XVII. Promesa
Abrió los ojos redondos conmocionado ante esa ultima frase y vio a la castaña observándolo con gran detenimiento. Vio sus mejillas sonrojadas y se alejó del cuerpo masculino.
Una sonrisa divertida adornaba su rostro lejos de él. Ella lo sabía con total seguridad. Sus ojos centellaban con inteligencia y reconocimiento.
—¿Desde cuando lo sabes?
Ella se llevó un dedo a los labios y recapituló en su cabeza.
—Cuando Neji Hyūga, el hombre más orgulloso y con el mayor pudor que he conocido se presentó al campo de entrenamiento con mallas verdes y una deslumbrante sonrisa, supe que algo andaba mal.
Ella tomó la taza de té que reposaba en la mesa de centro y dio un largo sorbo.
—Cuando te me confesaste, con flor en mano y una sonrisa que ciertamente daba miedo. Lo tuve aún más claro. Tú no te me confesarias.
Una apuñalada llego a su pecho y desvió la mirada, incómodo.
—No de esa forma, claro. —Reparó desviando la mirada de igual forma y restando importancia. — Tu tonto entrenar y bueno, al observarte en este cuerpo lo tuve más claro. Miradas muy serias en el rostro sumamente expresivo de Gai, un pudor presente que jamás había enseñado.
Comenzó a enumerar con sus manos mientras hacia memoria.
—¿Lo has sabido desde que me invitaste a ...salir?
Tenten dejó salir una risa catarina.
—Oh porsupuesto...— Se quedó callada un segundo. —No te habrás creído realmente que estaba enamorada de...
La mirada de Neji en el cuerpo ajeno le hizo entrever que si. Un estremecimiento la recorrió por toda su médula espinal y se sacudió.
—¡Por dios, Neji! ¿Cómo puedes creer eso?
—Has sido muy convincente.
El ego casi inexistente del genio comenzó a inflarse sutilmente. El asco en su estómago fue desapareciendo. Ella no prefería a su sensei sobre él. Realmente no.
Respiró profundamente, recuperando el alma que se había escapado de su cuerpo cuando ella se subió encima suyo. Entonces algo vino a su cabeza con fuerza.
—¿Por que no lo has dicho antes?
Tenten lo miró detenidamente unos segundos, dejando salir una carcajada. Eso fue suficiente para que Neji entendiera. Había estado jugando con él, con su orgullo.
Indignado de tal comportamiento inesperado de su compañera de equipo se levantó listo para irse.
—Vamos Neji, no podía dejar ir esta oportunidad. Es algo tan...curioso que debía aprovechar. Además, pensaba que estaba siendo lo suficiente evidente, más considerando cuando te rechacé.
Los colores subieron a la piel morena y Neji sintió un burbujeó en su interior. Él entendió las palabras no dichas.
Ella jamás podría rechazarlo en condiciones normales.
Quiso acortar la distancia y levantar el rostro femenino para contemplar ese sonrojo adorable en sus pómulos. Se detuvo bruscamente al ser consciente de nuevo de su situación. Apretó los labios.
—Este cuerpo es tan...repugnante. —Habló haciendo eco a sus martirios interiores.
—Si, tu cuerpo se mueve mejor. —Ella río recordando la escena de tiempo atrás.
Neji le dedicó una dura mirada y ella simplemente retrocedió un poco.
—Te ayudaré a regresar a tu cuerpo.
Neji Hyūga asintió confiando en que así sería. A Gai no le interesaba regresar, pero los dos castaños pondrían de su parte.
Aunque algunas veces una promesa, son palabras vacías.
