Capítulo 7: ¿Es esto… eso?
Colegio Jackson Heights, Nueva York
28 de mayo del 2026, 15:31h
La conversación con Stacie deja a Chloe con la mosca detrás de la oreja el resto del día, y está tan distraída que varias veces sus alumnos tienen que hacerle correcciones o recordarle por dónde iban.
Cuando por fin suena el último timbre del día, Chloe tiene casi más prisa por irse por fin a casa que sus alumnos.
Está segura de que, si no fuera porque al ir hacia la puerta tropieza con un tambor que alguien ha dejado tirado en el suelo, se habría marchado sin mirar atrás. Pero el retumbar hueco que deja escapar el instrumento le abre los ojos al estado de alborote en el que siempre dejan el aula de música.
De modo que se despide de sus alumnos con una última tarea para el día siguiente y aún tarda media hora más en terminar de recoger y guardar todos los instrumentos en sus respectivas cajas y armarios.
Ya son cerca de las cuatro cuando finalmente empuja abierta de par en par la puerta principal del colegio y cruza a paso rápido el parking hasta donde dejó su Prius.
Para entonces, la impaciencia es más fuerte que ella y se aísla en el interior de su coche con las puertas cerradas y las ventanas subidas hasta arriba. La mayoría de los estudiantes ya se han marchado a sus casas en sus coches y los buses, pero todavía quedan algunos remoloneando por el perímetro del colegio.
Saca el iPhone de su bolso, el cual tira sin cuidado alguno sobre el asiento del copiloto mientras toda su atención se centra en el smartphone que descansa en la palma de su mano y todo el poder que contiene.
Tiene todavía los mensajes de Aubrey sin leer, así que entra primero en el chat con su mejor amiga antes de distraerse con otras cosas.
Bree (12.02)
Chloe
Esta eres tú?
tmz,com / beca-mitchell-romance-nuevo-hotel-fotos-348373
Qué pasó en la reunión exactamente?
Chloe (15.59)
Luego te cuento 😬
Prometido
.
Habiendo cumplido ya con esa parte, Chloe busca el contacto de Beca entre sus favoritos y presiona el pequeño icono de las videollamadas.
Hay ciertas conversaciones que se deben tener cara a cara, pero como esa no es una opción factible para ellas por el obvio impedimento de que viven en extremos opuestos del país, el FaceTime debe bastar por ahora.
Chloe casi se ha hecho un piercing en el labio inferior con sus propios dientes mientras espera a que los pitidos cesen y la imagen en negro se convierta en el rostro de Beca.
Cuando por fin la videollamada se conecta, Chloe está tan aliviada que prácticamente se olvida de respirar. Pero, en vez de la sonrisa de Beca, lo que la recibe en la pantalla es la imagen temblorosa de un techo.
- ¿Becs? – llama, tentativa –. ¿Te pillo en buen momento?
- Sí, sí, dame un segundo, Chlo – escucha que responde la voz lejana de Beca antes de continuar una conversación que Chloe claramente ha interrumpido.
Se siente ligeramente culpable, porque en su prisa por conseguir respuestas para todas sus dudas no se paró a pensar en que era probable que Beca siguiera trabajando, aunque en Los Ángeles ya fueran las siete de la tarde.
Sin embargo, al mismo tiempo una calidez se expande por su pecho porque, a pesar de estar visiblemente ocupada, Beca está dispuesta a pausar el frenético ritmo de su vida por unos minutos solo para hablar con ella.
Es una sensación muy placentera saber que es tan especial para Beca, y Chloe se estremece con ella.
Una mano aparece en cámara, una mano que Chloe reconocería en cualquier sitio, y la imagen vuelve a temblar cuando esos largos dedos se cierran en torno al contorno del iPhone para levantarlo de la mesa.
Chloe por fin recibe lo que tanto esperaba: la sonrisa de Beca y el brillo cariñoso de sus ojos azul medianoche.
- Hey – saluda Beca, su voz queda y con cierto toque de algo que Chloe no sabe interpretar del todo pero suena como timidez.
- ¿Interrumpo algo importante?
- No, no – le asegura Beca con una sonrisa tranquilizadora –. Solo me estaba despidiendo de Beth.
Chloe asiente.
Conoce a Beth, es la publicista de Beca desde prácticamente sus inicios como artista bajo el ala protectora de DJ Khaled.
Las veces que Chloe había acompañado a Beca a algún evento semi importante, Beth siempre se había asegurado de cuidar de ella y no dejarla sola ante el peligro de los reporteros con malas intenciones y los famosos con incluso peores intenciones.
Siempre le ha gustado Beth; es eficiente y la mejor en su trabajo, pero también dice las cosas tal cual son, sin dulcificarlas, y Chloe considera que esa es una cualidad importante en el mundillo en el que se mueve Beca.
- No sé si leíste mis mensajes… – continúa diciendo Beca, descansando la cabeza en el respaldo blanco de su silla de cuero –. Supongo que no, porque no respondiste y eso es raro en ti – guiña los ojos al sonreír.
- Me quedé a la mitad – admite Chloe con una mueca –. Stacie me llamó, y luego tuve que volver a clase y no he tenido ni un solo minuto de paz… – explica girando una muñeca en el aire y poniendo los ojos en blanco –. Ese es, en parte, el motivo por el que quería hablar contigo así.
- Bueno… – la imagen tiembla cuando Beca apoya el móvil sobre su mesa de cristal y usa algo para mantenerlo de pie sin tener que usar sus brazos –. Solo te decía que Beth se ha ocupado de que esas fotos desaparezcan.
- Oh – exclama Chloe, sorprendida –. Qué rapidez.
Beca asiente con una risita.
- Sí, bueno… – se encoge de hombros, tratando de quitarle importancia a lo que vaya a decir después –. Le metí prisa. No quería que tuvieras ningún tipo de problema en el colegio.
La sensación de calidez se acrecienta en el pecho de Chloe hasta el punto de que se plantea bajar una ventanilla para que corra un poco de aire.
Traga saliva y fija su mirada sincera en la imagen de Beca.
- Gracias, Bec.
La morena desvía la mirada brevemente y vuelve a hacer un gesto con la mano para simbolizar que no ha sido para tanto.
- ¿Y cuál es el otro motivo de que quisieras hablar conmigo? – pregunta Beca para cambiar el tema.
Es un poco brusco, un poco cantoso, pero Chloe lo permite porque sabe que las emociones sinceras le incomodan.
- Oh, um… – ahora es Chloe la que muestra señales de timidez, y es que no está muy segura de cómo sacar el tema y no está muy segura de si realmente quiere saber lo que Beca opina, o si esta es una de esas situaciones en las que es mejor vivir en la ignorancia.
Pero toda una vida de experiencia le ha demostrado que es mucho mejor hablar las cosas que dejarlo todo en el aire, a interpretación personal de cada uno.
Porque entonces es cuando se empieza a asumir lo que no es, y a confundir lo que es, y así es como se estropea todo.
- En realidad… – empieza a decir, solo para cambiar de idea a medio camino y no acabar nunca la frase. Sacude la cabeza y deja escapar una risa un poco nerviosa –. Antes, cuando estaba hablando con Stacie… Dijo algo que…
Frunce el ceño y suelta un resoplido frustrado, frotándose la frente con los dedos. ¿Por qué le está costando tanto preguntar algo tan simple?
Alza la mirada de su regazo y ve la curiosidad, y la ligera preocupación, y la paciencia con la que Beca está esperando a que organice sus pensamientos y exprese lo que quiere expresar como quiere expresarlo.
Y es como si pudiera sentir a su corazón hacerse, en ese preciso momento, un par de centímetros más grande.
Traga saliva y, extrañamente, se siente reconfortada por la ligera sensación de opresión que ahora siente contra sus costillas. Así que opta por decirlo así, sin más, directa y sin tapujos, y rezar para que el resultado sea el mejor posible.
- ¿Recuerdas…? – su voz se quiebra a mitad de la palabra. Chloe se humedece los labios, y vuelve a intentarlo –. ¿Recuerdas cuando Stacie nos habló de los pactos de los diez años? – pregunta por fin.
Ve una arruga aparecer entre las cejas de Beca mientras rebusca en sus recuerdos, de modo que le da más contexto para ayudarle.
- Era nuestro último año de Barden, ¿yo acababa de volver de esa cita tan horrible con el tío que me tiró el vaso de vino encima de mi jersey favorito? – ofrece en tono dubitativo.
Se da cuenta del momento en que Beca lo recuerda, porque es como si una chispa se encendiera detrás de su azul medianoche.
- Uh-huh – asiente –. Recuerdo que me lo pediste a mí porque no te quedaba otra opción – le pica con una sonrisa juguetona en los labios.
Chloe resopla, como diciendo "venga ya", y alza los ojos hacia arriba para luego volver a bajarlos con un revoloteo de sus pestañas.
- Tú eras mi única opción – confiesa en un tono que lo hace sonar tan obvio como lo fue para ella entonces, y como lo sigue siendo ahora, y que no deja lugar a dudas.
Beca sonríe, y Chloe puede ver las silenciosas burbujas de deleite que llamean en el fondo del mar revuelto que son sus ojos. De rebote, le proporciona satisfacción ver a Beca tan satisfecha por esa pequeña pieza de información tan aparentemente irrelevante.
- Si no te lo pregunté a ti ya de primeras fue para no ser tan transparente y ahorrarnos los comentarios de las Bellas.
Beca bufa una risa y le da la razón con un asentimiento.
- Pero…
Y aquí es donde viene la parte complicada de toda esta conversación, la parte que tiene a Chloe llena de nervios e inseguridad. Frunce el ceño y su mirada revolotea por todo el interior del coche, indecisa.
Con lentitud, como si le doliera pronunciar cada palabra y requiriera un enorme esfuerzo mover su lengua alrededor de cada uno de los sonidos, plantea su pregunta:
- ¿Es esto… eso?
Beca parece saber inmediatamente cuál va a ser su respuesta pero, por algún motivo, se contiene de decir nada.
Quizá las dudas y la indecisión de Chloe son contagiosas. Quizá Chloe no es la única insegura, la única con un poco de miedo a la reacción que va a provocar si dice lo que realmente piensa y siente.
-Si te soy sincera… – empieza a decir Beca, cautelosa –. Ni siquiera me acordaba del pacto.
- Yo tampoco – Chloe se apresura a dejarlo bien claro ahora que tiene la impresión de que Beca y ella están de acuerdo en cómo quieren manejar la situación.
Beca asiente lentamente y se pasa la lengua por los dientes frontales mientras su mirada se desliza por su despacho.
- Entonces… – ofrece Chloe para continuar la conversación.
- No – Beca sacude la cabeza en una negación –. No fue por eso.
Chloe siente tanto alivio al escuchar esa respuesta que su coronilla golpea el reposacabezas de su asiento cuando se echa hacia atrás con un profundo suspiro.
- Creo que, simplemente, ¿era algo que tenía que ocurrir? – dice Beca, aunque la forma en que entona la frase delata que no está del todo segura de ella.
Guiña los ojos y ladea la cabeza, buscando la manera de expresarlo mejor.
- No por ningún pacto – prosigue Beca –, sino solo porque ambas seguíamos teniendo la curiosidad de cómo sería y… – gira una mano en círculos en el aire, encogiéndose de hombros –, resultó que se dieron las condiciones perfectas para que pasara.
Chloe solo mueve la cabeza de arriba abajo para demostrar que está de acuerdo.
- Vale – dice en una exhalación. Asiente y abre los ojos para regalarle a Beca una sonrisa tranquilizadora –. Vale – repite, para sí misma o para Beca, Chloe no lo sabe, pero se transforma en una breve risa cuando se da cuenta de que está usando la misma palabra que le prohibió utilizar a Stacie.
- ¿Sí? – aun así, Beca busca un poco más de confirmación por su parte y Chloe piensa que es absolutamente adorable.
Tiene que morderse con fuerza el interior de su mejilla para no decir cualquier tontería.
- Sí – asegura –. Acabo de salir de una relación de tres años que creía que iba a acabar en matrimonio – le recuerda, torciendo la boca en una mueca y haciendo un rápido movimiento de cejas –. Así que… Sí – ríe.
- Bien – ahora es Beca quien suspira de alivio y sonríe, recostándose en su silla de cuero.
- Lo que pasa en Atlanta, se queda en Atlanta – bromea Chloe con un guiño juguetón.
Beca le pone los ojos en blanco por su uso de ese cliché tan trillado, pero aun así suelta una risa. Se mece de lado a lado como una niña pequeña aburrida.
Cuando sus ojos azules caen sobre Chloe, esta puede ver en ellos un brillo inquisitivo que delata que Beca se ha quedado con el gusanito de la curiosidad, que hay algo que quiere saber aunque puede que no tenga importancia alguna.
Ladea la cabeza y sonríe en una invitación silenciosa.
- Mmhh entonces… Y solo por pura curiosidad – comienza a decir Beca antes de interrumpirse a sí misma para hacer esa pequeña aclaración y cambiar de postura en la silla, cruzando una de sus piernas debajo de su cuerpo.
La sonrisa de Chloe se ensancha porque todavía, a estas alturas de su amistad con Beca, siente un pequeño chispazo de orgullo cada vez que interpreta correctamente las señales silenciosas de su mejor amiga.
Le proporciona inmensa satisfacción ver que la conoce tan bien que, a veces, Beca ni siquiera necesita decir las cosas para que Chloe sepa qué está pasando.
- Si esto hubiera ocurrido en otras circunstancias… – continúa la morena mientras sus labios se curvan en una sonrisa y sus pestañas descienden para mirar a Chloe de forma algo coqueta –. ¿Te plantearías salir conmigo?
Chloe se echa hacia atrás con una carcajada, hasta que choca con el asiento y se acuerda de que está en el coche, el cual todavía sigue aparcado en el parking del colegio.
Roba un vistazo rápido a través del parabrisas hacia la explanada de cemento desierta para comprobar que no haya nadie que pueda estar siendo testigo de su conversación, y devuelve su atención a la pantalla de su móvil.
Beca espera su respuesta sin molestarse en ocultar su curiosidad.
- ¿Si las circunstancias fueran diferentes? – repite a modo de pregunta para verificar las condiciones –. Sí, por qué no – se encoge de hombros, despreocupada –. Siempre he pensado que haríamos buena pareja.
Si Beca está sorprendida por su respuesta, no lo deja ver.
Su rostro mantiene la misma expresión juguetona que, si eso, solo se acentúa más al recibir esa confirmación por parte de Chloe: sus cejas se arquean unos centímetros, su sonrisa se tuerce un poco hacia la izquierda, sus ojos se oscurecen.
- Tenemos… – Chloe hace una pausa deliberada y lanza una mirada firme y calurosa por debajo de sus pestañas –, química.
El azul medianoche de Beca reluce, iluminado por el flash de una multitud de recuerdos.
- Sí – coincide, y es absurdo lo seductora que es capaz de hacer sonar a esa simple palabra monosílaba –. Eso ha quedado más que demostrado.
Chloe no se muestra de acuerdo en voz alta pero sabe que Beca podrá ver el brillo de sus propios recuerdos de esa noche en su azul bebé.
- Pero – dice con un chasquido decepcionado de su lengua –. Todavía no estoy preparada para rendirme con mi vida amorosa.
- Amén – asiente Beca –. Es pronto para eso, aún nos quedan muchos años de cagadas y desengaños – puntualiza sus palabras con un guiño bromista.
Chloe ríe, y aunque suena como mal augurio, como una profecía hecha por una pitonisa pesimista, sería de tontos decir que no tiene algo de razón.
Parte de intentarlo significa arriesgarse a caerse y arañarse las rodillas mil veces, porque también significa que si tienes suerte habrá alguien a tu lado que te tienda una mano para ayudarte a levantarte y te cure las heridas.
Su iPhone vibra en el enganche que lo mantiene en vertical sobre los ventiladores del salpicadero y la mirada de Chloe se desvía al mensaje entrante.
Bree (16.20): Vale
Bree (16.20): Llámame cuando puedas 😘
Suspira al recordar que había quedado en explicarle todo a su mejor amiga, y no quiere ni imaginar cómo va a reaccionar Aubrey cuando le cuente la historia al completo.
- ¿Todo bien? – inquiere Beca en tono ligeramente preocupado.
- Sí – asiente Chloe. Se frota un ojo y deja que su mano resbale por el lateral de su rostro hasta su cuello, donde sus dedos giran para abarcar su garganta de lado a lado en un agarre protector.
Finge no darse cuenta de que Beca ha seguido todo el movimiento con su mirada porque no puede ser que no terminan de salir de una espiral y ya están cayendo en otra.
- Es Bree – explica en tono cansado –. Vio las fotos y…
Chloe no necesita acabar la frase, simplemente hace un gesto con su mano que lo dice todo por sí solo.
- ¿Exactamente…? – pregunta, los ojos entrecerrados de manera inquisitiva y la cabeza ladeada –. ¿…cuánto quieres que sepan las Bellas?
Beca bufa una risa un tanto irónica.
- Considerando que Stacie ya lo ha averiguado, poco importa lo que yo quiera o no quiera que sepan.
- Cierto – ríe Chloe.
Y, como el camino de conocerse tan bien que pueden leerse como dos libros abiertos es uno de doble sentido, Beca esboza una suave sonrisa.
- Cuéntale lo que quieras a Bree, Chlo – la pelirroja desvía la mirada, sabiéndose pillada –. Primero, es Aubrey, y podrías decirle que has matado a alguien que se lo llevaría con ella a la tumba.
Chloe resopla una risa, pero asiente, porque Beca tiene razón.
Aubrey será muchas cosas, pero cotilla no es una de ellas. Tiene un sentido del honor demasiado fuerte para eso. Y, al contrario que con el resto de las Bellas, con Aubrey tiene la seguridad de que no va a ir repitiendo sus secretos a cualquiera que quiera escucharlos.
- Y, segundo, es tu mejor amiga – concluye Beca –. No quiero que tengas que ocultarle cosas solo por mí.
Chloe esboza una sonrisa agradecida y lamenta no poder darle un abrazo a Beca porque ahora mismo se muere por sentirla cerca de ella.
Asiente para sí misma y respira con más tranquilidad. Todavía no está segura de cómo se lo va a tomar Aubrey, pero eso está fuera de su control, y solo saber que no tiene que jugar a las evasivas y las medias verdades ya es suficiente para ella.
- Te dejo para que habléis – ofrece Beca con una pequeña sonrisa.
Se despiden con promesas de hablar pronto y Chloe se queda un momento sentada en el silencio en el que está ahora sumido su Prius.
Con un suspiro, gira las llaves en el contacto y enciende el motor.
Icarus, Los Ángeles
10 de julio del 2026, 08:05h
El pling de las puertas del ascensor al abrirse causa que Beca interrumpa el tarareo distraído de la canción que iba escuchando en su coche antes de dejarlo aparcado en el parking del edificio.
Levanta momentáneamente la vista de su móvil, su dedo pulgar suspendido sobre la pantalla. Cruza por el hueco dejado por las planchas de acero en movimiento y despega un dedo del vaso de cartón de su café para introducir el código de entrada a su discográfica.
A través de las puertas de vidrio templado puede ver la recepción, iluminada a raudales por el sol mañanero de los meses de verano. La mesa está vacía, pero el termo y el bolso de Bertha reposan sobre la superficie, indicando que ya ha llegado aunque no se encuentre presente en ese momento.
Un pitido electrónico desbloquea las puertas y Beca empuja hacia abajo el manillar metálico, frío contra la palma de su mano.
El viejo entarimado, que Beca insistió en mantener porque le daba un toque hogareño a la oficina, cruje bajo sus pies cuando entra, pero ella ya está acostumbrada y no presta atención alguna al sonido.
Devuelve su mirada al feed de su Instagram mientras rodea la recepción para entrar en la oficina. Da un par de likes a las fotos que le aparecen al deslizarse por la app y luego, con un suspiro, bloquea el móvil.
- Buenos días – saluda, todo lo alegre que es capaz en estas horas de la mañana.
Recibe algunos murmullos de respuesta, algunos saludos, de los pocos miembros de su equipo que ya están sentados en sus mesas. Beca zigzaguea entre ellas para llegar a su despacho, sin pensar siquiera en las numerables ausencias.
Sabe que el tráfico en Los Ángeles puede ser un auténtico infierno, especialmente en plena hora punta, por eso tienen un margen de tiempo extensivo para llegar antes de que se empiece a considerar que llegan tarde.
Se detiene al lado de una mesa llena ya de varios vasos de café vacíos y envoltorios de barritas energéticas y chucherías varias, lo que indica que su ocupante lleva unas cuantas horas trabajando.
Beca posa una mano suave en el alto respaldo de la silla, pero aun así, su diseñadora estrella, Alice Wu, se sobresalta y gira la cabeza para mirar por encima de su hombro.
- Oh, ¿ya son las ocho? – murmura, sorprendida y desorientada.
Parpadea un par de veces para espabilarse y se frota los ojos con cansancio. Empuja sus cascos para que se deslicen por su liso y negro pelo hasta caer alrededor de su cuello.
- ¿Cómo lo llevas? – inquiere Beca sin molestarse en ocultar su diversión.
Su mirada se desliza a la pantalla del Mac, abierta en Photoshop y mostrando parte de un diseño colorido; y luego a los restos de cartón y aluminio empujados hacia un lateral de la mesa para que no invadan su espacio de trabajo.
- Si necesitas un poco más tiempo no pasa nada.
Pero Alice sacude la cabeza antes incluso de que Beca termine la frase. Se estira en la silla para hacer estallar su espalda y presiona una serie de comandos en el teclado para que se guarden sus avances.
- A las diez debería tener listas un par de propuestas – promete con un movimiento de cabeza lleno de convicción.
Beca asiente, complacida.
- Perfecto – sonríe –. A esa hora debería estar en… – Beca guiña un ojo tratando de recordar su agenda –, la sala cinco. Pero si no me encuentras ahí…
- Le pregunto a Kyle, sí, sí – le interrumpe Alice con una risa, demostrando que ya sabe de sobra que su asistente es la mejor forma de dar con Beca cuando Beca no está donde dijo que iba a estar.
Alice la echa de allí agitando sus manos como si tratase de espantar moscas, alegando que la distrae y necesita volver a trabajar antes de perder el flow. Beca recula, entre risas, con las manos alzadas en señal de paz.
Se asoma brevemente por el umbral de la cocina para saludar a los que están allí desayunando. Al pasar por delante del despacho de Kyle ve que todavía está vacío, de modo que da los diez pasos que separan su puerta de la de su asistente y entra en su cubículo acristalado.
El sol ya está alto por encima de los edificios que les rodean y cae directo en su despacho.
Beca deja su café en la superficie de cristal de su mesa y enciende el Mac. En seguida ve cómo el número de emails sin leer que aparece sobre el icono del correo electrónico empieza a crecer sin freno y se deja caer en la silla con un suspiro agotado.
Se pone a eliminar todo lo superficial: spam, invitaciones a eventos en los que no tiene interés alguno, notificaciones que ahora ya no sirven para nada.
Y en esto está, entre sorbos distraídos de su café todavía excesivamente caliente, cuando ve acercarse a Kyle a través de los cristales, andando todo lo rápido que sus largas piernas le permiten sin echar a correr.
Arquea una ceja y deposita el vaso de cartón cuidadosamente de vuelta en su mesa, entrelazando los dedos sobre el cristal.
- ¡Habemus reunión con Epic Records! – anuncia Kyle en tono excitado nada más se asoma al umbral de la puerta abierta del despacho. Lleva el iPad en una mano y lo agita de forma triunfal, como si fuera un deportista con su trofeo en el podio más alto.
Ante esa noticia, Beca se reaviva y se estira en su silla con obvio interés.
- ¿En serio?
Kyle asiente mientras acorta el espacio hasta plantarse frente a la mesa.
Llevan persiguiendo a la discográfica desde hace meses para que valoren su propuesta de traspasar a Madison Beer a Icarus, pero no lograban más que evasivas y promesas vagas de que lo considerarían y les llamarían de vuelta.
Beca ya lo daba por perdido, pero es una grata sorpresa descubrir que todavía quedan esperanzas.
- Acabo de colgar hace cinco minutos – Kyle señala con un pulgar por encima de su hombro para señalizar lo reciente que está todo –. Quieren verte el viernes a las nueve de la mañana en sus oficinas.
Beca chasca los dedos y se levanta del arrebato de energía repentina que se ha apoderado de ella, su mente ya funcionando a toda velocidad.
Junta ambas palmas como si estuviera rezando y se da golpecitos con el borde en los labios mientras piensa en todo lo que tienen que dejar organizado para que pueda estar el viernes en Nueva York.
- Valevalevale – murmura en una letanía, más para sí misma que para Kyle. Apunta sus manos juntas a su asistente y le mira con absoluta seriedad –. Cancela todo lo que tenga para el viernes, me da igual lo importante que sea o las pegas que pongan.
Es tajante al dar la orden, porque sabe que Kyle usará la misma energía cuando comunique las noticias. No piensa arriesgarse a perder esta oportunidad por algo que probablemente es fácilmente reprogramable.
Kyle hace un gesto de cabeza para indicar que ya contaba con ello, pero Beca no está prestando atención.
- Y creo que incluso podemos matar dos pájaros de un tiro – comenta, aunque su tono suena incierto –. Porque, si no recuerdo mal, Zane Lowe está esta semana en Nueva York para entrevistar a Lady Gaga y Alicia Keys…
Inclinada sobre su mesa, una mano sobre el cristal y la otra en el ratón del Mac, navega por el buzón de entrada de su correo electrónico en busca de la conversación que mantuvo con la secretaria de Zane Lowe.
- …y estuvimos hablando porque quería tenerme en su programa, pero no conseguíamos que nuestras agendas cuadraran – continúa explicando Beca en tono distraído, su ceño fruncido.
Kyle emite un sonido de comprensión, y rodea la mesa para ponerse a su lado.
Beca localiza el hilo de emails tras una breve búsqueda y pincha sobre la agenda que va adjunta. Su mirada la recorre de arriba abajo en un par de segundos y deja escapar una exclamación de triunfo al confirmar sus sospechas.
- Te da tiempo de sobra, después de la reunión con Epic Records – observa Kyle.
- Exacto – asiente Beca mientras alarga una mano a ciegas en busca de su iPhone.
Toma asiento en su silla y abre la app de mensajes, deslizándose por los chats hasta que encuentra el nombre del DJ entre sus contactos.
Beca Mitchell (08.12)
Hey Zane
Dame buenas noticias
.
- ¿Quieres entonces volver en el mismo viernes?
La pregunta de Kyle distrae a Beca, que se queda con los pulgares suspendidos en el aire a punto de comenzar a escribir el siguiente mensaje.
Frunce el ceño y alza la mirada hacia su asistente, quien permanece a su lado, ligeramente recostado contra el borde de su mesa y mirando con extrema intensidad la pantalla iluminada de su iPad.
- Puedo cogerte el último vuelo del día – ofrece –. Saldrías de Nueva York a las once de la noche.
Beca se pausa.
El nombre Nueva York va automáticamente asociado a otro: Chloe. Y, ahora que su mente no está ocupada con el bullicio de cincuenta planes y estrategias formulándose a la vez, vuelve a establecer esa conexión.
Normalmente, Beca no diría nada sobre su viaje a Nueva York. Iría y volvería en el mismo día, ocuparía las horas con reunión tras reunión y con el menor número de distracciones posibles para economizar su tiempo al máximo.
Pero, dos meses más tarde, su noche con Chloe todavía plaga sus pensamientos a todas horas.
Y, además, le debe una cena.
- No – responde tras su breve meditación –. Coge uno para el sábado – y, aunque no quiere asumir nada que no le corresponde, no puede evitar añadir –: Pero no antes del mediodía.
Kyle parece decidir que la opción más sensata es no hacer comentario alguno y solo muestra su sorpresa en un leve movimiento de cejas y cabeza. Asiente y acata la orden de inmediato, tocando algo en la pantalla de su iPad.
- Y coge uno para ti – finaliza Beca –. Quiero que estés presente durante la reunión con Epic Records.
Kyle no lo sabe todavía, pero Beca se está considerando convertirle en algo más que su asistente.
Le vendría genial una mano derecha, alguien con quien compartir el gran número de responsabilidades que viene con dirigir una empresa en un mercado altamente competitivo.
Lo único que le está frenando un poco, y es algo completamente egoísta que Beca sabe que en realidad no tendrá problema alguno en superar una vez se decida, es que perdería al mejor asistente que jamás ha tenido.
Pero sabe que Kyle tiene muchas más capacidades que para ser su simple secretario, y sabe que entre los dos serían capaces de encontrar alguien que le sustituyera en su cargo y fuera igual de competente.
- ¿Y los obreros? – pregunta Kyle con el ceño fruncido –. Te recuerdo que empiezan el jueves a remodelar el estudio tres.
Beca desestima la objeción con un batir de su mano.
- Los chicos pueden supervisar eso – hace un gesto de barbilla hacia la plantilla y las mesas, ahora llenas con sus respectivos ocupantes –. Déjales los planos para que sepan cómo debería ser, y listo.
Kyle asiente y se aprieta el iPad contra el pecho para disimular la emoción que realmente le provoca que Beca quiera que le acompañe. Se incorpora de la mesa para dirigirse hacia la puerta y ponerse a trabajar.
- Ah – llama Beca antes de que el joven abandone su despacho –. Pero el coche de alquiler lo elijo yo – recalca con una mirada llena de insinuaciones y un dedo acusatorio.
Kyle deja escapar una risita y alza las manos en señal de rendición. Se marcha con la cabeza baja, tecleando animadamente en la pantalla de su iPad mientras termina con los arreglos del viaje.
Beca baja la mirada al iPhone que todavía descansa entre sus manos y lo desbloquea.
Beca Mitchell (08.17)
Dime que tienes el viernes libre
Y que seguirás en NY
.
Sale del chat con Zane Lowe y entra en el de Chloe, que se mantiene siempre en la parte de arriba entre los más usados.
Beca (08.17)
No hagas planes para el viernes por la noche
Tienes una cena conmigo 😉
Chloe (08.20)
Beca Mitchell!
Siempre tan romántica…
No te preocupes, soy toda tuya el viernes por la noche 😉
A/N: En honor a Alice Wu, que nos regaló Saving Face y The Half of It, las dos rom-coms de bolleras con final feliz y un pellizco de cultura china que el mundo tanto necesitaba. Si no las habéis visto ya, ¿a qué estáis esperando?
PD. También basado en hechos reales de una conversación que tuve con mi madre.
- Yo, escribiendo: me voy a dormir en un rato, que estoy con el flow.
- Mi madre: ¿y quién es ese?
Tengo que quererla.
