Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling


De alfas & omegas

.

.

.

-Dijiste que jamás aceptarías a un alfa.

La voz de Blaise, siseante, se escuchó a través de la mesa, y Draco, quien miraba con ojos sonrientes a Harry en Gryffindor, a pesar de la mirada divertida de Pansy, y la aburrida de Theo, apartó la mirada de él y miró al italiano, intentando saber qué decir; pero antes de que lo lograra, su compañero de clase continuó, con el ceño fruncido y ojos brillantes de rabia.

-Dijiste que no podías aceptarme por lo que era, pero en cambio aquí estás, con dos anillos, luego de días sin verte. Apestando a Potter. Mostrando su marca, mientras él muestra la tuya. ¿No es una completa hipocresía?

Draco frunció también el ceño y lo miró. Por un momento, la criatura en él se retorció por apartar la mirada de su compañero, pero otra parte gruñó ante el hecho que un alfa fuerte, pero no tan fuerte como su compañero, quizá ni siquiera tan fuerte como él, le hablara de aquella manera. Como un regaño, como una exigencia. Se enojó de que intentara juzgarlo.

-Me parece, Zabini, que tú fuiste quien propició que yo fuera marcado. Por tanto, debería agradecerte mi afortunado matrimonio, ¿no es así?-sonrió con malicia, cruzando las manos a la altura de su rostro, para mostrar el grandioso anillo de los Black en sus manos, y, sobre todo, su más valiosa y nueva posesión, el anillo de la Eternidad.-Gracias a ti, soy el consorte Potter-sonrió engreído y presumido. No como el omega lo había hecho pavoneándose por las calles de Hogsmeade. No era un ser dulce y cariñoso, tampoco era el alfa en él. No estaba gruñendo, ni tratando de demostrar poder. Draco siempre había sido así. Había sido criado así, para demostrar superioridad con palabras breves, pero movimientos triunfadores. Antes había tenido el apellido Malfoy para respaldarlo, pero tras la guerra, cuando este perdió poder, Draco también lo hizo. Todos los slytherin lo sabían, y por ello algunos lo criticaron, se burlaron de él, o lo despreciaron. Pero Draco, para su cuestionada suerte, había despertado una triple herencia mágica, y se había unido al Héroe del Mundo Mágico, el alfa más fuerte de este, por lo que status alto, era apenas algo para definirlo. No solo lo tenía a él, podía tener a cualquier alfa u omega a sus pies. Tenía al héroe, al Salvador, protegiéndolo, hablando, actuando por y para él. Incluso unido a Harry, aún influía con sus olores a los demás alfas y omegas, y ahora influiría a los betas con su título y posición social, y Blaise lo sabía. Ambos lo sabían. Parecía como si después de irse del Castillo, el Príncipe de su casa, dejara de berrinchear sobre la atención no deseada y empezara a darse cuenta de todo el potencial que tenía su nueva habilidad. Mírame, decía con la mirada, mira como todos los que se voltearon contra mí, ruegan por mi atención. Mira cómo me he dado cuenta de ello. Tengo un plan, parecía gritar, aunque de hecho, no había aún ningún plan para ello en la mente de Draco. Hacía enfurecer a Blaise, porque él había sido uno de esos slytherin que lo habían abandonado. Porque incluso estado marcado por alguien más, Blaise aún lo quería. El italiano pensó que se debía a que, aún cuando estaban marcados, ellos no habían acoplado por completo al otro. Cuando Draco salió de donde sea que estuvo con Potter, olía a rutina de alfa, pero no olía a que había terminado la unión con Potter. Por ende, tenía una oportunidad aún. Pero ahora, Blaise podía oler como Potter lo había reclamado por completo, y lo que eso implicaba le dio un dolor de estómago terrible, y le hizo sentir la bilis en la garganta. Gruñendo de celos, de posesión. Se preguntó porque Malfoy no decía nada ante ese olor. Quizá era otra forma en la que su compañero de clases le demostraba que no le importaba ni un poco. El olor de Draco había cambiado, para tener el olor de Potter en una mezcla del suyo. Antes podía ser dulce, seductor, cuando estaba feliz; podía oler a peligro, a poder, cuando estaba enojado. Podía oler simplemente delicioso cuando estaba tranquilo... Después de la rutina de Potter, tenía el olor del Gryffindor en su alrededor todo el tiempo, pero ahora era como si una tormenta de magia, el olor a electricidad de Potter, también saliera de él. Y aún así, ¿por qué? ¿por qué seguía atrayendo gente, como si no estuviera unido? ¿Cómo sus instintos, sabiendo que el rubio ya había finalizado la unión con el otro, seguía queriendo poseerlo? Los demás alfas parecían ceder ante el hecho que Potter les había ganado la partida, pero el italiano se negaba a aceptarlo. Se negaba a aceptar haber perdido, contra Potter, contra Draco, quien con enormes y hermosos ojos plateados, que no había visto tan seguros y confiados desde cuarto año, sonreía desvergonzadamente, completamente seguro de su victoria sobre él. Blaise quería ser quien alardeara ante otros. Quería ser con quien Draco se comportara como un suave y dulce, y obediente (aunque eso no era en realidad correcto, y si estuviera poniendo atención a el rebelde beta lo sabría) omega.

Aún hay tiempo, aún no tiene un cachorro, se resistió.

Solo tienes que dárselo.

Eres mío, ¿por qué te aferras a él?

-Dijiste que te liberarías de él y no lo hiciste-exclamó Blaise, parándose y azotando su mano en la mesa como si tuviera algún reclamo sobre él. Enojado con sus propios pensamientos, enojado con el Príncipe de Slytherin, quien en años pasado había demostrado la apreciación de su físico y su carácter. Pero ahora lo veía como si fuera una simple molestia.

No debería ser así.

Draco bajó los tenedores y lo miró por segundos. Todos prestaban atención a su arrebato, incluido los de la otra mesa. De reojo, Draco pudo ver a Harry, parándose y llegando hacia él.

-¿Por qué suenas tan traicionado?-se burló.-Tú eres quien fingió que yo no existía para no lidiar con mi mala reputación. Eres quien preguntaba mi apellido, como si no supieras de quien se hablaba, cuando alguien preguntaba por mí a ti. Eres quien volteaba la cabeza cuando nuestras miradas se cruzaban, porque una asociación a mí era contraproducente. Se suponía que eramos amigos, pero cuando la guerra terminó, te faltó tiempo para negarnos a Pansy, a Theo y a mí. Y de repente un día, te acercas diciendo que quieres recuperar una vieja amistad, pero lo cierto es que solo querías marcarme y lo hiciste de la peor manera. Eras el alfa más cercano a mí, pudiste decirme lo que pasaba, pudiste solicitar un matrimonio, como lo has estado haciendo durante días. Tomando en cuenta que yo no tenía idea de lo que sucedía, era demasiado probable que mi familia aceptara tus condiciones de compromiso. Pero no lo hiciste, y no lo hiciste porque lo único en mí que te atrajo en mí, fue mi repentino género, el cual se debe a Potter. Porque sí, Zabini. Esto era por y para Harry. Estabas tan seguro de ganarme con tu status de alfa, pavoneándote de aquí allá, tan seguro que eras más fuerte que yo, que yo me inclinaría ante ti y me sentiría honrado de tu elección. Pero no fue así. Y cuando fui marcado, asumiste que podrías vencer a Potter, o esperar a que me libre de él. Querías que hiciera el trabajo sucio por ti. Sin embargo lo consideré, ¿sabes? Potter habló conmigo y me explicó lo que ningún alfa u omega había hecho. Potter, pidió un cortejo, como si fuera una persona normal y no solo un segundo género, como si importara, y ahora le pertenezco. Y tengo que admitirlo, estoy completa y realmente satisfecho con ello.

Las palabras salieron solas de Draco, llenándolo de orgullo.

Pero para Blaise fueron cuchillos filosos.

-No eres más que un...

El olor de Draco se volvió agrio, y antes de que Zabini pudiera siquiera levantar la mano, Malfoy se puso de pie también. Con la varita en mano.

-Me parece Zabini, que no conoces tu lugar. No eres nadie ante mi, mucho menos ante Potter.

-Te arrepentirás de tu decisión.

-Tengo una pareja, el enlace se ha terminado. No hay nada qué hacer. Si quieres luchar adelante, peleemos.

-Aun puedo apoderarme de ti.

El slytherin se rió.

-¿Realmente crees que puedes crear una segunda marca? Deberías tener dignidad. Incluso si lograras marcarme, ¿Qué te hace pensar que duraría tu marca sobre la de Potter?

-El que no tiene dignidad eres tú. Juntándote con un mestizo. Siendo la escoria de la guerra.

El rubio frunció el ceño, pero antes de que pudiera siquiera hacer algo, Zabini ya tenía la mano de Harry en su cuello, asfixiándolo.

-Si escucho nuevamente palabras así de tu boca, hacia mi esposo, te mataré.

-¡Señor Potter!-exclamó McGonagall, separando a ambos alfas con un hechizo, ninguno respondió, solo se veían fijamente. Ambos dejando salir su esencia para dominar ante el otro, ambos dejando salir su magia. Por supuesto, Draco ni se inmutó por el olor de Zabini, porque, aunque nadie lo supiera, solo Harry, él no podía olerlo. En cambio, solo alzó la ceja y se acercó a Harry.

-Vámonos, Harry. No pierdas tu tiempo.

Harry entrecerró los ojos, pero obedeció. Sin embargo, Blaise atacó por la espalda, furioso de la mano del rubio en el brazo del otro.

Un hechizo lo mandó a volar, cuando Draco se interpuso entre ambos.

-No soy estúpido, Zabini. Tu y yo nos conocemos.

-¿Pero qué fue eso?-exclamó McGonagall, indignada de que ambos continuaran peleando. -Señor Potter, Señor Malfoy, a mi despacho.

.

-Salir y no regresar al castillo, y luego solo enviar una carta-empezó el regaño McGonagall, y Draco se desconectó durante todo el discurso que le siguió, aunque podía ver como no era el caso de Harry, hasta que ella mencionó sus nuevas habitaciones. Entonces, sonrió, mirando a Harry y tomando su mano. ¡Habitaciones propias!- Si, y eso no significa que puedan quedarse en ellas. Deben recuperarlas.

-De acuerdo, profesora. susurró Harry, y Draco asintió con indiferencia, apurándola a guiarlos. Los primeros días, era difícil para ambos separarse para ir a clases. Jugueteaban entre ellos, se sentaban juntos en las clases que compartían. Hacían los deberes juntos. Era una luna de miel muy diferente a lo que uno pensaría, pero ninguno cambiaría esos momentos por nada más. A pesar de las burlas y quejas de sus amigos.

Lejos de los slytherins y los demás alfas, Draco empezó a relajarse. Sabiendo que Zabini estaba aplacado por el momento.

O eso pensó.

Harry estaba en su práctica de quidditch, habiendo aplazado lo más que pudo el momento, así que Draco estaba solo, y aburrido, y sin nada que hacer. Por tanto, caminó a la Sala de Slytherin, para ir con Theo y Pansy. Estaba a mitad de camino cuando un dolor conocido lo invadió y gritó, sabiendo que, lo que lo sometía, era nada más y nada menos que un crucio.

Cayó de rodillas.

-De verdad, de verdad lo siento, Draco-murmuró la fría voz de Zabini-pero todo esto es por tu bien. Te haré muy feliz.

-Vete a la mierda-el gruñó y el ataque ganó intensidad, aplacándolo. Adolorido, Draco miró su anillo, preguntándose por qué no lo protegía, hasta que recordó que la condición era que debía ser tocado. Cuando el ataque paró, Draco sintió que respiraba por fin, e intentó sacar su propia varita. Como reprimienda, Blaise volvió a activar el hechizo.

-Eres un cobarde, atacando por la espalda-siseó.

-¿Sabes? He descubierto algo-rió el otro, ignorando su comentario-Tú, no puedes olerme.

Sorprendido, Draco abrió los ojos y lo miró.

-Lo pensé mucho, mucho acerca como mi aroma no te influía para nada. Como si no existiese. Lo pensé, y lo pensé y analicé cada momento que pasas junto a Potter. Y llegué a la conclusión de que tú, en realidad, solo lo hueles a él. No sé desde cuando, pero que no notaras que te perseguía lo confirmó por completo. Estás tan feliz, te sientes tan protegido con su aroma a su alrededor, que olvidaste, cariño, que ambos somos magos, con una pequeña inclinación a la magia oscura. -Unas sogas lo amarraron y Draco, aún afectado por el hechizo anterior no pudo hacer mucho al respecto. -No importa, ahora solo me olerás a mi.

Ojos grises y sorprendidos, aterrados, miraron como el moreno alfa se inclinaba sobre él y mordía.

Sintió su magia, intentando invadir el cuerpo de Draco. Intentando dominar sobre la de Harry.

Fue doloroso. Gritó.

Y entonces el anillo de la Eternidad se activó y Zabini mismo gritó.

Draco no llegó a ver que pasó con él, se dobló con dolor y entonces alguien llegó corriendo hacia él, gritando su apellido. Entre la bruma del dolor, antes de ceder a la inconsciencia, el slytherin solo pudo reconocer el cabello rojo, largo, y los ojos castaños sobre él.

-Ginevra-susurró.