Luego de haber dormitado un par de horas, Bellatrix abrió los ojos alterada al no saber dónde estaba y por qué no reconocía aquella habitación, pero luego como si le hubiese golpeado una Bludger en la cabeza, el recuerdo de lo sucedido el día anterior le llegó de golpe, haciéndola estremecerse y retorcerse las manos con nerviosismo.

Se sentó con lentitud sobre la cama teniendo las piernas estiradas y recorrió la habitación con los ojos, observando el pequeño cuarto con detenimiento. La verdad es que no era pequeño, pero para alguien como ella que tenía mansiones y habitaciones gigantescas, eso era casi una ratonera. Pudo ver que había dos chaquetas de cuero negras colgadas en la pared, banderines de Griffindor desperdigados por el empapelado e incluso en el techo, haciéndole sentir asco de tener esos colores tan cercanos a ella. Giró su mirada hacia la mesilla que estaba a un costado de la cama y encontró un pequeño cuadro con un enmarcado en plata. Lo reconoció de inmediato y lo tomó para poder apreciarlo más de cerca. Era una foto mágica, la cual se movía y dejaba observar cómo los fotografiados sonreían con elegancia y altanería. Llevó sus dedos hasta el rostro de uno de los hombres y acarició la imagen con sus dedos sobre el vidrio, sintiendo como el corazón se le acongojaba con fuerza

—Debí haberte hecho caso Reggie… —susurró Bellatrix en un suspiro, mientras la lágrimas se agolpaban con rapidez en sus ojos. Recordó el momento en que su primo Regulus llegó llorando hasta su mansión, gritándole que por favor se alejara de su señor, que se salvara, que no era lo que todos creían y terminaría mal. Se sintió culpable de no haberle hecho caso y ahora estar sufriendo los estragos de la realidad. Dejó un beso en el vidrio, justo en la cara de su primo fallecido que mostraba tener no más de quince años en esos momentos y volvió a dejar el marco en el mueble, observando como los hermanos Black le devolvían la sonrisa que ella misma tenía en aquellos minutos, levantándose luego. El rostro de su pequeño primo le había hecho sentir nostalgia al no tenerlo ya entre ellos, entre el mundo de los vivos, y es que durante el tiempo que pasó luego de que Sirius había dejado la familia, Regulus vio en ella la figura de hermana mayor que necesitaba reemplazar, llegando al extremo de besar el piso que ella tocaba. Le tenía un cariño superior al que sentía por sus hermanas y claramente él había necesitado a alguien que sustituyera la ausencia de su hermano. Se lamentó al ver que el menor de los Black había tenido razón y sintió rabia al darse cuenta de que había perdido la vida por un ser asquerosamente inferior a él. Agitó la cabeza para desaparecer aquellos pensamientos y pasó por el costado de una cómoda que tenía más cuadros con fotos, pero todas eran de Sirius y sus amigos, por lo que no las tomó en cuenta y antes que ponerse a vomitar encima de ellas, las pasó de largo sin querer arruinar su día más de lo que ya sabía que estaba.

Caminó hasta el umbral de la habitación, y se quedó allí, mirando el sillón que dejaba ver unos pies fuera del posa brazo

—¿Qué hago? —susurró para sí —, ¿lo mato y me voy?..., no Bella, no puedes hacer eso, porque no tienes a donde mierda irte, pero tampoco puedes quedarte con él sin saber si te va a entregar. Aunque no creo que te entregue después de lo que hizo anoche, pero también puede ser un trampa y esté planeándolo todo para encerrarte en Azkaban de nuevo y así que le den la libertad a él, además que lo abofeteaste —se debatía consigo misma. Estuvo largos minutos sopesando todo, sin saber aún qué hacer, pero salió del cuarto y caminó hasta quedar frente al sillón donde yacía el hombre dormido.

Frente a ella, Sirius dormía plácidamente. Su rostro estaba apacible y relajado, completamente dormido, lejano a las preocupaciones y miedos que tenía la mujer en aquellos minutos. Sintió que su corazón saltaba dentro de su pecho muy fuerte y se asustó al pensar que le daría una de esas enfermedades Muggles que había leído en un libro, por lo que hizo lo primero que se le vino a la cabeza. Pateó con fuerza la base del sillón y aquello hizo que su primo saltase sobre sí mismo, asustado

—¡¿Pero qué mierda te pasa?!, ¡¿No sabes despertar a la gente de forma normal?! —preguntó él llevándose una mano al pecho tratando de calmarse al haberse visto arrebatado del sublime estado que entrega el mundo onírico

—Tengo hambre —contestó ella con la mirada seria y serena, ocultando todo lo que estaba sintiendo antes de aquellos momentos. Ocultando todas las incertidumbres y miedos que sentía desde el día anterior

—¿Y me viste cara de elfo doméstico?. Cocínate algo tú misma, si es que encuentras algo para comer por allí —contestó Sirius dándose la media vuelta sobre el sillón y disponiéndose a dormir un rato más

Bellatrix al ver aquello, volvió a patear la base del sillón con fuerza y dijo —No sé cocinar y tengo hambre

Sirius bufó con fuerza y se giró para tener la vista fijada en ella —Mira, princesa Lestrange. Yo no tengo puta idea de cómo cocinar y mucho menos sé si es que hay algo aquí que sirva para hacerse algo de comer, por lo que estamos tal cual que en Azkaban. Te aguantas, a menos que como te dije, encuentres algo por la cocina que sirva, pero lo más probable es que esté podrido

—¿Y qué se supone que voy a comer si no hay nada y no sabes cocinar? —dijo ella cruzándose de brazos

—¿Qué mierda sé yo? —contestó él —Llama alguno de tus elfos y que te traigan algo, a mí me tiene sin cuidado lo que hagas —se quedó callado por algunos minutos. Luego cerró los ojos y luego de resoplar dijo —, pero no te vayas.

Al escuchar aquello, Bellatrix tuvo que esconder la estupefacción que la había embargado, no entendía que era todo aquello que estaba pasando con el animago y tampoco quería saberlo, se estaba comportando de una manera nada habitual en él. Inspiró con fuerza y exhaló, para luego caminar hasta un espacio cercano al escritorio que había allí y tronar los dedos. Al segundo apareció la elfina de la bruja, bajando la cabeza en señal de respeto

—La ama ha llamado a Pipi —saludó la criatura—, ¿qué puede hacer Pipi por la ama? —preguntó esperando las órdenes

—Necesito que me traigas alimentos, todo lo que puedas, además de ropa y que te quedes aquí luego, porque necesito hablar contigo. No digas a nadie que me has visto y mucho menos que te he mandado a traerme cosas. No menciones que estoy aquí y no le digas ni a Rodolphus del lugar en el que me estoy quedando, no des la dirección ni hagas alusión a la ubicación —comandó

La elfina asintió con vehemencia y desapareció sin decir nada.

Sirius que había estado escuchando, se sentó sobre el sillón y miró a su prima. —¿Confías en que una elfina no te delate? —preguntó con sorna—, ¿tú, la mujer más desconfiada de todo el puto mundo?

—Por supuesto —dijo ella con seguridad mirándole con suficiencia —. Ella es solo mía y me dio toda su lealtad a mí, además que no la trato como el resto de los sangres puras tratan a sus elfos. Es decir que yo a ella sí que la trato bien, no como tú que no dudo en que hayas intentado golpear a Kreacher, o matarlo. Por eso es por lo que el pobre no duda ni un segundo en traicionarte —acotó con una ceja alzada, sabiendo que había dado en un punto exacto para que su primo hirviera de rabia.

Antes de que el animago pudiese contestar algo, Pipi había vuelto con toda clase de comida y alimentos para ser mantenidos en las pequeñas gavetas y muebles de la cocina. Con un gesto de sus manos, las provisiones se guardaron solas y sobre la pequeña mesa que estaba cercana a un ventanal mediano, dejó preparado un desayuno para dos. Bellatrix se sentó en una de las sillas con su desayuno enfrente y se dispuso a comer sin invitar al animago, que también se levantó de un salto al sentir como su estómago gruñía al momento en que el exquisito olor había llegado a sus fosas nasales. La bruja se giró hacia la criatura y le dijo —Supongo que ya has comido, ¿no es así?

La elfina asintió rápidamente mirando a su dueña

—Muy bien, ya sabes que no me gusta que comiences el día sin comer nada, no funcionas bien —le dijo

Los ojos de la pequeña criatura brillaron como cada vez que su ama mostraba su preocupación hacia ella. Sirius no podía creer lo que estaba escuchando y viendo, y por eso es por lo que casi se atraganta con los huevos revueltos que tenía en la boca

—Mastica como la gente normal, animal —dijo Bellatrix mirando a su primo con dureza. Ella estaba bebiendo de su té con whisky y comiendo algunas frutas picadas que le había llevado la elfina. El olor del brebaje llegó a las fosas nasales de Sirius, que miró a su prima con envidia

—¿Por qué a mí no me trajo té con whisky? —preguntó sintiéndose ofendido

—Porque ella no sabe tus gustos imbécil y agradece que te trajo algo para comer, porque si hubiese sido por mí, te mueres de hambre —contestó ella con fastidio

—Pues me habría comido lo que te trajo a ti y habrías sido tú la que se muere de hambre —dijo con sorna —, más que mal, todo lo que hay en esta casa es mío, incluso la comida

La bruja sintió que su estómago dio un vuelco brusco y abrió los ojos con fuerza —¿Cómo que todo lo que hay en esta casa es tuyo estúpido?, yo también estoy aquí

—Bueno, me corrijo. Todo lo que hay en esta casa, incluyéndote, es mío —espetó tragando el líquido caliente que había sorbido de su taza —, ¿ahí sí? —terminó, queriendo incordiar a la bruja de sobremanera.

Las mejillas de la bruja se tiñeron de rojo por la vergüenza y tuvo que tomar todo su auto control para no asestarle una bofetada en la cara al hombre, mientras en su mente se decía "pero ¿qué mierda le está pasando a este?, ¿quién se cree que es para hablarme así?". Se decidió por no tomarlo en cuenta, en esos momentos había cosas más importantes que molerle la nariz a golpes a Sirius, eso podía hacerlo después, por lo que rápidamente se volteó a la elfina que seguía mirándola con adoración

—Pipi, ¿qué es lo que has podido ver dentro de la Mansión Malfoy?, necesito que me digas todo lo que sepas

La elfina asintió con rapidez y se dispuso a decir todo lo que había visto —Bueno, al amo Malfoy lo han apresado y están esperando su juicio para saber si se lo llevarán a Azkaban, junto con otro grupo de sus compañeros

—Él no es tu amo —la cortó Bellatrix con dureza —. Ojalá que se pudra en la prisión por imbécil —acotó y le volvió a dar el pase a Pipi para que continuara

—El amo Rodolphus logró librarse de que lo apresaran y está intentando encontrarla y la señora Narcissa está hablando con unos magos que entran y salen del despacho del señor Malfoy para poder lograr que él no llegue a la prisión. El señorito Draco está en la mansión y a preguntado mucho por usted. El señor tenebroso está furioso y ha ordenado que, si alguien la ve, la lleven hasta él. El amo Rabastan está ayudando al amo Rodolphus para poder encontrarla, pero no se lo han dicho al señor tenebroso, lo están haciendo por su cuenta. El amo Rodolphus me dijo que le dijera a la ama que donde sea que esté, espera que esté bien y que no vuelva, porque la matarán y no quiere perderla

Bellatrix suspiró con pesar, un nudo se había alojado en la boca de su estómago y se llevó una mano a la cabeza, pensando en la situación. Ciertamente había imaginado que su esposo y cuñado la habrían estado buscando y al saber cómo estaban las cosas dentro de la mansión, sabrían qué era lo mejor para ella

—¿Han castigado a Rod y Rab? —preguntó sabiendo la respuesta

La elfina bajó la cabeza con pesar y contestó —Sí ama, el señor tenebroso los ha castigado. Me hice cargo de curar sus heridas por la madrugada y fue allí cuando el amo Rodolphus me dijo que, si veía a la ama, le dijese que no volviera. El amo sabe que el castigo será peor para usted, ama —dijo poniéndose nerviosa

—Muy bien, quédate con ellos y si llego a necesitarte te volveré a llamar. Cuando veas que Rodolphus está solo y no hay peligro de que te escuchen, le dices que estoy bien y que no debe preocuparse. Dile que no me busque, que no voy a volver y que lo que dijo Potter es cierto, él entenderá —ordenó la bruja, necesitaba que su marido supiese que todo lo revelado sobre Voldemort era verdad, para así poder ver un nuevo plan de acción.

La elfina asintió con vehemencia y desapareció al instante. Bellatrix suspiró. Estaba tremendamente preocupada por el bienestar de su esposo y cuñado, pero no había nada que pudiese hacer estando lejos de ellos, solo esperar que quien había sido su señor no se ensañara con ellos. El saber que su hermana no tenía gran interés en su bienestar le dolió, pero se esperaba algo así de ella, puesto que nada era más importante que su rubio inoperante y su hijo. Aquello la hizo pensar en su sobrino, sabiendo que, para poder compensar la ineptitud de su padre, tendría que llevar a cabo alguna misión y ciertamente, no quería estar en sus zapatos, conocía demasiado bien a quien había tomado como amo, para saber que lo que le encomendara a su sobrino no sería para nada agradable. Se puso de pie y caminó por la estancia de un lado a otro, como cuando estaba dentro de su celda. Había cosas que lamentablemente no se iban y habían adoptado muchos gestos y acciones dentro de Azkaban que seguían muy presentes

—Te vas a quedar —sentenció Sirius, no dando espacio a replicas

—Es lo que dije —respondió ella poniendo un alto a sus pasos —. ¿Me vas a decir en dónde estamos? —no le gustaba que las situaciones se escapasen de sus manos, ella necesitaba estar a cargo de todo, no que la vida se hiciese cargo de ella.

El animago se puso de pie y se sentó en el sillón, pasando la pierna derecha sobre la rodilla izquierda —Estamos en mi departamento de soltero, a las afueras de Hampstead. Nadie sabe de esta dirección y estamos en un barrio Muggle, por lo que nadie puede detectarnos tampoco —explicó levitando la botella de whisky que habían dejado de la noche anterior

—Sigues estando soltero idiota, ¿para qué colocarle esa parte a tu explicación? —molestó ella con los brazos cruzados bajo los pechos

—Pues siempre es bueno decirlo cuando se está con otra persona —dijo encogiéndose de hombros

—Supongo que te funcionaba muy bien cuando traías a tus zorras aquí —dijo ella picando al hombre que le miraba con una ceja alzaba y el amago de una sonrisa socarrona

—Sí, me funcionaba bien —respondió inflando el pecho

—Qué asco. Me has traído a donde te follabas a cuanta mujerzuela te pillabas por la calle, y dormí en esa cama donde te las tiraste. Eres repugnante — se asqueó ella pasándose las manos por el vestido intentando limpiar la suciedad que ahora veía en la tela negra.

—De hecho, querida, no he cambiado las sábanas de la última vez que follé allí —acotó él, llevándose una mano a la barbilla en señal de estar meditando.

Al escuchar aquello, Bellatrix se horrorizó y dio un gran quejido lastimero, para luego salir corriendo a la habitación y meterse dentro del baño —¡ERES UN PERRO COCHINO! — gritó abriendo el agua de la ducha mientras insultaba a su primo con rabia dentro de la ducha.

Ante aquello Sirius se largó a reír por la sobre actuación de su prima y lo histérica que podía ser, pero luego de calmarse, se puso a pensar qué haría. Ya había decidido que no la entregaría y que nadie sabría dónde se estaban quedando, pero le daba pavor tener que estar durmiendo en la misma casa o simplemente tener que compartir el piso con ella. No sabía qué intenciones tendría Bellatrix y mucho menos sabía qué estaba pensando hacer ahora que no volvería a su antigua vida. El recuerdo del beso que le dio la noche anterior llegó hasta su mente y su estómago le hizo saber lo nervioso que aquello le colocaba. Aún no podía entender a qué se había debido su actuar y, de hecho, tampoco sabía por qué le había dicho a su prima que todo lo que yacía dentro de esa casa era suyo, incluyéndola

—Te va a terminar matando Sirius —se dijo a sí mismo con la mano en su frente—, y te lo estás ganando a pulso —. Había cosas que hacía y decía sin siquiera pensarlas. Era como que su boca tuviese vida propia y nada ni nadie la podía controlar, ni siquiera él mismo y eso que él era quien la usaba. No había manera en que todo aquello fuese a salir bien, pero ya pensaría en eso más adelante.

Dio un trago largo a la botella, sintiendo el ardor en su garganta y extasiándose ante aquello, puesto que una de las cosas que el alcohol le hacía sentir, es que estaba vivo y fuera de su celda. Tenía la cabeza posada sobre el cabezal del sillón cuando su lechuza entró por la ventanilla que le dejaba abierta, soltando dos sobres. Se puso de pie con la botella aún en mano y tomó los sobres mirando que no tenían remitente ni destinatario. Abrió la primera y reconoció de inmediato la letra desprolija de su ahijado

Canuto:

¿Cómo estás?. La verdad es que aquí estamos todos muy preocupados por ti. Siento mucho haber caído en la trampa que me tendió Voldemort. Es que cuando llegué al castillo, me puse a revisar mis cosas dentro del baúl y encontré el espejo de doble sentido que me regalaste. No lo había abierto hasta ahora y me arrepiento de no haberlo hecho antes, porque así podría haberme puesto en contacto contigo para saber si estabas bien y nada de lo del ministerio habría pasado. Casi te pierdo por ese error, pero Kreacher fue muy convincente al decirme que tú estabas allá, así que no sé…, creo que todo es demasiado confuso.

Espero que la enferma de Bellatrix no te haga daño. Dentro del ministerio estuvo muy complicado todo. Dumbledore y Voldemort se metieron en un duelo magistral, el piso temblaba por la fuerza de sus hechizos y todo quedó destrozado, pero se le notaba a Voldemort que estaba enojadísimo con que se haya roto la profecía. Aun no entiendo por qué era tan importante, pero ya no está, así que no hay de qué preocuparse.

Por favor Sirius, cuídate mucho, porque cuando vi que pudiste haber muerto, se me paró el corazón al pensar que ya no estarías para mí.

Espero que dónde estés no tengas problemas y que puedas liberarte de esa loca sin problemas. Tu eres mucho más inteligente que ella.

Te extraño, espero verte pronto.

HP.

Leyó la carta dos veces. Se sintió mal por haberle mentido a su ahijado, pero no podía decirle la verdad, además que, aunque no quisiera reconocerlo, la perspicacia en el hijo de su amigo no era muy grande, por lo que no había tenido miedo de que no le creyera. Por otro lado, sintió rabia porque el chico había tenido el atrevimiento de referirse así de su prima, solo él podía hacerlo y nadie más

—Igual se lo ha ganado —susurró para sí contradiciéndose internamente.

Tomó la otra carta que había dejado de lado y procedió a abrirla, para luego leerla con premura

Canuto:

Estamos todos bien, no hubo bajas dentro de la Orden y los chicos están en el castillo, a salvo.

Me costó un poco convencer a Harry de que estabas bien y que no podía salir corriendo a buscarte, mucho menos si no sabemos en donde andas. A veces, cuando lo veo, me recuerda mucho a James y eso me hace sentir alegría y pena a la vez, son iguales en muchos aspectos, incluso más de lo que me gustaría reconocer. Desearía que tuviera algo de Lily, así no estaría cada cinco minutos al borde de la muerte, sin tener en cuenta que tiene a un demente persiguiéndolo desde el año de vida…

No puedo creer que hayas sido tan irresponsable en salir detrás de Bellatrix. Tú más que nadie sabe cómo es su actuar y decidiste perseguirla por tu propia cuenta. No sabes lo que esto significa para la Orden y se te olvidó por completo que Harry estaba en la misma habitación que tú. Decidiste seguir tus impulsos, como siempre, y perseguiste a esa loca enferma de la cabeza que te puede matar en cualquier segundo.

Por favor Sirius, sé cuidadoso, porque no podría soportar perder a uno de mis amigos nuevamente. James ya no está, Peter es un traidor y a ti te tuve lejos por muchos años como para perderte por culpa de esa desquiciada.

Ten cuidado.

RL.

Sirius luego de leer aquella carta, hervía en rabia. Ciertamente había dejado de sentir lástima por su amigo, puesto que con el pasar de los años se había agotado todos los suministro de misericordia que tenía reservados para él, pero hasta por medio de las cartas de lamentaba de todo. Sí, le daba la razón de que había dejado solo a Harry, pero estaba Dumbledore y todo el resto de la Orden para poder cuidarlo. Por otro lado, en lugar de darle buenas palabras se había dedicado a llamarle la atención y restregarle en la cara que no era el adulto más maduro que existía en el mundo. No podía entender que los dos se habían pasado por el orto todo y habían plasmado el egoísmo en aquellas palabras, recalcándole que no querían perderlo, pero por ellos, por un dolor que podían sentir ellos, no por él

—Seguro tú estás mejor que yo Lunático —se dijo, tomando las cartas y quemándolas con su varita. Las cenizas quedaron amontonadas sobre la mesa.

Se puso a pensar en que realmente tenía la vida hecha una mierda, pero no era gracias a ellos que él seguía estando de pie, puesto que sus muestras de afecto eran insulsas, su supuesta preocupación era más que hipócrita después de haberle gritado que era el causante de lo que había sucedido con sus amigos y no dudaba que hubiesen hablado mal de él a sus espaldas. De todos ellos, nadie era realmente sincero y eso le molestaba en demasía.

Sintió la puerta del baño abrirse y dejó aquellos pensamientos de lado al momento en que la mujer entró a su perímetro

—Ahora, vas a moverte y harás que esa cama esté limpia, porque yo no voy a volver a posar mi hermoso cuerpo en esa asquerosidad —espetó Bellatrix con los brazos cruzados. Tenía puesto un pequeño camisón negro de seda, el cual dejaba sus piernas a la vista, además sobre este usaba un chaleco de hilo color gris. Sirius agradeció que tuviese puesto ese chaleco, porque podía adivinar que, bajo este, el camisón era lo único que cubría el cuerpo de su prima y rezaba por que estuviese usando ropa interior

—¡¿Cómo se te ocurre andar así por aquí?!, ¡ponte ropa encima! —espetó él escandalizado. Al menos de aquella forma era en que se quería mostrar, porque sus ojos se desviaban con demasiada frecuencia a las piernas níveas y torneadas de la mujer. Necesitaba impostar una actitud completamente diferente a la que estaba sintiendo

—Me gusta estar cómoda y la verdad es que en estos minutos no se me da la gana ponerme algún vestido. Ahora muévete o voy a quemar esa mierda a la que llamas cama. Dormí por más años que tú en el piso y no tengo problemas en tener que volver a hacerlo —le contestó ella con el dedo índice apuntándole a la cara

—¡¿Quién te has creído para venir a darme órdenes?!, ¡agradece que te tengo aquí y que no te he entregado al asqueroso sin nariz! —gritó Sirius. Sus ojos no sabían si posarse sobre los orbes oscuros de la bruja o en sus piernas que le llaman a ser tocadas, sintiendo como su saliva se agolpaba dentro de su boca

Ante la mención de aquello, Bellatrix se sintió terriblemente mal, puesto que claramente su primo le estaba haciendo el favor de su vida al tenerla allí. Recordó el motivo de su estancia en aquel departamento y la bilis se arremolinó en su garganta mientras que sus instintos suicidas volvían a su mente. No se dio cuenta cuando de sus ojos comenzaban a caer las lágrimas y el sentimiento de soledad volvía a alojarse en su pecho.

Sirius vio como su prima entraba en aquel estado, el mismo que le había visto la noche anterior, por lo que se pateó internamente al darse cuenta de que se había pasado de la raya. Se lamentó por su falta de tacto. "¡Pero es que me saca de mis casillas!", pensó mientras se gritaba que había sido un idiota. Realmente no quería volver a verla llorar, porque se le hacía extraño y escalofriante. Él quería que ella le gritara, que le saltara encima y que le pegara hasta que la sangre le brotara de la nariz, pero no verla llorar como una niña pequeña que había sido abandonada.

Tragó con dificultad y suspiró con fuerza mientras que dirigía sus pies hasta la habitación. Con un pase de su varita, las sábanas se cambiaron por unas limpias y todo quedó completamente ordenado

—¡Me salió bien! —se felicitó, puesto que realmente pensaba que aquel hechizo haría explotar toda la habitación. Salió de allí y vio que la mujer había tomado posesión del sillón, teniendo la mirada completamente perdida. Se sentó junto a ella y la miró —Vamos loca, deja de llorar —la instó

Bellatrix le miró a los ojos, con los de ella completamente llenos de lágrimas —¿Cambiaste las sábanas? —preguntó con voz de niña pequeña

El hombre asintió y no dijo nada más, puesto que no quería admitir que había realizado la petición de la mujer, "al final si voy a terminar siendo su elfo doméstico" pensó, pero todo quedó atrás cuando vio que sus ojos, aun teniendo lágrimas dentro de ellos, sonreían. Nunca había visto que una persona pudiese sonreír con los ojos, pero se volvió a patear el trasero internamente, puesto que de todas las personas que podrían hacer algo así, claramente tendría que estar su prima metida, "no hay nada que esta loca no pueda hacer" pensó.

Bellatrix sentía que su mundo se hundía cada vez más, pero al ver que su primo había hecho algo para que ella dejase de estar triste, se había alojado un calor en el pecho agradable y bizarro, sobre todo porque ella misma sabía que su primo sabía que la había cagado y aquello la llevó a recordar algo en específico

—¿Por qué me besaste anoche? —preguntó con genuina curiosidad, sintiendo como sus mejillas se calentaban con brusquedad, sintiendo repulsión por la reacción que había tenido su cuerpo.