Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece
Capitulo 10 NARUTO Y LARA
Naruto Evans no podía creer que pudiera existir, una mujer más fastidiosa y exasperante que Lara Stone. A él le encantaban las rubias. A pesar de que él también lo era, las rubias poseían un aire de mujer fatal y sensualidad innata, que lo hacían desearlas al instante. No le gustaban las mujeres inocentes; al contrario, entre mayor fuera su experiencia, mejor la pasaba él.
De novias, muy poco. Él era lo que cualquiera consideraría, un auténtico e irrefrenable perro; un hombre que le gustaba estar con todas, sin comprometerse con alguna. Su prioridad eran sus estudios, y era por eso que no pensaba en una relación seria. Vivía para ser un profesional de los negocios, y para su niña, Sakura. Ella era su consentida.
A pesar de que hacía solo algunos años que la conocía, sentía que lo hacía desde mucho tiempo atrás. Su mayor deseo era protegerla y hacerla muy feliz. Sabía que un día llegaría un hombre del que ella se enamoraría, y la apartaría de su lado para hacerla su mujer; él, como su hermano que se sentía, lo sabía, y aunque rogaba porque ese día nunca llegara, al menos esperaba que fuera un hombre bueno, que la valorara y la tratara como se merecía; y sobre todo, que la amara.
Ella era su hermanita, su nena consentida; por eso cuando la vio en brazos de Sasuke Uchiha, vistiendo la ropa que él le había comprado, enloqueció. Ese hombre no era de su agrado. Habría preferido que ella se fijara en Kendal, o en Jerry, o en cualquier otro, pero no en él. Cada vez que lo veía, sentía desconfianza y aversión. Con él también sentía como si lo conociera desde antes, solo que a diferencia del cariño que sentía por Sakura, por el presidente de UchihaWorld Company, era el desprecio lo que reinaba.
Ese día en el que se enteró de que su niña, tenía algo con el hombre con el que menos quería verla, fue el día en que conoció a la odiosa e inocente Lara Stone. No había pasado ni una hora de haberse conocido, cuando ella lo abofeteó. No pidió disculpas, no se mostró avergonzada, solo lo hizo y luego lo regañó. No podía creerlo. Nunca una chica lo había golpeado, y en ese momento solo pudo parpadear, sin dar crédito al dolor en su mejilla. Ese día comenzó su calvario con la princesita Uchiha. Por mucho que él intentara mostrarse indiferente, ella parecía no captar el mensaje.
Creía que estaría libre de ella, pues la chica no trabajaba en el edificio… Cuán equivocado estaba. Tenía entendido que Lara casi no se aparecía por el edificio, por lo que pensó, ora que le mintieron, ora que ella comenzó a hacerlo porque él se encontraba ahí. Cuando la puerta de la oficina se abría y ella aparecía, él deseaba esconderse bajo el escritorio. De nada le servía, pues el objetivo de la joven era precisamente él. Lo saludaba con una efusividad que lo incomodaba, incluso en frente de Kendal, lo cual era más vergonzoso aún. A pesar de ser un mujeriego, era pasivo en su personalidad. Una cosa era el momento de la conquista, y otra su actuar normal del día a día.
A él no le gustaban las mujeres muy activas, a menos que fuera en la cama, donde le encantaba el sexo duro; y era precisamente por eso, que no formalizaba con ninguna de las que estaba. Él era un hombre tranquilo, apacible, y era ahí cuando entraba su pesadilla personal, tal como le llamaba en su mente. Lara Stone no le gustaba. Era morena, de suaves curvas, con doble ración de adrenalina en el cuerpo, y lo peor, inocente. Definitivamente, todo lo contrario a sus gustos. Un hombre como él sabía identificar a una virgen a kilómetros de distancia, y ella lo gritaba sin darse
cuenta. Al menos si no lo era, debía tener muy poca experiencia. Lara no era la mujer para él, al menos no hasta dentro de muchos años después, cuando hubiese terminado sus estudios, más los de posgrado, y tuviera un trabajo estable en una multinacional. Además del asunto de su físico… No, definitivamente Naruto nunca se fijaría en Lara Uchiha. Algunas veces miraba a la chica, y por su mente se cruzaba la idea de pagarle a Sasuke con la misma moneda. Seguramente no le gustaría verlo con su hermanita, y enloquecería al saber que se la tiraba, mientras él hacía lo mismo con Sakura.
A pesar de eso, Naruto no era así. Una cosa era que las mujeres que estaban con él, sabían que no había futuro en esas citas, y otra era aprovecharse de una chica que nada le había hecho. Ella no le caía bien, no la soportaba, quería que desapareciera y lo dejara en paz; y aun así, eso no era motivo para dañarla. Jamás sería capaz de un acto tan vil.
Las semanas pasaron, y su mente se concentró en sus estudios, su trabajo, y la relación de Sakura con Sasuke. El enterarse de que se casaban fue un momento muy duro para él. Lo detestaba, definitivamente lo odiaba con todas sus fuerzas. No lo quería cerca de Sakura, y mucho menos siendo su marido.
Una semana antes del compromiso, la cabeza de Naruto maquinaba una forma de sacar a Sakura del país, incluso en contra de su voluntad. «Sé que él la manipula, y no he podido descubrir de qué forma». Estaba casi seguro de que Sakura no lo amaba. La conocía lo suficiente como para saber que no se enamoraría tan fácilmente, y mucho menos, aceptaría la propuesta de matrimonio de un hombre como él. Necesitaba separarlos. Impedir ese matrimonio a como diera lugar, evitar…
―¡Naruto! ―El grito de Kendal lo sacó violentamente de sus cavilaciones―. Hermano, estoy hablándote, y tú pareces estar en otro planeta. ¿Qué te sucede?
―Lo siento. Estaba pensando en…
―¿En Lara o en Sakura? Naruto frunció el ceño.
―¿Por qué habría de pensar en tu prima?
―Porque ella es hermosa, lista, y una chica que terminará conquistándote. Ya lo verás.
―Kendal, sé que Lara es todo eso y más, solo que yo no estoy interesado en ella. He tratado de dejárselo en claro, pero parece no entenderme. No quiero lastimarla.
―Hola, Kendal ―saludó Lara, entrando a la oficina. Los dos hombres se pusieron de pie. Lara se dirigió al asiento de su primo y lo abrazó con fuerza. Luego se giró, y miró a Daniel con una sonrisa en el rostro.
―Hola, Dan. Se acercó a él, lo abrazó, y como si se conocieran de años atrás, le dio un beso en la mejilla, lo haló para que se sentara, y colocándose detrás de él, apoyó los brazos en sus hombros, y la barbilla en su cabeza. Kendal arqueó una ceja en dirección a Naruto, y este rogó que no lo despidieran, por pasarse de confianza con la niña consentida de la familia. Al menos esperaba que su jefe le advirtiera que se alejara de ella, y así poder tener un motivo que darle a Lara, para que aceptara sin réplica alguna. No se esperaba las palabras que salieron de la boca del vicepresidente de la compañía.
―Muñequita, Naruto necesita ir a algunas oficinas, a realizar unos trámites que tenemos pendientes. Eso será mañana en la mañana, y seguramente lo alcanzará la hora del almuerzo. Deberías acompañarlo, y luego llevártelo a almorzar. Si quieres puedes quedarte con él toda la tarde. Dudo que lo necesite aquí.
Naruto se tensó al instante, mientras que Lara sonrió abiertamente, lo abrazó por el cuello, y le dio un beso en la mejilla. ―No es necesario, Kendal. No quiero molestar, yo puedo ir solo.
―Claro que no es molestia. ¿Verdad, Lara?
―Cierto, yo te acompaño con el mayor de los gustos. Daniel apretó con fuerza la mandíbula, y no teniendo escapatoria, aceptó a regañadientes. Se apresuró entonces a salir de la oficina, y antes de cerrar la puerta, le lanzó una mirada significativa a Kendal, quien le lanzó a su vez un beso burlón y le guiñó un ojo.
La chica no se percató de ello, aunque él sí sabía que su jefe lo hacía a propósito. «Eres un maldito, Kendal», pensó al cerrar la puerta. Al día siguiente, Lara estuvo puntual en la oficina. Él prefirió no comentarle los planes del día a Sakura, para no tener que aguantarse sus burlas e interrogatorios, por lo que salió del edificio sin avisarle. Ya en el auto, le dio al chofer las direcciones de los tres lugares a donde debía dirigirse. Lara no dejó de conversar en todo el trayecto, y él, como siempre, no le prestó ni la más mínima atención. No le interesaba escuchar sobre vestidos, compras, joyas, y la vida amorosa de sus amigas.
Él se limitaba a asentir cada tanto, y emitir algún sonido que indicara que estaba prestando atención. Al llegar a un pequeño edificio de oficinas, se dirigieron al tercer piso, en el que Daniel debía conversar unos acuerdos próximos a firmar. Ahí estuvieron una hora, y otras dos en las siguientes oficinas. Al llegar el medio día, se dirigieron al Corrigans Mayfair, un restaurante al que a Eva le gustaba mucho asistir. Ordenaron algo rápido, y Naruto se preparó para elevar su mente, cuando Lara le habló de forma que no podía ignorar, al tratarse de una pregunta directa.
―¿Cuándo piensan firmar el contrato sobre la compra de los equipos de medición, para la construcción del hotel en Irlanda? Naruto la miró y parpadeó varias veces, confundido. «¿Prestó atención a la negociación? Y… ¿la entendió?».
―Eh… La próxima semana.
―Y ¿son nuevos? Eso fue lo que escuché.
―Así es ―respondió Daniel mirándola de frente. Su curiosidad se había despertado.
―Ya. Y si son nuevas, ¿por qué hay un reporte de salidas y entradas de bodega, y el registro de calibración tiene fecha de hace más de dos años?
Naruto abrió los ojos desmesuradamente. No podía creer lo que acababa de escuchar. Abrió con premura la carpeta que contenía los documentos, y revisó el dato que Lara le había proporcionado. Las fechas eran de hacía solo un mes. ―Aquí dice que son de hace treinta días.
―Entonces alteraron el documento, porque su copia registraba otra fecha. Lo sé porque los colocó de mi lado de la mesa. ―Se miró las uñas, y se colocó un flequillo detrás de la oreja―. Seguramente cree que porque tengo dinero, y visto a la última moda, mi cerebro lo cargo en mi billetera, en forma de tarjeta de crédito. Es lo mismo que piensas tú. Naruto enrojeció, y en su rostro se marcó la vergüenza de haber sido atrapado en la verdad.
―Lara, yo… ―No te preocupes por eso, Naruto Estoy acostumbrada. Mejor llama a Kendal y explícale que, al parecer, pretenden venderles equipos de segunda como nuevos. El joven tragó el nudo en su garganta y realizó la llamada. Luego de cortar, miró a la chica frente a él, y por primera vez, la observó. Parecía una niña, incluso menor que Elizabeth, a pesar de ser mayor; y aun así era hermosa.
Tenía una elegancia natural que la hacía ver refinada, y al mismo tiempo, delicada. Comenzó a analizar también su forma de ser, y se percató de que ella nunca le había coqueteado de forma descarada. Su actitud extrovertida y dinámica era igual con Kendal, aunque a él no le daba besos en la comisura de los labios. «¿Se los dará a todos los hombres que conoce?», pensó, y por alguna razón, la idea le molestó. Sintió deseos de disculparse con ella. No la soportaba, mas era un caballero, y no podía dejarla de esa forma.
―Lara… quisiera dar un paseo por el Hyde Park mañana en la noche, y me preguntaba si te gustaría acompañarme. ―Ella levantó la vista del plato que tenía en frente, y lo miró extrañada. «¡Qué imbécil soy! Ella debe estar acostumbrada a lugares lujosos, y no a un simple paseo en un parque», pensó, y trató de corregir su propuesta―. O si te parece aburrido, podemos hacer lo que tú quieras, o…
―Naruto―dijo la chica, y en su delicado y bello rostro se formó una suave sonrisa―, nunca he dado un paseo por el Hyde Park, porque a mis amigas no les hace gracia, y no tengo a nadie más con quien ir… A parte de mis guardaespaldas, solo que ellos no son muy buena compañía.
Los dos rieron. ―Me encantaría ir contigo. Naruto sintió alivio y sonrió. Sería la primera y última vez que la invitaría a salir. Con eso ya quedaría a paz y salvo. Luego de almorzar, Lara recibió una llamada de su madre, informándole que la necesitaba, por lo que quedaron que Naruto pasaría por su casa al día siguiente para ir a pasear, al finalizar la tarde. Él se dirigió a su oficina, y conversó con Kendal lo descubierto por Lara.
―¡El malnacido pensaba estafarnos! ―Lara fue quien se dio cuenta ―dijo Naruto―. El hombre alejó los documentos de mí, para colocarlos al otro extremo del escritorio, justo en frente de ella. Creyó que no lo notaría.
―A esa muñequita no se le escapa nada. Es muy inteligente y sagaz. Lo oculta muy bien debajo de esa cara tierna e inocente, por eso es tan peligrosa ―afirmó Kendal, sonriendo con orgullo por su prima.
―Eso me doy cuenta. Kendal levantó la cabeza y lo miró a los ojos. ―Aunque sé que Sasuke querría matarte, para mí tú serías el hombre ideal para Lara. En el poco tiempo que te conozco, he podido ver que eres un buen chico, y que ella está interesada en ti.
Naruto, más que mi auxiliar eres mi amigo, pero sino piensas tener algo serio con mi prima, más te vale que se lo dejes claro y te alejes de ella, porque si la ilusionas y luego le rompes el corazón, yo te rompo a ti la cara. Y te aseguro que golpeo mucho más fuerte que Sasuke. ¿He sido claro? Naruto lo miró fijamente. Comenzó a creer que la invitación a salir había sido una mala idea; no obstante, ya no podía retractarse. Tendría que mantenerse alerta, y no dejar que ella creyera que era algo más que una salida de amigos. ―Respeto a Lara, Kendal. Nunca le haría daño.
―Eso espero. Ahora, hagamos unas llamadas, y dejemos en evidencia al que se quiso pasar de astuto con nosotros.
Naruto llegó puntual a la mansión de los Uchiha. Estaba nervioso, y esa sensación lo hacía sentir incómodo. No era la primera vez que salía con una chica, aunque sí era la primera vez que parecía un adolescente. Lo invitaron a seguir a la sala de recibo para esperarla, y agradeció que los padres de ella no se encontraran. No deseaba que pensaran cosas que no eran. Miró el reloj, y vio que eran las siete y treinta de la tarde.
No llevaba mucho esperando, sin embargo, la impaciencia lo estaba matando, y lo que más le molestaba era no saber a qué se debía tanta ansiedad. Escuchó entonces la puerta abrirse, y de inmediato se puso de pie. Miró hacia el lugar donde la chica se encontraba, y se quedó paralizado ante lo que vio. Ahí se encontraba Lara Uchiha, pero no la que él conocía, con ropa demasiado costosa para el bolsillo de las personas comunes, con tacones altos y bolsos de diseñador. No. Ahí estaba una jovencita totalmente diferente, una que hizo que se quedara con la boca abierta, exponiéndose a que un hilillo de saliva escapara de sus labios.
Lara llevaba puesto un vestido de verano color blanco, que se ajustaba bajo su pequeño busto, y caía libre hasta sus rodillas, de tirantes finos y escote redondo; con detalles de florecillas rosadas, repartidas por toda la tela. En sus pies, unas zapatillas sin tacón, de un suave color rosado, y su cabello algo húmedo y un poco despeinado. Solo una fina cadena adornaba su cuello, y unos diminutos areticos de brillantes, sus orejas.
Se veía hermosa, y lo peor de todo, se veía inocente. Lara corrió hacia él y lo abrazó con la misma efusividad de siempre, y él no pudo evitar colocar sus manos en la pequeña cintura, y aferrarla por unos segundos más.
―¡Vámonos ya! ―pidió ella, arrastrándolo fuera de la estancia―. Siempre he deseado dar un paseo en el parque. Naruto la siguió, sin apartar la vista de ella, y no dejó de mirarla hasta que se bajaron de la limusina, en la entrada del Hyde Park, e iniciaron el recorrido. El lugar era bello de día, mientras que de noche parecía sacado de un magnífico sueño. La iluminación le profería un aspecto mágico, y con la hermosa chica que caminaba a su lado, Daniel sentía que se encontraba fuera de lugar.
La sonrisa de Lara no tenía precio. Parecía una turista y no una joven nacida en esa ciudad. «¿En realidad nunca había visto esto?», pensó Naruto, sorprendido. En ese momento, se dio cuenta de que a pesar de toda la fortuna que le pertenecía, Lara no podía disfrutar de pequeñas cosas, que para cualquier otro eran una nimiedad. Sintió lástima por ella, y ese sentimiento lo enfureció. No debía ser así, él no podía sentir lástima por una chica como ella, debía cambiarlo, debía apreciar su compañía, y eso hizo.
Se olvidó de las amenazas de Kendal, de las ilusiones que ella se pudiera hacer, del mañana… y decidió regalarle a la hermosa mujer a su lado, la mejor de las noches. Tomándola de la mano, la llevó hasta el Lago Serpentine, y ahí, colocándose detrás de ella, y abrazándola por la cintura, le mostró la luna reflejada en el agua, así como las estrellas que, poco a poco, iban a apareciendo en el firmamento.
―¡Es fantástico! ―exclamó la chica, emocionada. Luego de eso, fueron por algo rápido para comer y unos helados. Naruto descubrió que Lara no era de las que solo comía ensalada, y batidos de fruta para cuidar la figura. A esa mujer de cuerpo delgado, la vio devorar unos bollos con salsa de mora, una malteada de chocolate, unos bocadillos de fresa y un gran helado de vainilla.
―Ya veo de dónde sacas tanta energía ―comentó Naruto, divertido―. Nunca había visto a alguien comer tanta azúcar en tan poco tiempo.
―Eso te pasa por clasificar a tus amigas por cómo se ven, y no por su personalidad. «Amigas», repitió Daniel en su mente, y por alguna razón que desconocía, no le gustó la combinación del término y la persona que lo usaba. Más entrada la noche, Lara comenzó a frotarse los brazos. A ella le gustaba mucho el frío, y lo sabía soportar, solo que la temperatura bajaba demasiado a esa hora. Naruto se percató de ese hecho, y se reprendió por no pensar en ello con anterioridad. Sin pensar en él, se quitó la chaqueta y se la colocó sobre los hombros a la joven, quien le agradeció con una tierna sonrisa.
―Señorita ―llamó uno de los guardaespaldas que los habían seguido toda la noche―. Ya es demasiado tarde. Deberíamos regresar, o ir a un lugar menos expuesto. Naruto vio cómo la sonrisa de Lara se desvaneció de su bello rostro, dando paso a la resignación. Ella asintió y se encaminaron a la salida, mientras él mentalmente se prometía que en algún momento, volvería a invitarla.
No la soportaba, sí, era cierto… por lo que se convenció de que lo hacía más por agradecimiento con la familia, que tan bien los había acogido, que por complacerla a ella. Para el día del compromiso de Sasuke y Sakura, Naruto ya se había arrepentido de haber invitado a Lara a pasear por el Hyde Park. La semana que siguió a esa cita, llegaron a un punto en el que ella lo trataba como a un novio, y solo le faltaba darle besos en la boca, para corroborar ese hecho ante los demás.
―Llegas tarde, cariño ―regañó la chica, y le dio el beso acostumbrado en la comisura de los labios, cuando él llegó con Jerry a La Mansión, para cambiarse y arreglarse―. Ven, quiero que conozcas a alguien. Los dos recibieron el regaño de sus vidas, de un hombre que acababan de conocer, y por una situación de la que él era totalmente inocente.
―Conozco perfectamente a los de tu clase, muchachito ―aseguró Alexander Uchiha, luego de que Lara lo presentara como su novio, y él no tuviera oportunidad de negar dicha afirmación―. Eres igual al prometido de Sakura y al estúpido de su primo, con esos pelos desordenados y mirada de cazador irresistible.
Así que te advierto, que no me entere yo de que la niña ha derramado una sola lágrima por ti, porque te juro que este bastón te lo pondré de sombrero, y no te darás cuenta de qué te sucedió. Su único consuelo fue que Jerry también recibió su parte por Sara. En la fiesta Lara no se le despegó ni un momento. Lo llevaba del brazo, sonreía a todos, y lo presentaba con una familiaridad, que aunque no pronunciaba la palabra «novios», quedaba claro que lo intentaba dar a entender. Naruto vio varias chicas que eran de su tipo: rubias despampanantes, con miradas que prometían la mejor de las noches; el problema radicaba en que, aunque obligado, él estaba con Lara, y su caballerosidad no le permitía hacerla a un lado, para ir a coquetear con otra.
―Lara… tenemos que hablar ―comentó en un momento de la noche, en que sentía que no soportaba más la situación. Lara sacudió la cabeza y se rio de su seriedad.
―Dan, relájate. Sé que para ti es confuso, pero esto no tiene vuelta atrás. El día que Sasuke se entere, te va a partir la cara, mi papá te dará el discurso de tu vida, y el tío Alex te amenazará con su bastón. ―Se encogió de hombros―. No hay forma de evitarlo. Naruto parpadeó varias veces, sin poder creer lo que había escuchado.
―Lara, tú no puedes decidir por mí. ―La tomó por los brazos―. Eres una chica hermosa e inteligente, cualquier hombre estaría encantado de estar contigo, menos yo. Lara se estiró y le dio un suave beso en la barbilla.
―El día que me encuentre curando las heridas de tu cara, porque mi hermano te agarró a golpes, por encontrarte conmigo, veremos si todavía quieres que sea otro hombre el que esté a mi lado, y no tú. La joven dio media vuelta y se alejó, para saludar a unos conocidos. Él sintió que sufriría una apoplejía.
Las siguientes semanas, Lara continuó con su típica intensidad, y el día de la despedida de soltera de Sakura, cuando Kendal, Jerry y él les hicieron un espectáculo de bóxers y torsos desnudos, y terminaron todos en una fuerte pelea cuando Sasuke llegó, fue Lara quien le curó las heridas del rostro. ―Espero que entiendas que esto no cuenta en tu absurda predicción ―aclaró Naruto en voz baja, mientras ella le hacía la curación con una pequeña gaza.
―Claro que no, Naruto, Esto no tiene nada que ver. ―Miró entonces a su alrededor, se percató de que nadie les prestara atención, y le besó una de las heridas―. Sabrás cuando el momento haya llegado, porque seguramente te dolerá más que ahora. Naruto bufó, aunque permitió que terminara de atenderlo.
Al día siguiente, él tuvo que admitir que un ángel bajó a la tierra, y se posó en la entrada de la Abadía de Westminster. Lara Uchiha era hermosa, y con cada día que pasaba, tenía menos posibilidades de negarlo. En la fiesta, aunque trataba de enfocarse en los empresarios que Kendal le presentó, y el actuar de Sakura ―para confirmar si sus sospechas de una amenaza, tenían alguna justificación―, sus pensamientos, y sobre todo sus ojos, iban una y otra vez hacia la chica que, extrañamente esa noche, no le había prestado ni la más mínima atención.
La vio interactuando con unos amigos, y le molestó ver que a todos sonreía; y lo peor de todo, que los saludó con un beso demasiado cerca de los labios. Sintió rabia, demasiada, y casi le estalla la cabeza cuando uno de ellos, le colocó una mano en la cintura. Se disculpó con sus acompañantes y se acercó a ella, para pedirle que hablaran un momento a solas.
―¡Me puedes explicar qué te sucede! ―gruñó Naruto, cuando se encontraron alejados de los invitados, en un corredor del lugar.
―¿De qué estás hablando, Dan? ―De que estás coqueteando con todos tus amigos, igual que lo haces conmigo ―respondió entre dientes. Lara lo miró extrañada.
―Yo no estaba coqueteando con ellos. Siempre me comporto así con mis amigos.
―¡Ah! Entonces yo solo soy un amigo.
―Naruto, ¿qué sucede? ―preguntó Lara, con el ceño fruncido―. Tú y yo todavía no somos nada. Me has dejado claro que no quieres nada conmigo, y te estoy dando tiempo para no agobiarte, y esperar a que decidas estar a mi lado; y ahora me sales con este tipo de reproches. ¿Acaso estás celoso?
―¿Celoso, yo? ¡Ja! No me hagas reír.
―Entonces deja de molestarme, y no me impidas estar con mis amigos, hasta que pueda presentarte como mi novio. Lara dio media vuelta, y regresó a la fiesta tan rápido como pudo; dejando a Naruto con la ira hacia los amigos de ella, y sobre todo hacia sí mismo, bullendo en su interior.
«Y a mí qué me tiene que importar si coquetea o no. Ella no es mi novia; ni siquiera me cae bien. ¡Mejor! Si consigue novio me deja en paz de una vez». Ese pensamiento se convirtió en su mantra por los siguientes meses. Solo se vio obligado a estar con ella los días siguientes a la boda, antes de que Amelia, Jason y Sussana regresaran a América. Incluso un par de días después, cuando llamó a Sakura para saber que ese hombre no le había hecho daño, ella le preguntó por Lara de forma sugerente. Hasta su hermanita quería que terminaran juntos. Ni loco la complacería.
En la fiesta de cumpleaños de Kendal, Naruto se encontraba en un estado de desesperación. Miraba a los amigos de su jefe como si fueran enemigos, y se impedía a sí mismo aceptar que temía, que Lara se fijara en alguno de ellos.
Días y más días, y él trataba de mantenerse alejado de ella. Le pidió al vigilante de la compañía que cuando Lara llegara le avisara, para tener tiempo de salir de la oficina y esconderse. La evitaba, aunque curiosamente, no podía dejar de pensar en ella. En algunas ocasiones se distraía en el trabajo o en las clases, recordando su sonrisa traviesa aunque inocente, su voz, su olor, su mirada.
Estaba perdiendo la batalla contra su propia obstinación, y para cuando se dio cuenta de ello, ya la guerra la tenía perdida. Un día de principios de diciembre, en que salía de una de las oficinas del décimo piso de UchihaWorld, la vio doblar por el pasillo contiguo. Su mente le gritó que corriera en dirección contraria, pero su cuerpo se encaminó hacia el lugar donde la había visto pasar. Al llegar al cruce, se encontró con que Lara saludaba efusivamente a un hombre, que parecía ser un visitante.
Era alto, muy guapo, y vestido con un traje que se notaba costoso… El hombre perfecto para ella. Lara lo abrazó y le sonrió abiertamente; y el hombre, aprovechando la confianza, la tomó por la cintura, la acercó a su cuerpo y le robó un rápido beso. Eso fue suficiente para hacerlo salir de su escondite. En ese momento, se olvidó de que la chica era un fastidio, de que llevaba meses tratando de quitársela de encima, y su mente se enfocó en que otro hombre la acababa de besar.
―Lara, preciosa. ―Llegó a ella, quien ya se había alejado de su amigo, y le pasó un brazo por la cintura para acercarla a su cuerpo―. Te estaba buscando. Te necesito en la oficina.
Lara le sonrió, y se despidió rápidamente del hombre que los miraba extrañado, sin siquiera presentarlo. Al alejarse, Naruto arrastró a Lara a un apartado que hacía las veces de pequeña cafetería, con un dispensador de agua y café. Cerró la puerta, y la acorraló contra la pared.
―¿Quién es él? ―preguntó con la rabia reflejándose en sus ojos.
―El hijo de un amigo de la familia ―explicó Lara con voz inocente, y encogiéndose de hombros―. ¿Tienes algún problema con él?
―¡Sí, lo tengo! ―gruñó, estremeciéndola un poco por los brazos―. ¡Porque el maldito besó lo que es mío! Lara no atinó a pronunciar palabra, pues los labios de Daniel se estrellaron contra los suyos. La besó con exigencia, con desesperación, con necesidad, como si deseara borrarle los besos del otro y marcarla con los suyos. Ella lo recibió gustosa. Levantó los brazos y se aferró a su cuello, para enseguida, enterrarle los dedos en el cabello. Un gemido escapó de los labios de Naruto, y fue en ese momento en el que se alejó de ella, y la miró con desconcierto y confusión.
―Me vas a volver loco ―increpó en un jadeo. ―Ese beso me dice que ya lo conseguí.
Naruto se pasó la mano por el cabello, y suspiró con resignación. La miró y caminó hacia ella, la tomó por la cintura y la besó de nuevo. Ese segundo beso fue muy diferente al primero. Reflejó lo que Naruto había intentado evitar por tanto tiempo, y lo que Lara sabía que algún día, él no podría ocultar más: ternura, pasión, y sobre todo, amor. En ese instante, Daniel apartó de sí todo lo que había convertido en su escudo. Ya no le importaban las rubias despampanantes, ni los senos grandes, ni las caderas pronunciadas.
Él había sucumbido ante la morena con suaves curvas y pechos pequeños, que tenía en sus brazos. Y no solo la deseaba, se dio cuenta que la amaba. Tuvieron que detenerse por miedo a que alguien decidiera tomar el café de la mañana. Naruto quedó de llamarla apenas pudiera hacerlo. Lo hizo dos horas después, para invitarla a almorzar. Acordaron mantener la relación en secreto, más por decisión de Lara que del propio Daniel. Ella decía que había que esperar, y él no entendía el qué.
―Es mejor así. Ya llegará el momento apropiado.
―Eso quiere decir que no podré besarte, ni tomar tu mano delante de tu familia ―comentó, molesto―. ¡No es justo! Así puede llegar cualquier otro y robarte un beso.
―Nadie más lo hará, porque yo no lo permitiré. Naruto la miró con el ceño fruncido. ―¡Entonces, ¿tú permitiste que el tipo ese te besara?! Lara soltó una fuerte carcajada. ―Daniel, él es gay. Siempre hace lo mismo con todas sus amigas. ¿En serio estabas celoso?
―¿Gay? ¡Pues eso no le da derecho a besarte! Lara sonrió, y le alborotó el cabello en modo juguetón.
Los meses siguientes, la pareja disfrutó de su idilio. Naruto no estaba acostumbrado a un noviazgo de adolescentes de los ochenta. Para él todo sucedía en la misma semana, o incluso en el mismo día; sin embargo, con ella quería algo diferente.
Deseaba darle todo lo que se merecía y más. La llevaba al cine, la invitaba a tomar helado, y la consentía todo lo que su salario le permitía. Ella insistía en invitarlo en muchas ocasiones, y él se negaba rotundamente. Aunque deseaba llevarla a los lugares a los que ella estaba acostumbrada, poco a poco se dio cuenta de que ella disfrutaba las cosas simples de la vida. Todo su dinero la obligaba a permanecer en una jaula de oro, custodiada por dos gorilas, y rodeada de amigos que tenían al dinero por su dios. Ella deseaba conocer el mundo real, y eso era lo que él le daría; siempre cuidando no violar su seguridad.
Los guardaespaldas tenían orden expresa de Lara de no decir una palabra a sus padres, aunque su madre lo sospechaba, e incluso creían que estaba segura de la relación, porque curiosamente, toda la servidumbre aparentaba no ver nada cuando sucedía ante sus ojos, y eso solo podía suceder por una orden de la dueña de casa. Kendal lo sospechaba también, aunque sus comentarios tendían a no ser tan subidos de tono por respeto a su prima.
Sakura regresó de su luna de miel, y en una visita a la oficina, se enteró de la relación. Naruto no podía ocultárselo, no a ella, y confiaba en que de ahí no pasaría. Lo importante era que Sasuke no se enterara por el momento. Cada día que pasaba, deseaba más y más a su novia clandestina. No sabía cuánto tiempo más podría aguantar. Tocarla era una tortura; besarla, una agonía; y verla sonreír, un completo infierno, porque no deseaba detenerse. Frente a su familia era peor, porque ahí no podía siquiera rozarla. Y llegó el día en que no pudo más.
Sophia y Jonathan se encontraban visitando al tío Alex, y Lara aprovechó para pedirle a Naruto que llegara a su casa, y ayudarla con unos documentos sobre el contrato entre UchihaWorld y Valenci's; sociedad que ella misma había impulsado, y que disfrutaba supervisar. Él aceptó encantado, así podía pasar tiempo con ella, y si todo salía bien, dormir con ella… luego de hacerla suya. Lara se colocó un pijama verde de pantalón corto, y una blusa de tirantes. Daniel sintió que su boca se volvía agua.
Trató de concentrarse en los documentos frente a él, pero el estar solo en una habitación, con la chica que amaba con locura, y sobre una cama, no ayudaba mucho a su empresa. En un momento, Lara se impulsó hacia adelante y se arrodilló en la cama, para tomar unos documentos que se encontraba lejos de ella. Esa acción hizo que su trasero quedara a la vista de Naruto, quien deseó poder arrancar la tela que cubría las nalgas de la chica, y observarlas en plenitud. Emitiendo un gruñido de frustración y deseo, que la sobresaltó, la tomó por las caderas y la hizo sentarse de nuevo, para enseguida, comenzar a apilar los papeles
. ―¿Qué haces? ―preguntó Lara, desconcertada―. No hemos terminado. Naruto terminó de recogerlos, y los colocó a un lado de la cama. Se giró y la miró a los ojos.
―Ya no aguanto más, Lara. Te quiero mía, y te quiero ahora. Su voz sonó tan desesperada, que parecía más una súplica que una declaración. Estirando los brazos, la tomó por el rostro y la acercó a él para besarla. Ella se impresionó por el brusco movimiento y él lo notó, por lo que alejó su rostro para poder hablarle.
―Te amo, Lara Uchiha. Te amo tanto. Lara sonrió abiertamente ante esas palabras, y fue ella quien se lanzó sobre él, quedando sentada sobre sus piernas, con las suyas a cada lado de su cintura.
―Yo también te amo, Naruto, Y quiero ser tuya. Él la abrazó por la cintura y recibió su beso con regocijo. Comenzó a mover sus manos por el delicado cuerpo de la chica, y se maravilló con su forma. Llegó hasta sus nalgas y las apretó un poco, haciéndola jadear, y a él, ponerse más duro aún. Encontró el final de los pantaloncitos, y los subió hasta metérselos entre las nalgas, y así dejarlas expuestas, pero se detuvo bruscamente cuando se percató de que ella no llevaba nada debajo. Lara, adivinando sus pensamientos, lo miró y se sonrojó.
―No me gusta usar ropa interior cuando estoy en mi casa ―dijo de una forma que parecía una disculpa. Naruto bajó la vista hasta sus pechos, y vislumbró dos punticos abultados que tiraban un poco de la tela.
―¡Oh, nena! Fue lo único que atinó a decir, antes de buscar el dobladillo de la blusa, y levantarla para sacársela por la cabeza. Ahí estaban, dos pechos suavemente redondeados, que él enseguida comprobó, podían ser cubiertos completamente por sus manos; coronados por dos pezones rosados, que se encontraban tan duros, que parecían piedras preciosas. No eran los pechos grandes que podía tomar con ambas manos y perderse en ellos, como a los que estaba acostumbrado; pero se dijo a sí mismo que eran los más hermosos que había visto en su vida.
Colocándole las manos en la espalda la acercó a él, y sin esperar una señal de aprobación, llevó su boca al pecho derecho de la chica, saboreando a su gusto. Lara se aferró al cabello rubio, evitando perder el equilibrio, y cerró los ojos con fuerza, ante las sensaciones que comenzaban a embargarla. Nunca antes había sido tocada de esa forma; nunca antes había deseado a un chico. En algunas ocasiones uno que otro le pareció guapo, aunque lo que sintió cuando vio a Naruto por primera vez, fue intenso, y supo en ese momento que él era el hombre de su vida.
Y ahí estaba, a punto de entregarse a él sin reparo, y con la plena convicción de que los dos serían muy felices. En un rápido movimiento, Naruto giró y la colocó sobre la cama, para poder quedar acostado sobre ella. Se arrodilló entre sus piernas y se quitó la camiseta. Se retiró entonces un poco y, tomando el pantaloncito por el elástico, tiró de él hasta que se lo quitó. Así la quería tener desde hacía tiempo, desnuda y completamente a su merced, y así la tenía en ese momento.
―Eres hermosa ―declaró, y comenzó a desabrocharse el pantalón―.
Eres preciosa, y eres solo mía. Al terminar de quitarse toda la ropa, se acomodó de nuevo entre las piernas de la chica, y la escuchó emitir un jadeo. Siguió la dirección de su sorprendida mirada, y esta se enfocaba en su miembro firme que se alzaba imponente. Naruto no pudo evitar soltar una fuerte carcajada.
―Te la voy a enterrar todita ―prometió, acostándose sobre ella, para arrepentirse al instante. No podía tratar a Lara de esa forma. Ella era una chica inocente, y merecía ser tratada con delicadeza. Después, cuando le hubiese enseñado los placeres que podían obtener juntos, podría hablarle de esa forma, mientras tanto, lo que tenía que hacer era alejar sus miedos. La volvió a besar, solo que con más suavidad, y la miró a los ojos con todo el amor que le profesaba.
―Tranquila, mi amor. Seré lo más delicado posible. Lara asintió y le sonrió tímidamente. Él quería amarla, y eso haría esa noche. Llevó su mano por en medio de los dos cuerpos, y la encaminó hasta el sexo de la chica, donde lo acunó y apretó un poco. Lara jadeó y se removió, tratando de apartarse, por lo que él supo al instante que lo mejor sería no estimularla con su boca.
―Quieta, mi princesa. No pasa nada. Soy yo, mírame. Lara levantó la vista y lo observó. Él vio en ella una dulzura que podía llegar a derretirlo. Lara era incluso más inocente que Sakura antes de conocer a Sasuke. El tener a un hermano como ese, la había mantenido alejada de cualquier pretendiente. Eva era fuerte e independiente, pero Lara era la niña de la casa, la princesita que todos cuidaban y protegían. Por esa razón, los besos robados de su amigo gay los veía tan inofensivos. Ella no percibía el mal oculto en las personas, porque hasta los
hombres que la seguían a todas partes, lo miraban a él con expresión amenazante. Ella vivía en una burbuja… Una que él estaba a punto de hacer estallar.
―Te amo, y nunca te haré daño. Te lo prometo. Lara asintió y levantó la cabeza para besarlo. Naruto comenzó entonces a mover sus dedos con cuidado, abriendo la intimidad de la chica y explorando suavemente. Ella gemía contra sus labios, al tiempo que él sentía cómo su mano comenzaba a empaparse de la excitación, de la que en pocos minutos sería su mujer. Las caderas de Lara comenzaron a moverse por sí solas, y su ritmo se fue incrementando, a medida que los dedos de Daniel se movían más y más rápido.
Cuando él tomó el punto más sensible de ella y lo haló entre los dedos, ella se estremeció, y sus gemidos incrementaron su volumen cuando el orgasmo azotó su cuerpo. Naruto aprovechó ese momento, para comenzar a introducir su miembro en ella. Fue lento pero seguro, y para cuando llegó a la barrera que él tanto deseaba destruir, Lara se aferraba a su espalda, esperando el dolor que sabía que llegaría. No demoró más lo inevitable y se hundió en ella, besándola para acallar su grito de dolor.
Se quedó inmóvil mientras Lara se recuperaba, sin dejar de besarla con ternura. Pasados unos segundos, fue ella quien comenzó a moverse, incitándolo a acompañarla. Él no titubeó en seguirla. Sus embestidas eran suaves, lentas, y a pesar de que a él le gustaba el sexo duro, con ella deseaba disfrutar de la experiencia. Quería hacerle sentir placer, y él mismo lo estaba obteniendo al hacerle el amor lentamente, bebiendo cada uno de sus gemidos, y sintiendo una deliciosa sensación, cada vez que ella levantaba las caderas para recibirlo.
Naruto cerraba los ojos, perdido en el placer que recorría su cuerpo; y los volvía a abrir, solo para ver ese mismo goce en el rostro de la chica, que le había robado el corazón de una manera tan peculiar y fastidiosa. Los movimientos de los dos se hicieron más rápidos y enérgicos, y cuando ya sus cuerpos no pudieron resistirlo más, estallaron entre gemidos y gritos de placer absoluto. Los dos quedaron jadeantes, abrazados fuertemente el uno al otro, disfrutando de los últimos resquicios del orgasmo.
Naruto se apartó con cuidado y se recostó a su lado, haciéndola quedar de espalda a él, para abrazarla desde atrás, y mantenerla acurrucada en sus brazos. Nunca había hecho la famosa cucharita con ninguna mujer, y por eso y muchas cosas más, sintió como si esa también hubiese sido su primera vez.
―Te amo ―dijeron los dos al tiempo, y luego de un beso, se quedaron dormidos.
El sol comenzaba a filtrarse por entre las cortinas de la habitación de Lara, cuando la puerta se abrió. ―¡Pero ¿qué mierda?! El grito, que más parecía un rugido, fue tan fuerte que los dos se despertaron sobresaltados. Naruto por instinto trató de cubrir a Lara, pero cuando vio a Sasuke Uchiha lanzarse sobre él, la apartó y procuró su bienestar. Ella estaba a salvo, el que corría peligro era él. Lara se apresuró a tapar su desnudez con una sábana, mientras gritaba por ayuda, y le pedía a Sasuke que se detuviera.
―¡Te voy a matar, maldito! ¡Te voy a matar! ―gritaba Christopher montado sobre Daniel, y llenándole el rostro de golpes. El joven trataba de quitárselo de encima, sin tener éxito. El ataque lo había tomado por sorpresa, lo que limitó sus primeras acciones; para cuando quiso reaccionar, ya el otro lo tenía acorralado. Lara rodeó la cama y aferró el brazo de su hermano, haciendo que la sábana que la cubría cayera al suelo.
―Sasuke, por favor. Yo lo amo, Sasuke. ¡Déjalo! ¡Déjalo! Cuando Naruto logró reunir fuerzas y empujarlo, Sasuke cayó fuera de la cama, lo que aprovechó para levantarse e irse contra él, devolviéndole los golpes que acababa de recibir. En ese instante, los hombres de seguridad irrumpieron en la habitación, y Lara, que se encontraba junto a su hermano y su novio, tratando de separarlos, gritó al saberse desnuda.
Se apresuró a taparse, pero al encontrarse los dos sobre la sábana, no tuvo otra opción que acurrucarse en el suelo, y tratar de cubrirse con los brazos, comenzando a llorar desconsoladamente.
El sonido de los sollozos de la chica, detuvo a los dos hombres de inmediato. Naruto corrió hacia ella para cubrirla con su cuerpo, y Sasuke sacó a los intrusos a empujones de la habitación, amenazándolos con que si decían una sola palabra, no volverían a trabajar en algún otro lugar, en lo que les restaba de vida. Sasuke regresó a la habitación, y encontró a Lara en los brazos de Naruto, cubierta por una sábana y llorando aún. Se acercó a ellos, y en un movimiento rápido y brusco, se la quitó de los brazos.
―No quiero que la vuelvas a tocar ―gruñó. Se la llevó al baño y cerró la puerta con el pie. Se sentó en el sanitario y la acomodó en sus piernas.
―Princesita, ¿estás bien? ¿Te hizo daño? Lara negó con la cabeza, y se enjugó las lágrimas con el dorso de la mano.
―Yo lo amo, hermano, así como tú amas a Sakura. Sasukecerró los ojos y la abrazó con fuerza. Su niña, su pequeña princesita, se había convertido en una mujer, en los brazos del hombre que él tanto detestaba. Sin embargo, no podía interferir en la felicidad de la chica, y aunque no lo admitiera en voz alta, sabía que Naruto era un buen hombre.
―¿No podía ser otro? ¿Tenía que ser él? Lara levantó la cabeza y lo miró.
―¿Por qué lo odias tanto?
―Porque siempre quiso, y sé que aún quiere, alejar a Sakura de mí.
―Así como tú ahora quieres alejarme de él. Sasuke la miró por unos segundos y suspiró, resignado. Lo que ella decía era cierto, aunque tampoco lo admitiría.
―Estás sangrando ―comentó Lara, y levantó la mano para tocarle la comisura del labio. Él sintió el dolor, y se quejó; y fue justo ahí, cuando toda la cara comenzó a dolerle. Lara se levantó de sus piernas, y retiró la sábana para colocarse una salida de baño. Tomó a Sasuke de la mano para que se levantara, y antes de abrir la puerta, se giró y lo miró.
―Prométeme que te comportarás, y aceptarás que Naruto y yo nos amamos. Sasuke tensó la mandíbula, aunque la súplica que observó en los ojos de su hermana, lo desarmó.
―Solo lo amenazaré un poco, por si acaso. Lara sonrió.
―Vamos, seguro que su cara está peor que la tuya.
―Eso me alegra. Al salir, Daniel los esperaba en la cama, ya vestido, al tiempo que Eva entraba a la habitación, usando aún su pijama y una salida de cama. Corrió hacia Sasuke, y empezó a revisarle el rostro con desesperación.
―Estoy bien, tranquila. Eva suspiró aliviada y lo abrazó. ―Greta me llamó desesperada, y apenas atiné a colocarme la bata. Sasuke le acarició la mejilla y le sonrió.
―Aun así estás hermosa. Lara se acercó a Naruto, y comenzó a tocarle con cuidado las heridas en el rostro. ―Tenías razón, mi bella bruja.
―¿En qué? ―En que el día que Sasuke me rompiera la cara, al descubrir que estábamos juntos, yo te querría solo para mí. Lara rio, justo cuando Greta, la señora del servicio, entraba en la habitación con un botiquín. Estiró los brazos para recibirlo, al tiempo que se sentaba en las piernas de su novio.
―Lara, te agradezco que te levantes de ahí ahora mismo. Una cosa es que acepte la relación que tienes con este imbécil, y otra que tenga que soportar cómo te manosea ―exigió Christopher con voz autoritaria.
―Lara es ahora mía. Así que si no quieres vernos juntos, te puedes largar.
―¡No me puedes correr de la casa de mis padres!
―¡Y tú no me puedes impedir acariciar a mi mujer!
―Yo soy el que te va a acariciar a ti, malnacido. Nuevos gritos se escucharon, al Sasuke romper la promesa que momentos antes, le había hecho a su hermana.
