Lunes 13 de agosto
Eran alrededor de las 3:00 am cuando por fin pude cerrar los ojos.
Esa noche tuve una pesadilla espantosa; Comenzaba con una boda. Mi boda.
Estaba yo al pie de un altar sosteniendo un anillo dorado, y frente a mi, una dama esbelta con un hermoso vestido blanco y con un velo de ceda cubriéndole el rostro.
"Ahora puede besar a la novia" Escuchaba decir al padre que por algún motivo perturbador era Spike.
Yo procedía a retirar la fina tela del rostro de esta esposa mía y...
La cara de Butch apareció a través del velo. Sus labios se acercaban a los míos; no podía moverme ¡no podía huir! Lo único que podía hacer era gritar.
¡tararaaaaa! ¡tararaaaa!
En medio de aquel grito desperté al escuchar entrar una llamada. Frotándome los ojos volteé a ver la hora. Eran ya las 6:00 am. Si no estuviera suspendido tendría ya que empezar a prepararme para ir a la escuela.
Cogí el teléfono y miré la llamada entrante. Era Butch.
Mi primer impulso fue dejar el celular a un lado. ¿Acaso no había sido claro ayer al tirarle un diente? ¿Porqué estaba llamándome?
Pero seguí mirando.
Llamada entrante
Butch
Lo conocía, y sabía que no me iba a librar de él por evitar esa llamada, así que apreté el botón el verde.
—Buenos días Tomas.— Saludó el muy cínico con ese tono que tanto detestaba.
—¡No te atrevas a usar ese acento inglés fingido conmigo!, ¿Qué es lo que quieres?—
—Sólo hablaba porque imaginé que te quedarías dormido. No creo que quieras perder una clase, ni menos hoy que tenemos el examen de Historia. Lo aplicará la señorita Vilma, así que ya puedo adivinar que será difícil.—
—Butch.. —Suspiré enfadado.— En caso de que lo hayas olvidado, estoy suspendido. Y si quisiera que alguien me despertara, serías tú al último al que se lo pediría.—
—¿Incluso antes que a Jerry? eso duele Tom. Además esa no es forma de hablarle a tu buen amigo que te acaba de salvar el culo.—
—¿De qué carajo hablas?— Repliqué, levantándome de la cama.
—Estoy diciendo que ya no estás suspendido. Le conté a mi papá sobre tu bochornosa situación y estuvo de acuerdo en que tu suspensión se dio en términos muy injustos.—
—¿Qué? No entiendo qué tiene que ver tu papá con este asunto. ¿¡Y porqué tú...—
—Lo único que importa es que mi papá habló con el Sr. Barbera. Por supuesto lo convenció, después de todo mi padre es en parte dueño de la escuela, bueno, del inmobiliario. Así que como dije ya no estás suspendido y no lo estarás jamás. Al menos no en esta escuela.— Hubo una pausa. Pude adivinar que Butch estaba pasándola de maravilla al otro lado de la línea. —Y otra cosa...—
—Ya no quiero seguir hablando conti...—
—Respecto a la plaga que tienes en casa, no te preocupes. Dentro de un par de días no será más un problema.—
Negué con la cabeza como si pudiera sacudirme los sentimientos encontrados. ¿Qué quería decir con eso?... Estaba claro que estaba amenazando a Jerry, y por más desagradable que me resulte confesarlo, no me agradó.
—Carajo, por última vez Butch, no quiero tener nada que ver contigo ni mucho menos que me hagas favores. ¡Sólo déjame en paz!—
Aplasté con fuerza el botón rojo y arrojé el celular a la cama. La vena de mi frene empezó a palpitar y me sentía al borde de un ataque de ansiedad. ¿Qué pretendía al hacer que su padre interviniera por mi?, ¿y qué carajo estaba pensando hacer con Jerry?
No entendía nada. Odiaba que las cosas se salieran tanto de mi control.
Por otro lado, tenía que admitir que ya no estar suspendido me facilitaba las cosas en muchos sentidos. Al menos ya no tendría que decirle a mi madre todo lo que había pasado, ni tener que trabajar en la cocina de la escuela con la temible Mammy Two-Shoes.
—¡Tomas, cielito! Se hace tarde.— Gritó mi madre desde la cocina.
—Si, ya desperté, ahora bajo.—
Mi mente entró en una especie de piloto automático dejando mi cabeza en blanco.
Me puse lo primero que encontré, me cepillé los dientes y bajé las escaleras. Jerry no estaba ahí. El chico no regresaría a la escuela en unos días, no hasta haberse recuperado. Al menos eso me garantizaba un día más tranquilo (o eso creía).
—Pero Tomas, ¿te peleaste con el cepillo, o porqué bajas así?—
Giré mi cabeza hacia el espejo de la sala y efectivamente, mi cabello parecía haber librado una batalla con un huracán. Con mis manos traté de arreglarlo, pero mi madre impaciente como era ella, sacó un peine de un cajón y comenzó a cepillarme. Yo no tenía ánimos ni fuerzas para resistirme.
—Anda, desayuna mientras yo me encargo de este desastre.— Dijo sonriendo señalando al par de huevos fritos con pan tostado enfrente de mi.
—Oye, no tienes que hacerme el desayuno todos los días. Soy perfectamente capaz de alimentarme sólo, ¿sabes?.—
—Tonterías.— Contestó tirándome un poco el pelo.
—¡Auch! Oye...—
—Un nudo cielo. No tendrías tantos si usaras acondicionador, pero nunca me haces caso. Y el desayuno voy a hacértelo todos los días hasta que entres a la universidad.—
—¿Pero porqué? ¿No sería más fácil para ti si te quitara un poco de carga? Me siento mal de que sigas haciendo estas cosas por mí, como si siguiera siendo un niño.—
No pude verla pero pude sentir que aquello la había entristecido. La forma en la que me cepillaba era más suave y pausada.
—Quiero prepararle el desayuno a mi niño mientras pueda. Sé que llegará el momento en el que te irás de casa, y yo ya no podré cuidarte. Serás un hombre exitoso y muy feliz, y con suerte, cuando pienses en tu hogar recordarás a tu mamá, lo bien que sabía su comida, y aquellos días cuando te cepillaba el cabello porque ya ibas tarde a clase.—
Ella tampoco podía verme la cara, pero sabía que estaba sonriendo. Ambos reímos de aquello, y luego no hablamos más.
Al levantarme la abracé y me despedí como costumbre, saliendo de la casa para tomar el camión que ya estaba por llegar. Al mirar a mamá de reojo me di cuenta de que su semblante. Era melancólico.
El camión casi se va sin mi; tuve que correr y pegarle una patada para hacerlo parar.
—Esas no son formas joven.— Dijo el tarado del chofer.
Sin responder me dirigí al mismo sitio separado de todo, y no pasó mucho tiempo cuando escuché la frase acostumbrada.
—¡Oye Tomas!—
Aspiré aire y miré al mohoso techo del bus.
—En serio Spike, ¿de nuevo? ¿No prefieres hacer un crucigrama, o algo más productivo con tu tiempo?—
El gordo volteó su ancho cuello hacia mi, sonriendo de forma tonta. Luego, haciendo tambalear al autobús se levantó y comenzó a caminar hacia mi tronando sus nudillos.
—Haber si adivinas esta. ¿A quién voy a hacer gritar tan duro que va a lamentar haber nacido y se va a cagar encima?
"No lo digas, no lo digas, no lo digas"
—Suena a tu mamá antes de parirte.—
Creo que simplemente tenía un deseo de muerte inconsciente.
Los ojos amarillos de Spike se volvieron grandes, y su rostro se contorsionó de manera tan brusca que parecía una de esas máscaras del folclor chino. Las risas estallaron tan fuerte que ni siquiera los golpes de Spike pudieron acallarlas. El chofer tampoco se dio cuenta de lo que estaba pasando... O tal vez sólo se estaba vengando por haber pateado antes su feo autobús escolar.
Ahí estaba yo. Sentado en mi lugar con una bolsa de hielo en el ojo izquierdo. Era un Deja vu.
—Oh Tomas, pobrecito. ¿Te duele mucho?— Preguntó una voz aterciopelada. Bianca me abrazó por detrás del cuello haciéndome sonrojar en el acto.
—Yo... no, estoy bien, sólo fue un ojo. El chofer se detuvo antes de que el imbécil de Spike alcanzara a... a golpear el derecho.—
—¿Oh, de verdad? eres muy valiente.—
Si esa no era la oportunidad perfecta para invitarla a salir, entonces no sé cual sería. El tenerla así de cerca me estaba dificultando la respiración. Mi corazón estaba latiendo tan fuerte que sentía que se me iba a detener.
Debía darme prisa.
—Eeeh.. Bianca... yo, este, quería preguntarte algo.—
Ella se colocó frente a mi, encogiendo sus labios rosas en una sonrisa dulce.
—¿Qué pasa?—
—Hoy... estaba pensando en ir a tomar algo después de clase. No sé si tú...—
Pero antes de poder terminar mi frase, mi ex amigo multimillonario se colocó en medio de los dos en un intento nada sutil de intervenir.
—¡Bianca! me encanta tu vestido. Diría que es un atuendo bastante original, si no se lo hubiera visto a Pebbles hace unos minutos.—
—¡OH! ¿¡Pebbles tiene el mismo vestido QUE YO?! No es posible, la modista me aseguró que es un modelo edición limitada.— Exclamó desolada, como si le hubieran dicho la peor de las tragedias. —¡¿Dónde está ella?! tengo que verlo con mis propios ojos.. Oh, que horror, ¿porqué tiene que pasarme esto precisamente a mi?—
—Me parece haberla visto en la clase 2A.—
La chica estaba al borde de las lágrimas. Quería levantarme y consolarla, pero antes de poder hacer algo, ella ya estaba saliendo a toda prisa del salón.
—No puedo creer que te guste tanto una chica tan materialista. ¿Dónde quedó tu buen gusto?—
—Hubo un tiempo en el que me apoyabas para que saliera con ella.—
—Nunca fue esa mi intención. Quería que vieras que ella no era diferente a las personas que tanto detestas.— Butch se recargó en el respaldo del mesa-banco frente al mio, sonriendo mostrando con orgullo un trozo de oro que servía para rellenar el pedazo de diente que le había tirado ayer. —Quería que te dieras cuenta que no es como tu y yo.—
—Lárgate.— Respondí, apretando con más fuerza la bolsa de hielo sobre mi ojo. Estaba empezando a palpitar.
—¿Y qué harás si no lo hago?—
Mi cabeza me estaba comenzando a doler de nuevo. El simple acto de verlo me resultaba doloroso.
—Te tiraré todos los dientes hasta que toda tu boca sea oro.—
Butch soltó una carcajada que sólo hizo que mi temperatura aumentara más.
—Tendría la sonrisa del millón de dólares. No suena tan mal.—
—Estoy hablando en serio; no quiero verte.— Dije mirándolo por fin a los ojos. —No puedes solo aparecer y pretender que no pasó nada.—
—¿Y qué fue lo que pasó Tom?— Preguntó mientras cruzaba los brazos sobre el respaldo de la silla y acomodaba su mentón sobre ellos, sin perder contacto visual conmigo.
—No me llames Tom. Es Thomas.
—Ah si, si. Lo olvidaba. Sólo tu amigo la rata puede llamarte Tom ¿verdad?
—¿Quieres pelea? Porque yo no tengo ningún problema en salir al patio y arreglar esto.— Dije apretando los dientes.
—Wow, no creo que esa sea la forma de agradecerle a tu buen amigo que te salvó de una suspensión injusta.— Respondió arqueando las cejas y enderezándose. Seguramente no podía hacerse a la idea de que alguien pudiera rechazarlo.
—¡Yo nunca te pedí que hicieras eso!—Exclamé bajando de un golpe la bolsa con hielo sobre la mesa.
La mano de Butch se colocó sobre mi antebrazo, haciéndome sentir la cólera ascendiendo por mi cuerpo.
—Aún no lo entiendes, ¿cierto? Si hay algo que me han enseñado las novelas juveniles y la vida misma, es que siempre puedes conseguir lo que quieres si eres lo suficientemente posesivo y rico.— Traté de recuperar mi brazo, pero el comenzó a apretar con más fuerza. —Además confío en que cuando me deshaga de la rata podrás verme con mejores ojos.—
—¡Vete a la mierda!— Dije empujándolo hacia atrás con la fuerza suficiente como para llamar las miradas de algunos presentes.
—¿Todo bien?— Preguntó Scrappy desde su sitio, alzando el cuello.
—Si, todo en orden. Ya saben como es él.—Le tranquilizó Butch levantándose para irse a su propio sitio, inclinándose para darme un último mensaje al oído. —No voy a rendirme contigo. Eres más importante para mí de lo que pudieras imaginar.—
Nunca te das cuenta de lo solo que estás hasta que te topas con una situación en la que no tienes a nadie a quién pedirle ayuda.
Hasta ese momento, cada vez que tenía una dificultad o algo que me inquietara, era Butch el primero al que acudía... Era el único amigo que tenía. Pero ahora, me encontraba totalmente solo.
Tal vez siempre lo estuve, pero no quería darme cuenta.
Lo único bueno de aquel día fue el examen extremadamente fácil de la señorita Vilma. Ojalá que todo en la vida se solucionara sólo sacando buenas notas. El imbécil de Spike tiene razón en algo después de todo: la secundaria no es más que una pérdida de tiempo.
Las horas siguientes pasaron lentas, y todo estaba más monótono e insípido de lo normal. No entendía que era lo diferente, pero me estaba aburriendo muchísimo. Odio decirlo, pero si Jerry estuviera aquí al menos tendría algo en que descargar mi ira.
La hora de la salida por fin llegó, y yo no veía la hora en la que estuviera en mi casa. Mas específicamente en mi cuarto. Y más específicamente en mi cama. En resúmen, quería que el día terminara de una vez.
Fui a esperar el autobús, de pie y atento para no correr riesgos (perderlo hubiera sido muy trágico considerado lo harto que estaba de todo) Estaba decidido a no apartar la vista de la calle, aún cuando el imbécil de Butch estaba frente a mi, en su convertible negro (presumido de mierda) haciendo sonar el motor implorando por mi atención.
— Necesitas que te lleve.— Exclamó acomodándose los lentes de sol.
— No.— Respondí con los ojos puestos en el autobús que ya se alcanzaba a ver a la distancia. Escuché a Butch soltar un suspiro de fastidio.
— No era pregunta Thomas. Si no subes ahora, te espera una paliza cuando bajes del camión.—
— ¿Estás amenazándome?
— No. Estoy salvándote el culo, de nuevo.— El pelinegro bajó el tono y habló mas lento, como si estuviera hablándole a un retrasado. — Spike y sus amigotes estarán esperándote a una calle antes de tu casa. Los escuché hablar en el receso.—
Me reí en su cara. Aquello no era posible.
— Eso no es verdad. Spike no tiene la materia gris necesaria para planear una paliza que implique más de dos pasos.—
Butch se quitó los lentes y me miró fijo con sus ojos dorados, como si no quisiera perder detalle de la expresión en mi cara.
— Saben que fuiste tú quien empujó a Jerry por las escaleras.—
El estrés que había acumulado hasta ese momento explotó. En ese instante me abalancé hacia su coche, sosteniendo la puerta del convertible con fuerza. Estaba teniendo problemas para controlarme.
— ¿¡LE DIJISTE?!— Exclamé furioso, viendo como Butch brincaba de su asiento por el sobresalto.
— ¡Quita tus manos de mi coche! Y no, no he sido yo.
— ¡¿Entonces cómo pudo Spike ...
— ¿No es Spike amigo de la rata? Seguramente le habrá contado, y le habrá pedido el favor.— Contestó esbozando una sonrisa sarcástica.
Me quedé tieso.
No había considerado la posibilidad de que Jerry me delatara con los compañeros del salón. Pero ahora que lo pensaba, tampoco tenía ningún motivo por el que debiera guardar el secreto.
Después de todo seguro me odia tanto como yo a él.
Pero aún así...
— Sube ya Tomas. No te voy a secuestrar, si es lo que te da miedo.—
Coloqué una mano en mi frente, apretando mi cien con mis dedos.
—Butch, entiende que yo...
— Tom, sólo sube al auto por favor. Ya basta de esto.— Dijo abriendo la puerta del auto para que entrara.
Aquello me era difícil de creer considerando la conversación de la mañana.. pero tampoco tenía ganas de ser golpeado dos veces el mismo día. Y además el camión acababa de dejarme.
El maldito seguramente había planeado extender la conversación hasta ese punto para limitar mis opciones.
Aún siendo consciente de eso, entré al automóvil. De todos modos no soy ninguna doncella indefensa, y si el muy idiota intentara pasarse de listo, entonces bien podría estrellar su cara contra el volante de su precioso lamborghini. Así de sencillo.
Butch volvió a colocarse sus lentes de sol y el auto se puso en marcha. No pasó mucho tiempo antes de que comenzara la inevitable conversación.
— Thomas... —Comenzó a hablar con su tono de voz normal. Era raro ver que se pusiera tan serio. —No debí haber hecho lo que hice. Fue inapropiado. Pero tienes que entender que ya no podía contener más mis sentimientos, y sentía que si no lo hacía iba a explotar.—
— Me está resultando muy difícil tomar en serio esta disculpa después de la conversación psicótica de la mañana.—
—Sólo dije eso porqué estoy desesperado, ¿no lo entiendes? a veces de verdad no puedo soportar lo inflexible que eres.—
—¿¡Inflexible?! Butch, deja ya esto. ¡Yo no soy gay! y no tengo ningún problema con que tú lo seas, ¡pero no me involucres a mi!—
—Yo no soy gay Tomas.— Espetó, haciendo énfasis en la palabra.
Por fin habíamos llegado a mi casa, y yo impaciente tiré de la puerta para abrirla, pero con horror vi que no podía. El seguro estaba puesto.
—Voy a romper los cristales de tu coche si no abres la puerta en este segundo.
— No soy gay. A mi me gustan las mujeres... pero sólo te quiero a ti.
— Te lo advierto. Voy a romper la puta ventana.—
¡Clic!
La puerta estaba abierta, y no perdí ni un segundo en salir del auto.
—Entiende que yo no te veo de esa forma y no lo haré nunca.— Dicho esto cerré la puerta con fuerza.
Butch sonrió, pasando su lengua por el diente dorado.
—Eso ya lo veremos. Yo soy de esas persona que siempre consiguen lo que quieren, no lo olvides. — El motor volvió a encenderse. —¡Au revoir! Te vere en clases.—
El auto arrancó, y se fue por donde vino. Los vecinos no me apartaban la vista de encima. En nuestro vecindario no es común ver ese tipo de autos, y verme bajar como si nada de uno de ellos seguro llamó su atención... Espero que haya sido eso y no nuestra fascinante conversación.
Al llegar a la entrada de mi casa noté unas pisadas de lodo en el felpudo. No podían ser de mi madre porque estos eran pies grandes, y tampoco eran de Jerry porque aún no podía apoyar bien ambos pies...
El doctor.
¡¿Cómo se atrevía a entrar a mi casa cuando yo estaba fuera?! Esa era la gota que colmó el vaso. Abrí la puerta, decidido a echar a ese canalla oportunista; no iba a permitir que me quitara a la única persona que tengo en mi vida. Ya luego le explicaría a mi madre la razón, seguro entendería. ¡Y yo que pensaba que por fin iba a relajarme!
Pero para mi sorpresa, al llegar a la sala no fue al doctor a quien encontré.
—¡Hola Tom!— Saludó Jerry, escupiendo migajas de galleta sobre la alfombra.
—Tomas— Dijo Spike, mientras que con esfuerzo levantaba su enorme cuerpo del sofá y caminaba hacia mi, haciendo que el suelo temblara bajo mis pies. —A ti te quería ver—
—¿Cómo has estado?.— Saludé con voz torpe, tratando de disimular con mucho esfuerzo mis ganas de echarme a correr.
Continuará...
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¡Hola de nuevo! ya estamos aquí de vuelta.
En esta ocasión no hubo mucho de Jerry, pero no se preocupen, en la próxima nos desquitaremos XD
Gracias de nuevo por leer y por sus comentarios ¡Me motivan un montón!
Recuerden cuidarse mucho y de no salir a menos que sea muy necesario (o que ya se haya terminado la cuarentena en sus países lol)
¡Nos vemos pronto!
