Los personajes de "Hey Arnold" no me pertenecen.
SEGUNDO AÑO
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ABRIL
Bien, las cosas no han sido tan malas como pensaste que podrían llegar a serlo. Te decidiste a salir con él, a probar una vez la experiencia de compartir algo más que las tareas con Arnold. Te dolió tremendamente la cabeza antes de cada cita, incluso el cuerpo que mantenías tenso, pero te diste cuenta que no tendrías por qué intentar ser otra persona. Él sabe quién eres, lo que te gusta, lo que disfrutas, lo que odias incluso de qué pie cojeas.
Es tan extraño que te conozca, tanto que sentiste la imperiosa necesidad de indagar con Phoebe si le estuvo preguntando sobre ti, pero tu amiga argumenta que no, que jamás se le ha acercado con ese propósito. Oportunidades le han sobrado, al fin y al cabo Gerald y Arnold siguen siendo buenos amigos, los mejores y eso obliga a Phoebs a pasar tiempo con él, cuando no puede zafarse para estar contigo.
Te sorprende agradablemente cuando organiza actividades culturales como lecturas de poesía o las presentaciones de un par de libros que habías estado cazando (incluso los compró para ti), exposiciones de tus artistas favoritos, etc. Recuerdas los conciertos a los que te llevó con una gran sonrisa (¿Cómo demonios supo sobre Polo & Pan?)
Debes reconocer que se ha esforzado especialmente esta noche de estrellas claras y luna llena. Dispuso farolillos por todo el techo de Sunset Arms, pero fueron inútiles ante la iluminación del satélite natural. Buscó las canciones que más te gustan de Paradis, Darius, L'Impératrice, Daft punk y se las arregló para hacerlas sonar todavía mejor (aunque eso tal vez sea el influjo que su compañía provoca en ti). Te resististe cuando te invitó pues sabías que estar aquí, en un lugar que fue de ambos, haría avanzar las cosas pero las ansias por probar sus labios, por tocar su piel, pudieron más que tu cordura.
Sentados uno al lado del otro, entregados a la música (la voix toujurs un peu filtrée pour étouffer la timidité).
-Helga – carraspea llamando tu atención, giras tu rostro hacia él y miras su nuez moverse mientras traga. Su voz es rasposa pero cálida, como una frazada raída que resulta ser la mejor, la favorita, la más cálida y cómoda – en verdad me gustas - no desvía la mirada con vergüenza como lo hizo cuando eran niños, no frota su cuello ante la declaración. Ignoras cómo te ves pero esperas que tu rostro refleje el diez por ciento de lo que en realidad sientes, porque fuego recorre tus venas, mariposas aletean nerviosas en tu estómago, tu corazón se salta los latidos, tu piel hormiguea -. Pero no es nada más eso, Helga, en realidad… te quiero.
Sonríe, apenas una curvatura en las comisuras, posa su mano sobre la tuya, su contacto quema. Haces una mueca que esperas sea un fiel reflejo de la suya y al parecer lo logras porque su sonrisa se acentúa y lo que sea que haya visto en tus ojos apremia su reacción de adelantar el cuerpo, acunar tu rostro entre sus manos y acercarse lentamente, tan lento que te sofoca, que duele. Se queda a unos milímetros de tus labios, esperando a que des el siguiente paso.
-Carajo – susurras antes de entregarte a sus indomables labios: frescos, dulces, suaves, maravillosamente experimentados.
Estás perdida, lo sabes en cuanto el beso avanza lo suficiente para hacerte gemir contra su boca, Arnold tragando el sonido, extinguiéndolo. Sus manos recorren tu espalda, acarician tu cabello, tu rostro, te exploran por completo y sientes que te quemas viva, que sus manos son llamas ardientes y tú yesca demasiado seca presta a encenderse con la menor provocación.
Te olvidas de todo, de tus miedos, las dudas que te asaltan cuando Arnold te sonríe, de la emoción que te llena cuando estas junto a él. Te olvidas de todo y de todos.. ya tendrás tiempo para analizarlo después.
