Disclaimer: Los personajes de BNHA no me pertenecen, en cambio la historia es de mi autoría.

Advertencia: Contenido sexual explícito.

Nota: Cada capitulo tiene por título el nombre de una flor, estas estarán presentes en la historia, ya sea de forma concreta o implícitamente. Al finalizar la week habrá una pequeña sorpresa.


Día 8: Tema libre (Mitología).

Bakugo sintió el viento helado acariciar su mejilla y despertó de golpe completamente desorientado, sintiendo un extraño vaivén mover su cuerpo mientras las nubes grises le saludaban desde el cielo. Se levantó de un sopetón y observó con extrañeza la oscura madera que lo rodeaba, además del peculiar olor a mar que inundaba el ambiente.

Estaba dentro de un bote.

En medio del mar.

Completamente solo.

Frunció su ceño rápidamente al no saber que mierda estaba pasando. ¿Qué hacía en aquel lugar? ¿Por qué estaba en medio del mar? Lo último que recordaba era estar delirando y escuchar una molesta voz diciéndole que descansara.

Después de eso todo se volvió negro y despertó en aquellas circunstancias.

¿De verdad había muerto? Era una posibilidad, quizás estaba en una especie de limbo entre la vida y la muerte mientras su alma buscaba el descanso eterno.

Apretó con fuerza su mandíbula y cayó en cuenta de que estaba completamente vestido con una ligera camiseta blanca y un par de pantalones de tela, provocando que su piel se erizara a causa de la brisa marina que lo envolvía.

Trató de pensar con claridad mientras se sentaba en aquel bote, necesitaba algún plan para salir de aquel lugar pero nada se le venía a la mente, todo eran incógnitas sin resolver provocando que la desesperación lo inundara poco a poco sin saber que mierda hacer.

El movimiento desesperante de las olas bajo aquel pequeño bote no le dejaba pensar con claridad, ni siquiera tenía un puto remo que le sirviera, ¿pero para qué? Si no sabía ni siquiera donde estaba ni a donde dirigirse, definitivamente estaba naufragando en lo desconocido y no tenía ni puta idea como llegó a aquella situación.

Poco a poco el viento fue aumentando su intensidad y las nubes comenzaron a tornarse oscuras anunciando una tormenta, Katsuki gruñó ante su mala suerte y comenzó a buscar algo con lo cual cubrirse de la emergente lluvia.

Nada.

No había absolutamente nada.

Maldijo internamente al darse cuenta de lo peligroso de aquella situación y su cuerpo se agitó bruscamente al romper una ola sobre los costados del bote, luego vino otra mientras la lluvia comenzaba a caer mojando sus cabellos y la delgada ropa que lo cubría.

—¡Jodida mierda!— exclamó mirando el cielo.

Rápidamente buscó protección bajo uno de los asientos de madera y se encogió para acomodarse esperando que la lluvia lo mojara lo menos posible. La ráfaga de viento que vino a los pocos segundos movió tan intensamente aquel bote que un poco de agua salada ingresó al espacio y su cuerpo comenzó a mojarse, la brusquedad del mar lo estaba dejando sin posibilidades y dio un respingo al escuchar como el cielo rugía a causa de un trueno.

Los movimientos oscilantes del mar lo agitaban con brusquedad y se entregó a la muerte cuando una ola gigante ingresó con fuerza hasta el bote inundándolo por completo. La intensidad del mar lo abrazó en un par de segundos y poco a poco el agua salada fue invadiendo sus pulmones.

Tosió con brusquedad al sentir como el aire volvía a sus pulmones y el agua salada era expulsada por su boca y parte de su nariz, respirando con desesperación sobre un manto arenoso bajo su cuerpo. Sus ojos rojizos se abrieron de inmediato observando el cielo azulado mientras el sonido del mar lo volvía a saludar.

¿Había vuelto a morir?

Con cuidado se sentó sobre la húmeda arena y pudo apreciar la inmensidad del mar frente a sus ojos en donde las olas se rompían en aquella extraña playa donde su cuerpo descansaba y el sol le brindaba un extraño calor.

Su cuerpo se puso en alerta y a varios metros de distancia y varado en medio de aquella playa pudo divisar el bote donde momentos atrás perdió la conciencia.

Pellizcó su mejilla, algo muy estúpido para Katsuki, pero frunció su ceño al darse cuenta que aún no lograba salir de aquella extraña realidad en donde él supuso que se encontraba.

Todo era tan extraño, desierto e irreal que podía confundirse con un mal sueño, pero las sensaciones eran tan claras y perceptibles que le hacían dudar de aquella opción. De verdad Katsuki creía estar en un extraño limbo entre la vida y la muerte.

Se quedó pensativo mientras observaba el hipnótico movimiento de las olas sobre la negra arena, como aquel movimiento se formaba, rompía y volvía a tomar forma de manera cíclica.

No tenía recuerdos de su vida anterior, sólo sabía que se llamaba Katsuki, pero de lo que él estaba completamente seguro es que antes había conocido el mar, había sentido esa agradable sensación en donde las olas rompían en sus piernas y sus pies se fundían en la arena húmeda.

Estaba sumido en sus pensamientos cuando lo escuchó.

Un canto rompió con el silencio de su mente, en dónde de inmediato se puso alerta tensando sus músculos y lentamente se giró hasta el nacimiento de aquella melodía.

Sobre su bote una silueta de espaldas danzaba.

Abrió sus ojos con sorpresa e inconscientemente se ruborizó al percatarse de las condiciones en que la dueña de ese cuerpo se presentaba ante sus ojos.

Cabello largo, castaño, el cual finalizaba en ligeras ondas que cubrían más allá de sus muslos. Aquel cuerpo femenino movía sus manos con delicados movimientos mientras observaba el mar, en donde algunas algas se enrollaban en sus antebrazos contrastando con su blanca piel. Un movimiento hipnotizante de sus formadas caderas fue todo lo que Katsuki necesitó para contener el aliento, observando con detención y admiración el delicado baile que realizaba aquella extraña mujer sobre el que fue su bote.

Su suave voz se apoderaba de la costa y poco a poco el volumen de su canto fue aumentando junto al rítmico movimiento de sus manos y caderas. Poco a poco la extraña mujer fue volteándose lentamente hasta que su mirada se encontró con la intensidad de los ojos de Katsuki.

Esos ojos grandes color chocolate brillaban como piedras preciosas bajo la luz del sol, el sonrojo en aquel redondeado rostro le daba un aire inocente a aquella muchacha que no dejaba de mirarlo mientras le regalaba una sonrisa sin dejar de cantar.

Su larga cabellera cubría sus pechos de forma delicada dándole un aire sensual mientras su cintura realizaba agiles movimientos acompañados de sus caderas; Katsuki la miró con atención mientras su boca se secaba y sus ojos seguían con admiración su hermoso baile. La parte inferior de su cuerpo estaba cubierta por una especie de falda confeccionada por algas que se perdían entre medio de sus muslos, destacando sus piernas tonificadas y torneadas que acompañaban su baile.

Katsuki nunca lo admitiría en voz alta pero era un espectáculo hermoso y misterioso.

Todo lo que estaba ocurriendo desde que despertó en aquel bote era irreal.

No perdió detalle del baile y canto de la mujer hasta que esta finalizó realizando una extraña reverencia al mar, momento en que el viento agitó sus cabellos y pudo observar el contorno de aquellos redondos pechos que caían con hermosura.

Katsuki trató de desviar su mirada con leve incomodidad pero desde que aquella mujer lo había mirado a los ojos no pudo quitar su mirada, sentía que lo había hipnotizado.

La chica finalizó su reverencia y con delicadeza, como si flotara, bajó lentamente de aquel bote y caminó a paso lento y tortuoso hasta Katsuki quien la miraba expectante; creyendo ver como la intensidad de las olas aumentaba con el caminar de la muchacha hasta él.

Los cabellos castaños de la joven se movían grácilmente con el viento, acentuando las delicadas y bellas facciones de su rostro, más él frunció el ceño y tensó su mandíbula cuando la muchacha le dedicó una sonrisa.

—¿Quién mierda eres? — preguntó Bakugo harto de todo aquel espectáculo sin sentido.

La castaña no pareció sorprendida ante su soez vocabulario y se detuvo a solo unos pasos de Katsuki, observándolo mientras él se levantaba con rapidez para atacar si fuera necesario.

—Te hice una pregunta, responde.— exigió con su voz demandante.

La muchacha suprimió lentamente la sonrisa de sus labios y se dedicó a observar los ojos rojizos de Katsuki con intensidad, como si quisiera ver su alma.

El rubio la miró con molestia ante sentir la pesadez de su mirar.

—No temas. — habló la joven con su dulce voz, sorprendiendo a Katsuki.

—No te temo. — respondió él de inmediato para no quedar como un cobarde. —¿Quién eres? ¿Qué haces vestida así?

La joven nuevamente sonrió sin mostrar vergüenza ante su casi desnudez restándole importancia al comentario del rubio.

—¿No lo sabes? —preguntó la chica con curiosidad mientras sus grandes ojos avellana lo miraban.

Bakugo negó y rechistó ante la negativa de la chica por responder a su pregunta. Se estaba volviendo loco y necesitaba respuestas lo antes posible.

—¿Tengo cara de saberlo? — preguntó con molestia—, ¿qué es este lugar?

—Este es el fin del mundo.— respondió con suavidad mientras se giraba para poder contemplar el mar con admiración.

—Responde a la maldita pregunta, joder.

—Ya lo hice.

—No quiero acertijos, necesito respuestas concretas.— demandó elevando su tono de voz mientras empuñaba sus manos con rabia.

La muchacha lo observó de pies a cabeza deleitándose con el cuerpo trabajado del muchacho rubio que tenía frente a sus ojos; desde hace mucho tiempo que ningún naufrago se perdía en aquel mar y el deseo en su interior comenzó a crecer, mirando con deleite las facciones duras de aquel rostro levemente bronceado, la marcada línea de su mandíbula dándole un aire fuerte y varonil, además de sus fuertes brazos y piernas que se observaban bajo la húmeda tela resaltando su fibroso cuerpo.

Era justo lo que ella andaba buscando.

—Te contaré una historia. — habló la misteriosa chica con decisión.

—No quiero una puta historia, necesito respuestas. — demandó molesto.

—Puede que con esa historia tengas las respuestas que necesitas. — lo tentó mientras estiraba lentamente su brazo, para acariciar con la yema de sus dedos aquella línea de la mandíbula que la estaba tentando.

Katsuki se tensó ante el atrevimiento de la joven y estuvo a punto de soltarle un manotazo para que dejara de tocarlo con aquella extraña familiaridad, pero su cuerpo no era capaz de reaccionar ante el suave y cálido tacto de las manos de la castaña.

Gruñó al darse cuenta de lo tentativo que sonaba la propuesta de la chica e hizo una mueca.

—Sólo será una puta historia, nada más.

—Sólo una historia— confirmó la joven sin dejar de acariciar la mandíbula del rubio—, y a cambio quiero otra cosa. — habló esta vez con seriedad, centrando su mirada en los labios de Katsuki.

—¿De que mierda estás hablando? —preguntó sintiendo como su boca se secaba.

—Te doy una historia pero tú me das algo a cambio. —propuso alejando sus manos de la piel del rubio.

Katsuki dejó escapar el aliento contenido al dejar de sentir el suave tacto.

—No tengo nada. — se burló elevando una de sus cejas mientras se cruzaba de brazos.

—Claro que lo tienes— susurró la chica de forma misteriosa girándose lentamente para darle la espalda al rubio—, sólo debes seguirme, Katsuki.

El rubio abrió sus ojos con sorpresa al escuchar salir su nombre de los labios de aquella misteriosa mujer, ¿qué mierda estaba pasando? ¿Por qué ella sabía su nombre? ¿Acaso ella lo conocía de algún lado y tenía las respuestas que necesitaba?

El joven se quedó quieto mientras su cuerpo se tensaba, dudoso de seguir a la joven de hermosas curvas que comenzaba a caminar frente a sus ojos pero su voz era tan atrayente que de inmediato se vio tentado a seguirla.

—¿No vienes? — preguntó la castaña mostrándole su delicado perfil al muchacho, mientras una mirada atrayente y seductora lo envolvía.

Katsuki de mala gana comenzó a seguirla perdiéndose en el vaivén de sus caderas, admirando cada curva que tenía a la vista sintiéndose un completo miserable y pervertido por dedicarle aquellas miradas pero no podía evitarlo, había algo en esa misteriosa mujer que le obligaba a obedecer a todo lo que ella pedía sumado a lo imposible que era para él retirar sus ojos de su cuerpo; era como si ella lo estuviera obligando a observarla.

—¿Cómo te llamas? —exigió elevando el tono de su voz.

—Tengo prohibido decirte mi nombre. — comentó ella con nostalgia centrándose en el mar que tenía a su costado.

—Alguien debe llamarte de alguna manera.

La muchacha se mantuvo en silencio mientras el sol poco a poco comenzaba a esconderse tras el mar dando inicio al atardecer.

—Ochako— respondió con seguridad la muchacha deteniendo su andar—, puedes decirme Ochako.

Katsuki dio un asentimiento de cabeza mientras la miraba con seriedad, ella se había detenido provocando que él la alcanzara en aquella marcha.

—Y bien— Katsuki carraspeo con impaciencia—, cuéntame aquella historia, Ochako. — demandó con impaciencia.

La castaña sonrió al escuchar aquel apodo ser pronunciado por los labios de Katsuki.

—Hace miles de años de la unión del Millalobo, rey de los mares del fin del mundo, y Huenchula, una joven muchacha que habitaba en las tierras del fin del mundo, nació una bebé que no debía ser mirada por ningún ser mortal. — Comenzó a relatar la chica con su dulce voz, envolviendo a Katsuki en aquel relato, según él, imaginario— La madre de aquella bebé la llevó hasta la casa de sus padres y su madre cometió el error de mirar a la recién nacida. El cuerpo de la niña se desvaneció transformándose en el agua más cristalina que pudiera existir, y Huenchula en su desesperación por ver desvanecerse el cuerpo de su hija corrió hasta reunir las aguas derramadas en una vasija para luego vaciar su contenido al mar.

—Eso es ilógico.—interrumpió Katsuki con su ceño fruncido, incapaz de considerar aquella historia como real o más aún, de que pudiera responder a sus incógnitas.

—La joven madre llamó entre sollozos a su esposo, el rey del mar del fin del mundo— continuó la castaña ignorando el comentario del rubio—, fue tanto su llanto que su esposo hizo emerger una barca desde las profundidades del mar en donde el cuerpo de su hija emergió ahora convertida en una adolescente a quién nombró como Pincoya. Fue así como los tres decidieron ir a vivir a las profundidades de mar, dejando a su vez la tarea de protectora de los pescadores y náufragos a la joven, quien además provee comida y protección al pueblo de su madre por medio de cantos y danzas. — finalizó su relato mientras el viento acariciaba sus cabellos.

Katsuki la observó con seriedad odiándose porque no era capaz de quitar sus ojos del rostro de la joven que caminaba a su lado, además de sentirse maravillado con aquella historia por muy disparatada que fuera. No sabía si era real y tampoco tenía ganas de averiguarlo pero la voz de Ochako le hacía creer con intensidad en aquella historia, dándole un aire realista y cierta nostalgia al escuchar su tono de voz tan sereno.

Pero no había obtenido respuestas concretas respecto a donde se encontraba ni mucho menos porque ella sabía su nombre.

Todo era tan ilógico que su cabeza comenzaba a doler.

De improvisto la muchacha se posó delante de sus ojos y le dedicó una cargada mirada mientras sus labios sonreían seductoramente.

—Ya finalicé la historia— habló acercando su mano hasta el joven para acariciar su rostro lentamente—, es momento de que cumplas tu parte del acuerdo.

—¿Qué mierda quieres? —logró articular el rubio concentrado en las suaves caricias de la castaña.

La joven lentamente bajó su mano y comenzó a trazar pequeñas líneas en el cuello de Katsuki provocando que el muchacho contuviera un suspiro.

Era jodidamente extraño que su cuerpo no pudiera reaccionar como quisiera y se rindiera ante las caricias y palabras de la extraña castaña que estaba frente a él. Su cuerpo solamente se estaba dedicando a sentir y anhelar en silencio alguna otra caricia por parte de Ochako, sintiéndose un completo estúpido por no poder controlar sus impulsos y deseos frente a una mujer.

—Un beso. — confesó la castaña sin dejar de mirar sus labios.

—¿Me estás jodiendo? — preguntó exaltado, pero incapaz de mover sus manos para alejarla.

La chica negó con una traviesa sonrisa y se acercó con cuidado hasta delinear con la yema de sus dedos los suaves labios de Katsuki.

—Es el precio que pagan todos quienes naufragan en estas aguas.— susurró dirigiendo sus ojos color chocolate hasta los rojizos de Katsuki.

Ochako moría por probar aquellos labios que no podía dejar de mirar y que la estaban tentando, ella podía percibir el olor masculino que desprendía el cuerpo de Katsuki y saber que él poco a poco estaba cediendo a sus encantos le hacían sonreír de felicidad.

El rubio era apuesto, tenía un rostro que podría quedarse a contemplar por horas sin aburrirse y le parecía completamente varonil y divertido aquel ceño fruncido que dominaba en su rostro. Podía sentir la respiración del joven aumentar al momento en que ella comenzó a acercarse para con cuidado besar sus labios.

Fue un beso cálido en donde los suaves labios de Ochako de acoplaron de forma perfecta a los labios definidos de Katsuki, el cual cerró sus ojos por inercia disfrutando en silencio de la caricia. La castaña imitó al rubio y apoyó sus manos sobre los hombros de Katsuki e intensificó el beso, introduciendo su lengua lenta y tortuosamente para saborear cada rincón de la boca del rubio.

Katsuki no tenía recuerdos de haber besado a alguien en su otra supuesta vida y sólo de dedicó a seguir los movimientos de Ochako y quiso gemir cuando sintió la calidez de la lengua de la castaña entrelazar con la suya.

Era como estar bebiendo de un néctar adictivo.

Guiado solo por su instinto y las ganas de seguir disfrutando de aquella calidez que lo estaba envolviendo, llevó sus manos hasta posarse sobre la cintura desnuda de la muchacha y acarició con delicadeza la suave piel.

Ochako sonrió sobre los labios del rubio al sentir sus grandes manos en su cuerpo y con cuidado comenzó a succionar el labio inferior del chico, atrapándolo en un sensual beso.

Katsuki se sorprendió por el atrevimiento de la chica pero sintió la sangre de su cuerpo reaccionar ante las atenciones que estaba recibiendo su labio creyendo que su temperatura estaba aumentando de forma exagerada. Podía sentir como se ruborizaba por tal caricia.

La castaña cumpliendo su promesa separó poco a poco de la boca de Katsuki rompiendo el beso.

—Solo era un beso. — susurró la castaña abriendo sus ojos por completo.

—Solo era un beso. —repitió Katsuki hipnotizado por la fragancia que desprendía la muchacha de su cuerpo, tan atrayente, tan envolvente.

Poco a poco la calidez del día desapareció y la luna brillaba con todo su resplandor en el cielo haciendo evidente el manto nocturno que los cubría.

Ochako no se movió de donde estaba, no quería irse ni alejarse del rubio luego de probar sus labios, había sido el beso más intenso que había experimentado.

—Lamento no haber podido ayudarte con tus dudas, Katsuki.

—Mi nombre, ¿Cómo es que lo sabes? — volvió a exigir.

—Solo puedo decirte que conozco todo lo que ingresa a este mar y estas costas— habló señalando las olas—, pero no sé la razón del porqué naufragaste hasta acá.

Katsuki apretó sus puños con desilusión, tenía la leve esperanza de que la chica tuviera alguna respuesta respecto a su llegada a ese lugar; pero luego de analizar sus palabras abrió sus ojos con sorpresa.

—La historia…—comenzó mientras la observaba con su ceño levemente fruncido—, eres tú, la Pincoya.— habló sin poder ocultar la sorpresa en su voz.

Ochako lo observó con una leve sonrisa pero no negó ni afirmó su acusación, sólo se dedicó a contemplarlo y guardar cada detalle de su rostro en su memoria; ya era hora de irse.

—Si caminas un poco más encontrarás un pueblo.— desvió la conversación señalando hacia el norte.

Hizo un amago de devolverse para retomar su camino hasta su hogar pero el brazo de Katsuki tomándola por su muñeca se lo impidió.

—¿Qué me hiciste? —preguntó con un extraño enfado observándola a los ojos.

—¿A qué te refieres?

—No sé qué mierda está pasando pero no puedo dejar que te vayas— su boca habló por sí sola, emitiendo palabras que tenía solo almacenadas en su mente—, es como si me tuvieras hechizado por completo.

Ochako lo escuchó hablar y sonrió para sus adentros, acercándose con lentitud hasta el chico para recostarlo levemente sobre la arena con ella a horcajadas sobre él; no le dio tiempo a Katsuki de reaccionar, todo había sido muy rápido y ya tenía a la joven devorando su boca otra vez.

Él no opuso resistencia y se dedicó a volver a disfrutar de los expertos labios de la joven que jugaban con su boca mientras su respiración se aceleraba. Sintió su piel hormiguear bajo el tacto de los dedos de la castaña en la zona de su rostro, pareciera ser que la chica tenía una extraña obsesión por aquella parte de su anatomía.

Las manos de Katsuki se dedicaron a recorrer la cintura de Ochako temiendo cometer algún error o realizar alguna acción que la chica desaprobara, pero al verse impulsado por la propia mano de la castaña que se apoyó sobre la suya y dirigió su extremidad hasta sus muslos.

Katsuki se sorprendió rompiendo el beso pero la mirada intensa y lujuriosa de la castaña le hicieron retomar el contacto piel con piel, acariciando con un poco de brusquedad sus piernas descubiertas. Dio un suspiro cuando Ochako mordió con suavidad su labio interior y con su propia lengua comenzó a delinear los trazos de su boca, saboreando cada centímetro que tenía para ella.

El rubio gimió levemente cuando la lengua de la castaña comenzó a bajar, hambrienta de deseo, por la línea de su mandíbula hasta el nacimiento de sus clavículas, besando, lamiendo y succionando toda la piel expuesta del rubio. Katsuki no quiso quedarse atrás, tomó su rostro con agilidad y mordió suavemente una de sus mejillas, para luego trazar un camino de besos por su pálida piel que sabía a mar, besando con ahínco su cremosa piel para retirar sus largos cabellos y dejar sus pechos descubiertos para su deleite.

Eran hermosos, redondos y perfectos.

Katsuki se vio tentado a tocarlos pero sentía una extraña vergüenza al ver la anatomía de la chica provocando un sonrojo en sus propias mejillas. Ochako comprendió su pudor y le sonrió con tranquilidad, dándole confianza.

—Puedes tocarlos— le susurró con una mirada cargada de intensidad—, lamerlos y succionarlos, sólo debes ser suave. — indicó mientras llevaba una de sus manos y masajeaba su propio seno.

Katsuki sintió como la sangre comenzaba a acumularse en su entrepierna y una erección amenazaba con salir ante la sensual imagen que la castaña proyectaba. El calor en la piel de sus manos era inquietante y se moría por apretar esos pechos tentadores pero no quería parecer un completo pervertido.

Ochako rió ante su duda y con cuidado tomó una mano del rubio y la llevó hasta su pecho, provocando un leve gemido en ella al sentir la palma del rubio abordar su seno por completo. Katsuki estaba maravillado ante la sensación de suavidad de la piel de la chica y apretó suavemente sintiendo bajo su palma con el pezón rosa de Ochako se endurecía; su otra mano hizo lo mismo y la castaña gimió de placer.

Cuando Katsuki terminó de masajear los pechos de la chica y un arrebato de deseo lo invadió y llevó un pezón a su boca provocando que la castaña suspirara al sentir la lengua del rubio jugar con su botón. Lo hizo suavemente siguiendo el consejo de la chica realizando movimientos circulares con su lengua y besando suavemente la piel expuesta, dejando una capa brillante de saliva y la piel enrojecida por las caricias.

Ochako cerró sus ojos sintiendo la lengua de Katsuki torturarla mientras su vagina comenzaba a palpitar a causa de su excitación. Sintió el bulto erecto del rubio bajo su intimidad y comenzó a realizar movimientos de cadera en busca de fricción. El rubio gimió al sentir el roce pero no fue impedimento para pasar al otro pecho de la castaña y darle la atención correspondiente.

—Joder. —gimió a medida que la castaña aumentaba el ritmo de sus movimientos.

—¿Te gusta? —preguntó en medio de suspiros la chica.

—Sí, maldición.

Ochako sonrió y besó nuevamente sus labios que sabían a gloria, aprovechando cada instante que tenía a su favor para poder disfrutar del cuerpo del rubio antes de tener que regresar a su hogar.

Con maestría, tomó la camiseta del rubio desde el borde y la levantó para retirarla por completo, admirando la piel perfectamente lisa y marcada de su abdomen junto a sus trabajados pectorales. Con cuidado acercó su mano y acarició con suavidad los vellos rubios que estaban bajo la piel de su ombligo, provocando que Katsuki suspirara y ahogara un gemido cuando la chica lamió con ansias desde su abdomen hasta sus pectorales.

Se estaba volviendo loco con cada lamida sobre su piel.

Ochako se tensó al sentir el rugido del mar a lo lejos y el aumento en la brisa marina provocando un viento gélido capaz de helar todo a su paso, era su llamado a casa pero no quería alejarse de aquel muchacho rubio que suspiraba bajo su cuerpo.

—Katsuki.— gimió con sorpresa cuando el muchacho la tomó por las caderas y comenzó a realizar un vaivén provocando oleadas de placer en ambos cuerpos.

Ambas respiraciones aceleradas se mezclaban entre suspiros y jadeos cargados de deseo, en donde cada uno estaba disfrutando del cuerpo y caricias proporcionadas por el otro, mezclando el misterio junto a la lujuria desatada en aquella extraña noche en donde la luna y el mar estaban siendo testigos de aquellas muestras de deseo carnal.

—Más rápido.—exigió Katsuki tensando su mandíbula, disfrutando de la imagen del cuerpo de Ochako moverse al compás de sus caderas y de sus preciosos pechos rebotando frente a sus ojos.

La castaña negó con su cabeza provocando confusión en el rubio para luego moverse y tocar con sus manos la erección de Katsuki. Retiró la molesta prenda de tela y el pene de Katsuki quedó a la vista de ambos, provocando un suspiro en el muchacho al sentir las suaves manos de Ochako rodearlo y gimiendo al momento en que ella besó su glande con sus labios.

—Tenemos poco tiempo.— susurró la castaña al momento en que comenzaba un movimiento horizontal con su mano, masturbando a Katsuki mientras sentía sus propios fluidos deslizarse por sus muslos.

—Oh santa mierda, así.

Ochako sentía el pene de Bakugo palpitar bajo du mano y mordió su labio ansiosa, lista y preparada para dar paso a la acción. Con cuidado de no lastimarlo, se volvió a ubicar a horcajadas del chico e introdujo el pene del rubio en su vagina provocando que ambos gimieran al mismo tiempo.

Ochako sintió un placer exquisito al momento en que el pene del rubio la llenó por completo adaptándose perfectamente a las paredes de su vagina; mientras succionaba el labio de Katsuki para mayor placer.

Bakugo nunca había experimentado aquel tipo de sensación de placer ni deseo, sentía que estaba en las nubes cuando la castaña comenzó a dar pequeños saltos sobre su pelvis, aumentando la fricción placentera para ambos.

Ochako apoyo sus manos en los pectorales del rubio para facilitar las embestidas, gimiendo sin poder contenerse, cerrando sus ojos para disfrutar aún más las sensaciones placenteras que la invadían en aquel momento creyendo que en cualquier momento su pecho explotaría de satisfacción.

—Más fuerte, Katsuki.— alentó la castaña en medio de jadeos.

El muchacho obedeció y tomó las caderas de Ochako con fuerza y comenzó a embestirla de forma rápida y continua aumentando los gemidos en ambos a causa de la excitación. La castaña creía desfallecer en cualquier momento y se dejó caer lentamente sobre el pecho del rubio, disfrutando de la exquisita sensación del pene del rubio llenarla por completo.

En un movimiento ágil e inesperado para Katsuki, la castaña retiró el pene de Katsuki de su vagina y se acomodó dándole la espalda al rubio, en donde el rostro de la castaña saludaba al mar frente a sus ojos con desafío.

Ochako volvió a introducir el pene de Katsuki y se apoyó en los muslos del rubio para poder continuar con las embestidas, disfrutando, sintiendo, entregándose al deseo.

El rubio gimió extasiado ante la vista de la preciosa espalda de Ochako, más su voluptuoso trasero quedaba a su perfecto alcance y llevó sus manos para apretar sus nalgas con fuerza y lujuria, sintiendo a su vez como la castaña contraía su vagina en respuesta aumentando así la fricción.

Creyó que si la chica continuaba moviéndose de aquella manera él no podría aguantar ni un solo minuto más, quería alargar aquel encuentro el mayor tiempo posible porque estaba completamente seguro que nunca más se iba a volver a repetir.

La furia del mar en aquel momento se lo estaba dejando en claro.

—Así…

—Maldición, Ochako.

—Más fuerte, Katsuki.— pidió la castaña exhausta, centrándose en el cosquilleo en su clítoris.

Katsuki obedeció y tomó su preciosa cintura entre sus manos y comenzó a embestir rítmicamente la cavidad de la chica, cerrando sus ojos ante cada roce de placer, gimiendo sin restricciones y respirando con dificultad a causa de desfuerzo.

Todo aquel panorama era mágico.

No perdió su ritmo y sintió las paredes vaginales de Ochako contraerse con fuerza al momento en que él liberaba su semen al interior de la chica, alcanzando el máximo umbral de placer para los dos.

Ambos comenzaron a respirar agitadamente al verse envueltos en las olas del placer, tratando de regular sus respiraciones mientras sus cuerpos sudados se mantenían quietos disfrutando de los últimos estragos del orgasmo que los invadió a los dos con intensidad.

La castaña dio un suspiro al momento de retirar el pene de Katsuki de su cuerpo y con delicadeza gateo por sobre su cuerpo para besar sus labios lentamente, guardando el sabor de sus labios en su memoria en un beso de despedida.

Katsuki tomó su redondo rostro con sus manos intensificando aquel beso no queriendo que ella se fuera de su lado, había sido la mejor experiencia que había tenido nunca y la luna, el mar y las estrellas habían sido testigos de aquel goce para los dos.

Con pesar, Ochako finalizó el beso y acarició su mejilla con tristeza, mirando a los ojos rojizos de Katsuki como si quisiera perderse en ellos y no abandonarlos nunca, pero ya era tarde y necesitaba volver.

Con lentitud se puso de pie, dejando el cuerpo desnudo de Katsuki tendido en la arena y caminó sin mirar atrás adentrándose lentamente en el mar, sintiendo el frio de las aguas envolver su piel mientras el llamado del mar se intensificaba.

—Katsuki— le llamó sin mirarlo, el chico se acomodó para observar su figura adentrarse a aquellas aguas, expectante—, quizás volvamos a encontrarnos.

Luego de aquellas palabras la hermosa chica se sumergió completamente en el mar para no volver a salir, provocando una sensación de desasosiego en el rubio quien miraba asombrado las olas romperse frente a sus ojos.

Pasó saliva y contemplo su desnudez, dejándose caer con pesadez sobre la arena y cerró sus ojos. Todo era tan extraño pero se sentía tan real que aún podía degustar el sabor salado de la piel de Ochako en sus labios.

Fue en ese momento que al tener sus ojos cerrados la respiración comenzó a escasear, desesperándose producto de la falta de aire más aun cuando escuchaba gritos al interior de su mente.

—Que mierda. — logró articular a duras penar tratando de respirar, sintiendo como poco a po sus pulmones quemaban

"¡Kacchan!"

Escuchaba una molesta voz a lo lejos, donde todo era negro y sentía su cuerpo flotar.

"¡Kacchan!"

"¡Kacchan"

Cerró sus ojos con fuerza y se entregó al destino.

—¡Kacchan!

La voz preocupada de un joven que observaba con miedo el cuerpo tendido de su amigo de la infancia y compañero de batallas sobre aquella cama inundaba el lugar.

—Kacchan, despierta.— volvió a irrumpir el joven pecoso de cabellos verdes.

Su amigo ya llevaba más de un día dormido y su preocupación se intensificó al ver el jarrón de leche de amapolas sobre la mesita al lado de su cama. Esa leche se utilizaba como analgésico y calmante para dolores extremadamente fuertes que amenazaban la integridad del herido, teniendo a su vez efectos adversos.

El ceño de Katsuki se frunció y el movimiento inquietante de sus manos alertaron a Deku, observando esperanzado la respuesta que estaba teniendo su amigo.

El rubio abrió sus ojos de inmediato y comenzó a dar grandes bocanadas de aire mirándose completamente desorientado al lugar escasamente iluminado por un par de velas.

—Kacchan, al fin— gimió asustado a su lado el muchacho.

Katsuki lo observó sin dejar de fruncir su ceño y poco a poco los recuerdos comenzaban a invadirlo mientras el aire en sus pulmones regularizaba su respiración. Estaba completamente sudado y sólo con un par de pantalones ligeros cubriéndole el cuerpo.

—Que…mierda— logró articular con pesadez, sintiendo su cabeza explotar.

—Estuviste dormido más de un día— comenzó a explicar el joven de cabellos verdosos—, fue un excelente combate de entrenamiento el que tuviste con Eijiro, pero ambos sobrepasaron su límite y terminaron completamente heridos. Para calmar tus dolores te dieron leche de amapola pero eso intensifico tu inconciencia, creo que esa leche en grandes cantidades hace alucinar a las personas. — murmuró esa última frase.

Katsuki escuchó con atención la explicación de Deku y sintió su cuerpo doler como la jodida mierda, incluso si respiraba. No recordaba nada de su sueño a excepción de la presencia del mar.

—Estabas delirando— comentó Deku con preocupación—, eran palabras incomprensibles pero me preocupé.

—Estoy bien.— respondió de mala gana. — ¿Y Eijiro? — preguntó recordando su pelea.

—Despertó hace poco, de verdad fue un buen combate. — habló el chico con admiración mientras la luz de las velas iluminaba el perfil de su rostro. —Tomura quiere que ambos se recuperen para comenzar con la expedición lo antes posible.

Katsuki asintió tensando su mandíbula al escuchar el nombre de su superior, le importaba una mierda pero esperaba con ansias poder salir de ahí.

—En un par de días estaré bien.

—Genial— sonrió Deku a su lado, observando el jarro de leche de amapola—, ¿Alucinaste? — preguntó con evidente curiosidad al rubio.

—Que te importa.— respondió de mala gana, la verdad no recordaba absolutamente nada de su sueño.

—Vaya, debió haber sido un gran viaje.— comentó Deku observando el líquido blanco con detalle.

Y sí que lo había sido.

Amapola: Sueño.


Nota de autora:

Basado en la mitología de la Isla de Chiloé al sur de Chile; "La Pincoya".

Hemos llegado al final de la NSFW Kacchako Week! Gracias por darle una oportunidad a esta serie de historias.

Y bueno; como se han dado cuenta, cada historia tiene por título el nombre de una flor, y si juntamos cada inicial de los 8 títulos obtenemos el nombre de la siguiente historia que publicaré dentro de poco.

"VALHALLA"

Estoy muy emocionada porque tengo esa idea desde hace meeeses y al fin podré compartirla con ustedes, además este último one shot está estrechamente relacionado con el fic; fue un dolor de cabeza hacer coincidir las letras del título de la proxima historia con las flores escogidas y las situaciones pero estoy contenta con el resultado.

Nos leemos pronto y ojalá hayan disfrutado de la lectura; gracias por todo :D