Disclaimer: ©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. Yo tan solo realizo este FanFic por diversión, sin ánimos de lucro.
Advertencia: Omegaverse| Uso descarado delOoC| ErenxLevi | Ereri| Omega Levi | Eren alfa |De desconocidos a enemigos a amantes| Basado en Orgullo&Prejuicio de Jane Austen.
Con amor a mis amadas valeskithalejandra, GatitadeLuna, GobletMoonStone123, Kai Ackerman, Nejiko Ka, ChibiGoreItaly y Roco Ackerman Pillco.
Este FanFic vive y respira por ustedes y por los que leen en silencio. Gracias por darme su tiempo y palabras de ánimo y cariño. No saben cuan feliz me hacen. Espero este capítulo les guste.
Nos leemos abajito.
Por favor lean las notas finales.
De orgullo, prejuicio y amor
—
.VIII.
Fue el sonido de los cascos de los caballos del carruaje de Lady Alma, lo que despertó a Levi. Su cabeza era un lío, se sentía mareado y las piernas le flaqueaban, se dio cuenta que no estaba en condiciones de encontrarse con Hange, por lo que sosteniéndose de las paredes y los muebles, subió lo más rápido que pudo a su habitación. Unos minutos más tarde su amiga tocó su puerta, guiado muy seguramente por el rastro de su olor teñido de aflicción, pero Levi sentado en el suelo y con la espalda apoyada en la puerta, guardó silencio para que ella creyera que estaba dormido. La beta terminó desistiendo, y el sonido de sus pasos se perdió en el pasillo.
Todavía no podía creer lo que había ocurrido hace unas horas. El asalto del señor Jeager, su proposición de matrimonio, su imperdonable descaro al reconocer sin siquiera tratar de disculparse de su culpabilidad en lo ocurrido con Mikasa, la insensibilidad con que había hablado de su amigo, y su infortunio.
Había sido demasiado para él.
Se sentía tan vulnerable, que no pudo más que permitirse llorar durante media hora, hasta que el olvidado dolor de cabeza de la tarde regresó y sus sienes empezaron a palpitar. Decidió que se cambiaría y metería la cama, dejaría que el sueño le diera un descanso a su tren de pensamientos y cavilaciones.
Cuando se empezó a sacar la ropa, el recuerdo de las manos grandes y calientes del señor Jeager regresó a su mente, tan vivido como si él estuviera allí, que en un arranque de ira renovada, Levi se sacó las prendas de un fuerte tirón y los pateos con todo el sentimiento resentido de su corazón. Después de colocarse el camisón para dormir, se dio cuenta a pesar de haberse cambiado la ropa, que la sensación permanecía, pues no solo era la sensación fantasma; era que el aroma de Jeager estaba sobre su cuerpo, incluso dentro, en el sabor de su saliva.
Con nuevas lágrimas manchando sus pálidas mejillas, Levi sacó de su maleta las bolsitas con pétalos de flores secas que solía usar para aromatizarla, y restregándoselas en la piel, camufló el aroma pegado a su piel. Luego de muchas vueltas y finalmente su cuerpo cansado del desborde de emociones, se volvió a quedar dormido.
Se despertó más tarde lo habitual, aún con la mente llena de los mismos pesares del día anterior. Le era imposible de pensar en otra cosa. Los señores Berner no estaban en casa, algo de un compromiso con los otros colonos los había retirado desde horas tempranas. Hange le había avisado, pero Levi se había negado a acompañarles. Desayunó tarde y luego se dispuso a dar un paseo. Necesitaba salir y despejarse para alejar la turbación que se mantenía bajo su piel.
Había abierto la puerta y estaba poniéndose la capa para iniciar su paseo, cuando el ama de llaves de Hange le encontró. La señora Johnson le entregó un par de cartas, y Levi viendo que estaban firmadas por Mikasa, regresó tras sus pasos y se metió en el saloncito de té de su amiga, dispuesto a leer y responder las misivas de su hermana. Sería una actividad más distractora que su paseo, se dijo.
Cuan equivocado estaba.
La primera carta contenía el relato de las pequeñas tertulias e invitaciones, le daba las pocas noticias que el campo permitía y le informaba de que la familia se encontraba bien de salud y tranquila; la otra, fechada de un día después y escrita con evidente agitación, letra apretada y descoordinada en los bordes finales; le heló la sangre, y de no haber estado sentado, hubiese sido muy seguro que se habría ido de culo al suelo.
《Querido Levi, no sé ni cómo escribirte esto, lo más seguro es no me entiendas bien, pues tal es mi consternación, que mis dedos no se coordinan con mis pensamientos. Pero es que es algo muy serio e inesperado lo que ha ocurrido. Anoche a las once, cuando nos íbamos a acostar, llegó un expreso enviado por el coronel Zacharius para informarnos de tal noticia: Marie, nuestra pequeña hermana, se ha escapado con uno de los oficiales; para no andar con rodeos: con Smith. Según se entiende en el expreso, esto sucedió el sábado, pero no fue hasta ayer a las ocho de la mañana que se les extrañó. Fue cuando mandaron la misiva. El coronel Zacharius dice que vendrá enseguida. Estoy tan triste. No entiendo cómo es que esto sucedió. ¡Qué imprudencia por parte de ambos! Papá ha dicho que en cuanto llegué el coronel, se irá con él a Gretna Green, que es donde Marie dijo que irán, en la carta que le dejó a la señora Zacharius.
A estas horas que estés leyendo esta carta, es muy seguro que ellos se hayan marchado. Mamá está muy alterada, y mi cabeza está tan aturdida que, hermano mío, aunque preferiría no hacerlo, te pediré que vuelvas enseguida. Te necesito.》
—Debo irme—exclamó Levi alzándose de la silla en cuanto terminó de leer, resuelto a no perder un segundo—. ¡Señora Johnson!—llamó a la ama de llaves, pero su voz salió en un hilillo que tuvo que volver a intentarlo—. ¡Señora Johnson!—llamó otra vez, sus pies se enredaron y tropezó, cayendo de rodillas y manos. Había agujas en su piel, y su panza estaba llena de rasguños(1). Su omega interno se retorció dentro de él, la cabeza se le llenó de ruido, y sentía los pulmones apretados. Estaba jadeando, con la visión borrosa cuando la puerta se abrió.
No era la señora Johnson, sino un criado quien abría la puerta del saloncito, y tras suyo el señor Jeager pasó.
El aroma del alfa inundó su olfato y su omega sollozó, suplicando; y Levi solo pudo dejarse llevar por su instinto, porque todas las sensaciones estaban empezando a doler, cortando sus venas. Escuchó que Jeager le ladró una orden al criado, pero no entendió que fue, él estaba más concentrado en extender sus brazos a él, intentando que las palabras salieran de sus labios.
—Por favor—murmuró Levi, mientras Jeager le cogía de la cintura y lo elevaba de su posición.
—¡Dios mío! Está usted tan frío. ¿Qué ha sucedido? —preguntó él con más sentimiento que cortesía, sosteniéndolo contra su cuerpo con un solo brazo y palpando su frente y mejillas con su otra mano.
Las contradicciones se arremolinaban en el interior, pero su omega interno se retorció con más furia, y Levi aún sin quererlo, volvió a suplicar, ladeando la cabeza para exponer su cuello.(2)
—Por favor—hipó, y sintió como el señor Jeager se tensaba contra su cuerpo, guardando silencio por un largo minuto, luego relajó su agarre, girándolo. Levi sintió su aliento tibio un segundo sobre la hilera aún tierna en su cuello, al otro la presión llegó; y su cuerpo se volvió a llenar de polvo estelar, suavidad y cosquilleos calmantes. Se dejó llevar más fácil esta vez, y de repente todo estaba oscuro y en silencio.
Se quedó dormido.
Despertó más tarde, con la sensación de tibieza sobre su frente y lo blandito de una cama bajo su espalda. Su cuerpo estaba lánguido y le costó moverse.
—Tranquilo—escuchó la voz de Jeager en algún lugar de la habitación. El chirrido de una silla y luego sus pasos acercándose; y allí estaba él. No llevaba el saco, traía las mangas remangadas y en sus manos llevaba un frasquito y una cuchara—. Tómese esto, le ayudará en que su viaje sea más fácil.
—¿Viaje?—farfulló Levi, abriendo la boca, aceptando la medicina que Jeager le estaba dando. Sabía ligeramente agrio y fuerte—. ¿Qué esto?—dijo haciendo una mueca.
—Láudano—le respondió el alfa, sentándose en el borde de la cama. Puso el frasco y la cuchara en la mesita de al lado y se sacó del bolsillo del chaleco la carta de Mikasa para entregársela después—. No es algo propio del decoro por mi parte haberla leído, pero ver que le puso tan mal me llevo hacerlo. Le dije ayer que jamás podría permitirme que su seguridad se viese comprometida de manera irremediable. Y ha sido eso lo que me ha movido.
La vergüenza atenazó en cuerpo de Levi, y abrió la boca para decir algo, pero el alfa se adelantó a él.
—Tiene mi palabra de que no le diré a nadie del contenido. Aunque me vi en la obligación de darle unas palabras a los señores Berner, que llegaron poco antes de que trajeran mi maletín. Ha de disculpar mi osadía, pues les he dicho que ha tenido usted un colapso por un fuerte resfrío que ha pescado del día de ayer; y que tomó la decisión de que una vez despierte se le alisten las cosas para marcharse al confort del hogar en Longbourn.
—Gracias—logró murmurar Levi, retorciendo la carta entre sus dedos. Se sentía miserable, mucho más ya que tenía que atravesar todo esto frente al hombre que menos de dieciséis horas atrás insultó por aquel otro que consideró su amigo y una persona intachable.
—No. No hay nada que agradecer. Ojala pudiera hacer o decir algo más para le consolase en semejante desgracia, más allá de ofrecerle un carruaje para brindarle algo de comodidad a su viaje.
Se vieron por un minuto en un pesado silencio hasta que el alfa se levantó y se alejó para ir por sus cosas y retirarse. Una vez en la puerta, se detuvo y añadió:
—Espero de todo corazón que el asunto no acabe tan mal como podría esperarse en los casos como este. Le deseo un buen viaje, Joven Ackerman—y dicho esto se despidió solo con una mirada, muy serio.
Levi sintió ganas de llorar pero respirando profundo y aferrándose a la sensación del láudano en su sistema, se levantó de la cama y se dispuso a recoger su maleta. En media hora estuvo listo, y al final se colocó una bufanda alrededor del cuello, el roce le causó un escalofrío y trajo el recuerdo de la sensibilidad de la causa. Le había dado una apertura al alfa, que este pudo aprovechar y someterlo a su antojo, pero este ni siquiera lo había insinuado en sus palabras, se había limitado a asistirlo y comportarse de manera cortes. Como un caballero. Luego el pensamiento del porqué el señor Jeager llegó esa mañana a la casa parroquial pasó por su cabeza, pero lo desechó en pos de su angustia por lo sucedido con Marie y en la humillación y la desventura en que esto sumiría a la familia.
Se despidió de Hange fingiendo afonía, y su aspecto demacrado y triste ayudó a respaldar la máscara. El señor Berner también se despidió, soltándose una cascada de palabras floridas entre agradecerle que les hubiese visitado y encargándole que le saludase a sus parientes. Levi soportó los diez minutos que se llevó el señor Berner en su improvisado discursillo, antes de que el coche que le había prometido el señor Jeager llegará. El criado de la casa subió sus maletas y quince minutos después estaba en el camino real. Solo entonces, haciéndose una bolita en el asiento, se permitió quebrarse.
(...)
Mikasa fue quien lo recibió en su llegada. Esperaba de pie en las escaleras de la casa, y cuando el coche paró en la puerta ella fue a él. Se abrazaron con efusión, con los ojos llenos de lágrimas, y Levi preguntó sin perder un segundo si se había sabido algo de los fugitivos.
—Todavía no—respondió Mikasa afligida—. Y creo que las noticias que tengo para ti, no son alentadoras.
Levi se mordió los labios y exhalando con fuerza le pidió que le contase. A su espalda el sol se estaba poniendo, y la luz naranja del atardecer sacó una sombra larga de los dos hermanos que, aún abrazados entraron a la casa.
—El coronel Zacharius llegó ayer por la noche, nosotros lo esperábamos para las horas del almuerzo, pero él se disculpó diciéndonos que después de enviarnos el propio, habló con Dake, el mejor amigo de Smith en el regimiento y que este le dijo que sabía de sus pretensiones y que estaba seguro de que su amigo jamás pensó en ir allí a casarse con Marie; el coronel, al saberlo, se alarmó y decidió salir de Brighton tras ellos sin esperar a venir a por nuestro padre como lo había escrito. Nos contó que logro seguirles el rastro con facilidad hasta Clapham, pero no pudo continuar adelante, porque ellos al llegar a dicho punto tomaron un coche de alquiler dejando la silla de postas que los había llevado desde Epsom. Y que la única información que logró más, fue que se les vio tomar el camino a Londres.
—¿Papá está en la Capital?
—Sí, se fue allá con el coronel, a encontrarse con el tío Kenny y empezar la búsqueda. Le pedí antes de irse le hice prometer que me escribiera para enviarme su dirección. Lo que espero que mañana suceda.
—¿Y mamá, cómo está?
—Abatida, encerrada allá arriba. No ha salido desde que nos llegó el expreso.
—¿Y tú, cómo te encuentras? —preguntó Levi —. Estás pálida.
—Creo que entre los dos, yo estoy bien. ¡Oh hermanito! Siento que he hecho más un mal que bien al haberte hecho venir así. Debí dejarte y que regresaras con tranquilidad.
Levi negó dándole una sonrisa rota.
—No, hiciste bien, Mikasa. En estos momentos nos necesitamos entre todos.
—Pero mira cómo estás—dijo Mikasa acariciando el rostro de su hermano, las bolsitas bajo sus ojos irritados.
—¿Ella me ha culpado de esto también, verdad?
Mikasa se mordió los labios y desvió los ojos.
—Está bien, Mikasa. Me consuela pensar que ahora con mi presencia su estado se energizará al menos por la rabia.
—¡Pero no es justo, Levi! —Chilló su hermana—. Tú no empujaste a esos dos imprudentes a cometer tal infamia.
—Pero lo traje a casa y le hice a su presencia un agujero en nuestras reuniones.
—Levi, Levi—sollozó Mikasa —. Cuan más doloroso debe ser para ti esto. Él era tu preferido.
Levi soltó una risita acuosa.
—El tío Uri expresó eso mismo la navidad pasada; y te diré como le dije a él, no, no era mi preferido y yo jamás tuve la intención de que él sintiera eso por mí. Pues de ser el caso, si hubiese sentido esa pasión pura y elevada del amor, hubiera detestado hasta su nombre y le hubiese deseado lo mayores males. Y no era así, lo consideré un amigo, uno en el que encontré consuelo tras lo sucedido con Hange. ¿Pero no sé por qué será que cada vez que entregó mi confianza en alguien acabo herido?
A Mikasa se le anegaron los ojos de lágrimas y abrazó a su hermano con fuerza.
—Levi, mi querido, mi amado hermanito. Me tienes a mí.
—Y es porque te tengo que aún puedo sonreír y guardar esperanzas.
Los hermanos se quedaron abrazados por varios minutos hasta que se volvieron a serenar y pudieron subir donde estaba su madre.
Encontraron a la señora Ackerman hecha un mar de lamentos y lágrimas de cocodrilo mientras se revolvía entre las sábanas.
—¡Mi pobre Marie! Cuan diferente hubiese sido si mi proyecto de ir a Brighton con todo la familia. Habría tenido quien cuidase de ella, no como con los Zacharius, que no supieron vigilarla. Pero nadie me hizo caso, como siempre —y en ese momento le lanzó una mirada acusatoria a su hijo, quien se mantuvo en el rincón, cerca de la ventana —. Y ahora su padre se ha ido y supongo que desafiará a ese malvado señor Smith, y como morirá en el lance, ¿qué será de nosotros? Los Berner nos echarán de aquí antes que él se enfrié en la tumba. ¿Por qué no te casaste con el señor Berner, Levi? Así a pesar de esta desgracia, tendríamos en el porvenir el consuelo de un techo sobre nuestras cabezas.
Levi guardó silencio, pero Mikasa, por quizás primera vez en su vida, calló a su madre.
—Suficiente, madre. Ya no más, te traeré tu té y te dormirás de inmediato. No es momento para tus palabras crueles. Espero que el sueño te quite de encima esos pensamientos.
La señora Ackerman hizo mala cara y se arrebujó más, soltando más lágrimas y sollozando más fuerte.
—¿Ves lo que logras, Levi? —dijo la señora Ackerman cuando Mikasa y Levi ya estaban en la puerta —. Solo traes desdicha.
Mikasa le vio espantada y luego le dedicó una mala mirada, a su lado su hermano permaneció silencioso, pero a través del contacto de sus manos entrelazada, ella lo sintió temblar.
Más tarde Mikasa regresó con el té, no se quedó mucho con su madre a pesar de que ella se lo pidió, saliendo apresuradamente fue a su hermano, que en su habitación compartida ya estaba acostado. Ella le arrulló y le hizo dormir, sin embargo el sueño de Levi fue intranquilo y no descansó nada. Amaneció con las ojeras más pronunciadas y no se animó desayunar.
La carta que el señor Ackerman prometió a su hija llegó por la tarde. No eran más que unas cuantas líneas diciéndole que había llegado bien, y remitiéndole su dirección como ello lo había pedido. Añadió que no volvería a escribir hasta que tuviese algo importante.
Decepcionados de la respuesta, ambos hermanos decidieron que escribirían a su tío Kenny para que este les mantuviera informados, pues sabían de primera mano que su padre cumpliría con su palabra, y ellos estarían más angustiados por ello.
A la mañana siguiente tuvieron respuesta de su tío, escribiéndoles que cumpliría su petición. Le informo además, que su esposo Uri estaría llegando en los días próximos, pues a palabras de él mismo citaba su tío; Uri insistió en que su utilidad sería más provechosa con sus sobrinos.
Los siguientes dos días fueron una agonía silenciosa. Y en un grado mayor para Levi, que cada vez se sentía peor. Afiebrado, con calambres en todo el cuerpo y desgastado por la falta de sueño. Ni siquiera las feromonas tranquilizadores de Mikasa le habían permitido descanso.
El señor Uri llegó un domingo, y trajo la triste noticia de que la búsqueda de su esposo y cuñado había sido infructuosa, pues el señor Smith al parecer no contaba con parientes cercanos conocidos que pudiesen ayudar a saber su paradero, y que las amistades que alguna vez tuvo, no eran más ahora sino acreedores muy molestos que también exigían la cancelación de las deudas que el alfa había adquirido. Un descubrimiento bochornoso que fue reforzado por el lado del coronel Zacharius, quien había seguido indagando entre sus oficiales. El señor Smith debía mucho en la ciudad, se necesitarían más de mil libras para clarear sus cuentas en Brighton, pero las deudas de honor eran aún más elevada, y está, se enteraron, era la verdadera razón de su huida con Marie. Ella era una excusa para librarse.
Mikasa estaba horrorizada por tales conocimientos. Levi por su parte no podía sino sentir una honda decepción e ira fría.
Esa noche permaneció despierto dos horas más después de que la última vela en la casa fue apagada. En la oscuridad su pensamiento fue al señor Jeager, y a sus palabras relacionadas con Smith, con las que había injuriado tan vehemente al hombre. Ahora, y aunque desconocía la historia detrás entre ellos, le dio la razón a Jeager. Quién sabe si arrastró al coronel Zeke a una de sus fechorías y por unos pelos su hermano logró salvarlo, y de allí si su discordia, especuló.
No supo cuando se quedó dormido, pero despertó en la madrugada, sofocado por la sensación de una fiebre elevada, lo pegajoso de su piel y la extraña humedad entre sus piernas. A lo lejos escuchaba la voz de Mikasa, la percepción de estar siendo sostenido de sus hombros, elevando su tórax a una posición de semi sentado.(3)
—Por favor, Levi, haz un esfuerzo —decía la voz de su hermana, que se escuchaba con un eco bajo una superficie acuosa—. Debes tomar la medicina antes que el celo se rompa.
¿Celo?
Esa palabra fue lo único que captó, antes de que un calambre agudo le estallará en el vientre. Sollozó, y solo entonces fue consciente del lloriqueo de su omega interno, agitado. Un rasguño profundo en sus entrañas. Alfa, lloraba su omega mientras sus labios permitían la entrada de la medicina que su hermana intentaba darle apresurada. Alfa, se retorció más ante otra sacudida por un calambre más fuerte. Alfa, sollozó cuando la medicina le adormeció el cuerpo, y su mente se llenó de niebla.
Estoy en celo, y en el peor momento de mi vida, fue el último pensamiento coherente antes de caer en el vacío del sueño inducido.
Entre la bruma que inundó su cabeza anterior a quedar inconsciente, anhelo manos grandes y cálidas, morenas y firmes, ojos de animal nocturno y una voz profunda que repitiera que todo estaría bien.
...
Notas finales:
(1) Rasguño: Es la manifestación física de la insatisfacción del instinto en los omegas. F por el omega interno de Levi, que no le colabora.
(2)El omega interno de Levi lo obligó a actuar así para encontrar liberación. Las mordidas de gentileza actúan como una buena droga.
(3) El celo de Levi: Los omegas varones tardan más en presentar celos. Este es el primero celo de Levi, y es esta la razón porque a pesar de nunca haber sido muy popular, de repente había sus alfas allí pululando. Es instintivo, percibían a un omega a punto de florecer, y puff, tras los huesitos de Levi. El inicio del celo inició tan rápido en esta primera ocasión por la influencia de Eren.
Renovémonos nuestras ganas de golpear a Eren.
PD: Tampoco hay que maltratar tanto al Eren, si. Solo es una pobre cosita mojada y enamorada.
Muchas gracias por leerme. Las adoro.
Nos leemos en el próximo capítulo:
De bodas y entendimientos.
