¡Muy buenas a todos mis lectores! Aqui les traigo el siguiente capítulo de esta historia y con el, el capítulo 8. ¡Espero lo disfruten! Y disculpen la demora.


Final de la Inocencia, revelación del destino.

Tras aquellos horribles eventos seguidos por el funeral masivo, una calma tensa se había alojado en la vida de todos. Aunque tres hermanos se habían reencontrado, Hìsäêr había sido liberado, Eustace había demostrado sus verdaderos colores y múltiples inocentes habían sido masacrados en su insaciable hambre de agonía.

Sabían todos estaban con tiempo prestado y debían prepararse para el siguiente ataque y eso significaba que debían entrenar a los sobrevivientes mejor para que pudieran defenderse, entretanto en esos días, Claktus, Rudolph y Clow habían trabajado rápidamente en tres amuletos los cuales serían esenciales para el bienestar de los tres pequeños Enterial.

Las tres filacterias tenían forma de estrellas de siete puntas de bronce rodeadas por un círculo de cristal el cual estaba relleno con una extraña arena líquida la cual prevalecía en movimiento. En el corazón de las estrellas había una gema de una extraña energía cuadrada repleta de ceros y unos, los cuales tenían colores verde, azul, morado y rojo en tonalidades eléctricas en perpetuo movimiento; similar a lo que es la estática.

– Niños, por favor vengan. – Llamó Claktus a los tres Enterial, quienes se encontraban aún acurrucados con el Guardián del Sol el cual velaba su reposo, se levantaron y aproximaron a atender a sus mentores.

– ¿Que ocurre, Maestro? – Preguntó Shelldon, un tanto curioso al ver a los tres hechiceros sujetar algo.

– Durante este tiempo entre los tres y con asistencia de una entidad guardiana desconocida hemos estado trabajado en unos talismanes especiales, si algo terrible llegara a pasar – explicó Clow a conciencia de sus palabras – los amuletos los llevarán a ese universo en donde recibirán asilo, información y guía de aquello que es necesario para que puedan sobrevivir a lo que pueda venir.

Los tres asintieron, si bien Shelldon y Clarton estaban algo cautos considerando los detalles tras la idea de eso, tenía miedo sus sospechas fueran certeras y perdieran a sus maestros, no obstante, tampoco tenían nada que pudiera dar evidencia a sus sospechas por lo que solo le quedaba un temor vago. Wolfest estaba preocupado igual no obstante en su caso no era tanto por las razones de sus hermanos, sino por el aire emocional y los deseos que los presentes daban en evidencia.

– Finalmente – intervino Clow, notando el rostro de su hijo pero sabiendo era necesario dejar tomara el peso de los eventos para irse adaptando a ello –, Rudolph y Claktus saben ya cómo encontrarme y transportarse cerca mío si en dado caso deseen visitar cuando gusten; o viceversa también para ti, hijo.

– ¿En serio? – Pregunto Wolfest inmediatamente distraído ante ello, recibiendo una afirmativa.

– La razón primaria es debido a que tu poder mágico ha crecido lo suficiente y tanto Yuuko como yo estamos seguros es momento de que comiences a practicar activa y frecuentemente con la magia externa y entrenar del todo tu magia natural. También estuve hablando con Xian para proceder tu entrenamiento. – Procedió Clow con una gentil sonrisa, viendo como ante cada palabra el entusiasmo de Wolfest aumentaba.

– ¿Iremos a verlos? – Preguntó Wolfest, contento ante la situación y recibiendo una afirmativa.

– Ahora que tu báculo ha sido fuertemente afianzado a ti y tus poderes mágicos se han equilibrado; estamos de acuerdo a que es el momento de iniciar la parte más intensiva de tu entrenamiento y proceder con aquello que Cornweill te había estado enseñando en nuestra ausencia, aprender a explorar el mundo exterior. – Le explicó Clow, cuidando y mediando sus palabras, sabiendo que el dolor aun perduraba y recibiendo un asentimiento de Wolfest, quien se calmo un poco ante ello al recordar la perdida de aquel gran amigo que había tomado el rol de un hermano sobre ellos.

El silencio se mantuvo por un par de segundos, Wolfest pensando en esa situación otra vez antes de verse sorprendido al sentir esos brazos cálidos rodear su cuerpo y aferrarlo con protección

– ¿Papá? – Preguntó Wolfest en reflejo.

– Cornweill tomó una decisión, hijo y pese a todo, murió sonriente con su elección sabiendo que cumplió la misión que eligió aceptar y pudo tener la oportunidad de despedirse de aquellos que más amaba y darle al resto la oportunidad de completar los suyos, él está en paz – expresó con la gentileza debida para ayudar a su hijo a dejar el dolor de lado –. Solo recuerda aquellos buenos tiempos y ten fe en que algún día podrás volver a ver su espíritu y recuerda, al final él fue quien rió al ultimo y con ello ganó la batalla.

Wolfest asintió, antes de refugiarse y esconderse en el calor del hombre que llamaba Padre y Maestro, quien indudablemente lo alzó en brazos y aferró en brazos para darle ese confort que ocupaba; Clarton y Shelldon no tardaron en ser envueltos en el mismo aferro protector de sus mentores quienes les guiaron a un área mas serena para ellos.

Una vez decidido ello y los amuletos colocados, se retiraron a sus respectivos hogares y entrenamientos mientras Wolfest pensaba, aun brazos de su mentor, referente a todo lo surgido en las ultimas semanas y todo lo extraño que había ocurrido en el pasado. Muchas preguntas comenzaban a llegar a su mente, cosas que a su edad no debería cuestionar; pero que sus tutores intentaban guiar a que lo hiciera al saber necesitaba crecer más rápido al resto. Preguntas que haría una vez llegaran a su primer destino la cual era la residencia en donde la mística Bruja de las Dimensiones y Gran Vendedora de los Deseos residía.

Debido al tipo de trayecto que era, el primer paso era atravesar por el mundo de los Espíritus, los cuales indudablemente voltearon, la voz ya había corrido y todos sabían de lo que había ocurrido. Miraban consternados, tristes y preocupados por lo que ocurriría y aquel niño de cabellos celestes podía percibir facilmente sus emociones, aunque fueran seres etéreos y prácticamente inmortales, Hìsäêr era el tipo de ser el cual podía acabar con ello.

– ¡Pequeño Wolfest! ¡Clow! ¿Se encuentran bien? – Cuestionó una voz femenina familiar, jalando la atención del hechicero y su estudiante, Wolfest sin dudar volteo a ver a quien llamaba. Hitomu, la Sacerdotisa Amia.

– Hitomu–Dono, muy buen día. Sí, me encuentro bien afortunadamente. – Confirmó Wolfest con una reverencia cordial al saber eso era esencial.

– Igual yo me encuentro en perfectas condiciones. – Respondió de igual manera Clow, sin temor o duda.

– Es un alivio, cuando nos enteramos que H–Hi… Él había atacado todos habíamos temido lo peor y aun tememos lo peor – Expresó Hitomu mas serena, observando al niño y el hechicero frente a ella.

– El ataque de Hìsäêr incluso a mi me tomo por sorpresa, tiene a su bando un sacerdote propio, un traidor a lo que es nuestro grupo y quien supo como detener temporalmente mis capacidades al aprovechar la… situación actual – explico Clow con el tacto debido, logrando un gesto de parte de los espíritus presentes los cuales no parecían confortados por ello –. Afortunadamente logramos triunfar al final y forzarlo a alejarse sin que pudiera conseguir todo su potencial, logrando comprarnos tiempo para la defensa de todos. Aunque… a un terrible costo.

– Sabemos del sacrificio del hechicero Cornweill Cramington, mantuvo su honor hasta el ultimo instante y al final triunfó; logro detenerlos lo suficiente para proteger a los Príncipes y a los que más importaban en su corazón y aun así albergar fuerzas para poder despedirse de su familia y desearles fortuna y suerte – Expresó otro ser, un espíritu de los Tanuki, con notorio pesar –. Es imposible llamarle un niño sabiendo el valor con el cual confrontó a sus enemigos, pagó con su vida, de manera voluntaria y sonriente por salvar cinco más y creo su espíritu ya ha sido Adelantado como pago por su disposición.

Wolfest escuchaba, añadiendo más preguntas a su lista de cuestiones próximas. Aun le afectaba negativamente el recuerdo de esos eventos; pero escuchando veía que pese a la tristeza en los presentes, había certeza de que el futuro de Cornweill sería bueno pese a no saber el porqué.

– Aunque eso no detiene la cuestión de que es lo que haremos para exorcizar a Hìsäêr de estos páramos – señaló un Tengu el cual estaba cerca –. Mi gente, los Oni y muchos otros de los diversos grados están consternados, incluso se mandó a citar a todos los líderes de los Espíritus y Kamis para poder ver que es lo que se hará al respecto.

– No estoy cómoda sabiendo que se está citando esto… pero dada la situación puedo entender el porqué es necesario; Hìsäêr no es un enemigo con el cual sea sabio mantener la animosidad o ambivalencia tradicional. – Expreso Hitomu, quien no estaba contenta con la idea de ver a rivales y enemigos pasados mientras el resto escuchaba, nadie estaba feliz con la idea pero dependían de eso.

– ¿Cómo los puedo ayudar? N–no quiero dejar que el los lastime ni que destruya nuestro hogar – Finalmente preguntó Wolfest, jalando la atención de todos quienes voltearon, podía sentir que ese era el deseo y necesidad de todos.

– Es un gran honor conocerle, Lord Wolfest – expresó el Tengu, cordialmente, mientras el niño de pelos celestes parpadeaba algo confuso, tras ello el ser con cabeza de cuervo le miro con ternura y gentileza –. Me alegra confirmar que los rumores sobre su valor, bondad y nobleza son ciertos, pero por ahora le suplico deje esto en nuestras manos. Lo que de momento puede usted hacer, alteza, es entrenar y prepararse para el largo viaje que le depara, aprenda todo lo que pueda de sus actuales mentores y cuando su viaje empiece, no dude en usar todas las herramientas y conocimiento que su primer destino le brindara.

– Me alegra saber que no estará solo en la lucha. – Expresó Clow, consciente de que varios otros de alto nivel estaban al pendiente.

– Hìsäêr es un enemigo peligroso, Li–san, de los pabellones solo pocos se aliarán a él y se encontrará con mas resistencia de nuestra parte que nada – asintió el Tengu con una sonrisa audaz antes de su rostro cambiar y su ceño fruncirse ante la furia que le causaban sus siguientes palabras –. No obstante, nuestra asistencia y la de todos los otros a los Destinados a derrotarlo se vera severamente limitada hasta que sus núcleos primarios se vean destruidos. Por tal, solo nos quedara rogar por un viaje seguro y bendiciones en su camino ya que aun el destino fue incapaz de detener sus planes de una salida temprana.

– ¿Entonces…? – Comenzó Clow.

– Originalmente se liberaría en dos años más y Cornweill no habría muerto; no obstante se las ingenio para acelerar su escape. El destino esta furioso por ello, afortunadamente tomó medidas al respecto y decidió añadir otros elegidos a la lucha a parte de los tres hijos del lobo rojo y llamar a las armas para todos ellos… no obstante, esto es algo que causo tuviera que mover hilos y cambiar sus planes al atar a varios mundos más a este asunto solo para asegurar el flujo correcto de las cosas. – Concluyó el Tengu con sinceridad; habían sido alertados solo por la seriedad del asunto y la necesidad que conllevaba lo mismo.

– ¿Quebró la voluntad del destino? – Fue la pregunta de un espíritu de perro, recibiendo una afirmativa, eso era un problema mayor.

– Todo estará bien. – Les afirmó Clow, parando el repentino alboroto que se armaba y causando el resto volteara

– De ahí esta junta tan urgente – expresó el Tengu –, debemos idear como actuar para mantenerlo bajo control mientras los Héroes Destinados se preparan. Comprarles tiempo entretanto.

– Sepan que ya esta planeado en donde estarán refugiados al comienzo mientras aprenden a usar sus armas y durante estos próximos dieciocho meses los entrenamientos intensivos y bendiciones a sus armas serán aplicadas. – Apuntó Clow, la gente volteando discretamente a Wolfest, Hitomu no tardando en bajar su mirada con pesar y tristeza, pero agradeciendo su poder corriera en ese báculo. Con ello al menos podría canalizar las energías sagradas para defenderse.

– Padre… – llamó Wolfest, tenía preguntas, muchas y la situación le había hecho alzar una seria en su mente – ¿Yo…?

– Me temo todos debemos retirarnos. Cuando tenga el tiempo con gusto seguiré el dialogo, no obstante sepan Wolfest está listo. – Señalo Clow, parando la duda, los espíritus abrieron espacio para que ambos pudieran pasar en comprensión.

– Gracias por todo lo que vendrá y todo lo que ha hecho por nosotros y lo que va a hacer, Lord Wolfest. – Señalo el Tengu con una reverencia, Wolfest observando mientras el resto comenzaba igual con esa procesión, Wolfest solo retorno la reverencia de manera cordial, incomodo con toda la atención y formalidad.

Pero finalmente tras una hora más de viaje, habían llegado a la casa de Yuuko, esta esperaba con su vestido de la Bruja de las Dimensiones, esperándolos. Su rostro estaba serio y su mirar triste, viendo en dirección a Wolfest aguardaba té caliente y tres tazas

– Toma asiento, Wolfest. Se estás confundido y lleno de dudas, responderemos a las que se nos permita mientras percibes que preguntas requieren más atención, toma una taza de té. – Expresó Yuuko, con gentileza. Aun era un niño después de todo, uno muy perceptivo, pero un pequeño a fin de cuentas.

– G-gracias, Señorita Yuuko – respondió Wolfest tomando asiento y esperando a que Yuuko y Clow se sentaran mientras pensaba otra vez y tomaba un sorbo de su té, pensando en que preguntar tenía tantas pero sabía no podía hacerlas todas, debía resumir tantas como posibles – ¿Por qué los espíritus me comenzaron a llamar Lord?

- Antes que nada Wolfest quiero saber si ya te hablaron de tus orígenes. – Preguntó Yuuko.

– Mis hermanos me revelaron el nombre de mis padres y que ellos murieron al protegernos de algo que realmente quería lastimarnos y que nos amaron más que a la vida propia. – Confesó Wolfest recordando ese evento hace meses atrás.

– Eso es cierto, lo que no sabes entonces. Es que tus padres eran los Reyes del Maravilloso y Noble Pueblo Enterial, todos ellos, tu gente. Necesitas saber que la labor de los enterial es una muy extensa y complicada más de lo que incluso nosotros podemos comprender solo sabemos que son los Defensores del Equilibrio – aseguró Clow –. No obstante, tu familia tiene en ese aspecto un trabajo mucho más difícil y peligroso y tu en particular cargas con la sagrada y dura tarea de ser el Rey ahora que tus padres ya no están más entre nosotros los vivos. Antes que preguntes hijo, la línea de sucesión en los Enterial no sigue la dogma que entre los humanos, elfos y otros entes terrenales se siguen, el futuro Rey o Reina es elegido al instante de su natalicio por fuerzas desconocidas.

– ¿Hay alguna manera de no ser yo el rey? – Preguntó Wolfest, no estando a gusto con la idea.

– Me temo que no. El destino es claro en eso. – Explicó Yuuko bajando su rostro en seña de respeto y comprensión mientras Wolfest tomaba más té, pensando otra vez, no estaba contento con eso. A el le gustaba hacer cestas, telas, estambre, hilo y le estaba gustando la idea de la compra y venta de productos.

– Wolfest, hijo. Escucha atento por favor, se no estás a gusto pero debes recordar que huir del destino usualmente hace que sea más rápido alcanzarlo – explicó Clow, notando la desilusión en su rostro quien le escucho y bajo algo triste la mirada comprensivo, eso era algo que toda su vida le habían explicado… pronto Clow le sonrió, jalando su atención con la señalización – . Pero, nada te detiene de hacer de tu trayecto a tu destino lo que tú quieras que sea y disfrutar el mismo.

– ¿Hacer del trayecto… lo que yo quiera? – Preguntó Wolfest.

– ¡Así es! – Expresó repentinamente Yuuko con un tono alegre y jovial, logrando que Wolfest volteara en respuesta –, mientras caminas para alcanzar tu destino, nada te detendrá de cumplir aquello que tu deseas. De hecho, eso mismo podría darte mucha experiencia en lidiar con gente particularmente obstinada y terca a seguir tu comando.

Wolfest se sonrojo con fuerza, antes de sonreír tímido, si era el caso entonces dejaba de molestarle tanto la idea de ser un Rey… si antes de tomar el trono podía ser feliz con aquello que él más quería hacer y lo que más le gustaba entonces le agradaba la idea. Aunque pronto recordó las otras preguntas que querían hacer.

– ¿Siempre supieron esto? – preguntó Wolfest, pronto recibió una afirmativa de ambos, seria y triste – ¿Por qué no me dijeron?

– "Aquel que pregunta, está listo para la respuesta" – Fue todo lo que Yuuko citó, dejando a Wolfest pensar, nunca le dijeron porqué el no estaba listo. Y ahora que preguntaba, lo estaba… aunque tuviera sentido no comprendía pero por lo que le había enseñado Clow, el tiempo le enseñaría.

– Hace un rato dijeron que los Héroes Destinados a eliminar a Hìsäêr siendo preparados… y he notado muchas miradas discretas. ¿Yo… yo soy uno de ellos?

– Me temo que si, Wolfest, tomo un par de semanas, el día que finalmente te declaré como mi hijo, que el destino decidiera revelarme la verdad – explicó Clow con pesar y tristeza, bajando su mirada antes de alzar esta para confrontarlo seriamente –, tu lucha contra Hìsäêr va a ser larga, dura, y difícil, llena de retos, juicios y tribulaciones que pondrán a prueba tu alma, resolución y ser en cada oportunidad. Tu papel será el más crucial en esa lucha, cuando el momento llegue sabrás cual es tu lugar en todo ello.

– ¿No me pueden decir entonces eso? – Preguntó Wolfest recibiendo una negativa silente. – ¿Estaré solo en ello?

– No. – Expresó Yuuko.

– ¿Podré volver mi hogar, ver a mi familia otra vez? – Preguntó Wolfest, sintiendo un escalofrió y volteando a su alrededor extrañado, antes de regresar su vista a ambos, y ver a ambos sorprendidos por varios segundos antes de sonreír, como si les hubieran removido un gran peso de encima.

– Ahora que hiciste esa pregunta. Sí, todas las veces que quieras y de hecho puedo revelarte… que con esa pregunta tomaste una gran decisión y con ella, abriste muchas puertas maravillosas a en tu futuro. – Le sonrió Clow; con esa decisión de llamar ese multiverso su hogar Wolfest había logrado abrir las puertas del futuro en lo absoluto, ahora si así él lo quería, tenía la oportunidad de ser feliz pese a todo lo que le golpeara.

Al elegir eso, había forjado un motivo a su lucha y la primera de sus razones para vivir y con ello, abierto sus oportunidades de salir con vida al final de la batalla contra cada uno de sus enemigos.

– ¿Puertas maravillosas? – Preguntó Wolfest, pronto volteando a la bruja de las dimensiones quien poso su mano en el rostro del niño quien sonrió y restregó su cabeza en busca de afecto.

– No podemos responder a eso, pequeño rey de los deseos – dijo Yuuko, acariciando su mejilla y sonriendo con ternura al bebé Enterial. Wolfest no estaba desesperado de afecto, lejos de eso su vida estaba atiborrada por el mismo. Aun su entrenamiento y clases estaban llenos del mismo al ser el deseo de sus mentores el verlo salir vivo y sano de ese ahora solamente arduo y peligroso destino –, no obstante ataste y creaste motivos y razones a tu hilo, quizás tome su tiempo pero, si, podrás. Y no creas que aun así te dejaremos solo en esto. Nunca lo estarás. Solo debes sentir en tu corazón para notar nuestra presencia a tu lado.

Wolfest asintió, escuchando atento a ello.

– Nuestra tarea es enseñarte y prepararte tanto como nos sea posible para que seas capaz de confrontar a tu destino con los brazos abiertos, y nos llena de inmenso orgullo y dicha el ver lo rápido que haz progresado – sonrió Clow a Wolfest, logrando que este sonriera lleno de felicidad al saber eso antes de ver el rostro de su mentor ponerse triste –, y aunque ya tenemos una idea de como seguirte enseñando cuando nuestro momento llegue. Debes seguir adelante y encontrar a tus otros tutores también.

– Padre… – no le había gustado ese comentario, miraba a ambos asustado – ¿Por qué… dices "nuestro momento…"?

– Wolfest – Inmediatamente respondió Yuuko, tomando la decisión de ser quien quebrara esa noticia –. Debes saber, yo estoy viviendo en un tiempo estático y tu padre está solo con tiempo prestado. Me temo nuestra vida es demasiado corta y a su vez larga en estos instantes.

– Papá… – inmediatamente Wolfest volteando a ver, solo para verse gentilmente aferrado en brazos de Clow, quien acaricio sus cabellos con afecto paterno.

– Mi vida es corta, Wolfest, se me autorizó saber esto y tú como mi hijo tienes derecho a saberlo. El destino está de acuerdo porqué quiere darte al menos la oportunidad de estar listo para el momento. Hijo… siete semanas después de tu séptimo cumpleaños me tocara fallecer a causa de aquel terrible evento del que te conté, ese es el precio tras mis acciones pasadas – explicó Clow, con gentileza, mientras

– De igual manera, yo prevaleceré atorada en tiempo congelado por mucho del mismo hasta que el momento llegue también y mi comunicación contigo sera en extremo limitada. No obstante no me detendrá de al menos guiarte a donde necesites ir cuando más ayuda ocupes. Solo debes recordar seguir las mariposas negras – expresó Yuuko antes de cerrar sus ojos al escuchar tras unos segundos un sollozo, sabiendo que el niño había comprendido. Sabía que ahí terminaban todas las preguntas y que se venía un tiempo muy duro, Wolfest no se alejaría ellos con facilidad salvo por… –, mi primer consejo con todo esto es… ábrete más y acercate más a Clarton y Shelldon. Créeme que ellos dos serán de gran vitalidad en tu corazón.

Wolfest asintió débilmente, aferrándose aun, no estaba feliz con la idea, había visto morir a muchos en solo un lapso de tres años, todos personas muy amadas y queridas en su corazón y ahora sabía en poco tiempo el hombre que era en esos instantes su mundo y la mujer a la cual él más admiraba iban a serles arrebatados de su lado; aunque estos aseguraban que no sería tan fácil que el destino hiciera que dejaran de ampararlo de alguna manera.

Así paso el resto del día, siendo aferrado y consolado por aquellos seres que lo rodeaban y llenaban de atención ahora que lo habían alertado de lo que se venía para que pudiera estar preparado para decir adiós y de llorar hasta caer dormido por el agotamiento mental y emocional causado por todos los sucesos.

Era algo duro y los dos hechiceros más poderosos de la historia lo sabían… pero habría sido injusto dejarlo a la deriva con un duelo doble repentino el cual podría fácilmente matarlo de la tristeza que eso mismo le ocasionaría.

La mañana siguiente fue recibida para el niño con Maru y Moro llegando a su lado con desayuno en cama lleno con sus platillos favoritos. Durante ese tiempo ambos se asegurarían de consentirlo en extremo al llenarlo solo con su comida favorita tanto de origen cantones como de sechuan; en especial la segunda al saber que el pequeño Enterial era un amante intenso del picante y las especias.

Eso y lo introduciría a un sin fin de gastronomías asiáticas y más, después de todo, lo que restaba de sus dos años de infancia genuina con ellos iba a ser un entrenamiento muy arduo e intensivo, era justo hacer que su ahora escaso tiempo libre fuera tan jubiloso y placentero como posible.