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DragonPrincessH, gracias por tu comentario en el episodio anterior.

=)

Perdón por la demora, pero ha habido bastantes inconvenientes, entre éstos, la pandemia.

Deseo de todo corazón que ustedes y sus familias se encuentren bien.

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Disclaimer:

Los personajes de SAINT SEIYA no me pertenecen.

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¿Y DÓNDE ESTÁ EL POLLO?

v 3.0

Al final de cuentas, Mika sirvió el desayuno, a tres de los cuatro chicos, en sus respectivas habitaciones.

A excepción de Shun, los otros tres debieron comer en la cama, recostados sobre muchas almohadas, por el tremendo golpe que recibieron.

Efectivamente, el piso estaba mojado. Shun y varios empleados recogieron el agua esparcida, secando el piso lo suficiente para que Seiya, Shiryu y Hyoga pudieran ponerse de pie; en cuanto ellos entraron a sus habitaciones, los empleados procuraron dejar el piso totalmente seco.

Lo que sucedió, según contó Seiya aún estando tirado en el piso, fue que él llevaba una cubeta con agua y jabón porque quería lavar sus calcetines, y sin darse cuenta, debió regar agua cuando iba caminando por el pasillo; cuando Shiryu e Hyoga pasaron por el pasillo mojado, resbalaron, y él, al salir rápidamente de su habitación al escuchar el ruido, también resbaló.

A ninguno de los presentes les pareció convincente esa historia, pero lo importante era cómo se encontraban los heridos. Shun llamó al doctor de cabecera, el Dr. Nakaune, para que viniera, después del desayuno, a revisar el estado físico de sus amigos (con el riesgo de que a él también le llamara la atención por no descansar como es debido).

Una vez que se cambiaron de ropa, Shun se aseguró que sus amigos permanecieran en la cama y que desayunaran en la cama. Hasta que no estuvo tranquilo, él regresó a la cocina a desayunar.

Pero apenas Shun los dejó, los tres amigos han vuelto a confabular contra él. Dos ya están en ello, aunque a Hyoga le preocupa algo más.

- Seiya va a matarnos. – Hyoga habla en voz baja más por el dolor que por la cautela – Puede matarse él mismo porque sus planes son un fiasco, pero puede matarnos a nosotros también. -

Hyoga está sentado al pie de la cama de Shiryu, encorvado y apoyando sus brazos en sus piernas. Es evidente que está preocupado.

Shiryu procura mantener la espalda apoyada sobre las almohadas que le sirven de soporte.

- Este altercado fue ocasionado por la falta de comunicación. – habla con cansancio, pero lentamente se yergue y se sienta al borde de la cama – Como equipo, no somos muy buenos. En batalla, jamás pensamos en una estrategia. Cada uno, prácticamente por su cuenta, vamos abriéndonos camino conforme van desarrollándose las circunstancias, por no decir que vamos improvisando conforme a los caprichos del Destino. No es que tú hubieses planeado enfrentarte a tu maestro, o que yo planeara hacerme con la espada que ahora yace aletargada en mi brazo derecho. -

Hyoga medita un momento.

- Creo, - mira a Shiryu con una sonrisa – que lo único que hemos 'planeado,' es que Seiya sea quien se lleve siempre todo el crédito de salvar a la humanidad. -

- Estoy de acuerdo con eso. – Shiryu apenas esboza una sonrisa; se pone de pie y se dirige hacia la puerta - Tengo un plan. Tenemos el tiempo suficiente antes de que el Dr. Nakaune llegue para revisarnos la columna vertebral. – sale.

Hyoga, no pudiendo evitar un gesto de dolor al ponerse de pie, obligándolo a pensar que quizás tenga más de una vértebra desviada, sigue a Shiryu.

Ambos entran a la habitación de Seiya, a quien encuentran sentado al borde de la cama, colocándose él mismo una venda alrededor de la cabeza. Desiste de su labor al darse cuenta que sus amigos van entrando. No percibe que ellos quieran vengarse por el trago amargo que les ha obligado pasar, así que se pone de pie y se acerca a ellos.

- Perdonen por no decirles lo que había pensado hacer... - pero antes de que termine de hablar, Hyoga le asesta un leve golpe en el estómago – Jum… - hace un gesto de dolor, quedándole claro que `están a mano' – Entonces, - el dolor pasa enseguida, ahora está ansioso - ¿alguien tiene alguna idea de lo qué haremos? -

Shiryu se apresta a explicarle.

- Shun debe seguir en la cocina con Mika, y por lo que Mika nos contó sobre lo que cocinara para la comida y la cena, le harán falta varios ingredientes, entonces Shun va a ofrecerse ir a comprarlos. Irá en bicicleta, así que contaremos con veinte cinco a treinta minutos antes de que vuelva. Estaremos al tanto de cuando Shun salga de la mansión. Tras veinte minutos de su partida, nos restaran hasta diez minutos para actuar. Nosotros… -

"… entraremos a la cocina. Seiya e Hyoga, ustedes distraerán a Mika. Le pedirán que les sirva galletas acompañadas con leche. Mientras ella sirve, ustedes se asegurarán que no se fije en mí. Yo tomaré de la despensa media docena de huevos, y los introduciré en el horno de microondas; lo activaré para que los huevos se cocinen durante cincuenta segundos. Cuando termine la cocción, dejaré los huevos dentro del microondas. Mientras tanto, nos llevaremos la leche, las galletas y a Mika a la sala con la excusa de que ella nos ayude a colocar más cojines en el respaldo del sofá debido a las dolencias de espalda. Cuando llegue Shun y entre a la cocina, se dará cuenta de que Mika no está, y también se dará cuenta que el horno de microondas está encendido y con alimentos dentro gracias al incesante sonido de alerta. Al abrir el horno, los seis huevos cocidos le explotarán en la cara, causándole quemaduras de tercer grado, o quizás de sólo de segundo grado; si Shun demora en regresar, el microondas perderá calor."

Y dicho y hecho.

En la sala, las galletas y la leche están sobre la mesita de estar, Mika está apurada colocando los cojines para los jóvenes amos, mientras ellos están atentos de cualquier ruido, o grito, que provenga de la cocina.

- Están por transcurrir los diez minutos. – habla Shiryu en voz baja; va contando el tiempo transcurrido gracias a un reloj antiguo de péndulo que tiene a la vista.

- Lo que significa, - habla Hyoga – que en cualquier momento… -

Shiryu asiente asegurando que Shun no tarda en llegar.

Hyoga contiene la respiración.

Seiya aprieta los puños en espera de que suceda el milagro por el que tanto han sufrido.

Entonces, escuchan el sonido de la campanita de la bicicleta (apenas es audible por la distancia) y a los tres se les eriza la piel. En el siguiente instante, se escucha el lejano ruido del motor de un auto. En un momento, el auto se detiene, alguien se apea de éste, y a continuación se escuchan gritos de furia.

- ¡No puedo creerlo! ¡Tener que regresar en medio de mis vacaciones para venir a cuidar a esos vagos buenos para nada! –

Los gritos son demasiado familiares.

A los tres chicos les sorprende escuchar a Tatsumi. Se supone que está de vacaciones.

Pero los gritos no cesan.

- ¡Ni siquiera el pago doble, que tan generosamente me está transfiriendo la señorita Saori, puede compensar el sol, la arena, las olas…! ¡Shun! ¿Qué haces ahí parado? Si estás en pie, entonces tú no te lastimaste la espalda. ¡Ayúdame con mi equipaje! – Tatsumi viste sudadera y pantalones holgados.

Para entonces, ya hay varios empleados dirigiéndose a la puerta principal, apresurándose a recibir al `manda más'. Uno abre la puerta y algunos se apresuran a cargar con las maletas. Tatsumi entra mirando en todas direcciones, como si estuviese esperando a ver el caos invadiendo el lugar. No hay nada fuera de lo común, pero decide no bajar la guardia. Shun ha dejado la bicicleta en un lugar seguro y entra a la mansión después de Tatsumi, llevando una pequeña bolsa de plástico en la mano derecha.

Tras el pequeño accidente, Shun llamó al Dr. Nakaune, y el Dr. Nakaune, a su vez, llamó e informó a Saori del por qué de su visita a la mansión, y Saori, pensando que sus Caballeros no se han recuperado del todo y no pueden estar solos, tuvo que pedirle a Tatsumi que regresara para que él estuviese al pendiente de ellos.

- Bienvenido, Sr. Tatsumi. – otros empleados se han formado en fila para recibir al mayordomo.

Tatsumi se detiene para pasar lista. Tras un vistazo apresurado, se da cuenta que alguien falta.

- ¿Y Mika? Si vino Mika, ¿verdad? – le pregunta a Shun, quien asiente; Tatsumi cambia completamente de actitud – No he desayunado por poder probar uno de los platillos de Mika. ¡Mika! ¡Mika! -

Mika llega casi corriendo.

Hyoga, Seiya y Shiryu se han unido al comité de bienvenida (aunque algo distanciados), no muy contentos por la sorpresa (Shiryu suspira fastidiado porque su plan se arruinó. La bomba que instaló debió haber explotado ya. Ahora debe pensar cómo limpiar el desastre y sin que Tatsumi se dé cuenta).

- Bienvenido, señor Tatsumi. – le saluda Mika.

- Gracias. -

- ¿Desea que le preparé algo de comer? Justamente Shun fue a comprar algunos ingredientes. Puedo prepararle un okonomiyaki. –

- ¡Me parece más que bien! Sólo me cambio de ropa, y bajo enseguida. –

Tatsumi va hacia su habitación para cambiarse, pero es entonces cuando…

- Huele a quemado. –

Antes de que él pueda darse cuenta de dónde proviene el olor…

- ¡La cocina! – Shiryu es el primero en ir corriendo hacia allá.

Al entrar, inmediatamente seguido por Hyoga, encuentran que del horno de microondas emergen algunas llamas no muy intensas. Shiryu inmediatamente busca el extintor; éste está a un lado de la puerta, y está por agarrarlo…

- ¡Aja! – se escucha una lejana exclamación.

Seiya va deprisa llevando consigo un extintor (uno de tantos que hay por toda la mansión), se abre paso entre los curiosos (Shun está evitando que alguien más entre para no complicar más la situación, además de quedarse con Mika para tranquilizarla), y lo acciona apenas cruzando la puerta pero tiene problemas para apuntar la manguera directamente hacia las llamas, y rocía, no al electrodoméstico en llamas, sino que… termina rociando la espuma sobre Shiryu y a Hyoga …

- ¡Aaah! –

… pero tras unos segundos, Seiya consigue redirigir la manguera y por fin rocía al microondas, pero la espuma pierde potencia, se agota, y el incendio continúa, es más, se está intensificando. Los otros dos se retiraran la espuma de la cara, sólo para darse cuenta que el microondas está siendo devorado por las llamas, entonces Shiryu se apresura a tomar el extintor que ya había visto, lo mismo que Hyoga, y sus cabezas chocan y ambos caen al suelo de sentón. Seiya arroja el extintor vació para tomar el otro, pero Hyoga y Shiryu se ponen de pie para tomar el mismo extintor, y los tres chocan y caen al piso. Antes de que cualquiera de los tres pueda ponerse de pie, o pensarlo siquiera, Tatsumi es quien entra a la cocina con un extintor, lo acciona y apaga el incendio.

La emergencia pasa más pronto que la vergüenza que embarga a los tres chicos.

Tatsumi mira a los chicos con profunda desaprobación.

- Inútiles. -

Ellos realmente se creen esas palabras.

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Muchas gracias por leer y por tus comentarios.

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