El yokai que engaño a la muerte
Maximus estaba de pie frente a mí en el gran pasillo, ahora completamente vestido. Sus rasgos eran estoicos, pero si yo fuera él, ahora estaría maldiciendo de un lado para otro. Esperaba que esto le doliera menos que atravesarle un tronco a través del torso, pero Sesshomaru ya había pensado en ello, así que probablemente no.
- Lo siento - le dije por enésima vez.
Luego me centré en el cuchillo que él sostenía y dirigí tanta electricidad hacia él como pude. Una corriente de color blanco puro salió disparada de mi mano, corriendo a través de su muñeca y dejando una horrible quemadura. Su cuerpo entero se tensó, lo cual era su reacción habitual, pero esta vez, Maximus también trastabilló hacia atrás. Aun así, no dejó caer el cuchillo.
- Mejor - dijo Sesshomaru en tono de aprobación.
- Con más práctica, serás capaz de hacer esto. - A continuación, desplegó el látigo que sujetaba. Este destelló tan rápidamente que me fue difícil seguirlo con la mirada, pero el cuchillo que Maximus había tenido en su mano de pronto se encontraba a varios pies de distancia en el suelo.
- Podría haberle rebanado la mano si hubiese querido, y éste es un látigo de cuero normal. Tú tienes la habilidad de crear uno con energía eléctrica pura. Manejado adecuadamente, podrías cortar al alguien por la mitad, humano o yokai. - Sesshomaru se volvió hacia mí.
Lo dudaba. Los yokais se curaban demasiado rápido como para que mis poderes fueran letales, a menos que mantuviera el contacto con mi mano derecha durante una hora, como mínimo. Como el caso en cuestión: La quemadura en la muñeca de Maximus casi había desaparecido y su postura ahora era tan firme como siempre.
- Si crees que no puedes lograrlo, entonces no lo harás. ¿Piensas que el control que mantengo sobre el fuego lo obtuve a la primera vez que manifesté una llama? No. Pulí mis poderes hasta convertirlos en el arma que es hoy en día. - Sesshomaru se acercó, frunciendo el ceño.
- ¿Ustedes dos necesitan un minuto a solas? - refunfuño Maximus.
- Esta podría ser un arma formidable. Hasta ahora lo único que has hecho es intentar contener tu poder, pero, ¿Qué has conseguido con eso? Deja de intentar deshacerte de él y en su lugar doblégalo a tu voluntad. - Sesshomaru no le hizo caso, sujetando mi mano y levantándola en el aire como si nunca la hubiese visto.
- ¿Y qué si no quiero utilizar mi poder para volverme más fuerte? El poder puede ser el máximo representante del estatus entre los yokais, pero para empezar, yo nunca quise tener estas habilidades. Han destruido mi vida más de una vez y si no bebiera sangre de yokai, me matarían. Lo que quiero es menos poder, no más. - El agotamiento por estar continuamente manifestando energía volvía mi voz más áspera.
- Quieres sobrevivir, ¿no es cierto? La mayoría de los yokais podrían vencerte tal y como eres en este momento. Ahora mismo sólo te toca esperar que quien sea que ordenara tu secuestro no haya difundido una palabra sobre tus capacidades psíquicas, pero sí lo hizo, te harás muy popular en el mundo de los yokai. Si eso sucede, puedes elegir entre permanecer indefensa, confiar en que yo te protegeré para siempre o aprender a defenderte tú sola. Tú eliges. - le contestó él, sin piedad.
Maldito sea por conocer justamente los botones que presionar. Mis crecientes habilidades podrían tener inconvenientes físicos y emocionales, pero aun así, no me dejarían indefensa contra otro intento de secuestro.
- Bien. Voy a perfeccionar mi poder hasta convertirlo en la mejor arma posible. - dije después de una larga pausa.
- Lo primero que necesitas hacer es dejar ir toda la culpa que sientes por la muerte de tu madre. Te está destruyendo. - Sesshomaru trazó todo el sendero de la cicatriz de mi mano hasta regresar a mi cara. Su voz baja. Las palabras me golpearon como una bofetada.
- ¡No tienes derecho! ¡Nunca te he hablado sobre eso! ¡Así que lo robaste de mi mente! ¿Alguna vez te he mencionado lo que sucedió aquel día en el río? No, porque no decidiste compartirlo conmigo por voluntad propia, así que lo deje estar. Deja esto en paz, Sesshomaru. Lo digo en serio. - jadeé, alejando su mano.
- Yo ya me voy. - murmuró Maximus, escabulléndose lejos de nosotros. Lo ignoré, centrándome en el yokai frente a mí.
- No necesitas sacar a colación ese día en el río porque yo me liberé de mi culpa hace ya mucho tiempo. Pero tienes razón. No compartiste eso conmigo por voluntad propia, por lo que no lo mencionaré de nuevo… a menos que sigas permitiendo que eso te destroce. - Sesshomaru me devolvió la mirada, firme y para nada arrepentido. Algo se quebró en mi interior en respuesta a eso. De hecho podía sentir la energía pulsando debajo de mi piel pidiendo ser liberada.
- Yo te mostraré lo que es destrozar - le escupí, y chasqueé mi mano derecha hacia la estatua más cercana-un guerrero esculpido en tamaño natural.
Una gran corriente de energía blanca salió disparada de mi piel, azotando el cuello de la estatua. Una parte de mí debía haberse frenado antes con Maximus, porque, esta vez la corriente recorrió todo el camino hasta el final. La cabeza de mármol se estrelló contra el suelo, rompiéndose en varios pedazos.
- ¡Esa era una estatua griega del Siglo V! - Maximus corrió de regreso por el pasillo y se quedó mirando los restos con horror.
Mi oleada de furia se desvaneció al contemplar los escombros. La sorpresa competía con la vergüenza por lo que acababa de hacer. Mi hermana Gretchen solía romper cosas cuando estaba molesta y yo había jurado nunca actuar de esa manera. Ahora había roto esa promesa y una estatua de valor incalculable también.
- Lo siento - empecé a decir dirigiendo mi mirada hacia Sesshomaru, pero su expresión me detuvo de decir algo más.
- ¿Ves? Un arma formidable, tal y como te había dicho. Ahora que sabes de lo que eres capaz, seguiremos trabajando para mejorarla. - dijo él con suprema satisfacción.
Cuando terminé mi ducha, vi que la puerta de la habitación que daba a la sala de estar estaba abierta. No había estado así al principio cuando entré al cuarto de baño. Voces murmurando se escuchaban desde la otra habitación. Curiosa, sujeté fuertemente la bata a mí alrededor y me asomé por el marco de la puerta. No había nadie más aparte de Sesshomaru recostado en el sofá de cuero, sin chaqueta, con los pies arriba y de todas las cosas, viendo una película de yokais. Entré en la habitación.
- No sabía que eras un fan de esas cosas. – comente, estaba viendo nada más y nada menos que Crepúsculo.
- Esto nunca deja de divertirme. Si no nos muestran como unos eunucos sedientos de sangre, entonces somos unos imbéciles desesperados quejándonos por haber perdido nuestra humanidad. - Él apuntó hacia la TV.
- Entonces debes amar todos los relatos cinematográficos sobre tú vida. – me burle.
- La mayoría de ellos no relatan mi vida. Solo cuentan los escritos de Stoker, los cuales no tienen ninguna semejanza conmigo excepto por el apodo y hasta eso está mal. Drácula no significa hijo del diablo. Significa hijo del dragón, como mi padre era conocido en su tiempo. - respondió él fríamente, sus ojos encendidos en rojo.
No debí haber dicho eso. Le eché la culpa al hecho de que estaba cansada y que aún estaba molesta con Sesshomaru por haberme echado en cara lo de mi madre, pero dos errores no hacen un acierto, como decía el refrán.
- Olvídalo - murmuré. Él se levantó, acercándose con la gracia de un depredador que sabía con certeza que su presa no podría huir de él.
- Tienes el derecho a conocer al hombre que has tomado como amante. La mayor parte de las historias que han escrito sobre mí son falsas, pero algunas son ciertas, incluso si mis motivaciones son a menudo retratadas incorrectamente. - Cuando me alcanzó, trazó su dedo por la bata de color morado. La luz del fuego acentuaba sus rasgos más pronunciados y sus ojos cobrizos parecían tener sus propias llamas en el interior.
- Vamos. Pregúntame algo. - dijo, con suave desafío.
- La verdad Sesshomaru, sólo sé lo que las películas dicen sobre ti, las cuales tú has confirmado que son mentiras. Ni siquiera sabría sobre qué preguntar. - Miré hacia otro lado, desconcertada y a la vez seducida por la oferta.
- Mentirosa. Tienes preguntas, así que hazlas. - interrumpió, una declaración más que una acusación.
- ¿Jaken dice la verdad? ¿Romperías mi corazón? - solté la pregunta antes de poder detenerme.
Tan pronto como lo dije, desee poder retractarme. Habíamos acordado que el amor no era una opción para nosotros, y aquí estaba yo hablando de corazones rotos como una adolescente lunática. Tal vez esta era una señal de que ya estaba involucrada sentimentalmente en esta relación.
- ¿Por qué querría yo romper tu corazón? - Él se apoyó contra el marco de la puerta, su cuerpo tan cerca que estábamos a un respiro de tocarnos
- Porque a veces puedes ser un hijo de puta despiadado - contesté con honestidad. Una sonrisa cruzó sus labios.
- Correcto, pero yo te quiero conmigo. - Inclinó la cabeza, su boca rozando mi cuello, enviando tentativos temblores a través de mí cuerpo.
Incluso en medio de mi placer debido a sus movimientos, sentí un pinchazo de decepción. Yo no había estado buscando una promesa de un "para siempre," pero había esperado oír algo… más. Él me quería con él ahora pero ¿Qué sucedería después de que capturáramos a su misterioso enemigo y ya no me necesitara más viviendo bajo su propio techo? ¿Podríamos intentar una relación a larga distancia conmigo en los Estados Unidos y él aquí? ¿Pediría que me quedara? Y si fuera así, ¿aceptaría yo?
- ¿Sientes algo por mí aparte de lujuria? - me obligué a preguntar.
No fue sino hasta que las palabras salieron de mi boca que me di cuenta lo mucho que me importaba su respuesta. Sip, esto en realidad me superaba. Sus labios continuaron cepillando mi piel como roces de plumas que provocaban un sinnúmero de temblores a pesar del nerviosismo que sentía mientras esperaba su respuesta.
- Desafiaste mi autoridad a plena vista de mis súbditos ¿Y yo que hice? - dijo por fin.
- Me hiciste electrocutar a Maximus una y otra vez - le contesté, sin saber a dónde iba con eso.
- Le di la más baja de la penas al mismo tiempo que te enseñaba como amplificar tus poderes. Si no sintiera por ti más que lujuria, Maximus estaría clavado en ese palo por una semana, y tú, mi bella entrometida, no estarías aquí conmigo en estos momentos. - respondió con una voz seductoramente suave.
Difícilmente las palabras que encontrarías en una tarjeta de Hallmark, pero sin embargo, habían causado un brillo de felicidad. Bueno, así que esto no era amor, pero al menos era algo real para él. Con eso bastaba por ahora. Antes de que Sesshomaru preguntara cuáles eran mis sentimientos por él (una pregunta que yo no estaba lista para responder con mis emociones fuera de control) cambié de tema.
- Qué hay de ti matando dos pájaros de un tiro: castigando a Maximus y al mismo tiempo trabajando mis poderes. - Quise sonar indiferente, pero era difícil cuando cada roce de su boca hacía que mis dedos se retorcieran. O mi intento de cambiar de tema funcionó, o él en realidad no quería saber sobre mis sentimientos, porque se centró en mi afirmación en vez de mis cavilaciones mentales.
- Como ya te dije, due diligence. - Su respuesta me hizo acordar del único fragmento que obtuve tras haberme pasado horas escarbando en mis recuerdos en el día de hoy.
- El líder - comencé a decir, mi aliento se atascó cuando mordió mi cuello con sus dientes, que ahora mostraban dos prominentes y afilados colmillos.
- Tenía un anillo extraño. Era algo así como el tuyo, sólo que tenía un pájaro en frente en vez de un dragón. – jadee apenas consiente.
- ¿Qué clase de pájaro? - La boca de Sesshomaru se detuvo.
- ¿Huh? Sería difícil de decir ya que sólo pude ver el anillo cuando hacía gestos mientras hablaba ¿Un cuervo, tal vez? - Sesshomaru desapareció de la habitación antes de que terminará de hablar, mi bata se balanceaba por la rapidez con que se había movido. Parpadeé sorprendida. Momentos después estaba de regreso sosteniendo una página rasgada.
- ¿Viste ésta figura? - Tomé la página amarillenta de él, no entendiendo el lenguaje de la escritura antigua plasmada en ella, pero si reconociendo la imagen.
- Sí, es ésta. Pensé que la cosa en el pico del pájaro era una rama, pero ahora veo que es un pequeño aro. - Sesshomaru murmuró algo en rumano. Por su tono, supuse que se relacionaba con la mención repetida de palabras con cuatro-letras.
- ¿Qué está mal? - él había reconocido el símbolo, así que el anillo era un avance. Eso era algo bueno, ¿no?
- Ese anillo lleva el escudo de armas de la familia Corvinus. La última vez que vi uno como ese, fue en la mano de Naraku. - Me miró fijamente, la expresión en su cara era tan despiadada que casi di un paso hacia atrás.
- El hombre que muestra el dibujo… Me dijiste que lo habías quemado hasta morir, pero las coincidencias se van acumulando. - le dije lentamente.
- Sí, lo hacen. Ponte ropa abrigada. Vamos a salir. - su vos tirante. Luego me barrió con la mirada.
Después de volar por más de una hora, pensé que le había encontrado el truco a esto. No mirar hacia abajo: El viento helado era un infierno para mis ojos. Mantener ambos brazos alrededor de Sesshomaru: No porque él me podría dejar caer, sino porque el calor que emanaba de su cuerpo impedía que mis manos se convirtieran en bloques de hielo. Mantener mis piernas alrededor de él por la misma razón. Pretender que estábamos en una montaña rusa: Eso ayudaba a combatir el miedo cuando él hacía un giro o un descenso inesperado.
Me di cuenta del consejo más importante cuando él finalmente nos puso en el suelo: No tratar de caminar inmediatamente. Mi frágil equilibrio hizo que mis piernas se sintieran disparejas y calculara mal mis pasos. Si Sesshomaru no me hubiese agarrado me habría dado de bruces contra la nieve.
- ¿Por qué no tomamos la limo ésta vez? - murmuré.
- Porque si alguien está vigilando la casa, no queremos que nos sigan y vean hacia dónde vamos. - Ató mi bufanda de nuevo alrededor de mi cuello. En algún punto durante nuestro vuelo debió ir a parar camino abajo en mi abrigo. Finalmente miré alrededor y contuve el aliento.
Las luces situadas estratégicamente iluminaban los restos de un antiguo castillo, una iglesia, un patio real y una torre. Algunas de las estructuras se veían totalmente restauradas, como la torre hecha de ladrillos amarillos, pero otras se veían en decadencia. Caminos con barandillas y señales demostraban que estas ruinas formaban parte de una zona turística, pero las modernas remodelaciones parecían fuera de lugar en relación con la edad de piedra y ladrillo. Casi podía sentir la esencia de miles de recuerdos fluir de las ruinas antiguas, pero no me acerqué. Permanecí inmóvil, bebiendo de la belleza que me rodeaba, el viento y los ruidos provenientes de una carretera cercana eran los únicos sonidos aparte de nuestras respiraciones.
- La Corte Real de Targoviste. Jamás pensé en volver a este lugar, pero aquí es donde enterré los restos de Naraku. - Por su tono, Sesshomaru escondía algo pero no sabía qué.
Me quedé mirando a Sesshomaru, pensando cuán bien él encajaba en este entorno. Su ruda y esbelta apariencia, su cabello azotado por el viento, y la expresión determinada que sostenía tanto como el brillo barbárico, igual a la forma en que estaba construido el palacio medieval. En muchos sentidos, Sesshomaru me acordaba a estas ruinas; una porción indómita del pasado debajo de una apariencia civilizada.
- ¿Es aquí donde vivías cuando eras príncipe? - Él me dio una breve y deslucida sonrisa.
- No por mucho tiempo. Como Voivode, gastaba todo mi tiempo tratando de que Valaquia no cayera presa de sus enemigos. No me dejaba mucho lugar para descansar en el palacio. - Entonces empezó a caminar hacia la torre, saltando sobre un muro medio derrumbado y luego extendiendo una mano hacia mí.
- Antigua gimnasta, ¿recuerdas? - Le di una mirada mientras ignoraba su mano y trepaba por la pared con la misma facilidad que él.
- Sí, pero no porque me lo hayas dicho. Nunca hablas de tu vida antes del accidente. - Otra sonrisa sardónica.
Así que ya entramos en esto, pensé mientras elegía mi camino a través de la corte en ruinas. Hace poco se había ofrecido a contestar cualquier pregunta que yo le hiciera. Demasiado tarde me di cuenta que esa oferta venía con una condición. Así que si yo estaba dispuesta a hacer preguntas, no podía acobardarme cuando me tocara el turno de responder.
- Cuando era una cría, era muy buena en la gimnasia. Tan buena que cuando tuve trece años gane la oportunidad de competir por un puesto en el Equipo Olímpico - Él ya había sacado esa información de mi mente, pero parecía querer oírlo de la manera habitual.
- El problema fue, que al mismo tiempo mi papá obtuvo un traslado del trabajo a Alemania. Él podía ir sin compañía por un año o llevarnos a todos con él por tres años. Si íbamos con él, yo perdería mi entrenador, mi centro de formación…básicamente mi mejor chance de entrar en el equipo. - Ahora estábamos cerca de la torre.
Las señales en rumano y en inglés alrededor de ella anunciaban que adentro estaba la verdadera historia sobre Sesshomaru Dracul, acompañadas con una imagen que no se parecía en absoluto al hombre de pie a mi lado. Sesshomaru rodeó la torre yendo hacia la parte de atrás, indicándome que lo siguiera. Lo hice, metiendo mis manos dentro del abrigo. Incluso a través de los guantes, el frío me atormentaba. Sesshomaru se arrodilló al pie de la torre, pasando sus dedos a lo largo de los ladrillos descoloridos.
- La espada de Naraku golpeó aquí cuando intentó rebanar mi cabeza. - dijo, mostrando una grieta que yo no había notado hasta que él la tocó. Luego se levantó, giró y dio seis largos pasos en la dirección opuesta antes de arrodillarse de nuevo.
- Y aquí es donde lo enterré. - Empezó a limpiar la nieve. Yo estaba por preguntarle por que él no había traído una pala, cuando introdujo sus manos en la tierra congelada con la fuerza suficiente como para hacer temblar el suelo. Si, una pala hubiese sido un poco redundante. Lo vi cavar con una sensación de alivio.
- ¿Y luego qué? - en un tono, que no me atreví a contestar.
- ¿Quieres desenterrar el pasado, metafórica y literalmente, al mismo tiempo? – Mi bufido murió en una nube de color blanco.
- Llámame todopoderoso. - Sus ojos brillaron rojos a través de la cortina de su cabello mientras fijaba su mirada en mí.
No fue porque él se hubiera ofrecido a contarme cualquier cosa por lo que yo respondí. Fue porque él no había rehuido cuando se enfrentó a su más oscuro pecado, así que, ¿Cómo podía seguir yo negándome a hablar del mío?
- Le rogué a mi padre que tomará la opción de un año sin compañía, o que me dejara vivir con mi tía Brenda, así yo podría seguir compitiendo en las pruebas. Entrar en el equipo era todo lo que me importaba, y yo estaba tan furiosa porque mi papá arruinaría todo al dejar aquí su trabajo. - Suspiré con amargura al pensar cuan estúpida había sido.
- Mi mamá se rehusó a aceptar cualquiera de las dos opciones, dijo que nada era más importante que permanecer todos juntos en familia. Fue entonces cuando le dije lo que había encontrado una semana antes cuando escudriñaba entre las cosas de mi padre en busca de un equipo para acampar. - Sesshomaru había escavado más de tres pies de profundidad, las pilas de tierra que arrojaba a los lados manchaban de negro la nieve alrededor. Tan pronto como dejé de hablar, se detuvo, nivelando su imponente mirada con la mía.
- Para ser un hombre inteligente, fue un imbécil al dejar una carta arrugada de la mujer con la que se acostó en el fondo de su bolsa de viaje. - seguí.
- Le conté a mi mamá sobre la infidelidad de papá, no porque creyera que era su derecho saber, sino como venganza, hacia él por haber arruinado mi sueño de estar en los Juegos Olímpicos, y hacia ella por negarse a dejarme vivir con la tía Brenda. Esa era yo. Una perra patológicamente narcisista. - Sesshomaru no había reanudado su excavación, aún permanecía arrodillado en la nieve, mirándome con una extraña expresión. Me tomó varios segundos darme cuenta de que se trataba. Simpatía. No era de extrañar. No la había reconocido. Nunca lo había visto mostrar esa emoción con anterioridad.
- De todas las cosas, ¿es por esto por lo que sientes simpatía? - Me atraganté riéndome.
- Fuiste una niña mimada que hizo algo terrible. Merecías ser castigada y confinada en tu habitación, pero no merecías haberlo perdido todo.- Quité la repentina humedad de mis ojos.
- ¿Ah, sí? Yo quería quedarme con mi tía y se me cumplió el deseo. Mi mamá, mi hermana y yo nos mudamos con mi tía Brenda cuando le dijo a mi papá que se fuera a Alemania sin compañía mientras ella resolvía que hacer. Luego, un mes después, los tornados tumbaron un montón de árboles en mi barrio. Después, oí un perro gimotear en el patio. Fue tan extraño; el perro simplemente yacía allí, con las ramas de los arboles rodeándolo. Nunca vi caer el poste de electricidad. Fui a liberarlo de los escombros… y lo siguiente que supe era que había despertado en un hospital. - murmuré ásperamente.
- Los doctores dijeron que tuve suerte de que el golpe me lanzara a través del patio. De lo contrario, me hubiese quemado hasta hacerme cenizas mientras permanecía pegada al cable de alta tensión. Pero lo que nadie pudo explicar fue porque mi mamá murió por la electricidad que irradiaba mi cuerpo cuando ella trató de ayudarme, y aun así el mismo voltaje no me mató a mí. – mi garganta se cerró.
- ¿Por qué? - los labios de Sesshomaru se curvaron, su simpatía se había ido.
- Algunas cosas simplemente pasan, Leila. Tú sobreviviste. Ella no. Preguntarse por qué, es tan irrelevante como inútil. - Después de todo lo que había vivido, sabía que eso era verdad.
Sin embargo no hacía que el dolor por la muerte de mi mamá desapareciera, por no hablar del sentimiento de culpa por haber separado a mi familia. Sesshomaru comenzó a cavar de nuevo. O estaba muy impaciente o la tierra del subsuelo no es estaba tan congelada porque progresaba con gran rapidez.
- Otra vez estas siendo ingenua. La infidelidad de tu padre fue lo que separó a tu familia. Tú simplemente fuiste la mensajera. - Nunca le había contado a nadie la siguiente parte, y me tomó dos intentos antes de que pudiera obligar a las palabras salir de mi de repente apretada garganta.
- Él quería arreglar las cosas. Engañó a mi mamá, pero aún la amaba, y cuando ella murió… gran parte de él me culpaba tanto que me evitaba. Nunca lo dijo pero lo descubrí cuando lo toqué. Ese es su peor pecado. - mi voz se quebró.
- No lo hagas. Ahora mismo necesito que seas frío. Si no lo eres, entonces tendré que recordarte lo mucho que duele, y no quiero hacerlo. - Sesshomaru abandonó su excavación y se levantó, pero yo alcé una mano.
Las palabras eran desiguales, pero por lo menos me las había arreglado para no derramar las lágrimas. Sesshomaru se me quedó mirando un buen rato, su expresión indescifrable. Finalmente se volvió a arrodillar y comenzó a cavar de nuevo. Un par de minutos y un montón de tierra después, dejó escapar un gruñido y luego sacó algo largo y blancuzco del agujero. Un hueso.
- Justo donde debías estar - murmuró Sesshomaru. No parecía una prueba indiscutible de que Naraku no fuera el maestro, pero me acerqué más, alargando mi mano.
- Vamos a asegurarnos. - Su frente se arrugó, pero puso el hueso en mi mano derecha.
Inmediatamente, ecos de los últimos momentos de agonía del hombre se apoderaron de mí. Fue quemado hasta morir, lo cual había esperado, pero no vi la cara de Sesshomaru a través de las llamas. Vi la cara del titiritero, su cara estaba demacrada y su cabello veteado de gris mucho más largo, pero sus rasgos eran inconfundibles. Otro revoltijo de imágenes sustituyó esas en una rápida sucesión, mostrando un pecado leve, largas jornadas labrando la tierra y niños pequeños jugando con una casa de barro. Un nombre permanecía reverberando a través de los recuerdos. Josef. Esto estaba todo mal.
Cuando tomé el camino de vuelta a la ardiente muerte, pude ver lo que me había perdido la primera vez en medio del dolor y del pánico. El titiritero llevaba el anillo que había visto cuando él había ordenado que me atacaran, solo que aquí él se estaba encargando de su propio trabajo sucio. El hombre enterrado aquí se llamaba Josef, y había sido quemado hasta morir por el mismo yokai que recientemente había intentado matarme.
Continuara…
