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"Tres cosas en la vida: tu salud, tu misión y las personas que quieres. Eso es todo" -Naval Ravikant
Capítulo 6. Sexto mes
Noviembre, 2015
-Más de 600 millones de won en premios otorgados por la Unesco.
-Ganancias compartidas por los museos de su familia en Corea.
-Algunas propiedades en Jeju Island y Suecia.
-Propiedades en Corea del Sur.
...
Yi Jeong estaba listando mentalmente cada uno de los bienes que poseía y coordinando su testamento en su mente, porque sí, estaba muriéndose. Se sentía fatal, le dolía todo el cuerpo, su cabeza iba a explotar, su nariz enrojecida sólo indicaba cuantas veces la había apretujado de tanto estornudar, estaba muriendo.
—Ga Eul-yang —Él llamó débilmente
Eran alrededor de las dos de la madrugada su esposa dormía plácidamente a su lado, Yi Jeong lo pensó mucho antes de llamarla, porque sabía lo que quizás ella iba a decirle. Pero su esposa ni se inmutó, Yi Jeong se acercó un poco a ella y la sacudió suavemente.
—Mhmm —ella murmuró mientras se removía, si Yi Jeong fuese estado en sus cinco sentidos la fuese atraído hacia él y fuese plantado besos por toda su cara hasta que despertase.
—Ga Eul...
La chica suspiró lo suficientemente audible como para que él lo notará, luego de un par de segundos Ga Eul se incorporó sentándose en la cama y encendiendo la luz de la mesita de noche junto a ella.
—So Yi Jeong, ¡Te dije ese día que te cambiaras rápido la ropa mojada por la lluvia, te secaras y tomaras del té caliente que estaba en la cocina!
Yi Jeong apretó los ojos y perdió visión de la figura de su esposa pero estaba seguro que ella estaba frunciendo el ceño, arrugando la nariz y de brazos cruzados.
—Cariño, por favor, me duele demasiado la cabeza. Me estoy muriendo, tengo mucho frío —expresó el joven llevándose las manos a la cara. Ga Eul se acercó a él y apartando las manos de Yi Jeong tocó su frente.
—Estás ardiendo en fiebre —Ga Eul comentó, para luego levantarse de la cama rápidamente.
—Estoy muriendo —Yi Jeong repitió. Ga Eul rodó los ojos.
—Dijiste que "Estabas muriendo" aquella vez que fuimos a cenar comida exótica con Woo Bin y su nueva novia y luego no podías salir del baño.
Yi Jeong torció el gesto ante el recuerdo.
—Esta vez sí es en serio. Vas a quedar viuda, pero está bien te quedarás con muchas-
—No podrás librarte tan fácil de mí So Yi Jeong, voy por analgésicos y compresas frías, no seas dramático seguro es solo un resfriado.
Ga Eul regresó a la habitación con todas las cosas necesarias, pasó toda la noche-madrugada en vela aplicando paños húmedos sobre la frente de su esposo, midiendo la temperatura, y dándole cada cierto tiempo un calmante, por su parte Yi Jeong dormía de a ratos, pero su tos y constantes estornudos impedían que pudiese dormir profundamente.
La mañana despuntó y muchos rayos de sol se colaban por la ventana de la habitación de los So. Yi Jeong finalmente había podido quedarse dormido a eso de las cinco de la madrugada, sin embargo empezó a escuchar ruidos a la hora siguiente, y poco a poco abrió los ojos, lo primero que vio fue a Ga Eul usando un pantalón negro a la cadera, y un sujetador color violeta muy sexy a su parecer, la mujer estaba buscando una blusa dentro de una pila de ropa cerca del closet, a unos metros de la cama.
— ¿Vas a ir a trabajar? —musitó Yi Jeong. Ga Eul se giró para verlo.
—Hace una hora que ya no tienes fiebre, te dejaré unas pastillas por si...
Yi Jeong se movió y abrazó la almohada de Ga Eul junto a él, que aún tenía el aroma de ella.
—No te vayas, quédate conmigo. Pide el día libre.
Ga Eul sonrió, su esposo podía a llegar a ser muy infantil a veces —Debo enseñar ciertos contenidos a los niños antes que llegue el invierno.
—Por favor —él pidió viéndola a los ojos desde la cama —Además, esto es tu culpa—dijo para luego toser. Ga Eul abrió y cerró la boca.
—Yi Jeong, no fue mi culpa. Tú...
Pero luego se quedó callada al repasar todo los hechos.
Tres días antes...
Yi Jeong y Ga Eul habían decidido salir de compras a última hora por la tarde, resultaba que a Ga Eul se le había olvidado comprar la comida de Golden, y mientras su esposo sugería que comiera de las sobras que ellos dejasen de la cena, Ga Eul replicaba que era importante cuidar la alimentación del conejito danés. Al final ambos salieron a un supermercado cercano, y compraron diversas cosas, hasta golosinas para disfrutar viendo una serie desde el cómodo sofá.
Al ser inicios de noviembre, aún el clima de otoño invadía toda la capital coreana, los esposos So por alguna razón habían decidido ir caminando y no en auto. Yi Jeong sostenía varias bolsas con las compras mientras esperaba a Ga Eul en la entrada del supermercado, cuando Ga Eul salió, ambos estaban listos para ir a casa, por lo que empezaron a caminar tomados de la mano. Aquella costumbre era algo común para ellos, llevaban seis meses de casados, pero parecían par de novios en su primera cita todos los días.
De repente, varias gotas comenzaron a golpear contra la ropa ellos, cabello y cuerpo. Yi Jeong miró al cielo y más nubes se agolpaban preparadas para descargar más lluvia sobre las calles de Seúl.
—Ven —Ji Yeong haló la mano de Ga Eul y la llevó hasta debajo de un local para resguardase de la lluvia, muchas personas al igual que ellos corrían para esconderse de la lluvia, que en cuestión de segundo se había incrementado, y lo que había empezado como pequeñas gotitas terminó siendo grandes cantidades de agua.
Ga Eul escurría su camisa, mientras Yi Jeong revisaba que las compras no estuviesen arruinadas.
—El reporte del clima no anunció lluvia para hoy —La chica se quejó.
—Solo estamos a un par de cuadras de la casa, voy a llamar a un chofer que venga con el auto y...
Ga Eul extendió su mano y la lluvia empezó a caer sobre ella.
—No está tan fuerte, creo que si corremos. Vamos, no te vas derretir. ¿Tienes miedo de dañar tu peinado?
Yi Jeong rodó los ojos. Ga Eul empezó a reír, y ambos salieron del refugio improvisado y empezaron a correr de nuevo. El cabello del joven se pegaba a su frente, Ga Eul tenía los zapatos completamente llenos de agua como si de una pecera se tratasen, pero ella iba muy feliz, parecía una niña saltando de charco en charco.
Aquel escenario fresco, único, y con Yi Jeong tomándole la mano, la hizo visualizar la típica escena cliché que solo en dramas y películas había visto decenas de veces, aquel pensamiento provocó que Ga Eul se detuviese repentinamente, aun cuando el diluvio todavía estampaba en la tierra. Yi Jeong también se detuvo al sentir que su esposa había soltado su mano y se había quedado de pie en medio de la desolada calle bajo la torrencial lluvia.
— ¿Está todo bien? ya casi llegamos a casa, ¡vamos!
Pero Ga Eul se cruzó de brazos, Yi Jeong le costaba mantener los ojos abiertos por el agua cayendo.
— ¿No olvidas algo? —ella preguntó.
—Podemos comprarlo mañana, vamos... —La apresuró el joven alfarero, pensando que ella se refería a algo que se les hubiere pasado por alto en el supermercado.
— ¡Yi Jeong!
El nombrado se acercó hasta su esposa, temblaba por lo frío de cada gota de agua.
— ¡Ya casi llegamos a casa y aún no me has dado un beso bajo la lluvia! —Ga Eul exclamó.
—Ga Eul-yang estamos completamente empapados, llueve a mares, hace mucho frío, te puedo besar todo lo que quieras y donde quieras cuando lleguemos a casa —respondió Yi Jeong apartándose el cabello mojado de la frente y maniobrando con las bolsas para que no se cayeran. Él dio la vuelta e iba a empezar a correr pero se dio cuenta que Ga Eul no se había movido.
Yi Jeong suspiró.
—Quiero que sepas que esta chaqueta se lavaba en seco —murmuró acercándose a ella, la rodeó con sus brazos sin dejar de sostener las bolsas, y al inclinarse hacia ella sus labios atraparon los de Ga Eul. Ambos tenían los labios fríos por la creciente lluvia sobre ellos, pero el contacto lento y rítmico era cálido, cuando sus lenguas se entrelazaron fue una lucha entre frío y calor.
Ga Eul sonrió a mitad del beso. Había sido una experiencia bastante rara, no como en las películas, el agua de la lluvia no la dejaba disfrutar bien de aquel anhelado beso, sin embargo nunca se cansaría de probar los labios de Yi Jeong, con lluvia o sin lluvia.
Ella volvió a tomar la mano de él y juntos y más mojados que antes por la lluvia corrieron a casa. Al entrar Ga Eul le había ordenado que se cambiase de ropa, se secara completamente el cabello y tomara un té caliente que iba a preparar, pero el joven se distrajo con su celular y únicamente se había cambiado de ropa.
De vuelta al presente, Ga Eul se había acercado a la cama tenía la blusa que iba a usar en una mano, y Yi Jeong acurrucado en las cobijas le pedía que se quedara. Realmente, ella seguía preocupada que la fiebre regresara, por eso había avisado a Ji Hoo que estuviese atento a Yi Jeong mientras ella estaba en el trabajo. Pero, volviendo a pensar en su beso bajo la lluvia, se sentía culpable por la condición de su esposo...
Ga Eul no necesitó seguir pensando más, ya que Yi Jeong se incorporó en la cama extendió un brazo y la haló hacia él, Ga Eul gritó por el asombro, pero en cuestión de segundo ya estaba al lado de Yi Jeong, él la abrazaba y la apretaba contra su pecho. Estaba muy temprano, quizás podía llamar a la escuela y que enviaran una maestra sustituta.
—Bien, llamaré e informaré que no iré. Pero primero déjame ponerme la blusa —Ella comentó. Yi Jeong se mantenía abrazado a ella.
—No, así estás bien —afirmó él aún con los ojos cerrados, pero ya sus manos por debajo de la cobija habían comenzado a jugar con los pechos de ella, aun escondidos entre el sujetador.
Ella levantó la cabeza y volvió a quedar a la altura de él, discretamente unió sus labios con los de él en un corto beso. Yi Jeong por reflejos lo correspondió de inmediato, pero luego abrió los ojos y se separó de ella.
— ¡No! ¡No quiero que te contagies con mi resfriado!
Ella rio por la reacción de él.
—No importa, tal vez y sea bueno que estemos aquí juntitos de reposo los dos —Y tras decir eso, volvió a robarle otro beso a Yi Jeong.
Un par de minutos después, finalmente Ga Eul sí pudo ponerse su blusa y bajar a la cocina para prepararle una sopa a Yi Jeong, y seguir cuidando de él, antes de que de verdad él llamara un notario y firmara su testamento.
Volvió a reír mientras subía las escaleras.
—Hombres...No pueden con un simple resfriado.
N/A: pobre Yi jeong, pero es una verdad universal que los hombres no resisten estar enfermos haha. No intenten un beso bajo la lluvia en casa e.e
Gracias por todos sus reviews y alerts, me emociona saber que se identifican con varias de las situaciones que pasan SoEul. Y cada uno de sus comentarios me inspiran muchisímo, gracias infinitas.
Esta misma semana actualizaré con otros capítulos, ¡Hasta entonces!
