10. La transición
La visita con McGonagall había ido tal y como Severus lo había predicho, la directora puso todas las cartas sobre la mesa, le ofreció el puesto de transformaciones, que Hermione rechazó, esto sorprendió mucho a Minerva, Snape era un hombre difícil y pensó que Hermione no estaría tan dispuesta a pasar tanto tiempo con él pero, la directora era una Gryffindor después de todo y entendía la necesidad de aventura mejor que nadie además, las cosas después de la guerra no podían ser iguales para todo el mundo, era lógico que Harry quisiera huir del peligro de alguna forma, asegurar un puesto en el ministerio, seguir con su deber pero de una forma mucho más controlada, al fin y al cabo el peligro siempre fue detrás de él, Harry nunca hizo nada encontrarlo, él siempre quiso una vida tranquila.
Por el otro lado, Hermione no tenía por qué haber vivido la guerra de aquella manera, podría haber huido con sus padres, era lo suficientemente inteligente para haberse mantenido a salvo pero no lo hizo… ella luchó, se volvió una parte esencial de la luz y ella no dejaría de luchar, esta vez no lo haría por su vida sino por conocimiento, lo que tendría que haber sido desde el principio y Minerva no podía evitar sentirse orgullosa, además admitámoslo Snape y Granger era una combinación de lo más interesante…
Hermione salió de la reunión convencida, ya había hablado con McGonagall todas las cuestiones prácticas estaban resueltas, habían acordado un sueldo, un alojamiento, una cantidad de horas dedicadas a la docencia, otras tantas a preparar pociones para la enfermería, todo sonaba mucho mejor de lo que Hermione había predicho, al final dejó los terrenos de Hogwarts deseando que comenzara septiembre.
A la mañana siguiente todo estaba en paz en el pequeño chalet de sus padres, todo iba bien, tenía nuevas lecturas recomendadas por Severus sobre como adquirir ingredientes, en qué condiciones se puede usar magia y en cuales no… una lectura practica pero apasionante. Tenía una cita con Severus para ir a ojear una vieja librería en Londres, una alejada de la zona mágica, que casi nadie conocía pero que tenía una trastienda dedicada a la magia y que solía albergar tomos únicos, muchos más raros de los que se pueden encontrar en el callejón Diagon, Hermione estaba deseando que llegara el día de volver a ver a su maestro.
Estaba enfrascada en su lectura cuando un pequeño crack de aparición sonó en su casa, menos mal que lo tenía preparado para que los vecinos de su barrio muggle no pudieran oír nada de lo que pasaba en la casa… Tenía que ser Harry, era al único al que admitían sus barreras, estuvo pensando en prepararlas para admitir a Ginny también, pero sabía que por mucho que lo hiciera con buena fe, la pelirroja hubiera intentado ir a convencerla de volver a la Madriguera y esto no era algo que Hermione necesitara ahora mismo
"Mione, hay cosas que nunca cambian, tú en el sofá, con una manta y un libro… ingredientes, pociones… Hermione estás de vacaciones, por Dios, relájate" Harry la estaba mirando, plantado en mitad del salón, ella estaba sentada en uno de los sofás individuales, exactamente como la había descrito, completamente envuelta en una manta y con el gran tomo de pociones apoyado en sus pierna, era la posición perfecta, sobre todo en unas de esas mañanas lluviosas.
"Harry este es el motivo por el que existen las vacaciones, soy feliz así… dime ¿qué haces aquí? ¿ha pasado algo?" preguntó Hermione sabiendo perfectamente que, en el hogar de los Weasley, ella debía ser una conversación recurrente
Harry puso los ojos en blanco queriendo mostrar su desesperación "me están volviendo completamente loco, Mione, llevan toda la semana insistiendo en que venga a verte, Ron quería que trajera a un grupo de aurores para derribar tus barreras de seguridad… "
Ambos compartieron un suspiro, largo y sonoro
"tienes que hablar con él Mione, sé que quieres tu tiempo, pero ambos sabemos cuál va a ser el resultado de esto, Ron no encaja en los planes que has hecho, apenas aguantaría dos años más contigo en Hogwarts, pero si encima quieres ver el mundo después de eso, no queda nada… Veo en tus ojos que ya has tomado tu decisión, ahora solo debes hacérsela saber"
Harry tenía razón, ¿en qué momento se había vuelto el maduro de entre ellos dos? Hermione sabía que no se había comportado de manera justa con Ron hacía semanas que sabía que no quería seguir con esto, si era sincera consigo misma hacía mucho más tiempo que lo sabía, desde antes de terminar las clases en Hogwarts, hacia casi medio año que no paraba de tener fantasías con cierto profesor…
"tienes razón Harry, tengo que hacerlo bien"
"Mione, por qué no vienes el domingo a la comida familiar y les cuentas tus nuevas perspectivas en Hogwarts, ellos podrán ver tu ilusión y lo bueno que es esto para ti, así con eso de entrada ya entenderán las decisiones que tienes que tomar, y podrás hablar con Ron tranquilamente"
"Harry no se si hacerlo con toda la familia sea lo más adecuado"
"Hermione no te estoy diciendo que dejes a Ron en la mesa de la cocina con todos mirando, fuisteis amigos antes que nada, por encima de todo y eras parte de la familia Weasley desde antes de la batalla final, solo te digo que vayas a casa a contarles cuáles son tus planes de futuro, como hubieras hecho si no estuvieras con Ron, ellos de adoran Mione y no solo como la novia de su hijo" Harry estaba muy convencido de sus palabras, Molly y Arthur adoraban a Hermione, "sin duda querían que acabara con Ron pero ellos te darán tu apoyo igual".
"tienes razón Harry" suspiro "he sido una estúpida, me he portado fatal con ellos, tengo que ir y explicárselo todo... pobre Ron… yo" sollozos "yo… no quiero…necesito…Ron…no" Hermione se echó a llorar, su valor le estaba fallando, quería tantísimo a Ron pero no de esa forma, no para casarse y aún menos para tener niños, pero le debía la verdad, Ron era uno de sus mejores amigos tenía que ser feliz y tenía que encontrar a alguien apropiado para él.
Harry abrazó a Hermione y ambos se quedaron ahí sentados en el sofá, habían tomado la decisión de ir a casa de los Weasley el domingo, aún tenía dos días para hacerse a la idea y poco a poco Hermione se fue tranquilizando.
Igual que la visita a McGonagall, Hermione fue el viernes a hablar con Kingsley el ministro de magia, el hombre más importante en este nuevo reino de la paz, con él siempre tuvo una buena relación, él era una de las personas que más esperaban de ella y el puesto que la aguardaba en el ministerio era mano a mano con él, luchando por los derechos de los menos favorecidos, Hermione sabía que era un puesto importante y hubiera encajado perfectamente en la vida que dejaba atrás.
Hermione le contó a Kingsley la oferta que había recibido de Snape y de McGonagall, lo que ella quería para su futuro y, en definitiva, porque no podía unirse a él en el ministerio
"Hermione, yo te puedo ofrecer más, más dinero, más estabilidad, pero me temo que eso sería ofenderte" dijo Kingsley con calma "has tomado una decisión y sé que Snape y tu sois una fuerza por reconocer, puedes cambiar el mundo mágico con tus investigaciones, no necesitas estar encerrada en un despacho para conseguirlo"
Y así Hermione rechazó el trabajo que el ministerio le ofrecía, solo quedaba un último paso, faltaba contarles la feliz noticia a los Weasley, ¿no era tan grave verdad? Ella era feliz y estaba segura de que ellos estarían felices por ella, la conversación con el ministro le había dado una nueva perspectiva, estaba tomando una buena decisión, Hermione estaba en camino de ser feliz.
Un capítulo un poco de transición, a partir de aquí solo quedan corazones rotos, romance y sexo...
