Extra
—Si pudieses pedir un deseo y que este se cumpliera justo ahora, ¿Qué pedirías? — La había preguntado ella alguna vez.
Recordaba aquel día, ella con la espalda recargada en el tronco de un árbol, su cabello rubio se encontraba completamente suelto; algo inusual en ella y el viento soplaba suavemente moviendo la cabellera de la mujer y sus ojos azules lo miraban con curiosidad, como si aquella pregunta fuese algo realmente importante.
Su vestido era blanco y tenía algunas flores bordadas, la falda de la prenda tenía una pequeña mancha vieja de vino que no había podido ser borrada, mas era casi imperceptible y el ambiente tenía un aroma a pay de manzana; alimento que habían traído consigo para aquel picnic.
— ¿A qué se debe tal cuestionamiento, calabacita? — Había intentado desviar el tema al referirse a ella por un apodo cursi y cliché; algo que sabía que le molestaba a ella.
—Confiésame tu más grande anhelo, cabeza de zanahoria — Insistió ella, dejándole muy en claro que no pensaba dejarlo en paz hasta obtener una respuesta.
Le había dado una contestación bastante ridícula y la manera en que Elsa lo había mirado tan sólo le había confirmado que no le creía ni una sola palabra, pero había respetado su decisión de mantener en secreto su más grande deseo.
Le hubiese gustado decirle que deseaba un futuro a su lado, uno en donde despertara cada mañana con ella a su lado. De haber sabido que aquella sería la última vez que la vería con vida le hubiese dicho que la amaba más que nada, que era la mujer más increíble que había tenido el placer de conocer, le hubiese propuesto matrimonio allí mismo a pesar de no haber tenido una sortija en ese momento.
Probablemente ella lo hubiese rechazado y dicho que pensaba que él estaba loco.
Se arrepentía de no haberle preguntado a ella cuál era su más grande deseo , de haberlo hecho quizá ella le hubiese confiado la clase de problema que la agobiaba, entonces él le diría que huyeran del pueblo en ese momento e iniciaran de nuevo muy lejos de allí.
De haber sabido que el anciano señor Weselton había intentado cortejarla, comprar su mano a cambio de propiedades, bienes y una gran fortuna; lo cual ofreció a Agnarr Anderson para convencerlo de otorgarle la mano de su hija.
Se preguntaba continuamente si el motivo de la pregunta que Elsa le había hecho se debía a que deseaba contarle a alguien que su padre había accedido a casarla con el anciano y que su boda ya había empezado a ser planeada sin que ella tuviese opinión en aquello.
Los eventos que siguieron a ello ocurrieron muy rápido, Elsa negándose a aceptar al señor Weselton como esposo y con ello trayendo vergüenza a su familia, aquel hombre acusándola de brujería en venganza de la humillación que sufrió por parte de la joven.
Elsa siendo capturada y posteriormente condenada por sus supuestos crímenes.
—Si pudieses pedir un deseo y que este se cumpliera justo ahora, ¿Qué pedirías? — Imaginaba que su amada volvía a preguntarle.
—Un futuro a tu lado — Respondía en su mente e instantáneamente el recuerdo de ella le recordaba que eso ya no era posible.
Hans se había aferrado a recordar cada momento vivido con ella, con temor de olvidar el sonido de su voz, el tono exacto de azul de sus ojos, el como ella solía tararear canciones, la manera en que doblaba las esquinas de las páginas de los libros que él le prestaba en secreto y el sabor del pay de manzana que horneaba.
Quería mantenerla presente en su cabeza, se negaba a olvidarla y sobretodo no pensaba renunciar a ella.
Estaba decidido a traerla de vuelta.
En secreto y con la mayor discreción posible se había educado en la magia negra, había investigado el cómo sería posible traer a alguien de regreso de la muerte y finalmente había encontrado el hechizo que le cumpliría su más anhelado deseo.
A su amada Elsa.
Y la venganza contra aquel que le había arrebatado al amor de su vida.
Era simple: Un alma a cambio de otra.
Observó a una distancia prudente al anciano hombre mientras aguardaba el momento perfecto para secuestrarlo y llevarlo al lugar donde llevaría a cabo el encantamiento.
—Nos volveremos a reunir mi amor — Le prometió a Elsa en sus pensamientos —. Esta noche nos veremos nuevamente y nunca nadie te hará daño nuevamente.
