"Malentendido"

.

.

.

.

.

Mueve la muñeca con destreza a través del poder que ejerce sobre la pluma.

El tinte negro se engrava en la hoja. Su antes color blanco, está combinado con un color negro opaco.

Sus ojos verdes escanean lo que va redactando; sus ojos están un poco apagados, debido al cansado entrenamiento que tuvo ese día.

Respira hondo.

La puerta acaba de sonar y presiente que lo que lo espera después de que se levante, se deba a lo que ha pasado en su vida emocional últimamente.

Deja su escrito a medio terminar, dirigiese hacia la puerta, pone la mano en la manija y da vuelta.

La persona que lo aguarda al otro lado lo observa quisquilloso.

Cabello rubio, ojos rojos, tez blanca.

Es lo que apenas sus orbes procesan ante el sobresalto que lo invade en desmedida.

—Kacchan.

El contrario, entra por la puerta sin decir nada. Suelta un ligero suspiro quejumbroso, mirando compenetración su habitación, soltando un pesado aliento, cerca de su oreja. Izuku se estremeció frente a su aliento.

—Ya sabes qué hacer— Susurra en su oreja, colocando una mano sobre su hombro.

Izuku se sonroja, asimilando toda su presencia adentrarse a su zona de confort. El escrito puede esperar, porque el contrario necesita su atención.

—S-sí— Tartamudea, porque no puede evitar ponerse nervioso teniendo su presencia dentro de su habitación en la noche. Cuando el toque de queda está en el lecho de terminar.

Kacchan se sienta en su cama, esperando a que él se acerque de igual manera. Pasa saliva a costa de sus nervios, tomando asiento a su lado. Siente el espeso aliento emergente del otro y su corazón salta.

—Deja de temblar— Ordena Kacchan, endureciendo el ceño. —Me molesta que hagas eso.

Izuku asiente y sonríe tímido; es una forma de asegurarse de que aquello que hacen, es de parejas.

—Anda, extiende los brazos— Le ordena el rubio. A lo que sin dudarlo, obedece. Porque si no lo hace, sabe que recibirá una golpiza que no se merece.

En cuanto extiende los brazos, siente el calor desmesurado venir del rubio, cuando se acerca a abrazarlo por la cintura. Es áspero sentir en su garganta se desvanece, mientras el otro envuelve por completo sus brazos alrededor de su cintura y acomoda su cabeza en su pecho (sin advertirlo, Kacchan pone su oreja la zona donde su corazón palpita).

Izuku contempla el techo, imaginando que este tipo de acontecimientos no deberían de pasarle a él, porque provocan en su persona una sensación abotonada de incertidumbre. Una intriga creciente que lo devora a la nada.

Siente el calor del cuerpo contrario adentrarse por los poros de su piel, acrecentando desmedidamente su temperatura corporal.

Traga saliva, soltando un soplo que denota su confusión. Misma que el rubio no contesta. Solo lo abraza y se mantiene silencioso.

Este tipo de situaciones le suceden prácticamente todos los días, desde que pasó el incidente y no encuentra maneras de explicar el por qué Kacchan lo busca para abrazarlo durante un largo lapso de tiempo, lo suelta con disgusto y sale de su habitación como si nada.

El sentido etéreo en que sus adentros se encienden con el simple contacto del otro, es increíble lo mucho que pasa por su cabeza. Y de sólo sentirlo, pierda el hilo de sus pensamientos.

No es concreto lo que piensa cuando lo tiene de frente. Y quizá nunca lo fue, debido a que las veces en las que se enfrentaron, Izuku decía lo que sentía, mas no buscó ser elocuente con sus palabras.

En las peleas que tuvieron las palabras de Izuku calan como ladrillos al emitirlas de su boca. Sacó aquellas palabras en una ráfaga de adrenalina, aprovechando que su lengua estaba suelta, pero en cuanto las dijo, una sensación de ser preso de un desdén por parte del otro, lo invadió terriblemente.

Por un segundo creyó que Kacchan lo odiaría para siempre. Mas, no lo terminó odiando porque lo abrazaba en esos momentos. Pero no evita preguntarse si lo abraza como una manera de burlarse de sus sentimientos por él.

Y si esa una manera de demostrarle que lo odia?

Izuku se arredra en medio del abrazo y se va hacia atras con Kacchan aferrado a él como adherente.

—Qué te pasa hoy?— Se queja. —Estás muy inquieto.

—Lo siento— Excusa. —No es nada grave.

—Qué tienes, idiota?—Inquiere, poniendo su barbilla sobre su pecho, de modo que lo observa.

Izuku le devuelve la mirada, sin prever que su rubor saliera a flote, a consecuencia de ser visto por aquellos ojos inquisitivos.

Esos ojos lo vuelven débil.

Sin embargo, no le dirá sus dudas; a menos que lo reflexione con peso.

—Deku?— Kacchan pinchó sus cachetes, regresándolo a la realidad.

—Lo siento— Se disculpa, porque no sabe qué decir en su lugar.

—No te disculpes— Chasquea. La presión de su agarre se hace más fuerte. —Si tanto disgusto te da que vaya a tu cuarto, dímelo a la cara.

—¡No!— Exclama alarmado. —No dije eso, Kacchan.

—Entonces qué carajos te pasa que estás tan inquieto?.

Kacchan lo mira frunciendo todo el rostro.

Lo único que Izuku sabe hacer es hacerlo enfadar.

—Me gusta que estés aquí—Aclara Izuku. —Lo que pasa es que no sé si estamos saliendo.

Kacchan pone cara de disgusto.

—Qué has dicho?— Suelta sus cachetes de un tirón.

—Quiero saber si somos pareja.

—No somos nada— Replica Kacchan, quitándose de encima. —Mejor me largo. Pierdo mi tiempo hablando contigo— Pisotea el suelo, con los puños cerrados.

—¡Espera, Kacchan!— Intenta retenerlo, pero cuando llega a la puerta, él ya se había ido.

Izuku suspira resignado.

Entonces, no son nada.

Unas lágrimas nacieron en sus lagrimales, impidiendo que pudiera ver claramente.

—No somos nada?— Lloriquea a modo de pregunta.

El recorrido de las lágrimas se estrellan contra el suelo, representando a viva imagen lo mucho que le duele saberlo. Si él pensó… él pensó que Kacchan pudiera tener sentimientos hacia él. Mas solo había sido imaginación suya durante todos sus encuentros hasta que decidió dar el siguiente paso en la relación y preguntarle sobre si aquello de los abrazos duraderos significaba algo que prosperaría.

No recuerda la hora en la que se quedó dormido, habiendo sucumbido a las lágrimas amargas que salían de su interior.


Al día siguiente, fue a la escuela con la mirada perdida. Sus ojeras eran la representación de que estuvo llorando toda la noche mientras dormía. Extraño, pero cierto.

Tomó asiento en su característico pupitre, acostando su cabeza sobre la mesa del pupitre, estirando los brazos sobre la misma.

Apenas podía cargar con el peso de sus heridos sentimientos.

Se siente el preso de una historia con pésimo final. Peor incluso, envuelto en las páginas de una tragedia.

Es impresionante la velocidad con que sus pensamientos avanzan, porque en un rato está bien, pero nada garantiza de que a los pocos minutos esté llorando en una esquina. Justo, como lo hace en el pupitre.

Arrastrado por las lágrimas secas de sus sollozos. Pudo llegar a clase.

Vio que Kacchan llegó al salón con toda la actitud, la frente en alto, el ceño fruncido y unos ojos fulminantes que paralizan a cualquiera. Los pantalones holgados junto con el caminado tajante, que tanto lo caracteriza cuando llega a los lugares.

Su mirada llena de frialdad.

Izuku entristece visiblemente en el primer segundo en que posa sus pupilas sobre él.

Reconoce después de que Kacchan se sienta en su pupitre, que solamente él es quien sufre por una decepción.

Kacchan lo deja atrás, una vez más.

Cierra los ojos unos segundos, tratando inútilmente de no soltarse llorando en la silla del pupitre. Se lleva las manos a cubrir sus párpados cerrados.

No es cuando el profesor Aizawa hace acto de presencia, que sus esfuerzos fueron tirados por la culata, porque no puede escabullirse del salón de clases por una ruptura amorosa.

Izuku hace un esfuerzo gigantesco, diciéndose que necesita prestar atención en clase. Porque sus calificaciones, su futuro, todo eso está en juego desde el preciso instante en que el profesor comienza a dar su clase y el mundo de afuera deja de tener relevancia.

Claro, es fácil decírselo, cuando tiene a Kacchan, acaparando toda la vista del frente que le es casi imposible no notarlo.

Se dice que no tiene que verlo, pero una vez que osa poner sus ojos en su cabello rubio, se empapa de toda la belleza que es Kacchan. Es tanta que lo ciega por completo.

Lo contempla sin perder la gracia de estar postrado en la silla, anclado por las cadenas de su mente, que lo incitan a no perder la cordura. Es efímero el tiempo cuando lo pasa en compañía de Kacchan. El tiempo es atemporal; es así, que carece de sentido. De lógica. No hay comparaciones con la gravedad con la que ha caído por él, cuando tuvo la dicha de fijarse en él y enamorarse.

Lo adora, aunque no sea devuelto el afecto que le tiene con tanta dulzura.

Y es así que lo contempla con admiración, a pesar de que su cara destrozada por las lágrimas lo observa.

Al finalizar una de las clases, les dieron un pequeño descanso. Que fue suficiente para que Izuku recostara la cabeza, oculto entre sus brazos. No quiere oir a nadie. Ni ver a nadie.

—Oye, bro.

—Qué quieres?.

No, piensa dolido.

Es Kacchan.

—Qué te parece si entrenamos juntos en el gimnasio?— Kirishima sugiere. —Se lo pedí a los maestros y me dieron permiso de usarlo.

—Está bien— Kacchan replica mediante un respingo.

—Oh genial, bro. Gracias por aceptar.

—Como sea.

Izuku se hace bolita.

Se recuerda que Kacchan nunca aceptó una cita propuesta por él.

Otro par de lágrimas se originan en sus lagrimales derrochando el irremediable sentido de lo que es ser insignificante ante el mundo.

Ni siquiera le dio una respuesta cuando le confesó su amor hacía mucho. La respuesta que tuvo de Kacchan, en el momento en que juntó todo el coraje para confesarle sus sentimientos, fue un respingo una cara compungida. Acto seguido, se marchó.

Izuku no supo manejar el rechazo, por lo que no decidió presionar el asunto, mas que limitarse a esperar. Pues, lo que lo permite seguir adelante es tener una mentalidad positiva y eso fue lo que hizo. Mantener una actitud positiva, entrenar mucho y conseguir buenas pasantías para su formación de héroe.

Todo iba fabuloso, por buen camino. Hasta que sucedió el incidente en que Izuku se lanzó a proteger a Kacchan de un terrible accidente, mismo que lo dejó una semana inconsciente en el hospital. Vio desde la camilla la cara intensa de Kacchan desde el otro lado de la puerta, mirarle sin acercársele.

Después de su recuperación, un día cualquiera, Kacchan se paró frente a su puerta y lo abrazó sin razón. Simplemente, se metió a la fuerza a su habitación, en contra de su evidente incredulidad, lo echó todo de lado y se lanzó encima de él a abrazarlo.

Izuku no entendió el motivo, porque tampoco se atrevió a preguntarle nada al respecto. Es Kacchan, después de todo. Izuku tiene aprecio por Kacchan, que no lo obligaría a estar en una situación incómoda e innecesaria de pasar.

De todas maneras, Kacchan lo mataría si se lo llegara a preguntar. Por lo tanto, nunca lo hizo.

Izuku no está inclinado a incomodar a las personas, mucho menos a su adorado Kacchan, a quien le tiene un profundo afecto. Uno que no es el mismo. Pero que aceptó ser abrazado por él. Lo aceptó aunque todavía no entendía el por qué, o el sentido de las aciones de Kacchan.

Él aceptaba todo.

Pero al parecer, Kacchan no lo acepta y por eso lo dejó atrás, como al inicio de su amistad.


No pasaron muchas horas hasta que sus amigos decidieron hablar sobre su estado de ánimo que estaba al pico de la decadencia.

Lo abordaron cuando Izuku estaba sentado en las bancas traseras del patio frontal de los dormitorios. Su mirada perdida, llena de una profunda nostalgia, solo impulsaron a que sus amigos quisieran socorrerlo.

Uraraka se sentó a su lado y Iida del otro, y Todoroki se paró al frente.

Izuku los vislumbra a cada uno por sentado. Sus párpados se levantaron como cortinas en un reflejo involuntario.

—Deku-kun, qué tienes?— Su amiga habla primero, rompiendo el hielo. —Haz estado muy decaído estos días. Sucede algo contigo?

—No, no es nada— Explica Izuku; y, sin querer su voz se quiebra.

—Nos puedes decir— Ofrece ella.

—Estoy bien— Repara. Siendo recibido por las miradas que sus amigos le dirigen, reflejando de que no le creen en absoluto. —En verdad, estoy…bien— Al finalizar la frase, sus lágrimas ya estaban acaparando sus mejillas. —Estoy bien— Reafirma desmoronándose.

—No, no estás bien, Midoriya— Interrumpe Iida. —Es incorrecto ocultar tus sentimientos cuando tus amigos se ofrecen a ayudarte. Dinos lo que pasa contigo.

—Por favor, Midoriya— Añade Todoroki, y su tono es de preocupación.

Izuku se atraganta entre su llanto.

—No, no es necesario— Repone Izuku. —No los quiero involucrar en algo que ni siquiera yo entiendo—. Continua llorando desconsoladamente, empequeñeciéndose entre la banca. Sus hombros se sacuden temblorosos.

—Entonces explícanos para entender— Exige Uraraka. —Nosotros te escuchamos.

—Es algo complicado?— Tantea Todoroki.

Izuku asiente.

—Algo que sientes que no le puedes decir a nadie?— Prosigue.

Izuku vuelve a asentir.

—Te escuchamos de todas maneras— Insiste Uraraka.

—De aquí no sale nada— Repone Iida. —Lo que se dice aquí, no sale de este grupo. Lo juramos.

Izuku, al sentirse apoyado por sus amigos, entendió que si no comentaba nada, se quedaría con todos sus sentimientos amontonados en su interior y harían mayor presión en su corazón.

—Es Kacchan— Suelta entre pequeños sollozos.

Y se soltó diciendo todo lo que tenía amontonado en su pecho. Su gran capacidad de describir las situaciones mezclando los sentimientos en unas cuantas palabras, fueron suficientes para que sus amigos entendieran la gravedad del asunto.

En lugar de recibir regaños, obtuvo apoyo de parte de sus amigos, quienes lo escucharon y le aseguraron que estarían ahí para ayudarlo.

—Tienes qué hablar con Bakugou— Insistió Uraraka. —Aunque él no quiera. Tiene que escuchar todo lo que sus acciones te hacen sentir. Si no se lo dices, él nunca lo sabrá.

—Así es, Midoriya— Alardeó Iida en rectitud.—Si no te guias por el poder de la palabra, no obtendrás respuestas a tus preguntas. Esta vez no te dejes llevar por el corazón con la excusa de que es amor (aunque sea claramente justificable en tu postura), porque desconoces la otra cara de la moneda y lo que más necesitas saber es el detrás de las acciones de un tipo como Bakugou.

—Sí, haré eso—Asegura Izuku, asintiendo.

—Y por favor, no hagas nada irresponsable en la escuela— Añadió por encima de su mensaje.

Izuku asintió, sin entender el significado de aquello.

—No le digas esas cosas— Siseó Uraraka, cambiando su semblante amable a uno molesto. —Deku-kun no hará nada indebido en terrenos escolares.

—Exacto— Dijo Todoroki.

—Lo que ustedes digan— Asintió Izuku.

Sus amigos siguieron diciéndole palabras de aliento, sobretodo Uraraka, quien se sabía las excusas que Bakugou pudiera decirle al respecto, en caso de que él quisiera voltearle la situación en medio de la discusión.

Izuku tomó eso en cuenta, hasta que llegó el momento en que sus amigos se marcharon y lo dejaron a expensas de sus instantáneas reflexiones.

Pasaron unos minutos para que Izuku decidiera regresar a los dormitorios; sin embargo, su marcha fue interrumpida cuando alguien lo cogió del brazo, exaltándose con el contacto frío.

Se tranquilizó al realizar que se trataba de Todoroki.

—Todoroki, dime— Le sonrió pese a que aún se sentía un poco melancólico.

—Midoriya— Pronunció solemne. —Creo que ya sé cómo hacer que Bakugou te diga sus razones.

Izuku pestañeó.

—En serio?— Su cara se iluminó.

El otro asintió.

—Sí, sólo quédate quieto— Instruyó, al momento en que lo posicionó en la pared sutilmente.

—Eh? Por qué?

—Sólo hazme caso— Dijo convencido que sus acciones eran las correctas. —Esto será suficiente para que Bakugou estalle— Sonrió malicioso.

Algo de aquella sonrisa le dio un mal presentimiento. Y por tanto, se alejó de su amigo, pero fue jalado por la corbata del uniforme, estrellándose contra algo cálido, del cual desconocía su sentir.

Abrió los ojos ante la realización de que estaba siendo besado por Todoroki.

Sin embargo, el instante no duró mucho porque fue repelido por una brutal explosión que lo mandó directo contra el suelo.

—Qué te crees que estás haciendo maldito?!— Kacchan le gritó. Literalmente le gritó, por algo que no hizo. —

—Yo— Parpadeó bloqueado totalmente de respuesta.

Todoroki, por otro lado, se miraba bastante satisfecho con su proeza. Sus ojos bicromáticos cantaban victoria.

—Y tú, mitad y mitad— Kacchan lo tomó del cuello. —Qué te hace pensar que puedes besar a Deku cuando se te dé la gana?

Todoroki respondió con una sonrisa triunfal. Cosa que hizo que el chico explosivo estallara—justo como su amigo había predicho momentos atrás— emitiendo una explosión de su palma, que fue detenida por Todoroki.

—Hice lo que tenía que hacer— Manifestó el bicromático con estilo.

Izuku estaba en el suelo, con las piernas estiradas y las manos ancladas en el piso.

No entendía nada.

—¡Muere!— El chico explosivo atacó sin cesar a su amigo, mientras Izuku vislumbraba la escena con estupefacción.

Exactamente qué pasó.

Porque su mente está haciendo conexiones a mil por hora, frente al desastre que ocurre frente a sus ojos.

Todoroki no dice nada para menguar el estado irascible del chico explosivo, mas que pasarle la carga a Izuku, quien se queda estático como una piedra en cuanto la mirada fulminante de Kacchan lo ataca.

De pronto, lo ve caminar pisoteando el suelo, con un aura asesina.

En ese preciso instante supo que estaba perdido. Kacchan lo pulverizará, para después tirar sus cenizas a la basura, y así olvidarse de él de una vez por todas.

Sin embargo, no fue de esa manera.

Kacchan fijó sus ojos encendidos en los suyos, tomándolo de ambas solapas del uniforme.

—Me las pagarás por besar a alguien más que no sea yo— Reprocha en tono negativo.

—Pero, tú dijiste que no estábamos sal—

—Cállate— Interrumpe. Lo jala de las solapas, arrastrándolo. —¡Por tu estúpida culpa tuve que ver ese maldito beso! Y para joderme el día, un beso del mitad y mitad— Se ríe seco. —Es intolerable, Deku.

Intolerable, repitió.

Intolerable en qué sentido? Si todas sus palabras se encajaban como arpones en su cuerpo.

Kacchan lo arrastró, contra su voluntad, al baño de los hombres. Le lavó los dientes.

—Kacchan, por qué haces esto?!— Chilló con la boca llena de pasta de dientes.

—Te estoy desinfectado de las babas del bastardo mitad y mitad— Dijo Kacchan, cepillándole ferozmente los dientes. —Qué se ve que estoy haciendo, tonto?!

—N-nada— Balbuceó con el cepillo haciendo presión contra sus dientes adoloridos.

Acto seguido, lo arrastró hacia su habitación y lo forzó a usar su llave para abrir la puerta, para asimismo lanzarlo contra la entrada de su propio dormitorio.

Izuku pensó que este no es día.

En cuanto se repuso del golpe, la arrastrada y el brutal lavado de dientes; Kacchan lo miraba con cara de que lo mataría en ese mismo momento.

—Te descuido un momento y otros deciden besarte— Espeta Kacchan, rompiendo el silencio que habitaba en ellos. —Ese fue tu primer beso, inútil?

Izuku asintió, en blanco.

En sí, nunca ha besado a nadie. Hasta que Todoroki tuvo la osadía de besarlo.

—¡Ah!— Gritó Kacchan, exasperado.

Lo vio jalarse los cabellos con temor.

—Kacchan?— Izuku balbuceó su apodo.

—Por qué carajos dejaste que te besara?— Exigió saber, aferrando sus manos a las solapas ya arrugadas de su impecable uniforme. Izuku nuevamente fue arrastrado, por su propia habitación. Ese trato era, sin duda, peor que los perros. —Por qué dejaste que te besara? Por qué?! Dímelo.

—Todoroki me besó sin mi permiso— Explicó a modo de tartamudeo.

—Es verdad eso que me dices?— Kacchan parece que quiere creerle, mas busca clarificarlo.

—Sí, me tomó desprevenido, Kacchan— Dijo Izuku. —Lo juro, así fue.

—Inútil descuidado— Bufó desdeñoso. Su ceño fruncido se hundió en su perfilado rostro.

—Pero— Izuku repone de vuelta. —Yo no besaría a nadie más. No lo haría, Kacchan, porque me gustas. Si beso a alguien, serías tu.

—¡No digas tonterías!— Lo sacude de las solapas.

—No lo son, Kacchan— Chilla Izuku, tomado por un arrebato de valentía, y logra zafarse de las sacudidas. —Escúchame cuando digo que solo me gustas tú. Lo dije aquella vez y lo digo ahora. Te lo diré las veces que quieras.

—Cállate— Kacchan parece estar percatado de lo cerca que Izuku está de él, porque retrocede inconscientemente.

—Yo lo que quiero saber es por qué no puedo saber cómo te sientes— Pidió amable.

—Eso a ti qué te importa.

—Me importa mucho, Kacchan.

—A mi no.

—Kacchan, por favor— Suplicó.

—¡No, Deku!

—Entonces, por qué aceptaste salir con Kirishima y conmigo no?— Decide contraatacar, porque Kacchan bajo ataque, evade.

—No mezcles cosas, nerd inútil— Kacchan sacude la cabeza, mediante un respingo. —Lo que yo haga con mi vida, es asunto mío. No te debe de concernir a ti.

—Kacchan, dime qué sientes por mí—Pide, entristecido. —Si sientes algo de amor por mi, por favor házmelo saber. Me muero por saber qué sientes por mí, Kacchan— Oh, sus lágrimas vuelven a hacer acto de aparición, acumulándose en la orilla de sus ojos. —No sé si estas jugando con mis sentimientos. Si te burlas de ellos. Si Kirishima te gusta… Ya no sabe qué más pensar.

—Deku— Kacchan pronunció, tornándose serio.

—Te quiero, Kacchan— Se acerca impulsado por sus sentimientos. —Tú… me quieres?.

El otro baja la cabeza, en cierta forma bajando su guardia. De sus finas pestañas se entrevía un brillo traslúcido asentado tras sus pupilas dilatadas. Mas, sin embargo, Izuku no dirá nada más a su confesión. Siente que si no obtiene una respuesta, el asunto de sus sentimientos estarán en remisión de terminar en la deriva.

Más las lágrimas caían de sus ojos, su respiración entrecortada acompasada con el profundo aguijonazo que lo ataca en el pecho.

De repente, siente cómo una fuerza ajena a la suya lo atrae hacia el frente y es recibido por unos labios suaves, cálidos, carnosos. Son los labios de Kacchan.

Izuku abre los ojos en sorpresa. La sensación al instante fue incandescente. En una palabra: Increíble.

Kacchan rompe el beso y lo aleja unos centímetros de su rostro. Sus manos descansan sobre su pecho.

—Kacchan, qué significa eso?— Izuku quiere saber.

—Dedúcelo tú, bastardo con patas— Espeta Kacchan, sin mirarlo a la cara. —Las palabras no son lo mío. Lo sabes— Lo refiriere.

—Significa que me quieres?— Interrogó, estirando su mano a su mejilla, la cual no se separó de su tacto.

Kacchan bajó la cabeza, estrellando su mirada hacia el piso.

—Es tu culpa que todo este desbarajuste haya sucedido, Deku— Suelta Kacchan, como si su lengua lo obligara a hablar. —Te confiesas, me dices que me quieres de la nada, sin darme explicaciones, y decides terminar con todo al lanzarte allá fuera y casi morir en el intento— Lo ve apretar los ojos, endureciendo su ceño. —Cómo demonios querías que me sintiera? Mi cabeza estaba echa un desastre por tus estúpidas confesiones de amor, y por tus acciones. Y justo cuando pensé que te perdería, me di cuenta de que yo no estaba feliz. Yo— Alzó la cabeza, abriendo sus ojos escarlata. —Me di cuenta que eres importante. Que no te quiero fuera de mi vida como creía. Y tuve miedo de que te fueras. Es por eso que yo decidí venir a verte todos los días, para cerciorarme de que estabas aquí, que no te habías ido de mi vida.

—Por eso venías?— El tono de Izuku fue sereno.

Kacchan afirmó.

—No sabía qué otra cosa podía hacer, es lo que se me ocu— Izuku se lanzó a abrazarlo, hundiendo su rostro en su cuello. —¡Oye! Qué crees que haces?

—Me gustas, me gustas— Clama con gran fervor.

—Deku, no seas tan encimoso— Se queja Kacchan, dándole golpecitos en los brazos. —Argh, que molesto.

Izuku se rió dichoso, porque se sentía dichoso de entender las acciones de Kacchan.

El rubio paró de sacudirse entre su abrazo y lo devolvió, soltando un bufido de resignación.

—Bien…— Dijo Kacchan. —Al menos…— Suspiró, aferrado a él. —Al menos estás vivo.

Izuku asintió, sonriendo ampliamente.

—Tú también.

—No dejes que otros bastardos te besen, o los mato— Advirtió el rubio, autoritario.

—Sí, no volverá a pasar.

—Más te vale que no pase, sino te mato a ti también—Amenazó en un tono más sutil que el anterior. —Deku— Dijo tras unos segundos de estar abrazados.

—Sí?— Respondió Izuku, que para esos momentos tenía los ojos cerrados.

—También.

—Eh?

—Yo…también te quiero— Dijo en voz bajita, suficiente para que Izuku la escuchara y correspondiera felizmente ése te quiero, que iluminó su alma obscurecida por el sentimiento de tristeza.

.

.

.

.

.

.

.

NOTA: Ese Todoroki todo un genio con su plan.

Pobre Deku, sufrió casi todo el capítulo, mientras que Kacchan no le decía nada de cómo se sentía.