9. ¿Beso?

—Vaya… —Tony retrocedió un par de pasos por la cercanía de Steve.

—Preparé el almuerzo. —El rubio apartó la silla para que Tony se sentara.

—Esto… se ve delicioso. —Tony se relamió los labios —. No sabía que cocinabas.

—En realidad, —Tomó asiento frente a Tony —, hay un montón de cosas que no sabes de mí, ni yo de ti.

—Pues entonces creo que este es un buen momento para conocernos mejor, ¿no crees? —Tony atrajo su plato y acomodó sus cubiertos para empezar a comer —. Esto está delicioso. —dijo aún masticando, haciendo que Steve ría.

—Cuéntame un poco de ti. —Le pidió Steve, escanciando vino en sus copas.

—Pues… ¿Que te digo? Me considero una persona promedio, quiero estudiar para seguir con el trabajo de mi padre y hacer que se sienta orgulloso. Creo que por ahora esa es mi única visión.

—¿Cual es el trabajo de tu padre?

—Oh, él es Howard Stark, debes conocerlo.

Steve casi se ahoga con un bocado de comida que acaba de llevarse a la boca.

—¿Ho-Howard Stark es tu padre? Entonces tú eres Tony…

—Anthony Stark, en realidad.

Steve dejó caer sus cubiertos sobre el plato, aturdido como estaba.

¿Él es un Stark? ¿Y qué hacía con él en ese mediocre apartamento? De repente se sintió pequeño y ridículo por haber querido sorprenderlo con algo tan simple como un almuerzo. Le pareció que entonces una brecha de cientos de kilómetros se abrió entre ellos, ¿cómo había podido pensar que tendría siquiera una oportunidad con él?

Tony era un Stark, y él era nada.

—¿Pasa algo malo? —preguntó Tony, al ver que el otro no reaccionaba.

—No, no, todo está bien. —Fingió una sonrisa, algo pareció estrujarse en su pecho. Tony entrecerró levemente los ojos, hizo una mueca con los labios satisfecho con su respuesta y siguió comiendo.

—Ahora háblame de ti. —Le dijo, Steve ya se había acabado su primera copa y ahora se servía más.

—¿Qué quisieras saber? —Le preguntó, trataba de evitar darle un vistazo general de su vida.

—Umm… ¿Qué te gusta hacer? Ya sabes, en tus ratos libres.

—Pintar, dibujar y toco un poco la guitarra, aunque no soy muy bueno.

—Oh, eres artista, eso me agrada. —Tony se sirvió su tercera copa.

—No me considero tal cosa.

—Enséñame algo de lo que haces y yo lo decidiré. —Tony empezaba a entrar en confianza, en definitiva el alcohol lo ayudaba.

—Tal vez… después. —Se sirvió más, el vino ya casi se acababa.

—¿Haces retratos? Porque siempre he querido un retrato mío para colgarlo en mi pared y que mi hermoso rostro sea lo último que vea antes de dormir. —Tony bebió su copa de un solo trago y se sirvió lo último que restaba en la botella.

—¿Siempre eres así de narcisista? —Rió.

—Narcisista no, solo sé apreciar el arte. —Se señaló y Steve rió.

—Un poco de tu autoestima no me vendría mal.

—¿Por qué? ¿Te falta?

—No me considero la gran cosa.

—¿En serio? ¡Diablos! ¿Te has visto en el espejo? no creo que tengas algo que envidiarme, eres bastante sexy.

—¿Eso crees?

—Um, sí, como te dije antes, sé apreciar el arte.

Steve no necesitó sonrojarse pues el efecto del vino, que por cierto ya se había acabado, había teñido sus mejillas de rosado y su temperatura corporal comenzaba a subir.

—¿Debo tomar eso como un cumplido?

—¿Quieres hacerlo? No tendría problema. —Tony apoyó sus codos sobre la mesa —. Creo que necesitaremos más vino.

—Estoy de acuerdo.

La tarde era fría, corría un gélido viento que sin embargo los refrescaba, el centro comercial no estaba muy lejos así que decidieron caminar.

El alcohol había dado resultados.

Ambos estaban desinhibidos y en completa confianza, bromeaban y reían, como si de dos viejos amigos se tratase.

—Creo que compraré este. —Tony le mostró la botella que había agarrado.

—¿Whisky?

—¿Por qué no? Lo llevaré. —Le guiñó un ojo —. Muévete, Rogers, no tenemos todo el día. —Le palmeó la espalda al pasar a su lado.

"¿Para hacer qué?" Se preguntó el rubio, está vez sin molestarse en ahuyentar los pensamientos sucios que acababa de tener.

Se dio la vuelta y siguió a Tony, como un perro sigue a su comida.


—… Y Nat me gritó "¡Hey, está detrás de ti!" Ya te imaginarás cómo me sentí. —Tony se removió en el sofá, y comenzó a jugar con su riedel de whisky, que para esas horas ya iba por la mitad.

—Eso debió ser vergonzoso. —dijo Steve, aguantandose la risa.

—Al principio, luego fue doloroso. —Hizo una mueca de desagrado.

—¿Por qué?

—No necesité confesarme porque ella ya lo había escuchado todo, pero de nada sirvió porque me rechazó, y la cito: "Eres muy tierno, pero no puedo estar con alguien más bajo que yo, lo siento". Fue un duro golpe para mi orgullo, pero me repuse en pocos días.

—No puedo creer lo tonta que fue esa tal Pepper, si yo hubiese estado en su lugar otra sería tú historia. —dijo el rubio arrastrando las palabras, como venía haciendo hace un par de horas atrás.

—¿Ah sí? Hagamos una representación de los hechos, tú serás ella. —Le propuso Tony.

—Esta bien. —aceptó, sonriendo tontamente.

Tony dejó su riedel sobre la mesita de centro, se aclaró la garganta y le dio la espalda.

—Tiene los ojos azules más hermosos que jamás haya visto, —Comenzó a decir —, su suave cabello rubio me deja sin habla y su cuerpo… —Había cerrado los ojos evocando en su mente aquella imagen de Steve sin camisa —… me pierdo por completo solo mirándolo. —Contuvo un suspiro y se dio la vuelta —. ¡Steve! ¿Escuchaste todo eso? —Fingió asombro.

—Sí, Tony, y debo decir que siento lo mismo que tú.

—Entonces… ¿Aceptarías estar conmigo? —Las manos de Tony comenzaron a sudar y un leve temblor se apoderó de ellas. Se sintió nervioso por su respuesta aún cuando sabía que solo estaban actuando.

—Nada me haría más feliz. —Sus ojos se encontraron, y por un corto momento pareció que el tiempo se detuvo.

—Y… se supone que en este punto la besaría. —dijo Tony, sin cortar el contacto visual.

—Bueno, hazlo. Solo estamos jugando, ¿no?

—Claro, tiene que ser una fiel representación. —Comenzó a respirar más rápido —. Aquí voy…

De repente la sonrisa relajada de Steve se esfumó de su rostro, al ver que Tony comenzaba a acortar la distancia entre ambos, se sintió nervioso y tenso a pesar de todo el alcohol que había ingerido. El castaño se inclinó apoyándose en sus dos brazos, estaban tan cerca que podían sentir la respiración del otro sobre su piel, y lo último que vio Steve antes de cerrar los ojos fueron los carnosos labios entreabiertos de Tony casi sobre los suyos.