Capítulo 17

Disclaimer: Star Wars no me pertenece, propiedad de Disney y Lucas Film.


"Incluso de las tinieblas puede surgir esa chispa de esperanza que lo aviva todo'


Momentos atrás

Baja de su caza TIE siendo recibido por un aire helado que penetraba a través de sus vestiduras como cuchillas filosas. Las olas embravecidas chocaban con violencia contra las rocas causando un gran estruendo irrumpiendo con el silencio que envolvía tan pacífico sitio. Aquel océano, esa isla, todo era como lo recordaba en esa visión con Rey, ese era el lugar correcto.

Había dado con Luke Skywalker.

Percibía su presencia tan poderosa en la fuerza, tan única e irrefutable, era él, su propia sangre, su tío, el mismo hombre que lo traicionó años atrás, no podía evitar sentir el dolor por su pasado pero no había llegado hasta allí para reprocharle, concentrándose en su plan dejando a un lado los rencores.

Se coloca su capucha negra protegiéndose de la brisa marina al momento de subir por las largas escaleras de piedra resquebrajadas de aquella isla en ruinas, siendo acompañado por la pálida luz de la luna marcando el sendero a seguir.

Su camino llega a su fin al posicionarse en una pequeña planicie cerca de la cima, cubierta de singulares chozas de piedras bastante antiguas, dentro de una de ellas, podía vislumbrar un rastro de luz traspasar la desgastada puerta de madera, lo percibía, allí aguardaba él.

"Luke"

Lo llama a través de la fuerza.

Sus ojos se hallaban cerrados concentrado en una meditación cuando sentiría en el ambiente aquella familiar fluctuación en la fuerza sofocando su pecho al reconocer su origen.

"Ben"

Sus párpados se abren con ímpetu al oír su llamado irrumpir sus pensamientos, lo sentía, era su sobrino, estaba cerca. Se hallaba confundido tratando de negar su presencia, ¿cómo dio con su ubicación?, era imposible, fue entonces que caería en cuenta de la realidad, estrujándose su corazón.

"Rey"

Su rostro se ensombrece al pensar en su pequeña, ¿dónde estaba su niña?, no podía sentirla en la fuerza, no se hallaba con él, temiendo entonces lo peor. Sin poder postergarlo más, el viejo jedi se coloca de pie recobrando su compostura serena que lo caracterizaba, respira profundamente para finalmente dirigirse a la entrada preparándose a enfrentar a los fantasmas de su pasado.

El tiempo había llegado.

Al abrir la puerta vislumbraría aquella imponente silueta emerger desde las penumbras, de pie frente a su choza a escasos metros. Portaba vestiduras negras, cubriéndolo casi en su totalidad una larga capa, su rostro estaba bajo una capucha impidiendo distinguir sus facciones con la poca luz que alumbraba la luna, pero aún así sabía que se trataba de su sobrino.

–¿Cómo me encontraste? – pregunta con serenidad siendo el primero en romper con el tenso silencio entre ambos. Lo observa entonces bajarse la capucha mostrándole aquel rostro que no contemplaba después de seis largos años, sus facciones habían madurado un poco, pero seguía siendo el mismo muchacho que recordaba en la Academia.

–Eso no importa, Snoke te quiere muerto– responde a secas penetrándolo con su profunda mirada.

–¿A eso vienes a mi?, ¿para amenazarme? – lo confronta sin perder la compostura, averiguando sus verdaderas intenciones.

–No– declara tajante –Pero, no solo te quiere a ti- sus palabras lo toman por sorpresa, desestabilizándolo un poco.

–¿A qué te refieres? – su quijada tiembla sospechando lo que sucedía, temiendo por su pequeña.

–A Rey también la quiere muerta– exclama helándole la sangre.

–¡¿Dónde está Rey?! – se exalta aproximándose a su sobrino quien conservaba su postura firme ante su reproche - ¿Qué le hiciste Ben? - suplica esperando saber la verdad de sus labios.

–Nada, ella esta segura, pero no por mucho tiempo – le explica de forma precipitada haciéndole notar la gravedad de la situación.

–¿Dónde está entonces?, fue a buscarte– sus reclamos lo exasperan luchando internamente por conservar la calma, no toleraba estar con él después de lo ocurrido esa noche, pero no existía otra salida, recordando la verdadera razón por lo que hacía todo eso.

–Si lo sé y me encontró y es por eso que estoy aquí– su tono de voz se eleva mostrando una severa preocupación –Escucha Luke, Rey me importa y por ese motivo te busqué, pero que te quede claro que no he olvidado lo que me hiciste y quiero que sepas que no vine a reclamarte, mucho menos a exigirte disculpas por errores del pasado, estoy aquí porque ella lo es todo para mi y requiero de tu ayuda, necesito que la protejas, que la mandes lejos de la Primera Orden, lejos de mi – Luke queda boquiabierto ante su sinceridad, sonríe en sus adentros al percatarse de sus sentimientos, Ben se había enamorado, era inoportuno decirle algo al respecto sobre todo por su complicada relación, decidiendo mejor callarlo.

– Entonces, ¿vas a ayudarme? – el joven concluye dejando pensativo al viejo jedi, lo analiza detenidamente antes de anticiparse a dar una respuesta.

–¿Te estás revelando contra ellos? – su pregunta lo deja atónito tomándolo por sorpresa. Incómodo se da la media vuelta caminando hasta la orilla del acantilado.

–Solo protégela, mis planes o lo que pase conmigo no te incumbe– lo esquiva evitando hablar de más. Luke se siente dolido ante su falta de tacto, no quería abrir viejas heridas, pero había tanto que necesitaba decirle. Se aproxima él colocándose a su costado con su vista fija en el océano. Traga un poco de saliva preparándose para hablar.

–Ben, escucha yo–

–Vendré aquí al amanecer, la traeré conmigo y te emboscaré, cuando llegue el momento me uniré a ti, haz lo que tengas que hacer para que esté a salvo– pronuncia con firmeza sin dejarlo hablar, dando una pequeña bocanada de aire antes de continuar.

–Entiendo sino confías en mi, después de todo lo que pasó en la Academia es lógico que me odies, yo mismo me aborrezco por mis acciones y no merezco el perdón de nadie, pero si te doy mi palabra, por Rey – el joven se gira en su encuentro clavando su mirada llena de determinación. Luke lo sentiría en ese momento, su luz resplandeciendo interponerse a la obscuridad, Ben había vuelto.

Sus palabras lo dejan pensativo, creciendo una quietud dentro de él. Tantos años escapando de sus errores, sintiéndose culpable enterrándolos en lo más profundo de su memoria, necesitaba enmendar cada uno de sus fallos. Ben había traído esa chispa de esperanza cuando todo parecía perdido, supo entonces lo que debía hacer y a quien acudir, no más ocultarse en esa isla.

–Te ayudaré – pronuncia sereno extendiendo su mano hacia el joven.

–Bien– una media sonrisa se esboza en su rostro endurecido, estrechando su mano.

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Su espalda dolía ante el impacto recibido contra la rígida estructura de piedra cayendo boca abajo amortiguando el golpe con sus brazos y rodillas, en su mente todo era confuso asimilando cada hecho transcurrido en esa mínima fracción de segundos.

"Perdóname Rey, pero no puedo perderte"

El tiempo se interrumpe en el momento en que vería traspasar su sable de luz en el pecho del otro sujeto llenándola de un profundo alivio, sabía que no la mataría, él no la lastimaría. Sus ojos quedaron absortos ante la sorprendente revelación, el ex Caballero de Ren se puso en contra de los suyos, su luz irradiaba más que nunca.

Ben Solo había vuelto.

Había regresado a su hogar, pero, ¿a qué costo? Un mal presentimiento se apodera de ella casi de inmediato.

"Ben" susurra débilmente en su enlace al alzar su mirada y vislumbrarlo junto a Luke, siendo rodeados por esos cinco sujetos de envestiduras negras y pesadas armas de combate. La preocupación crece en ella, no podía quedarse con los brazos cruzados, tenía que ayudarlos. Liberando un débil quejido, logra impulsarse con sus manos y rodillas, colocándose nuevamente de pie.

"Huye Rey" a punto de dar un paso en su dirección, su voz irrumpe en su mente, oprimiéndose su corazón al sentir sus intenciones en su conexión.

"¿Este es tu plan?" le reprocha con un nudo en la garganta.

"No lo haré" declara con firmeza en su vínculo, no lo abandonaría y tampoco a Luke, si debía marcharse entonces lo harían juntos.

"No hay tiempo, debes irte ya" exclama exasperado, cada minuto contaba para ella y no lo estaba poniendo fácil.

"No te dejaré, pelearé a tu…"

"No puedes ayudarme, vete ya" la interrumpe para de inmediato desvanecerse en su enlace. A punto de abalanzarse en su auxilio, una mano peluda la toma por la espalda cubriendo su boca, arrastrándola detrás de las viejas estructuras de piedra, llevándosela a un lugar más seguro.

Alterada eleva a su mirada para ver a su captor, sobresaltándola al notar lo alto que era con su cuerpo completamente cubierto de pelos. Quiere gritar pero de sus labios solo salen balbuceos ahogados. Forcejea entonces esperando soltarse, siendo imposible, aquella cosa es más fuerte que ella. En su desesperación muerde su mano con intensidad logrando al fin su cometido cayendo al suelo, provocando un alarido de dolor en esa pobre creatura peluda. Sin mirar atrás, se coloca de pie con intención de regresar con Ben, cuando otra mano la sujeta del brazo obstruyendo sus planes de escape.

–Hey niñita, ¿qué crees que estás haciendo? – cuchichea una ronca voz a sus espaldas, se gira molesta en su encuentro topándose con un viejo hombre de mirada fuerte y cabellos plateados despeinados, a juzgar por su vestimenta aquel sujeto parecía ser algún tipo de contrabandista, dándole al instante mala espina, pero sin embargo, había algo en él que le resultaba ser tan familiar.

– Suéltame debo volver– le exige, pero el hombre no accede ignorando sus peticiones.

–Baja la voz niña o harás que nos maten– su ceño se frunce en advertencia dejando en claro a Rey su posición, sin decir más la libera de su agarre.

–Pero es que...– los gruñidos del pobre wookiee la interrumpen, interponiéndose entre ambos, mostrándole la mano que le había mordido segundos atrás.

–Ya, ya, tranquilo, estarás bien, solo fue una mordida– palmea el hombro de su gigante amigo en consuelo, aquella gran creatura era mas dócil de lo que llegó a creer.

–Así que tú eres Rey, la famosa niña de Jakku, vaya, que chiquilla tan problemática, ¿no lo crees Chewie? – una mueca divertida se forma en su rostro volviéndose a ella al mismo tiempo que toma de su cinturón su bláster sin quitarle la mirada de encima.

–Disculpa ¿pero quién eres?, ¿cómo sabes mi nombre? – lo empieza a bombardear de preguntas, agotando su poca paciencia.

–Escucha– acorta distancia con la chica, señalándole con su dedo índice en la cara –No hay tiempo para preguntas tontas, mas vale que pongas de tu parte y no causes problemas, este es un rescate niñita– le recalca con su tono de voz ya irritado –Soy Han por cierto y eso es todo lo que necesitas saber por el momento– le aclara antes de separarse y dejarla con la palabra en la boca.

–Ahora ven, el tiempo se nos agota– le hace un ademán con su mano para que lo siguiera aproximándose con cautela a la pared que los mantenía ocultos.

–Pero yo no puedo irme, necesito ayudarlos– le recuerda haciéndolo soltar un quejido de frustración, maldiciendo el momento en que le dijo sí a Leia en ir a su rescate. Sin más remedio, respira hondamente calmando sus agitados nervios.

–Si vuelves te matarán, además ¿cómo piensas ayudar? no traes contigo tu sable, ¿oh sí? – le recalca con ironía cayendo en cuenta que él tenía razón, un gemido se escapa de sus labios ante la impotencia de no poder hacer nada. Han se asoma con sigilo tras la edificación supervisando que fuera seguro para salir.

–Síganme, por aquí– les indica apresurando el paso -Chewie tráela- le ordena finalmente antes de comenzar su escape.

–Entiende que yo...– trata de respingar pero el gigante peludo interrumpe su reclamo levantándola del suelo como si de una ligera pluma se tratase, llevándosela evitando con ello cualquier contratiempo. Ahora su destino corría en manos de esos dos extraños.

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–¡Traidor! –

Sus espaldas se apoyan una contra la otra, como viejos colegas colocándose en posición de ataque al ser sitiados por los cinco guerreros obscuros. Ben busca por el rabillo de su ojo a Rey, asegurándose de que huyera, sintiendo un gran alivio al no verla ahí, las cosas parecían marchar bien. De un momento a otro y con un movimiento sincronizado, los Caballeros se precipitan peligrosamente sobre ellos blandiendo sus pesadas armas al aire para atacarlos a muerte.

–¿Listo muchacho?, como en los viejos tiempos – Ben solo refunfuña al oírlo, no le apetecía una charla, esquivando la letal embestida de Ushar que venía directo a él. Luke por su parte extiende sus brazos dando un empuje con la fuerza frenando los ataques del resto de los Caballero de Ren sin perder la compostura, haciendo alarde de su experiencia como en aquel último encuentro con ellos en el Templo Jedi, donde los humillaría con el mínimo esfuerzo.

–Como olvidarlo– termina por responder iracundo ante sus palabras –¡No me dejaste pelear! – le reprocha cortante al mismo tiempo que alza la mano presionando la garganta de Ushar hasta asfixiarlo, arrojándolo con violencia contra las antiguas chozas de piedra.

–¡Eras apenas un niño! – exclama el viejo jedi inclinando su cuerpo desviándose de la estocada violenta del Caballero Trudgen, para inmediatamente contraatacarlo con un movimiento fluido de su sable, cortando en dos la hoja de su espada dejándolo a su completa merced. Al darse cuenta, Ben se gira posicionándose tras su espalda tomándolo del cuello, empalándolo sin piedad con su inestable plasma escarlata en el pecho, desvaneciéndose sin vida ante ambos, quedando por breves instantes maestro y ex aprendiz frente a frente.

–Claro para ti siempre lo fui – le refuta en la cara fulminándolo con la mirada antes de voltearse y frenar con su hoja el golpe fatídico de un encolerizado Ap' Lek, que ya se precipitaba sobre él.

–¡Solo quería protegerte Ben! – exclama dolido Luke, girando su sable de luz con gran destreza bloqueando los disparos de los blásters de los otros dos Caballeros, Cardo y Kuruk, devolviendo con su otra mano libre uno de esos disparos directo al abdomen de uno de ellos.

–¡¿De qué?!, ¿de la verdad que me ocultaron por tantos años?, vaya familia tan considerada que tengo– declara el chico irónico liberando una risilla sarcástica enardecida. Aprovechando un descuido de su ex camarada, corta el brazo en el cual portada su pesada hacha.

–¡Lo hicimos porque te amábamos! – le replica con voz desgarrada haciendo ver a su sobrino sus razones al mismo tiempo que con su puño levita el pesado blaster de Kuruk haciéndolo añicos con la fuerza.

–Si como no, tanto cariño me profesabas que ¡quisiste matarme! – gruñe elevando Ap' Lek del suelo estrangulándolo sin piedad, desahogando un poco su frustración que le causaba estar con su tío.

–¡Yo no quise matarte!, no me diste la oportunidad de explicarte, solo desataste tu ira sobre ambos– objeta Luke para luego girar a su costado haciendo gala de su maestría jedi liquidando de un solo movimiento al último de ellos.

–¿Y qué querías que pensara? – se devuelve a él apagando su sable –Estabas allí parado en medio de la noche con tu hoja encendida, ¡traicionaste mi confianza!– le refuta quebrándose su voz – Yo te admiraba, eras mi ejemplo a seguir y tú jamás me escuchaste, yo tenía miedo de lo que había dentro de mi, ¡y solo me diste la espalda cuando más te necesitaba!– sus jadeos se combinan con el sonido de las violentas olas, Luke se queda enmudecido las palabras correctas no llegaban a su garganta, el daño estaba hecho.

–Lo siento– musita resquebrajándose, avergonzado de sus decisiones pasadas, Ben solo lo mira con desdén.

–No quiero tus disculpas- responde dolido – Solo hago esto por ella- le aclara para de inmediato darle la espalda y buscar a Rey a sus alrededores implorando a la fuerza que se hubiera marchado, podía sentirla aún en su enlace ella estaba cerca todavía.

Antes si quiera ir en su encuentro un estruendo sorprende a ambos jedis, ese sonido tan familiar hace que arda la sangre del joven Solo. Fija su mirada al horizonte vislumbrando como una flota de naves de la Primera Orden penetraba la atmósfera del planeta, emergiendo de entre la densa capa de neblina aproximándose a gran velocidad a la isla. Lo habían seguido.

–¡Maldito bastardo! – gruñe consumiéndolo una profunda ira deduciendo de quien se trataba, su destino estaba sellado, pero no permitiría que el de Rey fuera el mismo que el suyo.

–Tranquilo muchacho– pronuncia con serenidad sin quitar la vista del horizonte, sentía su perturbación en la fuerza y sabía perfectamente a que se debía – Ella está en buenas manos, confía en mi, saldrá a salvo de aquí– Ben se gira agitado hacia su tío tratando de comprender el significado de aquello.

–Se que lo puedes sentir, él estuvo aquí– sus ojos se llenan de sorpresa, Luke lo había planeado todo a la perfección. Se concentra en su enlace, buscando a Rey a través de el, entonces la vería pero no solo a ella, iba acompañada por aquel hombre de cabellos plateados y su fiel compañero de aventuras a quien quería como a un tío, formándose un nudo en su garganta.

–Padre–

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Habían descendido hasta llegar a una amplia abertura al pie de la isla, donde al fondo de esas húmedas paredes rocosas reposaba un viejo carguero en forma de platillo. Chewie soltaría a Rey cerca de la rampa, indicándole con un par de sus gruñidos que abordara la nave.

–¡Apresúrense!, tenemos compañía– el grito de Han los sorprende desde la entrada de la caverna mirando hacia arriba con un gesto intranquilo.

–¡¿Qué sucede?!– pregunta la joven alarmada, escabulléndose del wookiee para averiguar lo que ocurría allá fuera. Su diafragma se sofoca al visualizar desde la lejanía unas naves negras surcar los cielos velozmente hacia ellos.

"Oh no, Ben"

Lo sentía en su vínculo, un estremecimiento en la fuerza, las cosas no estaban bien.

– ¡¿Pero qué estás haciendo?! – su reclamo la hace reaccionar, gira a su costado topándose con su ceño fruncido – Por la fuerza niña, ¡sube a la nave ya! – le pide de favor mirándola con desapruebo ante su rebeldía.

–¡Chewie! prepara el Halcón debemos irnos cuanto antes de aquí- ordena a su alto amigo peludo, acatando este de inmediato su indicación.

–Y tú– se devuelve a la joven jedi sujetándola de la muñeca –Ven conmigo– intenta entonces avanzar pero sus pasos frenan en seco, Rey no haría lo mismo que él, quedándose quieta.

–¡No podemos irnos! – suplica desesperada soltándose de su agarre –¡Ellos nos necesitan! – el viejo piloto reniega en sus adentros ante su terquedad, toma aire relajando sus nervios para enseguida devolverse y encontrarse con su rostro angustiado.

–Escucha Rey, hice la promesa que te mantendría a salvo y eso es lo que haré, ahora te pido de la manera más atenta que te trepes a esa nave de allá, antes de que me obligues hacerlo a la fuerza–

–Pero yo – su rostro se ensombrece dibujándose una mueca de dolor en sus labios. La dureza en sus facciones se diluye al verla así, volviéndose empático con su pena.

–Lo sé– palmea su hombro con delicadeza – Confía en mi, estarán bien, te lo prometo– esboza una media sonrisa dándole consuelo.

El estruendo generado por las naves suena cada vez más cercano haciéndolos reaccionar a ambos, el tiempo se les agotaba. Agitado, Han vuelve a tomar a Rey del brazo conduciéndola hasta el Halcón, obligándola a subir primero empujándola por la rampa cerrando tras de ellos la escotilla. Corre dirigiéndose a la cabina de piloto donde su compañero Chewbacca ya preparaba los controles tomando asiento a su lado.

–Disculpa la tardanza– Sus manos vuelan sobre la consola alistando todo para el despegue.

–Sujétate niña– advierte a Rey quien apenas entraba a la estrecha cabina apresurándose a tomar asiento –Será un viaje agitado– sonríe para si mismo terminando por encender la nave. Los motores del Halcón Milenario cobran vida generando un escándalo descomunal remontando su vuelo, se eleva por encima de los azules océanos de Ahch-To desplazándose a gran velocidad hacia la atmósfera del planeta.

–¡Activa los escudos! – ordena al wookiee al percatarse de como unos cuantos de esos cazas empezaron a perseguirlos.

Rey se queda paralizada en su asiento mirando con asombro la maestría de Han al pilotear el enorme carguero, haciendo gala de su impecable habilidad como piloto al esquivar con increíbles maniobras cada disparo de las naves enemigas, ese hombre era simplemente espectacular.

–Vigila la propulsión Chewie, vamos a saltar – exclama entusiasmado deslizando sus dedos con agilidad sobre los controles.

–¡¿Vamos a qué?! – se sobresalta la castaña ante sus palabras, aquello la inquietaba un poco.

–Tranquila niña, estás con el mejor piloto de la galaxia, tú solo relájate y sujétate de lo que tengas cerca– alardea de si mismo llevando a cabo los últimos detalles para el salto, activando el control principal de hipervelocidad.

–¡Aquí vamos! – el Halcón acelera hasta alcanzar la velocidad de la luz dando el salto al hiperespacio dejando atrás a los cazas hasta perderlos en la basta inmensidad del espacio. Estaban a salvo.

Después del agitado despegue la tranquilidad vuelve a la cabina, Han termina por fijar el curso de la nave antes de dejarse caer sobre el respaldo de su asiento dándose un merecido respiro, por lo contrario, la mente de Rey era todo un caos. Su pecho dolía de solo recordarlo, su mirada, la sensación de sus labios sobre los suyos, embargándola de inmediato una profunda tristeza. Con las lágrimas amenazando por salir, decide retirarse. Estando a punto de girarse a la salida un pequeño objeto colgado por encima del tablero de control capta su atención. ¿Acaso es lo que creía?, o sus ojos la engañaban.

Sus recuerdos golpean con fuerza al distinguir la forma de un par de dados dorados, se queda ensimismada mirándolos, eran esos mismos que vio sujetar a Ben en sus manos mientras lloraba en el pasillo en esas visiones que tuvo de niña. Su corazón da un vuelco al volver su atención a Han y darse cuenta de la verdad. Ese rostro alargado, esa mirada penetrante, sus gestos tan únicos y esa pasión por pilotear, ¿cómo no se percató antes?, él es como su padre.

–¿Qué sucede Rey? – tan absorta estaba que no había notado que sus ojos inquisitivos ya estaban fijos en ella junto los de un preocupado wookiee quien gruñe captando su atención. Apenada desvía la mirada tratando de ocultar su tristeza.

–Estoy bien solo que…– se muerde el labio, necesitaba saberlo, siendo mayor su curiosidad – Usted se me hace tan familiar – termina por pronunciar.

– ¿Por qué lo dices?, ¿te recuerdo a Ben? – sus cuestionamientos fueron tan directos dejándola bastante sorprendida.

–E-Este si– tartamudea un poco, sintiéndose un tanto tonta por su pregunta.

–¿Apenas te percatas niña enamorada?, ya sabes, debía heredar el encanto de su padre, ¿no crees? – pronuncia con picardía enrojeciendo el rostro de la jedi en un santiamén.

– Bueno, aunque he de decir que pobre de mi hijo, vaya temperamento que te cargas – sonríe divertido provocando que las mejillas de la castaña ardieran de la vergüenza, quería replicar en su defensa pero pronto ve como su sonrisa se desvanece endureciendo su rostro en un gesto amargo.

–Me alegra saber que Ben te tenga en su vida, tu le diste lo que yo nunca pude, fui mal padre, lo reconozco así que, gracias Rey– le hace un ademán con su cabeza en agradecimiento antes de girarse y volverse a los controles, en cambio ella solo se queda ahí de pie, enmudecida, sin fuerzas para responderle, sentía su culpa y el dolor que le provocaba el no haber estado para él.

Incómoda, decide salir de la cabina dirigiéndose hacia una amplia sala en la nave donde encontraría un compartimiento acolchonado en una de sus paredes metálicas. Se recuesta en el estrecho espacio para finalmente cerrar sus ojos, recordando la dulce sensación de sus labios.

"Ben"

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Sus profundos ojos marrones arden en furia al encontrarse con esa delgada figura de refinado uniforme y cabellos rojizos pararse frente a él, rodeado de un escuadrón de stormptroopers los cuales se abalanzan con ímpetu directo a capturarlos. En su arrebato, el joven Solo atrae su sable hacia su mano encendiendo su hoja arremetiendo contra algunos de esos soldados de armaduras blancas, pero pronto se verían rodeados por muchos más de ellos terminando por doblegarlos a ambos, apuntándoles con sus blásters a sus cabezas, obligándolos a arrodillarse.

Armitage contempla con gesto triunfal su sometimiento, al fin después de tantos años alcanzaría su objetivo. Con el porte altivo que lo distinguía, se abre paso entre sus soldados colocándose al centro frente a ellos, con una postura firme y con sus manos estrechadas en su espalda. Observa asombrado a su alrededor, los Caballeros de Ren yacían ahí muertos bajo sus pies, no cabía duda, Kylo los había traicionado, esa era la oportunidad perfecta para deshacerse de una vez por todas de tan asquerosa escoria.

–Vaya, vaya, pero que sorpresa, ¿qué sucedió aquí? – pronuncia en mofa dirigiéndose al pelinegro para provocarlo.

– ¡Maldito bastardo! – escupen sus labios fulminándolo con la mirada.

– ¿Yo?, ¡tú eres el bastardo traidor aquí! – le refuta en la cara – Y miren quien más nos honra con su presencia – su mirada recae sobre el viejo jedi, que al contrario de Ben, su temple se conservaba sereno –Otra escoria, el premio mayor– se burla altanero haciendo arder al más joven de los Skywalker.

– Y dime Kylo, ¿dónde está la chica ahora?, ¡¿crees que no me di cuenta?!– escala el tono de su voz, enrojeciéndose sus ojos -El trato que le diste fue diferente al resto de tus prisioneros, quien iba a imaginar que el gran Líder de los Caballeros de Ren caería ante una inmundicia de basura jedi– se inclina acercándose a su rostro, endureciendo su semblante –Se que la dejaste escapar, pero la encontraré y cuando lo haga, la Primera Orden la liquidará–

–¡No te atrevas! – pierde la cabeza extendiendo su mano para asfixiarlo, pero frena de inmediato ante la amenaza latente de los blásters apuntándole listos para dispararles.

–Al Líder Supremo Snoke le encantará recibirlos a ambos – Se alza de nuevo alejándose con una sonrisa petulante –Al fin tendré todo su aprecio por encima de ti Kylo Ren– declara triunfante ante su enemigo.

–¿Crees que de verdad le importas?, solo eres para él un perro rabioso miserable, otra pieza más de su tablero manipulándote a su propio beneficio– vocifera con su mandíbula temblando de la ira contenida –¡Pobre imbécil! –sus palabras se vuelven un golpe bajo directo en el orgullo de Hux enfureciéndolo al instante.

–Eso ya lo veremos traidor– Escupe lleno de rabia antes de girarse y abrirse paso entre los soldados de asalto.

–¡Llévenlos a la nave! –

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Sus párpados se abren lentamente liberando un largo bostezo de sus labios, se había quedado dormida. Se incorpora torpemente bajando sus pies del acolchonado compartimiento, sentándose con la mirada perdida contemplando cada detalle de la amplia sala metálica. Viene a su mente uno a uno los recuerdos de lo sucedido momentos atrás y junto con ello, la intensa punzada en su pecho. No soportaba estar lejos de él, los malos presentimientos no se alejaban de su cabeza, torturándola con cada minuto que pasaba desde que lo dejó en esa isla. El haberla salvado era su perdición, sería acusado de traición, su tiempo y el de Luke estaba contado.

–Veo que ya despertaste Rey – su voz la sobresalta, se hallaba tan sumida en sus pensamientos que no escucharía las pisadas de Han aproximándose por un costado.

–Ya estamos próximos a llegar– le hace saber mientras toma asiento a su lado. La jedi se gira hacia él, conectando con esa profunda mirada que tanto le recordaba a Ben.

–Oye Han– pronuncia con suavidad –Gracias por lo que hiciste por mi y lamento los inconvenientes que pude haberte causado– declara un tanto avergonzada desviando su rostro de su cara.

–No te disculpes –le responde con inmediatez con un tono fraternal colocando su mano sobre su hombro –Se lo importante que eres para mi hijo, protegerte ahora es mi prioridad, no le fallaré esta vez– sus labios se esbozan en una sonrisa amarga entristeciéndose su rostro, una vez más Rey percibe su tormento estrujando su garganta. Las cosas no podían quedarse así, padre e hijo debían reencontrarse y sanar juntos todas esas heridas.

–Traeré a tu hijo devuelta – pronuncia decidida volviéndose en su encuentro –Buscaremos la manera, te lo prometo– el rostro de Han se congela por breves instantes, le observa apretar su mandíbula reprimiendo sus emociones, retirando la mano de su hombro. El silencio los sumerge a ambos, percibiéndolo incómodo Rey decide cambiar el rumbo de la conversación.

–¿Dónde arribaremos exactamente? – lo cuestiona un tanto curiosa ante el desconocimiento de su destino.

–Ajan Kloss – le responde con un tono más relajado – Te resguardarás en la base de la Resistencia, allí estarás a salvo niña–

"¿La Resistencia?"

Aquel nombre le sonaba familiar, viniendo a ella aquellos recuerdos vagos de esa noche antes de ser capturada por los Caballeros de Ren.

"La Resistencia lo necesita, su hermana lo está buscando"

Lo recuerda tan nítido en su mente, aquel joven moreno de nombre Finn, el cual le contó dicha información pidiéndole que se uniera a él, en ese momento no comprendió sus palabras, pero cada vez era más consciente de la magnitud de esa guerra. Se preguntaba entonces si lo encontraría allí, sintiéndose apenada por haberlo arrojado contra la pared, esperando que no hubiera rencores por eso.

– Bueno ya debo volver a la cabina – Han la irrumpe una vez más su distracción, haciéndola regresar.

-Lo olvidaba por cierto- se regaña a si mismo por su descuido –Toma– le extiende un bolso de cuero, siendo tan familiar ante los ojos de Rey.

–Creo que esto te pertenece a ti – sonríe ampliamente al depositar el dicho objeto entre sus manos, sin mayor demora, vuelve a colocarse de pie, retornando a la cabina dejando a la jedi sola en la sala con un gesto sorprendido dibujado en su rostro.

Sus manos tiemblan al abrir ese bolso de cuero perteneciente a Luke descubriendo su contenido. Sus ojos se vuelven cristalinos al contemplar nuevamente su sable de luz y aquel viejo cuaderno.

"Ben"

Una lágrima resbala por su mejilla al tomarlo, abriéndolo justo a la mitad donde sus páginas eran separadas por un maltratado sobre cubierto de cenizas. Lo sujeta con delicadeza entre sus dedos notando que un objeto más yacía allí dentro, sospechando de lo que era. Más lágrimas recorren su rostro al encontrarse con su brazalete de mariposa. Sin poder contenerse, aprieta la pequeña joya en su puño llevándosela contra su pecho.

"¿Por qué Ben?"

Llora en silencio hasta que sus ojos ya no pudieran más.

"¿Por qué lo hiciste?"

Entumecida vuelve a colocarse el brazalete en su muñeca liberando un suspiro amargo. Con el corazón roto desdobla la hoja contenida en el sobre, contemplando con una sonrisa abatida sus viejos garabatos de niña, aquel viejo dibujo que con tanto cariño hizo para Ben con la esperanza de que fueran amigos. Con las lágrimas queriendo amenazar de nuevo, decide guardarlo, pero al momento de doblarlo nota que al reverso venía escrito algo más, su pecho se sofoca al toparse con aquella bella caligrafía perteneciente a él.

Fuiste luz en medio de mis tinieblas.

Fuiste paz en medio de mis tribulaciones.

Me diste alegría apaciguando mi soledad.

Todos creían conocerme, pero solo tú lo hiciste en verdad.

Siempre te llevaré conmigo.

Ben