• Advertencias: leve mención de homofobia.

⌒⌒⌒⌒⌒࿐ ࿔*:・゚

Ya era lunes por la tarde, las 5:40 para ser más exactos. Era la hora de salida del turno vespertino.

El rubio estaría cumpliendo con su habitual rutina y ahora mismo se encontraría recogiendo sus pertenencias para conducir hasta su hogar. Pero no, en su lugar, permanecía sentado mientras lucía una severa y rígida expresión desaprobatoria.

Los únicos dos alumnos que lo acompañaban dentro de la desolada aula eran los causantes de su estadía en las instalaciones educativas: Shinki y Kawaki, los jóvenes más problemáticos de todos los grupos a los cuales les impartía clases. No era novedad que ambos niños se molieran a golpes hasta desfallecer, pues dicho acontecimiento había sucedido con anterioridad en dos ocasiones, e incluso fueron advertidos con ser expulsados si había una tercera. Sin embargo, su profesor los apreciaba demasiado a ambos como para permitir que algo así ocurriera, por lo cual, en vez de notificarle a la directora Tsunade la violencia que ambos chicos ejercieron el uno contra el otro, decidió tomar medidas a su manera; hablaría con sus padres, sí, pero no sin antes hacer que los dos arreglaran sus diferencias.

—¿Y bien? —preguntó Naruto después de lo que pareció ser una eternidad—. ¿Me dirán por qué pelearon o no? ¿O acaso prefieren solucionarlo con la señora Senju? —presionó su profesor, mirando detenidamente a sus dos alumnos. Sabía que esa última oración sería suficiente para hacerlos emitir alguna palabra, puesto que era bien conocido el malgenio y la ausencia de paciencia por parte de la directora. Ella era meramente autoritaria, y había algo especial en su carácter que infligía que uno se doblegara, por más terco que fuesen los niños.

Kawaki se estiró desde su asiento, mostrando su evidente desinterés en el tema. Claramente no pretendía ser cooperativo.

—Él empezó —contestó el hijo de Gaara, mientras le dirigía una mirada llena de desprecio al pelinegro, quien chasqueaba la lengua simultáneamente al movimiento de sus ojos.

—Su majestad —dijo el moreno, refiriéndose a su compañero en tono burlón—, no soporta a los plebeyos que poseen raciocinio propio. Y los individuos como yo, aborrecemos a los ególatras mimados a los cuales les consienten cualquier acto —escupió sin escrúpulos con un profundo desdén.

—Si tanto te molesta que te dé órdenes en el equipo de baloncesto, ¡salte del maldito equipo! ¡No es mi culpa que seas tan lento! —gruñó el castaño, golpeando abruptamente la paleta de su pupitre. Usualmente él era una persona tranquila y comprensiva, pero su compañero de clases era el núcleo de su discordia.

Y por esa fracción de segundo, Naruto pudo ver perfectamente retratado a Gaara cuando lo conoció. Tenía ese temperamento brusco e impulsivo como el del pelirrojo, tal cual como lo recordaba durante sus primeros días de secundaria. Ese constante deseo por ejercer su dominio ante los demás era justamente el motivo por el cual él y Kawaki no encajaban, o al menos eso aparentaban. El liderazgo era una de las cualidades de ambos niños; ninguno podría comandar su reinado mientras existiese el otro.

—Incluso ahora piensas por mí. Pobre rata, ¿piensas que estoy molesto sólo por eso? ¡Eres tan soberbio! —contraatacó Kawaki, levantándose de su asiento al mismo tiempo en el que sujetaba a Shinki de la camisa.

—Siempre supe que la raíz de tu odio no se centraba únicamente en mí —Sabaku No frunció el ceño con notorio enojo, aunque su tono de voz permanecía apaciguado—. Tu odio va más allá de mi personalidad. ¿O me equivoco? —lo miró fijamente, como si escudriñara minuciosamente en su interior con tal de emitir un juicio.

—¡Sí, fenómeno! —gritó el pelinegro, finalmente a punto de admitir la verdadera razón de su repulsión hacia su compañero. Apretó su agarre y acercó un poco más al contrario, escupiendo con visible desprecio sus crudas palabras—. ¡Me das asco, tienes dos padres!

—¡Pues al menos yo sí tengo padres! —empujó a Kawaki con todas sus fuerzas, provocando que el moreno lo soltase.

El Uzumaki abrió los ojos con desmesura, quedando completamente atónito ante la declaración de uno de sus alumnos más queridos. No asimilaba completamente la inmunda vejación previamente expulsada, más bien, no quería creerlo.

La problemática situada giraba alrededor de un sencillo factor; la desaprobación que Kawaki mantenía sobre las parejas homosexuales. Era, medianamente secreto, que Shinki tenía dos padres; Gaara y su esposo, un hombre desconocido para Naruto y la población estudiantil en sí. La única persona que daba la cara por el niño era Gaara, por lo que el hecho de si poseía una madre o no, seguía siendo indescifrable. Igualmente, los rumores no tardaron en hacerse presentes, y posteriormente, en expandirse por toda la institución. Dichas suposiciones incrementaron en cuanto la autoritaria Yodo acalló violentamente todo murmullo conforme los escuchaba, asimismo, Shinki jamás negó tales especulaciones.

Kawaki, por su parte, tenía una vida lamentable. Acunado bajo un matrimonio putrefacto en donde las peleas surgían constantemente, al pobre niño no le quedaba más que deambular por la calle en busca de algo para alimentarse, o incluso para refugiarse de los maltratos por parte de su progenitor. Así fue hasta que cumplió cuatro años, cuando su patriarca finalmente fue acribillado a balazos en la esquina del barrio de mala muerte en el cual habitaban. No fue un evento traumático, pues apenas contaba con unos cuantos años de vida; en ese entonces no tenía noción de la vida y la muerte. Sin embargo, un hecho que recuerda vívidamente fue el suicidio de su madre; haber encontrado el frío cuerpo de su mamá en un escenario insólito fue una apuñalada que lo acompañaría por siempre. Ella nunca se hizo cargo de él como era debido, e incluso lo maltrataba también, pero aún así lloró su pérdida como nunca antes en su vida. Sus tías lo acogieron, y para su mala fortuna, su situación familiar sólo fue en decadencia. Tuvo que soportar las humillaciones y golpizas por parte de sus primos bravucones, y dichas acciones dieron inicio a esa personalidad tosca y agresiva que mostraba en las instalaciones educativas. Su entorno familiar nunca fue el más óptimo y sano, todo aquel embrollo culminó en más frustraciones para él. Él no respetaba a nadie porque él nunca fue respetado.

El mayor estaba a punto de contraatacar la ofensa del castaño, pero sus planes se vieron frustrados en cuanto la imperiosa voz de su profesor de hizo presente:

—¡Suficiente! —exclamó Naruto, haciendo escándalo mientras se levantaba. Ambos varones pararon, clavando sus miradas en el impaciente profesor—. ¡Tomen asiento y escúchenme! —era la primera vez que lo veían así de furioso, por lo que ambos jóvenes acataron la orden inmediatamente—. Kawaki, yo... Estoy realmente decepcionado de ti —suspiró con pesadez, mirando al nombrado mientras giraba la cabeza lentamente de izquierda a derecha—. Si esa es la verdadera razón de tu odio hacia tu compañero, estás errado y debes cambiar tu modo de pensar. Porque todos somos libres de elegir con quien estar, todos tenemos derecho a ser felices y ejercer nuestra paternidad siempre y cuando no afectemos a terceros —dijo y suavizó su mirada con cierta abnegación. Quizá era porque estaba diciendo las palabras que le hubieran gustado escuchar cuando era más joven—. Saben, yo antes era como ustedes...

Luego de una larga y emotiva conversación, finalmente los tres varones fueron libres y se marcharon a sus respectivos hogares, no sin antes haber jurado que aquello no se volvería a repetir. Asimismo, Naruto se tomó el tiempo de charlar con Kawaki acerca de su aversión hacia los homosexuales.

El Uzumaki estaba a punto de ingresar a su automóvil, cuando de repente una voz familiar lo llamó a la distancia. Cuando volteó para encontrarse con su ex novio, éste lo saludó amablemente mientras se aproximaba a él, junto con su hijo.

—¿Te causó problemas? —cuestionó el pelirrojo, deteniendo sus preciosos orbes aguamarina en los azules del rubio—. Es una pregunta tonta, por supuesto que sí —se respondió a sí mismo al mismo tiempo en el que ingería una bocanada de aire para posteriormente expulsarlo a modo de suspiro—. Lo sabía, debo dejar de ser tan consentidor. Neji siempre es duro con él, pero tarde o temprano lo convenzo para retirarle el castigo —confesó mientras se cruzaba de brazos, mirando a su hijo mientras sacudía la cabeza de izquierda a derecha.

—¿Neji? —preguntó Naruto, a pesar de que ya deducía de quien se trataba.

—Cierto, olvidé presentártelo. Es mi esposo —explicó Gaara, sonriendo levemente mientras lo mencionaba—. Luego de que perdiéramos contacto después de la universidad, lo conocí. De todo corazón, esperaba poder invitarte a la boda, pero me fue imposible hallar tu número o cualquier red social y Shikamaru se negó a pasarme alguna. Finalmente me di por vencido en cuanto mi esposo se enteró de tu matrimonio con la señorita Hyūga, se negó a aceptarte.

—¿Qué? ¿Por qué? —inquirió el rubio, completamente desconcertado. ¿Qué podría haber hecho la dulce Hinata, que no mataba ni una mosca, como para ganarse el odio de una persona?

El semblante sereno de Gaara cambió rápidamente a uno abrumado, como si hubiese dicho algo que no debía.

—Ya veo... —murmuró el pelirrojo, dirigiendo su mirada al suelo—. Se hace tarde, debemos irnos ya —tomó a su hijo del hombro—. Deberíamos salir un día de estos, para ponernos al día —sugirió cortés, mirándolo nuevamente. Se acercó, y con su brazo libre, le dio un abrazo—. Nos vemos, Naruto —se despidió alegremente mientras se alejaba junto con su retoño, quien observaba atentamente cada movimiento de su padre.

Abrió la puerta de coche y se apresuró a guardar sus pertenencias. Una vez terminado, quiso incorporarse y por accidente golpeó su cabeza con el techo del automóvil. Se quejó sonoramente, y tras maldecir el mundo mientras gesticulaba su particular tic verbal, escuchó unas leves risas a la distancia.

Se volteó con curiosidad para confirmar la identidad del propietario de los burlescos sonidos.

—Entonces, ¿eres así de afectuoso con todos los padres? —preguntó Sasuke, quien se acercaba lentamente—. Estaba por aquí fumándome un cigarrillo mientras espero a Sarada... Ya sabes, a que termine sus actividades del club —respondió ante la emergente pregunta del Uzumaki, quien ahora parecía más calmado—. Y de la nada me topo con la escena más absurda que pude presenciar el día de hoy. Parece que ser coqueto no es tu única virtud —aludió a lo despistado y torpe que era—. Por cierto, deberías agacharte más seguido. Tienes un bonito trasero.

—¡¿Q-Qué estás diciendo, dattebayo?! —sintió su cara hervir en cuanto se percató de un hecho innegable; Sasuke lo había estado observando durante todo ese tiempo. Más risas se hicieron presentes, tranquilizando la efímera vergüenza del rubio.

—Estoy bromeando, cabeza hueca. No soy como cierto pervertido al cual le gusta provocar en lugares públicos —susurró el pelinegro en la oreja del contrario, sosteniéndolo por el hombro mientras le dedicaba una sonrisa imperceptible.

—Pues vaya que lo has conseguido, cabrón —admitió el rubio con pudor, apartándose unos cuantos centímetros del contrario.

Sasuke se mostró serio e inexpresivo, como usualmente era. Y tras mirarse fijamente durante algunos segundos que parecieron una eternidad, el Uchiha habló:

—Nos vemos el viernes por la noche. Cualquier cosa, di que tienes asuntos de trabajo —soltó aquel comentario sin más. Acto seguido, comenzó a alejarse. Se dirigía al portón de la escuela, seguramente Sarada no tardaría en salir.

—Pero, ¿y el lugar? —no pudo evitar sonreír como un tarado, no podía esconder su emergente entusiasmo.

—Sólo llega al lugar de trabajo de Shikamaru y pregunta por mí —respondió vagamente girando levemente la cabeza para verlo de reojo.

El rubio sonrió como si fuera la primera vez que se enamoraba, y como si fuera poco, se sentía de la misma manera.

/ Nota autora: error corregido, gracias a Asakura Alice por notificármelo.