Hola de nuevo amigues, sé que me fui por varias semanas, la verdad no he calculado cuanto tiempo pasó, pero debo decirles que la razón fue fuerte, pero ya los malos ratos acabaron :D. Afortunadamente mi familia está sana y sólo queda rehabilitar a mi padre, lo que es un trabajo de paciencia y persistencia.

Espero ustedes se encuentren mejor y recuerden cuidarse

Y ahora los dejo con esta cutre historia:

Capítulo 17

Los preparativos para construir la máquina ya estaban en proceso, Marc y el Profesor Tornasol estaban ocupados arreglando los últimos detalles, Tintín y el capitán estaban ideaban un plan para recuperar a la chica, pero había en contra muchos obstáculos, Elizabeth había sido la primera en entrar contacto con ellos, sus dudas eran, si ellos también podrían hacer lo mismo, Tintín propuso intentarlo esa misma noche, no perdían nada con hacerlo, además aquellos genios mecánicos estaban construyendo de manera impresionante la máquina; unos cuántos arreglos más y quedaría tan nueva…

Por otro lado Elizabeth no parecía pasarla de lujo, Claire de alguna forma la había llevado al interior de una cueva, era antigua y tenía ciertos símbolos desconocidos por ella, estaba alumbrado por antorchas y el escaso sonido en su interior le ponía los pelos de punta, respiró por sexta vez, no podía dar marcha, aquel pasillo semi oscuro le estaba dando demasiada información, se dejó atrás lo rústico para dar paso a una habitación un poco más moderna, era como un pequeño estudio, libros tirados por doquier, plumas secas y libretas con una caligrafía en cursiva, observaba todo con detenimiento, su corazón se aceleró cuando posó la vista en un atril con un libro abierto: había un símbolo satánico, era al estrella. Elizabeth dio un salto atrás, esto era una pésima señal, ¿qué cosa habría hecho Belafonte?, caminó alrededor de todo el símbolo, Agatión, era el nombre que se repetía seguido, ¿qué es esto, se preguntaba la joven.

Algo le decía que todo aquello era un lugar de rituales, era un vibra en el ambiente que se lo afirmaba, tocó su hombro como dándose ánimo, no era una mujer de creencias, pero estar en aquel momento sola le trajo mucho miedo, decidió salir de ahí, pero por el rabillo del ojo notó algo peculiar… era un cráneo humano. Elizabeth soltó un gritito, ¿de dónde diablos salió eso?, dudó en tomarlo, ¿era real o un decorativo gótico?, al final lo tomó, curiosa lo examinó, parecía ser real.

Cruzó al otro extremo del lugar, lo hizo con mucho cuidado de no pisar aquella enorme estrella y lo hizo, no se había percatado de otra puerta, dejó el cráneo y la abrió, le sorprendió unas escaleras, así que bajo con cuidado, no fue mucho lo que bajó, pero esa tenue luz le brindó un descubrimiento espantoso: había ropa de mujer en todas partes…

- ¿Qué mierda es esto? - dijo asustada.

Elizabeth rodeaba la montaña de accesorios de mujer, ropas, zapatos, de estos últimos pudo notar que eran de diversas culturas, ¿cómo lo pudo saber?, todo ellos estaban hechos de diferentes telas, los símbolos que rodeaban algunas prendas; pero, ¿por qué tenía todo esto?, ¿acaso era el lugar para desprender la vida de todas esas mujeres?, ¿y con qué propósito lo hacía? Elizabeth no comprendía todo lo que observaba, no daba crédito de todo lo que observaba, rápido se preguntó si ese sería su destino ahí… ¡Qué importaba!, debía salir rápido de este mundo y proteger su vida, corrió sin mirar atrás, dejó su miedo en cada paso que daba; Elizabeth pensaba en sus amigos, en su vida en Inglaterra y en su aventura previa… ¿acaso morir sería su destino?

- ¡No quiero morir, no lo hará! - gritaba desesperaba por los pensamientos que surcaban su mente.

Su desesperación no le hizo ver que aquel choque con esa figura lo cambiaría todo…

- ¡Elizabeth!, ¿dónde rayos te metiste? - decía Belafonte al mismo tiempo que le ayudaba a incorporarse.

- ¡Tú las mataste!, ese no será mi destino-

-…-

La mirada del chico bajó, su silencio parecía responder por él, la chica lo miraba con espanto y rechazo, ¿por qué lo hizo?...

-Creo que te debo una muy larga explicación-

-Debe ser una buena para creerle a un mitómano psicópata-

- ¡No lo hice por placer!, fui obligado, yo jamás creía que al hacer este pacto las cosas se tornarían grotescas y … malvadas-

- ¿Qué pacto? - Elizabeth hizo memoria y recordó ver aquel símbolo extraño en el suelo. –Oh…, ¿qué mierda hiciste? –

Belafonte no dijo nada y al chasquear sus dedos ambos habían aparecido en la enorme mansión, Elizabeth se encontraba alerta ante todo movimiento, estaba claro que ahora o nunca el estar alerta era su prioridad. Aquel sujeto le indicó seguirle, ella dudó por un momento a lo que él respondió:

-Si ya hubiera querido matarte lo habría hecho desde un principio-

Parece lógico

-Sólo te advierto que no dudaré en defenderme- contestó con seguridad.

El chico no dijo nada, tenía una mirada de arrepentimiento, sólo asintió y la llevó a su estudio, estaba todo ordenado, extrañamente calmado para la situación que se estaba dando…

-Eli, ¿podrías tocar tu cabello? - dijo serio.

- ¿Para qué? - contestó confusa.

-Solo hazlo, necesito que lo veas por ti misma-

Elizabeth hizo caso y sin jalar su cabello lo tomó n un mechón, de pronto este se desprendió sin un motivo, asustada observó aquello con atención, volteó hacia el joven, claramente esperaba una explicación.

-Estás perdiendo tu vida- dijo con desánimo.

-¡Qué!, que me estás diciendo- exaltada se paraba de su asiento agitando aquel mechón.

-Él te está chupando la vida Eli, todo es mi culpa, pasó hace mucho tiempo atrás, como sabes soy el mismísimo Luis XVI, dentro de mi palacio existía la creencia de que un ser poderoso ayudaría a mi linaje a cambio de algo, para mí fue muy fácil invocarlo, esa misma noche murió mi esposa y el reino se fue al carajo, la maldita plebe se salió con la suya, pero yo sobreviví, aquel demonio me dejó vivir si yo conseguía una joven de corazón puro, y otra condición… La cuál no diré por vergüenza mía-

-No puedes guardarte nada, digo, me has metido en un montón de situaciones y ahora tan tranquilo dices que mi vida se está apagando, hay que tener un poco de congruencia chico-

-una cuestión de la sexualidad, Eli, sabes a qué me refiero-

-Para ser un psicópata sigues siendo cortés-

-No todos tenemos que ser iguales, ¿conoces el concepto de diversidad? -

-Qué gracioso, entiendo a lo que te refieres-

-No supe leer las letras chicas del contrato, y la condena de múltiples vidas siguió para mí, así cada siglo, cada año, hasta que te conocí-

- ¿Por qué no paraste? -

- La codicia, nunca pensé que vivir se convertiría en una droga, era necesaria, con ella descubría nuevas culturas y veía transformaciones en todos los sentidos: arquitectura, costumbres, vestimenta, política, todo eso, yo no quería morir, pero para seguir viviendo alguien más tenía que tomar mi lugar-

-Eso es muy perturbado-

-Eli, pero contigo es diferente, me he enamorado de ti, deseo que estés conmigo, por esa razón te cuento todo lo que he hecho, no permitiré que esta vez Agatión se salga con la suya-

-No, en verdad no puedo seguir aquí, ¡sácame de aquí! - grito eufórica.

Belafonte se acercó a ella, Elizabeth temerosa se arrinconó en una esquina, pensaba que era lo último que vería esa noche, pero sus temores se esfumaron, el joven la rodeó con sus brazos de manera cálida, la chica sin saber qué hacer se quedó ahí parada, aún nerviosa trató de zafarse, pero no contaba que un enorme cansancio la hizo caer en los brazos de Belafonte, su visión se nubló y no supo más de la vida en ese instante…