en ti cuando la siguiente crisis llegue. —Seinma le decía sonriéndole a la soldado de acero con confianza y honestidad, cosa que a ella no le dio el valor para responderle igual

—Pues… era lo mínimo que podía hacer por ustedes, por haberles causado tantos problemas. —Replicó cerrando sus ojos.

—No te preocupes, estaremos bien. —Añadió alzando su mano hacia la soldado de Acero y sonriéndole tranquilamente.
—Espero, volver a encontrarnos ya sea como lo hicimos antes, o en el campo de batalla, para poder luchar juntos, como amigos.

Dicho eso la Soldado de acero no pudo sino sonreír de genuina alegría, quizá… los caballeros no fueran tan malos después de todo, Danny, Seinma, Shinryū, esos tres muchachos le habían regresado la esperanza que había tenido con los caballeros, por eso no dudó en darle la mano al joven guerrero como muestra de mutua confianza.

—Fue bueno conocerte finalmente Seinma… ustedes no son malos, quizá… sean la mejor esperanza que tengamos para traer paz finalmente a la galaxia. —Añadió después de separarse del caballero de Pegaso, después de eso, los jóvenes guerreros siguieron sus caminos hacia la nave, donde los esperaban para regresar pronto a neo Italia, ya habían pasado la parte difícil, así que sea lo que sea que fuera a suceder.
—¡Y mi nombre real es Arin Kelly Campbell! —Al escuchar eso, Seinma rápidamente miró sobre su hombro a su nueva amiga, quien le sonreía tan vivamente como la primera vez que se habían conocido.

Con eso Seinma sonrió, alguien alguna vez le había dicho que la confianza era lo más sagrado que se le podía dar a alguien, quizá había sido Genki o Mary, Incluso podía haber sido su hermana. No importaba en realidad de donde hubieran venido esas palabras, después de todo Benjamín le había dicho que la confianza era algo que se ganaba.
Y él estaba más que orgulloso de haberse ganado la confianza de esa muchacha, cuyo pasado trágico, no le había impedido seguir adelante.

Después de eso los cinco caminaron hacia la nave, únicamente para ser recibidos por Alex, Genki y por supuesto la directora Arkhamira, esperaban que ella se hubiera ido con Mary, pero… al parecer ella tenía asuntos pendientes que discutir con ellos.

—Huh… parece que la directora se quedó, creía que se iría junto con su protegida a ese centro médico. —Murmuró Benjamín, al verla en la escotilla de la nave de transporte. Lo cual hizo reír levemente a John.

—Jeh, ¿de verdad pensaste que resistiría las ganas de regañarnos a todos? —Preguntó en un tono jocoso, era obvio que ella no los iba a dejar ir así como así.

Si una cosa era Arkhamira era estricta, recta como una regla y dura como el acero, eso la hacía una mujer de temer cuando se le hacía enojar.
Pero estaban preparados, después de todo ese día si iba a empeorar, lo enfrentarían, unidos.
Pues sin importar los regaños o castigos que les impusieran, nada de eso importaba cuando estaban juntos, destino o no eran amigos e irían al infierno juntos si debían hacerlo.

Después de todo por eso los habían reunido, para enfrentarse a la oscuridad como un equipo.

Y en el Santuario

El patriarca y Eriana se encontraban una vez más frente a la casa de Sagitario, esperando impaciente a la revelación de su nuevo caballero, era obvio que él lo había reconocido como el guardián del noveno templo, pero ahora la armadura debía reconocerlo como su nuevo portador.

El proceso no era ni muy difícil o complejo, la armadura se encontraba dentro de la casa de sagitario y su siguiente portador debía entrar solo, sin la compañía de nadie más, a excepción de su valor como de su voluntad para reclamar la armadura de Sagitario.
Shun entendía que cada guerrero dorado debía pasar por una prueba de honor y valor para ser considerado digno de la armadura de oro, sus alumnos lo habían hecho, los 11 caballeros que habían luchado por sus armaduras lo habían hecho.

Él era el único que faltaba de entre todos ellos, aunque no había luchado contra un igual se había enfrentado a la naturaleza, tierras salvajes donde los humanos habían habitado, convertido en tierras de depredadores y salvajes.
Había luchado contra la errática naturaleza, a los cambios abruptos del clima y contra humanos ferales que no obedecían la voluntad de Pallas, volviéndose más fuerte día con día, se había enfrentado a la naturaleza cruel y salvaje que aún existía en la tierra. Pero por sobre todo había ganado.
Convirtiéndose sino en el ser más poderoso del universo, en uno de los seres que poseía la fuerza como el cosmos de rivalizar contra los tres jueces del inframundo.

Necesitaban una fuerza de choque y a su vez una línea defensiva para el santuario, los caballeros dorados eran esa fuerza.
Y debían estar todos en el santuario, protegiendo a Athena y al universo.
Ahora su última prueba se encontraba allí, ser merecedor del legado que representaba la armadura de Sisifo, Aioros y Seiya, los guerreros más prominentes de la armadura del centauro dorado.

Sus pensamientos fueron interrumpidos

Cuando una poderosa luz dorada comenzó a alumbrar desde el interior del Templo de Sagitario, Eriana miró con sorpresa y emoción pues una luz tan poderosa como el cosmos de donde esta emanaba, prontamente la luz comenzó a apagarse, el patriarca no necesitó verlo para cerciorarse, estaba más que seguro de que el muchacho había cumplido con su cometido.
Esperó unos segundos únicamente para ver el destello dorado acercándose a él, el metal resplandeciente de la armadura unida al cuerpo del joven hombre, tanto la armadura, el cosmos y la fuerza física del caballero se habían fundido en una sola.

Y al caminar fuera de las sombras pudieron verlo, la armadura que alguna vez estuvo rota, reflejaba la luz del sol. Las alas destrozadas volvían a abrirse con el destello del alba y el arco deshecho volvía a reclamar su vieja gloría.
La armadura lo había elegido como un digno sucesor y eso se podía ver, incluso en la distintiva bufanda que le cubría parcialmente el pecho de la armadura.

Shun sonrió, finalmente la casa de Sagitario tenía al guerrero que limpiaría el nombre que fue manchado por Artorias.
—¿Cómo te sientes Sora? —Le preguntó sonriéndole al guerrero de ojos azules, él comenzó a mirar su cuerpo, sus brazos, el arco que sujetaba en su mano derecha.

Él se sentía como siempre creyó que sería, se había imaginado este preciso momento en su mente una y otra vez. Pero en lugar de ser orgullo o felicidad lo que sentía, solo podía concebir un profundo vacío, había soñado esto durante toda su vida, lo había anhelado más que cualquier otra cosa, pero sin sus padres para verlo ahora convertido en caballero.
Solo podía sentir una enorme decepción.

¿De que servía el poder, si no pudo utilizarlo cuando más lo necesitó? Las únicas dos personas que más le importaron habían muerto, pero ahora con este nuevo poder podría cuidar de Seika y su hermano…

¿… Verdad? Nada de esto había sido en vano… ¡¿Verdad?!

—Poderoso…—Respondió con sutileza, regresando sus ojos hacia el patriarca, quien estaba complacido por aquella pequeña respuesta.

—Así es como debe sentirse, recuerdo la primera vez que la llevé con orgullo, lejos de la desesperación y el dolor de la batalla. —Comentaba acercándose al caballero dorado frente a él, quien ante la mención del santo maestro retiró la tiara de su cabeza y colgó el arco dorado en su cuerpo.
—Es una sensación de poder inigualable, así como un enorme peso sobre tus hombros, puedes sentirlo ¿verdad? El peso de las almas que lleva esa armadura, la responsabilidad que significa tenerla. Yo también lo sentí la primera vez—Añadió colocando su mano sobre el brazo izquierdo de su soldado con cuidado, incluso podía sentir la armadura dorada resonar con el cosmos de su portador.
—Y ahora es tuya, utilízala para proteger, para guiar… Eres el pilar donde se sostienen todas nuestras esperanzas. Eres el bastión donde descansan nuestros sueños, eres la flecha que penetrará el abismo y traerá de vuelta el futuro.

Dichas palabras lograron conmover el duro corazón del caballero de sagitario, quien en un acto de respeto y admiración hacia el sabio maestro Shun se arrodilló frente a él para mostrar su infinita obediencia hacia el santo más importante de las doce casas.

—¿Que desea que haga ahora, maestro Shun? —Le interrogó agachando la cabeza, el patriarca simplemente se hizo a un lado revelando que a espaldas suyas se encontraba la armadura de la copa en su modo objeto, Eriana se hizo a un lado sabiendo de antemano lo que iba a suceder.

—Ahora que estás aquí, las doce armaduras doradas finalmente tienen a sus 12 portadores, para determinar la victoria de nuestra sagrada lucha debo pedirte que mires dentro de la armadura, ella te revelará el destino y con ello el camino que tomarás en la guerra santa. —Le pidió para que él tuviera el valor de mirar hacia la ventana del futuro que era la armadura de la copa la cual era adornada por un manto de color blanco en el cuerpo de la misma, él podía entender que conocer los misterios que ocultaba el futuro podía ser intimidante.

Pero como ya lo habían dicho miles de veces antes, cualquier tipo de información que les ayudará con una ventaja táctica en la batalla era muy bien recibida por el patriarca.

Sora por su parte acató a la instrucción del gran maestro, acercándose lentamente a la armadura, por dentro estaba llena de agua.
Él había escuchado las leyendas, quien quiera que viera en sus aguas, vería su propio futuro, él aunque no estaba muy emocionado de ver qué cosa le depararía el destino, cumplió con la indicación que el sabio maestro le había dado, él se acercó lentamente para conocer cualquiera que fuera su futuro.

Pero al momento de mirar dentro de la copa solo pudo ver al fondo de la misma, esperaba tener una visión o al menos una breve premonición de lo que estaba por venir pero, no veía nada más que su propio reflejo en las aguas cristalinas dentro de la armadura.
Era esto algo normal ¿o era acaso algo más?
No podía discernir que era en realidad, él solo se quedó mirando las aguas esperando que algo sucediera, pero eso jamás pasó.

Solo era su reflejo y el fondo de la copa, sin que algo más ocurriera.

—¿Que ves Sora? —Preguntó ante el largo rato que el caballero de sagitario había estado silente mirando dentro de la copa.

—Nada. —Respondió consternado de que la armadura no le mostrará ni una pista sobre su futuro.
—No… hay nada…

—Eso es imposible, la armadura de la copa jamás ha fallado en mostrar el destino que está por ocurrir. —Eriana comentó acercándose a ver la armadura, ella sí podía ver su futuro y aunque no era el tema principal de la conversación, sino el futuro del caballero de Sagitario.

—Mira detenidamente, intenta ver algo lo que sea…—El santo de Sagitario fijó nuevamente sus ojos sobre las aguas de la armadura, pero por más prolongada que fuera su visión a la misma, no pudo ver nada más. Solo era él y su presente como caballero de Sagitario.
—Hummm… que extraño, todos los que alguna vez vieron dentro de la armadura fueron testigos de su destino justo frente a sus ojos. —Shun comentó rascándose la barbilla, tratando de descifrar este misterio. Aunque al mirar hacia Sora, pudo notar una mirada igual de confundida que la que él o Eriana poseían.

—¿Que cree que eso signifique Patriarca? —Preguntaba la amazona de plata clavando su mirada sobre el gran maestro.

—No estoy muy seguro Eriana, pero creo… que Sora tiene algo especial, algo diferente, quizás imprevisto. —Murmuró el Patriarca, sonriendo levemente por el descubrimiento que había hecho, esta no era una desventaja. Era una ventaja importantísima para ellos.

Desconocer el futuro era una bendición, pero no conocerlo en absoluto era algo aún más importante. Las oportunidades podían contarse entre cientos de miles, podían ganar a un aliado que los haría ganar la guerra santa, derrotar a hades y asegurar el futuro de la humanidad.
Aunque por el contrario podían hacerse de un nuevo enemigo, más poderoso o brutal que lo que fue Artorias.
Pero Artorias era una historia que Shun… no deseaba traer en este momento a la mesa, en especial por que confiaba en su caballero, confiaba en que él sería el hombre que le devolviera su honor a la constelación del arquero.

Fue así que Shun puso sus manos sobre los hombros de Sora, quien sorprendido miró al patriarca, este le sonreía cálidamente y con razones.
—Los espectros jamás te verán llegar, Sora. —Afirmó el poderoso patriarca, colocando su fe sobre él, los caballeros de Sagitario habían sido reconocidos por muchas cosas.

Pero por lo que más se les recordaba es que ellos actuaban justo el momento indicado, eran poderosos, eficientes, cambiando el curso de la batalla a una victoria decisiva en nombre de Athena y la justicia.

El caballero de Sagitario ante las palabras del sabio maestro asintió con la cabeza, había entendido su misión al momento de conseguir la armadura dorada, él era el caballero en quien caía la responsabilidad de cuidar las espaldas de todos.
El problema con cuidar de las espaldas de los demás nadie cuidaba la suya, así que debía ser precavido, analizar todo con detenimiento, sus sentidos debían ser tan afilados como una espada.

Si nadie esperaba a su llegada, entonces podrían ganar esta guerra…
Había perdido mucho durante tanto tiempo, era hora de comenzar a ganar, por la poca familia que aún le quedaba, Aunque al momento de pensar en su familia, se preguntaba ¿cómo estarían Seika y su hermano?
¿Seika le recriminaría haberse ido por tanto tiempo? ¿Seinma lo Odiaría? Quizá eso sería lo mejor, mientras su hermano fuera libre de esta vida de conflictos y guerras sin fin, él se sentiría más que satisfecho.
Había perdido 12 años de su vida que jamás iba a recuperar, pero todo había valido la pena, si su hermano vivía la vida tranquila y pacifica que él jamás podría tener, al menos todo el dolor y sufrimiento de esos 12 años habrían valido la pena.

Hasta que esos pensamientos fueron interrumpidos por una cuarta persona que llegó para avisar al patriarca, era la santa dorada de Virgo, quien tenía un importante mensaje para su mentor.
—Maestro Genki, Alex y Arkhamira regresaron al santuario, y… trajeron a los herederos consigo.

—Oh… comprendo. —Respondió Shun, por primera vez pudo sentir en sus palabras la tranquilidad que emanaba de él como si le hubiesen quitado un enorme peso de encima, pero su atención no se encontraba en el patriarca.

Se encontraba sobre la visión de la mujer que portaba la armadura de virgo, ella… no podría ser ella en realidad ¿o sí? Había sentido una presencia familiar cuando había llegado al santuario, una presencia familiar y constante en todo el santuario, pero esta era la primera vez que la veía con sus propios ojos después de tantos años.
Ella dirigió su rostro hacia Sora, quien no pudo evitar sentir su mirada sobre él a pesar de conocer de antemano que ella tenía los ojos cerrados bajo aquella máscara dorada, aún con ese conocimiento, no podía evitar imaginar esos ojos, aquellos bellos ojos azules como el cielo que había conocido.

—Me alegra verte de nuevo, Sora…—La voz de la amazona pasó de ser serena a alegre y nostálgica, mientras su rostro se relajaba y en sus labios se dibujaba una sonrisa amigable.

—¿Sira…? —Preguntó sorprendido, sus ojos no lo engañaban… era ella.

La visión de la amazona dorada de Virgo se desvaneció en un instante, entonces ¿ella también había sido elegida por la armadura de Virgo? ¿Cuantos más? ¿Cuantos más de sus viejos amigos y conocidos habían sido elegidos por las armaduras de Athena?

¿Y cuantos más se habían convertido en caballeros de oro? Miles de preguntas surgían en su mente, pero la más importante era la siguiente:
—Patriarca, ¿por qué no me dijeron que ya habían encontrado a los herederos?

—Uh, ¿qué Alex no te lo dijo cuando venían aquí? Que extraño… tardaron un mes en llegar a Ninbus, ¿cómo es que en ese tiempo no te habló de ellos? —Preguntó el patriarca confuso por la pregunta de su caballero.

—Patriarca, recuerde que el tiempo es relativo en el espacio. Llegamos relativamente rápido, aún con complicaciones en nuestro camino, para nosotros el viaje duró un par de días, ¿comprende? —Ante la aclaración de Eriana, Shun comprendió al instante, ya casi no recordaba cómo se sentía un viaje de teletransporte desde la tierra hasta Ninbus.

—Oh… es verdad, por poco se me olvidaba. —Murmuró para finalmente mirar hacia Sora, quien se veía impaciente por la respuesta del maestro santo.
—Bueno, sí encontramos a los cinco herederos mucho antes de que obtuvieras tu armadura Sora.

El caballero de Sagitario sintió un enorme vuelco en el pecho, ¿antes de que él obtuviera su armadura?
—¡¿Y quiénes son?! —Preguntó apresuradamente, eso alertó a Eriana, aunque fuera un caballero dorado, debían tener respeto con el patriarca, pero antes de que pudiera responder Shun levantó su mano, deteniéndola de hacer algo abrupto…

El patriarca junto sus manos suspirando levemente, para mirar a Sora en sus profundos ojos azules como el mar.
—Las respuestas que buscas, te serán reveladas en su debido tiempo. Pero temo que, si yo te revelo la verdad, tu destino… quizá se revele en una forma funesta. — justamente al decir eso, Sora solo pudo asentir, sabía a lo que se refería… aquél que no conocía la historia estaba destinada a repetirla.

Pero era justamente por eso que la sensación de temor que sentía sobre su pecho se intensificaba, si la verdad le era revelada, si en esa verdad se revelaba el nombre que no quería escuchar, que él se había convertido en caballero, entonces todos los sacrificios que había realizado desde ese fatídico día hasta ahora.
No habían servido de nada, el mismo destino que el de él, su padre y su madre se iban a repetir sobre de él.
Él único de su familia, cuyo destino había deseado que fuera diferente, pero si eran ciertas sus sospechas, era oficial, su familia estaba maldita…

—Si me permiten caballeros… debo recibir a los herederos en mis aposentos… con su permiso. —Dijo Shun caminando lentamente hacia la casa de Sagitario, hasta perderse entre la oscuridad…

Eriana hizo una respetuosa reverencia, aunque Sora… solo podía mirar hacia el horizonte, hacia las enormes planicies que se alzaban a lo lejos, podía ver nueva Florencia, podía ver el lugar donde Seika y su hermano se encontraban, donde aún podía esperar que ellos dos se encontraran.
Apretando sus puños con fuerza, deseando que este amargo sentimiento fuera solo eso, un sentimiento amargo, pero la negativa del patriarca… y estas sensaciones combinadas.

Solo eran un preludio a lo que iba a suceder, se había alejado para protegerlo de la vida que había elegido… pero no estuvo cerca… para evitarle el mismo destino, ya habría tiempo para arrepentirse, para gritar de odio y frustración.
Ahora no era el momento, él ahora era el caballero de Sagitario y su deber, era limpiar el nombre que su maestro había manchado.

La Paz era un Sueño.
La Verdad un Suplicio.
La Justicia una Utopía.
El Caos una Fantasía.
Y El Azar una Mentira.

Minutos antes.
Zona Área Italiana, próximo a Nueva Florencia.

La directora Arkhamira iba de un lado al otro, remarcando los errores cruciales de su imprudente contra ofensiva, que casi les costó la vida y su libertad a los seis caballeros, el sermón ya se había extendido más de una media hora de viaje, mientras que Genki y Alex solo se quedaban en silencio, escuchando como ella los regañaba a todos severamente por el contrataque tan mediocre que habían hecho en la ciudad.

— … ¡Nula preparación, nulo trabajo en equipo, nula coordinación, nulas asistencias en combate, deplorable participación en la batalla, si esta hubiera sido una misión de combate real con un enemigo más despiadado y brutal, todos ustedes estarían muertos en este momento! Ni siquiera me hagan empezar a hablar de su pésima estrategia, que estoy harta de recordarles que, en esa situación, tuvieron suerte de que fuera en un área controlada y que la milicia llegara para asistirlos, de otra forma ninguno de ustedes estaría aquí en este momento. —La directora no paraba de sermonearlos, desde que subieron a la nave ella había empezado remarcando cada uno de sus errores en combate… Y seguía, y seguía, y seguía, hasta el punto donde los cinco ya habían entendido que lo habían arruinado completamente.
—Solo Shinryū y Benjamín demostraron un buen trabajo en equipo, pero hasta ellos se expusieron ante otros civiles sin considerar el peligro que eso supuso. Hicieron pública la existencia de los caballeros de Athena, ¡algo que nos hemos encargado de cubrir durante siglos para que nuestra orden sagrada siga siendo un secreto!

—Espere… ¿qué? ¿Secreto? Yo creía que ya sabían de nuestra existencia…—Decía Seinma confundido por lo que había dicho la Directora Arkhamira.

—En realidad… se supone que somos un mito. —Respondió Danny levemente, aclarando la duda del Pegaso.
—Nadie sabe que existimos… o bueno sabía, para las personas normales los caballeros no son más que un cuento, una leyenda urbana que se cuenta a los niños para inspirarlos a creer que existen guerreros que luchan por una diosa griega que lucha contra otros dioses…

—Y porqué la humanidad no puede concebir que existan seres que puedan superar la barrera de la luz, destrozar montañas con sus puños, piensan que todo eso es una fantasía por qué les es más fácil asimilarlo a su realidad. Ustedes pusieron en peligro a toda nuestra organización con sus acciones. —Explicaba la directora mostrándoles una pantalla, donde había un video de John y Danny corriendo por los tejados de los edificios, mientras que Seinma y Mary luchaban a lo lejos en las calles.
—¡Los tienen en video! Son tendencia en redes sociales… por Athena, ¡incluso los medios de comunicación que intentan cubrirnos no pueden desmentir lo que ellos han visto! No pueden engañarlos fácilmente con que esos son efectos especiales de una película o serie, los están llamando soldados de acero mejorados, incluso Guardianes.

—Esa es la parte que no comprendo, ¿por qué no saben que nosotros existimos? Hemos peleado innumerables guerras santas, miles de batallas a lo largo de los siglos, ¿cómo es que aun cuando las pruebas de nuestra existencia son irrefutables apenas se enteran de que existimos en realidad? —Preguntaba el muchacho confundido por la revelación que le había dado Arkhamira y Danny, a lo que la directora respondió:

—Por qué el mundo no funciona así, les es más fácil creer que todo esto lo está ocasionando un grupo terrorista que quiere desestabilizar a las repúblicas, que un dios quiere limpiar toda vida humana del universo. —Respondió la directora exasperada de que el muchacho en realidad estuviera más perdido que lo de costumbre, él era la viva imagen del humano promedio que no entendía por qué se le ocultaban cosas tan importantes.

—Pero yo he visto a personas que nos conocen y saben que existimos, la gente de mi pueblo es un ejemplo, ¿cómo es que otras personas no conocen de la existencia de los caballeros? —Seinma interrogó nuevamente hartando a la directora, quien apenas podía mantenerse tranquila sin gritarles a los muchachos, en especial a ese tonto caballero Pegaso que nunca paraba de preguntar cosas.
—¿Es que acaso la gente no sabe que las hemos estado salvando de los dioses en más de una ocasión?

—Por qué así se les hace más fácil asimilar las cosas, no todos reconocen y aceptan nuestra existencia de la forma que tú crees, a la mayoría les es más fácil creer que somos un producto ficticio a tener que aceptar que somos reales, ¡para que al despertar cada mañana no les dé un ataque de ansiedad al saber que los dioses son reales y quieren exterminarlos a todos! —Aclaraba la directora apartando su mano de su rostro, para poner sus ojos sobre el joven guerrero, quien parecía más confundido por las razones, que por las respuestas que se le ofrecían.
—El público general le gusta creer que la verdad es mentira, solo así pueden convivir con su realidad día a día, si supieran lo que nosotros sabemos habría pánico, disturbios, la gente enloquecería y exigiría respuestas, nos obligarían a salir de nuestros sitios seguros.

» Solo para ponernos en tela de juicio de que si somos aliados o una amenaza para sus vidas. Y nos obligarían a actuar bajo más restricciones y reglas que no queremos ni necesitamos, estamos bien siendo un mito y así se supone que debe ser.

—Además… no toda la gente de tu pueblo sabe de nuestra existencia o de lo que hacemos y los que lo saben guardan el secreto porqué saben que los protegemos, de otra forma infundirían información de nosotros además de rumores. Cosa que no beneficia ni a nuestra organización ni al patriarca. —Añadió Alex apoyando lo que decía Arkhamira, incluso en el pasado. Los caballeros de Athena tuvieron que sacrificar mucho para hacer creer a la población que los caballeros eran un circo de efectos especiales cuando se anunció el primer torneo galáctico y lo que siguió a eso es historia.

—¿Quienes saben de nuestra existencia? —Preguntó Seinma nuevamente obligando a Arkhamira a suspirar fuerte y pesadamente.

—Oficialmente, poca gente electa, la organización de la URE, los militares, algunos pueblos y comunas alejadas de la sociedad y cualquiera que sepa la ubicación de nuestras instalaciones de entrenamiento o educación. — Respondió Genki alivianando un poco la carga que Arkhamira tenía, aunque no por eso se relajó, aún estaba molesta por el desempeño de sus estudiantes.
—Extraoficialmente, todo el mundo y el universo ya debe estar al tanto de nosotros, la presidenta Asami Kido está haciendo lo posible para hacer que los medios de información los cubran, mientras tanto los teóricos conspiranoícos ya deben estar revisando todos los archivos de las bibliotecas digitales para revelar nuestra organización.

» Moviendo flujos de información para sustentar sus argumentos, sin mencionar que las agencias de inteligencia estarán haciendo mil y un cosas para desmentir y desacreditarlos, cosa que… les pueda resultar difícil más no imposible, aunque con los videos de celulares y cámaras de seguridad… les será imposible ocultar todo sin que algo salga a la luz eventualmente. Sin mencionar que ahora están en el ojo de los trendings más buscados por internet, la gente quiere saber más sobre este equipo de "Guardianes" que detuvo el ataque a Neo Kingsrow.

» Sin mencionar que el público se ha dividido entre los que quieren creer que los caballeros existen y los que aún quieren vivir bajo el dulce manto de la ignorancia. Mientras tanto Empresas Kido está moviendo ridículas cantidades de dinero para que esta información sea catalogada como falsa, arreglar los escombros de las calles.

» Arreglar cada edificio o establecimiento dañado en tiempo record y en un todo, limpiar y blanquear las alfombras para que sigamos en completo anonimato. —Genki tuvo que tomar un gran respiro después de haber tenido que explicar todo el procedimiento para cubrir a los muchachos, tratando de no dejar nada fuera.
—Vaya que ustedes si nos metieron en un gran apuro… en especial… porqué la gente no se va a tragar fácilmente que todo esto fue un teatro, personas murieron… mucha gente está hospitalizada en este momento y por lo visto esto tardará en desvanecerse por un buen tiempo, vaya que si metieron la pata esta vez muchachos…

—Meter la pata es poco en comparación a lo que ellos hicieron, pusieron en peligro al Santuario, a Athena y a todos los caballeros. —Arkhamira trató de responder tranquila, pero no podía ocultar lo histérica que en realidad se encontraba, ella puso su mano nuevamente en su frente para intentar alivianarse.
—Si fuera por mí, les retiraría sus armaduras y los obligaría a pasar todas sus vidas como marginados, si tan solo se dieran una idea del problema en que nos han metido ustedes… ustedes.

—Pero… nosotros solo queríamos ayudar, ¿eso es malo? —Interrogó Shinryū alzando su rostro hacia la directora, pero ella no estaba para escuchar excusas de nadie.

—Vamos Eli… no seas tan dura, ellos actuaron como caballeros, salvaron muchas vidas hoy, bastante mal la han pasado en las instalaciones de seguridad como para que los tratemos como… no sé delincuentes. —Genki trató de abogar por ellos, pero eso no hizo sino aumentar la ira de la directora.

—Oh no, ¡ni siquiera se te ocurra tratar de defenderlos! Ellos no son solamente niños que cometieron un pequeño error, ¡son caballeros y ellos cargan una responsabilidad muy importante sobre sus hombros y si no empiezan a actuar como lo que son, entonces todos estaremos perdidos! —Recrimino la santa de la grulla, sino furiosa estaba molesta, ella creía que les estaba enseñando bien a sus alumnos, pero, todo lo contrario, les estaba fallando en grande al futuro de la humanidad.

Le preocupaban sus alumnos, más de lo que sus palabras histéricas podían demostrar, lo quería a todos… eran sus alumnos, no quería que ellos compartieran el mismo destino que todos sus compañeros de plata y bronce.

Genki al instante no supo que responder, pero después de suspirar pesadamente la miró a los ojos y dijo:
—De verdad… ¿lo que hicieron ellos no te recuerda a alguien Arkham? ¿No te recuerda a… ya sabes quiénes? —La directora de palestra al instante quedó muda, se podría decir que sorprendida, pero quien más parecía sorprendido era Alex, quien no apartó ni un segundo sus ojos de ella y Genki, Arkhamira desvió sus ojos azules al suelo, apretando fuertemente los puños, ¿cómo era que él con simples palabras la había hecho pasar del enojo a la tristeza?

—No te atrevas… a mencionar eso nuevamente. —Pidió en un susurro, manteniendo su mirada sobre el suelo, mientras sus manos temblaban y recuerdos se abalanzaban en su mente.

—Lo siento… pero tú debes entender ese sentimiento; de querer hacer lo correcto aun cuando todo el mundo te diga que estás equivocada, tu mejor que nadie deberías saberlo Arkham…—Le decía el caballero dorado de la balanza, colocando sus manos sobre los hombros de su compañera para demostrarle su simpatía por ella.
—Tú lo sabes, así… como ella también lo sabía, ¿qué crees que ella diría en esa situación? ¿Como crees que ella actuaría de estar aquí con nosotros?

Elizabeth se negó a responder, aun sintiendo la cercanía y el calor de su mejor amigo, no se dignaba a responder, ella tenía más que claro lo que Lilith haría, ella más que nadie sabía lo que su hermana habría hecho al haber estado en esa situación.
Ella, Genki y Alex sabían perfectamente lo que la antigua amazona del águila habría podido hacer, si su vida no hubiera terminado abruptamente aquél funesto día.

—Por respeto a ti y a ella… no responderé esa pregunta, pero si vuelves a mencionarla otra vez, te voy a patear el rostro tan duro, que me aseguraré de que pierdas todos los dientes…—Finalmente le dijo alzando sus ojos hacia él únicamente para apartarse de su campo de visión, cruzando sus brazos únicamente para pensar en ella y en lo mucho que no daría por volver a verla.

Hubo un largo e incómodo silencio durante unos momentos, hasta que Genki dirigió sus ojos lila hacia los cinco jóvenes que escuchaban todo con atención, ¿de que estaban hablando?
—Bien, creo que todos estamos de acuerdo que metieron la pata, fueran motivos nobles o no… no importa mucho en realidad. Los descubrieron, los tienen en video y… no parece que esto se vaya a olvidar pronto…

—En mi defensa, yo sabía que era una mala idea… todo esto lo planeó ese tonto de allí. —Benjamín apuntó hacia Seinma, aunque era cierto que él les había dicho que iba a pelear, no era necesario que los demás vinieran con él.

Aunque obviamente querían hacerlo, sobre todo John, que quería probar la siempre dulce adrenalina de la batalla.
—Oh… ya veo, y ya que estamos hablando de esto, Sein… me gustaría que me explicarás algo. —Comenzó diciendo, cambiando las imágenes que aparecían en las pantallas, para mostrar un holograma de Seinma, quien estaba realizando la técnica que había creado. "La estrella Fugaz de Pegaso"
—Esto fue captado por la última cámara de seguridad que quedó después del ataque del espectro de Mandrágora, el audio está corrompido y solo muestra imágenes, pero logró captar esto y… ¿Tu realmente hiciste esto? —Interrogó apuntando al holograma, justo en el instante que él había destrozado la máscara del espectro de la mandrágora.

—Yo eh…—Seinma se miró a sí mismo en el video, realizando su trazado de estrellas únicamente para que un segundo después apareciera frente a su enemigo destrozándole el pecho de la armadura en la fracción de un milisegundo.
—Sí… lo hice. —Respondió el muchacho apenado por su comportamiento, en especial por el mal manejo de su cosmos.

—Entonces, ¿realizaste una técnica de alta velocidad e impacto, para destrozar la armadura de tu enemigo y… además es una técnica que jamás habíamos registrado en los caballeros del Pegaso? —Al finalizar su pregunta Seinma solo pudo asentir, entonces su maestro se acercó a él para verlo frente a frente, tomándolo de los hombros con una mirada de incredulidad y asombro.
—Me estás diciendo que creaste una técnica desde cero, ¿para perforar armaduras?

—Uh… sí, ¿hice algo mal? —Preguntó Seinma confundido, pero en lugar de reprenderlo severamente Genki ¿sonrió? Se veía emocionado, incrédulo inclusive, su alumno había creado una técnica de combate desde cero.

—¿Algo mal? No, claro que no, eso fue increíble miera eso. —Genki señaló al holograma para que Seinma se viera en cámara lenta.
—Avanzaste dos metros en cuestión de milisegundos y destrozaste la armadura de tu enemigo antes de que hiciera su ataque nuevamente. —Al decir eso, Benjamín puso atención a la pantalla, si no hubiera sido por Seinma el espectro habría acabado con su vida en ese instante, le había salvado el pellejo no sabía cómo sentirse al respecto por eso.
—Amigo eso es increíble, incluso para un caballero dorado realizar una técnica desde… prácticamente, nada es una labor de meses incluso años el solo desarrollarla y de dominarla a la perfección mejor ni hablemos. —Al escuchar el entusiasmo de su mentor Seinma no pudo evitar sonreír… quizá no todo había sido malo en esa desastrosa batalla.

—Espera, ¿qué? Genki estamos tratando de hacerlos entender que sus acciones nos pusieron en peligro a todos, no estamos aquí para elogiar su comportamiento. — La amazona rubia reprendió a Genki, quien solo pudo sentir una leve sensación de pena por las palabras de su compañera.

—Disculpa, pero es cierto, es increíble lo que Seinma hizo si lo hubieras visto meses atrás él no podía quebrar una simple roca sin romperse los nudillos, ahora míralo, hizo un daño importantísimo a un Sapuri sin esfuerzo. —Genki comentaba viendo la grabación de seguridad con atención.
—Míralo, logró alcanzar la velocidad del sonido para salvar a su compañero en apuros, si eso no es un logro, no sé lo que es en realidad.

Seinma se rascó la nuca apenado por las palabras de su mentor, no era que no las aceptará con gusto era que… no esperaba que su primera técnica fuera digna de elogios, en especial por su pésima actuación ante el combate… Aunque si le ayudaba en esta situación por lo menos debía aprovecharla.

—Bueno… ¿qué puedo decir? Palestra me ha ayudado a seguir mejorando mis habilidades…—
Dicho eso Genki no pudo sino sonreír por su muchacho, no se había equivocado con respecto a él, era un verdadero prodigio en la batalla.

Aunque Arkhamira también se sentía orgullosa a su manera del progreso que había y seguía demostrando, eso no quitaba el hecho que no había actuado como un guerrero al inicio de la batalla.
—Aun así el desempeño del señor Seinma fue decepcionante. —Agregaba la directora cambiando la imagen a otro video de seguridad. En donde se podía ver al caballero Pegaso inmóvil e impotente frente a un enemigo que iba a acabar con su vida.
—¿Ves eso? ¿Que fue eso Señor Loverne? Te quedaste inmóvil ante el enemigo, ¿es que acaso no comprendes que en una situación de peligro real con un enemigo real no puedes dudar ni temer? El enemigo no va a esperar a que pongas en orden tus pensamientos para atacar, te asesinarán ante la más mínima oportunidad, si el señor Johnathan y la señorita Dannyela no hubieran llegado justo en el momento te habrían asesinado sin dudarlo, a ti y a Mary.

—Es cierto esa es la parte que no comprendí de todo esto, ¿por qué te paralizaste? —Interrogó el caballero de Fénix, fijando sus ojos en el Pegaso.
—Te he visto pelear, nunca dudaste en enfrentarte a otros, ¿que fue diferente esta vez Sein?

El muchacho bajó la mirada al suelo, juntando sus manos frente a su rostro… en realidad no tenía excusas, la realidad era, que al ver personas muertas por primera vez algo dentro de él le recordó a esos tiempos, donde él era pequeño e indefenso.
Cuando al momento de la verdad su cuerpo actuó por su cuenta pero él estaba rendido ante el terror de morir.

—Yo… no pude…—El respondió levemente, con voz temblorosa y con sus manos sobre su cabeza.
—Cuando, vi a las personas que esos desgraciados asesinaron… no pude reaccionar, mi cuerpo simplemente se paralizó… disculpen…

—No te preocupes Seinma San… a todos, nos llega a pasar alguna vez…—Murmuró Shinryū convocando a su memoria una en concreto, el día que su padre murió frente a sus ojos y él no pudo hacer nada para evitarlo.

—De cualquier manera y eso se los digo a todos, ustedes son caballeros, guerreros de Athena. Al momento de la verdad no pueden dudar ni un segundo, ellos no se detendrán hasta asesinarlos a todos ustedes, por lo que tampoco pueden dudar en hacer lo mismo. —Volvía a hablar la amazona de la grulla en tono autoritario frente a todos. Quienes alzaron sus ojos hacia su mentora, quien había recuperado su tono tranquilo aunque no por eso menos severo.
—Estamos enfrentando al peor enemigo de Athena, la peor amenaza que ha visto la humanidad desde Ares y si los matan… no solo perderemos a quienes se supone que van a salvar a nuestro universo, sino que todas las vidas que se han perdido hasta ahora habrán sido en vano si no comienzan a tomarse esto en serio.

Las palabras de Arkhamira dolían más que los golpes, ella no era solo estricta, era contundente con sus palabras, cosas que golpeaban más duro que cualquier puño o patada y ciertamente cortaban más profundo que cualquier navaja o espada.
Los cinco herederos, se miraron los unos a los otros, ella tenía razón… de entre todos ella tenía completa razón, seguían siendo jóvenes, inmaduros e inexpertos cualquier error sería mortal.

Cada duda sería pagada con sangre, cada error sería rápidamente respondido con la muerte.
Quizá si hubieran premeditado la situación antes de lanzarse a la batalla sin tener un plan o sin una buena estrategia de combate todo esto se habría evitado.

—Y de todas formas… ¿no entiendo, que se supone que hacían allí? ¿Por qué no avisaron a nadie de que estarían en la ciudad? —Preguntó el Santo de Leo, fijando sus ojos sobre los cinco de bronce, ellos ya estaban hartos de decir la misma respuesta, pero… lamentablemente en el día que menos debían de preocuparse fue el mismo que todo se fue al demonio.

—Sí avisamos… de hecho avisamos con antelación que iríamos a la ciudad para pasarla bien, ír a las árcades, ver una película…

—Comprar historietas…—Danny complementó a las palabras de su primo, ella más que nadie era la que más resentía los regaños, como que el mejor día de su vida se hubiera convertido en el peor día de su vida.

—Aunque… suponiendo que al patriarca y a mi padre le importamos tan poco, no me sorprende que esto haya terminado de esta forma. —Al decir eso los caballeros dorados y la amazona de plata los miraron detenidamente…
—De todas maneras, no comprendo por qué están tan furiosos, no nos han dado el dicho entrenamiento que nos prometieron durante semanas, si de algo quieren culpar nuestro desempeño eso es a ustedes, que ni siquiera nos prepararon para una situación como esta.

Arkhamira quería reprender a Johnathan por su respuesta, pero… en algo tenía razón, los habían preparado para luchar contra otros humanos, pero jamás a enfrentarse a los espectros, les habían enseñado a como pelear en equipo, pero jamás a luchar en unidad.

Eran duros con ellos por las razones correctas, pero todo lo que les había ocurrido no, eran guerreros… pero también eran humanos y por ende, niños.
Niños que buscaban alejarse solo unos segundos de la guerra para disfrutar de la poca infancia y adolescencia que aún podían disfrutar en sus posiciones como caballeros.

Genki los entendía, Alex los entendía, por dios Arkhamira entendía completamente a lo que ellos se referían, no habían tenido mucha infancia o adolescencia que disfrutar y los pocos momentos que podían hacerlo lo hacían en compañía de sus pocos amigos, los cuales también estaban metidos en esta guerra entre dioses que parecía jamás terminar.
Sus padres los habían abandonado, habían muerto o simplemente se encontraban lejos de ellos, necesitaban distraerse, dejar de sentirse solos en compañía de los demás que entendían ese dolor.

Salían de un conflicto para meterse en otro, perdían amigos, perdían tiempo, perdían las oportunidades de retomar una vida pacifica lejos de tanta violencia y muerte.
Y ahora estos jóvenes que representaban el futuro también estaban experimentando de primera mano el conflicto que se había llevado a más de los suyos que ninguna otra cosa lo había hecho.

Habían vivido los suficiente como para entender que esta vida era muy cruel con guerreros como ellos, salvaban vidas ayudaban a las personas a soñar con un futuro lleno de paz, aun cuando ellos solo pudieran anhelar conocer ese futuro, defenderlo más jamás disfrutarlo.
Ese era el precio que los caballeros debían pagar, esa era la condena que debían cumplir por haber elegido el camino del dolor…

La voz del Piloto se hizo presente, anunciando que pronto llegarían al santuario.
Allí solo podían esperar que lo que sea que fuera que el patriarca les dijera, terminara de una buena vez con este maldito día.

En el Santuario: Cámara del Patriarca.
Un par de horas más tarde…

Los Cinco Herederos se habían presentado frente al gran patriarca, arrodillándose ante él para recibir el castigo que él les impondría, por supuesto Shun seguía siendo un hombre de infinita compasión, aunque no los reprendería tan severamente como lo había hecho Arkhamira. Debía encontrar un castigo adecuado ante sus acciones.
No quería hacerlo en realidad, ¿qué habían hecho mal? ¿Salvar gente inocente, proteger a la ciudad, rescatar civiles en apuros? Aunque no fuera una victoria lo correcto sería premiarlos con un merecido descanso, dejarlos regresar a su día sin preocupaciones.
Pero… al mismo tiempo habían puesto a muchas personas en riesgo, habían puesto al santuario y más específicamente a los caballeros en el ojo público, los gobiernos ya los tenían en alerta y si fuera poco pronto habría rumores sobre la existencia de los Santos de Atenea por personas ajenas al santuario.

Y no querían ese tipo de atención Sobre ellos o en Athena… sobre todo de los militares quienes ya los habían tenido en la mira durante tantos años.
Quizá no sería duro… pero sería justo con ellos.

—Dos semanas, estarán suspendidos de palestra dos Semanas, sus armaduras se les retirarán de igual manera, utilicen ese tiempo para reflexionar todo lo que hicieron mal, tanto sus errores como sus fallos, cuando terminen sus castigos podrán volver a la escuela y al santuario, mientras tanto recibirán sus tareas y proyectos en línea…—Les decía Shun fijando su mirada en cada uno de los muchachos, pero sobre todo en su sobrino y en su hija, quienes no emitían sonido alguno y solo se dedicaban a mirar al suelo como los demás.
—En cuanto a ustedes dos… No Manga, No Anime y no Videojuegos por dos semanas, quiero que se enfoquen en sus estudios y en reflexionar sobre lo que hicieron, ¿entendido?

—Como usted diga Patriarca…—Respondió John sin levantar sus ojos, solo se limitó a suspirar pesadamente, en cuanto a la jovencita a su lado sus ojos eran cubiertos por su largo cabello anaranjado, los cuales ocultaban sus ojos llorosos.

La Saintia de Andrómeda se mordió levemente el labio, aguantando las ganas de estallar en lágrimas.
—Entendido. Pa… pa-patriarca…—Dijo simplemente dejando caer sus lágrimas al suelo.

A Shun no le gustaba ver a su pequeña llorar, pero era necesario esto para evitarle futuros problemas a ella y a su primo, si hubiera sido Ikki… no habría sido tan suave como lo estaba siendo en esos momentos.

A él no le importaría castigarlos de una forma más severa aún, esto hipotéticamente hablando solo de su hijo Johnathan, en cuanto a Dannyela… No sabía si sería duro o suave con ella, siendo la hija de su hermano la tenía en alta estima, aunque siendo Ikki cualquier cosa podría suceder.

—Bien… descansen muchachos, vuelvan a casa… en cuanto a Shinryū y Benjamín dejaremos que se hospeden en su cuarto en palestra, pero no tendrán permitido asistir a las clases. O bien, pueden regresar a casa a ver como se encuentran sus familias. —Añadió Shun levantándose lentamente de su trono, justamente al instante de que los jóvenes se alzaban frente al gran maestro, Danny aún se encontraba… triste, pero fue su padre quien la reconfortó colocando su mano sobre su hombro, al alzar sus ojos verdes hacia él, ya se había quitado el casco solo para ver a su niña… ella había hecho bien, había luchado con determinación y aunque la había castigado por su actuación en la batalla… Estaba orgulloso de su niña.
—Tranquila… todo estará bien, ¿comprendes? Solo serán dos semanas…

Danny solo respondió abrazando con fuerza a su papá, Shun al instante colocó su mano libre alrededor de su pequeña, era completamente cierto… la estaba descuidando mucho, le estaba negando el tiempo que ella necesitaba al lado de su papá y mamá.
Era prácticamente como si June y él no existieran, ella junto a Johnathan parecía que eran huérfanos, él había tratado de llenar ese vacío dejando que lo llamara al santuario, dándole todo lo que ella pidiera, dejándola ir a donde ella quisiera y de vez en cuando le permitía visitar el santuario.

Pero al mismo la estaba apartando, su mamá le había arrebatado su infancia dándole un entrenamiento exigente y casi mortal.
Ahora él le estaba arrebatando su adolescencia, el tiempo que ella necesitaría para crecer como persona y como ser humano, la amaba… la amaba más que a nadie en este mundo, la amó desde el primer momento que sus ojos se encontraron con los suyos, cuando que una de sus pequeñas manitas tomó con fuerza su dedo índice por primera vez.

Harbinger le había advertido sobre esto, sobre poner la misión antes que los deseos personales, incluyendo la familia que él tanto deseo formar, pero no pudo evitarlo esta pequeña era su futuro su sueño más preciado y al que jamás dejó de aferrarse desde que fue enviado a esta época a enfrentar a su peor enemigo.
Ella era el centro de su vida así como su misión más importante, aunque sabía que en su posición como Saintia y como guerrera en sí, pronto sería hora de enviarla a pelear no podía evitar pensar que le estaba fallando como padre, debía dejarla ser que tuviera una vida normal como una niña normal.

Pero el destino nuevamente le había jugado en contra, había puesto a su hija como la heredera de su armadura, si alguna vez se arrepintió de algo, eso era que el destino había elegido a su niña en lugar de cualquier otra persona para cargar con la armadura que él por tantos años llevó con honor.
Se suponía que él debía protegerla y no al revés.

Al menos le agradecía a Johnathan que él pudiera hacer aquello que Shun… estaba fallando constantemente desde que tomó el puesto del patriarca. Por su parte John veía con envidia a su prima, su padre jamás le demostraría tales muestras de afecto, no él se dedicaría a tratarlo como una basura, como un ser insignificante que no merecía respeto, así había sido desde que inició su entrenamiento y así seguía siendo.
Habían pasado meses desde que le había dirigido la palabra por última vez, ni siquiera se encontraba aquí, ¿por qué lo haría? De cualquier forma, si había estado avergonzado de él antes.
Ahora que no había ganado esa estúpida batalla ni siquiera se presentaría para ver al fracaso viviente que representaba su propio hijo.

Dichos pensamientos fueron interrumpidos en un instante cuando su tío lo acercó a él con su otro brazo, dejando en manos del Pegaso el casco dorado que lo representaba, para abrazar al muchacho que era como un segundo hijo para él.
Puede que no lo demostrará… pero también quería mucho a ese joven e imprudente guerrero que sin duda le recordaba a su querido hermano.

—Me alegra… que ustedes dos estén bien, yo… no sabría qué hacer si algo les ocurriera…—Les decía a ambos acercándolos a su pecho, en su voz se notaba una enorme aflicción, así como una enorme alegría, alegría que fue acompañada de las lágrimas del patriarca, acompañando a las de su hija y las de su sobrino.

—Perdón papá… solo queríamos ayudar…—Respondía Danny aferrándose a la túnica de su padre con fuerza, dejando escurrir sus lágrimas sobre la tela oscura que lo componía.
—Solo queríamos hacer lo correcto…

—Discúlpame tío Shun… yo… debí ser más fuerte, más rápido, debí...—Aunque John quería hacerse el fuerte, la cercanía y el tacto del patriarca fueron suficientes para que su voz se quebrara y de sus ojos, comenzaran a brotar pequeñas gotas, mientras apretaba con fuerza sus puños.

—No se disculpen… me alegra que sigan con vida, mis niños… —Al decir eso apoyó su cabeza sobre el hombro de ambos, John al igual que su prima aferró una de sus manos sobre el manto de Shun, los tres sollozando levemente ante el miedo y la importancia que habían sentido.

Tanto Seinma como Shinryū y Benjamín pudieron apreciar dicha escena en silencio, no iban ni querían comentar nada al respecto, ya podían volver a casa a pasar sus castigos tranquilamente, sin ir a prisión, sin que ninguno de sus amigos hubiera muerto y por supuesto con la esperanza de que en dos semanas todo volviera a la normalidad.

Había sido un pésimo día para todos.
Por suerte ya había terminado…

Mientras tanto en las doce casas

Sora se encontraba intranquilo, absorto en sus pensamientos, mientras miraba hacia la granja en el horizonte, desde que los herederos habían llegado al santuario y los había tele transportado a la cámara del patriarca se sentía ansioso por conocerlos, no había tenido la iniciativa de ír a la granja quería estar seguro de que todo esto fuera solo un error…

No habían pasado ni unas pocas horas desde que había sido condecorado con la armadura dorada de Sagitario… y ya tenía dudas sobre su destino, sobre su misión. Mucho antes de haber visto dentro de las aguas de la armadura de la copa y ciertamente mucho después de haber hablado con el patriarca.
¿Sí él no tenía destino entonces cual el u papel en esta historia? Podría convertirse en un gran héroe como Seiya, podría convertirse en un mártir como Aioros, podía incluso convertirse en un villano como Artorias.

Cualquiera que fuera el destino que le tocara, él era libre de elegirlo la parte que le preocupaba, era que sí él era el dueño de su propio destino, entonces eso significaría que de entre todos, ¿él era el único hombre completamente libre de las cadenas del mismo?

Si era de esa forma… entonces el destino había hecho esclavos a todos y ni siquiera su hermano habría sido la excepción.
Él había elegido este camino desde que era niño, había seguido los mismos pasos que su padre y su madre, se había entregado por voluntad propia al sendero del dolor, para que su hermano fuera libre del destino que había condenado a sus progenitores.
Paro aunque no existiera el destino como tal, la realidad era que todos estaban atados a esta vida, a una guerra sin fin, un eterno dolor que solo finalizaría con la muerte…
Si ese era el Destino que a él y a su hermano le aguardaban… entonces todo este tiempo estuvo luchando una batalla que nadie le pidió que luchara, pero que él deseó ser parte de solo para salvar a algún que estaba encadenado al mismo destino que todo su linaje antes que ellos dos.

Hasta que sus ojos se toparon con otro rostro familiar, esta vez era un viejo amigo, más que un amigo un hermano, portando la armadura dorada de la balanza, cabello castaño ojos lila y en su rostro una eterna sonrisa.

Sora a su vez sonrió igualmente al ver a un viejo conocido, saludándolo como se saluda a un amigo que no se ha visto durante años.

—Cuando supe que el caballero de sagitario ya se encontraba en el santuario supuse que tu estarías aquí… de cualquier forma eres el único que podría vestir la armadura con orgullo. — Decía acercándose hacia Sora, quien cambió su expresión seria a una más relajada, después de todo, aunque haya cambiado y se viera un tanto más viejo… Sora también era muy diferente de cuando eran chicos de 12 a 13 años.

Apenas se encontraron de nuevo Sora abrazó con fuerza a su mejor amigo de la infancia, le alegraba saber que él al igual que Seishin y Alex se hubiera convertido en el caballero que siempre dijo que sería.
—Jeh, Genki… me alegra verte de nuevo amigo.

—Igual, sabía que lo lograrías, de cualquier manera, eres muy obstinado como para dejar que un planeta entero te asesine. —Al decir eso Sora no pudo evitar reír, Genki seguía siendo el mismo, puede que tuviera la edad y el porte de un caballero dorado, pero el humor que tanto lo caracterizaba seguía ahí.

—Si bueno parece que tú también lo conseguiste, ¿el caballero de libra eh? Por un momento creí que te convertirías en el heredero de dragón. — Decía Sora acercándose a las escaleras para sentarse y ver el horizonte junto a su viejo amigo.

—Bueno… también lo creí en su momento, pero fui lo suficientemente fuerte como para adoptar la armadura de Libra y todo gracias a mi maestro…—Murmuró nostálgicamente sentándose al lado del caballero del Centauro alado, admirando el horizonte al lado del hombre que consideraba un hermano.
—Muchos de nuestros amigos se convirtieron en caballeros.

—Lo noté, cuando llegué vi a Shiki y… no pude creerme que él se convirtiera en el caballero de Aries. Él sí que cambió mucho de quien era antes. —Comentaba Sora suspirando levemente ante los recuerdos que empezaban a florecer en su mente.
—Si me hubieras dicho hace tiempo, que ese niño débil y miedoso que siempre necesitaba que alguien más lo protegiera terminaría convirtiéndose en uno de los doce guerreros más poderosos de todo el universo yo te habría dicho que estabas loco… Pero al parecer Shiki logró superar las expectativas.

—Jeh, sí… Recuerdas a Jacko, ¿Jackumori Tezuka?

—Eh… sí, el chico que siempre quería pelearse con los demás, ¿qué le sucedió? —Preguntó alzando sus ojos hacia Genki, quien río por la mención de Sora.

—Bueno… ese mocoso impertinente se convirtió en el caballero de Escorpio. —Al decir eso la cara de incredulidad en Sora fue mayúscula, ¿de verdad alguien de quien nadie esperaría nada era un santo dorado?

Sora al instante de escuchar esas palabras pudo sentir como
—Espera… ¿hablas en serio? —Interrogó incrédulo a su compañero, desviando sus ojos azules hacia Genki con genuina incredulidad.

—Sí, ¿de verdad no lo viste al llegar al santuario Sora? —Le interrogó arqueando una ceja, pero Sora… solo pudo ver hacia el horizonte incrédulo completamente incrédulo.

—No… Shiki nos teletransportó directamente a la cámara del patriarca, apenas he tenido tiempo de conocerlos a todos por aquí, vi… a Sira. No esperaba encontrarme con ella aquí. — Le decía genuinamente sorprendido de verla en este lugar, aunque conocía su historia… le sorprendía enormemente que ella de entre todos sus amigos de la infancia estuviera justo en este lugar.
—¿Cuantos amigos más se habrán convertido en caballeros?

Al preguntar eso Genki solo pudo responder suspirando pesadamente, si tuviera que responder esa pregunta… tendría que darle un par de funestas respuestas a su amigo.
—Pues… la mayoría se convirtieron en caballeros, Sovek, Arorios y Aroria, Alex, Elizabeth, Lilith… pero, otros simplemente decidieron tener vidas más simples… alejados de tanta guerra y conflictos.

—Comprendo. —Murmuró levemente al posar su mirada sobre el horizonte dorado, al pensar en sus viejos amigos y conocidos… su mente viajó directamente hacia la casa de Seika y su hermano, pensar en ellos le hizo replantearse otra pregunta igual de importante.
—Y… ¿cómo están Seika y Seinma? —Ante la pregunta Genki solo pudo responder con un ignominioso silencio.

Al contrario de sus deseos, Seika había permitido que Genki entrenará al hermano menor de Sora, convirtiéndolo en uno de los seis herederos que se enfrentarían contra Hades, el dios del inframundo y cuya guerra santa se había llevado a tantos amigos y hermanos.
El caballero de Libra miró hacia el enorme terreno de granja donde Seika vivía y suspiró levemente.

—Pues ellos... ellos están bien, ambos han seguido adelante. —Respondió levemente intentando sonar lo más casual posible, sin mucho éxito lo cual levantó sospechas sobre Sora.
—Seika ha cambiado, aunque no mucho sigue preocupada por levantar esa vieja granja por su cuenta, ya sabes cómo es, tan obstinada y determinada como tu lo eres. —Ante la mención Sora no pudo sino reír por las evidentes comparaciones con ella, pero aún no se sentía completamente tranquilo.
—Y Sein, bueno, él ha crecido, ha crecido mucho en estos años, si tan solo lo vieras ahora, no sé qué dirías no sé si te sentirías orgulloso como yo o…—Abruptamente se detuvo pensando bien en sus palabras, así como el destino de su joven pupilo.

No era secreto que Sora y Seika habían querido algo mejor para Seinma, un futuro diferente… algo a lo que él pudiera anhelar y ver con esperanza, pero… lamentablemente él había descubierto su cosmos a temprana edad.
Ese mismo cosmos solo podía pertenecerle al Pegaso, había tenido sus dudas pero todo se despejó cuando mostró todo el poder de la estrella del corcel alado. Queriéndolo o no Seinma como Sora habían estado atados al mismo destino de convertirse en caballeros, ahora que el mañana era incierto para uno de ellos, solo el futuro podría revelar la verdad de lo que pasaría con ellos dos.

El santo del Centauro dorado se levantó de su asiento llamando la atención de su compañero de Libra

—Genki.—Sora susurró ocultando sus ojos azules bajo su largo cabello castaño, el santo de libra solo pudo desviar sus ojos hacia él curioso de sería lo que su compañero de Sagitario debía decirle.
—¿Mi hermano… es libre?

La pregunta conmocionó enormemente a Genki, quien solo pudo atinar a levantarse deprisa para ver a su compañero, por alguna razón había sentido una enorme sensación de peligro.
Parecida a la que había sentido cuando Artorias se reveló contra el Santuario.
Aquél que no conocía la historia estaba destinado a repetirla, él sabía perfectamente eso…

Pero, la pregunta era: Si Sora conocía la verdad respecto a su hermano, ¿qué haría cuando se le revelará que él había tomado el camino de los caballeros de Athena?

No había mucho tiempo para pensar en la respuesta, de hecho… no había tiempo para pensar en nada.
—Supongo que nadie se querrá quedar en palestra, ¿no es así muchachos? —Preguntó John desde adentro de la casa de Sagitario. —Si quieren… pueden venir a nuestra casa, saben que son más que recibidos.

—No… estaré bien, de cualquier forma, debo volver a palestra por mis lentes de repuesto… además quiero volver a mi tierra, para ver cómo se encuentra mi madre, aprovecharé ese tiempo también para mejorar mi técnica y ayudar un poco en casa, cuando estoy en este planeta solo me puedo comunicar con mi familia por celular, a veces tarda en enviarse los mensajes o en conectar las llamadas, ¿me pregunto cómo estará Huā? —Mencionaba Shinryu apoyándose sobre del caballero de Cisne, quien lo guiaba fuera de la casa de Sagitario.

—¿Y tú Ben? ¿Te gustaría acompañarnos? —Preguntó Danny más tranquila, aunque sus ojos aún se veían un poco rojos por haber llorado tanto.

—Nah… iré a la ciudad de Neo Italia, si mal no recuerdo William tiene un departamento allí, intentaré colarme por la noche… eso será mejor que quedarme en un cuarto solo en Palestra…—Benjamín respondió simplemente, su mente aún se encontraba en aquél momento con el espectro de mandrágora como para enfocarse 100% en el presente.

—Estás seguro de que no quieres venir, tenemos mucho espacio… y será un poco aburrido sin ustedes cerca muchachos…—Danny trató de convencerlo, pero él se negó rotundamente.

—No… además así será mejor que cada quien vaya por su camino hasta volver a encontrarnos, solo serán un par de semanas. Tataré de estar al contacto con todos. —Agregaba suspirando pesadamente.
—Y… Seinma…—Cuando escuchó ese nombre Sora no quiso voltear a sus espaldas, no quería si quiera verlo, esperaba que fuera todo una simple coincidencia.
—Gracias… por salvarme.

—¿Uh? Oh… sí, no hay problema Ben. —El joven Pegaso respondió sonriendo levemente rascándose la nuca en el proceso. —De todas formas, somos equipo ¿no es así? Además, era lo menos que podía hacer. —Comentaba suspirando levemente, para finalmente fijar sus ojos hacia adelante, donde se encontraban Genki y un hombre misterioso dándoles las espaldas.

§

No pudo evitar sentir una extraña sensación recorriendo todo su cuerpo al fijar sus ojos sobre la espalda del hombre misterioso, una sensación incluso familiar, como la primera vez que vio a Seika después de tantos años.
—Uh, Maestro Gen-ki…

Seinma iba a saludar a su mentor pero… él se veía como si hubiera visto un fantasma, los cinco herederos miraron al hombre que portaba la armadura del Centauro Dorado, nadie les había notificado que el noveno caballero de oro ya se encontraba en el santuario.
Y menos que ya vigilaba la casa de Sagitario, aunque el ambiente era ominoso lo que les causaba más intriga era saber quién era aquél misterioso hombre.

—Muchachos, ¿qué sucede porqué nos detenemos? —Preguntó Shinryū abriendo sus ojos levemente para intentar ver algo, pero solo podía ver dos sombras frente a él, su visión no podía enfocarse en nada… hasta ver el brillo dorado de las armaduras del Zodiaco.

—¡Ah! Ese debe ser el caballero de Sagitario, mira Sein, ese es el guerrero dorado más poderoso de las doce casas. —Danny anunció acercándose alegremente hacia el santo dorado del centauro.
—Bienvenido, creo que no nos han presentado aún mi nombres Dannyela Shune la Saintia de Andrómeda. —Decía al lado del guerrero dorado, alzando su mirada para familiarizarse con él.
—Ese de allí él es mi primo John el caballero de Fénix, los de al lado son mis amigos Benjamín de Cisne y Shinryū de Dragón, y ese es… uh… ¿señor? —Danny interrogó curiosa de que el caballero de sagitario no lo volteara a vez, más aún de que él se quedara viendo al horizonte sin prestarle atención a la joven.

Por un momento hubo un incómodo silencio, hasta que el caballero dorado finalmente obtuvo la fuerza para mirar a quienes se encontraba a sus espaldas, pudo admirar a la jovencita de ojos verdes y cabello anaranjado, al muchacho de cabello oscuro con rayos rojizos y ojos azules, al joven de cabello rubio y ojos celestes, a un muchacho de cabello verde oscuro con ojos aguamarina…
Pero ninguno de ellos le llamaba la atención.

A quien veía con atención ara al muchacho de cabello castaño y ojos cafés, él… había crecido tanto en todo ese tiempo y podía verlo en su postura, en su rostro… en sus ojos, odiaba admitirlo, pero él se veía justo como su padre, obviamente habían diferencias, como su piel que era un tanto más pálida, su rostro aún no poseía ningún bello facial y su cabello era aún más largo.
Pero era él, era el segundo hijo de Sebastián, su hermano menor.
La persona a la que le había fallado, Sora sentía tanta ira, tanta impotencia… tanta decepción.
Había llegado demasiado tarde y no tenía a nadie quien culpar más que a él mismo.

Seinma se sintió nervioso de la mirada del caballero dorado de sagitario sobre él, pero a su vez miró a sus compañeros quienes estaban en silencio por la extraña mirada que le dedicaba. Él parecía alguien familiar a los ojos de los demás herederos, pero no sabían bien porqué… tenía un extraño parecido al joven caballero de Pegaso quien no entendía que estaba ocurriendo, pero, quizá él no estaba familiarizado con el italiano y por eso no entendía las palabras que decían.

Por esa razón él se acercó lentamente, notando una extraña sensación recorriendo su cuerpo, no entendía que rayos estaba ocurriendo.
—Uh, hola Caballero de Sagitario, mi nombre es Seinma, Seinma Loverne y soy el heredero de Pegaso. —Con esas palabras Sora cerró sus ojos azules con fuerza, dejando salir un suspiro de exasperación de sus labios.

Nada de esto había valido la pena, era oficial su sangre estaba maldita y ellos estaban destinados a repetir la misma historia que sus padres, Sora abrió nuevamente sus ojos mirando a su hermano hacia abajo, quien levantaba su mano amigablemente hacia él.
Y lo único que pudo responder fue con apatía.
—Tu no deberías ser caballero…

Al decir eso Seinma retrocedió sorprendido de la respuesta que le había dado ese hombre al igual que los demás herederos.
—¿Qu-que?

—No comprendo, como es que ella te permitió ser caballero… no comprendo cómo es que tú tuviste que ser elegido. —Decía entre dientes, mostrando una expresión de furia remarcada sobre todo su rostro.
—¿Porqué de entre todos tuviste que ser tú? ¡¿Se suponía que no debía ser así, es que acaso lo que buscas es que te maten niño imbécil?! —Preguntó con ira en su voz, estaba más que furioso con él por haber tomado el camino que jamás le deseó a él.

Seinma estaba más que confundido, ¿que había hecho mal para que ese desconocido le hablara así? Su expresión cambió de una tranquila a una confusa y prontamente a una expresión de furia.
—Oye, yo no te he hecho nada para que me hables de esa forma, ¿quién te crees que eres? —Al preguntarle, Sora apuntó sus ojos azules hacia los ojos café de Seinma.

—¿Yo…? —Preguntó levemente al muchacho frente a él quien lo miraba con confusión e ira, al igual que él. —Yo no soy nadie a quien debías conocer, pero aun así estás aquí en el lugar donde no deberías estar, ¿cómo fue que tu… no… ¡¿cómo fue que Seika permitió que te convirtieras en esto?! —Interrogó levantándolo de la camiseta abruptamente, poniendo en alerta a todos los caballeros alrededor.

—Sora, eso no fue su culpa, ¡yo lo entrené! —Decía Genki tratando de abogar por él, algo que no mejoró los ánimos del caballero de Sagitario.

—¿Tu? —Preguntó lanzando a un lado a Seinma, quien se arrastró unos metros lejos de él junto a sus compañeros quienes fueron a socorrerlo rápidamente.
—¿Tienes idea de lo que has hecho? ¡Arruinaste su maldita vida malnacido hijo de…!—Sora no pudo terminar de maldecir cuando sus ojos nuevamente se posaron en su hermano, quien era asistido por sus amigos a ponerse de pie.
—Esto no debía pasar… esto no… esto no tenía que suceder. —Murmuraba agarrándose el rostro ¿qué clase de destino era este, condenando a dos niños cuyos únicos pecados fue el de haber nacido bajo un linaje de guerreros?

El joven Pegaso se levantó del suelo con ayuda de John y Danny, quienes miraban al santo de sagitario con miedo y confusión, Este primero tuvo que hacer la pregunta que todos se estaban haciendo en esos momentos.
—Hey tarado, aunque seas un caballero dorado no tienes derecho a tratarlo así, ¿quién demonios te crees animal?

—¿Que no es obvio? —Preguntó mirando hacia la dirección de los herederos únicamente para ver a Seinma.
—Soy su hermano mayor. —Ante esa revelación Seinma abrió sus ojos en shock, "¿Hermano Mayor?" Seika jamás le había dicho algo a cerca de tener un hermano mayor, jamás comentó nada al respecto, jamás dijo nada de un tal "Sora" y ahora que se encontraban por primera vez en años él solo pudo responder con agresión y odio hacia su hermano.

A primera vista ellos no podrían parecer hermanos, pero al notar las diferencias detenidamente tanto John, Danny y Benjamín se percataron de que, aunque ambos realmente se parecían, no solo en sus rostros.
Genki tenía entendido que ellos dos ambos tenían el cabello castaño de su padre, la piel clara de su madre y la determinación de ambos.
Pero lo que los hacía diferentes eran sus ojos, la edad y por supuesto la fuerza. Nadie jamás pensaría que esos ambos serían relativos sanguíneos, en especial por sus ojos… Pero el pasado que ambos compartían no mentía en lo absoluto, ambos provenían de la misma familia.

El mundo de Seinma se caía a pedazos en su mente y Sora… Sora no estaba mejor, necesitaba respuestas, necesitaba saber qué demonios había sucedido con Seika y Seinma como para que este fuera su presente.

—Te condenaste a la misma vida que papá, mamá y yo, Seinma… esperaba que al irme tu pudieras tener un futuro lejos de esto, pero me equivoqué…—Sora se apartó, para ír hacia las espaleras y desde allí ver a la ganga de Seika, donde iría a obtener todas las respuestas que necesitaba.
—Somos esclavos de nuestra sangre, del pasado y del destino… jamás seremos verdaderamente libres, estamos condenados a vivir este ciclo eternamente—Sus palabras eran confusas, irracionales de alguna forma pero Sora sabía a lo que se refería, pues esta no era la primera vez que Sagitario y Pegaso se encontraban en desafortunadas circunstancias.
—Pero tienes mi palabra, algún día seremos libres… ¡Tú serás libre! —Dichas esas palabras abrió sus alas de par en par para dar un gran salto y salir volando de allí.

—¡Espera! —Pidió Seinma tratando de detenerlo, pero ya era tarde él ya se había retirado, dejando al confundido muchacho con la mano levantada hacia él.

El destino de ambos era encontrarse una y otra vez, sin importar donde, cuando o como, después de todo esa era la maldición que ambos compartían, una penitencia basada en sus pecados pasados, encadenados a un ciclo interminable de dolor y sufrimiento sin fin.

Sisifo y Tenma.

Aioros y Seiya.

Seiya y Koga.

Ahora Sora y Seinma, dos hermanos que habían sido obligados a convertirse en caballeros, ya fuera por los arbitrarios giros del destino, por necesidad o por una fuerza aún mayor a ellos que los había puesto en esta posición.
No importaba ambos estaban destinados a repetir el mismo ciclo, esclavos de un mismo destino.
Dos almas cuyo pecado fue desafiar la voluntad de los dioses.

Más tarde ese día.

Ya era de noche y los cuatro herederos recogían sus cosas de sus cuartos, solo aquello que les fuera esenciales, sus cuadernos, tabletas electrónicas y sus ropas. Lo demás se quedaría para cuando tuvieran que regresar a la academia, solo serían un par de semanas hasta que se les fueran devueltas sus armaduras.

Mientras tanto, Benjamín buscaba algo entre las cosas de Shinryū y al encontrarlo lo tomó entre sus manos, era un estuche de color negro, que al abrirlo reveló un par de lentes como los que su compañero solía utilizar, después de sacarlos los colocó sobre el rostro del caballero del dragón, quien finalmente abrió los ojos para ver a sus amigos.

—Ahhh gracias Benjamín-Kun… no sabría que habría hecho sin ti, estoy prácticamente ciego sin mis lentes. —Comentó ajustando las micas de sus lentes para ver mejor a su alrededor, odiaba esa sensación de no poder ver nada.

—Jeh sí, al menos ya te recuperaste al 100% Shin, me gustaría decir lo mismo de Sein…—Comentaba Johnathan cerrando el compartimiento de la pared, sacando solo lo que necesitaba, con ello la pulsera de su madre.
—¿Quien habría dicho que ese tonto era su hermano? Digo él solo hablaba de su hermana, ni siquiera él sabía que tenía un hermano mayor y que él fuese tremendo capullo

—Si bueno, supongo que es la primera vez que tiene que lidiar con un familiar que es un reverendo idiota…—Murmuró Benjamín tomando sus audífonos y su chelo. Lo demás ya se encontraba dentro de la mochila que colgaba en su espalda.

—Vaya que somos un club de pringaos… mi padre es todo menos un padre, mi madre está en otro planeta, Shinryū perdió a su padre a temprana edad además de que su madre está débil físicamente, los padres de de Danny nunca están con ella y bueno los tuyos son…—John terminó de explicar después de bajar de su cama, Benjamín solo pudo responder suspirando levemente, caminando hacia la salida del cuarto.

—Lo sé, son la definición del peor de los males… pero ya estoy acostumbrado a vivir con ello. —Dicho eso abrió la puerta para tomar la delantera y ser el primero en salir.
—Vamos… nos están esperando.

—Bueno, supongo que Seinma-san era el único que no tuvo una vida tan dura como la nuestra, pero… supongo que hay muchas cosas que no sabemos de él aún, algo me dice que ni siquiera él está al tanto de ello. —Decía el muchacho de cabello ébano tomando una mochila de color verde y el morral que el Pegaso siempre llevaba encima, caminando hacia su compañero de Cisne.

—Sí, aunque lo que me pregunto es: ¿Que era a lo que se refería ese idiota con eso de ser "Esclavos"? No tiene mucho sentido si me lo preguntan—Murmuró John saliendo de la habitación junto a sus compañeros, en el pasillo se encontraba Danny quien los había estado esperando, al verla allí John suspiró colocándole su mano en el hombro a su prima. Quien ya se encontraba mejor, más tranquila por así decirlo. Aunque menos preocupada.
—¿Y bueno como se encuentra esa chica… como se llamaba? ¿Lizbeth?

—Ella está bien se encuentra estable se recuperará en pocos días, es muy fuerte… quizá más de lo que yo soy. —Comentaba levemente apartando un mechón de pelo de su frente, al escucharla John colocó su mano sobre su hombro, ella era fuerte, pero… seguía siendo una niña, poco después

asintió aliviado de saber cómo se encontraba la amiga de Danny y Seinma, pero al pensar en este último necesitó hacer otra pregunta:

—¿Y… como se encuentra Sein? —Al interrogarle Danny negó con la cabeza y frente a esa respuesta John solo volvió a suspirar.

—Sí, me lo imaginaba… vamos no lo dejemos esperando más, tengo el presentimiento de que esta basura de día no terminará para él hasta que vuelva a casa. —Les dijo a sus compañeros y prima, guiándolos lejos de los dormitorios.

En los pasillos algunos alumnos los veían con curiosidad, otros con asombro, no era secreto para nadie de palestra que los herederos se habían enfrentado a los espectros, algunos murmuraban que ellos los habían derrotado y ganado.
Otros que habían luchado heroicamente expulsándolos de la ciudad con sus habilidades y poderes en conjunto, algunos más los admiraban por haber logrado algo que casi parecía imposible, repeler a la amenaza de los espectros como una unidad.

Y unos otros solo los juzgaban en silencio, en específico un grupo que parecía conformado por rivales pasados… nadie tenía la verdad absoluta, en realidad la mayoría se equivocaba respecto a ellos, no le habían otorgado una victoria al Santuario ni a los Caballeros, de hecho ni siquiera había sido una victoria.
Había sido un desastre, el enemigo los había derrotado y escapado antes de que la milicia local llegara a darles refuerzos y lo que los hería profundamente era que se les considerará como guerreros poderosos o incluso héroes, cuando todo había sido por mera suerte que hubieran salido con vida de aquella situación

No eran héroes, no eran ni siquiera los guerreros que durante tantos años les habían dicho que eran, solo eran un montón de novatos que habían tenido suerte de que no los encerraran de por vida o que los hubieran asesinado.
Eso se sentía aún más al pasar junto a la estatua de los Héroes del Ayer, aunque tuvieran las armaduras y sus títulos no parecían ser dignos de los mismos, para ser dignos era estar a la altura no sobrevivir por pura suerte situacional.

Aunque odiaran admitirlo la directora tenía razón, ellos no estaban preparados aún para una batalla real contra un enemigo real, aún eran muy inexpertos en el combate, como su poca o nula cooperación, estaban destinados a la grandeza, pero aún les faltaba mucho para llegar a ese punto, aunque entrenaran y dieran todo de sí mismos…
Aún estaban lejos de ser esos guerreros que cambiarían el curso de la guerra.

Justamente al salir miraron en dirección a la estatua de Athena y debajo de ella a un joven Pegaso triste y solitario, en posición de ovillo solo podía cavilar, en sus pensamientos nuevamente había dudas… dudas sobre aquél hombre llamado "Sora" y lo que le había dicho.

¿Él realmente era su hermano? Cuando lo vio por primera vez sintió una extraña familiaridad con él, queriéndolo o no ellos dos poseían un enorme parecido físico, su piel, su cabello… Pero sus ojos.
Sus ojos no se parecían en absoluto, los de ese hombre eran azul marino y los suyos eran café oscuro completamente, aunque… pensándolo detenidamente, cuando encendía su cosmos sus ojos cambiaban de color a un profundo azul metálico, entonces si eran realmente hermanos, ¿por qué hasta ahora era que había aparecido? ¿Por qué Seika nunca se lo había mencionado? ¿Porqué siempre le estaba ocultando cosas?

Lo que le dolía no era que ese hombre que decía ser su hermano lo hubiera tratado como basura, lo que le dolía profundamente era que Seika le seguía ocultando secretos, tanto de Sora como esa tal Asami.
porqué Seika le ocultaba tantas cosas sobre su familia, ¿qué era lo que trata de ocultarle y porqué lo hacía? Nada de esto tenía sentido, pero necesitaba respuestas, necesitaba saber qué era lo que ella le ocultaba, pues tener que saber cosas como estas y de esa forma solo lo herían profundamente al muchacho.

"Sein… me escuchas?" La voz de aria resonó en su mente, pero aunque él obviamente podía escuchar su voz, no quería responder. Solo seguía pensando en Sora, Asami y Seika, el primero no lo conocía de nada pero parecía tener un enorme resentimiento hacia él y el camino que había elegido.
La segunda apenas y sabía quién era y parecía que se preocupaba más de lo debido por él y por sus amigos sin importar el camino que él había tomado.

Y luego estaba Seika, quien había estado allí prácticamente desde el inicio de su vida, quien había juzgado cada cosa que había hecho, tanto sus acciones como sus decisiones fueran buenas o malas, guiándolo por el mejor camino posible, dedicándole cada segundo a su muchacho para convertirlo en la mejor versión de si mismo, ella siempre fue muy cerrada en hablarle de su familia, él de alguna forma había aceptado que solo eran ella y él en este universo, pero con el duro golpe de realidad de que no estaba solo… llegaba la parte de las dudas, de las preguntas y del constante pensamiento parasitario que no le permitían seguir adelante.

¿Por qué Seika jamás le había contado nada de esto? ¿Qué era lo que tanto le quería ocultar? Si su hermana sabía algo de su pasado o no, tenía que saberlo… Necesitaba saber que tanto le había estado ocultando hasta ahora.

"Sein no me ignores por favor, háblame…" Aria volvió a pedirle respuesta, a lo que Seinma suspiró cansado.
—¿Tu lo sabías? —Interrogó causando desconcierto en el alma de la joven que residía en su mente, ella dudó en responder pero después de unos segundos en silencio decidió responder.
"Si… lo sabía." Dicha respuesta hizo que Pegaso hundiera más su cabeza entre sus brazos.

—¿Desde cuándo? —Volvió a indagar tratando de calmar los temblores de su cuerpo, se sentía impotente, traicionado, incluso despreciado por las dos mujeres que siempre le dijeron que serían honestas con él.
"Desde siempre, cuando… él te sostenía en sus brazos y yo solo miraba el mundo, silenciosa e inmutable desde tus ojos." Al decir eso Seinma no pudo sino comprimir todas sus emociones en su pecho, casi querían hacerlo sangrar.

—¿Por qué nunca me lo dijiste? — Preguntó una vez más con voz temblorosa, sintiendo como sus mejillas comenzaban a humedecerse poco a poco.
"Por que esperaba que… Seika te lo dijera, esperaba que ella fuera la primera en decirte lo de tu hermano, para que así todo esto fuera más fácil de procesar… yo… lo siento mucho Sein… ¿Estás enojado?" al interrogarle Seinma solo pudo limpiarse los ojos con su muñeca, para alzar sus ojos hacia el frente.

—Sí lo estoy, pero no contigo…—Aclaró levantándose del suelo, admirando a la estatua de la diosa Athena en toda su gloria, estaba más que dispuesto a descubrir la verdad ya era hora después de todo, ya había esperado más que suficiente. —Sea lo que sea, descubriré que es lo que me han estado ocultando toda mi vida.

Finalmente sus compañeros aparecieron a su lado, puede que fueran todos diferentes por fueran pero por dentro eran iguales, niños que habían nacido solo para cumplir con los deseos de sus familias como con los destinos que se les habían impuesto a todos.
Ellos habían heredado poderes, conocimientos, voluntades, sueños… y junto con eso una responsabilidad mucho más grande de lo que ellos eran.

Quizá soñar tan alto era perjudicial, para ser héroes primero debía aprender a ser guerreros, para ser guerreros primero debían aprender a ser humanos aprender a convivir con el fracaso.
No todo iban a ser victorias y gloria, también habrían momentos donde se pondrían a prueba sus mentes más allá de sus cuerpos, donde sobrevivir no significaría ganar y donde cada acción tendría una consecuencia.
Los cinco caminaron juntos, ante las miradas de los demás estudiantes de palestra quien de entre todos ellos los miraba desde lejos el santo del Unicornio, apuntando su ojo azul hacia ellos con su cabello de plata ondeando con el viento una vez más aquellos con un destino tomaban la gloria que él quería, mientras que él era apartado y olvidado.

¿Quién dictaminaba que su destino debía ser ese? No importaba cuanto tiempo le tomara él iba a tomar, iba a superarlos a todos, iba a derrotarlos a todos.
Y una vez que se alzará como el guerrero supremo nadie jamás lo olvidaría de nuevo.

Poco después en Nueva Florencia.

Seinma se había despedido de sus amigos, aunque no fuera un adiós definitivo no se volverían a ver hasta dentro de dos semanas, tiempo suficiente para pensar y reflexionar sobre un par de cosas, sobre todo Seinma quien… necesitaba hablar con Seika sobre un par de cosas.

Al llegar a la puerta principal fue recibido por Mitsuki quien a pesar de recibirlo con la alegría y entusiasmo de siempre parecía un tanto triste por así decirlo se veía preocupado, no fue hasta que miró hacia la puerta de su hogar que también pudo sentir esa sensación, una sensación ominosa que solo podía significar que algo malo había sucedido.
Seinma caminó a prisa a casa, con la esperanza de que Seika estuviera bien

Al entrar se encontró con una sala vacía en completa penumbra, al mirar al suelo pudo ver el florero favorito de Seika roto en el suelo, con la tierra desperdigada en el suelo y la hermosa rosa que había estado viviendo allí marchitada, eso le preocupó enormemente pero al desviar sus ojos hacia la cocina pudo ver la luz encendida, caminó directamente allí solo para ver a su hermana allí sentada frente a la mesa, con una mano sujetando su frente y con la otra descansando sobre la mesa… pasado el susto inicial Seinma suspiró aliviado de que nada malo le hubiera pasado a su querida hermana, aunque no por eso su preocupación mermó ella se veía estresada incluso cansada, no sabía por qué pero… al captar un olor particular se extrañó en demasía, la cocina apestaba como a humo y al mirar su mano pudo ver un cigarrillo encendido.

¿Su hermana fumaba? Era extraño… no tenía ni una idea que ella hacía eso, pero… quizás en realidad no sabía nada de su propia hermana.

Suspiró pesadamente nuevamente, captando la atención de su hermana quien rápidamente apagó el cigarro en el cenicero, donde había 3 cigarros apagados más dentro.
Ella se veía sorprendida de que su hermano hubiera llegado a casa sin avisar, ya era tarde y lo había estado esperando desde hace horas, pero ahora finalmente se presentaba en casa.

—¿Sei, cuando fue que llegaste? —Preguntó sorprendida de no haberlo visto o escuchado antes, tratando de ocultar el cenicero obstruyéndole la vista con su cuerpo, ya era muy tarde como para fingir que no había estado fumando desde hacía unas horas.

—Yo… acabo de llegar…—Respondió en voz baja apartando la vista, incluso al acercarse levemente ella olía a tabaco, otro secreto que descubría de manera rancia.

—Eh bien, me alegra que hayas llegado ¿tú… estás bien Sei? —Preguntó preocupada sabía que algo no estaba bien con Seinma, pero necesitaba estar segura de que su muchacho había conocido a Sora.

—Sí yo… estoy bien, estoy bien… supongo. —Respondió metiendo sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón, el joven Pegaso esperaba que su hermana ya supiera lo que tenía, pero… parecía que no iba a iniciar ella la conversación. Parecía que quería seguir manteniendo la fachada de que todo seguía igual que siempre, que todo era normal… aun cuando no lo era. Suspiró ni siquiera porqué ese día había sido el peor de su vida ella sería honesta con él. Se dio media vuelta y se dirigió a las escaleras.
—Estaré en mi cuarto si me necesitas…

—Sí, me alegra que hayas regresado a casa sano y salvo Sei…—Le dijo sonriéndole amablemente, pero Seinma… siguió su camino hasta tomar el barandal de las escaleras y allí se detuvo, amaba a su hermana la amaba más que a su propia vida.

Pero le dolía tener que conocerla verdad de formas tan dolorosas como esas, él se detuvo levantando su mirada sobre su hombro para ver hacia su hermana y con una profunda tristeza habló:
—¿Quiénes son Asami y Sora, hermana? —Seika abrió sus ojos de la impresión por aquella pregunta, jamás la esperó por parte de Seinma… pero si era completamente honesta, sabía que su muchacho no era tonto… pero ella lo trataba como uno.

—Sei… yo, yo no…

Ante la duda de responder Seinma simplemente le dio la espalda para seguir su camino escaleras arriba.
—Lo supuse…—Murmuró subiendo las escaleras hacia su habitación, si su hermana no le iba a ser honesta no quería escuchar cualquier tipo de excusa que tuviera preparada para él ese día.

Estaba harto, cansado y adolorido por todo lo que había sucedido ese día lo único que quería era recostarse en su cama para olvidar todo lo que había pasado ese desgraciado día… ni un día de arduo entrenamiento llevando su cuerpo al extremo físico y mental lo habían agotado tanto.
Así que… esto era lo que la vida también le depararía, no solo revelaciones llenas de dicha. También revelaciones sombrías y duras eso no le agradaba en lo más mínimo, lo detestaba incluso si las respuestas llegaban el mal sabor de boca siempre se quedaría allí.

—Supongo… que esta es la parte dura de crecer. —Susurró para sí mismo después de arrojarse a la cama y cerrar la puerta, para Aria si era que lo estaba escuchando, sabía que sí pues sus mentes estaban conectadas.
"Sein entiendo tu molestia y comparto tu pesar, sé que debió ser difícil haber descubierto que tenías un hermano… pero no estés enojado con Seika, ella habrá tenido sus razones para no decírtelo." Pedía Aria tratando de consolar a su Pegaso, pero no parecía que había consuelo para él, no existía en esos momentos. En realidad, no estaba molesto con ella estaba molesto por todas las cosas que se le habían acumulado ese mismo día, por eso estaba molesto y por qué la persona que decía ser su hermano lo hubiera tratado como basura.

—Ese es el problema, no estoy enojado con ustedes solo estoy molesto de cómo se desarrolló este día y… de como tuve que conocer a mi hermano…— Aria entendía completamente a lo que Seinma se refería, ella había pasado una situación similar… con su propio hermano, pero en lugar de ser una experiencia desagradable, conocer a Koga fue lo mejor que le había pasado en toda su joven vida, algo de lo que estuvo verdaderamente feliz incluso ante la fría mano de la muerte.
"Entiendo a lo que te refieres Sein…"

—¿De verdad, tu tampoco conociste la existencia de tu propio hermano? —Interrogó sorprendido de la declaración de Aria.
"Si… aunque haya perdido mi cuerpo, aún preservo todos mis recuerdos de cuando era humana, por esa razón siento y comprendo tu dolor" Pero aún si ella sabía lo que significaba desconocer a su propia familia ¿por qué no le había dicho nada? Oh claro… por que esperaba a que Seika lo dijera primero.

Estuvo allí en el silencio y la oscuridad de su cuarto hasta que escuchó la puerta abrirse, suspiró alzando su cabeza hacia la puerta de su habitación, para encontrarse nuevamente con su hermana. Quien se veía triste más que antes en realidad, podía asumir que era por lo que había ocurrido hacía unos momentos, por esa razón comenzó a levantarse hacia ella quien tenía algo entre sus manos.

—Dime… ¿los conociste hoy? —Preguntó Seika Simplemente para recibir como respuesta un leve asentir de la cabeza de su hermano, con dicha respuesta Seika suspiró para sentarse sobre la cama al lado de su hermano.
—Sí… Asami Kido y Sora de la Torre son nuestra familia…

—¿Por qué no me lo dijiste? —Interrogó el muchacho susurrando levemente y Seika respondió con un pesado suspiro.

—Tienes que entender una cosa Sei, todo lo que he hecho hasta el día de hoy ha sido para protegerte, desde negarte ser un caballero hasta buscar darte lo mejor siempre… he tratado de ser todo para ti, tu papá, tu mamá, tu hermana, tu mejor amiga debes creerme que jamás he buscado herirte de ninguna forma posible, por eso te he ocultado tanto y tantas cosas. —Respondió después de unos segundos en silencio.
—Es cierto Sora es tu hermano… y Asami… Asami es un tema muy aparte.

—Entonces… ¿por qué nunca me dijiste que yo tenía…

—Por qué ese fue su deseo y el mío, no queríamos que te involucraras en la misma vida que él, por esa razón jamás dije o mencioné nada sobre Sora además por qué no quería herirte…—Lo interrumpió a sincerándose con él más que nunca en su vida, sabía que su muchacho estaba herido y ella había sido la responsable más aún que el mismo Sora.
—Él se fue y te abandonó, eras muy pequeño Sein, apenas podías hablar incluso caminar… esa es la verdad y sabía que si te lo decía te lastimaría mucho…

—¿Porqué? —Preguntó Seinma aún más confundido que antes, pero de antemano ya veía la respuesta frente a sus ojos.

—Supongo que lo viste, ¿no? Fue a convertirse en un caballero en… quien sabe que parte del universo… pero jamás llamó, jamás envió un mensaje o una carta durante 12 años, creí que había muerto…—Le respondió agarrándose la frente al solo pensar en todas las cosas que le habían ocurrido al hombre de cabello castaño durante todos los años que estuvo lejos de casa.
—Pero no tuvo que llegar hoy, justamente este día para reprenderme porque te habías vuelto un caballero.

—Espera… ¿qué? —Preguntó nuevamente confundido, ¿entonces él había venido aquí? Eso explicaba el florero roto y que Seika se hubiera visto tan estresada anteriormente.

—Discutimos… yo me puse muy mal y le dije algunas cosas que no quería. Entiendo que pasó un infierno, pero… no tuvo excusas para mostrarse después de tantos años, así como si nada frente a nuestra puerta para decirme que te había fallado a ti y a él. — Le reveló obligando al muchacho a bajar la cabeza, para ser la primera Impresión… Sora no le estaba dando nada, ni siquiera una buena razón para considerarlo como a Seika, A Mary, Danny John o como a Benjamín, que aunque no se llevaban completamente bien al menos se respetaban.
—Quizá lo hice quizá no… no lo sé para ser honesta, lo único que sé es que lo eché de casa. Después de tantos años y ni siquiera tuvo la sensatez de pedir perdón, solo llegó a recriminarme sobre que su hermano se había convertido en caballero y que yo no hice nada para evitarlo… incluso cuando lo intenté…—Agregaba desviando su mirada al suelo.

—Yo elegí este camino, tu no tienes la culpa de nada Seika. —Trató de decir Seinma, adoptando toda la responsabilidad como caballero.

—¿Y qué si lo tuve? Yo debí haberte alejado de esta vida, de esta carga… Tu eres un niño, no deberías estar peleando batallas de hombres, tu no deberías estar envuelto en todo este conflicto tú… tu no... —Seika se detuvo, recordar le era doloroso más ahora que nunca, pues queriendo negarlo o no su muchacho le recordaba mucho a su hermano menor, y el destino que a él le deparó.
—Respeto tu decisión… aunque sigo sin estar a gusto con ella, Sora tiene razón no debiste haberte convertido en caballero. Pero eso no justifica su accionar. —Agregaba volviendo a suspirar, no quería darle la razón a Sora sobre todo por lo que había sucedido anteriormente, pero ambos estaban de acuerdo en algo. No querían que su hermano menor sufriera el mismo destino que toda su familia.
—Él es tu hermano pero eso jamás le impidió te abandonarte a ti y a mí, y en lugar de pedir perdón lo único que hizo fue abrir más una herida que ya había cerrado.

—¿No entiendo nada… ¿por qué? ¿por qué no me lo dijiste incluso cuando regresé a casa? —Volvió a interrogar confundido, no por las razones de Sora, pero por las razones de Seika, no comprendía las razones de ocultarle la existencia de su propio hermano.

—Por qué no quería que sufrieras más, tu hermano desapareció por doce años, creí que había muerto… jamás se apareció por aquí hasta el día de hoy, realmente lo creí y cuando apareció en mi puerta el día de hoy no supe que hacer, ya has pasado por mucho Sei… no quería que esto te detuviera de ninguna forma. —Explicaba con voz temblorosa y los ojos ardiéndole por las enormes ganas que tenía de llorar no solo por los recuerdos, sino porqué jamás esperó tener que hablar de esto con su hermanito de esta manera.
—Sé que estuve mal Sei, lo sé y lo siento… pero Sora jamás estuvo aquí contigo, ¿quién más te iba a querer, a cuidar y a preocuparse por ti?¿ Tu hermano? Él se fue yo no. Me hice cargo de ti porque te amaba… yo te cuidé, te vi crecer, te alimenté, te cambié los pañales, yo escuché tus primeras palabras, yo te vi caminar por primera vez, yo… él nunca estuvo aquí para eso… por esa razón quería evitarte más sufrimiento al decirte que tu hermano te había abandonado como si no fueras nada. —Justamente al terminar su dialogo las lágrimas comenzaron a caer de sus mejillas, preocupando a Seinma quien se arrodilló frente a ella, dándole su mano para demostrarle su apoyo incondicional, no quería lastimarla tampoco, pero la falta de respuestas y dudas habían estado hiriendo al muchacho todo ese día.
—Yo te eduqué y te crie… cuando despertaste tu cosmos tuve tanto miedo de perderte, me aferré a ti como jamás en mi vida me he aferrado a nada, pero no pude detenerte… solo rezar para que volvieras con vida lo único que no deseaba era perder nuevamente a un hermano, te amo Sei desde el fondo de mi corazón y yo jamás he buscado lastimarte, jamás… pero sé que lo he hecho y no sé cómo disculparme contigo por mi más grande error, pero te pido que me perdones… Quería lo mejor para ti después de todo lo que perdiste…

¿Después de todo lo que había perdido? ¿A qué se refería con eso? ¿por qué hablaba de Sora como si él no fuera también su hermano? Miles de preguntas surgían en su mente, pero para responderlas todas Seinma sabía que debía hacer una pregunta muy importante, más que cualquier otra previamente realizada.

—Seika… ¿quiénes son nuestros padres? —Interrogó el muchacho alzando sus ojos a los de ella, ella reprimió un sollozo, únicamente para responderle.

—Eso solo Sora lo sabe…—Reveló causando un enorme vuelco en el corazón de Seinma, el que Sora supiera quienes habían sido… significaba que ella no los había conocido.
—Yo no recuerdo a mis padres, murieron hace tantos años… apenas tengo memorias de ellos.

Dicho eso Seinma ladeó su cabeza, la cual comenzó a bajar al suelo, con la realización de que ambos no eran realmente hermanos.
—¿Que? Q-quieres decir que tú y yo… no somos…

—Lo somos, yo te amo Sei…—Respondió antes que él pudiera finalizar aquella sentencia. —Somos una familia tu yo Mitsuki, Shira y nuestros animales, aunque no seamos hermanos de sangre el lazo que nos une es mucho más fuerte, y hasta donde a mí concierte eso vale más que tu maravilloso hermano mayor, sé que no soy poderosa, fuerte o que porto una armadura dorada, pero a diferencia de él yo no te hare daño…—Trataba de decir desesperadamente, llorando amargamente por tener que decirle esa verdad tan dolorosa, pero si era lo que él necesitaba oír se lo iba a decir… pues ya no quería mentirle más a su muchacho…
—He hecho todo lo que he hecho por ti… porque te quiero Sei… y por qué no quiero volver a perderte… eres mi bebé… y no quiero perderte de nuevo como perdí a mi hermanito, ¿comprendes? —Le interrogó recibiendo como respuesta un fuerte abrazo de Seinma, quien al igual que ella había comenzado a llorar.

—No digas eso… tu eres mi todo, eres mi mundo. Yo me hice fuerte por ti y por ti me haré aún más fuerte por ti… No me importa que no seamos hermanos, yo siempre seré tu hermano pequeño… y tu… siempre serás mi hermana mayor. —Respondió entre sollozos sintiendo como los brazos de su hermana comenzaban a rodearlo con suavidad, esta era la única forma que ambos podían decirse disculpas, de la manera más sincera que podían otorgarles sus corazones.
—Eres fuerte… más fuerte de lo que quizá yo… jamás seré…

—Te quiero…—Dijo Seika

—Yo también…—Respondió Seinma.

Shira miraba desde fuera de la habitación del joven Pegaso la escena que acontecía dentro, jamás en su vida había visto muestras de afecto tan puras como las que ellos dos podían ofrecerse. ¿En realidad quería hacer esto? Iba a destrozar a esta familia solo por sus egoístas caprichos, deseaba poder tener a su familia de regreso pero…
Esta familia era todo para ella, quería reconsiderar sus acciones… pensar en una mejor forma de salir de esta situación que ella misma se había metido

"Esperaremos pacientemente niña, pues de eso depende si vivirás para ver el nuevo mundo del señor Hades, si servirás como una marioneta sin identidad, voz … o voluntad."

Las palabras de la diosa del sueño se hicieron presentes una vez más dentro de su mente, fallarle a esos malditos dioses era una sentencia de muerte, si ella perecía no sería capaz de volver a esto.
A sentir el calor de un hogar.
Si nunca hubiera tenido contacto con estas personas, quizá su misión hubiera sido más sencilla… pero para obtener algo se debía sacrificar algo a cambio… Pero, ¿ella estaba dispuesta a sacrificar esto? Después de todo lo que había sucedido, ¿de verdad iba a Sacrificar esta vida que le habían dado?

No deseaba pensar más en ello. Si quiera intentarlo le era doloroso, suponía que esto era el precio a pagar por jugar con el destino.

Después de unos segundos abrazados, Seinma y Seika se miraron a los ojos, aún estaban rojos e hinchados, pero el lazo que los había unido desde hace años se había fortalecido en esos momentos.

Ahora Seinma tenía una pregunta muy importante que hacerle a su querida hermana.
—Ahora por favor dime… ¿Quiénes Asami?— Al interrogarle ella ladeó su cabeza levemente.

—Esa una historia muy aparte, tengo mis razones para… evitar hablar de ella y de su compañía. Solo tienes que saber… que es hija de una persona que me ayudó mucho cuando llegué a este mundo. — Ante su respuesta el muchacho asintió levemente, pero al instante necesitó preguntarle algo más.

—Y bueno… ¿Quién fue tu hermano? — Al finalizar su pregunta Seika nuevamente suspiró, si este era el día en el que le debía revelar la verdad a su muchacho.

Ella fijó sus ojos en Seinma y con la serenidad que la caracterizaba se levantó ayudándolo a él a levantarse ofreciéndole su mano.
—Ven Sein… es hora de que sepas la verdad del lugar dónde vengo.

Y entonces… En el Santuario.

El caballero de Sagitario se encontraba en completa soledad mirando al horizonte astral, pensando en las palabras de Seika, pensando en su hermano… jamás esperó que su llegada al santuario y en un todo que regresar a su hogar fuese así…
Seika, Seinma… había hecho todo esto por ellos y ahora que él ya no era necesario para sus vidas, ¿qué le quedaba? Solo su odio e impotencia por no haber estado aquí cuando ambos lo necesitaron, por no haber ayudado a su padre cuando se sacrificó por el mundo, por no haber podido evitar la muerte de su madre…

Toda su vida había sido perdida y fracasos uno tras otro, odiaba fracasar… pero lo que más odiaba era perder a sus seres amados, no tenía derecho en estar enojado ni con su hermano, ni con Seika rayos, ni siquiera tenía derecho de estar enojado con Genki… él los había estado protegiendo en su lugar…

Él había hecho lo que Sora jamás pudo, ambos habían hecho lo que él fracasó en ser… ser los hermanos de Seinma… su ira estaba dirigida exclusivamente hacia sí mismo, el muchacho quería ser fuerte, Genki lo hizo fuerte.
El muchacho quería proteger a Seika y lo hizo, mientras que él solo pasó toda su vida lejos de él, no tenía derecho a recriminarles nada…

—Y… dime, ¿el futuro ya se te ha revelado o sigue en blanco? —Preguntó una persona a su lado, quien salía de la casa de Sagitario, esta se trataba de Eriana, la amazona de plata de la copa, cuya armadura se encontraba frente a la casa del centauro alado.

Sora la volteó a ver y luego volteó a ver hacia la armadura.
—No… sigue igual que antes…—Respondió levantándose del pilar donde estaba recargado para caminar nuevamente hacia la armadura de plata y al mirar dentro de ella solo pudo admirar su reflejo en las aguas cristalinas, junto con el cielo estrellado y Alfa reflejando la luz de Omega.
—Creo que lo comprendo, yo no era necesario… si no tengo destino entonces quiere decir que todo habría sido igual incluso sin mi…—Murmuró agachando la cabeza en señal de derrota, todo había sido en vano.

—Yo no creo eso…—Aclaró la amazona obligándolo a voltearla a ver, aunque no podía ver su rostro sabía que por debajo de aquella máscara ella sonreía tranquilamente, mientras que su cabello rosa era ondeado por el viendo de la montaña.
—Yo represento la armadura de la copa y al estar en constante contacto con el futuro he visto demasiados de caminos ante mí, miles de alternativas y billones de finales… El que tu no tengas futuro, es algo nuevo para mí…—Comentaba posando su mano sobre el borde de su armadura, admirando su futuro dentro de ella, ella quedó en silencio unos instantes ante la imagen que aparecía frente a ella, la cual no era muy alegre, en realidad era un final triste y desolador… pero al reflejar a Sora, nuevamente pudo ver un camino diferente al que le estaba esperando, lo cual la hizo sonreír de nuevo.
—Algo incluso, esperanzador…

—¿Y eso que significa? —Preguntó Sora completamente confundido por las palabras de Eriana, quien apuntó su mirada sobre el santo de sagitario una vez más.

—Significa que al no tener un futuro fijo quizá tú seas la piedra angular que necesitábamos para definir la victoria en esta guerra. — Aclaró sonriéndole a su compañero, colocando su mano sobre su hombro.
—Como dijo el patriarca, no estas atado a ningún advenimiento… a ningún destino en particular, lo cual significa que quizá tú seas aquél que realmente pueda hacer un cambio en las reglas, aquél que termine con todos los destinos y le devuelva la libertad a los caballeros quizá a toda la humanidad. — Así ella dio media vuelta para colocar su mano sobre la armadura de plata, que segundos después se ensambló sobre su cuerpo en un resplandor de luz junto con la larga capa blanca que había adornado a la armadura, cubriendo su cuello y brazo derecho, al verla vistiendo aquella armadura de plata… se veía hermosa a la luz de la luna azul y esa mera imagen le volvió a dar esperanza.
—Pero eso depende de cómo utilices ese don, sin importar como sea… asegúrate de que sea la opción correcta. —Declaró retomando su camino entre la oscuridad de la noche.

Sora quedó solo una vez más… pensando en las palabras de Eriana… pensando en las palabras de Seika…
Pensando en las palabras del patriarca, si eso era cierto, entonces esto significaba que él era el único guerrero libre del destino que había esclavizado a sus padres y que ahora estaba apresando a su hermano bajo el mismo ciclo… él era esa pieza clave en esta historia, aquél que marcaría la diferencia entre la victoria o la derrota.
Con eso en mente pensó en el papel que él debía desempeñar en esta contienda por el destino de la humanidad, si él sería aquél que llevaría la victoria a la humanidad… o la llevaría a su extinción.

El que no conocía la historia estaba destinado a repetirla, pero él conocía perfectamente la historia e iba a ser el responsable, serían libres de las cadenas del destino de una vez por todas, tenía el poder y la fuerza, además de que su futuro estaba en blanco.
Lo que significaba que él sería capaz de cambiar el destino de su hermano y el suyo, la pieza correcta colocada en el lugar correcto podía cambiar el curso de la historia, incluso el destino podía cambiar.
Sería capaz de acabar con esta horrible maldición.

Con fe lo imposible soñar, al mal combatir sin temor.
Triunfar sobre el miedo invencible. De pie Soportar el dolor…

Amar, la pureza sin par.
Buscar, la verdad del error.
Vivir con los brazos abiertos.
Creer en un mundo mejor.

Es mi ideal la estrella alcanzar, no importa cuán lejos se pueda encontrar.
Luchar por el bien, sin dudar ni temer.
Y dispuesto a mi vida entregar si lo dicta el deber.
Y yo sé que si logro ser fiel, a mi sueño ideal… estará mi alma en paz al llegar, de mi vida al final.
Y será… nuestro mundo mejor, si hubo quien despreciando el dolor combatió hasta el último aliento.

Con fe, siempre fiel, a su ideal.

Don Quijote de la Mancha. ~

¿Y tú, Has sentido el Poder del Cosmos?

Α

Después de las dos semanas de castigo establecidas, los cinco guerreros elegidos regresaron a palestra después de haber recuperado sus armaduras del Santuario, todos tenían un cambio de ánimo bastante evidente.

No habían desperdiciado el tiempo, se habían preparado para volver a la escuela entrenando sus tanto sus mentes como sus cuerpos, aún sin sus armaduras habían logrado hacer ascender sus cosmos, habían aprendido del error por esa misma razón estaban preparados para continuar con sus entrenamientos y sus estudios.

—Bueno, eso fue basura… dos semanas sin pelear o desafiar a nadie, me siento un tanto oxidado. —Mencionaba Johnathan haciendo movimientos circulares con su brazo, para recuperar la movilidad perdida por dos semanas sin mucha actividad física.

—Habla por ti… al menos pude descansar de toda esta basura…—Respondió Benjamín e su típico tono indiferente y/o molesto.

—Huh… veo que no cambiaste mucho en estas dos semanas, eso es bueno… supongo. —Decía Johnathan rascándose la nuca, para entonces mirar hacia Seinma.

—Yo estoy feliz de haber podido ayudar a mamá y Huā en casa, cuando vengo a este planeta usualmente no puedo visitarlas a menudo, fue lindo poder ir a verlas… y a reparar mis lentes, ahora siempre tendré un repuesto cuando los necesite. —Añadió Shinryū feliz de estar al lado de sus amigos.
—¿Y tú Seinma-san? ¿Lograste hablar con tu hermano?

—Sí… pero no fue muy agradable que digamos…—Respondió el Joven Pegaso suspirando pesadamente, rascándose la cabeza para finalmente acomodar un par de mechones de su frente.
—Supongo que, no vamos a entendernos mutuamente, así que lo mejor será no hablarnos de nuevo…

—Te entiendo. —Murmuró Johnathan escuchando las mismas palabras que él había dicho sobre su padre, pronunciadas por su compañero de Pegaso.
—Bueno bienvenido al club de los que tenemos familiares basura, allí estamos Benjamín y yo, los refrescos están en la mesa junto a las papas.

—Jeh sí supongo…—Murmuró Seinma recuperando sus ánimos.

—No te preocupes Sein, estoy segura de que tu hermano no es mala persona… debió pasar por muchas cosas para convertirse en un caballero. —Añadió Danny tratando de solventar la compleja relación de Seinma y Sora.

—O simplemente es idiota… lo bueno es que no tendrás que volver a verlo otra vez… a menos que tengamos que volver al santuario de nuevo… o que te lo encuentres casualmente por allí. —Comentó John, aunque sus palabras, no mejoraban lo que había sucedido momentos atrás en el santuario.

—Uh… gracias supongo…—Murmuró Seinma cansado, esperaba que este día fuera mejor que aquél que tuvo hacía dos semanas atrás, o eso esperaba…

Hasta que los cinco se detuvieron al escuchar una voz a sus espaldas antes de entrar a la instalación educativa de los Santos de Athena.
—Muchachos, vengan conmigo las clases ya van a comenzar. —Pidió una voz conocida, al darse la vuelta ellos pudieron encontrarse con uno de sus profesores, de cabello lila y ojos azules.

—¿Maestro Marco? Que sucede. —Interrogó Danny sorprendida de la abrupta llegada de su profesor de capacitación física y entrenamiento de cosmos allí.

—Bueno la directora Arkhamira pide sus presencias en la arena de entrenamientos en el campus sur. Vengan conmigo. —Les pidió sorprendiendo a todos allí mismo, era extraño que empezaran el día con un combate de cosmos.

No era raro solo extraño, no esperaban que su primer día después de regresar de sus castigos los pusieran a pelear inmediatamente. Algo estaban tramando, pero aunque le interrogaran a Marco él solo se limitaba a decir que era una sorpresa de la directora.
Rayos, ni siquiera les estaban dando tiempo de reencontrarse con sus amigos que no habían visto en esas dos semanas.

Una vez llegaron al recinto, los Cinco muchachos se sintieron confundidos, no había nadie allí con ellos y al mirar a sus espaldas marco había desaparecido en un instante, dejándolos aún más confundidos.

—Huh… por qué no hay nadie, se supone que la directora quería vernos hoy. —Murmuraba Seinma mirando a su alrededor esperando a que llegaran sus compañeros, o la directora… o al menos alguien al área.

—Quizá está en otro lado…—Menciono la joven Saintia inspeccionando le área, en este lugar se organizaban duelos entre estudiantes de mayor rango, sea lo que sea que Arkhamira estuviera preparándoles ese día… debía ser muy importante para necesitarlos justo en ese lugar.

—O quizá se le olvidó. Sea lo que sea no veo porqué nos pidieron venir aquí…—Johnathan agregó fijando sus ojos sobre las gradas, ni siquiera allí había rastro de la directora, de sus compañeros o tan si quiera la razón por la que directamente los enviaron a esta área de entrenamiento.

Sus pensamientos fueron rápidamente Interrumpidos cuando las puertas se abrieron de par en par y de allí Genki entró, dibujando una sonrisa sobre sus labios al verlos a los cinco juntos reunidos en el área de combates.

—Bienvenidos muchachos, a su primer entrenamiento de combate dictaminado por el santuario… —Decía llamando la atención de los jóvenes quienes sorprendidos desviaron sus ojos para encontrarse con el caballero dorado de Libra.

—¿Maestro Genki? —Preguntó Seinma sorprendido, ¿en serio iban a tener a un caballero dorado para enfrentarse el primer día? Y no solo eso… ¿ese caballero dorado iba a ser su mentor? Quizá este día no iba a ser tan malo como parecía.

—Oh Genial, finalmente nos vamos a tomar esto en serio. —Decía John entusiasmado de comenzar con la prueba, sin dudarlo lanzó sus cosas a un lado para tomar la piedra de su armadura y prepararse para el combate.
—¿Y que nuestra primera prueba serás tú? Genial, siempre quise medir mi fuerza contra un caballero dorado en un combate real. —Decía listo para colocarse la armadura del Fénix para pelear.

—Por más que me gustaría que así fuera, yo no seré su primera prueba… solo vine a monitorear el entrenamiento como a analizar sus habilidades y debilidades. —Decía caminando directamente a las gradas, dejando confundido a los cinco jóvenes, al momento de sentarse él simplemente se relajó y apuntó hacia arriba.
—Su oponente real… se encuentra justo ahí. —Decía obligando a los muchachos a levantar sus ojos hacia las luces del recinto… allí vigilándolos como una sombra se encontraba una mujer, vestida con una armadura de plata y una bufanda que le cubría el rostro ella descendió velozmente hacia ellos, cayendo elegantemente al suelo y sorprendiéndolos.

¿Cómo es que no se dieron cuenta de que ella había estado allí todo ese tiempo? Era eso o… se había escabullido de una manera tan silenciosa y rápida que jamás la notaron llegar.
Ella miró a cada uno de sus estudiantes con una mirada fría y seria, mirada que ellos ya conocían de antemano.

—Muy bien muchachos, escuchen atentamente…—Esa voz… ella era, la directora Arkhamira, por primera vez portando su sagrada armadura frente a ellos y presentándose de una forma como nunca antes la habían visto. ¿Realmente era la directora? Porque su aura era completamente diferente al porte sofisticado y formal que la caracterizaba.
—Espero que hayan aprovechado sus dos semanas de castigo y no solo hayan estado perdiendo el tiempo. Porque si quieren ser dignos del poder dorado y tomar la batalla entre sus manos deberán pasar cada uno de los retos que hemos preparado para ustedes cinco. — Dijo colocándose en posición de combate, Tanto John, Danny, Seinma, Shinryū y Benjamín se dieron cuenta de que estaba sucediendo… ella iba a ser su primera prueba como herederos.
—Su primer reto para demostrar que son capaces de luchar contra los espectros. ¡Seré yo!

Continuará…

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