(N/A ANTES DE EMPEZAR, VUELVO A RECORDAR QUE LOS CICLOS DEL CRECIMIENTO DE UN CANARIO ESTÁN ALTERADOS EN ESTE FANFIC PARA PODER CONTAR TODO LO QUE LE OCURRE A NICO)
Pasaron un par de semanas en las que Nico ya se había acostumbrado a que su madre desapareciera durante horas, para después regresar borracha, o con una botella en el ala y un hombre en la otra, Nico escuchaba los gemidos día y noche y apenas podía dormir bien, por si fuera poco, su madre ahora lo trataba como un sirviente, llevándola comida y echándolo cuando le resultaba un estorbo, a esto, había que añadir que su madre lo insultaba por arruinar su vida y le pegaba sin la más mínima consideración.
Al tercer día, Nico ya había aprendido que podía o no podía hacer o decir con su madre cerca; debía marcharse cuando uno de esos hombres llegaba a casa y se quedaba en su habitación secreta o se marchaba para dar una vuelta por la ciudad, a veces, se paraba en los puestos de comida y los humanos que lo veían, al ver su delgadez y su pequeño tamaño le daban algunos comestibles, frutas, pan, semillas... él se conformaba con cualquier cosa que pudiese comer. Al menos sabía que así no moriría de hambre, pues su madre se negaba a buscar comida para él y ella nunca le había enseñado que frutas de la selva eran o no venenosas para él.
A veces, cuando su madre lo echaba porque tenía que trabajar le gustaba meterse en la selva y ver a través de los nidos de otras familias, podía ver a las madres felices cuidando de sus crías, sin hacerlas ningún daño, y también veía a sus padres, a los que miraba con curiosidad y envidia.¿cómo sería su padre? Estaba seguro de que si su padre estuviese junto a él no permitiría que su madre le pegase y le protegería para que no le hiciese daño.
Esa tarde, a al hora de comer, Nico había encontrado unas bayas que le dejó a su madre sin que ella le diese a probar bocado, por lo que en ese momento, estaba buscando algo que él pudiese comer. No le apetecía ir a la ciudad, aunque sabía que allí había comida en abundancia, no quería que los humanos le viesen, ese día no. Nico se tocó el ojo derecho notando la hinchazón roja y siseó de dolor, hace un par de días, su madre le había pegado en el ojo y en la espalda, y el dolor del primer golpe no había desaparecido aún. Se mojó con agua fría el ojo, eso le aliviaba un poco el dolor, aunque no lo hacía desaparecer. Ahora mismo, el golpe no estaba muy hinchado, pero seguía enrojecido y con un leve dolor.
Nico estaba bebiendo agua del pequeño estanque cuando notó que alguien se posó en frente de él, Nico se tensó, pensando que era su madre, y alzó poco a poco la cabeza, pero vio a alguien nuevo para él. Era un cardenal de cresta roja, de más o menos su misma edad, un poco gordo y con una mirada infantil e inocente, como la que Nico había perdido hace tiempo.
-Hola.- Saludó el pequeño cardenal al canario, encogido y asustado.
-H...hola...-
-¿vives aquí?- preguntó de nuevo el pájaro rojo y gris.
-Sí.-
-Soy Pedro, me he mudado aquí con mis padres.- dijo extendiendo el ala frente al canario a modo de saludo.
-Encantado.- dijo Nico estrechando su alas con el cardenal.- Me llamo Nico.
-¿qué te ha pasado?- dijo mirando el ojo enrojecido del canario.
-Accidente de vuelo.- mintió Nico.
-Oye, ¿quieres jugar conmigo?-
-Vale.- dijo Nico, aun desconfiando, no sabía muy bien lo que quería ese pequeño pájaro, y su instinto le dijo que, debido a las experiencias pasadas, sospechara de cualquier desconocido.
Pronto eso cambió, Nico empezó a jugar con el cardenal y se sintió feliz y seguro por primera vez en su vida, Por una vez, no vivía con miedo.
Ambos polluelos estaban correteando cuando el cardenal se chocó con las patas de un pájaro más grande, alzó la vista para ver a una hembra de su especie; delgada, de ojos castaños y una cresta arreglada, cuyos tonos rojizos parecían fuego cuando se iluminaban con la luz del sol.
-¡MAMÁ!- dijo el pequeño cardenal. Nico vio como la hembra cogía con sus alas a su hijo y lo acunaba contra su pecho.
-Hola Pedro, cariño ¿vas a presentarme a tu nuevo amigo?- dijo mirando hacia abajo, notando que el pequeño canario se había escondido tras sus patas.
-Mamá éste es Nico, también vive cerca de aquí.-
-¿Así que eres vecino nuestro?- Nico asintió con la cabeza. La hembra lo observó un poco más, había algo en ese niño que la preocupaba, entonces vio el ojo enrojecido.-¿que te ha pasado en el ojo cariño?-
-Me choqué con una rama mientras volaba.- volvió a mentir el polluelo.
La cardenal dejó a su hijo en el suelo y se agachó para revisar a Nico.
-Puedo curarte si quieres.¿te duele mucho?-
-No, pero si que me molesta.-
-Es normal, todavía está sanando.- La hembra miró a su alrededor y se dirigió a una planta de áloe vera para cortar un trozo de hoja con su pico.- Ven aquí Nico.-
el polluelo obedeció, más por miedo que por educación, la hembra de cardenal empezó a frotar suavemente la planta contra la herida, dejando que la savia de la planta untase el moretón por completo.
-Bueno, eso debería acelerar la curación y aliviarte el dolor que te quede. Te vendría bien echarte un poco de vez en cuando.- Nico asintió.
-¿vas a irte a casa ahora Nico?- preguntó la cardenal. Nico negó con la cabeza.-Si a tu madre no le importa podrías quedarte con nosotros para que juegues con Pedro, nos acabamos de mudar y nos viene bien que empiece a hacer amigos.¿conoces alguna otra familia que viva por aquí?-
-No.- respondió el canario.
La verdad, desde que su madre empezó a trabajar de prostituta en casa, las familias evitaban la zona de la selva donde vivía, Nico nunca se había relacionado con los otros polluelos, de hecho, cada vez que buscaba comida en la ciudad, les evitaba, algunos chicos adolescentes que eran conscientes del trabajo de su madre se burlaban de él y le perseguían para pegarle, como si no tuviera suficiente con lo que pasaba en casa.
-Bueno, entonces, no hay problema, pero quiero que vayas a casa para avisar a tu madre que vas a estar aquí, no quiero que se preocupe por ti.-El canario tragó saliva, tenía que volver, o al menos alejarse de allí para que ellos creyesen que había hablado con su madre.
-De acuerdo.- Dijo Nico.- enseguida vuelvo.-
El canario alzó el vuelo de regreso hasta su casa, miró la entrada de su nido, su madre acababa de estar con un cliente, se acercó un poco más y la vio tumbarse en el nido para dormir, eso le daba por lo menos un par de horas. Regresó veloz al lado de los cardenales, no quería estar allí, quería volver con ellos, una familia de verdad.
