Parte uno: Entrégate
Capítulo 4: Parte dos
Llegué al edificio de "Vitae∞FIRHA" y me registré en recepción. Llevaba unos pantaloncillos de jeans, medias gruesas de color negras, botas marrones con muchas hebillas a los costados, una camiseta estampada con el rostro de Frida Kahlo y un abrigo de lana, tejido a mano.
Tomé el elevador y oprimí el botón seis, cuando salí de la caja metálica, me sorprendí al entrar a un largo pasillo cuya pared frontal era completamente de vidrio. Unas puertas del mismo material me separaban de la oficina de Uzumaki.
Al entrar, pude notar que era bastante clara pero igual de sombría a su departamento real; las paredes estaban pintadas de un blanco hueso y decoradas con cuadros abstractos, había un sofá en "L" de color negro, tapizado en cuero y el suelo estaba decorado con una fina alfombra de color blanco. Pobre de aquel que trajera los zapatos sucios.
Una chica estaba detrás de un mostrador de vidrio, me acerqué a ella y me hizo un ademan con la mano, mientras contestaba el teléfono.
—Consultorio del Doctor Uzumaki—tarareé la melodía de Skyfall mentalmente—. Para el día de hoy es imposible que lo atienda, el Doctor tiene un compromiso. ¿Le parece bien mañana a las 11:00 am?—apreté a mí la carpeta que llevaba—. Está bien señora Scott, nos vemos mañana—colgó y se giró hacia mí con una sonrisa—. ¿En qué le puedo colaborar?
—Soy Hinata Hyûga, tengo una cita con el Doctor Uzumaki.
—El Doctor se encuentra con una pareja ahora, ya están por terminar.
—No hay problema, espero—caminé hacia el precioso sofá.
—¿Desea tomar té, café, agua?—negué, mientras tomaba una de las revistas de la mesita del centro. Cosmopolitan, ¿por qué no me sorprendía?
Llevaba leído dos veces el horóscopo, no es que creyera en estas cosas, pero era eso o leer sobre disfunción eréctil, y me preparaba para leerlo una tercera vez, cuando una pareja bastante conocida salió de la única puerta visible del lujoso consultorio.
—Señores Miller, su próxima cita es para dentro de una semana—la recepcionista hablaba y registraba—. Les recuerdo que en la página web de la Fundación, encontraran los tutoriales de los ejercicios que le ha indicado el Doctor Uzumaki.
Así que aquella mujer y una de las urracas tenían problemas de matrimonio. Me cubrí lo mejor que pude con la revista, hasta que ellos abandonaron las puertas de vidrio y se quedaron esperando el ascensor.
—Señorita Hyûga, puede seguir el Doctor la espera.
Caminé hacia la puerta y giré la perilla con el corazón latiendo furiosamente, mis manos estaban como si me las hubiese acabado de mojar. Abrí la puerta y pude verlo, estaba recostado en el sillón, moviendo su silla de un lado para otro, con los ojos fuertemente cerrados mientras apretaba el puente de su nariz.
Su oficina era tan neutra como el mismo consultorio; paredes blancas, un diván y dos sofás, varios diplomas, un escritorio de roble y dos sillas frente a él, un estante lleno de libros, una pantalla y una foto.
—Dame un segundo, Hinata—murmuró él sin abrir los ojos.
—¿Tan mal te dejaron tus pacientes?
Abrió los ojos y enfocó su mirada en mí.
—Sabía que vendrías.
Las ojeras estaban acentuadas y parecía agotado, aun así, me desnudaba con sus ojos y con su sonrisa, hacía temblar mis bragas.
—¿Te olvidarías de lo que dije ayer si no hubiese venido? —pregunté sin dejar de mirarlo. Naruto se levantó de su silla y caminó hasta quedar frente a mí.
—¿Por qué preguntas algo que ya sabes, Hina?
—Hinata, me llamo Hinata—¿estás coqueteándole? ¡Já!— Quizás, porque tenía la esperanza que te hubieses olvidado que existía.
—No, Hinata, no puedo olvidarme que existes—sus manos agarraron mi cintura dejándome pegada a él. Suspiré inhalando su costosa loción y tratando de mantenerme en una pieza—. No sé cómo explicar lo que me pasa cuando estás cerca.
—Ya lo dijiste, te pones duro como una roca y...
—Sí, pero... Olvídalo, lo importante es que aceptaste mi propuesta y me muero por tenerte bajo mi cuerpo, o sobre él. De cualquier modo, te voy a tener.
¡Diablos! Podía sentir la humedad entre mis piernas, Naruto bajó su rostro humedeciendo sus labios, listo para besarme.
Podía ver el semáforo en mi cabeza, pasaba de verde a amarillo y de amarillo a rojo con unas letras legras que decían: ¡detenlo!
—Naruto—me escabullí entre sus manos, alejándome de él y su maldito y exquisito aroma—, te dije que tenía condiciones.
Naruto peinó sus cabellos con una mano ¡joder! el gesto me preció sexy.
—Lo recuerdo.
Le tendí la carpeta mientras lo veía sentarse en una esquina de su escritorio, abrió la carpeta y sacó el documento.
—Necesito tener las cosas claras si me voy a embarcar en esto—no me iba a meter en un juego sin tener claro las reglas.
Naruto enarcó una ceja mirando los papeles.
—¿Y todo lo pusiste aquí? En este decálogo. —asentí con mi cabeza— Veamos.
Decálogo para Practicar Sexo con fines Pedagógicos
El presente documento, que de ahora en adelante será llamado DECÁLOGO, tiene por finalidad establecer la verdadera naturaleza de la relación que los firmantes tendrán a partir de registrar su rúbrica al final del documento.
1. Durante la relación, los firmantes no podrán tener sexo, ocasional o permanente, con otras personas.
2. Ninguna práctica debe incluir el dolor como finalidad.
3. La instrucción durará treinta días.
4. La práctica sexual no incluirá tipo alguno de relación afectiva.
5. La condición de instructor y novata no establece relación de superioridad a favor del primero.
6. La práctica del sexo no da derecho a intervenir en la vida personal de los firmantes.
7. Cada uno mantendrá su independencia, especialmente a lo que se refiere al domicilio.
8. La condición de la firmante es principiante, no sumisa. El instructor jamás será llamado amo.
9. Los aprendizajes se realizarán en lugares cerrados, jamás en lugares públicos o a la vista de otros.
10. Es un acuerdo secreto y no persigue ningún fin económico.
Naruto Senju-Uzumaki Hinata Hyûga
Su silencio me mataba, leía y releía, movía la cabeza en negación y sonreía.
—¿Y? esas son mis condiciones.
—Se nota que has explotado tu mente creativa y que has leído al señor Black y toda su porquería.
—Necesito asegurarme que no te meterás con Hatake Editores ni con las regalías y derechos de mi libro.
—¿Por qué no hay nada aquí referente a eso?—me rebatió, serio.
—Se subentiende de todo lo ahí escrito—¿Qué se cree el idiota?—Si no te parece, lo dejamos aquí y me desaparezco —al menos, me quedaría el orgullo de haberle dicho NO a Doctor Sexo.
—¡No tan rápido, que voy apurado! Hasta ahora sé que: primero, eres una cobarde y que te mueres de miedo por entregarte; segundo, que necesitas escribir un libro cachondo que sea un Best Seller y sin mi ayuda no puedes hacerlo; y, tercero, que eres una testaruda y que apoyada en eso, aceptas en beneficio de tu libro mi propuesta de enseñarte los maravillosos placeres del sexo.
—¡Ni yo lo hubiese podido decir mejor!
—Si fueras mi paciente, trataría tu miedo a entregarte.
—Si yo fuese tu psicóloga, diría que eres una persona angustiada, que encontró en el sexo su válvula de escape.
Un extraño silencio se apoderó de la habitación, mientras una mirada que jamás había visto en el rostro de Naruto hizo aparición envolviéndome en ella.
¿Te asustaste, Uzumaki? La tonta de Hinata también sabe jugar.
—Absolutamente de acuerdo con el punto uno. El punto dos es innecesario, jamás haría algo que no disfrutes.
—Todos los sádicos dicen lo mismo. Yo digo nada de amarres ni látigos.
—Que sean noventa días—refuto él, no le gustaron los treinta días del decálogo—, tres meses es todo lo que necesito y tengo.
¡Dios, Dios, Dios! Mátenme, estoy loca. Tres meses compartiendo la cama con ese hombre.
—¿No crees que es mucho tiempo?
—Si lo traduces a meter y sacar, sí. Lo que yo te ofrezco es mucho más.
—Pero, ¿noventa días?
—Te aseguro que no te vas a arrepentir y una vez que pase ese tiempo, desapareceré de tu vida, ya no estaré más.
—¿Ya tienes marcado tu calendario para otra alumna? —mi voz salió ¿decepcionada?
—No, pero puedo decirte que voy a viajar—al menos, él tampoco quería enrollarse.
—Como quieras, me da igual siempre que en esos tres meses, tú cumplas.
¡Mentirosa! gritaba en mi interior. Él, volvió a concentrarse en el documento.
—Yo no soy de relaciones y es evidente que tú, sin novio y virgen, tampoco, así que estoy de acuerdo.
—Yo soy virgen y tú eres promiscuo, pero los dos estamos ante el mismo acuerdo así que no intentes burlarte, "maestro".
—En el punto cinco hay una apreciación semántica errónea: si soy el maestro, soy el superior.
—Solo en la manera de cómo practicar el sexo reconozco tu superioridad, pero no aceptaré el trato de esclava.
—¡Maldición, ese señor Black le hizo pésimo a la vida sexual de las vírgenes!
—Te he dicho más de una vez que yo no leí ese libro. El punto es, que yo no seré tu cautiva sexual, yo seré una alumna dispuesta a aprender, nada más.
—Lo que tú digas, Dulzura. Pero en el punto que sigue veo problemas. No es que quiera entrometerme en la vida personal de mi alumna ¡Jamás haría eso! Que el señor Black y todos los folladores de papeles me lo demanden si se me ocurre eso—vaya, el idiota no puede con su vena de comediante—. Pero, tendré que intervenir en tu ropa... Lo que pasa, es que si te voy a dar la lección "cómo echarse un rapidito" no podrías ir así vestida.
—¿Qué tiene mi ropa? A mí me gusta y por nada voy a cambiarla — nunca voy a renunciar a mi estilo.
—El "rapidito" se convertiría un "eterno" si espero a que te saques el short, las pantimedias de lana y tu tanguita ¿usas tanga, verdad?, sin contar que las hebillas de tus botas destrozarían mi ropa.
—No se preocupe, Doctor Sex, para ese día, juro que iré con unos stilettos, un mini vestido y sin bragas — ¡estoy segura que se puso duro cuando le dije eso!
¡Bien, Hinata! De cabrón a cabrona y medio.
—Bueno, por una cuestión práctica, el punto que sigue no es posible. Sabes que trabajo hasta las dos de la mañana y que la radio está mucho más cerca de mi casa que de la tuya. En todo caso, no viviríamos juntos, tú estarías en mi casa, dispuesta a mí y a mis enseñanzas. Hablo de sexo, no de vida social. No te quiero para salir al supermercado, recibir a mis amigos o de compañera para las fiestas.
—Yo no dispongo de los fines de semana—¡que se cree! Yo seré su alumna, no su desfogadora personal.
—Es que así no se puede, yo te necesito a mi disposición. Ese fue el acuerdo inicial.
—Acepto dormir en tu casa, pero los fines de semana son míos.
—¡Joder, mujer! Si en Versalles, Alemania te hubiese tenido como abogada, el mundo no habría tenido la Segunda Guerra Mundial
—El punto ocho—respondí,no me iba a detener si en lo que me dijo había un halago encubierto.
—¡Otra vez el señor Black! ¡Claro que no te pediré que me digas amo! Aunque, ya estoy creyendo que te gustaría ser mi sumisa.
—Punto nueve—era mejor pasar a otro punto que sacarlo de su ignorancia.
—No te voy a follar en un estadio, ni en un carro del metro a la hora pico. Eres una aprendiz, podría ponerse en tela de juicio mi habilidad sexual y afectar mi imagen.
—Eres tan arrogante y tan boca floja, que estoy a punto de pedirle a cualquiera que me enseñe.
—¿Se lo pedirías a Kiba? Ustedes se gustan, lo vi en la fiesta.
—No, él es mi amigo y lo quiero mucho. El sexo ensucia todo, no quiero perder su amistad por un jodido libro.
—El sexo no es sucio... tal vez, si no lo haces con quien te gusta o si el idiota no sabe hacerlo. Después de mis clases, vas a descubrir lo maravilloso que se siente ser follada a plenitud. No es por arrogancia, pero yo soy el indicado para que aprendas eso.
—Último punto, el secreto
—Supongo que ya lo sabe tu amiga Ino.
—No sabe que acepté.
—¿Aceptaste?
—Si firmas este decálogo, sí.
—Nos van a ver juntos, sacarán sus conclusiones.
—No tienen que saber que me estas enseñando.
—Bien firmaré y podremos empezar clases.
—Me follarás... ¿Aquí?—los sofás se veían cómodos pero joder, era mi primera vez. Una risa suave escapó de su interior, se levantó del escritorio y caminó hacia mí, sujetando nuevamente mis caderas con sus manos.
—Sé que parezco un cabrón—esta vez fue mi turno de enarcar una ceja —, en efecto lo soy, pero eres virgen, Hinata. Tenemos ochenta y nueve días para follar, porque la primera vez que te tenga bajo mi cuerpo, yo te haré el amor.
Y sin más que decir, me besó.
¡Aceptaste, Hinata! ¡Accediste! ¡Mierda! ¿Qué carajos voy a hacer?
Terminar el libro de Hatake y fingir que estos tres meses que vamos pasar juntos fueron absorbidos por el agujero de la capa de ozono.
Los labios de Naruto Uzumaki succionaban los míos. Sentía mi cuerpo completamente entumecido, pero mi mente trabajaba muy rápido, confundiéndome completamente.
¿Quería hacer esto? ¿Podría afrontar lo que conllevaba el haber aceptado entregar mi cuerpo a un hombre como Naruto? ¿Podría olvidar todo una vez que termine?
Tenía la respuesta a esas preguntas: no, no estaba ni lista, ni preparada. No podía preparar mi cuerpo y mi vida sexual para cederlos a un hombre que deseaba pero que apenas conocía, por más que mis labios disfrutaran escandalosamente frotarse contra los de él.
En mi cabeza, el conflicto alcanzaba dimensiones de guerra mundial y pasaba de desearlo con todas mis ganas a rechazarlo—a él y a su toque mágico—para después, negarlo todo.
Quería algo y no sabía qué. El abuelo estaría revolviéndose en su tumba con el acuerdo, la firma le daba poder absoluto de mi cuerpo a Naruto y me estaba convirtiendo en todo lo que él había despreciado siempre.
¿Qué demonios había hecho?
Caí... Me estaba convirtiendo en mi madre.
Justo cuando los pensamientos tormentosos llegaban a mí, la lengua de Naruto pidió acceso a mi boca e interrumpió mis pensamientos, sus grandes y fuertes manos tomaron mi cintura, empujándome cada vez más contra el escritorio, su beso dominante y controlador, era evidente que disfrutaba sometiéndome al vórtice de sus caricias.
Estaba perdida... Completamente pérdida.
Mis manos tomaron mechones de sus cabellos, mientras él seguía besándome sin detenerse a respirar y yo estaba quedándome atrás... ¡Dios, Hinata! no te quedes ¡tienes que seguirlo!
Grité en mi interior, intenté respirar profundamente, mis manos se tensaron en las hebras rubias de su cabello y lo besé como jamás en mi vida había besado, todo esto hizo que mi sangre se mueva más rápido que mi interior se contraiga involuntariamente, me sentía eufórica, eufórica y aterrada, tenía un miedo estúpido porque temía destrozarme en este camino.
Este hombre me asustaba, me atraía, pero no podía sobrepasar los límites. No, no podía permitírmelo, no podía dejar de pensar en lo que en realidad somos: un maestro y su aprendiz. Esto no era una relación. Esto no era más que sexo de muto acuerdo.
—¿Hinata?—Naruto murmuró sobre mis labios, su aliento mentolado me llegó de golpe, envolviéndome en un halo que no quería comprender—. ¿Hinata?
—¿Mmm?—murmuré sin saber qué decir, en algún momento mis labios habían dejado de moverse.
Los ojos de Naruto me observaban interrogantes, pero podía apostar mi último sombrero a que mis ojos lo observaban con temor. Sus manos tomaron mi rostro delicadamente separándose un poco de mí.
—Vamos a dejarnos de tonterías, hay que hacer de esto algo bueno— susurró en voz baja, dejando un pequeño beso en mis labios—¿Entiendes?, tú también debes disfrutar la experiencia.
Le entendía pero, no respondí, dentro de mi cabeza podía escuchar una voz que gritaba como loca y me decía que era el capitán del Titanic y que iba derechito a estrellarme contra el iceberg. He aceptado la propuesta, negocié con él cada uno de los puntos del decálogo, pero seguía sintiéndome insegura y bordeando el pánico. El efecto Utakata hará que el naufragio del Titanic sea una jodida cosa minúscula si cuando acabe con esto, si dejo que mi corazón se involucre y termina roto.
—Si no estás segura, es mejor que paremos todo esto aquí —¿estaba leyendo mi mente?
—¿Echarme para atrás después de todo lo que hice? No soy una cobarde.
—El sexo es goce y no sacrificio, ayer en la mañana, cuando tu bata de baño apenas te cubría, pude haberte tomado y tú, aparte de darme las gracias, nada más habrías dicho. Puedes irte, Hinata, y llevarte tu ridículo decálogo. Te deseo, pero si para ti, esto va a ser una tortura, yo paso. Por más que te desee, no voy a tomarte como una virgen que va, igual que un cordero, directo al sacrificio—acotó enojado, mientras se apretaba el tabique nasal, haciéndome salir de mi aturdimiento mental.
—¿Qué es esto? ¿La ética del idiota? ¡No me iré! ya tomé mi decisión. Tú eres el profesor, deberías entender que estoy aturdida—dije caminando lejos de él.
—Te necesito aquí—puntualizó golpeando su escritorio, con sus dedos firmes—. Te necesito receptiva y segura. No llena de temores y dudas.
—¿Vas a enseñarme o no? Si soy demasiado para ti, me voy y me llevo mi decálogo.
¿Dije eso? Sí, Hinata Hyûga, tú lo dijiste.
—¡Maldición, Hinata!—se sonreía—Eres tan inocente y, aunque no lo creas, tan deseosa de aprender, te lo dije eres mi reto. Y no estoy considerando el favor que me pidió Kiba —alzó una de sus cejas.
—Pues, tú para mí, también eres un reto. Será interesante aprender sexo con un trío: tú, tu ego y mi inocente cuerpo—su sonrisa se convirtió en una carcajada.
¿Creías que yo tenía otros intereses? ¡Jódete, Uzumaki! Yo también te uso.
—Ya que estamos de acuerdo, afinemos algunos de los puntos de tu decálogo.
Sonrió ladinamente como el gato que tiene entre sus manos al pobre pajarillo. Irónicamente, así me sentía.
Hinata, la golondrina... Hinata, el jilguero... ¡Ja-já!
—Escucho, pero no prometo estar de acuerdo —dije sentándome en una de las sillas frente a su escritorio. Una cosa es que me sienta y otra cosa es que me vea como pajarillo.
Naruto caminó hasta su mullido sillón y se dejó caer, moviéndolo hacia un lado y otro, lo había visto hacer lo mismo en el programa.
—Desde el lunes en la noche hasta el sábado en la mañana, estarás en mi casa, te irás el sábado temprano y no regresarás hasta el lunes en la noche. ¿Estamos claros?—La idea no me gustaba pero asentí
—¿Otra cosa que deseas precisar?
—Tú no quieres una relación, yo tampoco, somos adultos y estamos claros que lo que tenemos es un trato, pero para las demás personas, vamos a disfrazar la realidad—mi cara debió ser un poema—. No daremos una rueda de prensa o un comunicado de que estamos felizmente enamorados. Simplemente, si nos ven juntos, bien y sí no, también.
—Razonable.
—Pero...—odiaba los peros—, para nuestros amigos, nuestras familias, estamos saliendo y somos pareja.
¡Diablos! ¡Qué diablos! Hola, soy Hinata, la novia de Naruto... ¡Voy a vomitar!
—¡No!—me levanté de la silla—. No estoy dispuesta a convertirme en tu apéndice.
—Tengo una familia, una madre y tú, una hermana a quien darle explicaciones—¿una hermana?—Hinata, no te pido que seas mi novia, solo te pido que finjas serlo ante mis padres y mis hermanos, así como yo fingiré serlo delante de Hanabi.
—¿Cómo sabes de Hanabi?
Naruto rió, abiertamente.
—¡Maldición, Hinata! ¿No me creerás tan ingenuo como para no haberte investigado?—volvió a mover su silla, solo le faltaba el gato para parecerse a El Padrino —. En fin, no sé tu hermana pero, mi madre hará preguntas. Tsunade es la única mujer que amo en este mundo y no la voy a dejar sin una respuesta.
—Estás mintiendo.
—¿En qué?
—Fûka Cort.
¡Maldición, Hinata! ¿Por qué no cierras la boca?
—¿Fûka?
—A ella ¿también la amas?
¡Correcto, Hinata! Ahora sí que eres una boca floja.
—Mmm, supongo que preguntas para entender lo del otro día, no por celos ¿verdad?
Te lo advertí, Hinata... te lo mereces por no cerrar tu bocota.
—Ya que vamos a "colaborar", me gustaría saber.
—Por Fûka siento algo muy especial, algo que no podrías entender, va más allá del amor estúpido y cursi que te estás imaginando. Ella es diferente.
—Fue la primera que te dijo no —coloqué los brazos en mi cintura, feliz de saber que algo no le había salido bien en su vida.
—Exacto, Hina.
—¿Podrías dejar de decirme Hina? Solo mi abuelo me llamaba así.
—¿Te cuidas?
Enarqué una ceja y miré en su dirección.
—Empecé a tomar refresco de dieta, no como frituras y uso el cinturón de seguridad cada vez que me subo a Mickey.
Naruto soltó una carcajada burlona, sus ojos se humedecieron mientras el agarraba su estómago e intentaba controlar su respiración al cabo de unos minutos volvió a hablar.
—Eso ha sido muy gracioso, pero la pregunta es ¿tomas anticonceptivas? —dijo burlón.
—Soy virgen, genio. Tú mismo lo descubriste—dije con desdén.
—Los anticonceptivos no siempre son para evitar embarazos, muchos ginecólogos los recetan para controlar el ciclo menstrual, entre otras variantes hormonales. Pensé que lo sabías todo, Hinata —dijo petulante, subiendo y bajando sus cejas.
—Nunca he tenido un problema con el ciclo menstrual, querido —le mostré una sonrisa hipócrita—. Del primer día al sexto de cada mes, tendrás que mantener las manos para ti solito o en su defecto, sobre tu miembro, mientras te masturbas —Naruto soltó otra carcajada limpia.
—Desde los trece años no me masturbo, Dulzura.
—Sí, como no...
—Digamos que siempre hay un par de manos extras dispuestas a hacerlo por mí y en esos días, estarán tus manos... o tu boca, cariño.
¿Mi boca? Ese asqueroso quería que yo me metiera su miembro en la boca, después de ver como la metía en el culo de la zorra del estacionamiento... ¡Estas muy loco, Uzumaki!
—No voy a hacer...—lo vi tomar el documento que firmamos.
—Eres una novata, yo soy tu instructor y debo enseñarte como se hacen las buenas mamadas, claro, dentro del plazo y a puertas cerradas. Eso dice tu decálogo.
¡Diablos! Odiaba cuando hacía algo y se volvía en mi contra.
—¡No dice hacer mamadas!—estaba ejerciendo mi derecho al pataleo.
—Si yo pienso que debes hacerme una mamada, tú lo harás, Hinata soy tu maestro, tu profesor, tu instructor.
—Ya te dije que no soy una sumisa—repliqué tajante.
—Y no quiero que lo seas, muñeca. Mira, antes de hablar de felatios, debemos ponernos de acuerdo en el método anticonceptivo.
—Sabes que existen los condones Naruto, no tengo que meterle hormonas a mi cuerpo para tu satisfacción —murmuré fingiendo hastío.
—Para satisfacción de los dos. Te voy a enseñar tantas cosas que agotaremos el stock de preservativos de la ciudad —iba a decir algo, pero continuó, ignorando mi gesto—. Además, tengo cierta aberración hacia el látex.
—¡Espera!, ¿tú nunca has usado un jodido condón?—pregunté levantándome de la silla.
—Por supuesto que sí, ¿no creerás que soy tan estúpido? A ti te voy a dar el privilegio que le he dado a muy pocas en la vida: te comerás el caramelo sin envoltorio, por eso debemos visitar un ginecólogo, en la Fundación contamos con excelentes profesionales, te puedo conseguir una cita de inmediato.
—Debí hacer alguna buena obra en mi vida pasada para que se me otorgara tal privilegio, follar hasta la muerte sin preservativo con Naruto Uzumaki, el mismo Dios del sexo... Tendré una buena anécdota para contarle a mis nietos —hablé con sarcasmo—y deja esos aires ridículos de dominante, yo tengo mi médico, tengo una clínica de confianza. Que no tenga experiencia sexual no me hace ignorante sobre el tema y las consecuencias que puede traer a nuestras vidas si cometemos algún error.
—Como quieras, Hina.
—¡Que carajos!—dije indignada, respiré profundamente tomando un poco de aire para calmarme—Vale, sí quieres fingir ser mi novio, nadie te va creer si sigues llamándome Hina. Mis únicos amigos son Kiba y Sai, el esposo de Ino. Familia solo tengo a Hanabi y los tres saben que odio que me llamen así.
—E, ¿Ino?—arqueó una ceja, confundido.
—¿Qué pasa con ella?— me encogí de hombros.
—¿No le extrañará si tu novio te llama asi?— expresó, irónico.
—Ino es mi mejor amiga, como intuías, ella lo sabe todo, desde tu dichosa propuesta hasta el decálogo, se lo envié por correo—Naruto colocó sus codos sobre el escritorio e inclinó su cuerpo hacia mí—, ella es mi publicista.
Sonrió de manera sarcástica antes de volver a recostarse en su sillón entrelazando sus dedos sobre su pecho.
—Bueno soy alérgico a las nueces y amo la esgrima tanto como odio el fútbol—dijo rápidamente.
—¿Y eso? ¿Cómo pasamos de anticonceptivos a "soy alérgico a las nueces"?
—Son cosas que mi entorno sabe de mí.
—Tendrás que decirme con quién mantendremos la farsa.
Naruto se levantó de su sillón y caminó hasta descolgar la foto de la pared
—Esta es mi familia, Jiraya y Tsunade mis padres adoptivos—a ellos los conocía, en la fiesta de salón—. A Karin ya la conoces, es mi hermana por cosas del destino. Él es Sasuke, y es el hermano que me dio la vida, solo con ellos y con Kiba me gustaría que mantuviésemos la imagen de ti como mi novia.
—Falsa.
—Eso, como mi novia falsa.
—¿Por qué Kiba? —pregunté curiosa.
—Porque no creo que le guste enterarse que transas sexo por conocimiento, te caerías del pedestal de pura y santa en el que te tiene.
—¡Kiba no piensa eso de mí!
—¡Claro que sí! es cosa de verle la cara cuando te mira.
¿Kiba? ... ¡lo que sea! tampoco puedo presentarme y decirle: hey Kiba, me estoy follando a Naruto porque así voy a sacar adelante el libro que K. Hatake quiere que escriba.
Naruto volvió a colgar la foto y suspiró.
—¡Muy bien! yo voy al ginecólogo por los anticonceptivos y tú te haces análisis de sangre, quiero estar...
—¡Estoy limpio, Hinata! Y tener una enfermedad venérea, sería el menor de mis problemas en este momento—dijo, interrumpiéndome, más para él que para mí.
¡Qué fascinación tenía este hombre con no dejarme concluir mis ideas!
—Relación de igualdad, mira el punto cinco—dije, levantándome—. Cuando tengas los exámenes, tú me buscas —él me sonrió socarronamente.
—Creo que deberíamos de sellar este pacto —extendí mi mano hacia él en un gesto de saludo pero de un solo impulso, salió de su cómodo sillón y se instaló a mi lado; de un tirón, me puso de pie y pegó mi pecho al suyo. Una de sus manos apretó mi cadera a su cuerpo y la otra, se posó bajo mi nuca—. Siempre sello mis pactos con un beso —murmuró antes de que sus labios se movieran suaves pero firmes contra los míos.
Una vez que dejó que mi mente volviese a funcionar, le vi con cierto cinismo y le respondí
—¿No vas a esperar a que vaya al ginecólogo?
—¡Oh no Hinata!, Este es un beso MF Premium, estoy de buen humor así que ahora mismo, a modo de introducción al curso, voy a dártelo —sentí nuevamente sus labios apoderarse con los míos esta vez más fuertes y demandantes, succionaba mis labios con fuerza, mordisqueándolos con alevosía.
Me aparté de él solo un par de segundos respirando profundamente antes que él volviese a atacarme, dejándome sentir todo lo que me desorientaba este hombre. El cosquilleo en mi cuerpo, la sangre volviéndose más espesa en mis venas, el latir desenfrenado de mi corazón, mi cuerpo actuando por decisión propia... Mis manos se enredaron a su cuello atrayéndolo más a mí, abriendo los labios para permitir que su lengua jugueteara con la mía.
Sentí cómo mi espalda completa se ajustaba a la puerta de madera, pero por primera vez desde que Naruto y yo nos conocíamos, él no estaba embistiendo sus caderas contra las mías. Él simplemente me estaba besando, con fuego, con pasión desbordante, marcando el ritmo de nuestros labios pero no estaba tratando de restregarse en mí y eso me gustó... Me gustó más de lo que alguna vez podría reconocerle.
Sus manos descendieron por mi costado, yo estaba casi de puntillas besándolo, casi con la misma intensidad con la que él lo hacía. Dejó sus manos en mi cintura y poco a poco el beso fue bajando de intensidad. La falta de aire por mi parte fue bastante notoria, así que Naruto terminó el beso con un simple roce de labios y descansó su frente en la mía, algo demasiado íntimo para dos personas que solo follarán.
Me alejé de su rostro, dejando que todo mi cuerpo se apoyara en la puerta. Sus manos dejaron mi cintura y una de ella, acarició mis labios con sus dedos.
—Siempre es un placer besarte, Hinata Hyûga. Dices no ser sumisa, pero tu cuerpo acata mis órdenes, sin que yo diga una palabra —murmuró bajo su aliento y yo no sabía si enojarme con el traicionero de mi cuerpo o cachetearlo por prepotente y engreído— espero que disfrutes la experiencia, porque yo, de seguro, voy a disfrutarla.
Sus dedos siguieron acariciando mis labios suavemente... Maldición, porqué me sentía como un títere en sus manos ¡No quería sentirme así!
—Te veré cuando tenga los exámenes y a partir de ahí, tengo noventa días para instruirte en el sexo. Tu cuerpo será mi cuaderno y la cama, nuestro pizarrón, te aseguro que tengo un lápiz bastante efectivo.
—Me conformo con que no sea como tu chiste.
Y, esa fue mi despedida.
Salí de la oficina, preguntándome internamente si Hanabi aceptaría irse conmigo a la Patagonia. Cualquier lugar lejos era bueno con tal de no volverme a sentir vulnerable ante Naruto Uzumaki.
Conduje tratando de asimilar en lo que me había metido. Ya no había marcha atrás, apenas llegué a mi casa, tomé el teléfono y le conté todo a Ino. No había pasado media hora, cuando la sentí llegar a mi departamento, yo estaba sentada en el suelo de mi balcón mirando hacia la ciudad, me sentía más frágil que nunca y, lo odiaba.
Agradecí que Ino tuviese una llave del departamento, pero más agradecí que sus brazos me rodearan con fuerza.
—Amiga ¿Qué hice?
—Cariño—susurró frotando mi espalda—Naruto no es Utakata— enfatizó—. Tú no eres la misma Hinata de hace cuatro años, ahora eres una chica fuerte.
Me aferré a su cuerpo y lloré como nunca. Lloré una vez más por la traición de Utakata y por la estúpida insistencia mía de no quererlo olvidar.
Utakata, el hermano mayor de Sai, fue mi primer y único amor, era mi príncipe azul, el típico chico guapo de la preparatoria que tenía loca a todas las chicas pero que me había elegido a mí. Con él, todo fue inocente y no me importaba, besos dulces bajo la lluvia, caricias sensuales en su auto cuando me traía a casa.
Estuvimos juntos un par de meses hasta que se fue a estudiar a la Universidad, el noviazgo siguió por teléfono y por internet durante dos años. Me juró amor eterno y me llenó de excusas cada vez que le preguntaba por qué no volvía a casa pero, yo era feliz y lo justificaba. Él fue la única persona que me declaró su amor, él me amaba, amaba a Hinata Hyûga, la chica que ni su madre quería... y eso, valía para mí más que cualquier otra cosa. Y entonces, mi abuelo murió.
George Hyûga, un Sargento de la Fuerza Aérea, serio, disciplinado y de severa moral, ejerció como mi padre, por eso, para su ceremonia fúnebre, Utakata llegó de la universidad. Vino con su cabello marrón oscuro, su largo flequillo que cubría la parte izquierda del rostro y sus hermosos ojos ambar, su metro noventa de estatura y su cuerpo delgado pero atletico. Apenas lo vi, me lancé a sus brazos, me aferré a él y no lo solté hasta que noté la firmeza con que trataba de separarme y, la vi a ella.
—¡Ya, basta, cariño! No llores más—las palabras de Ino me trajeron a la realidad—Entremos, si sigues aquí, te vas a congelar—tomó mis manos, me puso de pie y me hizo pasar a la sala.
—¡Lo haré, Ino! ¡Lo haré!—repetí, mientras mi amiga me sentaba en el sofá y corría hasta el pequeño closet del corredor.
—Si me dices que harás, puedo oponerme. Pero, no sé de qué hablas. Toma, cúbrete con esta frazada.
—Tendré sexo con Naruto, escribiré mi libro y me sacaré por siempre a Utakata de mi corazón.
—¡Oh, cariño! Utakata, pensé que ya lo tenías desterrado—me abrazó sobre la manta.
—Yo también, pero todas estas—intenté que mis manos me ayudaran a definir la situación—tratativas con Naruto lo trajeron de vuelta.
—Tú eres certera. No puedes permitir que algo que pasó hace tanto tiempo, domine tu vida.
—Ya no quiero más, quiero hacer desaparecer a Utakata de mi vida, pero... ¡Estoy tan asustada!—temblé un poco.
—Naruto y el libro, pueden ayudarte con ese propósito.
—Naruto es... es arrogante, es egocéntrico pero también es un experto, la manera en la que me toca me hace sentir cosas que solo viví con Utakata y no sé si pueda superarlo.
—¡No! ¡Abandona el proyecto! ¡Santo cielo!—Ino se agarraba la cabeza, mientras daba vuelta en círculo por la sala— ¡vuélvete escritora de niños! cualquier cosa pero, no dejes que el fantasma de ese sinvergüenza te quiebre de nuevo.
Ino no me estaba entendiendo.
—¡No puedo! Tengo veintiséis años no quiero llegar a los treinta recordando el sin sabor de una relación fracasada y con temor de experimentar cosas nuevas.
—Pero, ¡mira cómo estás!
—Estoy bien, fue un jodido ataque de pánico.
—Tú no sufres de eso.
—Amiga, me dio pánico saber que con Naruto, por razones de trabajo, llegaré más lejos de lo que logré con Utakata en cualquiera de nuestras citas de amor —aunque odiaba hacerlo, hice con mis dedos, comillas al aire —y que su traición ya no será el escudo que me mantiene en una patética zona segura.
—¿Entendí mal o me estás diciendo que un clavo saca otro clavo?
—Entendiste mal. Esto, lo que hay entre DSex y yo, es trabajo. Acá, el amor no entra — ¡Joder! ¿Cómo era esa canción que en los ochenta cantaba Tina Turner?—. Solo espero que cuando me meta en sus sábanas, a Utakata le caiga una tonelada de olvido.
—No lo sé... ¿estás segura, Hinata?—asentí —. Sabes que te apoyaré en lo que decidas, sin embargo debes saber que con las emociones humanas no se juega. Cualquier error de cálculo, por muy pequeño que sea, puede ser nefasto.
—Naruto no es Utakata —murmuré, levantándome del sofá—. A él yo no lo amo, esto es solo un pacto, por más vulnerable que me sienta, esto es solo un trato con reglas claras, un fin específico y con fecha de caducidad.
—Así es, muñeca—Ino me dio la mano y la ayude a levantar. Fuimos a mi habitación y no supe en qué momento me quedé dormida.
Cuando me levanté la mañana siguiente, Ino estaba en la cocina preparando el desayuno; tostadas con huevo y tocino, fruta picada y zumo. Estaba hambrienta, casi no había podido comer nada el día anterior.
—¡Por fin! pensé que tendría que ir a despertarte—dijo apenas me vio entrar a la cocina.
—Huele bien—mi estómago ladraba furiosamente, aun así sonreí, mostrándole que me sentía mejor. Ino dejó un plato en la barra de la cocina y me señaló.
—Son casi las 10:30 de la mañana. He dicho en la oficina que tengo cita en el doctor con Inojin así que, ¿qué te parece si vamos al salón de belleza y nos damos un día de chicas?—dijo ella tan pronto me senté en la barra de la cocina.
—Creo que si llegas con un cambio de look, todos se darán cuenta que mentiste.
—Mmmm, tienes razón, pero qué tal si el cambio es para ti. Un corte de cabello, una depilación total—negué con la cabeza.
—Ino, no es buena idea—murmuré, llevando un poco de huevo con tocino a mí boca.
—Salgamos de aquí, ¡anímate!—mi amiga sonrió y se sentó a mi lado.
Abrir la caja de pandora el día anterior, había sido doloroso, como siempre, pero una vez que ella se cerraba, el dolor quedaba atrapado y yo, seguía con mi vida.
—Necesito ir a un lugar, ¿me acompañas?
—Hasta el fin del mundo, pero pasamos primero por mi casa.
—Gracias, por venir, por quedarte—apreté su mano y ella me devolvió el apretón.
—Sabía que me necesitabas, somos amigas ¿puedo preguntar a dónde vamos?
—Al consultorio del Doctor Gaara Sabaku no.
Habían pasado varios días desde que había visto al Doctor Sabaku no. El edificio donde funcionaban sus oficinas era enorme, incluso más que el de "Vitae∞FIRHA". El Doctor Sabaku no iba de salida cuando llegamos, pero aun así, decidió atenderme.
Pasamos de estar en un recibidor impersonal a una cálida oficina, decorada con fotos de dos niños, uno podría tener doce años y el otro unos, ¿diez?
—Si vas a tener relaciones sexuales, es un buen momento para cuidarte, puedo recetarte un anticonceptivo inyectable o uno de comprimido, también están los parches de hormonas y los chips.
Negué.
—Soy bastante olvidadiza con los comprimidos y los parches he escuchado que suelen despegarse, no va ser por mucho tiempo así que tampoco necesito algo muy duradero —Gaara me miró enarcando una de sus cejas—. Un inyectable está bien—murmuré despreocupada. Un leve toque en la puerta hizo que el Doctor Sabaku no frunciera el ceño antes de decir un adelante.
Una mujer pelirroja, bastante joven se asomó por la puerta.
—Perdón, pensé que estabas solo, Audrey no está en recepción.
—Iba a buscarte para almorzar, te envié un mensaje —dijo él con una sonrisa bailando en sus labios. Sus ojos brillaban.
—Mi celular se quedó sin batería, te espero en el restaurant, ¿Te pido lo de siempre? —él asintió y ella cerró la puerta.
— ¿Cuántos días faltan para tu periodo? —con un suspiro, volvió a preocuparse de mí.
—Tres—afirmé, sacando cuentas mentales.
—Aplícala cuando tu período se haya ido, debes hacerlo mensual. La Mesigyna, libera la cantidad de hormonas necesarias para que no haya fecundación—asentí cuando me dio la receta. Ino y yo nos despedimos rápidamente y salimos del consultorio.
Los días siguientes, estuve con Kiba editando las nuevas escenas de mi libro, estaba posponiendo la escena sexual, pero sin duda los besos de Naruto Uzumaki, habían contribuido a que Tanahi y Menma tuviesen momentos realmente candentes.
No vi a Naruto en los siguientes tres días, pero escuchaba su programa, estaba desarrollando un placer culpable, es que ese hombre desbordaba una sensualidad al hablar que me tenía colgando en un hilo. Solo esperaba que no se rompiera.
Tal como lo había predicho, mi período llegó y con ello, el primer fin de semana de Hanabi en casa. Siguiendo el consejo de Ino, hicimos más y hablamos menos, cuando la fui a buscar, compré un ramo gigante de rosas y la llevé al cementerio.
Al principio la tensión entre ambas fue evidente, pero luego, en casa, la situación se relajó y coloqué una de mis películas favoritas, "Virgen a los cuarenta". Steve Carell interpretando a un hombre que había esperado a la mujer indicada era divertido, Hanabi y yo reímos mucho.
El domingo en la mañana cuando volvía de mi caminata matutina, el portero me entregó un extraño sobre de color marrón. Palidecí cuando leí el nombre Naruto Uzumaki marcado en el remitente; cuando entré a mi departamento, ya había recuperado la calma.
Estaba preparando el desayuno cuando Hanabi salió de su habitación con los ojos aún cerrados por el sueño, se sentó en la barra e ignoró completamente el sobre a su lado, había ido al Internado con el deseo de que aceptara mi propuesta de empezar de cero y conocernos mejor, aunque le tomó tiempo decidirse al final, había aceptado. Este era un nuevo comienzo para las dos.
—¿Puedo redecorar mi habitación? —preguntó, después de unos minutos.
—Es tu habitación —contesté.
—Pero esta es tu casa, y no falta mucho para que tenga la mayoría de edad.
No quería dañar nuestro nuevo comienzo, así que solo asentí. Por la tarde fuimos al centro comercial y salimos cargadas de bolsas. No tuvimos contratiempos, más bien, fue relajado y para celebrar este primer paso en la nueva relación Hanabi-Hinata, fuimos a un restaurante italiano, a comer lasaña.
El lunes en la mañana, llevé a Hanabi a la escuela, hice varios pendientes y regresé a casa a media tarde. El sobre sellado que Naruto me había dejado todavía estaba cerrado, lo había ignorado a propósito, no quería que su contenido afectara mi fin de semana, así que rasgué la parte superior, saqué los documentos y vi que cayó un pequeño papelito.
Léelos con detenimiento, investiga lo que tengas que investigar.
Estoy limpio, avísame cuando empieces a tomar los anticonceptivos.
Estamos en contacto.
Naruto
Nada sarcástico. Revisé todos y cada uno de los documentos y en efecto, estaba limpio. Tomé mi celular rápidamente y envié un mensaje de texto:
Fui con el ginecólogo.
En dos días más estaré en condiciones.
Tú dirás.
Hinata
No contestó, tampoco esperaba que lo hiciera...
Era jueves por la tarde y aún no sabía de él, me preguntaba internamente si se había arrepentido, mientras intentaba empujar un poco mis límites y escribir una buena escena de cama, pero siempre fallaba en el intento. Dios, tenía una imaginación muy vívida pero, a la hora de "cama", era una mojigata.
En la mañana había ido a comprar el anticonceptivo que me había recomendado el Doctor Sabaku no y el farmaceuta lo había colocado en mi brazo derecho, era como si aplicasen una vacuna cualquiera. Pasé casi media hora, antes de ir a cancelar el producto debido a la vergüenza. Suspiré profundamente, mientras releía el último párrafo escrito
«Ella podía sentirlo, sentía su aroma, su vitalidad, sus fuertes músculos bajo su la ropa. Menma no solo desprendía un poderío que la hacía sentir débil, Menma era mucho más. Era a lo que ella más temía en un hombre a pesar de eso, sus labios devoraban los de él casi con la misma ansia que él devoraba los suyos. Sintió cómo sus manos le acariciaban el abdomen y gimió por la sensación de sentir piel con piel.
Menma tocó su entrepierna, aún cubierta por una finísima tela de encaje y... »
Demonios estaba atrancada...
Continuará...
