Las sonoras pisadas contra el piso pulido color blanco, la voz potente de llamadas urgentes para emergencias, el sonido infernal de personas llorando y el eco de su tristeza empañando cada rincón de ese blanco lugar; una combinación extrañamente familiar para Catra.
Su mente críptica apenas despertaba de su colapso, la cabeza daba vueltas y el techo de cielo falso parecía tener vida propia, sus ojos ardían gracias a la luz rebotando entre esas cuatro paredes blancas. La ventana con las persianas abiertas para dar luminosidad, el sonido de las máquinas conectadas a su cuerpo, el goteo insistente y puntuado de los sueros (quizás drogas) ingresando a su cuerpo era algo estresante después de un par de segundos.
La garganta ardía, quiso toser o decir algo para llamar la atención, pero al abrir la boca no pudo soltar nada, solo sentir el potente olor a medicina y muerte que tenía esa habitación… cloro, que asco.
Estaba desesperada, mientras el olor se intensificaba junto con las sensaciones desagradables en sus brazos y torso, estaba entrando en pánico y nadie venía a su ayuda, pero, ¿por qué en estado de pánico? Fácil, odia los hospitales, por eso contrata doctores particulares para que ellos la visiten, las malas experiencias en esas amplias infraestructuras le tienen pánico.
Terror mórbido, terror merecido.
Nada podría aplacar su estado actual, nada excepto un poco más de drogas o un golpe contundente en la cabeza para hacerla desmayar; pero entre los recuerdos abismales que la acechaban y la mala sensación en su piel, pensaba en castigar a Scorpia por traerla al centro de sus pesadillas, no solo Hordak y Weaver contribuyeron en su maldita formación torcida y disociada, ojalá solo fueron ellos dos y no los incómodos, aterradores y desgarrantes momentos tortuosos en una habitación blanca, con olor a formol, medicina y flores marchitas viciando el aire, deseando no poder respirar para no sentir esos aromas y queriendo ser sorda para no escuchar a su alrededor.
Nunca deseó tanto estar muerta como lo hacía ahora.
El aparato cardíaco se disparó, su pulso estaba por los cielos porque el pitido aumentaba de frecuencia y velocidad, volviéndose insufrible para Catra.
Tan rápido como la máquina reportó su elevado pulso, dos enfermeros entraron junto a una doctora. Actuaron rápido colocando un sedante para que se calme. La doctora le hablaba como si se encontrara en estado vegetal (algo estúpido a su parecer), pero Catra no dijo nada, no podía hacerlo con la garganta seca; al parecer la mujer de bata se dio cuenta y en un segundo ya tenía un vaso con agua frente a ella, y bebió como una mendiga mientras sus dedos se aferraban al vaso de plástico blanco, estrujándolo al terminar, y devolviéndolo al enfermero, que con una sonrisa forzada lo recibió para tirarlo al bote de basura.
Unos segundos bastaron para que el cardiograma volviera a la normalidad junto con su pulso. Se sintió drogada gracias a la inyección. Recostando su cabeza en la almohada, volvió a ver el techo blanco sin mucho interés en lo que escuchaba a su alrededor; hasta que la voz de Scorpia golpeó sus tímpanos sensibles y volteó a ver que su amiga estaba en la puerta, conversando con la doctora, los enfermeros se marchaban con caras serias (un poco molestas tal vez), seguramente su ataque de pánico los sacó a ambos de sus descansos merecidos.
Después de escuchar el eco de una conversación -probablemente- sobre su estado, Catra sintió como Scorpia se acercaba, vio (sin quererlo) aquella herida en su mejilla derecha cubierta por un parche de algodón y cinta micropore sujetándola, pero una sonrisa blanca y brillante apartó su mirada de aquella fea y futura cicatriz, observando que, detrás de esa sonrisa casi sincera, su amiga ocultaba algo.
"Dilo de una vez, Scorp. ¿Logré caer en el fondo del pozo?" La sonrisa desapareció tan pronto como esas palabras abandonaron sus labios, pero no quería rodeos, más aún después de haber sufrido un desmayo permaneció meses sin dejarse llevar por el dolor de tal forma como para perder la conciencia.
"Estás bien, solo fue un mecanismo de defensa de tu cuerpo". Y otra vez una sonrisa, pero un poco más apagada, rompiendo el corazón de Catra aún más porque todo esto era su culpa, y las malditas drogas haciendo que sus muros caigan, dejando ver los débil que podía ser ella en su interior, tan débil que sus ojos se cristalizaron, y obviamente Scoparia se dio cuenta, pero no dijo nada… y lo agradece de verdad, muy en el fondo.
Catra sabía que esa no era la noticia completa, era una verdad a medias, porque Scorpia ahora estaría saltando de la alegría porque sobrevivió otro día más a las horribles patadas de la vida, pero lo ignoró, como ella ignoró su quiebre emocional actual y prefirió sonreír jugando con sus dedos.
Esquivaría el tema, el narcótico recién inyectado la estaba volviendo un poco más abierta, ¿Qué habrá sido? No importaba, porque ahora estaba dispuesta a comenzar una conversación tan solo para levantar los ánimos de su amiga, posiblemente los suyos también. "¿Entrapta sabe que estamos aquí?" Mala pregunta, era seguro que eso alteraría un poco más el estado de Scorpia, pero grande fue la sorpresa que volvió a sonreír, y Catra conocía esa sonrisa, era una verdadera y no una fachada como la anterior, hizo una buena elección de tema para dejar atrás los pesares de su vida.
"Se lo dije, estaba un poco decepcionada porque no conocerías a tu nueva compañera ..."
¿Compañera?
"Aunque estaba más ocupada con un proyecto en la oficina, ¡Oh !, ¿Sabías que la transfirieron hace algunos meses?" Catra negó. "Uh, lo siento ..." El silencio fue su única respuesta. "Bueno, dijo que Adora te acompañará en cuanto salgas del hospital"
¿Adora ?, ¿Ese era su nombre? Ridículo.
Y así pasaron las horas, con Scorpia conversando y Catra escuchando atenta; sabía que su amiga se había acostumbrado al silencio magnánimo que le regalaba, pero la escuchaba en cada punto. Increíblemente no habló de su trabajo, solo dijo que había pedido permiso para faltar, agradeciéndole por pedido desmayado porque odiaba limpiar el desastre de la noche anterior en ese bar, seguramente era horrible por como lo decía siendo ella Scorpia: la chica sonriente que nunca se queja (solo de su trabajo), con un gran corazón, tan grande que a Catra le cuesta un poco creer que ella es su amiga; pero estaba agradecida y satisfecha, disfrutando de las palabrerías por aburrimiento -no solo era por eso- y estaba casi segura de que Scorpia sería la única persona a la que escucharía con atención (Entrapta también,
Hasta que…
"-Y ella quería abrir una florería, la vi muy emocionada, y dije que yo también quería abrir una florería. ¡Fue agradable!" Había pasado más de treinta minutos hablando de una chica de cabello rubio cenizo que conoció en el transporte público a casa, al parecer -en tan solo 15 minutos de viaje- logró congeniar muy bien, cosa que la puso algo… ¿Celosa? , vaya, Catra nunca había palpado ese sentimiento con anterioridad, mas sin embargo, ahora sintió el sabor agrio en su sentimiento.
Escuchó maravillas de aquella rubia (¿Perfuma ?, un nombre algo peculiar) y Scorpia parecía encantada con ella, tan encantada que Catra tuvo que interrumpir en esa "conversación", diciendo que quería descansar. Obviamente el noble corazón de su amiga lo comprendió, dejándola sola, en silencio, solo con el cardiograma funcionando en un constante pitido.
Suspiró, cayendo de cansancio en el colchón blanco de aquel cuarto blanco. Cubriéndose con esas sábanas blancas y observando por la ventana que el día había pasado, y ella no había hecho nada productivo -no es como si lo hiciera en todos esos años, pero no suele estar recostada muchas veces, eso era molesto-.
Contempló las estrellas, al parecer estaba en la tercera planta del hospital, podía ver el cielo sin ningún problema, y (aunque la vista no se compara con la de su ventanal) le es algo sucinto a lo que normalmente suele ver todo el día.
Aquel cardiograma sonaba y sonaba, mientras ella buscaba la posición correcta para dormir, porque al parecer no saldría de esas cuatro paredes hasta mañana (quién sabe, tal vez esté incluso una semana en ese confinamiento blanquecino). El gotero del suero emitía un pequeño sonido, y el lugar estaba tan calmado y silencioso que podía escucharlo, y la irritaba de cierto modo.
Esa noche no pudo dormir bien -no era algo nuevo en su vida actual-, pero por lo menos no sintió dolor en su cuerpo, adormecido por los múltiples antibióticos que estaba recibiendo por intravenosa. Se sintió algo dichosa por el simple hecho de no sufrir al menos por una noche. No lo merecía, eso pensaba, pero al parecer la vida tenía algo de compasión como para dejarla cerrar los ojos sin miedo a que el dolor en su espalda volviera.
Al despertar todo era blanco.
Blanco. Blanco. Blanco. Solo eso podía repasar cada que intentaba ver a su alrededor.
El color de la muerte era ese, para ella el blanco representaba su final y su inicio. Tenía sus razones para creer eso, y mientras más lo observaba más calmada se sintió.
¿Acaso así era la muerte? Pronto lo sabría, porque estaba casi segura que su hora se acercaba, y nadie podría interferir en el último deseo de una moribunda.
Scorpia se lo prometió, Entrapta entendería que la muerte asistida sería lo mejor. Catra solo tenía que esperar hasta que su cuerpo no pudiera más, cosa que no tardaría demasiado (ella lo podía sentir, y por la mierda, esperaba con ansias ese día final).
La luz al final del túnel era blanca, el color favorito de Catra; no pensaba perderse eso por nada, y sonrió en aquella sala en soledad, el simple pensamiento furtivo de no despertar le parecía satisfactorio. ¿Eso era masoquista? Aun si lo fuera, ella lo esperaba.
Solo había un contratiempo en esos últimos días: La enfermera Adora.
Podría con ella, el don de Catra era molestar a la persona con su baja felicidad y empatía, y por como hablaba Entrapta de esa chica de ojos azules, sería pan comido encolerizarla hasta que renuncie por sí sola.
Volteó a ver la pared a su derecha: blanco, el último color que ve en Mystacor, y eso la ponía algo contenta.
El sol salía, reflejando sus rayos a través de la ventana, llegando a los ojos de Catra, quien solo los cerró para poder descansar un poco más. No tenía ganas de irse aún, porque sabía que al llegar a casa la estaba esperando Entrapta junto con Adora; no empezar a odiar desde ya, prefería retrasar el tiempo porque Scorpia era tan amable que seguramente la dejaría descansar un poco más si la ve dormida.
Ese día sentiría un nuevo sentimiento alejado por mucho de la infelicidad y la tristeza. Aquel sentimiento que solo tenía hacia sus problemas y su vida en general, pero nunca lo logró sentir hacia una persona: Odio, y no del sano -ya nada era sano en su vida-.
Abrió los ojos encontrándose con Scorpia a su lado, lista para cargarla de nuevo a su silla de ruedas y volver a casa.
Las cosas desde ese día no solo encontraron un leve contratiempo, o un bache en su camino hacia la eutanasia, iba a ser algo mucho más que eso. Pero mientras se vestía para comenzar su día, Catra no pensó en ello, porque ese era en lo último que debería cabida, o eso creía.
