IX

Cálido... muy cálido... ésa era la descripción de lo sentía, una calidez que brotaba dentro de su pecho al recordar la cercanía de sus cuerpos, podía sentirla también en el sonrojo de sus mejillas, en la presión que ejercían constantemente esos labios sobre los suyos, en el aliento que degustaba cuando se introducía dentro de su boca, la sentía en esas manos que rosaban su piel y bajaban lentamente por su espalda, en esos fuertes brazos que lo rodeaban todo el tiempo envolviéndolos a ambos en un íntimo abrazo; todo en él se llenaba de esa sensación mientras permanecía inmóvil dentro de aquel contacto, esa sensación que fácilmente despertaba el otro en su interior con cada toque, con cada acción... Su cuerpo temblaba viendo tales imágenes en su mente, se estremecía percibiendo nuevamente cada caricia sobre su rostro... incluso escuchaba esa profunda, serena y seductora voz llamarlo con ese extraño mote que, desde la primera vez que lo escuchó, no le había gustado "Moyashi... Moyashi... "

Abrió los ojos de golpe sintiendo que le faltaba el aire, respiraba agitadamente, casi hiperventilándose, con sus mejillas enrojecidas y sus latidos muy acelerados mientras trataba de distinguir qué era el ensombrecido sitio donde se encontraba; estaba recostado sobre su cama, dentro de su recámara en su lujoso pent house, la poca luminiscencia de la luna que entraba por la ventana le decía que era de noche, asimismo era confirmado por el silencio que reinaba en toda aquella área cercana. Tomó un almohadón que había junto a su mano izquierda para ponerlo sobre su rostro y abrazarlo, estrujándolo con toda la fuerza que tuvo para desahogar el profundo sentir que no lo había dejado en paz por varios días, giró para recostarse sobre su pecho hundiendo la mitad de su rostro en la almohada, encogió sus hombros e hizo un pequeño gesto de ternura acercando su mano cerrada al rostro, junto a su boca.

Apenas se asomaba una de sus bellas iris plateadas, su ojo derecho, por encima de los cojines mirando ligeramente hacia abajo, al vacío frente a él sin haber podido disminuir su sonrojo, estaba molesto pues le desagradaba no saber por qué de pronto se sentía de esa forma.

"¿Por qué no puedo dejar de pensar en él?... " pensaba con ojos de ensoñación mientras recordaba cada una de las sensaciones que lo bombardeaban últimamente, protagonizadas por el joven de larga cabellera azul y ojos rasgados, de mal carácter y riqueza sin igual; hacía varios días que no se veían puesto que surgió una situación urgente que debía atender en cuestiones de negocios, tiempo en el que el pequeño inglés había comenzado a soñar todas las noches con los encuentros nocturnos que compartían dentro de la vieja biblioteca, reviviendo cada momento que habían pasado juntos hasta ese día, cada sensación, cada recuerdo, cada toque, percibiendo cada detalle captado por medio de sus sentidos...

"Kanda... " Giró su rostro hasta esconderlo completamente dentro de los almohadones, dejando ver el particular brillo de su cabellera blanquecina que acentuaba su apariencia excepcional, aquella que era capaz de encantar a cualquiera que tuviere la dicha de contemplarla, de los cuales, el chico japonés se consideraba ser el más afortunado pero que, hasta ese momento, no le había compartido ni confesado ninguno de sus múltiples pensamientos motivados y dirigidos únicamente hacia él. Allen no dejaba de preguntarse qué era lo que Kanda quería, o cuál era la razón de su obstinación por hacer ese tipo de cosas con él; ¿Qué era? ¿Cuál podría ser la razón de que el peli azul buscara acercarse de esa manera con el pequeño inglés? No lograba entenderlo, y tampoco podía dejar de sentirse incómodo por las extrañas emociones que ahora inundaban su interior a causadas por las acciones de dicho joven oriental.

No sabía si era por esa terrible personalidad así como el espantoso carácter que lo identificaba o porque tenía hábitos y conductas muy extravagantes e inusuales, sólo sabía que no había nada en él que le agradara. No, no le agradaba, por supuesto que no, era tan grosero y orgulloso, era tan egoísta, sus tratos eran horribles y su temperamento era aún peor... claro que le molestaba, todo en él lo hacía enojar... todo en él lo alteraba; su fuerte voz con ese tono de agresividad e insolencia que sólo él tenía, tan dominante e intimidante... sus ojos negros, esa mirada tan profunda, fría y penetrante con la que siempre lo vigilaba, capaces de observarlo sin importar el lugar donde se encontrara... sus firmes manos que siempre lo sujetaban con tanta fuerza sin darle oportunidad de poder escapar, pero... también hacían las más suaves, delicadas y tiernas caricias que jamás había sentido... esa boca podía hacer sentir miserable a cualquiera por las palabras tan duras e insensibles que salían de ella, pero... sus labios no sabían tan mal después de haberlos probado tanto...

"Haaaa... " Suspiró mentalmente, de nuevo crecía ese calor dentro de su pecho, llenando cada parte de su ser, subiendo por su pálido rostro mientras lo coloreaba con un rojo intenso, acelerando su ritmo cardíaco, cortando su respiración, comenzaba a marearse retorciéndose sobre su cama, cerró fuertemente los ojos y se tapó los oídos, sentía todas esas caricias, toques y emociones otra vez hasta terminar completamente agotado, tan cansado como para quedar profundamente dormido... Era tan extraño, tan difícil de entender para él, ¿por qué el pensar en Kanda o recordar lo que pasaba entre ellos lo hacía sentir... y reaccionar de esa manera? ¿Por qué solamente le sucedía esto cuando se trataba de él? ¿Por qué esas sensaciones eran tan dolorosas pero a la vez... de alguna forma, no eran desagradables?

Como esa extraña calidez que al principio le había parecido ser enojo o angustia que le causaba esa fuerte punzada en su pecho debido a las acciones del otro... sin embargo, no era eso, esas no eran las emociones que nacían en su interior... quería saber, quería entender qué era lo que le pasaba, simplemente deseaba comprender el porqué de sus reacciones tan intensas, tan grandes como para revivir nítidamente cada detalle guardado en sus recuerdos. ¿Qué era lo que él hacía en esta situación? Tenía tantas preguntas al respecto, ya que, hasta cierto punto, no le había prohibido a Kanda tal comportamiento... al principio sí estaba en desacuerdo, pero parecía que ahora no... sin embargo, no obtuvo ninguna respuesta ni pudo mantenerse despierto por más tiempo, había perdido el conocimiento mientras esos pensamientos sofocaban su mente, así fue hasta que el alarmante sonido del despertador taladró sus oídos, obligándolo a abandonar su descanso habitual puesto que marcaba el inicio de otra jornada escolar.

Mantuvo cerrados los ojos tratando de despabilarse y recordar qué era lo que tenía que hacer ese día, se sentía tan cansado y aletargado, sin ánimos de asistir a clases... sin embargo, abrió grandes los ojos y se levantó dando un gran brinco al darse cuenta de que no tenía nada preparado; corrió al baño desvistiéndose y tomó una ducha lo más rápido que pudo, se arregló, ordenó su mochila y cargó con una montaña de papeles encima que ordenaría después para no entretenerse más, devoro rápidamente una dona que tomó de su cocina y salió apresuradamente hacia la primera clase del día. Corría velozmente atravesando el edificio principal, levantó la vista alcanzando a ver que la profesora entraba al salón, y justo cuando creyó poder entrar, ésta cerró la puerta haciendo que Allen chocara con ella por lo que cayó bruscamente al suelo esparciendo todos sus trabajos en el piso, a pesar de eso se incorporó pidiendo permiso de entrar mirando suplicante a través del vidrio de la puerta, a lo que la profesora negó mirándolo con desaprobación, volteándose hacia a los demás alumnos presentes en el aula los cuales se burlaban de él y se alejó ignorándolo, el albino suspiró con resignación.

Vio cómo iniciaba la clase desde afuera, en el pasillo, completamente desanimado para después girarse hacia el suelo e inclinarse para recoger todos los papeles que había regado en el piso, se disponía a ordenarlos puesto que tenía tiempo libre ahora que no entraría a clase. Leyó sus documentos uno por uno hasta que se dio cuenta de que le faltaba un proyecto del cual dependía para poder aprobar una de las materias más importantes de su carrera, buscó desesperadamente sin poder encontrarlo por lo que quedó en shock al comprender que no lo tendría a tiempo para entregarlo y, por lo cual, seguramente reprobaría el semestre.

"¿Qué? ¿Lo olvidé? ¿No lo hice?... " Pensó sin poder creerlo, nunca había fallado en alguna de sus materias, él era un buen estudiante, probablemente no era el más brillante pero podía hacer correctamente sus deberes... ¿cómo era posible que hubiera podido olvidarlo? Es más, recordó que ésa había sido la razón por la que fue a la vieja biblioteca en primer lugar buscando esos libros de Administración y Finanzas, e incluso algunas tesis que le ayudaran a crear su proyecto empresarial.

-¿Qué...? no, no, no... No está... - decía una y otra vez buscando entre todos los papeles que tenía en las manos, se levantó del suelo rápidamente sintiéndose desesperado por el nuevo problema que ahora se le presentaba.

Tenía que hacerlo todo, tenerlo listo y terminarlo en menos de una hora para poder presentarlo, no sabía si podría hacerlo en tan poco tiempo pero debía intentarlo, era la única oportunidad que tendría; corrió hacia las escaleras tratando de bajarlas apresuradamente para llegar a alguna sala de cómputo que pudiera haber disponible, sin embargo, por la prisa y falta de precaución por su parte, Allen resbaló en uno de los escalones perdiendo el equilibrio completamente, de inmediato sintió el miedo y la adrenalina por la dura caída que le esperaba, la cual nunca llegó, ya que algo lo había frenado, su rostro se había estampado contra algo lo suficientemente fuerte como para impedir su caída, sintió que era rodeado por la espalda, cuyo abrazo protector pretendía asegurarse de que, verdaderamente, el pequeño no cayera escaleras abajo.

-¿Pero qué rayos crees que haces, Moyashi? ¿Acaso tratas de matarte? - Al escuchar aquel mote, el tono y la voz que le sonaba tan conocida, abrió grandes los ojos y levantó la vista para confirmar la identidad de la persona que tenía enfrente, por lo que quedó sumamente conmocionado, paralizado por la sorpresa y el asombro de verlo otra vez.

A pesar de estar un par de escalones abajo, su mirada altiva no cambió y lucía realmente molesto, Allen solamente lo miró desconcertado sin poder reaccionar ni entender qué era lo que acababa de pasar, y se sonrojó sintiendo nuevamente esa calidez que tanto había revivido entre sueños.

-K-Kanda... - aún se encontraba perdido en alguna parte del reflejo que emitía esa oscura mirada, hasta que por fin pudo divisar lo cerca que estaban uno del otro, vio cómo estaba abalanzado sobre él mientras que éste lo mantenía abrazado. -Ah, y-yo... yo... lo siento, no me fijé... - bajó la mirada avergonzado por volver a encontrarse con Kanda de esa manera, se movió tratando de no caer causando que se acomodara mejor en el abrazo del mayor.

-Tch, ¿A dónde se supone que ibas con tanta prisa? - cuestionó el oriental con una mueca de mucho fastidio.

-Ahhh... yo... t-tengo que terminar un proyecto, pronto lo presentaré... p-por eso... yo... - dijo Allen con la voz apagada pues no tenía ánimos de hablar en ese momento tan incómodo y vergonzoso.

Kanda lo miraba con una minúscula sensación de asombro por lo que el albino le estaba diciendo, ¿no había terminado uno de sus trabajos? Entrecerró ligeramente los ojos pensando con desconfianza, mostrándole una mirada de suma molestia, asumió que era verdad ya que podía ver claramente la vergüenza en su expresión, además de que también parecía estar incómodo porque, en todo ese tiempo, no lo había soltado de ese inesperado pero ansiado abrazo de su parte. El menor trataba de separarse sin haberlo logrado, bajó con cuidado hasta llegar a la zona de descanso donde el peli azul estaba situado sin haberlo liberado de su agarre, y abrió los ojos encantado con la idea que oportunamente llegó a su mente.

-Ven. - dijo girándose rumbo a la salida, tomó a Allen de la muñeca izquierda y tiró de ella sin soltar la katana que llevaba en su otra mano.

-Ouch... oye, espera... ¿qué haces? - se quejó por el brusco cambio en el repentino agarre del oriental mientras lo arrastraba detrás de él, pero alcanzó a sujetar sus documentos para no perderlos ni maltratarlos.

-Cállate y ven. - sentenció sin darle más explicaciones, salieron del edificio principal y, al poco tiempo, llegaron al edificio de los dormitorios de los alumnos de tercer grado.

Allen quería zafarse y buscar desesperadamente una solución a su problema, pero... el encontrarse nuevamente con Kanda lo mantenía pasmado y con un desconcertante anhelo por quedarse a su lado, trataba de pensar en cómo podría dejar de sentirse de esa forma, pero cuando se dio cuenta, ya estaban bajando del ascensor frente a una gran puerta blindada, como la que le daba acceso a su pent house; el peli azul comenzó con la rutina de teclear contraseñas y escaneos para que el sistema de seguridad les permitiera entrar a la habitación, por lo que el albino por fin entendió qué era lo que estaba pasando: se encontraban en la suite presidencial donde Kanda habitaba dentro del Instituto.

-Yuu Kanda... - dijo para que el comando de voz lo reconociera.

"¿Yuu...?" Allen se preguntó por qué había dicho eso, entraron y siguió a Kanda sin hacer más que asombrarse por el lujo y exquisito gusto que decoraba el interior de la suite, era mucho más grande que su pent house, por lo que no pudo evitar sentirse intimidado al recordar quien iba delante de él, siendo quien era, no podía tener algo menos que eso.

Los pisos eran de mármol blanco, así como las paredes y el techo, eran bellamente adornados con molduras doradas en la base del suelo y en el borde del techo, la espaciosa sala parecía ser de alguna colección de la realeza por su acabado de madera y acojinado rojo carmesí, quedando a la izquierda del gran pasillo por el cual pasaban mientras que a la derecha había una habitación con una gran puerta doble, una pared dividía el fin de ésta sección, después de la cual había un ancho pasillo que contaba con un ventanal al lado derecho, así como un par de plantas a cada lado del mismo, a la izquierda nuevamente había una gran puerta cerrada, seguida por otras dos puertas dobles que quedaban una frente a la otra en la parte final del pasillo, por lo que pudo notar lo espaciosa y bien acondicionada que estaba aquella suite.

Kanda entró por la última puerta a la izquierda, seguido por Allen, quien había observado por unos segundos el bello ventanal situado en la pared que marcaba tanto el fin del largo pasillo como de la suite; una vez dentro, se encontraban en un impresionante y enorme estudio, en medio de la lujosa habitación había un precioso escritorio de madera de gran tamaño, con incrustaciones de oro y plata. Sobre este había una computadora y papeles que formaban varias montañas pequeñas a ambos lados pero sin abarcar todo el espacio disponible, detrás había una gran silla de cuero negro con decoraciones de madera en la parte trasera del respaldo y en los costados, atrás de esta había una mesa alargada de granito con varios aparatos situados en ella como fax, impresora, telegrama y otros más que no sabía qué eran.

Al lado izquierdo de la habitación había una gran pantalla curva pegada a la pared, debajo de la cual había consolas, dvd's y varios controles perfectamente ordenados en un estante de granito color negro, así como en una repisa que se esquinaba con esta, encuartando aquella área, había un enorme sillón de cuero negro y unas grandes bocinas de un teatro en casa detrás, teniendo una elegante mesa de cristal en el centro, entre la pantalla y el sillón, asimismo, pegado a la pared, había un estante con muchos cuadernillos y demás aparatos eléctricos, trofeos, marcos y reconocimientos. De lado derecho había dos grandes libreros llenos que se esquinaban pegados a la pared, la cual era la construcción de una escalera que llevaba al piso de arriba, había dos sillones medianos encuartando también esa sección y una bella mesa en medio de ellos, los cuales eran de madera color dorado con cojines y acolchonado color vino en los que fácilmente se podría descansar disfrutando de la lectura de un buen libro, todo contrastaba en esa habitación, todo era de última tecnología al mismo tiempo que permanecía en equilibrio con el gusto por lo clásico.

En el resto de los espacios había mesas esquinadas de madera bellamente talladas, con algunos floreros o adornos en ellas con ambientación en el arte oriental, pudo ver una ventana junto a las escaleras de madera detrás de la sección de lectura, siendo ésta la única que había en esa pared localizada poco antes de una mesa alagada que llegaba hasta la esquina de ambas paredes, la cual contaba con una cafetera y demás accesorios para el propósito de ésta. Además del decorado en las paredes, había un candelabro de cristal en el techo con bellos detalles y decoración aperlada, en el suelo debajo de éste, había un alfombrado rojo con detalles dorados bordados, todo era simplemente impresionante.

Kanda dejó su katana con inesperado cuidado en uno de los sillones rojos, y se dirigió hacia el escritorio para situarse frente a la computadora.

-Deja tus cosas ahí. - dijo señalando el otro sillón rojo y la mesa de madera, Allen así lo hizo sin dejar de ver a Kanda sentado en la gran silla mientras trabajaba en la computadora, se acercó lentamente aun sin imaginarse qué era lo que estaba haciendo.

Se asombraba de que el mayor lo hubiera llevado a su dormitorio aunque, hasta ese momento, no había visto ninguna habitación más que la oficina en la que ahora se encontraban, en todo ese tiempo no se había imaginado como sería el lugar donde el oriental residiera, se avergonzó de sí mismo por no haberse preguntado algo así; observaba a Kanda sentado en la enorme silla sin poder evitar perderse por la imagen que aparecía delante de él, pues se veía sumamente atractivo al ser rodeado por todo el esplendor que conformaba la decoración y elegancia de aquel lugar.

Comenzó a acercarse lentamente viendo cada detalle en su expresión, estaba fascinado con su porte y actitud pues justo en ese momento, le pareció que presenciaba una personalidad completamente diferente a lo que acostumbraba a ver en el espadachín malhumorado... el sentir era simplemente diferente, ¿será que había podido cambiar en tan poco tiempo de no verlo... o era algo más? Le sorprendió que no se molestara al ver lo mucho que se le había acercado, y comenzó a sentirse abrumado por el desagradable silencio que se formaba, por lo que trató de hacer más ameno el extraño momento que ahora compartían.

-Ahh... Kanda... ¿por qué me trajiste aquí? ¿No tienes clases? - dijo intentando no sonar tan curioso ni ansioso como se sentía.

-Tch, el entrenador dice que estoy en forma y que es mejor que no descuide mis negocios. Así que puedo hacer lo que quiera... - dijo frunciendo ligeramente el ceño. - Mejor dime qué trabajo no has terminado, tonto Moyashi. - aún tecleaba esperando la respuesta del albino, el cual se avergonzó al escucharlo pues, al estar en ese esplendido lugar con el japonés y siendo éste el centro de toda su atención consciente e inconsciente, había olvidado por completo el problema que tenía encima.

-Mmm... Yo... e-el proyecto empresarial... el trabajo final de... administración y... finanzas... - dijo el peliblanco sintiendo como si estuviera delante de su padre informándole sus malas calificaciones, totalmente resignado a ser regañado y castigado.

Kanda vio de reojo la vergüenza en la expresión del albino al confesarle su negligencia pues incluso le había desviado la mirada, no mostró aparente interés en ello, por lo que siguió buscando entre todos los archivos de su computador, y al poco tiempo se levantó del escritorio.

-Siéntate. - dijo llegando a la cafetera y sirviéndose una taza de café, Allen lo hizo mientras leía la información que aparecía en la pantalla, haciendo que abriera grandes los ojos por el asombro.

-E... esto es... - apenas pudo decir habiendo quedado atónito por lo que veía.

-Es un proyecto empresarial de administración y finanzas. - dijo antes de darle un sorbo a su taza de café. -Te lo doy. - comentó mirándolo directamente a los ojos.

Allen no podía cerrar la boca ni articular palabras mientras escuchaba a Kanda y comprobaba que aquel documento era un proyecto como lo había dicho, era justo lo que él necesitaba.

-Ah... pero... no es justo, es tuyo... - dijo Allen sintiéndose culpable por aquella sorprendente buena acción de parte de Kanda, y más por sentirse tan deseoso de tomarlo cuanto antes y volver a su salón de clases para exponerlo, lo cual hacía que se sintiera peor mientras frotaba sus manos tratando de no aprovecharse de la situación.

-Hice ese proyecto de más, también tengo de otras materias; de todas formas, no es viable, pero si te sirve, entonces tómalo y preséntalo. - permanecía de pie sujetando su taza de café con una mano y la otra dentro de la bolsa del pantalón, mirándolo detenidamente por un momento antes de girar otra vez hacia la cafetera.

-Yo... n-no lo sé, se supone que yo debo hacerlo... - dijo Allen aun indeciso, bajó su cabeza por la vergüenza que ahora pintaba su rostro con un sonrojo, Kanda lo miró de lado bufando para tratar de contener el enojo que el albino hacía despertar en él.

No era que Kanda hubiera despertado con muchos deseos de hacer buenas obras, ni tampoco que le importara demasiado que el Moyashi mantuviera un buen promedio, sino que, después de ese tiempo de no haberlo tenido tan cerca, quería aprovechar cualquier pretexto para poder estar junto a él, además sabía que era un completo cabeza hueca que, de ser posible, incluso olvidaría su propio nombre y donde se encontraba en ese preciso momento, por lo que debía vigilarlo constantemente para asegurarse de que no se extraviara ni que alguien pudiera aprovecharse de él. Después de gruñir un poco tratando de mantener el control de su enojo, se giró hacia el escritorio dando grandes zancadas, demostrando al ojiplata cuán molesto se encontraba.

-No te estoy preguntando si es justo o no... - tomó la silla donde Allen estaba sentado, lo giró para quedar frente a él, colocando ambas manos a los costados del mueble y se acercó peligrosamente a su rostro aunque sin tocarlo, clavando su oscura mirada en esos preciosos ojos plateados. -Pero tratándose de ti... ... ... Tch, ¡sólo tómalo!... - dijo aumentando la ferocidad de su expresión, esforzándose por no arremeter al albino con su enojo ni dejarse llevar por los fuertes deseos que lo llevaban a querer dominar por completo al menor entre sus brazos.

Ambos se miraron por un largo rato sin decir nada más... podía percibir unos extraños deseos de acortar la distancia entre ellos, pero no lograba dejarse sucumbir ante ese inusual impulso... suspiraba internamente mientras se veía reflejado en esos iris ennegrecidos, "Haaa..." ahí estaba otra vez, esa sutil calidez que llenaba su pecho por completo, cada parte de su cuerpo comenzaba a temblar añorando tener ese contacto una vez más, deseaba sentirlo de nuevo sobre sus labios, creyó que lo iba a hacer, ya que parecía que el otro también anhelaba esa cercanía, podía verlo claramente en esa extraña mirada, a pesar de que no se lograba distinguir del todo al estar disfrazada pero se mantenía viva detrás de ese semblante de enojo en el rostro del mayor, sin embargo, el pequeño inglés pronto se desilusionó cuando vio que Kanda se separaba de él sin haber hecho ese acercamiento.

-Date prisa. - dijo cortantemente mientras salía del lugar dejando a Allen más que deseoso así como estupefacto por culpa de sus propios pensamientos.

Sin más opción, Allen obedeció y comenzó a preparar el proyecto para presentarlo como suyo, dicho proyecto era un plan de negocios entre los Kanda y los Walker, lo cual le sorprendió mucho además de aumentar el sonrojo que no se había desvanecido en sus mejillas, en el documento encontró los nombres "You Kanda" y "Yuu Kanda", "Yuu..." pensó por un momento, "eso fue lo que dijo en la puerta..." abrió los ojos poco a poco mientras se daba cuenta de lo que aquello significaba.

-"Kanda... Kanda... si Kanda es el apellido, entonces... Yuu... Yuu es... ¿su nombre? Yuu... Yuu Kanda... " - bajó el rostro sintiéndose aún más avergonzado puesto que en ningún momento se molestó en averiguar el nombre completo del peli azul y, justo en ese momento, sintió que había sobrepasado el límite de "idiota" por no tratar siquiera de saber más acerca del oriental con el que estaba haciendo acercamientos tan íntimos, ¿quién podría acercarse tanto a otra persona de esa manera sin preguntarse toda esa información respecto a ella? Solamente un idiota.

El proyecto era muy bueno y estaba actualizado, ¿por qué había dicho que no era viable? Él no le encontraba ningún error, lo que proponía era que entre las dos grandes familias se hiciera un convenio para invertir en pequeños capitales para impulsar el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas, era completamente honorable y responsable, "Justo como Kanda..." pensó con ojos de ensoñación. Sí, si algo era Kanda a pesar de tener un carácter terrible y pésima actitud, eso era responsable y honorable. Terminó su presentación sin ningún problema e imprimió todo lo que necesitaba, se sentía muy culpable por tener tanta libertad de usar las pertenencias del oriental, por lo que trataba de pensar de qué manera podría pagarle ese gesto de consideración de su parte.

-¿Ya terminaste? - dijo Kanda entrando por la puerta y sacando al albino de su ensimismamiento, el cual se giró en cuanto lo escuchó.

-Ah... sí, sólo estaba usado la impresora... - dijo mientras empezaba a percibir el aroma de comida en la cercanía.

-Come algo, toma lo que quieras de la cocina, yo lo vigilaré... - le mandó con tono de indiferencia mientras se acercaba al escritorio, al lado derecho del albino, sin haberlo mirado a los ojos en ningún momento.

Allen era sorprendido de nueva cuenta por la actitud de Kanda, y, al no querer sentirse más avergonzado de lo que ya estaba, tenía intenciones de negarse, pero cuando estaba a punto de rechazarlo, su estómago rugió fuertemente haciendo que reluciera el sonrojo del que había podido deshacerse hacía apenas poco tiempo. Kanda lo miró por el rabillo del ojo dibujando una pequeña sonrisa en sus labios, la cual no había podido ser vista por el albino tras haber agachado la mirada por la vergüenza que le sobrevino por dicho momento tan bochornoso, salió del lugar sin decir nada más, tratando de no huir a causa del pavor que tenía por todas las situaciones que lo hacían ver mal delante de Kanda.

Suspiró tristemente pues, si comenzaba a contar tales situaciones, sin duda habría muchas de ellas, ¿por qué sucedían de esa manera? Mientras Kanda lucía perfecto en cada ocasión, él era opacado constantemente... no solamente por las acciones temerarias y correctas del oriental, sino también por su indiscutible sentido del deber y la justicia, si bien Kanda no era el príncipe encantado que a veces aparentaba ser... ¿entonces por qué cada vez que él se encontraba en dificultades siempre aparecía de la nada y venía en su auxilio?

A pesar de su espantoso sentido de la orientación, logró llegar a la cocina, la cual era una de las cocinas integrales más modernas que había completamente equipada, era parecida a la que tenía en su pent house pero casi el doble de grande, vio que había algunos sándwiches en un gran plato plano y tomó un par sin pensar mucho en qué podría comer para no entretenerse más tiempo, sirvió un poco de cereal con leche en un tazón que encontró sobre la mesa y un vaso de jugo de naranja mientras degustaba el emparedado que tenía en su mano derecha, por suerte Allen podía comer cualquier cosa puesto que no tenía alergias y ningún alimento le desagradaba. De pronto comenzó a fantasear en cómo sería si, en la realidad, se llevara a cabo el proyecto que Kanda le había dado, por alguna razón, empezaba a imaginarse trabajando a su lado, asistiendo a la misma oficina, haciendo viajes de negocios, teniendo reuniones y comidas... todo juntos... sonrió levemente hacia la nada con ojos de ensoñación mientras todas estas ideas pasaban por su mente.

"Sí... me gustaría mucho... " Pensaba para sus adentros sin haberse percatado de la presencia de cierto joven que permanecía en silencio frente a él, fuera de su rango de visión, estuvo inmóvil durante unos cuantos segundos mientras era impactado por la escena que veía, después de los cuales, Allen se levantó apresurado preguntándose cuánto tiempo llevaba ahí, y, al ser confrontado por su propia mente recordando todo lo que había pensado de él unos momentos antes, volvió a sonrojarse.

-Ah... Kanda... y-ya terminé... así que... s-será mejor que me vaya... - dijo tímida y apresuradamente mientras recogía los trastes de la mesa.

Kanda no dijo nada, simplemente lo observaba meticulosamente viendo cada una de sus acciones, cuando por fin terminó, le entregó los documentos del proyecto completamente archivado para su presentación; Allen lo tomó tímidamente sin atreverse a verlo a los ojos, salieron del dormitorio envueltos en un incómodo silencio que permaneció con ellos hasta que llegaron al edificio principal. Estaban a punto entrar al salón donde Allen iba a presentar el proyecto cuando por fin se dio cuenta de que Kanda seguía junto a él y sin intenciones de apartarse, el albino no logró formular la pregunta que quería hacer, puesto que el espadachín se había adelantado a entrar en el aula desierta, donde únicamente estaba el profesor al que debía mostrar la presentación.

Debido al irracional comportamiento de sus compañeros, éstos se habían ausentado para no presenciar el trabajo de Allen, éste vio al peli azul caminar despreocupadamente hasta sentarse un par de lugares atrás... "¿Eh? ¿Se va a quedar?..." pensó temeroso mientras avanzaba lentamente hasta llegar al escritorio donde había una computadora portátil y un cañón encendidos y listos para su uso, frente a su expectativo profesor quien esperaba a que el pequeño comenzara con su exposición. Realizó su presentación sin que sucediera ningún otro percance a pesar de tener una expresión de tristeza, hablar con timidez y tartamudear, a lo cual el profesor no le dio más importancia pues casi siempre lo veía cohibido.

-Hiciste un buen trabajo. - le dijo el profesor anotando la calificación en sus documentos así como en el trabajo de Allen. -Qué lástima que el señor Kanda no lo aprobaría, él no se preocupa por las personas, sólo por ganar dinero; pero fuera de eso, es un buen proyecto. - terminó su comentario habiéndose asegurado de que el joven Kanda no lo hubiera escuchado, se levantó del escritorio en el que estaba y salió del salón dejando solos a ambos estudiantes dentro del aula.

Allen, quien había estado guardando todas sus cosas, se quedó congelado en cuanto escuchó lo que el profesor dijo, miró por unos instantes hacia donde estaba Kanda observando todo lo que había sucedido; tan pronto como pudo, continuó con lo que hacía tratando de disimular que nada había pasado, sentía que los nervios se apoderaban de su cuerpo al ver que el chico japonés se había levantado y comenzaba a acercarse a él, pero se detuvo viendo la proyección de la presentación que había en la pantalla.

-Lo arreglaste... - dijo despreocupadamente con ambas manos en los bolsillos del pantalón, hablaba con sinceridad a pesar de tener gran molestia en su mirada.

-Gracias, aunque no hice nada extraordinario... - dijo Allen un poco apenado por lo que Kanda le decía. -"Entonces, es por eso que no es viable..." - pensó para sí mismo con pesar en su corazón.

-Oye, ¿qué te pasa? ¿Reprobaste o por qué pones esa cara ? - cuestionó Kanda volteando a verlo desde el lugar donde estaba parado con su ya usual mueca de fastidio.

-¿Eh?... Ah... no, no es eso... aprobé; es sólo que... no hubiera podido hacerlo a tiempo sin tu ayuda... - dijo sonriendo tímidamente, hecho por el cual Kanda se dirigió hacia él mostrando asombro en su expresión. -Yo... no sé qué hubiera pasado si no hubieras estado aquí, realmente... muchas gracias. - terminó de decir observando lo mucho que se le había acercado, éste lo miraba fijamente con una extraña mirada en sus ojos, una que Allen no podía comprender.

-Hace mucho tiempo que no te veía sonreír... - dijo habiendo tomado la barbilla del menor mientras memorizaba cada rasgo y cambio en las facciones de su rostro.

Allen sintió que su cuerpo se heló por un momento que a él le pareció eterno quedando completamente inmóvil, pues no se dio cuenta de que había sonreído y, aunque Kanda no estuviera haciendo nada más que mirarlo, sentía que sus ojos lo atravesaban descifrando todo lo que había dentro de él, se sentía muy vulnerable; aún estaba perdido en su mirada cuando esas palabras resonaron en la cabeza del albino haciendo que soltara una pequeña risa que se desvaneció tan pronto como apareció, pero cambiando su expresión por una más alegre.

-Sí... - fue lo único que dijo sosteniendo una leve pero sincera sonrisa.

Kanda soltó su barbilla para colocar su mano derecha sobre la mejilla de Allen dándole una pequeña caricia con su pulgar, se acercaba lentamente a él haciendo que el otro se turbara, dándose cuenta de sus intenciones, instintivamente, cerró los ojos con fuerza bajando un poco su rostro.

-No... Alguien podría... - dijo tímidamente encogiendo los hombros al sentir esa tibia presión sobre sus labios, provocando que dejara de respirar todo el tiempo que duró aquel contacto.

El peli azul se separó de él apresuradamente, cerró la puerta con seguro y apagó las luces y los aparatos que había dentro para que ambos quedaran en completa oscuridad, tomó al peliblanco y lo aprisionó contra la pared opuesta a la salida, colocándolo junto a una ventana que emitía un pequeño rayo de luz al no estar totalmente cubierta por la gruesa cortina que estaba puesta sobre ella.

Allen lo miraba angustiado y sumamente confundido mientras era acorralado, sintiendo cómo era sujetado del rostro con un suave pero firme agarre para que no pudiera alejarse ni impedir la continuación del exigente beso, el cual retomó sin demora, el menor era saturado de sensaciones a medida que Kanda profundizaba el beso, temblaba ante cada caricia producida por su mano izquierda, al tiempo que la derecha bajaba desde el rostro, pasando por la sensible piel del su cuello, aún por encima de la ropa, hasta sujetar su espalda. Sentía gran placer al probar otra vez esos suaves y finos labios, la falta de aire los obligó a separarse, ambos jadeaban tratando de recuperar el aliento faltante.

-N-no... Tenemos que... nosotros... - Allen dejó de hablar pues ni siquiera él sabía qué era lo que quería decir, estaba sumamente nervioso y confundido, con los ojos entreabiertos, miró cómo sus manos jugueteaban sobre el pecho de Kanda.

Temblaba sin poder controlarse, sentía su cuerpo tan débil que creía que caería al piso si Kanda lo soltaba; debido a esto, tenía impulsos de aferrarse a los fuertes brazos del oriental, incluso tenía que clavar sus uñas en él, estaba muy nervioso y no lograba regular su respiración. El mayor tomó su rostro con ambas manos y le plantó un pequeño beso mucho más suave y tierno que el anterior, sintió cómo se estremecía de nueva cuenta mientras lo veía con una intensa y enternecida mirada.

-Ven esta noche. - le dijo rozando sus labios al no haberse alejado ni un milímetro de su boca, por lo que Allen empezó a abrir lentamente los ojos mostrando gran preocupación en su mirar.

Simplemente no podía mirarlo de otra forma, por más que él quisiera resistirse, al tenerlo tan cerca, sentirlo, ser acariciado y besado por él, era demasiado, el sentimiento que sobrevenía en su pecho era muy grande y fuerte como para poder controlarlo. Ahí estaba delante de él, viéndolo con esa mirada, con esa expresión en el rostro, ese rostro tan apuesto, él era tan fuerte y seguro, tan imponente; y, ahora, de nuevo se lo estaba pidiendo, le pedía que se vieran otra vez. En toda su vida jamás imaginó congeniar con él de esa manera, hace unos meses ni siquiera sabía que existía, si su sola apariencia dejaba a muchos sin aliento, tener algún tipo de acercamiento con él haría que cualquiera cayera rendido a sus pies; más aún si comenzaba a mostrar un comportamiento tan cautivador como ese. "No, no me mires así, no me toques más; si... si continúas, y-yo... voy... a... " Pedía mentalmente, suplicando ante aquel de quien ya no podía defenderse más.

Sonó la campana indicando el término de clases, Allen se sintió un poco aliviado de aquel encierro en el que se encontraba mientras que Kanda miró de lado recuperando su mal humor por la interrupción y el disgusto que le ocasionó aquel sonido junto con el bullicio de quienes había en la cercanía, de nuevo se acercó y le habló al oído.

-Te estaré esperando. - dijo para finalmente soltarlo y salir del lugar sin dejar nada más y nada menos que a un Allen compungido por la dolorosa sensación que había en su corazón.

El pequeño inglés elevó su mano izquierda al pecho y apretó fuertemente sobre su ropa tratando de disminuir la asfixiante punzada que había en él, mientras recuperaba lentamente el aliento que los besos de Kanda le habían robado. El resto del día fue muy tranquilo y despreocupado pues era la semana que marcaba el fin del semestre y las clases ya habían terminado, daba pequeños suspiros de cansancio y pesadez por los usuales desprecios que eran dirigidos hacia él, pero, comparado con el torbellino de pensamientos que oprimían su mente, no lograban hacerlo sentir tan mal como antes.

Por primera vez, desde que había entrado a esa preparatoria, Allen deseó que la jornada escolar no terminara, aún si debía soportar más insultos y malos gestos de parte de sus compañeros; realmente no quería que llegara la noche, esa hora en la que Kanda le había pedido que fuera a la biblioteca. Se sentía tan mal, estaba completamente confundido, abatido y deseoso de ir junto al espadachín malhumorado, caminaba de un lado a otro de su habitación dentro de su pent house, estaba tan nervioso que no dejaba de hacer ademanes con sus manos al tiempo que cambiaba de expresión por el choque de todas las emociones que sentía.

Se sentó sobre la cama completamente agotado, tanto física como mental y emocionalmente, trataba de mantener la calma puesto que de nuevo respiraba agitadamente, cerró sus bellos ojos logrando tranquilizarse para después comenzar a preocuparse por la situación en la que ahora estaba. Ni siquiera podía llamar a su padre para que le aconsejara sobre lo que debía hacer o decir al chico que llevaba todo el semestre besándolo a la fuerza, y al que deseaba profundamente seguir viendo, ahora estaba seguro, podía sentirlo, quería verlo... quería estar a su lado y seguir haciendo todas esas cosas con él... y, pensándolo bien, pedirle a su padre ayuda con eso... definitivamente no era una buena idea.

Se recostó sobre la cama cubriendo su enrojecido rostro con sus manos y ahogando un grito de angustia en su garganta; había tantas cosas que quería entender, Kanda era el único con quien tenía algún tipo de relación no solamente en el internado sino en toda su vida en general, así como él le mostraba ese lado que nadie más conocía ni sospechaba, de la misma manera lo tenía en un gran vacío en el que no sabía qué hacer ni a donde debía ir.

Una vez más era abrumado por incontables dudas y misteriosos sentimientos hacia el chico nipón, mas, debía reconocer que dentro de él permanecía ese insistente deseo de verlo... pero, ¿por qué sentía eso? ¿Acaso él había hecho algo para ganarse tal privilegio en la vida del ojiplata? Estaba sentado en el sofá dentro de su recámara mirando por la ventana la fuerte lluvia que repentinamente comenzaba a caer, haciendo que se hundiera más en esos pensamientos que lo mantenían tan indeciso y confundido; aunque, después de ver el desfavorable clima que se presentaba, simplemente se desanimó de ir hacia la vieja biblioteca... sí... quizás solamente era la emoción del momento, o el profundo agradecimiento que tenía por todas las veces que lo había ayudado... tal vez, sólo era eso... se esforzaba en creerlo, por lo que decidió no asistir a la cita que tendría con Kanda.

O al menos eso pensó hasta que, después de haberse cumplido la hora pautada, recibió un mensaje en su celular que decía "Buenas noches, Moyashi." Allen miró por la ventana otra vez sin poder identificar la biblioteca ni la figura del peli azul a causa del aguacero que seguía cayendo; sintió un enorme vacío en el corazón después de haber leído ese mensaje, sabía que él quería que fuera, sabía que estaba ahí esperándolo, lo sabía... de nuevo sintió una dolorosa opresión en el pecho, sus ojos se llenaron de lágrimas, sus manos temblaban mientras veía una y otra vez el mensaje... simplemente, no lo soportó... quería verlo, tenía que verlo...

"Kanda... Kanda... Kanda... " Y, de pronto, no pudo pensar en algo más... salió corriendo de su dormitorio, atravesó todo el edificio, cruzó todas las jardineras y continuó a pesar de que la lluvia seguía cayendo, entonces pudo ver el edificio con las luces encendidas... estaba completamente desesperado por llegar a la biblioteca, quería llegar... tenía que llegar...

Abrió abruptamente las puertas aventándolas con todas sus fuerzas, y rápidamente encontró frente a él a quien tanto quería ver; el cual se encontraba parado en el área del escritorio, donde estaba el sistema de cómputo, con una pila de libros en sus manos haciendo los registros pertinentes, miró al pequeño albino que acababa de entrar empapado y agitado por ejecutar dicha carrera, ambos se observaban sin decir una sola palabra ni moverse de su lugar hasta que, al percibir el frío y la humedad que lo rodeaba, Allen estornudó, y bajó su rostro escondiendo la expresión que había en su mirada. Kanda fue hacia una pequeña bodega dentro de la biblioteca y sacó un par de toallas limpias, tomó una y la puso sobre sus blancos cabellos mojados.

-Sí que eres un cabeza hueca, Moyashi, creí que ya no ibas a venir con este clima. - dijo Kanda con una minúscula sensación de malestar bien disfrazada detrás de su fachada de mal humor, Allen permaneció con la cabeza agachada todo el tiempo que estuvo secando su cabello y, sin levantar los ojos, se dejó caer sobre el pecho del mayor, haciendo que éste se desconcertara por su inesperada acción. -Oye... ¿Qué estás haciendo? No hubieras venido si no querías, al menos podrías dejar que... - el peli azul se detuvo cuando vio el rostro sonrojado del albino, pues por fin lo había levantado para poder verlo.

Kanda colocó las manos sobre sus hombros y, al darse cuenta de cuan húmedo estaba su saco, se lo quitó para ponerle el suyo inmediatamente, Allen no hizo más que mirarlo y dejar que hiciera el cambio en las prendas de vestir, se reconfortó al sentir el cálido abrigo del mayor y éste, al tenerlo tan cerca, sintió la frialdad que se encontraba en el cuerpo del pequeño, estaba helado, se sorprendió al ver que no trataba de alejarse, pues había comenzado a rodearlo con su brazo derecho, pensando que sería un buen método para poder abrazarlo y hacer que el cuerpo de Allen recuperara su temperatura habitual.

Lo sujetó con firmeza desde la nuca y lo besó disfrutando de nuevo el sabor de sus labios que no tardaron en entrar en calor, así como su pálido rostro y el resto de su cuerpo, siendo estremecido por el exigente contacto del peli azul que, aunque Allen no sabía cómo corresponderle, le permitió continuar del modo en que él quería, había cerrado los ojos desde que comenzó a besarlo, pero los abrió por un momento al percatarse de algo que no había notado.

-"Kanda... Kanda... t-tú... a mí... me gustas... me gustas mucho... " - pensaba mientras volvía a cerrar los ojos y se entregaba por completo al beso que él también deseaba compartir con el mayor.
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Gracias por leer No llores

Bladegaur