Aquella habitación en la que despertó tenía un aire familiar que su desorientado cerebro no reconocía del todo. Sin embargo, lo dejó pasar cuando distinguió a su amada pelirroja dormida a la orilla de la cama. Verla ahí, en una posición incómoda pero con aura de tranquilidad en el rostro le llenaba a Elsa el corazón con esa sensación de infinito amor. Así que, se incorporó delicadamente y deslizó su dedo índice por el puente de la nariz de la pelirroja, quien frunció el ceño al sentir la caricia.
-¿Cariño? -le llamó dulcemente la ex reina.
-Mmm...
-Cariño, despierta.
-Cinco minutos más -dijo entre sueños.
Elsa sonrió. Amaba esa forma infantil y tierna que Anna tenía. -Toma el tiempo que necesites.
-Gracias, amor.
De repente la pelirroja abrió los ojos y se incorporó rápidamente. -¡Elsa! -gritó mientras se aferraba al cuello de la rubia. -Al fin has despertado.
-Oye, tranquila. Estoy bien.
-No tienes idea de la angustia que pasé -se separó de la rubia solo lo suficiente para quedar frente al rostro de su amada. -Fueron las semanas más eternas de mi vida.
-¿Semanas? -indagó confusa.
-¿No lo recuerdas? -terminó de separarse por completo de la rubia. -En aquel momento, a los pocos minutos te desmayaste. Has estado durmiendo por cuatro semanas.
-¿Qué?
-Pabbie dijo que esto había ocurrido por el cansancio y la sobre energía mágica que recibió tu cuerpo al romper tus limitantes -tomó las manos de Elsa. -Pero cuando fueron pasando los días, no voy a negar que me preocupe -las lágrimas empezaban a inundar sus ojos.
-Oh, cariño. Jamás fue mi intención preocuparte -se soltó sultimente del agarre de Anna y llevo sus manos a ese pecoso rostro que conocía tan bien. -Prometo no volver a hacerlo -acabó con la distancia entre ellas y besó dulcemente aquellos labios sabor cereza.
El sonido de un carraspeo las obligó a separarse y mirar hacia la entrada del dormitorio, donde una apenada Honeymaren se encontraba con una bandeja en las manos.
-Lamento la intromisión. Pero no tenía idea de que me encontraría con algo así. Yo solo venía a traer algo de comer.
-Descuida -dijo Anna. -Mejor ven a saludar.
La joven mujer se acercó emocionada, dándole a Anna la bandeja para luego abrazar eufórica a una sonriente Elsa.
-Un gusto verte despierta.
-Gracias.
-Arendelle tendrá de nuevo a su reina -dijo emocionada mientras terminaba el abrazo.
-¿De qué hablas? -indagó curiosa Elsa sin borrar su sonrisa.
-Ya sabes, el Duque ni Hansilton existen. Es obvio que el reino ha vuelto a tus manos. Y sin duda todos estamos felices de ello.
-No. Jamás volví con esa idea. Solo quería mantener a salvo a mi hija. Yo no seré su reina nunca más.
-¿Pero, por qué? Tu relación con Anna sería un secreto a voces que nadie cuestionaría.
-No quiero que eso sea así. No sería sano para ninguna. Además, -bajo la cabeza y apretó las sábanas -Arendelle, no merece que una asesina sea su reina.
-Eso no ha sido tu culpa. Solo te estabas defendiendo. Todos lo saben y comparten la misma opinión.
-Honeymaren como todas las decisiones que he tomado anteriormente, esta tampoco tiene discusión. Arendelle tendrá que aceptar que la hija del Duque será su nueva reina.
-Pero...
-No hay pero que valga.
-Entiendo.
-Además, parece que ella no es como era su padre.
-Es bueno que lo veas de esa forma -habló Anna con un tono entre divertido y malicioso. Provocando una risilla en Honeymaren y la duda en Elsa.
-¿He dicho algo raro?
-Veras... pasaron algunas cosas en este mes un tanto... tiernamente extrañas.
Elsa arqueo una ceja. -No estoy entiendo.
-Al parecer, nuestra pequeña ha llegado a la conclusión de que... Laila es suya. Y digamos que Pabbie ha apoyado la determinación de Nilsa.
-A ver. Primero que nada, ¿Qué o quién es Laila?
-Ella es la nieta del Duque, hija de Hansilton y Sofía.
-¿Y a qué te refieres con que es suya?
-Aparentemente Pabbie, dice que sus destinos están unidos.
-Espera -pidió Elsa al comprender lo que quería decir. -¿Cómo es posible que al despertar de un coma de sueño me encuentre con la noticia de que MI bebé, ha encontrado a la persona que la va a arrebatar de mi lado?
La pelirroja se encogió de hombros al igual que Honeymaren. -Leila es una niña adorable.
-Esto debe ser alguna especie de castigo.
-¿No crees que estás exagerando un poco?
-¡Ella es la nieta e hija de los hombres que maté! -dijo alarmada la ex reina mientras intentaba ponerse de pie, pero se tambaleó en el proceso.
-Elsa, aún estás muy débil. No debes esforzarte ni alterarte.
-¿Cómo no hacerlo? Laila crecerá, comprenderá la ausencia de su padre y abuelo, y me odiará, tanto que podría hacerle daño a nuestra hija. Su destino podría convertirse en una verdadera pesadilla. Así que no lo voy a permitir. Nos iremos de aquí lo más pronto posible y no volveremos jamás.
-No lo haremos -afirmó Anna. -el amor predestinado es algo que no puedes cambiar, Elsa. Tú y yo somos la prueba viviente de ello.
-Pero, Anna, entiende que...
-¡Hazlo tú! -dijo con autoridad. -Si esas dos están destinadas, no habrá nada en el mundo que pueda impedirlo. Y nosotras no vamos colaborar para que las cosas sean más difíciles.
-...
-Además -habló en su susurro Honeymaren tratando de evadir la tensión que se había instalado -Sofia está más que encantada con ser la consuegra de la poderosa reina de las nieves.
-¿Podrías abrir un poco tu mente con respecto a esto?
-Supongo que puedo intentarlo.
Una semana había pasado. Generando muchos cambios en el reino de Arendelle. La más relevante fue la aceptación de Sofía como nueva reina y la resignación de que Elsa prefería una vida más pacífica, la cual pretendía crear en una sencilla casa cerca de los límites del reino y el valle mágico, prometiendo estar siempre para defenderlo en nombre de su hija mientras intentaba sobrellevar la muerte de dos personas.
También se había generado una pequeña convivencia entre las partes involucradas de destino que Elsa no terminaba de comprender.
-Eres aún más hermosa cuando la luz de la luna ilumina tu cuerpo -dijo la pelirroja mientras salia del baño y secaba su cabello.
-Gracias -sonrió Elsa dándose la vuelta para ver cómo Anna dejaba la toalla y empezaba a cepillar su cabello.
-¿Sigues pensando en lo de Nilsa?
-Tal vez...
-¿Qué te preocupa? Nos marcharemos en unos días cuando nuestra casa esté terminada. Además acordamos dejar que el tiempo haga su trabajo y no influir en las desiciones de nuestras hijas. Ni imponernos contra el destino.
-Lo sé. Es solo que hay una voz en mi cabeza que ...
-¿Que? ¿Una voz? Creí que con Ahtojallan todo había quedado tranquilo y...
La risa de Elsa llegó a los oídos de una desconcertada Anna que solo se limitó a contemplar lo hermosa que era la mujer que tanto amaba, aquella que su corazón siempre vio como el único ser que podría alterarlo. Ignorando todo lo demás, incluso el hecho de haber nacido siendo hermanas.
-Cariño, lo he dicho retóricamente.
-Bueno, es que contigo es difícil saber -sonrió. -Por un momento me vi atravesando medio mundo buscándote. Siempre siendo tu fiel cabello, quien está dispuesto a todo por ti.
-¿Harías cualquier cosa? -ingadó mientras se sentaba sobre la cama.
-Sabes que si.
-¿Incluso ignorar tu ética de caballero y abusar de una indefensa mujer? -preguntó sensualmente.
Tras escuchar aquello, dejó caer el peine y observó rápidamente a una sonriente Elsa que irradiaba deseo y sensualidad. Así que no lo pensó ni dos veces, se levantó de la silla y empezó a caminar hasta la cama, pero solo a unos centímetros de distancia Elsa la detuvo.
-¿Qué ocurre?
-Tu reina desea que te quites la ropa.
Anna sonrió pícaramente -¿Alguien quiere jugar?
-Bueno, volver a nuestra habitación en el palacio me ha traído viejos recuerdos.
-Y agradezco eso.
Lentamente la pelirroja desamarro el listón de la bata de seda y la dejó caer lentamente por su bien moldeado cuerpo, quedando expuesta ante una extasiada rubia que se abrió de piernas en una clara invitación. Ana se acercó a ella, acarició con sus manos las niveas y largas piernas mientras se arrodillaba. Compartieron un húmedo y largo beso en donde sus lenguas danzaban, enviando a cada parte de sus cuerpos una oleada de calor que les exigía más. Así que la pelirroja, bajó sus besos hacia el cuello, mordisqueo aquellos erectos pezones por encima de la ropa. Y se detuvo sólo cuando su aliento chocó contra el caliente y mojado sexo de su hermana.
-Nunca me cansaría de ti, Elsa -afirmó antes de comenzar a besar y lamer aquellos pliegues húmedos.
-¡Dios, Anna, Te amo tanto!
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Feliz año nuevo. Tengan un próspero 2021.
