Capítulo 17: El precio de la inocencia.
-"¿Cómo que debemos partir ya?" - preguntó Tasuki aún afectado por la pérdida de Chiriko. -"¿A dónde vamos a ir?" - dijo con desesperanza.
Miaka, que aunque también estaba dolida por la muerte de su joven guerrero, no desistía en su deseo de recuperar el tesoro de Byakko, tomó la palabra y se dirigió a sus compañeros.
-"Sé que estáis desanimados y cansados. Yo también. Sé que estáis enfadados por las desventuras que hemos tenido que sufrir. Nadie está más lleno de ira que yo misma. Dos de mis guerreros han muerto, ¡dos de nuestros amigos!"- alzó la voz emocionándose ante la atenta mirada de sus compañeros. Por eso, os pido que canalicéis ese sentimiento, que os sirva de motivación para seguir avanzando, por ellos, por vosotros, por vuestra sacerdotisa..."- como un líder que pronuncia un discurso a sus seguidores más devotos, la sacerdotisa hablaba mirando a todos y cada uno de sus guerreros. -"...para acabar con el indeseable de Nakago, y todo Seyriu, porque nos han arrebatado a dos de los nuestros." -la pasión y la emoción con la que arrojaba sus palabras, impresionaron a los presentes y la motivación en su causa se contagió a los demás.
Una vez hubo captado la atención de sus compañeros de nuevo, Miaka se creció y sacó el colgante que contenía el tesoro de Genbu y se lo mostró orgullosa.
-"Esto nos da esperanza"- dijo sujetando el colgante en alto. -"Recuperaremos el tesoro de Byakko, e invocaremos a Suzaku, y ¡le pediremos que destruya a Nakago y a todas las estrellas de Seyriu!"- dijo alzando su voz. -"y que sufran..."- murmuró entre dientes.
Chichiri no estaba tan entusiasmado como el resto. Notaba la sed de venganza en el discurso de Miaka, y no pensaba con claridad. Temía que ella actuara con demasiada impulsividad, cosa que ocurría frecuentemente cuando las emociones la desbordaban, al igual que Tasuki. Ciertamente, esos dos eran tal para cual.
Miaka les contó la conversación que había mantenido con Yui en el templo budista, y las dudas surgieron entre sus guerreros.
-"A mí me suena a trampa"- sugirió Tasuki poco confiado. -"Lo siento Miaka, pero hasta ahora, la buena fe de tu amiga ha brillado por su ausencia." - dijo en un tono irónico.
-"¡Conozco a Yui desde que era pequeña!"- rebatió Miaka molesta. -"Ella no tiene mal corazón, es solo que estaba manipulada y por fin se ha dado cuenta y ¡quiere enmendarlo!"
-"Uummm..."- Chichiri se dispuso a intervenir. -"Tasuki tiene razón, Miaka, si. No podemos fiarnos..."
Miaka se cruzó de brazos frustrada y Tasuki le dirigió una mirada reprobatoria.
-"Pero..."- continuó Chichiri. -"...es la única opción que tenemos, si".
A pesar de sus reticencias por el estado de ánimo de la sacerdotisa, Chichiri no veía otra salida para conseguir el tesoro del dios Byakko.
Las miradas de Tasuki y Miaka se clavaron en Chichiri a la vez. Miaka no pudo evitar esbozar una sonrisa de satisfacción.
-"¿Queeeeeeeeé?" -Tasuki gritó incrédulo. -"¿Nos hemos vuelto locos o qué? ¿Piensas dejar que Miaka se meta ella sola en la boca del lobo?"
-"Yo no dije que iría sola" - afirmó el monje con rotundidad. -"Todos nosotros la acompañaremos hasta allí. Después ella entrará en la tienda de Yui, pero uno de nosotros la acompañará por precaución. Durante todo ese tiempo, y para que no nos descubran, yo crearé una barrera invisible a nuestro alrededor para ocultar nuestras fuerzas vitales.
Una vez que el plan de Chichiri estuvo bien definido, todos se prepararon para partir enseguida, ya que consideraron que la oscuridad de la noche los ayudaría a pasar inadvertidos, al menos visualmente.
Miaka cogió algunas provisiones que guardó en su bolso, y salió de la casa. Pudo ver a Tamahome preparando los caballos y en el otro extremo, a Tasuki hablando con Xifang muy acaramelados. De nuevo, eso la disgustó. Cuando Xifang se retiró, Miaka se acercó hasta el bandido.
-"Parece que te llevas muy bien con Xifang" - dijo ella sin poder evitar mostrar su malestar.
Tasuki solo se encogió de hombros y le dió la espalda. Eso a Miaka le enfadó más.
-"¡No me ignores! ¡Estoy intentando tener una conversación contigo!" -le regañó enfurecida.
Tasuki se giró para mirarla, pero continuó sin decir una palabra. Él ya había decidido dejar a un lado el amor que sentía por su sacerdotisa, pero ¿por qué ella tenía que insistir tanto? Maldijo dentro de su cabeza.
-"Tasuki,..."- su voz sonó ahora más suave. -"...supongo que ya sabes sobre lo que siento por ti..." - Miaka se armó de valor para confesarle sus sentimientos.
No, Miaka, para...
-"...y entiendo que tú no sientas lo mismo, pero..."
-"Basta" - la interrumpió el bandido en tono neutro sin dejarla terminar.
Miaka, sorprendida por su ruda reacción, quedó paralizada.
-"Ya te habrás dado cuenta que yo no siento nada amoroso por ti" - dijo fingiendo indiferencia. -"Y sinceramente, hablar de eso ahora me parece completamente fuera de lugar, el cuerpo de Chiriko aún está caliente"
La cara de Miaka palideció, y su estómago se le hizo un nudo. Su pecho se afligió y notó una fuerte presión que la agobiaba por dentro. Tasuki se volteó, dándole la espalda una vez más para evitar mirarla a la cara. Esas palabras hirientes, probablente él sufría más que ella al hablarle de ese modo, pero estaba decidido a hacer que ella lo odiara. Una gota de sudor cayó por su sien, y antes de que pudiera arrepentirse y estrecharla entre sus brazos para callarla con un beso, avanzó para alejarse de aquel lugar.
-"¡Para coquetear con ella no es mal momento!, ¿verdad? ¡No eres más que un hipócrita!" - gritando y fuera de sí, Miaka dió por zanjada la conversación. Estaba tan enfadada que ni siquiera le salían lágrimas. Tasuki era un bruto, pero ¿desde cuándo era tan cruel? Ella ya no lo aguantaba más. No quería estar a su lado nunca más.
Tasuki de espaldas a ella, cerró sus ojos con fuerza. ¿Estaba haciendo lo correcto? El tono de Miaka, sus palabras, estaban llenas de odio. Había conseguido que ella al fin lo odiara, y él podría soportarlo, pero hacerla sufrir así, era demasiado. Era lo que siempre había reprochado a Tamahome, y ahora él estaba haciendo lo mismo, o más bien peor. Pero no quedaba otra salida si no quería sufrir más cuando ella se marchara de vuelta a su mundo.
Tras algunas horas a caballo, decidieron ir a pie lo que quedaba de camino para ser lo más silenciosos posible. Chichiri activó la barrera y por fin avistaron el campamento, compuesto por 4 tiendas blancas,altas y de tela gruesa, una de ellas con el símbolo de Seyriu, tal y como Yui le advirtió.
Detrás de unos matorrales, el grupo se detuvo y comenzaron a discutir el plan.
-"Bien. Miaka, es tu turno, si. Tamahome te acompañará al interior de a tienda, si."- ordenó Chichiri.
-"¿Y por qué Tamahome?"- protestó Tasuki. Miaka lo fulminó con la mirada y Tasuki no tuvo más remedio que desistir.
Una vez Miaka y Tamahome partieron, Chichiri agarró al bandido por la camisa y le llevó aparte, mientras Mitsukake vigilaba.
-"Hay miradas que matan, y la de Miaka era la más asesina que he visto nunca. ¿Qué demonios le has hecho ahora?"- le reprendió el monje bastante enfadado. El juego que se traían los dos jóvenes lo traía de cabeza, y no soportaba ver a Miaka sufrir.
-"¡Chichiri, no estoy de humor!"- el bandido se deshizo del agarre del monje de malas maneras.
-"¡Vuestros rifirrafes amorosos están acabando con mi paciencia!"- confesó Chichiri exasperado.
-"¡No es asunto tuyo!"- dijo Tasuki enojado.
-"¡Lo es desde el momento en que haces daño a Miaka!"- hubo una pausa, y el monje decidió suavizar el tono. Debía ser él quién mantuviera la calma ya que sabía de sobra que entrar en una discusión a gritos con Tasuki no llevaría a ninguna parte, el bandido solo se alteraría más.
-"No es propio de ti comportarte así con ella, si..." -dijo Chichiri más sosegado. -"¿Qué te ha pasado?"- preguntó mirando a los ojos de su compañero en un intento de conectar con él.
Efectivamente, la estrategia de Chichiri funcionó, y Tasuki se relajó, sus cejas dejaron de fruncir su ceño y cayeron para revelar una expresión de nostalgia y tristeza. Su mandíbula también se destensó y sus labios se curvaron hacia abajo.
-"No sé qué es lo que estoy haciendo"- confesó al fin Tasuki con la mirada perdida. -"Yo... estoy como perdido, ya no estoy seguro de si estoy haciendo lo correcto, o solamente estoy dando tumbos. De lo único que estoy seguro es de que la amo, y quisiera estar con ella como antes, pero luego ella se irá y yo..."-el bandido se detuvo, las palabras le salían a trompicones. No era capaz de expresarse correctamente.
-"Así es el amor amigo mío"- Chichiri le puso una mano reconfortante en el hombro. -"Es confuso e impredecible, y nubla nuestro juicio. Pero te diré una cosa: negarse a uno mismo un sentimiento tan profundo como el amor, duele más que el mismísimo desamor."
Tasuki no se sintió mejor, pero el saber que alguien comprendía cómo se sentía lo consoló.
-"¡Espera!"- Tamahome detuvo a la sacerdotisa con su agarre.
-"¿Qué pasa?"- preguntó entre susurros una Miaka impaciente. -"¡Esta es la tienda que lleva la marca!"- continuó susurrando.
-"Es muy raro que no haya nadie vigilando"- decía Tamahome mientras miraba desconfiado a su alrededor.
-"No esperarán visita, supongo"- Miaka estaba cada vez más nerviosa.
-"Yo entraré primero"- dijo Tamahome colocándose delante de ella.- "Si todo está bien, saldré para avisarte y entonces podrás entrar" -Miaka asintió. -"Si no salgo, no entres, ve directamente donde Chichiri y los demás. Ellos sabrán que hacer".
Tamahome se dirigió a la carpa y cruzando la entrada de tela, desapareció. Miaka se escondió no muy lejos para esperarlo. Ella quería entrar ya y acabar con ello cuanto antes para encontrarse con Yui, salir pitando de allí e invocar a Suzaku con los dos tesoros de los dioses. Parecía tan fácil, pero la espera le parecía una eternidad.
Tamahome se encontró de repente en una habitación lujosa, apostaría a que se trataba de una de las habitaciones del Palacio de Konan. Estaba confuso, ¿qué hacía él allí? Y más importante, ¿qué estaba haciendo él antes de aquello?
-"¡Tamahome!" - Miaka entusiasmada apareció bruscamente por la puerta de la habitación y se echó a sus brazos. Tamahome seguía confundido, pero no pudo evitar estrechar el pequeño cuerpo de su amada sacerdotisa.
-"Ohh Tamahome" - sin dejar de abrazarlo, ella se apartó un poco hacia atrás para mirarlo a los ojos. -"¡Menos mal que estás bien!" - Miaka apoyó su cabeza el el fuerte pecho de su guerrero.
-"Qué... ¿qué ha pasado?"- preguntó aún desorientado.
-"¿No lo recuerdas?"- ella se apartó de nuevo para mirarlo sorprendida.
Chichiri también apareció entrando por la puerta.
-"Es normal que no recuerdes nada, si. Tan solo hace un par de horas que tu organismo desechó el veneno de Nakago, gracias a Mitsukake.
-"¿Veneno?" - Tamahome se agarró la cabeza con ambas manos. Se sentía un poco mareado.
-"Efectivamente" - Hotohori también estaba de pie en la entrada.- "Chichiri,Tasuki y Miaka te sacaron de Kuto, donde Nakago te tenía drogado y secuestrado. Una vez aquí, Mitsukake pudo prepararte un antídoto para neutralizar la droga que tenías en el cuerpo."
-"Tasuki..."- Ese nombre, era la primera vez que lo escuchaba, pero le sonaba familiar. La alegría de ver a Miaka y sus amigos de nuevo, hizo que se olvidara rápidamente de ese "déjà vu".
-"¡Pensé que no te volvería a ver!" -Miaka volvió a acurrucarse entre sus brazos.
Aunque todo le era familiar, Tamahome tenía la sensación de que se le escapaba algo, pero no sabía qué. Enseguida lo achacó a los efectos residuales de la droga y finalmente se dejó envolver por la agradable sensación del abrazo de su amada.
Miaka ya no podía esperar más, ¿por qué tardaba tanto? Algo no iba bien. Se acercó sigilosamente hasta la tienda y pegó su oreja a la lona, pero no se escuchaba nada. Pensó en volver con los demás, pero y ¿si Yui había sido descubierta? No podía abandonarla, ni a ella ni a Tamahome. Decidida, agarró su arco y una flecha de su espalda y cautelosamente atravesó la entrada a través de la puerta de tela. No lo parecía desde fuera, pero por dentro la tienda era muy amplia. Enseguida vió a Tamahome sentado inconsciente apoyado en un lado. Rápidamente se acercó hasta él y lo zarandeó suavemente.
-"¡Tamahome! ¡Despierta!"
-"Él ya no está aquí"- una voz masculina la sobresaltó.
Al girarse, vió a un hombre que le pareció extraño y a la vez, repulsivo, Tomo.
-"Qué...¿qué le has hecho?"
-"No te preocupes querida. Él está mejor que tú ahora mismo"- dijo con una risa perversa. Miaka sintió un escalofrío.
Tomo le mostró un pequeño espejo de mano donde podía verse a ella misma besando a Tamahome.
-"¿Qué es esto?- preguntó inquieta.
-"Es lo que Tamahome desea, así que le he regalado una vida donde será feliz."- Miaka miró el espejo de nuevo contrariada. -"¿Lo ves? No soy tan malo."
-"Una ilusión..."- dijo pensativa mirando a su guerrero inconsciente. -"¡Tamahome! ¡Escucha mi voz, por favor! ¡No es real!"- gritó desesperada.
-"No puede oirte"- dijo Tomo disfrutando de la escena en el espejo.-"Digamos que está ocupado con otro asunto."
-"¡Maldito pervertido!" - Miaka levantó su arco y apuntó a la estrella de Seyriu.-"¿Dónde está Yui?"- le dijo amenazante.
-"Oh eso..."- dijo poniéndo un dedo índice en su barbilla fingiendo estar pensativo. -"Me temo que eso tampoco fue real"- Tomo soltó una breve risita.
Los ojos de Miaka se agrandaron. Todo había sido una trampa. Enfurecida, estiró la cuerda de su arco, lista para lanzar la flecha, cuando una repentina energía hizo volar su arma fuera de su alcance.
-"¿Qué pensabas hacer con eso, niña?"- la voz masculina le sonó familiar.
-"¡Nakago!" - Desarmada, un frío sudor le recorrió la frente.
-"¿Tan ingenua eres?- dijo con una sonrisa malvada.
Chichiri había cerrado los ojos para concentrarse. Había percibido un aura extraña y quería localizar su origen.
-"¡Están tardando demasiado!"- Tasuki no podía parar de mover su pierna haciendo obvio su nerviosismo.
-"Cierto, ya deberían estar de vuelta, si."- Chichiri estaba preocupado. Había demasiada calma, y ese aura... algo no estaba bien.
-"¡A la mierda!"- Tasuki se levantó de un salto y sin decir nada más fue dirección a las carpas.
-"¡Tasuki espera!" - Demasiado tarde. El bandido ya se había alejado de sus compañeros. Chichiri resopló y dirigió su mirada hacia Mitsukake quién simplemente se encogió de hombros.
Chichiri continuó la búsqueda de aquella perturbación mental, debía averiguar qué estaba pasando.
Sin que su sonrisa lo abandonara, Nakago se acercó hasta la sacerdotisa. A ella solo le quedaba retroceder hasta que notó el tejido de la lona en su espalda. Ya no había escapatoria, este sería su final. Nakago estiró su mano y agarró la barbilla de la muchacha con sus largos dedos, Miaka intentó apartar su cara, pero fue inútil.
-"Ahora dime... ¿dónde escondes el tesoro de Genbu?"
Sus rostros estaban tan cerca el uno del otro que ella pudo notar su aliento en su mejilla. Nakago bajó la mirada hasta el escote de la chica, su sonrisa se amplió y después giró su cabeza para hablarle a Tomo, quién se encontraba a un lado, junto a Tamahome, mirando la escena con ojos perversos.
-"¿Qué haces aún aquí?"- Le dijo, su sonrisa remplazada por una dura y autoritaria expresión. -"Sus amigos no estarán lejos. ¡Ve a buscarlos!"
Tomo se sobresaltó, y pese a su disgusto, obedeció, dejando a Tamahome sumido en la ilusión mental.
-"Bien,..."- la sonrisa de Nakago volvió a dibujarse en su rostro. -"¿Por donde íbamos?"- sus dedos aún sostenían la barbilla de Miaka. Hincó su rodilla entre sus piernas contra la lona, bloqueando así el cuerpo de su presa, e impedir que se moviera. Él era un auténtico depredador. Miaka tragó saliva cuando notó el dedo índice de su otra mano bajando por su escote hasta encontrar el collar con el tesoro de Genbu.
En ese mismo instante Tasuki entró por la pesada cortina que hacía las veces de puerta y por un momento se quedó petrificado al ver a Nakago acosando a Miaka. Ambos se quedaron mirando a los ojos por un segundo, pero Tasuki no tardó en reaccionar.
-"¡Maldito bastardo!"- dijo entre dientes.
Una rápida patada golpeó la cara del rubio, haciendo que el colgante de la sacerdotisa se rompiera y terminara cayendo al suelo. Miaka, una vez libre, instintivamente corrió hasta él para recuperarlo, pero de nuevo la fuerza invisible la empujó hacia la pared de tela de la carpa.
-"Eso me sorprendió"- dijo Nakago limpiándose el pequeño hilo de sangre que brotaba de su labio. -"Eres fuerte, pero no lo suficiente como para derrotarme". - levantó su mano con la palma abierta hacia el frente para liberar su fuerza.
Tasuki sintió una opresión en el cuello que lo levantó del suelo, arrastrándolo y dejándolo inmóvil contra la lona.
Nakago cogió el colgante y con una expresión de triunfo se lo metió en el bolsillo.
-"Ahora..."-dijo acercándose de nuevo hasta Miaka. -"...me aseguraré de que dejes de ser sacerdotisa."
Con sus dedos, apartó unos mechones del cuello de ella y pasó su lengua lasciva por su garganta. Miaka sintió un desagradable escalofrío que le revolvió el estómago.
-"¡Apártate de ella!"- gritó Tasuki impotente, sus ojos ardiendo de furia.
Nakago lo miró curioso, y soltó una breve carcajada.
-"O ¿qué?"- le preguntó mientras agarraba el cuello de la sacerdotisa con su mano. Provocadoramente y sin apartar sus ojos de los del bandido, Nakago deslizó su mano desde el cuello de Miaka hasta su escote, abriendo ligeramente su camisa y rozando uno de sus pechos. Una lágrima cayó por la mejilla de la muchacha ante tal humillación.
-"¡NO LA TOQUES!"- Tasuki luchaba con todas sus fuerzas por liberarse del poder que lo mantenía inmóvil. Era como si una cadena invisible rodeara sus muñecas y tobillos.
-"Jajajaja"- Nakago no pudo evitar reírse. -"Tú la amas..."
Los ojos de Miaka se abrieron perplejos.
-¡Tsk! -Tasuki chasqueó con su lengua en disgusto. -"¡TE MATARÉ SUCIO BASTARDO!"
-"Pero niña, ¿qué haces para que todos los hombres caigan rendidos a tus pies?" - la mano de Nakago regresó a su cara, para presionar con sus dedos sus mejillas con el objetivo de mirarla bien. -"no estás mal, pero no dejas de ser una chica corriente. Tendré que averiguar qué es eso tan especial que posees..."- el rubio guerrero acercó su boca contra la de Miaka, y empujó su lengua para abrirse paso forzadamente.
Tasuki se retorció por dentro. No podía soportar ver a su amada con otro hombre, pero ver a Nakago abusar así de ella lo estaba destrozando.
-"Generalmente no me agrada tener público en este tipo de situaciones..."- dijo dirigiéndose al bandido. -"... pero ver tu cara mientras hago mía a tu amada sacerdotisa me excitará aún más."- su perversa sonrisa contrastaba contra la dureza en la expresión del bandido, sus ojos oscuros de rabia.
-"¡Eres un maldito loco sádico!"- Tasuki protestó. -"Te mataré... te mataré, pero primero te haré sufrir..." - como si la locura se hubiese apoderado de él, su tono se volvió frío y áspero.
Por el contrario, Miaka no podía articular palabra. Ya ni siquiera se esforzaba en resistirse. Iba a suceder, se había resignado. La idea de ser tomada contra su voluntad, por un hombre sádico y violento, podría afrontarlo. ¿Pero semejante humillación delante del hombre al que ella amaba? Eso la rompería por dentro. Jamás lo superaría.
La conciencia de Chichiri entró en un estado de meditación absoluta. A través de una telaraña de ondas mentales, se abrió paso hasta una conciencia perturbada y se introdujo en ella. Inmediatamente, se dio cuenta que se encontraba en los jardines del palacio de Konan. Miró a su alrededor, siguió el sonido de unas alegres risas que se escuchaban no muy lejos. Junto al estanque, encontró a Tamahome tumbado sobre la hierba con Miaka a su lado, charlando y riendo suavemente entre besos y caricias.
-"Tamahome, ¿qué haces aquí?"- le preguntó el monje sin su máscara y con rostro serio.
-"¡Chichiri! Amigo mío"- Tamahome se levantó y amistosamente le dió una palmada en el hombro.
-"Este no es tu lugar, debes regresar."
-"¿Regresar a dónde? ¿De qué hablas?"- Tamahome lanzó una mirada hacia Miaka. Ella seguía tumbada, distraída tarareaba una canción y contemplaba alegremente una flor que sostenía entre sus dedos.
-"Esto no es real, es una ilusión creada por una estrella de Seyriu".
La expresión de Tamahome se tornó en decepción.
-"No, no es posible."
-"Tu conciencia está confusa, lo noto. Sabes que algo no cuadra aquí."- le insistió el monje.
-"Pero esta vida es la que siempre he anhelado, ¿qué me espera si regreso?"
-"Miaka está en peligro mientras tú estás aquí viviendo solo un sueño. Tú la amas. Ella te necesita, no puedes abandonarla así."- Chichiri miró la ilusión de la sacerdotisa creada por la mente de Tamahome. Tamahome también la miró de nuevo con profundo dolor. Él sabía que algo estaba mal, pero se sentía tan feliz que no había querido poner en duda su falsa realidad. Miaka le devolvió la mirada y le sonrió.
Tomo apareció repentinamente como un fantasma interrumpiendo su conversación.
-"¡Así que eres tú quién está alterando mi ilusión, monje!"
-"¡Tamahome, debes salir cuanto antes de aquí, pon a Miaka a salvo!"- le ordenó Chichiri mientras rezaba una oración con su collar de cuentas entre sus dedos. -"Yo me encargaré de él".
Chichiri puso su mano sobre el hombro de su amigo y compañero.
-"Busca su cuerpo y mátalo"- le dijo en voz baja antes de que Tamahome desapareciera.
Los gritos e insultos de Tasuki no disuadían a Nakago, quién lanzó bruscamente a la sacerdotisa al suelo. Su camisa estaba desgarrada y su ropa interior había quedado a la vista. Nakago se inclinó y empezó a desabrochar los botones de su pantalón vaquero. Miaka terminó por desmayarse, no solo por el golpe, sino por la incapacidad de gestionar tanto dolor y sufrimiento, su mente se había desconectado.
-"¡Oh, qué poco divertido!" - exclamó Nakago decepcionado mientras le quitaba los pantalones.
De pronto una intensa luz roja envolvió a la sacerdotisa y Nakago fue repelido por ella. Con ojos incrédulos miró a la muchacha tendida en el suelo, inconsciente, brillando con la luz de Suzaku.
-"¡No es posible!"- exclamó atónito.
Tasuki tampoco daba crédito, pero de pronto sintió su cuerpo libre, y sin perder un segundo en buscar una explicación, desenfundó su abanico y lanzó una llamarada hacia el malvado guerrero de Seiryu, quién, aunque sorprendido, pudo esquivar el ataque.
Las llamas alcanzaron la tela de la carpa y ésta rápidamente comenzó a arder. Con el material tan inflamable, en pocos segundos las llamas envolvieron el armazón de la tienda.
-"Qué pena, con lo bien que lo estábamos pasando." -Nakago se incorporó y enseguida huyó del lugar.
Tasuki hubiese corrido tras él para acabar con su vida de una vez por todas, pero no podía dejar a Miaka inconsciente dentro de ese infierno. Miró a Tamahome, también inconsciente.
-"¡Mierda!"
El bandido levantó a la sacerdotisa en sus brazos y la sacó de allí tan rápido como pudo. La puso en un lugar a salvo lejos de las llamas y seguidamente entró a buscar a Tamahome. El humo habia invadido la estancia, debía apresurarse. De pronto oyó que alguien tosía.
-"¡Tamahome!" - Tasuki lo llamó.
Tras cubrirse su boca y nariz con su manga y siguiendo el sonido de su tos, lo encontró. Puso su brazo por encima de su hombro para ayudarlo a levantarse y salieron de allí justo antes de que la carpa se derrumbara.
Una vez fuera, Tasuki encontró que Mitsukake estaba cuidando de Miaka.
-"¿Qué ha pasado?" - Miaka se había despertado. Temía lo que hubiese podido hacer Nakago con ella. Se miró la ropa, su camisa estaba desgarrada, y su pantalón había desaparecido. Sin embargo no notaba ningún dolor "ahí abajo". Después vió a Tasuki con Tamahome, ambos sanos y salvos. Ella desvió su mirada al suelo, no podía soportar que Tasuki hubiese presenciado semejante humillación como mujer.
-"Tranquila" - Tasuki se inclinó y la abrazó. Tenerla entre sus brazos sana y salvo hizo que toda su tensión se desvaneciera y por fin se relajó. Ella se sorprendió, teniendo en cuenta que hace tan solo unas horas, él se había comportado como un auténtico idiota.
-"Él no ha podido tocarte ni un pelo". - el rostro del bandido aún denotaba una gran ira.
Rápidamente se quitó la túnica y se la puso a ella por encima de sus hombros. Le quedaba enorme, pero de ese modo sus piernas desnudas quedaban cubiertas. Miaka se envolvió en ella, y antes de que pudiera preguntar nada, Mitsukake intervino.
-"Tenemos que ayudar a Chichiri, él está en un estado de inconsciencia y no sé cómo despertarlo."
-"Lo sé" - interrumpió Tamahome. -"Está con Tomo en mi ilusión" - todos lo miraron extrañados. -"Debemos encontrarlo y matarlo. De ello depende que Chichiri regrese."
CONTINUARÁ...
