En cuanto los dedos de Draco se cerraron en torno a los hombros de Hermione, sintió la misma sensación vertiginosa que cuando era transportado por un traslador. La diferencia era que esta vez, su cuerpo no se movió del sitio pero, por desgracia, de su mente no se podía decir lo mismo. Volvía a encontrarse en los terrenos de Hogwarts, dentro de una noche que ya le era familiar, con las estrellas dispersas en el cielo y una gran luna llena que reinaba en solitario, iluminando todo a su paso.
Sin comprender muy bien qué estaba pasando se dio la vuelta, tratando de buscar una manera de salir de ahí y volver a la celda donde se encontraba Granger, quién seguro estaría intentado escapar. Sus ojos vagaron por la linde del bosque hasta que se toparon con algo brillante que llamó su atención.
Hermione salió de entre los árboles. Llevaba un vestido blanco que hacía que su piel resplandeciera bajo el brillo de la luna. De hecho, Draco juraría que no era cosa de la tela del vestido sino del aura de Hermione que parecía un ángel. Era el mismo brillo plateado que despedía la nutria de sus sueños, el patronus de la chica. Estaba preciosa. Tan preciosa que Draco descubrió en ese momento el verdadero significado de la magia. Tan preciosa que podría quedarse atrapado ahí dentro con ella para siempre. Podría pasarse la vida observándola. Recordó en ese momento cómo se había divertido viendo a la nutria jugar en el lago, y también recordó cómo la serpiente le había clavado sus colmillos en un beso letal, sentenciando a la chica a muerte. Comprendió en ese instante que tendría que hacer caso a sus instintos o, de lo contrario, se arrepentiría cuando fuera demasiado tarde. Tenía la certeza de que esos sueños extraños y las visiones le acompañarían el resto de su vida. Y sabía que si algo le pasaba a esa criatura brillante, él jamás se lo perdonaría. Draco se dio cuenta entonces de que la chica parecía inquieta, miraba de un lado a otro como buscando a algo o a alguien. Cuando sus ojos se posaron en él se paró en seco y le sonrió. Draco no estaba preparado para la intensidad de la mirada de Hermione que revolvió algo en su interior de manera irreversible.
—¿Draco? —la voz de la chica terminó con el silencio que reinaba en la noche.
Él asintió.
Un momento, ¿desde cuándo le llamaba por su nombre? ¿En qué momento había dejado de llamarle Malfoy? ¿Acaso era una trampa de Voldemort para probar su lealtad? ¿Estaba ahí realmente?
Todas esas preguntas desaparecieron de su mente en cuanto los pies de Hermione echaron a correr en su dirección. Mortífagos. Guerra. Voldemort. Trampa. Vida. Muerte. Todo dejó de importar. Cuando estaba a un escaso medio metro de él, la chica se paró y volvió a observarle con los enormes ojos marrones cargados de curiosidad.
—Draco, ¿de verdad eres tú?
El chico asintió.
—Estás vivo.
Hermione dio un paso adelante, quedándose tan cerca de él que sí Draco estiraba el brazo podría tocarla. Quería tocarla. Quería quedarse atrapado dentro de esa visión donde nada más importaba y donde todo tenía sentido. Hacía frío. Draco sabía que hacía mucho frío porque había pasado muchos inviernos en esos terrenos, pero la sensación cálida de su pecho le protegía del viento que azotaba los árboles y revolvía el pelo de Hermione. Y fue esa misma sensación cálida la que se convirtió en estalactitas de hielo en el momento que escuchó los sollozos de la chica.
—¿Por qué lloras? —preguntó él notando la ansiedad en su propia voz. No entendía porqué pero le incomodaba profundamente la sensación de malestar de la chica. Él sentía que algo dentro de su pecho le oprimía y le asfixiaba. Necesitaba que ella dejase de llorar para poder respirar. Una parte de su cerebro trataba de recordarle que a él los sentimientos de los demás no le importaban, pero le podían las ganas de reconfortar a la criatura mágica que tenía delante. Podía detectar que algo andaba mal pero no entendía el qué, y necesitaba arreglarlo. Necesitaba arreglarlo porque verla llorar le hacía sentir terriblemente miserable.
—Porque estás vivo —ella hizo una pausa para coger aire antes de continuar—. Y porque tienes que irte.
—¿Irme? —Draco la miró sin comprender lo que decía—. No, no pienso irme a ninguna parte —añadió.
—Tienes que hacerlo. Te está esperando.
—¿De qué hablas? No voy a dejarte aquí sola, hay una serpiente. La he visto. Y va a matarte.
—Fuera de aquí, estoy rodeada por muchísimas más.
Draco tardó unos segundos en comprender a qué se refería. A la Hermione del mundo real, la de carne y hueso, iban a devorarla los mortífagos.
—Tienes que irte, Draco. Tienes que salvarme —pidió Hermione.
Antes de que Draco pudiera procesar sus palabras y todo lo que ello implicaba, ella se puso de puntillas y le besó.
El beso duró menos de un segundo ya que, en cuanto los labios de Hermione tocaron los suyos, fue empujado de vuelta a la realidad. ¿Por qué? La realidad no le gustaba, era demasiado gris y estaba cargada de odio y temor. En cambio, dentro de esa burbuja de cristal, en los terrenos de Hogwarts con ella, Draco se sentía bien. Tranquilo.
Abrió los ojos y se encontró con la Hermione del mundo real entrecerrando los ojos. Draco no pudo evitar que su mirada vagara hacia los labios de la chica, y eso provocó que ella se apartara bruscamente.
—No vuelvas a tocarme. —dijo ella con rabia.
Draco abrió la boca para decir algo, pero el ruido que hizo Edwina al aparecerse lo distrajo. Eso fue suficiente para que volviera a la realidad y saliera de allí a toda velocidad.
Subió las escaleras hacia el primer piso a toda velocidad, una vez más, necesitaba alejarse de la mazmorra de Granger todo lo que le fuera posible. No pensaba con claridad cuando estaba con ella, eso estaba claro. Y además, su mente ya no era un lugar seguro, si el Lord se enteraba de los sueños y las visiones que estaba teniendo, le mataría sin pestañear. Se dirigió a la biblioteca. Había recordado una poción que quizás podría servirle para anular los efectos de la pérdida de memoria de Granger y tenía que intentarlo. Sobre todo ahora que tenía claro que daba igual lo que le dijera y lo que pudiera pasarle, que ella no pensaba colaborar. Ella pensaba sacrificarse e ir como un cerdo al matadero, andando ella solita. Las palabras de Blaise insinuando que la violaría delante de todos volvieron a la mente de Draco, lo que provocó que subiera el último tramo de las escaleras corriendo. Aprovechó que casi todos, a excepción de Snape, habían partido en la misión, para buscar entre los libros. De ahora en adelante iba a tener que ser más cuidadoso con sus pensamientos, especialmente en presencia del señor oscuro. También tendría que controlar su ira al máximo, pues las emociones fuertes, como esas, exponían tu mente.
Se encaminó a la sección de los libros de pociones. Acarició los lomos de los viejos volúmenes mientras buscaba un ejemplar en particular. Cuando lo encontró, lo atrapó entre los dedos y soltó el pesado libro sobre la mesa de madera del fondo. Tomó asiento y suspiró temiendo lo que allí dentro se podría encontrar. Esas páginas eran su última esperanza. Sentía el peso del tiempo pegado a su nuca, tenía escasas horas para encontrar una solución al tema de que Granger no recordaba nada. Tenía un mal presagio respecto a la chica y la desagradable sensación de que un desenlace parecido al de sus vívidos sueños se avecinaba. ¿De verdad si alguna de las serpientes mataba a la sangre sucia le afectaría? Antes dudaba, ahora lo tenía claro. La sola idea de pensar en Hermione muerta hacía que le doliera el estómago.
Abrió el libro a toda velocidad y ojeó el índice con impaciencia, buscando aquello que creía haber visto años atrás. Sintió una ligera sensación de júbilo al encontrar la sección de pociones para recuperar recuerdos. Tocó el libro con la punta de su varita y las páginas pasaron hasta la poción que ansiaba, Memento Omnia.
Conforme leía los ingredientes se dio cuenta de que tendría que hacer una visita al callejón Diagon, y suspiró hastiado cuando leyó que uno de los ingredientes era sangre fresca de la persona que quería recordar algo. La sola idea de imaginar la sangre de la chica entre sus manos, le ponía enfermo. No le dio tiempo a pensar en la manera en la que convencería a Hermione de que le diera un poco de sangre, cuando la voz de Snape interrumpió el hilo de sus pensamientos.
—Es imposible.
Draco giró el rostro hacia la izquierda y vio a su antiguo profesor leer el contenido del libro, por encima de su hombro.
—Es lo único que tenemos ahora mismo, ya lo hemos intentando todo. —respondió Draco cansado.
—Draco, el tiempo de cocción de esa poción son trece días. El señor oscuro te ha dado poco más de 24 horas...
Sin poder evitarlo, el rubio le dio un sonoro puñetazo a la mesa. ¡Mierda! No había llegado a leer el tiempo de preparación de la poción.
—Tiene que haber otra manera. —fue lo único que dijo.
—Podemos contarle a ella lo que va a pasar si no colabora. —sugirió Snape.
—Eso no va a funcionar. —Draco negó con la cabeza —. Es una demente, prefiere perder la puta cabeza antes que revelar cualquier pista sobre el paradero de Potter. ¿Es que no te das cuenta? —terminó alzando la voz.
—En ese caso, Draco —Snape apoyó una mano en su hombro—. Sería una cosa menos de la que preocuparnos.
Draco se puso de pie de un salto, tirando la silla de un rabioso movimiento.
—¿Qué coño estás sugiriendo viejo? ¿Qué la dejemos morir? —preguntó el rubio alzando la voz.
—¿Acaso te importa la sangre sucia?
Draco fue consciente en ese momento de que se estaba dejando a sí mismo en evidencia. Nunca había tenido del todo claro de qué pie cojeaba Snape, y no quería descubrirlo justo ahora.
—¿Qué dices? —se carcajeó —. ¡Por supuesto que no!
—¿Entonces qué problema tienes? Llevamos años intentando dar caza a Potter o a algunos de sus fieles perros guardianes. Su muerte va a marcar un antes y un después en la historia de esta guerra. —aseguró Snape convencido —. El Lord se encargará de que sufra y después, hará que todo el país se entere. ¿Cuánto tiempo crees que podrá permanecer Potter en las sombras cuando vea cómo torturan a su queridísima amiga del alma?
El chico retrocedió inconscientemente. Es cierto que hace un par de semanas, hubiera celebrado la muerte de Granger pero ahora no. Bueno, siendo sincero, ni siquiera lo hubiera celebrado entonces. Él sabía lo primero que le harían solo por ser una chica en situación de indefensión y, La sola idea de imaginarse a Blaise arrancándole la ropa a Hermione le hacía hervir la sangre.
—No puedo permitirlo. —las palabras escaparon de su boca sin que se diera cuenta de que las estaba manifestando en voz alta.
—¿Cómo?
—Ya me has oído. Voy a intentarlo. Y si no vas a ayudarme, cosa que es más que evidente, puedes largarte y dejarme trabajar.
—Le juré a tu madre que te ayudaría y respondería por ti, y eso voy a hacer.
—¿Para qué? Tu crees que es imposible, que no hay ninguna manera de poder salvarla. Así que lárgate.
—Si la hay .—manifestó Snape solemne.
—¿Qué has dicho?
—He dicho que hay una manera de salvar a la chica, pero tiene un alto precio y no sé si estás dispuesto a pagarlo.
—Empieza a hablar antes de que pierda la paciencia y te arranque las cuerdas vocales. —sentenció Draco apretando los puños.
Gracias a las personas que seguís la historia, me animáis a continuar :)
