Antología


9. Frío.


A Steve no le costó aceptar que había encontrado a alguien igual de tozudo que él. Había mucha gente testaruda en el mundo, la verdad. Quizá había otros que eran más tercos que él. No se había cruzado a muchos pero eso no quería decir que no existían.

Lo que sí le costó un poco más fue lidiar con ello.

Claro, la mayoría de las personas veían que Danny cedía más rápido y creían que Steve era el más testarudo. Pero no tenían en cuenta un sinnúmero de minucias que Steve sabía y que ellos no. Danny cedía, no sin arañar cada una de sus defensas, porque conocía a Steve. Aún con todas sus protestas y sus discusiones, aún con todas sus dudas, Danny tenía algunas certezas sobre él. Sabía que Steve no dejaba las cosas a la ligera y Danny confiaba en que él encontraría la salida a la situación.

Lo conocía. Y confiaba en él. Y lo hacía porque, ante que todo, eran compañeros.

Porque Danny era leal. Era leal a sus creencias. No era fiel a las reglas, no como él pretendía ser, pero era fiel a los principios subyacentes. Era leal a sus convicciones y a las personas por igual medida. Era absolutamente leal a sus amigos y a su equipo. Danny era leal, tan leal como era Steve.

Pero era intransigente en maneras en las que Steve no era. Por razones que él no entendía del todo.

Steve sabía que tendría que dar explicaciones después de dejar atrás una nota y desaparecer. Lo imaginaba. El recibimiento había sido… bueno. Y, en general, todo estaba pasmosamente bien con el equipo. «Bien» en la respectiva escala de su normalidad, por supuesto. Tenían a Wo Fat en custodia, lo que era incluso mejor. Chin y Kono no parecían haber resentido su ausencia repentina. Su viaje súbito a Japón. Pero Danny… Con Danny había una fina capa de frialdad en sus conversaciones. En sus conversaciones y discusiones. En su tiempo juntos.

Steve frunció el ceño. Al principio había creído que estaba imaginando la situación. Eligió un tema para romper la quietud, para hacer una prueba.—Chin me comentó que vieron a Sam cuando no estuve.

Sam Hanna era un buen tópico. Usualmente, ante una oportunidad como la que Steve estaba ofreciendo, Danny aprovecharía para quejarse de los SEALs. Quizá aprovecharía la posibilidad para quejarse abiertamente de Steve. O se quejaría de que tuviera que lidiar con un SEAL en ausencia de Steve. Cualquiera de las tres opciones era probable.

En su repentina distancia, a pesar del obvio cebo que Steve le dio o debido a su flagrante intención, Danny solo ofreció un encogimiento de hombros. Fue ante la mirada insistente de Steve, por supuesto, que hizo una acotación. —Dijo que le debes un almuerzo. Es típico de ti, McGarrett.

Danny se mantuvo en silencio durante el resto del viaje a la escena del crimen.

«¿Por qué todavía estás enojado?» Quiso preguntar Steve. «¿Cuánto tiempo más vas a estar enojado?»

Pero no lo hizo. Era un poco difícil aceptar que el silencio de Danny, su helado silencio, le molestaba más que una letanía de sus palabras.