El cuarto de Regulus era más pequeño que el de Sirius, pero ambos habían sido diseñados con esmero: cabeceros de madera tallada presidiendo camas señoriales, cortinas de terciopelo, tapices exquisitos y muebles a medida. La decoración sin embargo era opuesta a la suya: todo en los tonos de Slytherin y el emblema de los Black pintado sobre la cama. Las paredes estaban cubiertas por recortes de periódicos sobre Voldemort. Y sobre su lugarteniente. Todo lucía ya ajado y deteriorado por el paso del tiempo.
-Ay, hermano, si te hubieses juntado con la gente adecuada… -suspiró.
Empezó a abrir cajones y a revisar su escritorio en busca de su correspondencia. No sabía si la habría guardado… pero sin duda le tenía cariño a su prima y si ella la conservaba tras tantos años, ¿por qué no él?
La localizó en un baúl bajo la cama. Regulus había utilizado un encantamiento ocultador, pero no era tan bueno como para engañar a Sirius. Todas las cartas eran de la misma persona: en los sobres no había remite, solo su nombre escrito en una refinada caligrafía. Abrió la primera del montón. Dedujo que era la última que él guardó: la respuesta que la bruja le dio cuando él le dijo que iba a llevar a cabo su misión secreta para vengar a Kreacher.
La letra de Bellatrix era entonces elegante, con trazos finos y curvilíneos. Lástima que tras catorce años sin escribir, hubiese perdido el estilo.
Querido Reggie:
Insisto una vez más: no lo hagas. No logro entender que quieras renunciar a todo solo porque Kreacher salió un poco perjudicado. Es muy arriesgado. Si te sucede algo, tus padres se morirán. Eres buen mago, pero Él es el mejor. Creerás que es su vida la que me preocupa, pero es la tuya.
Como sé que no voy a hacerte cambiar de opinión, espera al menos a mi vuelta. Estaré fuera a lo sumo dos semanas más, yo te acompañaré. Mi lealtad hacia mi Señor es absoluta, pero aún así, tú eres mi sangre. Hacen falta dos personas para entrar a la cueva, ¿no? Iré contigo y ya veremos lo que hacemos luego… Pero no cometas la estupidez de ir solo porque fracasarás.
No te preocupes porque Él lo descubra: tengo mi propio pensadero y elimino los recuerdos para que no los vea si penetra en mi mente. Aunque me ha enseñado demasiado bien, hace años que dejó de ser capaz…
Hazme caso, espérame.
Te quiere, Bella.
P.S. Me encanta el colgante, no me lo quitaré nunca.
Sirius se quedó varios minutos sentado en la cama con la carta entre las manos. Seguía sin entender de qué iba el asunto, algo en una cueva que dañaría a Voldemort pero no sabía cómo. Lo que veía claro es que su prima estuvo dispuesta a jugarse la vida por ayudar a su hermano. También que acertó: sus padres murieron poco después de perder a su hijo favorito. Y que probablemente si Regulus hubiese hecho caso y la hubiese esperado, seguiría vivo.
-Pero no, quiso hacerlo solo. Quería ser un puñetero héroe e impresionarnos a todos, el muy arrogante… –masculló Sirius con rabia.
El resto de las cartas eran más breves, se notaba que Bellatrix estaba siempre ocupada, pero aún así se esforzaba por mandarle unas líneas. Le hablaba como a un hermano pequeño, casi como a Narcissa, y pese a ser una mortífaga convencida, le daba consejos bastante sensatos. Confirmó que su prima no consideraba que Regulus tuviese la fe que la causa requería, por eso le desaconsejaba unirse a ellos. Probablemente Bellatrix le habría sugerido lo mismo a Narcissa. Leyó las misivas con miedo a que la que deseaba encontrar no estuviera. Quizá por ser demasiado personal su hermano la había destruido. Pero no, era la última de la caja: la fecha cuadraba. Se trataba de la respuesta que la morena le dio cuando Regulus le contó que Voldemort le había ordenado matarlo.
Querido Reggie:
Efectivamente Sirius es un idiota integral y mucho me sorprende que haya llegado vivo hasta hoy. Pero también es un mago sobresaliente. Y un Black. Por mucho que sea un traidor y no lo considere familia mía, la sangre es lo más importante; esa es nuestra causa, al fin y al cabo.
Primero de todo quédate tranquilo: no vas a matar a tu hermano. Si hubiese que hacerlo, yo me encargaría. Pero no será así. El Señor Oscuro no mata a nadie de sangre pura, ya somos bastantes pocos como para encima aniquilarnos entre nosotros… Te lo ha encargado únicamente para probar tu lealtad. Se lo pediré como favor personal si es necesario, le diré que mi primo está bastante perturbado y en cualquier momento puede cambiar de bando. Seguro que en el futuro puede sernos útil, se lo haré comprender.
Tranquilo, Reggie, yo me ocupo. Ese idiota arrogante seguirá con vida unos años más, te lo prometo.
Un abrazo, Bella.
Lo primero que pasó por la mente del animago fue el alivio que tuvo que sentir su hermano al leer eso. Nunca creyó que su trastornada prima confortaría a alguien, pero así había sido. Después dedujo que tuvo éxito con su plan, pues él seguía vivo. Por último -y lo que más miedo le daba- fue percatarse de que Bellatrix estuvo dispuesta a encararse con Voldemort para salvarle. Y no sabía qué precio pagó por ello: Regulus le dio las gracias por haberlo conseguido, pero no detallaba cómo lo logró.
-Se jugó su vida por salvar la mía y proteger a mi hermano… -murmuró compungido.
Guardó todas las cartas y se las llevó a su habitación. Las ocultó y se centró en celebrar la Navidad con Harry y sus amigos. También acudió a las reuniones de la Orden. Respecto a la pista sobre Hogwarts, optaron por no robar los planos. Shacklebolt prometió reforzar la seguridad y estar más atento. Los jóvenes volvieron al colegio a principios de enero. Sirius le suplicó a Ojoloco que le permitiera acompañar a Harry a la estación en forma de perro. Logró convencerlo.
-Venga, transfórmate –le indicó Tonks poniéndose el abrigo.
Lo hizo sin problemas. Entonces notó cómo los dos aurores le miraban extrañados. Ladeó la cabeza sin entender qué pasaba y por qué no se ponían en marcha.
-Por fin en la casa correcta, ¿eh, Black? –ironizó Ojoloco.
Sirius continuaba sin entenderlo.
-Llevas un jersey de Slytherin –le explicó Tonks levitando un espejo frente a él.
Canuto se miró con horror. Bellatrix nunca llegó a quitárselo y la prenda permaneció en su forma de animago. Al instante empezó a sacudirse con rabia. Tonks se lo sacó y lo hizo una bola para tirarlo, pero Canuto se lo arrebató y lo llevó entre sus dientes a su habitación. Lo soltó en su cama y volvió junto a los aurores indicándoles que ya podían salir. Partieron sin comentar nada, pero sin duda dedujeron que él solo no se lo había podido poner. Ya en la estación, se despidió de su ahijado y volvió a casa.
Una vez ahí, Sirius dejó de esforzarse por parecer sociable y continuó obsesionándose. Pasó días, semanas y meses releyendo las cartas, memorizando cada palabra, intentando desentrañar los pensamientos y sentimientos de su hermano y su prima al redactarlas. También se sumergía en la contemplación de la foto que les hizo el estudiante en la que Bellatrix sonreía y él, pese a ser un perro, sonreía también. Solo salía de su cuarto para las reuniones y para alimentar a Buckbeak. Si no, se quedaba en la cama con una botella de whisky. No podía hacer otra cosa (le habían prohibido definitivamente salir "a no ser que quieras matar a Harry con tus imprudencias") y resultaba sumamente frustrante.
Su antiguo dormitorio le resultaba pequeño, asfixiante, sin oxígeno ni ventanales con vistas espectaculares de la naturaleza. Ahí la lluvia no le resultaba agradable y evocadora, sino horriblemente parecida a Azkaban. Apenas dormía un par de horas al día (abrazado al jersey que aún olía a su dueña) y comía sin ganas.
Durante esos meses la tensión aumentó. Había más ataques, más desapariciones y más sucesos difíciles de explicar para los que negaban el regreso de Voldemort. Aún así el Ministerio no cambiaba de postura. Y por lo que leía en las cartas de su ahijado, en Hogwarts aún estaban peor: con Dumbledore huido y Umbridge de directora. La Orden seguía reuniéndose e intentando abarcar todos los frentes, pero la realidad resultaba exasperante.
Llegó junio y con él la reunión de principios de mes en la que Snape les informaba de la situación en Hogwarts. Sirius seguía sin soportar a ese hombre, pero como aquello atañía a Harry, procuraba asistir. Así que ahí estaba, escuchando como Snivellius les contaba que, gracias a la directora, ya no era el profesor más odiado.
-Cambiando de tema –comento Shacklebolt-, como sabéis, dado que ha habido avistamientos de mortífagos en Borgin y Burkes, llevábamos unos días vigilando la tienda en secreto. Pero alguien debió vernos y el Ministro nos ha prohibido hacerlo.
-¡Pero si es un hervidero de mortífagos! –protestó Tonks.
-Así es. Pero no tenemos pruebas más allá de un par de testimonios confusos y es propiedad privada –respondió Arthur.
-Fudge nos ha venido a decir que como nos pillen molestando al señor Borgin o a sus clientes, nos mandarán derechos a Azkaban –informó Shackelbolt-. No sé si lo tienen amenazado o es que prefiere mirar hacia otra parte, pero así es.
-¿Y no podemos continuar la vigilancia con poción multijugos o algo así? –preguntó Molly.
-Yo podría metamorfosearme –apuntó Tonks.
-No –sentenció Snape-. Aunque uséis pociones u os disfracéis, el aura mágica es imposible de suprimir. Magos como Dumbledore y el Señor Tenebroso son capaces de notarlas y distinguirlas. Sería correr un riesgo innecesario.
-Pero Voldemort jamás mueve un dedo –intervino Sirius ajeno a los temblores del resto ante el nombre-, manda a sus secuaces a hacer el trabajo sucio. No creo que Lucius Malfoy sepa distinguir nada más allá de su tinte de pelo.
-Él no –respondió Snape con el tono despectivo que guardaba para el moreno-, pero el Señor Oscuro enseñó a Bellatrix a hacerlo. Ella también puede detectar a cualquiera. Y le encanta comprar artefactos en esa tienda. Descubrirá que vigilamos la tienda y estaremos en problemas.
Todos asintieron con una mezcla de temor y pesar. La perspectiva de detener a la lugarteniente de Voldemort sonaba muy tentadora, pero no podían arriesgarse a que los descubriera: Bellatrix no tendría reparos en organizar una masacre en medio del callejón. Sirius tuvo una idea.
-Entonces voy yo en forma de Canuto, en un perro no detectará nada.
Snape le miró fijamente, con el más absoluto desprecio patente en su rostro. Se notó que se mordía la lengua para no insultar a su antiguo enemigo. Se serenó y le respondió con lentitud y parsimonia, como si hablase para sus ineptos alumnos:
-El aura mágica se desprende directamente de la magia de un mago. Cuanto más poderoso eres y más magia utilizas, más patente se hace.
Hizo una pausa en la que Sirius empezó a sentir que el suelo se abría bajo sus pies. Y así fue cuando Snape terminó su razonamiento:
-Transformarse en animago es uno de los procesos que requieren magia más poderosa. Si te acercas a tu prima –comentó remarcando su parentesco con la odiada criminal- en tu forma animaga, te detectará a unos doscientos metros. Antes de que tú puedas si quiera olerla.
Ojoloco sentenció que suspendían la vigilancia de Borgin y Burkes. Seguidamente trataron unos cuantos temas de poca relevancia y media hora después dieron por concluida la reunión. A Sirius le dio igual. Llevaba desde la revelación de Snape sin ser capaz de oír nada. En su mente solo se repetía la misma exclamación: "¡Es imposible!". Snape mentía, o se equivocaba, o era inexacto o… A eso quiso aferrarse mientras un sudor frío empapaba su cuerpo. Pero una vez en su habitación, la realidad le golpeó con fuerza. Todas las menudencias que durante su convivencia no parecieron tener sentido comenzaron a encajar.
