Capitulo 10

Hola mis queridos lectores/a lamento que me demorara más de la cuenta. Estado un poco colapsada, al principio no savia si continuar, pero me anime a proseguir con la historia. Deseo que la disfrutes, con mucho gusto contestare a vuestras preguntas o dudas. Gracias por vuestros likes ;P un saludo.

Aitana necesitaba un buen baño y estaba decidida a darse uno. La elfa la había ayudado a encender la chimenea.

Aitana noto que Riddle se había comportado de una manera extraña toda la mañana. La había estado observando, como si esperara alguna reacción especial de su parte. ¿Suponía que ella estaría avergonzada por lo que había sucedido el día anterior? A decir verdad, sentía todo lo contrario, más bien estaba esperando que el episodio se repitiera.

—¿Me acompaña arriba Sr. Riddle? —le preguntó —. Pienso que podemos encontrar algo más apropiado para ponerse.

Él se pasó una mano por el oscuro pelo.

—¿No entiendes que tenemos cosas más importantes en qué pensar que en nuestro aspecto?

La joven frunció el entrecejo.

—Mi madre siempre afirmó que, aunque tu vida sea una catástrofe, no tienes que abandonarte —cuando él levantó sus ojos al cielo, ella agregó—: Por favor, necesito hacer esto ahora. No quiero pensar en lo que sucedió anoche, o en lo que pasará hoy o en lo que puede ocurrir mañana. Solo quiero un baño caliente.

La mirada de Riddle la hacía derretirse.

—De acuerdo. Tú, vigila allí abajo —le indicó a la elfa —. Hasta ahora, parece la cosa tranquila, pero no debemos bajar la guardia. Llámanos si ves o escuchas algo sospechoso.

La elfa se pasó un brazo por la frente cubierta de sudor.

—Lo haré, mi señor.

Riddle siguió a Aitana escaleras arriba. Llegaron al segundo rellano y ella se detuvo en su dormitorio para recoger su jabón y ropa limpia.

Aitana vio uno de los vestidos que estaban encima de la cómoda.

—Ninguno de los dos.

Se dio vuelta y lo vio a Riddle apoyado en el marco de la puerta, observándola. —¿Qué has dicho? —Ninguno de los dos vestidos —especificó—. Algo más práctico. Algo que te permita moverte con comodidad. Aitana frunció el ceño y volvió a buscar dentro de su ropero. La verdad, no tenía nada práctico.

—Eso estará bien.

—Es horrible —se quejó ella.

—Entonces es perfecto —resolvió Riddle, con una media sonrisa.

Sin ganas de discutir Aitana fue a recoger lo que le faltaba para el baño. —Ya tengo lo que necesito.

Se dio vuelta y encontró a Riddle en el umbral otra vez, con una pequeña maleta en la mano.

—Me pregunto si encontraremos algo en alguna de las otras habitaciones. Sé que eres alto y tienes la espalda ancha para que te sirva la ropa de mi ex… marido.

Riddle se encogió de hombros.

—Su padre era un hombre muy corpulento.

Aitana se acercó a él. —¿Conociste a los padres de Richard, entonces? Haciéndose a un lado para dejarla pasar, le respondió: —Cuando era más joven.

Se encaminó hacia el dormitorio más cercano. Juntos revisaron los cajones y el ropero. Tuvieron más suerte dos habitaciones más adelante.

—¿Y qué sucedió anoche?

Estaban hurgando en un ropero donde colgaban unas pocas prendas que parecían más o menos la talla de Riddle.

—¿Anoche? —preguntó Aitana, distraída. Él levantó los ojos al cielo. —No finjas que no pasó nada. De pronto la joven sintió un nudo en el estómago. —¿Quieres decir el hombre que... o lo que sea que fuere? No quisiera volver a pensar en eso.

Riddle sacudió su cabeza. —No. No me refiero a eso. Me refiero a lo que sucedió después, cuando bajaste las escaleras. Le costaba recordar lo que había pasado la noche anterior. Sospechaba que la elfa le había echado algo a su té para que pudiera dormir. Pero de pronto creyó saber qué era lo que había sucedido.

—Oh, Dios mío, no me digas que anduve dando vuelta sonámbula.

Él parpadeó.

—¿Cómo?

—Una fea costumbre que tengo desde mi infancia —explicó ruborizada—. ¿Qué hice esta vez? Por Merlín que cuando era una niña me invitaban a otras casas con más frecuencia que a las demás muchachas solo por ese motivo. Representaba toda una diversión.

—Conque esas tenemos —musitó—. ¿Y no recuerdas nada? Ella hizo un esfuerzo. —No. Nada en absoluto. ¿Qué hice?

Él volvió la cabeza hacia otro lado y se pasó una mano por sus cabellos. —Nada. Solo bajaste las escaleras, te quedaste mirándome un rato y regresaste a la cama. Aitana suspiró.

—Gracias al cielo. Me han dicho que hasta puedo sostener largas conversaciones mientras estoy dormida.

—Supongo que eso explica lo que hiciste —le respondió al final, aunque todavía parecía un poco confundido—. Me alegro de haberme enterado de que eres sonámbula. No tengo que preocuparme de lo que hagas si vuelve a suceder.

—Y puede volver a suceder —le aseguró ella, alcanzándole una camisa aceptable—. Me pasa más a menudo cuando estoy preocupada por algo.

—¿Y estás segura de que no recuerdas nada?

—Sí. ¿Por qué? ¿Hay algo que debería recordar?

Tom la contempló unos segundos y le contestó: —No, nada.

Aitana se encogió de hombros y acomodó la camisa sobre su brazo junto con sus vestidos. —Si encuentras un par de pantalones, bájalos. Si no te importa, me bañare primero, ¿te parece bien? Riddle se echó un vistazo. —Sin duda, una sabia medida, pues ensuciaré el agua terriblemente. Hace bastante que no me doy ese lujo. Estoy seguro de que el agua ya debe de estar caliente. Bajaré en unos minutos para llenar la bañera.

—Tu hombro —se preocupó ella. Riddle hizo un gesto de indiferencia. —No es nada. He tenido rasguños más graves. Se quedaron mirándose hasta que se sintieron incómodos. Aitana se preguntó si Riddle recordaba lo sucedido la mañana anterior. Ella sí lo recordaba y ansiaba que volviera a besarla, por más inadecuado que fuera. Quizás tan solo deseaba otra distracción. Cualquier cosa para no pensar más en las criaturas de la noche anterior.

—¿Quieres alguna otra cosa?

Su tono de voz, grave y profundo, la seducía, pero halló la fuerza para negar con la cabeza. Salió del cuarto y bajó las escaleras. Después de que dejó la ropa y todo lo necesario para el baño en la sala, regresó a la cocina. Se escuchaba el borboteo del agua.

La puerta que daba al sótano estaba abierta. Todos los bultos pesados que Riddle había apoyado contra ella estaban corridos. Un escalofrío recorrió su columna vertebral.

—¡¿Hola?! —gritó por las escaleras—. Mira, ¿estás ahí abajo? —Silencio. Aitana dio un paso hasta el umbral—. ¡Mira, contéstame!

—Sí, mi señora —le respondió por fin la elfa—. Estaba buscando algo para la cena de esta noche.

—¿Qué sucede? —Riddle estaba a la entrada de la cocina, con un par de pantalones oscuros en el brazo—. ¿Por qué está abierta esa puerta?

—Mira bajó a buscar unas patatas —siseó Aitana.

—¡Qué elfa más tonta! —exclamó. En cuestión de segundos, había cruzado el umbral y estaba bajando las escaleras.

Aitana contuvo el aliento hasta que ambos subieron un momento más tarde. La elfa llevaba comida en un pliegue de su delantal y Riddle parecía a punto de estallar. Cerró la puerta con un movimiento de varita y empezó a apilar las cosas contra ella.

—¡Nunca, jamás, vuelvas a dejar la puerta abierta! —le ordenó a la elfa una vez que hubo terminado—. ¿En qué estabas pensando, estúpida? ¿Estás loca?

Los ojos de la elfa se llenaron de lágrimas.

—Solo quería preparar un rico guiso, no quería… lo lamento mi señor.

Fulminó a la elfa con su mirada.

Las lágrimas corrían por las mejillas de la elfa. —Estuve escuchando un rato antes de bajar. Sabía que no había nadie allí.

Aitana notó que Riddle seguiría reprendiendo a la pobre criatura.

Entonces intervino:

—Por favor, basta —le ordenó—. ¿No te das cuenta de cómo la has afligido? No quiso hacerle daño a nadie.

Riddle dio un paso atrás, pero el enojo se evidenciaba en sus hermosas facciones.

—Necesito que entienda cuán peligroso es lo que acaba de hacer —insistió—. ¿Lo entiendes?

—Lo lamento mi señor…

—Estamos a salvo —intervino Aitana—. La pobre a entendido que cometió un error. Por favor, lleva el agua a la sala y llena la bañera.

Riddle miro con severidad a la chica, pero solo después de escudriñar fijamente a la elfa el tiempo suficiente como para que volviera a prorrumpir en sollozos—. Después de que estemos limpios y más cómodos, discutiremos qué es lo mejor que podemos hacer para salir de esta situación.

Percibiendo que era mejor ser amable con Riddle cuando estaba de malhumor, Aitana asintió. Acompañó a la elfa hasta una mesa y la ayudó a dejar allí las cosas que llevaba en el delantal, mientras Riddle cargaba las pesadas ollas para llenar la bañera.

Aitana había dicho que estaban a salvo, pero en el fondo de su corazón sabía que era una mentira. Estaban a salvo por el momento. Pero ¿por cuánto tiempo más?