Los personajes no me pertenecen exclusivamente a sus creadores Nagita e Igarashi mundo alterno época actual contenido adulto queda advertido. Reto NOCHE DE BRUJAS 2020.

ENFRENTANDO PELIGROS

Despertaron temprano, desayunaron algunas frutas y zumos de flores, que Candy había dispuesto. Ambos en total silencio, pero pese a eso no era incomodo. Levantaron todo y retomaron su camino. Debían aprovechar las seis horas de la mañana. Y debían cruzar el sendero de los trolles. Ambos continuaban en silencio. La tensión sexual era latente. Ambos se sentían atraídos y cualquier roce o mirada podría ocasionar su perdición.

Albert debía estar concentrado en su cometido, pero le era imposible. Soñaba dormido y despierto con la imagen desnuda de este ángel y eso le hacía imposible concentrarse.

Candy se sentía de igual manera. Recordaba a detalle ese cuerpo desnudo y masculino. No podía dejar de pensar en esa parte que había visto blandirse. Deseaba tocarlo y acariciarlo a placer. Deseaba saber que se sentía ser una mujer, amada por él. Ambos iban sumidos en sus pensamientos que no se dieron cuenta que ya se habían adentrado por ese sendero Troller. De repente todo pasó rápido y se vieron rodeados de estos asquerosos seres. Habían capturado a Candy. Uno de estos horrendos seres, llevaba en brazos a Candy y Albert estaba peleando con otro. Albert tenía que ser rápido, no quería que le pasara nada malo a Candy., y así lo hizo. Albert sacó la casta y sus habilidades de guerrero... de algo debían servir esos entrenamientos a los que fue sometido. Aprovechando la lentitud de estos obesos seres le dio muerte inmediata. Eso encendió la ira de tres trolls más, Albert quedando en medio de estos los retó.

–¡EY! AQUÍ... –TORPES CERDOS–gritó Albert. Los trolles corrieron al mismo tiempo como estampida, querían aplastarle. Albert esperó y cuando estaban apunto de aplastarle, Albert se tiró al piso y rodó con gran agilidad y estos torpes trolles chocaron sus cabezas... cayendo noqueados. Albert sin perder tiempo, corrió tras del que llevaba a Candy. No iba a permitir que se adentrara más a su aldea. Si los demás trolles salían sería su fin de ambos. Albert se acercó y brincó a su espalda y sin contemplación le clavó sus espadas en el cuello directo a la yugular. El troll emitió un bramido y soltó a Candy que cayó al piso golpeando su hermoso rostro, nada de cuidado puesto que había bastantes hojas secas y así amortiguó el golpe. Pero, se encontraba casi desfallecida por la falta de aire. El troll le habia apretado con una gran fuerza su abdomen. Albert se acercó a ella asustado.

–Candy, Candy... –Albert le sacudia delicado pero angustiado.

–Estoy bien, solo déjame tomar aire, este estúpido troll tenía intención de romperme en dos–contestó Candy con voz entrecortada y jalando aire. Albert le miraba embelezado como preocupado y hasta en ese momento se dieron cuenta que se encontraban demasiado cerca. Sentían la calidez de sus cuerpos. Albert sentía su aliento cálido y ambos con el corazón a punto de salirse por las palpitaciones aceleradas. Sus rostros se encontraban demasiado cerca. Albert moría por robarle un beso y Candy no pensaba negarselo. Sus alientos se unieron y... –en eso escucharon unos bramidos espantosos; rompiendo el momento. Salían más trolles y Albert de inmediato tomó a Candy de la mano y ambos corrieron como alma que lleva el diablo.

–Candy... –levanta tus alas y vuela, ponte a salvo vete...–ordenaba Albert. Candy negó con la cabeza.

–No, no te abandonare...– vamos, debemos llegar a las cuevas de esas montañas la de en medio tiene salida. Albert asintió, ambos aferrados de la mano corrieron sin parar, perdiendo a los torpes, lentos y malvados trolles, y se adentraron en el pequeño hueco de esa montaña. No había forma que los trolles se adentraran, por su tamaño no cabían. Ambos sin aliento se tiraron en el piso húmedo. Ambos trataban de recuperar el aire. La oscuridad los envolvió y solo escuchaban sus alientos agitados. Pasaron alrededor de dos minutos y por fin se recuperaron. Candy buscó entre ese morralillo que había preparado para el viaje y saco unas cerillas y una varita cubierta por breso. La encendió y logró que se iluminara la cueva.

–Albert.., –¿Estás bien? Debemos seguir. Debes tener cuidado aquí hay algunas alimañas venenosas– Pero, ya era demasiado tarde, Albert al caer entre unas rocas sintió como le quemaba algo en uno de sus muslos. Pero, se obligó a no emitir quejido alguno. No quería alarmar a Candy.

–Ok, vamos...–contestó Albert poniéndose de pie. Candy camino delante de él y fueron avanzando. Albert cada vez se sentía débil y mareado y el dolor de su pierna era espantoso. Sentía como si le quemaran con un hierro ardiendo. Pero, le siguió el paso. No supo cuánto tiempo pasó, pero sentía que está cueva no tenía fin. Su vista la sentía nublada, al fin pudo divisar al fondo una fisura que permitía entrar los rayos solares.

–Falta poco Albert, acamparemos en el bosque de las piñas. En ese lugar estaremos a salvo por ahora–Candy explicaba emocionada y rompía ese silencio alojado. Pero, Albert se sentía cada vez peor. Sentía la lengua dormida. Aún así no flaqueo y por fin, lograron salir de esa tétrica cueva. Sintieron una agradable brisa en su rostro acalorado por el esfuerzo. Albert sintió un ligero alivio al sentir la frescura del viento. Ya que se encontraba bañado en sudor y no sabía si era por el esfuerzo o el veneno por la mordida de algo que no sabía que. Candy apagó la varita y la guardo en su morral. Le extraño que Albert no emitiera palabra alguna. Y se dio vuelta.

–¿Qué callado...? -pero se interrumpió porque vio como este hombre caía al piso de una sola. Y se convulsionaba. Candy corrió a socorrerle. Lo sintió demasiado caliente y sudoroso. De inmediato supo que le había mordido una serpiente negra, esta tenía el veneno más mortal, era como un ácido que entraba a la sangre. Candy miró que Albert se tocaba la parte de su muslo. Candy agradecía que vistiera su kilt. Le levantó la falda aprisa y vio como una mancha negra se le extendía en toda su pierna. Debía actuar rápido y agradecía que la mordida fue en la pierna. Si hubiese sido en un brazo, la espalda, el veneno llegaría más rápido al corazón. Candy sacó una navaja y rajó la parte donde se veían los orificios que habían dejado los colmillos de la serpiente. Y comenzó a exprimirle el veneno hasta que salió la ultima gota. Era un líquido espeso y color negro. Candy sacó unos polvos color verde musgo y se los roceo en la picadura. Albert comenzaba a delirar por la fiebre.

" Rosemary... Perdóname fue mi culpa... Rosemary no me dejes... Rosmary... no, no te la lleves...padre no te mueras por favor... madre, encontraré a Rose lo prometo... descansa en paz madre, te juro que encontraré a Rosemary..."

Albert ardía en calentura. Candy estaba preocupada y estaba preparando una infusión con unas hierbas curativas, para contrarrestar el envenenamiento. Aún así aunque no muera. La mordedura de ese tipo de serpiente, su veneno es letal y su recuperación será larga. Pero, debía salvar primero su vida, ya pensaría después como ayudarle a recuperar su energía.

Candy actuó con rápidez. Pasaron alrededor de tres horas ya había anochecido. Candy se acercó a Albert y tocó su rostro. Por fin Albert mostró mejoría y se le había bajado las fiebres. Aún dormía pero, se le veía un semblante terrible. Su rostro verdoso y sus labios secos y partidos.

Candy había levantado una pequeña casita con ramas de árbol y hojas. Había metido a Albert en el interior y lo habia abrigado con su manta, se empezaba a sentir los primeros fríos. La infusión de flores castas, había funcionado. Candy había prendido una fogata y estaba asando la carne de conejo. Candy había cazado a un par de conejos y los estaba cocinando. Albert necesitaría proteínas y la carne asada de conejo era lo más apropiado. Candy le observaba de vez en vez y le parecía tan inocente. Sus rasgos se ablandaron y parecía un hermoso Ángel caído. Al pasar ya el miedo por lo grave que había estado. Ahora si se permitió recordar lo que sintió al levantarle el kilt y apreciar esas piernas musculosas y vellosas que lo hacían lucir muy masculino. Se le cortaba la respiración al ver ese bulto sobresaliente de su entrepierna y estuvo a punto de tocar. Pero, le apremiaban otras cosas y la vida de él era más importante que cualquier curiosidad excitante. Verlo a punto de morir sintió un gran dolor de no volverle a ver. Le adoraba no lo podía negar más. Candy atizó las llamas de la lumbre para que no se apagara durante la noche y se adentró en la pequeña casita, se acomodó a un lado de Albert, le acaricio su rostro con las llemas de sus dedos, le recorrió y posó sus dedos en esos hermosos labios aunque pálidos eran hermosos, no se aguantó más y posó sus labios a los de Albert y le besó, fue sólo un roce, pero Candy sentía que iba a desmayarse por la emoción. Candy cortó el beso y cuando estaba a punto de retirarse. La mano de Albert le detuvo por la nuca y la acercó más a él. Albert le devolvió el beso y lo profundizó. Albert le devoró su boca con ímpetu y Candy sólo se dejaba hacer, le dio más acceso y su lengua irrumpió en ella, y fue la gloria para ambos. Candy dejó en el olvido las consecuencias de éste acercamiento. Albert cortó el beso, continuaba débil y se perdió en un sueño profundo. *Duerme mí hermoso príncipe... mí hermoso Angel* pensó Candy adorandole. Albert no despertaría en lo que restaba de la noche... así que ambos se perdieron en los brazos de Morfeo.

Continuará...

Chicas buenos tardes noches les dejo actualización. Espero sus comentarios. Agradezco su tiempo que emplean para leerme. Besos a todas.