Vaso; roto.


El estruendo en la calle es bastante, fuera de que me hace doler la cabeza, es bochornoso y hasta arenoso. Escucho ruidos no muy claros alrededor, no tengo la cabeza para prestar atención por ahora.

— ¿Estás aquí? —su voz que hace dar un brinco en mi lugar, me ha asustado y eso que llevamos toda la tarde juntos.

—¿Cómo? —digo aún tratando de hacer que la cabeza vuelva al presente.

¿Hola?, ¿alguien me escucha? No es momento de estar en Marte, por favor funciona, tienes trabajo que hacer.

—Vuelve conmigo Eren, desde temprano estas como ido ¿pasó algo en el trabajo?, ¿está todo bien? —Farlan toca mi frente buscando indicios de fiebre, viendo el color de mi piel y algún indicio que diga que no dormí en toda la noche o que estoy irritado. Por suerte logré ocultar todo rastro de cansancio con algo de maquillaje y bebidas energetizante, tampoco quería que él se preocupara.

—Estoy bien, ¿qué hacemos aquí?

—Tú querías venir —dice extrañado—, ¿en serio todo está bien?

No, en realidad no lo está. Pero mi cuerpo está trabajando para seguir adelante aunque por dentro es todo un desastre.

—Lo está —digo llevándome un pedazo de ensalada a la boca—. Estaba pensando en que este lugar no es tan bueno como pensaba.

Él asiente no muy convencido, pero lo deja pasar porque sabe que no soy de hablar de mis problemas a menso que sea extremadamente necesario. Me da mi espacio y eso lo agradezco.

Farlan me invitó a un restaurante del cual yo hablé con entusiasmo, lo cierto es que no recordaba haberlo mencionado, así que solo acepté cuando marco por la mañana diciendo que había apartado reservaciones. Igual necesitaba despejar la mente.

El caso era, que yo estaba presente y mi mente no lo estaba, ella estaba de paseo mirando el recuerdo de hace unos días, el extraño encuentro que había tenido con el villano de mi vida; yo había salido corriendo como todo buen protagonista de una novela que sigue en desenlace. Farlan seguí hablando y de repente haciéndome preguntas, mientras yo pensaba lo malo que había sido aquel día.

Ninguno de los dos terminó la comida del restaurante, metieron lo que restó en platos desechables y bolsas plásticas. Caminamos un rato por la ciudad, hasta que Farlan se detuvo en uno de los edificios más exóticos para el turismo. La noche no estaba muy lejos.

Entonces de improvisto, Farlan comenzó a hablar.

—Sabes, ya llevamos mucho tiempo con esta relación entre tú y yo, y me gusta la libertad que tenemos… todo eso de las relaciones sin formalizar es estupendo y así… —se rasca la nuca y la sangre se le sube a la cabeza dándole tintes rosados. Mierda, no. —. Pero yo lo he pensado mucho y estoy seguro que puede ser una buena idea, aunque no sé si quieras…

Quiero tomar la palabra y evitar una catástrofe de la nos arrepentiremos, Farlan se me adelante y dice de golpe:

—¿Aceptarías se mi pareja? —esconde el rostro entre sus hombros, queriendo librarse del bochorno que acaba de ocasionar—. Sólo si quieres… digo, yo quiero, hace mucho que quiero y… dame una oportunidad ¿sí?

—No es buena idea… y no creo que… —parece desesperado, incluso algo trastornado.

—Pero puedo cambiar, lo prometo. Dame una oportunidad.

—No eres tú Farlan, no te culpes por esto. Yo aún… —bajá la cabeza como si fuera un perro pequeño que acaba de ser regañado. Por favor, que no llore—. Yo no creo que realmente formalizarlo sea buena idea. Te quiero, de la mejor manera, mucho… pero no te amo de la manera en la que tú quisieras.

—Pero no nos estás dando una oportunidad si quiera.

—Aunque lo hiciera, no terminaría bien. Créeme. Si lo formalizamos no llegaríamos ni a unos meses juntos —digo tratando de no romper las bolsas plásticas.

Noto que él muerde sus labios con fuerza, se lastimará si sigue así. En serio estoy pidiendo que deje el tema y sigamos con la cita arruinada a la que lo invité.

—¿Es por él? —Sin embargo, él parece bastante lastimado—. Tu ex… ¿tú aún…?

—No no, él no tiene nada que ver con lo que tenemos tú y yo —Ese es un campo el cual no quiero tocar.

Él parece entenderlo por momentos. No sé cuanto lo he lastimado o siquiera si él entiende razones en este momento, temo que se ponga llorar porque justo ahora parece temblar como un pollito asustado; puedo ser bueno con los animales, pero no con los humanos.

Suspira, como si el aire le limpiara el bochorno y la horrible persona que a veces soy con él.

—Perdona. —digo.

—No, perdona por presionarte.

Tenemos que similar caminar por las calles mientras la tensión va bajando entre ambos. No sé porqué no se me ocurre terminar con todo de raíz, quizá ambos ya hemos tenido suficiente por hoy.

Para cuando ambos no damos cuenta, el ocaso está llegando. Farlan por fin me mira y sonríe. Aún logra sonreír después de todo.

— ¿Podemos seguir viéndonos? —dice.

—¿Amigos?

—Pero claro, no sé qué haría sin esos cafés tan cargados por la mañana —cuando ambos estamos por seguir nuestro propio camino, él dice mi nombre—. No me voy a rendir, todavía no.

Me pesa el pecho como si llevara un huracán que acaba de destrozar mi sistema sanguíneo. Por alguna razón hoy la noche parece más fría aunque hizo sol y el clima fue bochornoso. Cuando llego a casa, me dejo caer de golpe en el piso de la cocina, rendido por el huracán y hasta ahora me doy cuenta que me tiemblan las manos. Ni Armin ni las pequeñas bestias se acercan a ver qué ha pasado.

No soy la persona que pueda dar amor, dejé de serlo y esa parte sensible no creo que vuelva aunque Farlan intentara llenarla, tampoco quiero lastimarlo más.

Hice lo correcto, ¿no?

¡Gracias por leer!
Leeren