Hola! siglos sin actualizar, una mega disculpa, mi vida ha sido una montaña rusa. Este capítulo es para AspergerHero! lamento mucho la tardanza. Debo confesar que este pedido en particular fue MUY difícil para mí. Aparte de que estoy menos acostumbrada a escribir la perspectiva masculina, la condición de que fuera sobre fotografía me abrió muchas posibilidades pero al mismo tiempo limitaciones, en general, ya no sabía ni qué hacer. Este es un capítulo muy experimental y personal un poco porque, les comento, yo estudio arqueología, como Robin haha. Así que de alguna manera, quería hablar MUCHO sobre mi experiencia dentro del área pero, tal vez los hubiera aburrido un poquito. Entonces estaba muy perdida. Empecé a escribir algo pero era casi una telenovela y no me gustaba para nada... así que terminé haciendo un poquito un ejercicio similar al que hice con Akainu. Espero lo disfruten y, trataré de actualizar más pronto.
Podía escuchar su voz a lo lejos, dando instrucciones a los trabajadores. El sol quemaba en la nuca incluso con el sombrero, y el polvo estaba suspendido en el aire seco.
Muchos estudiantes, con sus pequeñas palitas y brochas, sacaban de la tierra tiestos de platos y vasos rotos y les sacudían los restos de lodo y arena. Click. Tomaba una foto para la carpeta de evidencia.
Un águila pasó anunciándose con un ronco canto momentáneo, para luego desaparecer. Me limpié el sudor de la frente con el dorso y el sudor salado estaba manchado con el polvo.
Y la volteé a ver. Cómo se iluminaban sus ojos mientras uno de los estudiantes le pasaba una figurilla de cerámica sacada de un recuadro excavado perfectamente, medido y acordonado con hilo. La sostenía con delicadeza como si fuera lo más preciado del mundo y su cabeza calculaba e inquiría mil cosas con una inteligencia excepcional en segundos.
Después de todos estos años, ponía la misma cara que cuando éramos niños y desenterraba cosas en el patio de la escuela con las uñas.
Se dio cuenta que la estaba mirando y volteó hacia mí. Click. Tomé una foto. El viento agitaba su cabello negro y el azul inmaculado del cielo hacía resaltar su rostro iluminado por los rayos intensos de la tarde. Estaba sonriéndome. Su sonrisa era como aquella que puso en la foto que nos tomamos cuando me regalaron mi primera polaroid en los 90's.
Y hasta aquí la había seguido. A un monte en medio de la nada, en un país extranjero, desenterrando huesos de gente muerta hace más de mil años y recuperando los muros de palacios caídos.
No me puedo quejar.
Fotógrafo de National Geographic no es una mala carrera. Las largas caminatas, la tierra y el sol, todo vale la pena, cuando por las noches, escucho el cierre de mi casa de campaña abrirse, y es la directora del proyecto arqueológico, colocándose sobre mí con las piernas abiertas.
