Capítulo 17

Sasuke había retomado su agenda habitual a pesar de la señora Graves y lady Senju, que pensaban que no debía precipitarse. Sin embargo, había ganado peso y su rostro ya no presentaba ningún signo de la enfermedad.

—La verdad es que se te ve estupendo aunque, querido, todavía debería ser prudente —dijo lady Senju,que había ido aquella tarde a tomar el té.

—Creo que podíamos dejar ya ese tema —dijo Sasuke contrariado.

Tsunade hizo un gesto de disgusto antes de contestar.

—Está claro que la señora Graves tenía razón.

Sasuke sabía que no debía preguntar, pero aún así cayó en la trampa.

—¿En qué tenía razón?

Tsunade esbozó una sonrisa.

—Que a pesar de todo tu mal humor gozas de una excelente salud.

—Touché —dijo Sasuke antes de guiñarle un ojo a lady Senju.

—Eres un zalamero cuando quieres. Cambiando de tema, ¿vas a acudir a algún evento de los que hay la próxima semana?

Sasuke la miró fijamente.

—Tenía pensado acercarme a la fiesta del Duque de Banston. Me ha mandado varios mensajes preocupándose por mi salud los últimos días.

—¿Por tu salud o por sus inversiones? —preguntó lady Senju, a la que el duque no le caía muy bien.

Sasuke sonrió abiertamente.

—Sin miedo a equivocarme, por lo segundo. Como siempre tan perspicaz, Tsunade.

—A mi edad es difícil que algo se me escape —dijo Tsunade no sin cierto orgullo.

—La verdad es que casi todas las notas que he recibido preocupándose por mi salud no eran debidas al afecto que me tienen mis congéneres.

—¿Y has recibido muchas? —pregunto Tsunade curiosa.

—¿Adonde quieres llegar? —preguntó a su vez Sasuke. Había algo extraño en Tsunade. Mientras le hacía la pregunta, se había estado colocando la falda y no le había mirado a los ojos. La conocía desde hacía tanto tiempo que sabía que ese era un tic que tenía cuando se ponía nerviosa.

—Quería saber si una señorita en particular se había preocupado por tu salud —dijo sin volver a mirarle.

—¿Qué quieres decirme, Tsunade? —preguntó Sasuke, que ya se estaba empezando a impacientar.

—¿La señorita Haruno no se ha puesto en contacto contigo?

—No —dijo Sasuke con un tono de voz que no admitía réplica alguna. Sasuke no pensó que le molestaría tanto aquella pregunta.

Tsunade pudo ver la expresión de Sasuke. Estaba furioso. Eso era bueno.

—Pensé que erais amigos. Es raro que no se preocupe por tu bienestar —dijo Tsunade como quien no quiere la cosa.

Sasuke apretó la mandíbula en un acto reflejo.

—Tsunade, mi paciencia tiene un límite y tú te estás acercando peligrosamente.

—Tonterías —dijo Tsunade con un gesto de la mano que decía a las claras que no iba a amedrentarla con esa amenaza.

—Las malas lenguas dicen que el conde de Hatake le propondrá matrimonio en breve. Se le ha visto en su compañía en los últimos eventos.

Tsunade comprobó que aquella noticia no le era tan indiferente a Sasuke como pretendía aparentar. La verdad era que empezó a preocuparse cuando vio que Sasuke comenzaba a ponerse rojo. Parecía que en cualquier momento y fuese a echar humo por las orejas.

—Oh, vamos, Sasuke —dijo Tsunade—. ¿No vas a decir nada?

Sasuke intentó relajar la postura. Sentía que todo su cuerpo se había puesto tensó como una cuerda en el mismo instante en que escuchó salir aquellas palabras de los labios de lady Senju. El estómago se le revolvió solo de pensar que ese bastardo pudiese tenerla.

—Tsunade, la señorita Haruno y yo solo somos amigos. De hecho, la última vez que nos vimos no quedamos en muy buenos términos. De ahí que no se haya interesado por mi salud. Tampoco lo esperaba —dijo Sasuke cínicamente.

La verdad era que en los días en que había estado delirando la única imagen que venía a su mente una y otra vez era la de ella, incluso había creído oír su voz más de una vez susurrándole al oído. Dándole ánimos, suplicándole que no se rindiese. Aunque después había comprendido que eso no había sido real, sino un espejismo fruto de la fiebre alta, debía reconocer que aquellos quimeras habían sido las que le habían mantenido vivo y le habían ayudado a luchar.

—De acuerdo, ya no puedo más —dijo Tsunade—. Jamás he visto dos personas más proclives al drama, y no voy a permitir que por una promesa, lo que hay entre los dos se pierda —dijo Tsunade disgustada.

—Ahora sí que me he perdido, Tsunade —dijo Sasuke mirándola fijamente—. ¿A qué promesa te refieres?

Tsunade guardó silencio unos segundos. Era como si después de su explosión fruto de la frustración que sentía con ellos dos se hubiese arrepentido de haber dicho algo.

—¿Tsunade? —preguntó Sasuke con un tono de voz más firme.

—Cuando estuviste tan enfermo, Sakura se enteró, como todo Londres. La noticia corrió como la pólvora. Una noche se presentó aquí. Quería saber cómo estabas, y cuando le confirmé la gravedad de tu estado, me suplicó verte. No tuve corazón para negárselo. Estaba muy afectada, y además traía una serie de remedios adquiridos a través del conocimiento transmitido por la curandera de su clan. A partir de entonces no se alejó de la cabecera de tu cama. Estuvo tres días y tres noches sin dormir, cuidándote. El doctor dijo que posiblemente gracias a lo que hizo por ti, salvaste la vida.

Sasuke sintió como si le hubiesen dado un puñetazo en el estómago y le hubiesen dejado sin respiración. Aquello le dejó bloqueado por unos instantes, lo suficiente para que una furia ciega se fuera adueñando de él por segundos.

—Voy a estrangularla lentamente —dijo Sasuke cuando pudo hablar.

Tsunade le miró desconcertada.

—Esa no era la reacción que había esperado —dijo lentamente.

—¿Cómo la dejasteis? Maldita sea. No solo arriesgó su vida sino también su reputación —dijo Sasuke, que empezó a sentir vértigo al pensar que ella podría haber enfermado.

Tsunade empezó a comprender. Sasuke también la reprendió a ella cuando se enteró de que había estado allí cuidándole. No quería ni pensar en lo que le podía haber pasado a Sakura si hubiese contraído también la enfermedad. Solo pensarlo estaba haciendo que perdiera los estribos. Aquello era una señal definitiva. ¿Cuando iba a aceptar lo que sentía por ella?

Sasuke se levantó con la mandíbula apretada y más enojado de lo que había estado en años.

—¿Adonde vas? —preguntó Tsunade—. Le prometí que no te lo contaría. No quería que lo supieses, no quería que te vieras obligado a nada —gritó Tsunade al final, antes de que Sasuke saliese por la puerta. En el último momento se volvió.

La forma en que la miró Sasuke habría hecho correr hasta al guerrero más bragado, pero Tsunade, en cambio, estaba disfrutando de lo lindo. Ya era hora de que el diablo de Londres se diese cuenta de que estaba enamorado.

Sakura no podía entender qué hacía su hermano allí. Sabía lo que quería pero lo que todavía no le había dicho era como pretendía obtenerlo de ella y que accedería a ello por voluntad propia.

Había sido toda una sorpresa que se presentara en su casa, y antes de que pudiera reponerse de ella, ya había entrado en la estancia, ordenando salir a la tía Shizune.

Sakura no había querido montar una escena, ni que su tía se alterase lo más mínimo. Llevaba varios días delicada, con leves mareos y dolores en los huesos, y lo que menos necesitaba era que ellos agravaran su estado.

—Tía, ¿puede dejarnos un momento a solas? Quizás podría pedirle a Esther que le prepare el té.

Shizune la miró fijamente. Sus ojos reflejaban una franca preocupación.

—Está bien, hija, estaré en la sala verde si me necesitas —dijo Shizune saliendo de la estancia y dejándoles solos.

—¿Qué haces aquí? ¿A qué has venido? —Sakura no pretendía ser tan brusca, pero el comportamiento de su hermano con la tía Shizune había hecho que toda sutileza quedará olvidada.

—Vaya, ¿tan mal concepto tienes de mí? Soy tu hermano y he venido a ver qué tal estabas. Nos despedimos en Escocia de mala manera, y los dos dijimos cosas que estuvieron fuera de lugar, y la última vez que nos vimos aquí en Londres no tuvimos tiempo para hablar tranquilamente. Te dije ese día que volvería a verte.

Sakura miró a su hermano. Deidara se había convertido en un hombre superficial, egoísta y cruel. En ese momento tenía la mirada que tanto conocía, la misma que tenía su padre cuando intentaban manipular una situación. Aquello no le gustó nada.

—Me llamaste ramera —dijo Sakura sin afán de apaciguar la situación—. Eso es algo más que despedirse de mala manera, y los dos no dijimos cosas fuera de lugar, solo tú. Yo solo te dije que me trasladaba a Londres.

—¡Te llamé ramera porque eso es lo que son las mujeres que se van a vivir lejos de su familia y con tan solo la compañía de una vieja decrépita! —gritó con rabia. Sakura no dió muestras de alterarse por la explosión de su hermano.

Después de tantos años con su padre y con Deidara había aprendido a no exteriorizar sus emociones. No había nada que les diera más placer que ver como amedrentaban a alguien. Sakura era diferente. En los escasos enfrentamientos que había tenido con él, siempre le había hecho frente.

—¿Crees que no sé por qué lo hiciste? Sé lo de esos dos idiotas.

—¿De qué estás hablando? —le preguntó Sakura claramente confundida.

—No te hagas la tonta, hermanita. Mi abogado averiguo después de mucho indagar que le pagaste los estudios al hijo de uno de nuestros arrendatarios y también a Henry, el hijo de nuestra ama de llaves. Y yo me pregunto, como se preguntarían todos si se enteraran: ¿por qué iba una joven de buena familia a pagarle los estudios a dos muertos de hambre? Y la respuesta más lógica puede ser devastadora, podría arruinar tu reputación y salpicar a nuestro queridísimo tío y a nuestra encantadora prima Temari. Las malas lenguas dirán que lo habías hecho a cambio de sus favores, ¿y quién no les iba a creer con tus antecedentes, que rayan en lo indecoroso?

Sakura sintió que el estómago se le revolvía. Era verdad que ella había pagado los estudios de los dos jóvenes, pero no por el motivo del que Deidara la acusaba, eso era ridículo. Lo había hecho porque quería que tuvieran la oportunidad de estudiar, de hacer aquello que deseaban y que no habrían podido hacer por carecer de los medios necesarios.

—Sabes de sobra que eso no es verdad, así que dime a qué viene todo esto. ¿Qué quieres? —preguntó Sakura más serena de lo que en realidad estaba.

Deidara se acercó a ella. Ahora que lo tenía a poca distancia pudo comprobar algunos signos en él que detonaban un exceso con el alcohol. Su hermano tenía los ojos rojos y su aliento era delatador. Deidara la miró con un brillo burlón en los ojos.

—Que lista eres, Sakura. Puede que seas una ramera, pero eres muy inteligente —dijo Deidara señalándola con un dedo—. Voy a decirte lo que vas a hacer. Vas a hablar con tu abogado sin dilación y me vas a traspasar toda la herencia que te dejó nuestra madre. Puedes quedarte con una décima parte para tus gastos, si no yo mismo extenderé el rumor de que pagas por los favores de jovencitos por Londres. Caerías en desgracia y al final tendrías que irte a una esquina con las rameras que hacen la calle. Eso sería muy desagradable, ¿verdad? —dijo con una sonrisa que podía congelar el corazón mientras le rozaba la mejilla con la mano.

Sakura se echó hacia atrás en cuanto sintió su contacto. Era repugnante que su hermano hubiese llegado a tal extremo por dinero.

—Ni lo sueñes. No voy a dártelo. Ya puedes ir a contar las mentiras que quieras, no voy a ceder a tu chantaje.

Sakura debió verlo venir. Sabía que Deidara tenía los mismos estallidos violentos que su padre, sin embargo, el empujón que le propinó, lanzándola contra la mesa, no lo había esperado.

Los improperios que siguieron a su estallido apenas los escuchó. El golpe que se dió con el pico de la mesa en el pómulo la dejó aturdida. Sintió como si le estallara algo por dentro. Escuchaba los gritos de Deidara a lo lejos mientras la miraba con una furia apenas controlada.

Intentó levantarse lentamente, y cuando lo vio acercarse de nuevo a ella se puso detrás de la mesa como pudo. Vio el abrecartas encima de la correspondencia sin abrir y lo cogió. Lo asió por el mango y lo empuñó para frenar el avance de Deidara.

—Ni se te ocurra acercarte —dijo Sakura con determinación.

—Si crees que con eso me vas a amenazar estás equivocada, zorra estúpida. Piensa bien en lo que te he dicho, y no seas tan egoísta. Piensa en lo que pasaría a tu queridísima tía Shizune si te pasara algo a ti. Mañana volveré, y espero que tu actitud sea muy distinta. Por tu bien —dijo Deidara amenazador. Se dió la vuelta con intención de marcharse, pero antes de llegar a la puerta se volvió para decir una última cosa—. Ah, por si te interesa saberlo, Chiyo murió hace una semana. Una pena que estuviese completamente sola.

Sakura se tambaleó y tuvo que apoyarse en la mesa para recuperar el equilibrio. Las palabras de Deidara resonaban en su mente una y otra vez como el eco de una pesadilla. Chiyo estaba muy mayor y sabía que ese día debía llegar antes o después, pero nada la había preparado para ello.

El primer sollozo se escapó de sus labios, bajo y sin apenas sonido, pero fue suficiente para que Deidara Haruno se fuese con una sonrisa en los labios.

Sasuke llegó en medio del caos. Cuando el ama de llaves le abrió la puerta tenía los ojos llorosos y apenas pudo entenderla. Le hicieron pasar a una sala donde una mujer de avanzada edad se retorcía las manos presa de un nerviosismo inquietante. Aquello le preocupó lo suficiente como para olvidar momentáneamente la furia que se había apoderado de él y que durante el trayecto no había hecho más que incrementarse.

No podía dejar de pensar en lo que podía haberle pasado a Sakura por estar junto a él en los momentos más aciagos de su enfermedad. Una parte de él estaba tan furiosa que apenas podía pensar, y otra intentaba entender sin éxito por qué ella había arriesgado su vida y su reputación por él. Aquello le provocaba una calidad o presión en el pecho difícil de ignorar.

Viendo que el ama de llaves era un mar de lágrimas se saltó las formalidades, presentándose él mismo.

—Soy lord Uchiha y he venido a ver a la señorita Haruno.

Aquella mujer de edad avanzada, al escuchar su nombre, se derrumbó en el sillón, como si las pocas fuerzas que le quedaban se hubiesen esfumado de pronto.

—Gracias a Dios. —La escuchó decir como una plegaria.

Sasuke se acercó con urgencia a ella.

—Tráigale un vaso de agua —dijo Sasuke al ama de llaves, que parecía no reaccionar—. ¡Ahora! —dijo Sasuke en un tono que la asustó pero que pareció surtir el efecto deseado, ya que sacó a la mujer de su estupor.

—¿Se encuentra bien? —le preguntó Sasuke agachándose para ponerse a la misma altura que ella, que seguía sentada en el sillón. Shizune le miró con ojos vidriosos.

—Debe encontrar a Sakura —dijo apenas con un susurro—. Se ha ido. No sé dónde —continuó mirándole más fijamente.

Sasuke sintió crecer su inquietud de forma exponencial.

—¿Qué ha pasado? —preguntó con un tono de voz más duro de lo que pretendía.

Shizune pareció dudar por unos instantes, como si intentara organizar los pensamientos en su cabeza.

—Mi sobrino, el hermano de Sakura —dijo todavía algo confundida—, ha venido hace un rato. Ese muchacho es una mala persona. Quise quedarme con Sakura cuando pidió hablar a solas con ella, pero me ordenó salir. No lo hubiese hecho si mi sobrina no me lo hubiese pedido. Sé que lo hizo por temor a que me alterase. Es tan noble y tan buena, que ese canalla...

Sasuke estaba empezando a perder el control.

—¿Qué pasó después? —pregunto, intentando que la mujer le contase de una vez que había ocurrido con Sakura.

—Desde fuera no pude oír nada al principio. Luego hubo gritos y escuché un golpe. Ahí fue cuando me asusté. Dudé si entrar, y cuando me dispuse a hacerlo, mi sobrino salió por la puerta con una expresión maliciosa y triunfal. —Shizune respiró hondo antes de continuar—. Entonces entré y vi a Sakura. Estaba llorando desconsoladamente y temblaba. Tenía un corte en la mejilla que sangraba y un moratón empezaba a formársele en el pómulo.

—¡Maldito hijo de puta! Voy a matarlo —dijo Sasuke de tal forma que hasta Shizune se asustó.

Sasuke intentó calmarse. Sentía que le hervía la sangre y su sed de venganza estaba adquiriendo cotas imposibles de dominar. Solo con pensar que le había puesto la mano encima a Sakura se le revolvió el estómago. Le mataría lentamente, con dolor.

—¿Qué pasó después? —preguntó Sasuke, que lo único que quería era encontrar a Sakura.

—La traje a la salita verde conmigo. Quería que se tranquilizara lo suficiente como para que me dijera qué había pasado. Se fue calmando, pero decía cosas incoherentes, como que Chiyo había muerto y que estaba sola, que nadie se lo había dicho.

—¿Chiyo? ¿La curandera del clan? —preguntó Sasuke.

—Sí, sí, exactamente. Veo que mi Sakura le ha hablado de ella —dijo Shizune mirándole a los ojos—. Sé que su hermano la está presionando con algo. Quiere su herencia a toda costa, por eso tuvo que venir a Londres y alejarse de él, de su hogar y de su tierra. Porque mi sobrino quería doblegarla, igual que lo intento su padre. No se detendrá, visto lo que ha ocurrido hoy.

—No consentiré que le pase nada a Sakura. Nadie va a doblegarla —sentenció Sasuke de tal forma que Shizune asintió, satisfecha por sus palabras.

—Sé que usted la protegerá. Nadie podrá hacerlo mejor. Soy mayor pero no estoy ciega. Sé que mi sobrina siente algo por usted, milord.

Sasuke asintió y tragó saliva, como si así pudiese bajar el nudo que llevaba oprimiéndole desde su conversación con lady Senju. ¿Qué había hecho para merecer que una mujer extraordinaria como Sakura sintiese algo por él? Ese era un hecho que se le escapaba.

Era demasiado egoísta y carente en muchos sentidos de algún tipo de escrúpulo, sin embargo, ella se había arriesgado por él. Eso era algo que no iba a cuestionar ahora. Era la primera vez en la vida que la suerte parecía hacerle un pequeño guiño, y no iba a permitir que nadie ni nada le hiciese daño. Era demasiado noble, generosa y dulce para el mundo hostil, ruin y malicioso que los envolvía.

—¿Por que se fue? —preguntó Sasuke, ansioso por salir en su busca.

—Cuando se calmó del todo su expresión cambió. Ella tiene una mirada llena de vida, pero se le veía tan triste... Dijo que no debía preocuparme, pero que tenía que irse por unos días. Intenté detenerla, pero no pude. Cogió una pequeña bolsa, subió a su habitación y cuando bajó me dió un beso. Me dijo que no me preocupara y que no se lo dijese a nadie. Pero por el amor de Dios, ¿cómo voy a estar tranquila? Está sola y no sé adónde ha ido. Su tío no está en la ciudad. Él y toda la familia se han ido unos días a Bath.

Sasuke no podía esperar más. Hasta la última fibra de su ser le exigía que se pusiera en marcha y saliera a buscar a Sakura. No quería ni pensar en lo que podría pasarle. Sola, en una ciudad en la que había algunos barrios donde era mejor no haber entrado nunca, y de los que a veces no se volvía a salir.

—La encontraré. Se lo prometo —dijo Sasuke a Shizune antes de irse a toda prisa.

Sasuke entró en su casa tres horas después con la intención de cambiarse, mandar una nota a Óbito para que le ayudara en la búsqueda y salir de nuevo. Tres horas de búsqueda por todos los lugares de la ciudad en los que pensó que podría encontrarla y en la salidas de diligencias que fueran a Escocia. Ni rastro de ella, ni siquiera una pista o alguna referencia que pudiera ponerle tras una. Estaba desesperado y furioso y con una angustia feroz que le corría las entrañas.

—Gracias a Dios que ha llegado, milord —dijo la señora Graves con gesto grave.

—No tengo tiempo, señora Graves —dijo Sasuke demasiado alterado como para controlar su tono de voz.

—La señorita Haruno está en la biblioteca, esperándole. Llegó muy alterada, y lleva mucho tiempo...

Graves no pudo terminar de decirle a Sasuke lo que deseaba. Este ya había desaparecido tras la puerta.