Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 10 – ¡Bienvenida!
Los días posteriores a la misión fueron un tanto distintos. Bellatrix se marchó. Ignoraba a donde. Simplemente le dejó una nota que contenía una frase muy vaga"No estoy en casa". Para ser su prima una persona que le gustaba describir hasta el color de la sangre sus adversarios, le extrañaba. Se asustó. Temía que aquello fuera una indicación de que habían descubierto su secreto y que dejarle solo, no fuera más que una estrategia para darle caza con las manos en la masa. Pero cuando dio una vuelta de reconocimiento a la casa comprobó que, si este fuera el caso, su prima se hubiera llevado su traje de aspirante a mortifaga, el cual estaba perfectamente colgado en el armario de su enorme dormitorio. Nunca había entrado en aquel lugar, solo se había acercado al marco de la puerta un par de veces. Le daba repelús. Ahí dormía Rodolphus con ella, y a saber que guarradas harían juntos. Podría haber aprovechado ese tiempo en soledad para enviar una carta a James e informarle de que Moody y los Prewett extremasen su precaución, pero aún no se fiaba mucho de que no estuvieran espiándole, así que lo dejo estar. Esos tres eran magos excepcionales, sabrían arreglárselas.
Se encontraba un tanto solo, hasta ahora tenia a Bellatrix pegada a sus espaldas, por lo que sin ella, se sentía perdido. Continuó paseando por la Mansión Lestrange. Esta era muy lúgubre, pero para su sorpresa no se encontró con ninguna cámara de torturas como la que tenia su tía abuela Cassiopea en el sótano de Grimmuald Place. Al fin y al cabo era una casa más, lo que importaba era el contenido, es decir, los que en ella habitaban. Por lo que la casa más pobre del mundo se podía llegar a convertir en un hogar mientras que la más lujosa en un autentico infierno. Los Lestrange al menos eran queridos por sus progenitores. Recordaba como cada curso, Rodolphus y Rabastan iban acompañados de sus padres a King's Cross y como a su llegada de vuelta también les estaban esperando. A los hijos Black no se les hacia eso, enviaban a una institutriz para que lo hiciera. Era trabajo de sirvientes. Por eso se le ocurrió una cosa, igual algo disparatada sabiendo que no tenía ni idea de cuando Bellatrix volvería, pero la pondría en practica para que estuviera preparada para cuando lo hiciera. Ordenó a los elfos que fueran hacer algunas compras como comida, bebida, libros y muchos otros artículos necesarios para su idea.
Tras que hubieran pasado un par de días desde que organizó todo sin que Bellatrix apareciese, su decepción estaba ganando a la emoción porque la mujer llegase y viera su sorpresa, pero el último día, en el que pensaba decir a los elfos que ya no preparasen nada, la puerta de la entrada principal se abrió de forma exagerada. Bellatrix entró corriendo directa hacia las escaleras. Esperaba que no continuara ignorandole, pero se había equivocado.
–¡Bienvenida!
Bellatrix se detuvo en medio de las escaleras. Le daba la espalda, aunque rápidamente se giró. Cuando estaba de frente a él, la cara de enfado y de ira se le cambió por completo a una enorme sonrisa. Vale, para muchos parecería que les estaba sonriendo la misma Bruja de Blair, pero él, era lo que necesitaba.
–¿Por qué llevas esas ropas? –Descendió las escaleras con cuidado pero sin dejar de sonreír.
Cierto, aquello era otra parte de su fabulosa idea. Se vistió de forma decente y estrenó un conjunto que Bellatrix insistió en comprarle, una que le hacia parecer ser el mismo patriarca de la familia más pura del mundo mundial.
–Porque a tí te gustan. –Si no, no se la pondría jamás.
–Te queda muy bien. –La mujer le miró de lado y se acercó para ajustarle la camisa.
Ahora el que sonreía como un tonto era él. No le gustaba las ropas, no iba a negar que le quedaban perfectamente, pero que Bellatrix lo hubiera dicho era mucho mas satisfactorio. Su prima se dio la vuelta y puso rumbo hacia las escaleras de nuevo.
La tomó de la mano antes de que se fuera.
–Espera. –Bellatrix volvió a adquirir su semblante de no me des ordenes. –He preparado algo para tí. –Señaló hacia el comedor.
–No me gusta nada como suena eso. –Aún así se dejó llevar. –La última vez que esa frase salió de tu boca, acabé en San Mungo.
Sirius ahogó la risa. Recordaba aquel incidente, la había utilizado como un conejillo de indias para una futura broma a Snape. Añadió en una taza de té unos polvos verrugosos y después se lo dio a probar a ella. Los efectos fueron inmediatos y peores de los que pensaba, se había pasado con la dosis y Bellatrix tuvo que ser llevaba por sus padres a San Mungo.
–Confía en mi. –Apretó fuertemente aquella delicada manos entre las suyas.
Los Black nunca hacían eso. Nunca les daban la bienvenida, nunca les preguntaban que tal el curso. Aquellas cosas solo les interesaban cuando había gente delante a la que impresionar. Por eso tuvo esa idea. Que los elfos preparasen las comidas que recordaba favoritas de Bellatrix, especialmente una tarta de frambuesas que desde que vivía con ella, nunca la había visto comerla. Es más, apenas la veía comer. También hizo que comprasen algunos libros para ella sobre runas, de niña le encantaba leer sobre el tema. Así igual lograba que dejase de interesarse por las torturas.
–Y... ¿A qué se debe todo esto? ¿Es algún tipo de celebración? ¿Por fin te has dado cuenta que eres un ser unineuronal y vamos a celebrarlo?
Hizo caso omiso a su comentario y la acompañó a la mesa. Soltó su mano para apartarle la silla y se sentase. Observó como Bellatrix dudaba unos segundos pero aceptó su gesto. Tenia buenas vibraciones, por lo menos no le había rechazado… Todavía.
–Es para darte la bienvenida, te la mereces. –La comida estaba a la disposición de los dos por lo que decidió servirle a su prima un trozo de su tarta favorita.
–¡No! –Apartó su plato. –¡¿Tu sabes todas las colorías que tiene eso?!
No le hizo caso y acabó por servirle la tarta.
–No digas tonterías. Si estas en los huesos, además necesitas estar fuerte para nuestra próxima misión. –Utilizando a Voldemort quizás lograse que se alimentase mejor.
Tal y como esperaba, Bellatrix comenzó a comer la tarta con gusto.
–Di la verdad, tu lo que quieres es que me crezca el culo para cumplir tus fantasías.
Aquello hizo que se le escapase una risa. Era reconfortante volver a tener esa relación con ella, con sus bromas, ironías, odio, amor…
–Lo admito. Tienes razón. –Se llevó una mano a la cabeza de forma exagerada. –Por eso también hay esto para tí. –Le tendió el libro.
Bellatrix estaba terminando de comer lo que quedaba de su tarta, cuando dejó caer el tenedor sorpresivamente.
–¡¿De dónde lo has sacado?! –Parecía no querer tocar el libro. –Hace años que dejaron de publicarlo. –Finalmente comenzó a ojearlo.
Sirius no cabía más de en si de felicidad. Estaba tan contento como el día que se fugo de casa. Esa Bellatrix era la que pocos conocían pero a la que mas valía la pena hacerlo.
–He tenido que patear unos cuantos culos, pero lo conseguí. –En realidad, al él también le interesaban las runas y en el lugar donde se hizo sus tatuajes, vendían libros muy antiguos. Solo tuvo que mandar a unos de los elfos a comprarlo. –Estaba pensando hacerme otro tatuaje, quizás tu me puedas aconsejar que me puedo hacer.
Bellatrix levantó la cabeza del libro, prácticamente estaba hundida dentro de él.
–Diría que te hicieras la marca tenebrosa, pero como eso no lo decido yo… ¡Te buscaré el mejor tatuaje de runas de toda la historia! –Parecía una niña pequeña en la mañana de navidad.
Bellatrix continuó comiendo animadamente mientras leía. Ahora le ignoraba, pero al menos no era por algo relacionado con las artes oscuras. Además, esa pequeña sorpresa le ayudó más de lo que pensaba. En los días siguientes, Bellatrix ni si quiera hablaba de Voldemort ni de la causa. El tema del beso había quedado delegado al pasado y volvían a estar como antes, pero mucho mas cercanos. Cuando no hablaban de las runas, lo hacían de otros temas igual o mas interesantes. Y no solo a ella se le habían olvidado sus objetivos, el también. Pero el destino nunca juega a favor de los Black y cuando las cosas no podían ir mejor, recibieron la siguiente misión de Voldemort.
Atacar a la Orden del Fénix.
