Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo siete

― ¿Y si ella tiene razón? ―cuestiona Jake. Me distraigo mirándole y el costal golpea mi hombro, bufo―. Puede ser cierto lo que dice ―continua― Isabella es muy joven y si no quiere perder su oportunidad en la universidad, es lógico que recurra a mil locuras, es muy válido. Yo le creo.

― Supongamos que tienes razón ―se entromete Alec. Él también acaba de terminar su sesión de box y ahora quita su vendaje―. ¿De dónde salió la gran cantidad de su cuenta de Banco? Es obvio que se acostó con Carlisle, recibió su pago y el viejo se quedó picado con ella. Ellos son amantes.

Observo retador a Alec y éste no baja su mirada.

― No entiendo tu molestia, Edward ―espeta―. Si ellos son amantes, no debe importarte.

― Mi irritación es que asegures algo que no te consta ―respondo cortante.

Alec sacude la cabeza con una estúpida risa pintada en su cara, se aleja hacia las duchas.

― Imbécil ―murmuro lo suficientemente alto.

Jake se carcajea al mismo tiempo que su puño golpea mi costado.

― ¿De qué te ríes? ―le increpo―. Cuándo aprenderás a quedarte callado, ¡maldita sea! Alec puede ir de bocón con Marcus.

― En serio, no entiendo por qué nunca has soportado a Alec. Tal vez en el fondo lo sigues odiando por haber sido pareja de Charlotte. Superalo, hombre.

― Charlotte no me interesa en lo absoluto. Ella es libre de hacer con su vida lo que mejor le plazca. El problema con Alec es que no sabe mantener la boca cerrada, estoy seguro que irá corriendo a contarle a su padre, y Marcus le contará a Aro. Tampoco es mi intención meter en problemas a esa joven.

Jake se queda pensativo. Lo dejo con sus demonios, doy media vuelta tomando una toalla y camino a las duchas.

― Edward… ―me llama en voz baja, acercándose―. Qué hay de la conversación que escuchaste entre Aro y Carlisle. ¿Y si Isabella es una de las chicas que mencionaban? Yo que tú me pongo a indagar qué sucedió realmente.

Froto mi barba, exhalando hondo.

― No he dejado de pensar en ello. Estoy convencido que hay mucho más de lo que escuché esa noche. Y sé muy bien por dónde empezar averiguar.

Jake me detiene del brazo.

― Estás pensando lo mismo que yo, ¿cierto? Esa chica tiene mucho que ver en ese asunto.

― Sí.

― Entonces, ¿por qué no tenerla cerca?, tienes el pretexto perfecto y son las tutorías de Pat.

Asiento sin mencionar que mi excusa es regresar su bolso esta misma tarde. Mi móvil suena, me vuelvo al casillero y mis labios se aprietan al ver el nombre de Irina. Jake se despide con su pulgar en alto.

― ¿Cómo estás, Irina?

¿Qué cómo estoy?, ¿¡te estás burlando de mí!? No me has hablado en una semana. ¡En una semana!

Alejo el móvil de mi oreja. Detesto cuando se pone imposible.

― Me pediste que no te buscara si no tenía un anillo conmigo, y no lo tengo ―desato mi coleta y meso mi pelo con frustración cuando Irina empieza a sollozar.

Hemos terminado, Edward ―sentencia― lo nuestro se acabó.

Suspiro.

― Si es tu decisión, está bien, acepto.

Ella finaliza la llamada entre sollozos. Regreso de nuevo el móvil al casillero y adentro en la ducha; el chorro de agua golpea mi rostro.

Quizás debo sentirme mal, en cambio no puedo lamentar nada. Con Irina siempre fue así, una relación sin compromisos. He perdido la cuenta de las veces que ella me ha terminado y días después me busca, espero que esta vez no lo haga más, por su propio bien y por mi salud mental.

Al salir de las duchas me visto de forma rápida porque sé a dónde iré.

Alec me saluda con un asentimiento al verme pasar, no respondo. Sigo mi camino al estacionamiento. Subo a la camioneta y lo primero que llama mi atención es el pequeño bolso de Isabella que retoza en el cuero del asiento copiloto.

Molesto por verlo y como si el indefenso bolso tuviese la culpa lo guardo de mala gana en la guantera. Sintiéndome mejor inicio mi nuevo trayecto que es de más de media hora.

Desde luego que sé dónde vive Isabella porque su amiga acostumbra publicar cada mínima cosa que hace en sus redes sociales. Yo como un maldito enfermo acosador he ingresado una y otra vez las redes de Isabella desde su móvil.

Mi diálogo interno se interrumpe al llegar a la calle indicada.

«¿Qué demonios hace Carlisle aquí?»

Estaciono frente a la acera y bajo sin perder tiempo en la camioneta, por supuesto sin ocultar mi desagrado al ver a mi padre con su amante.

Apenas estoy frente a ellos e Isabella se arroja en mis brazos, sorprendido por su arranque. Mi cuerpo se tensa, no sé cómo reaccionar. Mis manos siguen sin moverse de mis costados,

― Mi amor, estás aquí ―su tono de voz es alto y tembloroso. Ella está a punto de llorar―. Quédate conmigo, Edward.

Confundido. Mis brazos reaccionan y la rodean, ella se ve tan frágil.

Necesito consolar a esta delicada joven de alguna manera.

― Soy todo tuyo ―susurro sin pensar y también sin dejar de ver a Carlisle mientras permito que mis brazos la protejan sin vacilación.

La mirada de mi padre es de total intriga, sus ojos miel no dejan de escrutar mi agarre sobre Isabella.

«¿Acaso ellos discutieron?»

Se aclara la garganta.

― ¿Qué significa esto? ―pregunta él, su tono afilado no pasa desapercibido―. ¿Qué haces aquí, Edward?

― Edward es mi novio ―Isabella responde al instante, sin titubeos―. Yo le pedí que viniera a verme.

«Soy, ¿qué?»

Asombrado inclino mi cabeza buscando una explicación en ella; compruebo que me está viendo, sus ojos se ven suplicantes y llenos de temor. Está llorando, una lágrima escapa recorriendo su mejilla la atrapó con la punta de mi dedo.

Se ve tan vulnerable.

― ¿Edward…? ―apremia mi padre.

― No te debo explicaciones ―respondo, mi voz también es fuerte―. Lo que me parece extraño es tu presencia aquí, en un edificio de estudiantes universitarios.

― Yo tampoco te debo explicaciones ―su entrecejo mantiene esa arruga en vertical, está hecho una furia y no puede esconder su expresión, ¿por qué?―. Señorita, hablaremos en otro momento ―se dirige a Isabella, ésta se abraza más fuerte a mí en busca de… qué sé yo.

― No tenemos nada de qué hablar, señor ―articula sin mirarlo. Ella mantiene su rostro oculto entre mi pecho, es muy cálida y también muy menuda.

Carlisle resopla. Pocas veces he visto que pierda la cordura y hoy parece ser ese día, haciendo quizás un gran esfuerzo se va con su gallardía intacta. Por supuesto que en ningún momento deja de mirarme hasta que su camioneta arranca y se pierde calle abajo.

― ¿Ya puedes soltarme? ―inquiero― ¿o vamos a seguir toda la jodida tarde así?

Isabella se aleja cruzándose de brazos. Una rubia se interpone entre nosotros con sus manos en las caderas, me observa malhumorada. Ella es Jessica Stanley, la he visto en las publicaciones de Isabella.

― En lugar de venir a molestar a mi amiga, porque no vas y pones en su lugar al desagradable de tu padre ―demanda la rubia.

― Jess ―Isabella tira del brazo de su amiga― puedes llevar las cosas, yo iré en unos minutos ―la rubia protesta casi hace una pataleta infantil cuando le señalan las bolsas en el piso―. Por favor.

A regañadientes y dejando una mirada de advertencia en mí la chica accede a subir con todas esas bolsas repletas. Estoy tentado en ayudar, sin embargo recuerdo que no estoy en una visita de cortesía. Ni estoy interesado en quedar bien con ninguna.

― Siento mucho lo que hice ―murmura Isabella ganándose mi atención completa. Ella se está mordiendo su labio inferior mientras sus dedos juguetean entre sí, su mirada está en sus tenis―. No quiero que te hagas ideas sobre mí… yo, es complicado hablar contigo. ¿Te puedo pedir un favor? ―sus ojos color chocolate están mirándome con timidez―. Puedes mantener la mentira.

― ¿Por qué?

― Porque sí.

― Esa no es una respuesta válida ―he modulado el tono de mi voz aunque en estos momentos quiero gritar y obligarla a que me diga la verdad―. Quiero saber la razón de mentir por ti, ¿por qué debo hacerlo?

― De nada sirve decirte la verdad ―sus ojos vuelven a sus tenis―. Tú no crees nada de lo que digo. Me miras como si me odiaras y ni siquiera sé porqué.

Tres pasos y estoy frente a ella; tomo su mentón y la hago mirarme. Esta vez soy delicado y mi trato con ella es tierno, estoy intentando ganarme su confianza.

― Hace unos momentos estabas temblando de miedo, incluso llorabas. De pronto te refugias en mí y dices que eres mi novia ―hago una mueca― ¿qué hacía mi padre aquí?

― Ya sabes.

― No, no sé, quiero que me digas tú. ¿Qué hacía Carlisle?, ¿te estaba molestando?

― Si no quieres mentir por mí, déjalo así. ―Se aleja, ella camina a la entrada del edificio, yo la detengo de un brazo―. ¡No me toques! ―grita.

Levanto mi palma en una disculpa silenciosa. Recuerdo mi razón de estar aquí y saco de la guantera su bolso, lo muestro y ella sonríe.

― ¡Gracias! ―sus ojos se iluminan de felicidad―. Pensé que nunca volvería a tener mis cosas, mi celular ―ella saca su aparato inteligente y empieza a mirarlo― tengo muchas llamadas perdidas de mis amigos y Ty.

No encuentro un motivo para el malestar que provoca en mí la mención de su novio. Igual ignoro la sensación de enfado y me concentro en ella.

― ¿Aún estás interesada en dar tutorías a mi hijo?

Su sonrisa se borra, su boca se abre. Su reacción es graciosa que me hace sonreír.

― ¿Lo dices en serio, Edward?

Sigo sonriendo.

― ¡Sí! Por supuesto que sí. Estoy dispuesta a comenzar las clases hoy mismo ―se ve entusiasta y no para de sonreír, se ve tierna cuando lo hace. Parpadea llevando su largo cabello detrás de sus orejas y relame sus labios―. Gracias por la oportunidad. No te vas a arrepentir, lo prometo. Convertiré a tu hijo en el mejor estudiante de su generación.

Se lanza a mis brazos, en un abrazo cálido y bastante corto.

― Mañana estaré ahí después de las catorce horas ―me sonríe y se echa a correr dentro del edificio.

Mi sonrisa se borra.

Sé muy bien lo que tengo que hacer; marco el numero de Jasper Hale.

Cullen ― él responde al primer timbre.

― Necesito un favor, Hale. ¿Estás en la ciudad?

No, no estoy en Chicago. Sabes bien que mi residencia no importa, Cullen, estoy a tus órdenes, cuéntame.

― Escucha bien lo que te diré...

.

Es otro día en la oficina y estoy por ir a casa.

― ¿Te vas? ―indaga papá al entrar.

Descanso mi espalda en el respaldo de mi silla al momento que él se sienta frente al escritorio. Su gesto de enfado está oculto con una sonrisa falsa. Lo extraño es que haya tomado todo el día para hablar conmigo, lo estuve esperando a primera hora sin tener noticias.

― No sabía que estabas involucrado con esa muchacha ―menciona sin rodeos, mientras está jugando con unos lapiceros―. Pensé que seguías saliendo con Irina, ¿qué ocurrió con ella?

― Terminamos ―respondo cortante.

― Ah, ¿y dónde conociste a Isabella?

Entrecierro mis ojos sin dejarlo de ver.

― Es la primera vez que estás interesado en mi vida sentimental.

― Me preocupo por ti, hijo ―me sostiene la mirada― y también por Pat. No me gusta la idea de que mi nieto conviva con cualquier mujer.

Inspiro.

― No soy un niño ni ningún adolescente para que te preocupes por mí. Y sobre mi hijo, él está feliz.

Su entrecejo se frunce. Es notable su molestia.

― Ya que estás aquí ―prosigo con mi farsa― me gustaría saber ¿dónde conociste a mi novia?

Se queda pensativo, boquea nervioso.

― Es que… bueno, ya ves que el consorcio ofrece becas. Ella fue una de las elegidas.

― Ah…

― Por eso la conozco. ¿Ella te ha hablado de mí?

― Tengo entendido que el departamento financiero del consorcio son quienes administran cantidades en becas. No que tú tenías que ir en persona a buscar a las estudiantes. Y no, no me ha hablado de ti, ¿debería?

Carlisle niega y se pone de pie.

― Te aviso que tu madre irá a verte hoy ―su cambio de conversación me hace dudar más de él―. No está de acuerdo en que estés saliendo con alguien tan joven.

Imito su postura y camino junto a él, su mano descansa en mi hombro. Sacudo su toque, me molesta su cercanía, quizás es su falsedad. Jake me encuentra en el hall y me detiene dejando que Carlisle se marche al fin.

― Cuéntame todo ―presiona cuando sigo mi camino fuera de las oficinas― ¿qué significa eso que eres novio de Isabella?

Miro al cielo; continúa grisáceo, al menos ya no nieva, aunque el frío sigue calando hondo en la piel.

― No tengo nada qué decir. Ella lo inventó ―cuadro mis hombros y sigo a paso firme.

― ¿Por qué no desmentir lo que dijo? Tienes la opción de hacerlo, Edward. ¿Por qué dejar crecer una mentira?

Me detengo frente a la puerta de la camioneta y presiono el puente de mi nariz.

― Ella tiene sus razones y yo tengo las mías.

― ¿Qué quieres decir? No estoy entendiendo.

― Jake, déjame hacer las cosas a mí modo.

― ¿Qué pasará con el desfalco que está sucediendo? Esto también es importante, Edward.

Sacudo mi mano, no quiero oír más.

― Le pedí a Hale que se hiciera cargo. Cuando tenga noticias hablaremos.

Exhausto y sin querer saber nada me subo a la camioneta. Necesito alejarme… el trayecto es corto cuando llego a casa.

Estoy ansioso.

― Debe ser emocionante tener muchos hermanos ―canturrea Pat.

Está estudiando en la mesa de centro. Quiero pensar que lo está porque hay libros y libretas esparcidos por la superficie de cristal. Isabella está con él, ambos están arrodillados sobre los cojines.

― Pues no mucho ―musita Isabella con su mirada en la mesa―. Yo soy la mayor y créeme que no es muy emocionante. Siempre soy de la que nadie se acuerda. Renee es tan distraída que siempre olvida mi cumpleaños.

― Charlotte no es distraída, pero sé que papá la obliga a que me felicite, también a que me lleve con ella de viaje. Quisiera ser grande para evitar tanta falsedad.

― Pat, estoy en casa ―me anuncio para que mi hijo no diga más. Ambos se ponen de pie, mi adolescente corre a mi encuentro.

― Llegaste temprano, eh. Qué bien, papá. Bella y yo estamos estudiando.

Alzo las cejas y él ríe. Empiezo a despejar su pelo y lo hago bufar.

― Papá, no hagas esto ―con sus dedos intenta acomodar su pelo―. Ya no soy un niño.

Suspiro.

― Hola, Isabella ―saludo con una sonrisa.

Ella se sonroja y sonríe débilmente. Esta vez viste de forma más presentable, incluso tiene maquillaje en el rostro, parece que intenta verse más adulta.

― Hola. Aún no acabamos ―Hace un gesto de disculpa― ¿hay algún problema si seguimos aquí o prefieres qué…?

― Oh, no te preocupes. Pueden quedarse aquí, yo estaré en mi habitación.

Ella asiente.

Intento no incomodar con mi presencia y me dispongo a pasar el resto de la tarde en mi habitación. Me tumbo en la cama cerrando los ojos, mi mano izquierda se acomoda bajo mi almohada y mis dedos sienten la textura de otra tela; la arrastro frente a mí: es el gorro de Isabella.

Irguiéndome por impulso salgo de la habitación en busca de ella. Pat tiene los audífonos y los saca de un tirón cuando me ve, finge que está haciendo apuntes.

― ¿Dónde está Isabella?

Mi hijo señala a la entrada.

― Recibió una llamada que la puso muy feliz y salió.

― No te distraigas, Pat.

Me encamino a la entrada; ella sigue con su celular, parloteando con una sonrisa. Estoy por dar media vuelta y darle su espacio, sin embargo mis pies se acercan a donde está.

Realmente me desconozco, si no estoy de acosador en sus redes, lo hago en persona como un buen cotilla.

― Entonces nos veremos en primavera ―ella murmura con una sonrisa―. Viviremos juntos Ty, empezaremos una nueva etapa de pareja.

No quiero escuchar más, adentro de nuevo en la casa con un portazo e Isabella entra detrás mío.

El timbre comienza a sonar incesante Carmen se asoma de la cocina, la detengo y le digo que estoy a cargo. Fastidiado abro la puerta.

― ¿Es verdad que estás saliendo con una jovencita? ―Esme cuestiona sin saludar y sin dejarme responder se adentra en la estancia.

Resoplo caminando detrás de ella.

― ¡Abuela! ―Pat se abraza de ella y comienza a besar sus mejillas haciendo a mi madre reír―. Mira te presento a Isabella. Bella para los amigos.

Mi madre la evalua unos instantes y voltea a verme. Sé que está apunto de soltar un mal comentario.

― Mamá, hablemos ―tomo sus hombros y la guío a la segunda sala de estar.

Ella se zafa de mi agarre y camina de vuelta frente a Isabella.

― Esme Cullen ―mi madre extiende su mano― la madre de tu novio.

El rostro de Bella se enciende a carmesí.

― ¿Qué novio? ―pregunta Pat.

Presiono mis sienes.

Debo darle una respuesta a mi hijo.


¡Hola! Aquí estamos de nuevo, espero que este capítulo sea de su agrado. Antes que se me olvide voy a responder una duda: Me han preguntado si la historia tiene final feliz y Sí, sí lo tiene.

¿Qué les pareció? ¿Creen qué Carlisle siga molestando a Bella? ¿Creen qué Bella se vaya con Tyler? ¿Como creen qué reaccione Esme a la supuesta novia? Espero leer sus opiniones.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Iza, Jade HSos, Lily, Elizabeth Marie Cullen, yemilitcautela8, PaolaValencia, LittlePieceOfMyMind, Patty, Alizce, Dulce Carolina, Lili Cullen-Swan, Kony Greene, Elizabeth, Andre22-twi, Diannita Robles, Adriu, Flor Mcarty, Moni, Wenday14, torrespera172, Marxtin, ALBANIDIA, jenni317, Ximena, Lidia, Lupita Calvo, Pameva, mrs puff, Pepita GY, Rocio, Antonella Masen, Ana, Lizdayanna, Isis Janet y comentarios Guest.

¡Gracias totales por leer!