PARTE 9
─El siguiente paso es hacer un corte a todo lo largo de ─la explicación de la decano se vio interrumpida por la súbita entrada de un colega. El resto de los doctores ahí presentes mantuvieron respetuoso silencio─... ¿Sucede algo? Estoy en medio de una demostración.
─Hay una llamada de la Dirección General para usted Doctora Mizuno ─contestó el recién llegado con apurado gesto. La mujer se disculpó con sus colegas de inmediato, el mensajero solo le esperaba─. Vamos, doctora, no tomara mucho tiempo.
─Vamos ─respondió con igual apuro. Debía ser algo importante como para que le llamaran desde la dirección del Centro de Investigaciones Médicas.
Caminaron un largo tramo a paso rápido hasta la sección más importante y elegante de toda la instalación. Pocas veces había entrado a esa parte del complejo. La primera vez cuando recién llegó y fue a dejar el resto de su documentación. Las siguientes veces fueron para...
─Oh ─Saeko se detuvo en seco al darse cuenta de algo.
─¿Le sucede algo, Doctora Mizuno? ─preguntó el joven médico que le guiaba. Ambos siguieron caminando de inmediato.
─¿Acaso el Consejo aprobó lo que pedí? ─le preguntó de forma esperanzadora.
─Por fin tomaron una decisión, pero debe escucharla de boca de ellos.
Saeko entró a la gran sala después de que una secretaria se lo indicara. El corazón de la mujer latía agitadamente, estaba ansiosa por escuchar la respuesta del Consejo.
─Muy buenas tardes ─saludó con cortesía a los tres directivos presentes.
─Buenas tardes, Dra. Mizuno. Tome asiento, por favor.
Saeko obedeció al instante y esperó pacientemente a que el hombre dijera algo más.
─Me alegra darle buenas noticias, Doctora Mizuno ─continuó con una gran sonrisa─. El Consejo ha aprobado su petición, puede traer a su hija a vivir aquí con usted mientras termina su especialización en éste Instituto. Ha hecho un trabajo tan excelso en el tiempo que lleva con nosotros, que pensamos de nuevo su petición. Podrá traer a su hija.
Saeko sonrió a más no poder.
─Ami, por favor, ¿me lo explicas otra vez? No te entendí ─suplicó Usagi de graciosa manera. Sus amigas le miraban con resignación y Ami con un apenado y gracioso gesto.
─Claro, Usagi, puede que éste problema sea un poco confuso, pero en cuanto entiendas la fórmula básica el resto de los ejercicios se te harán más sencillos ─dijo amablemente.
─Eso si logra entenderte, es la sexta vez que le explicas ese problema ─musitó Rei con malicia, sin apartar su atención del cuaderno frente a ella.
Usagi puso una mala cara, Ami sonrió con nerviosismo al igual que Makoto y Minako... Empezaban a pelear otra vez. Aquello ya no era novedad pero siempre les resultaba sorprendente la ingeniosa manera en que ese par se las arreglaba para comenzar una discusión de la nada.
─¡Deja de molestarme, Rei! ─exclamó Usagi─, ¡además, le pedí ayuda a Ami, no a ti!
Rei le enseñó la lengua y siguió haciendo un resumen que tenía de tarea. Tenía una increíble cara de indiferencia y se veía demasiado graciosa. Usagi se molestó más.
─¡No sé qué vio Ami en ti si eres tan mala! ─le gritó casi al oído, a lo que Rei de inmediato reaccionó.
─¡Ese no es tu asunto, Cabeza de Bombón!
Ami se sonrojó ligeramente y esbozó una sonrisa más nerviosa, mientras que Makoto y Minako negaban con la cabeza y, resignadas, continuaban con sus tareas. Por su lado, Rei y Usagi comenzaron una guerra de lenguas.
Gracias a Minako el resto del equipo se enteró del romance que había entre Ami y Rei. Nadie lo tomó a mal e, incluso, se emocionaron muchísimo de aquel romance como las enamoradas del amor que eran.
El teléfono se escuchó sonar en el pasillo, pero ninguna le prestó atención, nadie las molestaba ni las interrumpía cuando hacían sus deberes escolares. Alguien más contestó el teléfono.
─¡Ami, tienes una llamada, es tu mamá! ─le llamó Yuuichiro.
Ami se levantó al instante, bastante contenta, y corrió hasta el recibidor a contestar la llamada. Las demás le miraron con singular alegría. Le siguieron hasta el pasillo a una distancia apenas respetuosa, esperaban enterarse de la plática entre madre e hija, sobretodo al saber que la chica seguía extrañando muchísimo a su madre. Ami ya les confiaba bastantes cosas y se sintieron con la confianza de seguirle y escuchar un poco.
─¿Mamá?... Sí, soy yo. Me alegra mucho escucharte.
Todo comenzó con sencillas frases y saludos, poniéndose al día de cómo les estaba yendo a cada una. De pronto, Ami puso seria atención a algo que le explicaba su madre del otro lado de la línea. Se extrañaron. Ami palideció de manera visible, lo que asustó a las chicas.
─¿Eh?... No, mamá, nada de eso. Es sólo que ─sus labios dibujaron una sonrisa triste─, me tomaste por sorpresa. No lo esperaba ─escuchó otra cosa de parte de su madre y fingió un tono alegre─. Claro, estoy muy feliz. Sí, mamá... Comenzaré a prepararme, nos vemos. Gracias, mamá. Adiós...
Colgó lentamente el teléfono.
Todas permanecieron en tenso silencio, esperando que Ami dijera o hiciera algo. La joven miraba de manera ausente el teléfono, seguía pálida. Rei decidió acercarse, no soportaba verla así. le tomó el hombro.
─Ami...
Pero, de forma sorpresiva, Ami volteó y se abrazó fuertemente de Rei mientras comenzaba a llorar de manera silenciosa. La sacerdotisa, sorprendida, acunó dulcemente a su novia entre sus brazos. Las chicas estaban tan confundidas como Rei.
─Mamá espera por mi pasado mañana ─dijo entre sollozos─. Regresaré a Alemania...
─¡¿Qué?!
La sorpresa fue muy fuerte. Hacía un par de meses apenas que se habían reunido como equipo, Ami ya era parte de ellas y eran las mejores amigas, y ahora tenían que separarse. El resto de las chicas se habían encariñado mucho con Ami y, el que se fuera antes de lo planeado, fue triste de saber. Rei tenía un gesto muy raro por la noticia. No podía creerlo.
Era de noche.
Rei tenía a Ami contra la cama y le besaba de una manera muy dulce y tierna, no habían dicho gran cosa desde la tarde. Después de que las chicas se fueran, Rei le dijo a Ami que quería estar a su lado todo el tiempo posible. Entraron al dormitorio de la sacerdotisa y fue ésta quien inició una larga sesión de besos.
La abrazó y se tiró con ella a la cama. Ami correspondió el gesto y se quedaron abrazadas mucho rato, demasiado. Después fue un desesperado beso que duró lo mismo que el abrazo. Ahí comenzaron a llorar de manera silenciosa.
─Te echaré mucho de menos, Ami ─le dijo, por fin, en cuanto rompieron el beso.
─Y yo a ti, Rei. Te amo.
Esta vez Rei le dio un beso en la frente. Entendía que Ami debía irse, lo aceptaba en cierta forma, pero era duro pensar que dentro de poco ya no estaría al lado de su persona amada. Pasaría mucho tiempo antes de que Ami regresara a Japón por cuenta propia, siendo menor de edad debía estar al lado de su madre.
Por su parte, Ami estaba feliz de poder regresar con su mamá, pero sentía un profundo dolor en su corazón por tener que dejar a Rei y sus nuevas y queridas amigas. No quería dejarlas, pero a la vez deseaba regresar con su madre. Debía irse de Japón.
Rei hizo un intento por sonreír. Acercó su boca al oído de Ami y la abrazó más fuerte.
─Nos volveremos a ver, lo sé ─le dijo.
─Y tendremos todo el tiempo y el futuro para estar juntas y ─unas lagrimillas escaparon de sus ojos pero no por ello dejó de hablar─. Y no nos separaremos jamás.
─Jamás, Ami, lo juro.
Ya estaban en el aeropuerto, Ami estaba a pocos minutos de tomar el avión. Su vuelo haría una escala en Estados Unidos y, ahí, Saeko Mizuno le estaría esperando para transbordar en el siguiente vuelo directo a Alemania.
─¡Te extrañaremos mucho, Ami-chan! ¡Waaah! ─lloró Usagi abrazándosele al cuello.
─Yo también las extrañaré ─contestó de manera dulce, sonriente.
─Tienes que cuidarte mucho y no dejar de entrenar, Ami ─le dijo Setsuna con un suave gesto.
─Te estaremos esperando aquí ─intervino Haruka, alborotando ligeramente el cabello de Ami en señal de cariño.
─Y, cuando regreses, quiero nadar de nuevo contigo ─Michiru le guiñó un ojo.
─Esto es para el camino, por que la comida del avión, si mal no recuerdo, te hace mal al estómago, ¿verdad? ─murmuró Makoto a su oído, metiendo una pequeña bolsa de galletas caseras a su chaqueta. Ella misma las había hecho.
─No olvides comunicarte con nosotras con tu pulsera ─dijo, ahora, la senshi del amor─, debemos seguir en contacto.
─Cuídate mucho, Ami-chan ─fue lo único que pudo decir Hotaru, la emotiva despedida le pegó.
Ami agradeció y asintió a las palabras de todas. Sólo faltaba Rei. Tomas miraron a la sacerdotisa en espera de que se despidiera. Rei apenas iba a abrir la boca, cuando...
─Pasajeros del vuelo 201 con destino a California, favor de abordar por la puerta 8 ─sonó una monótona voz femenina desde los altavoces.
─Tengo que irme ─dijo Ami con un suspiro. Se inclinó ante todas─. Muchas gracias por todo, prometo prepararme más, entrenar mucho y regresar en cuanto me sea posible ─se incorporó y fijó su mirada en Rei, ésta también le miraba, muda por el momento. Pero Ami no quería irse así nada más─. Rei...
─Ami...
─Te amo.
Ami caminó hasta Rei y le dio un ligero beso en los labios, no pudo resistirlo. Rei la abrazó y correspondió el beso de manera breve, de ser por ella no la dejaría ir y la tendría entre sus brazos por mucho, mucho tiempo. Se soltaron y Ami tomó su pequeña maleta, corriendo hasta la puerta de su vuelo sin mirar atrás.
─Yo... Yo también te amo ─respondió mentalmente Rei, luchando por reprimir las lágrimas.
Ami, ya en el avión, luchaba por hacer lo mismo.
─Algún día ─pensó Ami─, estaremos juntas de nuevo y para siempre...
Tokio de Cristal, siglo XXX
Sailor Mars se encontraba sentada en el hermoso jardín trasero del Palacio de Cristal. Era una suerte que ese lugar aún estuviera intacto pese a los ataques enemigos. Cualquiera podía entrar al jardín real y llenarse de la paz que una belleza como aquella era capaz de dar.
Esperaba a alguien en particular. Había hecho una cita con alguien de quien había quedado prendada desde que le vio por primera vez. Se trataba de la senshi de Mercurio, que hacía muy poco tiempo había sido encontrada entre los ciudadanos de Tokio de Cristal. La encontraron en buen tiempo, pues en una situación critica como esa qué mejor que todo el equipo estuviera junto.
Sailor Mercury, cuyo nombre civil era Ami Mizuno, era una joven doctora que se dedicaba a atender a la población herida después de los ataques, al igual que muchos otros doctores voluntarios. Su único poder era su conocimiento, talento en la medicina y la tecnología y su entregada dedicación. Eso era más que suficiente. Cierta ocasión, el enemigo atacó el hospital donde laboraba. Fue justo en ese momento que, asustada y desesperada por el ataque, la joven doctora despertó sus poderes y evitó que el enemigo destruyera el hospital.
Ante la explosión de poder, el resto de las senshi reaccionaron y fueron a buscar el foco de aquella energía. Por fin habían encontrado a la senshi faltante, Sailor Mercury.
Comenzó a practicar sus poderes, pero por falta de tiempo y por culpa de los ataques, no avanzaba lo suficientemente rápido. Alguien comentó que, de haberla encontrado en el siglo XX junto con las demás, entonces podría estar a la par del resto de las senshi en cuanto a habilidades. La misma Mercury decidió (con aprobación de los Reyes) que Pluto le ayudara a arreglar ese detalle en el pasado y, con eso, ser de más ayuda en la pelea en su propio tiempo. Sin embargo, no debían cambiar del todo las cosas y quiso que su yo del pasado tuviera un entrenamiento intensivo con ayuda del resto del equipo. Pero no debía interrumpir sus estudios y preparación en Alemania, todo eso formaba parte de la Sailor Mercury de Tokio de Cristal.
Mientras todo eso pasaba y desde poco antes que Mercury tomara tal decisión, ésta llevaba una curiosa amistad con Mars. Rei se encargaba de ayudarle a entrenar con sus recién descubiertos poderes y, en cuestión de poco tiempo, despertó en ésta un cálido sentimiento, había atracción.
Hacía un par de días Rei le había declarado su amor a Ami y ésta pareció feliz de saberlo, le confesó sentir lo mismo que ella.
Ami no tardó en unirse a ella en el hermoso jardín del palacio.
─Lamento la tardanza, estaba revisando los sistemas de seguridad ─se disculpó Mercury, sentándose a su lado.
─Tranquila, no llevo prisa ─bromeó Mars, guiñándole un ojo y, enseguida, dándole un beso muy ligero en los labios─. ¿Crees que en el pasado también nos enamoremos como ahora?
─Estoy 100% segura que sí ─contestó Mercury con una sonrisa.
FIN
