Valorar lo que tienes

Mientras Hipólita se vestía con su uniforme dentro de la cama, Sev salió a simular que vigilaba a Anthony y Jack al tiempo que los rastreaba. "Buaaah… Jack sigue dormido en la casa Rave, nos va a tocar ir a rescatarlo. Anthony está paseando por el prado, debe estar con Heather, hoy era el día que iba a darle su primer beso, al aire libre, bajo la luna nueva, como es más propicio. Qué bueno, dos parejas que se dan hoy su primer beso, Heather y Anthony, e Hipólita y yo, nuestros piquitos. Qué ilusión."

Hipólita se marchó y Sev también se vistió, mientras planeaba estrategias. A las doce y cuarto bajó a la Sala Común. De la familia, sólo Hipólita, Deborah, Paul, Andrew y Fiona esperaban. Se dirigieron al Comedor.

-Buf… qué mermados estamos…

-Pienso que quien no está durmiendo todavía ha desayunado demasiado tarde y no tiene hambre - dijo Deborah, que caminó a su par.

-Cierto. Pues hoy precisamente tenemos una grave emergencia, por suerte tú nunca fallas, Deborah.

Sev tomaba de la mano a Hipólita y dejaron adelantarse a los otros tres.

-Por algo soy tu segunda, Prince.

-Me abstendré de echarte una buena bronca, porque incluso esta mañana has estado trabajando, en el claro enseñando Oclumancia a Maida, ¿verdad?

-En efecto, así es. Asunto zanjado, cien por cien durante dos horas. ¿Me has rastreado?

-Sí, he rastreado a todo el mundo cuando me he despertado, me he enterado de muchas cosas interesantes.

-Yo también te rastreé cuando te largaste ayer y supe que estabas en la Torre de Astronomía. Le diste un buen disgusto a Hipólita.

-Primero me lo dio ella a mí, estamos a la par.

-Ya, ya me lo explicó.

-Bueno, a lo que iba, a ver si lo resolvemos antes de llegar al Comedor y almorzamos tranquilos. No pierdas los nervios, ¿eh? Hoy más que nunca necesito sangre fría.

-De acuerdo, Prince. Yo también voy aprendiendo.

-Caíste en el problema que representaba Maida pero nadie lo hicimos en el que representa Hipólita.

-¿Qué problema?

-Su padre trabaja en Diagon, suele ir a visitarlo a menudo durante el verano y ya puedes imaginar a quién suele cruzarse por el callejón gastando sus buenos dineros.

-¡No!

-Shhh… no pierdas los nervios, Deborah. Sangre fría. Después del entrenamiento me la llevo al claro, aunque lleguemos tarde a cenar. Va a aprender Oclumancia en tres días como que me llamo Prince, como si no puedo hacer nada más en lo que queda de curso.

-Llévala primero al haya a pasarle el talento de Paul.

-Según cómo se le dé hoy.

-Claro.

-Segundo paso. Sus padres. Ya les ha hablado de mí en la carta, como le dijimos. Por el momento va a escribirles después de almorzar para que les llegue la carta esta noche y que ninguno de ambos se mueva en absoluto por el callejón hasta que hablemos con ellos, a poder ser el miércoles, y no el jueves como pensábamos en un principio.

-Va a alarmarlos.

-No más de lo que ya deben estarlo. No son bobos, ellos también conocen a Lestrange, su padre ya suele preservarse cuando se la cruza, y ella nunca entra en su tienda.

-Genial.

-Tercer paso. Hay que enseñarles Oclumancia, llevamos directamente a su casa un pensadero, el que tengo en el Fidelius, el mismo miércoles a poder ser. Y de enseñarles ha de encargarse Jack, es el único mayor de edad que lee a fondo.

-Cierto, y fíate de Jack. A ver si aparece hoy a la sesión de Obliviar que teníais con Remus.

-Eso, por mi parte, lo cancelo, y ya no puede ser en el claro, por si también lo necesito después de cenar con Hipólita. Que lo hagan en nuestro cuarto.

-De acuerdo, todo correcto. Paul y yo vamos a dedicarnos a que profundice en Legeremancia, por si Jack nos falla.

-Hoy tenemos entrenamiento de vuelo.

-Pues tendréis que apañaros sin nosotros, esto es mucho más urgente.

-Estoy de acuerdo contigo. Cuarto y último paso, Magia Roja, apartado Familia, que ni siquiera le hemos echado un vistazo. Habrá que sacar el libro del colegio.

-Entonces no le dejes al viejo el duplicado.

-Lo necesita para Minerva, es importante que ella aprenda este verano.

-Cierto.

-Lo triplicaremos, un nuevo espacio en la Sala de Menesteres, en lugar de Estudio y Entrenamiento en Hechicería Olvidada, sólo Estudio.

-Perfecto. Ya me encargo yo de todo.

-Maravilloso Deborah, eres genial.

Habían llegado a la mesa Sly, se vincularon para seguir charlando, mientras la recorrían por ambos lados, se sentaban en sus sitios y comenzaban a almorzar.

-¿Puedo hacerte ahora comentarios y preguntas? – le preguntó ella.

-Desde luego, todos cuantos se te antojen.

-¿Qué hacemos de la anorexia, sin poder leerla?

-Habrá que curarla a lo muggle, como ya estábamos haciéndolo, llevamos casi una semana sin leerla.

-Cierto.

-De hecho, surgió un tema mucho más grave que ése y lo descubrió Sirius, precisamente. La enana pensaba jugarse la vida por mí, desde el quince de mayo. Planeó su propia estrategia desde Navidad, observó todos los movimientos de Ariel y La Guardia desde que comenzasteis a entrenar, y a mí me tenía controlado desde primer año. Dedujo todo lo que pasaba, incluso recordaba la fecha en que tú y yo nos conocimos.

-Vaya…

-Toda una espía.

-¿La has leído?

-No, me lo ha contado todo.

-¿Confías en ella?

-Al cien por cien. Y de cualquier modo, no nos queda otro remedio, lo primero es preservarla de la pécora.

-Desde luego. Me muero de ganas de saber lo que había planeado hacer.

-Te lo cuento. Primer paso, compincharse conmigo el día que quería entrenar con el Ejército para colarse en mi dormitorio por las noches, y velar mi sueño y el de Anthony para que pudiéramos dormir. Si yo no estaba dispuesto, lo habría hecho a escondidas. Sabía lanzar Imperius, Crucios y Avadas, sólo con lo que había leído de la teoría de cuarto.

-Habría ido a Azkabán.

-Ya te digo. Pero eso ella no lo sabía.

-Claro.

-Segundo paso. Al verme con escolta dedujo que quedaban maléficos en el colegio. La noche de la primera fiesta me pidió que le enseñara maleficios. Pensaba indagar quiénes eran y cargárselos ella misma.

-Buaaah…

-Va a ser el terror de los Mortífagos.

-Ya te digo.

-Tercer y último paso. Después de entrenar conmigo y de que le alabara lo buena que es, no confiaba en que mi escolta de verano fuera lo suficientemente entregada ni capaz de protegerme y pensaba escaparse de casa de sus padres para seguirme allá donde fuera.

Rieron.

-¿Y cómo pensaba enterarse de adónde ibas?

-Eso digo yo.

-Sigo con las preguntas y comentarios.

-Sigue.

-¿Cuándo has averiguado todo esto?

-Esta mañana.

-¿Puedo hacerte una pregunta personal?

-Hazla, ya veré si te respondo.

-Odio cuando te pones así, Prince, sólo intento ayudar.

-Es que ya sé cuál es la pregunta.

-Entonces no te la hago.

-Hazla, porque te voy a necesitar. Pensaba contártelo más adelante, no puedo guardarme las cosas para mí ni siquiera unas horas.

-Guárdatelas.

-No te enfades, Deborah. Te puede la curiosidad.

-Cierto.

-Pues sé discreta, por favor.

-Tienes toda la razón. Lo siento.

-Almorcemos tranquilos, anda, que nos espera un día movidito. Para empezar, durante el almuerzo va a llegarnos carta de los padres de Hipólita.

-Claro.

Se desvincularon.

-Hipólita, cariño, ¿te está gustando el primero?

-Mucho, Prince.

-Me alegro, a mí también. Si hoy no puedes comer tanto como otros días, no pasa nada, ¿eh? Hace menos de dos horas que comiste los dos sándwiches.

-De acuerdo, Prince.

Continuó comiendo tranquilo hasta que Ariel llegó al Comedor.

-¿Qué tal has dormido, cariño? – le preguntó Sev.

-Bien, bien. Me he levantado tarde, he venido a desayunar casi a las diez.

-Y luego, ¿qué has hecho? ¿Has encontrado a tus amigos?

-Sí, sí. Hemos estado jugando cerca del Lago.

-Genial. ¿A qué habéis jugado?

-A pillar. Hipólita no ha venido.

-Ha estado conmigo, se ha despertado muy tarde. Anoche estaba muy cansada.

-Ya, ya me di cuenta. Es que cuando te fuiste de la fiesta lloró un montón.

-¿Qué dices? – preocupado.

-Sí, Sev, se llevó un disgusto muy gordo.

-Jo… no me ha dicho nada…

-Para que no te preocupes, por eso no quería que la leyeras.

-Claro… Y Deborah me ha dicho lo del disgusto pero no que había llorado…

-Por lo mismo, para que no te preocupes.

-Gracias por decírmelo tú.

-De nada, Sev.

"Jo… me pasé de egoísta ayer, no tengo término medio. O soy demasiado bueno o soy demasiado malo, la fastidié con Lily y no supe entender que Hipólita no comprendía el peligro del alcohol porque nunca lo había vivido ni presenciado. Me enfadé con las dos y me amargué yo solo.

Y encima, en lugar de recapacitar y arreglarlo, intentar solucionarlo, me mostré sumamente frío con Lily, ni siquiera la saludé cuando fui a buscar a los Gryff, ya no me extraña nada que esté pasando de mí. Y fui muy, muy duro con Hipólita mientras estuve tocando el primer rato, me pasé de la raya un montón con las dos personas que más feliz me han hecho en la vida. Jo… me siento fatal, ya te digo que estoy hecho un lío. Espero al menos que Lily venga a almorzar y arreglarlo con ella."

Lily llegó al Comedor poco después. "Bien… Viene con Sirius, quizá le corte el rollo. Le pregunto." Se vinculó con ella.

-Hola, Lily.

-Hola, Sev, ¿qué tal?

-¿Puedes hablar un momento?

-Claro que puedo hablar, todo el tiempo que quieras.

Al estar vinculados como Pareja, Sev pudo sentir los sentimientos de Lily por él. ("Buf… su sentimiento por mí ha cambiado todavía más, ya no me ama en absoluto, ya te digo que la fastidié.") Comenzó a llorar.

-Gracias, Lily.

-Venga, no llores, Sev… – muy dulce.

-Es que lo hago todo fatal.

-Ya has hablado con Hipólita, ¿verdad?

-Sí.

-¿Has dormido con ella?

-Sí.

-¿Y qué tal te ha sentado?

-Genial, aunque cuando nos hemos despertado hemos tenido que solucionar muchos problemas que habían surgido. Ya te lo contaré, ahora no me apetece hablar de eso, sólo quería pedirte perdón.

-No hay nada que perdonar, Sev. No eres tú quien lo hace fatal, soy yo.

-No, Lily, no pienses eso. Fui yo.

-No, Sev. Debí decirte al menos de qué hablé con Hipólita para que no te preocuparas. O rastrearte para saber adónde te habías marchado e ir a buscarte. O incluso más tarde, cuando ya había tenido tiempo de recapacitar y volviste, haber intentado hablar contigo, pero me dediqué a olvidarme de todo e intentar pasarlo bien, estaba a gusto con Sirius y no me preocupé en absoluto por ti.

-Vaya…

-Una egoísta.

-Yo también lo fui.

-No, Sev. Tú te enfadaste con toda la razón, miraste por ti mismo y por estar bien, y luego, encima, hice que Remus se quedara conmigo y no fue a escucharos tocar. Lo que te digo, una egoísta, Cecile me puso bien las pilas cuando volvió, me contó lo mal que estabas.

-Vaya…

-Y cuando nos hemos despertado he estado hablándolo con Sirius y lo mismo, ya me ha contado todas las preocupaciones que tuviste desde ayer por la mañana.

("Y a pesar de todo eso ha dejado de sentir por completo lo que sentía por mí.")

-Claro…

-¿Has tenido que leer a Hipólita?

-No, me lo ha contado todo, excepto algunas cosas que le dijiste que no le ha parecido adecuado porque debemos hablarlas entre nosotros.

-Claro, Sev, hablaremos.

-Tampoco me ha contado el disgusto que se llevó ayer cuando me marché.

-Yo de eso no me enteré en el momento, fueron Remus y Cecile quienes se hicieron cargo de ella, buscaron a Ariel y Shelley para que estuviera con los demás chavales para ver si así se le pasaba. Ya te digo, me desentendí de todo, yo a lo mío. Alucinando y pasando de todo lo demás.

-Ya.

-Así que no te preocupes por mí en absoluto, no lo merezco. Nunca te he merecido, Sev.

-Comienzo a pensar que tienes razón, Lily.

-Desde luego que la tengo.

-Qué vacío me siento.

-No me extraña.

-Vamos a dejarlo.

-Está bien.

Sev se desvinculó de Lily. Deborah lo vio llorar y se vinculó con él.

-¿Quieres charlar, Prince? – le preguntó, muy suave.

-Quiero, pero no tengo palabras.

-¿Te echo un cable?

-Inténtalo.

-¿Es por Hipólita?

-No.

-¿Por Lily?

-Sí.

-¿Por algo que pasó anoche?

-No, Deborah, no sólo anoche. Por más de siete años tirados por la borda. Me ha sustituido por otro en dos días.

-Ya te lo dije, Prince. Que olvidaras a todas.

-Ya te digo que voy a hacerlo.

-Si te digo algo sobre Lily, ¿no va a sentarte mal?

-No lo sé, prueba.

-Lily no te llega a la suela del zapato, Prince. Lo que te dije un día, la tenías idealizada porque era lo único que tenías. Estás muy, muy por encima de ella.

-No sé qué pensar, Deborah.

-Y tampoco le va a ir bien con Black. Es muy inmadura, una niña mimada, no se ha llevado un palo en su vida y en gran parte ha sido culpa tuya, por tratarla siempre como una princesa.

-Cierto.

-Y ahora vas a estar condenado a convivir con ella el resto de tu vida.

-No estoy condenado a nada. Si no me da la gana no lo soportaré y me dedicaré a la Medimagia.

-¡Ni por asomo, Prince! – tajante y autoritaria - ¡Ni se te ocurra! ¡Ten tu propia vivienda dentro del castillo, aislada de la suya! ¡Tú vas a ser Jefe de Sly y director de Hogwarts! ¡Ella se quedará en mediocre profesora de Pociones! ¡Nunca será Jefa de Casa, no tiene el talante!

-Gracias, Deborah. Ya estoy mucho mejor.

-A ver si aprendes a quién debes contarle las cosas y a quién no.

-Ya te digo.

-¿Has charlado con Lauren?

-No.

-Charla con Lauren, anda. Ella no estuvo de fiesta anoche, y ella sí que te merece.

-Vale.

-Charla con ella, verás qué bien te sienta, ya me encargo yo de la carta de Hipólita.

-Gracias, Deborah.

Se desvinculó de Deborah, se vinculó con Lauren.

-Hola, preciosa, ¿qué tal?

-Hombre, Severus… - ilusionada - Qué abandonada me tienes…

-Lo siento mucho, cariño, días muy ajetreados.

-Para mí no – alegre - Estoy de vacaciones.

-Y qué bien te está sentando – él también.

-Ya te digo que sí.

-Esta mañana te he espiado.

-Ah, ¿sí? – interesada.

-Sí, te he rastreado. Estabas en el Bosque.

-¿Has podido rastrearme hasta el Bosque? – sorprendida e ilusionada.

-Sí.

-Wooow… fantástico. La próxima vez que vaya te rastreo yo a ti, a ver si también te alcanzo. ¿Sabes? Me he bañado en el estanque.

-Vaya… Yo también lo he hecho dos veces últimamente, con mis peques.

-Genial.

-Ayer compré en Londres una botella de vino blanco para los dos.

-Vaya… - ilusionada.

-Italiano, de la Toscana.

-Genial… No sé si lo he probado alguna vez.

-Era el italiano más caro que había. Voy a probarlo contigo por primera vez.

-Estupendo. ¿Qué tal la fiesta?

-Buf… no me apetece mucho hablar de ello, ¿eh?

-No te sentó bien – algo preocupada.

-No.

-Es que tú te crees que sí, pero no eres de fiestas – comprensiva - Eres un ser solitario, como yo.

-Cierto. Qué bien me conoces, Lauren.

-Ya sabes, cinco años sin quitarte ojo de encima.

-Tu frase favorita.

-¿Qué tal tu peque?

-Buf… me da tantas alegrías como disgustos.

-Como todas las peques, aprendiendo a hacer de papá.

-Ya te digo. He de enseñarle a ocluir.

-¿Y eso? – sorprendida y preocupada.

-Su padre trabaja en Diagon, es el dueño de la librería de viejo, va a visitarlo a menudo y suele cruzarse con la pécora.

-Buaaah… - alarmada - Qué movida.

-Lo sabemos desde el martes toda la familia y hemos caído en la cuenta hoy.

-Eso te pasa por no consultar las cosas conmigo – ya calmada - ¿Quién es la espía? ¿La diseñadora de estrategias?

-Tú y sólo tú.

-Pues cuéntame cómo vais a ponerle remedio a la situación, venga.

Él lo hizo.

-Estupendo – le dijo ella - ¿Ha sido todo idea tuya?

-Sí, excepto que Paul aprenda Legeremancia a fondo. De Deborah.

-Muy bien, mi chico va aprendiendo – aprobatoria, y admirada - Y ahí está esa Deborah, poniendo a Jack en su sitio, en el sitio que le toca, el último mono – rieron - ¿Qué más me cuentas?

-Que Lily me ha abandonado por Black.

-¿Qué estás diciendo? – muy sorprendida y alarmada.

-Lo que oyes.

-No puedo creerlo…

-Pues créelo. El sentimiento del Vínculo ha cambiado, ya no me ama en absoluto, ni un poquito, sólo me quiere como amigo.

-Buf… esta Lily… - con rabia - No se entera de lo que vale un peine.

-Allá ella.

-Pues eso, allá ella – muy segura de sí misma - A ti nunca te faltará el amor verdadero, si te faltó tantos años fue por estar tan colgado de ella. Habrías podido tener a cualquier chica que quisieras, no es porque ahora seas famoso, es porque eres como eres, no hay otro con tu carisma.

-Gracias, Lauren.

-Una que sabe valorar lo que tiene.