El rey Demonio
BOMBA DE TIEMPO
—Todavía tienes cara de virgen —dijo Hanabi cuando se reunió con su hermana en el piso de arriba.
Hinata odiaba esa palabra. Odiaba que nunca se aplicara a los machos y odiaba no poder solucionar el tema por sus propios medios.
—Sí, Hanabi, sigo siendo pura.
—¿El segundo round tampoco ha ido bien?
Por primera vez desde que era jovencita, Hinata estaba completamente descolocada.
—Me he pasado años, toda la vida, de hecho, esperando este momento para conseguir así algo de poder. —Nunca había querido ninguna otra cosa, nunca había esperado nada. «Lo único que quiero es...» Por fin había llegado el momento de entrar en acción, y no podía hacerlo. —Jamás se me ocurrió pensar que pudiera resistírseme.
Se estremeció al recordar aquellos ojos azules mirándola con deseo. Y, a pesar de todo, el demonio había seguido rechazándola. Naruto no sólo se había resistido a una hembra: se había resistido a la suya.
—¿Y si no soy su compañera? ¿Y si la profecía está equivocada? —Las oráculos no solían cometer errores, pero podrían haber interpretado mal las palabras. —No lo entiendo. Sé que soy extremadamente atractiva...
—Y modesta.
—No estoy presumiendo, es la verdad. Y soy su compañera, así que, en teoría, se da por hecho que se siente atraído por mí. O debería.
Los demonios se pasaban toda la vida buscando a su media naranja, pero Naruto no lo había hecho. Desde que le arrebataron el trono de Konoha había centrado todos sus esfuerzos en recuperar su corona.
Más calmada, Hinata analizó todo lo que había descubierto. Para darle al demonio lo que de verdad necesitaba, tendría que entregarle el control de su encuentro, o fingir que lo hacía.
La hechicera aparentaba ser una mujer muy fuerte, que siempre se salía con la suya y jamás mostraba alguna debilidad. Pero en ocasiones se había preguntado cómo sería confiar en alguien, rendirse a él y dejarle llevar el timón.
Si confiara en Naruto..., si él demostrara que lo merecía. «El demonio nunca trataría de arrebatarme mis poderes...»
—Sabía que era complejo. —Pero jamás se había imaginado hasta qué punto. —El calmado y siempre correcto monarca tiene un lado oscuro. —Y era obvio que llevaba siglos negándoselo a sí mismo.
—¡Cuéntamelo! —le pidió Hanabi abriendo los ojos como platos.
—Quiere mandar en la cama, pero no quiere que yo haga todo lo que pida sin más. Quiere ganárselo.
—Suena excitante.
«Lo es.» Dios, el demonio era adictivo...
—En la mazmorra, ¿te has sentido atraída por él? —Cuando su hermana frunció el cejo, Hanabi añadió: —Dime una cosa: si las circunstancias fueran distintas y fuerais dos personas normales y estuvierais en otro tiempo y lugar, ¿te gustaría volver a verle?
«Naruto quiere besarme la nuca y decirme que soy preciosa...»
—Nosotras siempre hemos creído que los demonios son poco más que animales.
—Eso no es lo que te he preguntado.
—Yo... tal vez —farfulló.
—¡Oh, Hinata! —A Hanabi se le iluminó la cara. —Es maravilloso. Podrías llegar a enamorarte de él.
—¡Tú y tas chorradas sobre el amor! ¿Sabes qué es lo único que quiero? Vivir. Y enamorarme podría costarme la vida, me distraería y haría que todo fuera más complicado. Además, no somos dos personas normales que están en otro lugar.
Pero, a pesar de todo, miró de reojo hacia la celda y sintió... algo.
Cuando volvió a mirar hacia adelante vio que su hermana se había quedado absorta, con la mirada perdida.
—Te daré un diamante si me dices en qué estás pensando —propuso Hinata. —En Thronos, ¿a que sí?
—¿Qué? —exclamó Hanabi.
—Te preocupa que encuentre el modo de llegar hasta aquí. No puede, Hanabi. Y aunque pudiera, ya no somos aquellas dos niñas pequeñas y asustadas. Ahora le colgaríamos de los mismísimos.
—Sí, de los mismísimos —repitió Hanabi con un tono de voz algo extraño.
—¿Qué te parece si vamos a mirar algún DVD de los tuyos?
La joven tenía una amplia colección de películas. Una vez al mes, abría un portal directamente a una tienda donde las vendían y ordenaba a sus inferi que fueran a la sección de novedades.
—Podemos ver una de terror y beber cada vez que la rubia se caiga de bruces.
—Buena idea —contestó ella sin demasiado entusiasmo.
—Será genial. Nos emborracharemos y la liaremos.
De repente, a Hinata se le erizó el vello. Estupendo, Hanabi había conseguido asustarla. Levantó la vista, pero no vio a ningún vrekener en el cielo.
Pero lo que sí vio fue a Sasuke en lo alto de la muralla, con la levita flotando a su alrededor en medio de la brisa, y la melena oscura contra el rostro. El general de los vampiros caídos del Reino las estaba vigilando.
Sasuke era uno de los individuos más complicados Hinata había conocido en toda su vida. Tenía los ojos de color rojo, no llenos de sangre, pero tampoco vacíos del todo. Se consideraba uno de los caídos, aunque había conseguido resistir la tentación de llevar a cabo los asesinatos que habrían terminado por lanzarlo del todo hacia el abismo.
Siempre que Hinata se hacía invisible y vagaba a sus anchas por el castillo, se lo encontraba espiando a los demás, con una mirada astuta y analítica. El hecho de que se interesara por ella y Hanabi no augura nada bueno. Sin dejar de mirarlas ni un segundo, el vampiro se desvaneció.
.
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«Mis pensamientos son cada vez más oscuros...»
Naruto se sacudió y casi se ahogó con el grillete que le habían puesto alrededor del cuello.
«Cada hora que pasa son más y más tenebrosos.»
Esa noche también había conseguido resistirse a la hechicera a pesar de que ella le había mostrado en un espejismo sus fantasías. Pero el dolor se estaba volviendo insoportable. Ansiaba hundirse dentro de ella, lo ansiaba tanto que era casi incapaz de razonar. Incapaz de pensar con claridad.
Tenía que huir de allí. «Síguele la corriente. Hazle creer que te ha seducido y que vas a hacer todo lo que te pida.» Era una jugada peligrosa, pues parte de él temía que eso pudiera convertirse en realidad. Se moría de ganas de estar con Hinata, daría cualquier cosa por poder hacerle el amor.
Excepto su reino.
Días atrás, anhelaba escapar de aquella mazmorra para poder ir en busca de Su hermano e intercambiar a la Vestal por la espada de Momoshiki. Ahora, lo único que quería era vengarse de la hechicera.
Se imaginaba las mil y una maneras en que le haría pagar todo lo que le había hecho. Conseguiría que le suplicara que la poseyera. La encadenaría y la atormentaría hasta que le pidiera más.
Los espejismos que le había mostrado esa noche lo habían escandalizado en más de un sentido. Le había hecho falta ver esas imágenes tan claras y explícitas para asumir que eso era lo que le gustaba sexualmente.
Aceptar eso implicaba que también tenía que aceptar que se había pasado toda la vida, al menos a partir de su decimotercer cumpleaños, haciendo meras tentativas. Había escogido con esmero a todas y cada una de las hembras con las que se había acostado. Pero esos encuentros sexuales habían sido un simple proceso de eliminación para tratar de encontrar a su compañera, o mejor dicho, para descartar a todas las diablesas que no lo eran.
Había vivido una noche insatisfactoria y sin sentido tras otra. Ya de entrada daba por hecho que no serviría para nada, y la verdad que sentía un gran alivio al terminar. Con Hinata, lo único que quería era pasarse días enteros con ella en la cama.
«Puedo negado hasta cansarme.» Él jamás había deseado a una hembra ni una milésima parte de lo que la deseaba a ella.
A pesar de que lo que había sucedido con la hechicera era exactamente lo contrario de lo que él deseaba —tendría que ser ella la que estuviera atada a la cama y no él, —ninguna de sus experiencias en la vida real había sido nunca tan erótica.
Y pronto la tendría en sus manos. Hinata le había prometido que la siguiente vez que fuera a verlo le dejaría estar en la celda sin esposas. Y ahora que estaba más acostumbrado a los espejismos, Naruto podía predecirlos, resistirlos, y así capturarla.
Una vez estuviera lejos del castillo, se la llevaría hacia el interior del bosque que rodeaba Konoha y se quedarían escondidos allí durante un tiempo, ya que, para conseguir llegar hasta su hermano, Naruto tenía que encontrar el modo de pasar a otra dimensión.
Que Toneri controlaba todas las teletransportaciones que tenían lugar en Villagelina era un hecho conocido por todos. Pero como apenas llegaban nuevos seres a aquel plano, el brujo había ido perdiendo interés en los que se iban.
Naruto había oído rumores acerca de un portal secreto que utilizaban los contrabandistas en el reino de Grave, la zona más peligrosa de Villagelina. Si conseguían llegar hasta allí, podrían escapar. Se decía que Toneri se debilitaba si se alejaba del Pozo de las Almas, por lo que era seguro que no los perseguiría él en persona. Y Naruto podía encargarse perfectamente de quienquiera que el brujo mandara tras ellos.
Pero cada vez que empezaba a pensar en lo que haría la noche de la huida, lo que más temía era a sí mismo, a sus fantasías, porque no se veía capturando a Hinata y escapando, sino tumbándola en la cama y haciéndole el amor con todas las fuerzas que quedaran en el cuerpo.
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—Mi demonio está enfadado conmigo —le dijo Hinata la noche siguiente. —Ya me suponía que ibas a ponerte furioso al ver que no cumplía mi promesa. —En vez de liberarlo, había ordenado que volvieran a encadenarlo a la cama.
Era evidente que Naruto estaba al límite, al borde de la ira... ya no tenía los ojos Azules, sino completamente rojos, pero eso no impedía que siguiera excitándose debajo de las sábanas.
Qué menos. A ella, de tantas ganas como tenía de verlo, se le había puesto la piel de gallina sólo con bajar los escalones que conducían a la celda.
Ahora estaba allí tumbado, con el torso descubierto, tirando de las esposas, y Hinata aprovechó para recorrerle con la mirada los brazos y los anchos hombros. Sus ojos resiguieron cada músculo de su pecho y su estómago. Se olvidó incluso de respirar al contemplar el sendero de vello que descendía desde el ombligo hasta el extremo de la sábana, una sábana que continuaba levantándose cada vez más.
El demonio era en verdad magnífico.
—Me lo prometiste, hechicera.
Hinata trató de concentrarse.
—¿Eso hice? —preguntó despreocupada. —En serio, debes saber que no puedes confiar en alguien como yo. No es culpa mía que seas tan crédulo.
Él la fulminó con la mirada y le crecieron los colmillos, amenazadores. Teniendo en cuenta cuáles eran sus respectivos papeles, ¿cómo era posible que fuera Naruto el que parecía más peligroso, el que estaba al mando?
—Ha estado mal por mi parte no cumplir con lo prometido. Creo que deberías castigarme. — Esbozó una sonrisa. —¿Acaso a los demonios como tú no os van esas cosas?
Cuando se sentó en la cama, Naruto se echó hacia adelante tirando de las cadenas al máximo.
—Y te castigaré, Hinata. —Se acercó a su oído y le susurró: —Cuando salga de aquí, lo primero que haré será tumbarte sobre mis rodillas. Te azotaré ese trasero tan bonito que tienes hasta que sienta que te arde la piel bajo las palmas de mis manos. Luego te encadenaré a mi cama y te juro que conseguiré que me supliques que te haga el amor.
—Entonces tendré que asegurarme de que no salgas de aquí.
—No te servirá de nada. Tarde o temprano conseguiré escapar. Me has drogado. Me has torturado con tu cuerpo una y otra vez. Me has retenido aquí en contra de mi voluntad. Te castigaré por todo eso. Y tu condena será pasar por todo lo que me has hecho pasar a mí.
—No puedo liberarte, Naruto. Sé que planeas utilizarme para salir de aquí. No tengo ni la más mínima intención de quitarte las esposas esta noche, y tampoco voy a dejar que me captures. —Al ver que él seguía enseñándole los colmillos, añadió: —Dime que no has planeado escapar y te dejo suelto.
Él la retó con la mirada, como hacía siempre, y no lo negó. A pesar de que Hinata quería convencerse de que tal sinceridad era un signo de debilidad, él no parecía en absoluto débil, sino parecía tenerlo todo bajo control. Se lo veía viril y peligroso.
—Naruto, ¿crees que me gusta retenerte aquí encadenado y tener que utilizarte? —Lo vio fruncir el cejo, y continuó:—Está bien, me gusta un poquito. Pero preferiría hacerte el amor como una mujer normal. O al menos tanto como fuera posible, teniendo en cuenta tus fetiches.
—¡Yo no tengo ningún fetiche!
Ella sacudió una mano y creó un espejismo que hizo que la celda pareciera su habitación, con la brisa entrando por los ventanales y las banderolas rojas y blancas ondeando fuera.
—Es mi habitación —observó él, confuso.
—Nuestra habitación. Llevo años durmiendo en esos aposentos, esperándote.
Naruto apartó la mirada de la escena y optó por recorrer el cuerpo de Hinata con los ojos.
Iba vestida casi igual que el día anterior, excepto que los lazos parecían incluso más complicados que los de entonces. El corsé estaba hecho de oro y plata, dibujaba unos complejos círculos en los pechos para luego cerrarse en el cuello. Llevaba los ojos pintados de color lila oscuro, casi negro.
—Otra vez me estás devorando con los ojos. ¿Te gustaría verme del todo? —le preguntó. — Podría hacerte un striptease.
Tardó largo rato en responder, pero al final el demonio asintió como si no pudiera evitarlo.
Hinata empezó con los guantes largos que llevaba, desrizándoselos por los brazos hasta dejarlos caer en el suelo, a su espalda. Tardó muchos minutos en desabrochar el corsé, y, mientras, los ojos de Naruto se mantuvieron fijos en sus dedos. A cada segundo que pasaba, parecía excitarse más y más.
—¿Te has puesto ese corsé por mí? —le preguntó con la respiración entrecortada.
—Sí, quería gustarte.
—Más despacio —le ordenó con voz ronca cuando ella empezó a quitarse la falda. Sus ojos estaban casi en llamas, y su expresión era puro deseo. Parecía no ser consciente de que estaba moviendo sutilmente las caderas.
Hinata se deslizó la falda hasta los tobillos y luego la apartó de una patada, quedándose sólo con el tanga de seda negra y las medias.
—Ahora eso —dijo él, señalándole el tanga con la barbilla.
Ella se agachó y lo enroscó hacia abajo, atormentándolo hasta límites insospechados. Cuando se apartó de la ropa interior, tirada en el suelo, con un movimiento bastante elegante, oyó cómo Naruto gemía.
—Basta.
Ya sólo llevaba la diadema, el collar y las medias.
—Date la vuelta.
Hinata lo hizo.
—¿Acaso no te parece que éste sea el cuerpo de una reina, Naruto? Vamos, demonio. Reconoce que te gusto. —Volvió a mirarlo. «Ojos hambrientos y un rostro peligroso.» Un escalofrío la recorrió entera. ¿Cómo podía excitarla tanto que la mirara así?
Hinata le sostuvo la mirada y se acercó a él con calma.
—Si cooperas conmigo, te recorreré el cuerpo a besos, desde esos cuernos tan eróticos hasta los dedos de los pies. —Se sentó a horcajadas encima de él, y cuando Naruto empujó las caderas hacia arriba, ella lo sujetó por los cuernos para detenerlo. —A eso no se le llama cooperar, cariño. —Se inclinó hacia adelante y con la mejilla acarició la satinada superficie de uno de ellos.
Con un gemido, él giró la cara y trató de atraparle un pecho con los labios. Consiguió alcanzarla con los dientes y Hinata se asustó. El demonio podía morderla...
En vez de eso, Naruto besó y lamió su seno, recorriéndolo con la lengua hasta hacerla suspirar de placer. Como recompensa ella le pasó la lengua por un cuerno. Su impresionante cuerpo se estremeció, sacudiendo las cadenas.
Cuando él gimió contra su pecho, Hinata tuvo que cerrar los ojos. Espejismos de llamas y fuego empezaron a aparecer en el perímetro de la celda, e iban a más con cada una de las caricias de la boca de él en su pezón.
Sonrió, y dejó que el fuego ardiera.
Hinata se apartó y depositó un delicado beso en una oreja del demonio.
—Sería una buena amante. —Con una mano le acariciaba el torso desnudo. —Te lo daría todo.
En aquel instante, Naruto no tenía ninguna duda de que fuera verdad.
—No te entiendo. La última vez que estuviste aquí estabas distante, decidida, como si tuvieras que ir a la guerra. Y ahora esto...
Ella ya no lo tocaba como si fuera un desconocido. Por el contrario, sus caricias eran cariñosas, tiernas... como él siempre había imaginado que serían las de su compañera.
—¿Sigues negando que soy yo? —Había algo de inseguridad en su voz.
—No, ya no lo niego. —Naruto parpadeó para aclararse la vista —Hinata, hay fuego en...
—Es sólo un espejismo —le susurró al oído. —Es algo inconsciente. Cuando estoy muy excitada, aparecen llamas.
¿Muy excitada? El fuego se iba avivando. Al comprender que Hinata lo necesitaba con tanta desesperación como él a ella, el instinto de satisfacerla se reveló en su interior.
Aquella seducción era demasiado poderosa, como si ella hubiera recurrido a la magia. El fuego, el hecho de que estuviera tan húmeda al tocarla...
—Me has hechizado.
—No, no lo he hecho. Lo único que pasa es que te deseo.
Aunque con esas palabras trataba de tranquilizarlo, Naruto se inquietó todavía más y empezó a transformarse.
—Acéptame como tuya. Hazme el amor. —Le cogió el rostro entre las manos y le dio un beso igual de tierno y sensual que el de la última vez que lo vio. Cuando lo besaba así, la resistencia de él se desvanecía.
Pasados unos minutos, interrumpió el beso y se inclinó hacia adelante para recorrerle el cuerpo con la boca, y su oscura melena le acarició la piel. Le temblaron los pechos, sus pezones rozaron el torso de él. Lo había llevado al límite con sus caricias, y ahora se estaba deslizando hacia abajo con un propósito inconfundible.
Cuando Hinata rozó su miembro con la mejilla, Naruto echó la cabeza hacia atrás, para levantarla segundos después.
—Típicamente masculino —susurró ella; —os gusta mirar. De acuerdo, mira... —Le recorrió la punta con la lengua hasta hacerlo gritar.
—Naruto, me encanta tu sabor...
Él la miró incrédulo.
—Tassia, rodéame con tus labios.
Ella tomó la base de su pene con los dedos y le atrapó la punta con la boca.
—Mmm —gimió ella, y la vibración recorrió todo el miembro de Naruto.
—¡Del todo!
Lo hizo. Mientras seguía acariciándolo con los dedos lo excitaba, con la boca sin piedad, con el único objetivo de darle placer.
Cuando él la vio deslizar la mano que tenía libre hacia su propio sexo, no pudo evitar gemir desde lo más profundo de su ser. La hechicera no era ninguna mártir, esperaba recibir tanto placer como el que estaba dando. «Perfecta.»
—¿Te... gusta? —le preguntó Naruto con la voz entrecortada. —¿Estás excitada?
Como respuesta, Hinata levantó la mano con la que se había acariciado y la acercó a los labios de él. Al darse cuenta de que quería que lo comprobara por sí mismo, se excitó todavía más y se abalanzó en busca de sus dedos. Los atrapó entre los labios y los saboreó, los recorrió con la lengua una y otra vez, y sintió que estaba a punto de estallar por primera vez.
La noche empezó a difuminarse. Nunca había estado tan al límite de transformarse totalmente en demonio estando con una hembra. La necesidad de hacerle el amor lo consumía por dentro.
Soltó los dedos de ella al arquear la espalda. «Estoy tan cerca...»
Hinata le clavó las uñas en el torso, marcándole el cuerpo con total abandono, haciéndolo enloquecer.
—¡Tengo... tengo que hacerte el amor! —gimió Naruto, sacudiendo las esposas que le inmovilizaban los brazos y moviendo las caderas para hundirse más en los labios de ella.
Hinata se detuvo y se apartó.
—¡No! —gritó él.
Ella mantuvo su mirada blanca metálica, resplandeciente en medio de su maquillaje, fija en la de él y apretó la erección, todavía húmeda de sus labios, entre sus dedos.
—Préstame juramento, demonio —le dijo con la respiración entrecortada. —Haré que pierdas el conocimiento de tanto placer como te daré.
El dolor era insoportable...
—Naruto, te deseo. ¿Se te ha ocurrido pensar que quizá y también te necesite?
«¿Me necesita?»
—Hinata... —Se interrumpió al oír unos gritos proceden de la torre principal. —¿Qué ha sido eso?
—Nada, no ha sido nada... —Alguien aporreó la puerta de la celda.
—No hagas caso, Naruto —insistió ella. —¿Qué ibas a decirme?
—¡Hinata! —gritó una voz de mujer desde fuera. —¡Rápido!
Hinata suspiró frustrada y apoyó la frente en la erección Naruto, apretándola contra el estómago del demonio.
—¡Termina! —gimió él. —¡Necesito que llegues hasta el final!
Ella se incorporó un poco y se tumbó completamente encima de él. Ambos trataron de recuperar el aliento; Hinata no podía dejar de temblar, y Naruto se estremeció de los pies a la cabeza.
Pero incluso en medio de aquella agonía, Naruto se dio cuenta de lo bien que encajaban, de lo mucho que le gustaba tenerla allí.
«Es mía.» Necesitaba abrazarla; tan fuerte que no pudiera escapar.
—¡Déjame entrar! —gritó la mujer de fuera. —No pienso irme de aquí hasta hablar contigo.
Hinata suspiró y le dio un beso en el pecho.
—Tienes un corazón tan fuerte... —murmuró impresionada, y al levantar la cabeza lo miró a los ojos. —Me pregunto si podría latir por los dos.
—Si creyera que iba a tenerte siempre así conmigo, no dudaría en entregártelo —susurró él emocionado.
Ella se quedó boquiabierta. Se oyó otro grito procedente del castillo
—¡Hinata! ¡Si no sales ahora mismo abriré un portal y apareceré en medio de la celda!
Hinata apartó la vista y, cuando volvió a mirarlo, Naruto vio en sus ojos algo que no había visto antes. Durante un segundo, la hechicera pareció... asustada. El espejismo de las llamas se desvaneció al instante.
Él era perfectamente consciente de lo peligrosos que eran los seres que habitaban aquel lugar. El miedo que sintió por la hechicera consiguió apagar la lujuria que todavía sentía. «Mi mujer.» Su instinto le decía que tenía que protegerla, aunque, de todas aquellas criaturas, ella era una de las peores... y Naruto haría bien en recordarlo.
A lo largo de toda su vida de demonio, su instinto jamás había entrado en contradicción con su mente; en cambio, ahora estaba dividido por dentro, y esa dicotomía empezaba a pasarle factura.
—¿Estás en peligro?
—¿Qué harías si te dijera que sí? —Hinata le sonrió, pero la sonrisa no se reflejó en sus ojos. — ¿Me mantendrías a salvo?
—Sí —respondió él sin dudarlo. —Suéltame, Hinata, y te protegeré con mi vida.
—¿Por qué? ¿Porque soy tu mujer?
—Porque nací para protegerte.
—Me tengo que ir.
—Entonces, bésame —dijo. Las palabras escaparon de sus labios antes que pudiera evitarlo.
Ella le cogió la cara con sus delicadas manos y se inclinó hacia adelante y lo besó... de otro modo. Naruto entreabrió los ojos y vio que Hinata mantenía los suyos cerrados con fuerza, y que tenía las cejas juntas. Como si estuviera desesperada por perderse dentro de aquel beso.
Él no tardó en hacerlo, y volvió a cerrar los párpados. Se perdió en los labios de la hechicera, que parecían incapaces de dejar de temblar, en lo maravilloso que era saber que su mujer le necesitaba.
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—¡Estaba a punto de prestarme juramento, Hanabi! —De tanto como la había afectado estar con Naruto, Hinata apenas había atinado a vestirse. —Así que más te vale que esto sea peor que la llegada del Apocalipsis...
—Pues casi lo es. Digamos que nos están atacando.
—¿En sentido figurado o literal?
—Todavía nada por el momento —contestó Hanabi. —Pero puede que ya hayan empezado, con el rato que he tardado al bajar hasta las mazmorras. Sea como sea, Toneri te ha mandado llamar; supongo que no quieres que venga él en persona a buscarte.
Hinata se volvió hacia una de sus inferi.
—Tú, ven aquí. —Le había prometido al demonio que podría moverse libremente por la celda y podría vestirse. Y se sentía suficientemente culpable como para permitirle que se pusiera unos pantalones y pudiera caminar tranquilo un rato.
Cuando la sirvienta se fue a hacer lo que le habían ordenado, ambas hermanas se apresuraron hacia la corte.
—Tus ojos todavía brillan, Hinata. Quizá quieras camuflar eso antes de ver a Toneri.
Hinata colocó un espejismo sobre su cara.
—Ha estado... bien con Naruto. No me lo esperaba.
«Un amante demonio con los ojos como el fuego, que me mira como si no existiera nadie más en el mundo.»
—¿No te estarás enamorando de él?
—¿Crees que habría alguna pareja más destinada al fracaso que la nuestra? Es ridículo incluso pensarlo. —«Con su voz ronca... y el sabor de su suave piel». —Es que es demasiado... demasiado bueno.
—Creo que eso te intriga —dijo Hanabi. —Es tan fuerte como tú, y no le puedes derrotar.
—¿Podemos hablar de eso más tarde? ¿Quizá después de que me cuentes qué está pasando aquí?
—Las patrullas del Reino están volviendo con informes de revueltas cada vez mayores, tanto en número de participantes como en intensidad. Algunos de los demonios de la ira han llegado incluso a atacar a las patrullas.
—Nunca habían hecho eso.
—Saben que tenemos cautivo a su rey. Y evidentemente saben que su hermano ha emprendido la búsqueda de la espada. Tal como has dicho, esto sólo es el principio.
—¿Va a peor?
—¡Pues claro que sí! También he oído que Toneri ha enviado a cuatro demonios de fuego a buscar no sólo a una adivina, sino la más poderosa que existe actualmente.
—Mito —dijo Hinata.
Se rumoreaba que la conocida valkiria, la oráculo llamada Mito la Que Todo lo Sabe o Mito la Despampanante, tenía más de tres mil años y estaba completamente loca. Pero sus profecías, cuando se dignaba hacerlas, eran siempre acertadas.
Pero al parecer ella está esquivando a los demonios de fuego —añadió Hanabi. —¡Oh! Casi lo olvidaba: hemos oído que los vampiros están concentrándose en el bosque de alrededor castillo, para tomar Konoha.
—¿Los de Sasuke? —¿Por ese motivo los había observado a todos a conciencia, porque planeaba alguna traición?
—No creemos que sean los suyos. La tablilla de su pacto sigue intacta.
Cuando llegaron a las grandes puertas dobles de la corte, un grupo pasó junto a las hermanas, riéndose por lo bajo, en dirección al interior.
—¿Qué demonios está pasando?
—Saben que no has sido capaz de seducir al demonio.
Casi se murió de vergüenza.
—El pacto... —Todo el mundo tenía ante los ojos la prueba que confirmaba que seguía siendo virgen.
Todo el mundo debía de estar esperando que se rompiera la tablilla. Los hechiceros con los que había tenido algún tipo de relación sexual, los que nunca pudieron convencerla de que renunciara a su virginidad, estarían disfrutando al ver que tampoco había podido darle su virtud a aquel por quien la había estado conservando todo ese tiempo.
—Se hacen apuestas —murmuró Hanabi.
—¿Apuestas? ¿Y cómo van?
—No quieras saberlo. Pero si pudieras asegurarme el resultado, ganaríamos una fortuna.
Todo el mundo en el castillo sabía que estaba fallando en sus propósitos. Y estaba a punto de entrar en la corte, una despiadada jungla de puñaladas por la espalda y traiciones. No sólo su ego saldría perjudicado, en caso de que no consiguiera el tan preciado poder que ansiaba el Reino: su vida correría peligro.
Hinata oyó más risitas. Shion y su grupo de estúpidas amigas hechiceras pasaron a su lado entrando en la sala del trono. Sus miradas burlonas le sirvieron a Hinata como aviso de aquello a lo que tendría que enfrentarse.
«Cara de perdedora, vida de perdedora.» Ésa era ella. Pero no había sobrevivido a todo lo que le había pasado para morir ahora que estaba a punto de conseguir algo importante.
—Voy a tener que pelearme ahí dentro si me retan.
A pesar de que ni ella ni Hanabi tenían hechizos de batalla ambas se habían convertido en buenas luchadoras. En el campo de batalla, Hinata utilizaba sus espejismos para hacerse invisible pudiendo así colocarse detrás de sus enemigos y decapitarlos tranquilamente.
No era una manera de combatir muy valiente, pero sólo los estúpidos aprecian más la valentía que la vida.
—Ya sé que tendrás que hacerlo —dijo Hanabi con tranquilidad. —Y yo no podré estar contigo.
—¡Eh, no te preocupes! —Hinata levantó las manos enguantadas. —Me acabo de afilar las garras. —Se frotó los guantes el uno contra el otro; el suave tintineo era agradable a sus dos...
Sin previo aviso, Sasuke apareció delante de ellas y las escudriñó, bajando la mirada desde su gran altura.
Hinata levantó las manos hacia él, dispuesta a convertir en realidad las pesadillas del vampiro.
—He oído que tus amigos tienen previsto hacernos una visita—dijo.
—Me voy antes de que me vuelvas loco, hechicera —contestó él con un acento muy marcado. Algunos decían que era de Dacia y que había sido un auténtico transilvano.
Hinata apretó los labios, pero bajó las manos. Él no la había amenazado, así que se suponía que no debía atacarlo. Técnicamente, el vampiro formaba parte del nuevo Reino. Uno de los círculo de confianza de Toneri. Su sangre estaba en una de tablillas que colgaban de la pared este.
—Y para que quede claro —añadió Sasuke, —yo no tengo amigos. Y mis soldados están abajo, en el patio.
—Entonces, ¿quién merodea por nuestro bosque? —preguntó Hinata.
—Una de las facciones que se segregaron de la Horda cuando el viejo rey vampiro murió. Mis espías me han dicho que tienen previsto atacar mañana por la noche.
Konoha estaba protegido por un foso místico, así que los vampiros no podrían llegar adentro del castillo. O, como mínimo, tardarían un tiempo en poder hacerlo.
—¿Y qué quieren?
—El Pozo.
El Pozo de las Almas. Todos los ejércitos de la Tradición habían tratado de hacerse con él en alguna ocasión, porque todas y cada una de las especies tenían varias leyendas acerca del poder que poseía.
Los licántropos creían que les curaría la locura que acompañaba el proceso de transformación en hombres lobo. Los vampiros, que les permitiría caminar a la luz del sol y que podrían transformar a mujeres humanas en vampiros convirtiéndolas así en potenciales Novias. La Casa de las Brujas creía que les daría las habilidades de las cinco castas juntas.
La verdad era que Hinata no tenía ni idea de para qué demonios servía el Pozo. Incluso Toneri juraba no saberlo. Lo único que tenían claro era que su poder sería inimaginable y que sólo podría descubrirlo el hijo de Hinata.
—¿Y quién dirige a los vampiros? —preguntó Hanabi.
—No tienen ningún líder, porque nunca aceptarían a un plebeyo como yo —contestó Sasuke.
De todos era sabido que los vampiros sólo seguían a los desates directos de la realeza.
—Pero aun así, diriges a los que se han unido al Reino.
—Quizá les haya dicho que el Pozo resucitará al viejo rey de la Horda en cuanto el Reino gane.
Taimado vampiro. Un motivo más para que Hinata mantuviese la mala opinión que tenía de él.
—¿Y qué hay de Kabuto? —le preguntó entonces.
Kabuto era el sobrino del viejo rey y, puesto que era de linaje real, le correspondería ser el líder, no un bebedor de sangre viva.
Sasuke negó con la cabeza.
—Saben que les haría acatar sus normas, y ellos hace tiempo que no se rigen por normas, y ahora no les sería fácil hacerlo. Además, les gusta el sabor de la carne humana. —¿Se acababa de pasar la lengua por un colmillo en busca de sangre? —Los que se han juntado son una mera fracción del ejército. Las próximas dos noches llegarán más. Muchos de ellos conocen bien estas tierras, de cuando lucharon con el poderoso rey demonio, mucho tiempo atrás.
Todo el mundo conocía las historias de Naruto, que, cabalgando con su terrorífico casco negro, expulsó a la Horda de Konoha. Sus batallas eran legendarias.
—Tal vez podrías persuadirlos para que se fueran.
—¿En serio?
—¡Hinata! —gritó Toneri desde dentro. Tenía los ojos vidriosos y, cuando la vio en la puerta, se puso en pie. Entonces vio su hermana detrás de ella. —¡Hanabi, vete! —ordenó. —Vuelve a tu torre.
—Algún día... —dijo ésta telepáticamente. —Buena suerte.
Cuando Hinata entró y se dirigió al trono, todos los ojos se posaron en ella. Al haberla visto hablando con Sasuke, algunos sospecharon que ambos tenían una alianza secreta.
—Tomo nota, hechicera —murmuró el vampiro.
Cuando llegó al estrado, su hermano estaba jugando con el anillo que contenía el veneno. Hinata daría cualquier cosa por tener el antídoto de su morsus. Cada veneno era especial y, como Toneri había sido entrenado por la Bruja del Inframundo, sólo ella podía encontrar una cura para Hinata. Pero la Bruja había hecho un pacto y jurado que nunca entregaría el antídoto...
—Su hermano el Hacedor de Reyes continúa buscando la espada —dijo Toneri.
—Sí, hermano —asintió Hinata en tono tan tranquilizador como pudo, —pero puede tardar años en encontrar a la Vestal.
—¡Su hermano ya la tiene!
Hinata abrió la boca, sorprendida.
—¿Me estás diciendo que la Vestal está de camino hacia Momoshiki? —Con un hombre como ése, cualquier hembra daría a luz al peor de los seres. El mundo no podría soportar otro Toneri. — Envía a demonios de fuego para que la asesinen —añadió fríamente.
—¿No crees que ya lo he hecho? —gritó su hermano, salpicando saliva.
A Hinata no le gustaba Toneri. Antes, cuando Naruto había visto que ella iba a dejarlo a medias, había inspirado hondo y se había tranquilizado. ¿Quién era más poderoso: el tranquilo rey demonio al que mantenía encadenado, o el loco hechicero que podía destrozar el mundo pero era incapaz de mantener el orden en un castillo?
Toneri cogió una copa y la estrelló contra la pared, haciéndola añicos.
—Esos demonios continúan fastidiándonos.
—Tendremos que pensar en otra alternativa —dijo Hinata. —yo misma si es necesario. Y nunca te he fallado.
—¡Me estás fallando ahora! ¡Has ido una y otra vez a la celda del demonio! —Clavó el puño en el reposabrazos del tronco. Llevamos días esperando algún tipo de progreso; ¿por qué no puedes persuadirlo para que lo haga?
—¿Acaso tengo un límite de tiempo para mi tarea?
—Hemos oído que cuando vas allí no haces nada más hablar con él —intervino Shion.
—Tu mascota está lloriqueando otra vez, Toneri. ¡Hazla callar!
—¡Creo que no estás comprometida con esta causa! —dijo Toneri bruscamente. —Quizá tenga que dejar de darte morsus para que tengas una motivación.
Hinata entrecerró los ojos. Se oyó un murmullo en la sala.
—Sigue amenazándome así y no te gustará lo que conseguirás.
—¿Te atreves...?
Cuatro demonios de fuego aparecieron de repente frente estrado, junto a ella. Todos se quedaron sorprendidos y en silencio. Los cuatro demonios habían sido golpeados, estaban ensangrentados y no tenían manos. Clavada en el cuello de uno de ellos había una nota doblada con una M estampada en un sello de cera negro.
Mito. La valkiria los había enviado de vuelta con las manos cercenadas, quitándoles con ello todo su poder. Airado, Toneri bajó los escalones, arrancó la nota y rompió el sello. Mientras leía, una vena se le iba hinchando en la frente.
—¡Maldita puta! ¡Conocerá mi cólera y aprenderá a temerla! —gritó, estrujando la nota y lanzándola al suelo. —¡Iré por ella yo mismo! —Al instante, levantó las manos y convirtió a los cuatro demonios en cenizas.
Rodeando los restos carbonizados, Hinata recogió la nota, y estiró el papel para leer:
Querida gatita:
¿Esto es todo lo que sabes hacer? ¿Por qué no te pones tus pantaloncitos de chica mayor y vienes personalmente a por mí? A no ser que temas que Mito te patee el culo.
Por cierto, has capturado a uno de nuestros líderes más respetados. Lo queremos de vuelta. Sobre todo ahora que sabemos que Hinata no es capaz de doblegarlo.
Escrito por
Mito la Que Todo lo Sabe, Adivina Sin Par, General del Nuevo Ejército de Vertas.
Hinata soltó un silbido, sorprendida. La valkiria estaba loca de remate. Entonces frunció el cejo. «¿No es capaz de doblegarlo?» Otra vez, ¿es que había un límite de tiempo? ¿Les estaban vacilando?
¿Y qué era ese Ejército de Vertas? Había oído rumores de que Mito estaba juntando diferentes facciones: los licántropos, los Abstemios, los nobles duendes, la Casa de las Brujas, una mezcla de demonarquías, y mucho más. ¿Se habrían aliado todos?
Quizá estaba utilizando aquella carta para conducir a Toneri a una trampa. Hinata sabía que el otro bando tenía prisiones místicas, islas enteras de las que no se podía escapar. ¿Podrían capturar al Que no Muere?
Hinata se quedó mirando fijamente la carta; su cabeza iba a mil por hora.
—¡Traedme al demonio de la ira! —ordenó Toneri. —Le enviaré los brazos de Naruto de vuelta a la valkiria.
—¡No! —gritó Hinata, sobresaltada. Toneri lo descuartizaría.
Naruto regeneraría los miembros, pero el dolor sería... —No vas a...
Un golpe le volvió la cara y la hizo sangrar por la boca, manchando el mármol.
¿Shion la había atacado? Aquella furia fría la había golpeado. Entonces notó la bilis, la náusea, que sólo podía asociarse con violencia.
«Autoconservación. Supervivencia.»
Un velo rojo cubrió su vista; Hinata seguía sangrando cuando las amigas de Shion la rodearon.
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Continuará...
